Sin celular… ¿una locura?

Hace unas semanas me preguntaron cómo hacía para vivir sin celular. Pero, primero comencemos por aclarar o contarles qué significa esto antes de que se asusten. Por supuesto, cuento con un dispositivo o mejor dicho con un smartphone. No estoy viviendo tampoco en la época de la prehistoria. Sin embargo, no lo uso tanto como el promedio.

Todo comenzó cuando me mudé a Chile. Dado que no tenía las mismas necesidades comunicativas que en mi país y gastar en teléfono no era una prioridad, adquirí mi nuevo chip bajo la modalidad de prepago. Cada mes colocaba una ínfima cantidad de dinero, suficiente para hacer alguna llamada eventual y responder algunos mensajes de WhatsApp. Mas, como en esos primeros años estuve estudiando, tenía wifi en la universidad. Y cuando no estaba allí, pues estaba en casa donde también contaba con wifi. Por ende, pasé eventualmente a dejar de recargar el celular. Rara vez necesitaba hacer una llamada. En realidad, lo que más utilizaba eran los datos y con wifi disponible en los lugares donde pasaba la mayor parte del tiempo, no requería de más.

Durante los fines de semana, casi siempre salía y salgo con mi esposo, quien sí tiene un plan en su celular (sus requerimientos son otros). Por ende, si necesitamos contactar a alguien, buscar una dirección o demás, contamos con su dispositivo. Por consecuente, mi celular se comenzó a quedar en casa cuando salíamos. ¿Para que lo voy a cargar encima si no tengo cómo llamar o mandar mensajes?

En ningún momento he sentido la angustia o desesperación de ver qué está pasando en mis redes sociales. Para ello, tengo un momento específico del día destinado a revisarlas. Estar constantemente perdiendo la concentración por chequear los estatus de la gente destruye todo el trabajo de flow y mindfulness que construimos mientras hacemos una actividad en particular. Por su parte, si alguien necesita contactarme me llama. Si no lo hace es porque el asunto no es de importancia y por ende, puede resolverse en otro momento.

No depender del celular ha sido muy liberador. Ahora, cada vez que entro al metro o veo a mi alrededor me sorprendo cómo todo el mundo o un 99% de las personas tienen sus miradas fijas en el aparatico. Nada más desagradable y triste que observar una pareja en un restaurante y que ninguno se esté hablando porque el celular es más interesante. Y ojo, no crean que siempre fui un angelito. Años atrás, cuando los Blackberry estaban de moda, también me pegué a la supuesta ‘magia’ del celular. Así que no piensen que critico solo por criticar o aplaudo solo por aplaudir. He visto y vivido las dos caras de la moneda. Y considero que esas experiencias me han dado suficiente criterio para argumentar.

Ahora, ciertamente, muchos necesitarán resolver algo y por eso estarán viendo el teléfono. Pero, no nos engañemos. En su gran mayoría, están jugando Candy Crush o revisando Facebook porque simplemente no saben qué más hacer cuando están libres de tareas.

Como de seguro habrán visto en videos o mensajes que circulan por doquier, los smartphones han pasado a sustituir el contacto humano y la comunicación por amistades virtuales. El smartphone ‘aparentemente’ nos muestra paisajes y realidades más maravillosas que ver cómo las plantas van cambiando de estación por las calles que transitamos todos los días. El sonido de la naturaleza ‘no se compara’ con los ringtones y demás notificaciones (para mi gusto un poco fastidiosas) de cada vez que nos llega un mensaje. Y lo peor de todo, es que el smartphone nos ha imposibilitado apreciar y vivir el ocio, el tiempo libre, tan necesarios hasta para la creatividad, para desconectarnos, para calmarnos, para descansar. Y si seguimos en este hilo, pues hasta nos perjudica la vista porque andamos no sé cuántas horas diarias frente a una pantalla de algún tipo.

No me mal interpreten. Tener un celular en esta época es necesario. No obstante, más necesario e importante es saberlo utilizar y administrar. Hoy, les cuento que mis necesidades comunicacionales son distintas. Si bien este método de cero celular en la calle me sirvió por más de tres años, hoy y debido a mi trabajo, no me está siendo suficiente. Ya he tenido más de un par de ocasiones donde solucionar asuntos hubiera sido más sencillo si contara con saldo o un plan.

Por ello, hoy les traigo mi conclusión o mi solución. Ya que experimenté la maravilla de no depender de este dispositivo, haré todo lo posible por no recaer. Esto implica que mantendré el celular libre de notificaciones de emails y redes viciosas. Su uso para mí se reducirá a mensajes de WhatsApp y llamadas. Claro está que la idea también es que pueda disponer de ciertas aplicaciones para su uso eventual o en situaciones de necesitarlas.

Asimismo, considero que es importante no quedarse atrás con los avances tecnológicos. Por esta razón, apoyo actualizarnos en hardware y aplicaciones. Pero, una vez más, siempre recordando administrar y hacer un buen uso de estas ventajas.

¡Que el celular sea un medio de comunicación, no nuestro único medio de distracción y entretención! Sube la mirada, ¡o sí hay todo un mundo fuera de la pantalla!

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