Un paso a la vez

El nombre y eslogan de este blog representan una idea que está presente en todos los aspectos de nuestra vida. Habla de coleccionar puertas como un sinónimo de acumular no por respuesta, fracasos, experiencias, aprendizajes y experimentos hasta encontrar esa ventana que se abre, esa nueva oportunidad, ese sí…

Cuando queremos buscar un trabajo, por ejemplo, es muy probable que nos frustremos porque no recibimos respuesta de las mil y una empresas a las que hemos postulado, o recibimos un firme ‘no’. Llegan días en los que provoca abandonar la misión. Hay momentos en los que queremos tirar todo a la borda. Allí comienzan las dudas y la confusión. ¿Dónde estoy y hacia dónde quiero ir? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Les suena familiar?

Lo mismo pasa día tras día. Cada día es una batalla que conquistar. Aun cuando estemos donde queramos estar, aun cuando trabajemos en lo que nos gusta, aun cuando todo parezca ideal, siempre habrá días cuesta arriba. Nada es perfecto y si así lo fuera, no tendríamos ningún desafío que superar, ningún aliento para mejorar y ninguna razón para buscar la aventura y maravillarnos con nuestros hallazgos.

Dicho esto, en este post quiero ofrecer una mano de ayuda, un hombro de apoyo, unas palabras alentadoras y un no estamos solos. 

Metas, metas y más metas

A veces no hay que irse muy lejos ni muy profundo para encontrar una desazón. Puede que no estemos lidiando con problemas existenciales sobre nuestro futuro. Mas, de seguro tendremos otras situaciones que igual nos desarmen.

A lo mejor, te planteaste bajar de peso, trotar tantos minutos al día, completar tantas tareas esta semana, viajar a algún lugar en particular este año… en fin, metas.

A lo mejor, abriste tu correo, revisaste tus finanzas, recibiste una llamada, llegaste a la oficina y ¡sorpresa! Algo inesperado pasó o te dieron una mala noticia y no sabes cómo manejarlo y resolverlo. Capaz inclusive no tiene solución inmediata.

De un momento para otro, el día se te vino abajo. Los ánimos cayeron al suelo. Perdimos el norte, sur, este y oeste.

Para estos casos, y por más de que suene trillado, es reconfortante pensar que mañana será un día nuevo. Y de seguro lo será. Sin embargo, la vida no se trata de esperar a mañana, sino de vivir hoy, de estar en el ahora. ¿Qué hacer entonces?

  1. Desahógate. Seamos flexibles y amables con nosotros mismos. Démonos un tiempo para sentir nuestras emociones, para vivir nuestro duelo.
  2. Reflexiona. Que esas lágrimas no sean en vano. Cuando nos sentimos mal, es un buen momento de pensar y comprender lo que nos sucede, lo que sentimos. No necesitamos encontrar una respuesta o una solución a nuestro problema. Solo démonos cuenta por lo que atravesamos.
  3. Anímate. Cuando nos sintamos listos, llegó la hora de salir de nuestra cueva. Al final del túnel siempre está la luz. Dejémonos iluminar y retomemos nuestros asuntos.

Sé que suena fácil, y les prometo que en muchas ocasiones lo es. No mal interpreten mis palabras. Si nos enfrentamos a la pérdida de un ser querido o situaciones realmente apremiantes, está claro que no es sencillo superarlo. Nuestro período de duelo probablemente va a ser más largo y complejo. Por suerte, día tras día nos toca sortear obstáculos mucho más manejables.

Lo que suele suceder es que somos muy exigentes con nosotros mismos. Nos colma el sentimiento de culpa cuando no cumplimos una meta. Nos echamos la culpa por no haber evitado el problema. Nos frustramos por nuestra ‘supuesta’ incapacidad para lidiar con la situación (nótese las comillas). Nos preocupamos y nos preocupamos. Hacemos del problema algo mucho más grande de lo que es. De hecho, mezclamos la realidad con nuestra interpretación, le agregamos nuestros sentimientos y ¡boom! Nos cayó una bomba encima.

Les quiero compartir parte de los resultados que obtuve en un test de personalidad que tomé como actividad de un curso (por cierto, me describió perfecta y completamente). Y se los quiero mostrar porque precisamente va estrechamente ligado con esa falta de flexibilidad y aprecio que mostramos cuando se trata de nosotros. Dice y cito:

Screen Shot 2016-05-19 at 10.16.14 AM

Sistemas en lugar de metas

Quiero concluir esta entrada con una idea que plantea Scott Adams. La mayoría de ustedes lo debe conocer como el creador de la tira cómica de Dilbert. También es el autor del best seller How to Fail at Almost Everything and Still Win Big

En su libro, rechaza la idea de trazarnos metas. Aquellos orientados hacia las metas entran en un ciclo de continuo fracaso, establece. En simples palabras, sea cual sea la meta que nos hayamos trazado, pasará un tiempo hasta alcanzarla, y si es que lo logramos. Mas cada uno de esos instantes o días que pasan sin haberla alcanzado son constantes momentos de fracaso. Como resultado, vivimos con una constante sensación de fracaso. Y, si logramos el objetivo, poco después nos plantearemos una nueva meta que sirva como el nuevo norte. Entramos entonces en un ciclo perenne de lo que Scott Adams llama el “ciclo del fracaso permanente previo al éxito” o el “ciclo del fracaso permanente” (si no alcanzamos nuestras metas en absoluto).

Por ello, plantea a su vez que pensemos en sistemas y metas como dos cosas diferentes y que nos orientemos con la primera. Según su definición, “un sistema es algo que hacemos constantemente y que aumenta nuestras probabilidades de ser felices a la larga”. En contraste con las metas, que son “objetivos específicos que lograremos o no en algún momento futuro”, los sistemas nos permiten avanzar y disfrutar del éxito día a día, momento a momento, siempre que lo apliquemos. Esto lo resumen perfectamente:

Screen Shot 2016-05-19 at 10.16.26 AM

En un ejemplo más concreto, en lugar de establecer cifras (bajar tantos kilos) podemos proponernos alguna actividad o algún cambio en el que podamos avanzar constantemente (hacer ejercicio de forma regular o comer sano).

En este mismo hilo y conectando este enfoque con las situaciones difíciles que enfrentamos, podemos afrontarlas entonces mediante sistemas. No tenemos que resolver todo de un solo golpe, pero sí podemos ir dando un paso a la vez. Pequeños pero constantes esfuerzos nos pueden ayudar a lidiar con nuestros problemas sin tanto agobio, dolor y desesperación.

Frente a la presión de trabajar, de dar resultados, de ser útiles, y etcétera, me gusta aplicar mi sistema favorito: saberme mejor que ayer. No importa qué tanto haga o no en el día o cómo me sienta. Si hice así sea lo más mínimo por ser mejor que el día anterior, ya habré avanzado en mi recorrido y conquistado otra pequeña batalla.

¿Y tú, cuál es tu sistema?

11 comentarios en “Un paso a la vez

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