Juntos por la ecosalud (Parte III) – ¿Qué tanto te gusta un patio de comida?

No soy quien para decirles que deben dejar de comer comida rápida. Yo misma la consumo. Ciertamente, a veces tiene un sabor que parece irresistible e irremplazable. Todos sabemos, sin embargo, que la comida rápida no es la más saludable de todas. Y lo más sorprendente, es que si preguntas en la calle a personas que son dependientes de esta comida, te dirán que saben el mal que les hace, y aun así no piensan cambiar de hábito. No parecen tener problema en decirte que saben que morirán jóvenes porque total, es ‘la vida que eligieron vivir’.

Esto fue exactamente lo que le sucedió a Joe Cross al entrevistar a personas para su documental Fat, Sick & Nearly Dead (pueden encontrarlo en Netflix). Joe era una persona como cualquiera de nosotros. Sin embargo, sufría de obesidad, era adicto a la comida rápida, no tenía tiempo y a lo mejor ni ganas de llevar un estilo de vida más saludable y luego se enfermó. Decidió tomar las riendas de su salud y comenzó un proyecto de desintoxicación. Durante unos meses solo ingirió jugos de frutas y verduras, alrededor de cuatro veces al día, todos los días.

Spoiler Alert! Joe bajó increíblemente de peso, dejó de tomar pastillas y ahora hace ejercicio y lleva una vida más balanceada.

Ahora, en su documental, nos explica más sobre la composición de las frutas y verduras, así como de la comida chatarra. Ese sabor irresistible, sí, es a propósito. Ese ‘se me hace agua la boca’ es adictivo. ¿Para qué? Pues, la respuesta obvia, para que no dejes de consumir esos productos.

Un pequeño secreto

Al principio puede parecerles difícil. Pensar en no saborear las papas fritas perfectas de Mc Donald’s o las hamburguesas de tu cadena favorita, etc. a lo mejor es mucho pedir. No obstante, por experiencia propia, cuando uno se inclina hacia la comida sana preparada en casa, en restaurantes y sitios similares, nuestras papilas gustativas se van transformando, al igual que con la desintoxicación que experimentó Joe. La comida sana es deliciosa, y hasta más que la comida chatarra. Tal vez, no tiene ese químico milagroso que te hace adictivo sin mucho esfuerzo o sin siquiera quererlo. Pero eso es bueno, precisamente, no hay químicos (en otro post hablaremos de la comida procesada y de los productos que inevitablemente compramos para cocinar).

Te aseguro, que si redujeras un poco el consumo de comida chatarra, hasta el refresco, te va a saber todo muy distinto cuando lo vuelvas a probar. Y es posible que hasta rechaces un poco los sabores. No te sorprendas si tu vaso queda por la mitad o si no te comes todas las papas. Pruébalo y me cuentas. Yo lo intenté, me funcionó, comemos aun, sí, pero menos, y la diferencia se siente y se nota.

A lo mejor, no se trata de eliminarla por completo, pero sí de comerla de forma moderada. Al final, si nos privamos, la iremos a buscar porque sabemos que el ser humano tiene una debilidad por lo prohibido. Pero, si la moderamos y con eso nos desacostumbramos un poco, tal vez no vamos a querer volver pronto.

¿Necesitas más incentivos?

La comida rápida suele tener mucho carbohidrato, azúcar añadida, grasas poco saludables y sal. Son altas en caloría y poco nutritivas. Así que, no es de sorprenderse  si vemos efectos como aumento de peso, problemas del corazón, diabetes… y esperemos la lista no sea tan larga. Quisiera compartirles una imagen publicada en Healthline, donde Ann Pietrangelo y Ella Carey nos muestran los efectos de la comida rápida en nuestro cuerpo:

Screen Shot 2017-03-28 at 10.50.15 AM

*Imagen adaptada y traducida al español

Por su parte, y tal como señala Grant Stoddard, en su artículo “20 Things that Happen to Your Body When You Eat Fast Food”, la comida rápida es barata y conveniente y nos la hacen atractiva cuando somos jóvenes para capturarnos como clientes de por vida. Sin embargo, y cito: “Si comemos mucha de esta comida, la esperanza de vida de ese consumidor frecuente puede ser mucho más corta de si hubiera comido más alimentos no asociados [con estas cadenas]”.

Así que en resumidas, nos volvemos dependientes de la comida rápida, la comemos mucho, pero nos alimentamos poco. Así que somos obesos, pero nos sigue dando hambre. Y Stoddard continúa añadiéndonos más efectos negativos de su consumo: mayor riesgo de padecer cáncer, declive de tus funciones cognitivas y de tu memoria, deterioro de la piel, posible deterioro mental, aumento de las preocupaciones, debilidad ósea, letargo, entre otras.

Y por si no fuera suficiente, One Green Planet nos viene con más: depresión, vejez prematura, dependencia a la aspirina, más los efectos en los animales y el medio ambiente. La mayoría de las carnes y otros insumos necesarios para preparar la comida rápida se produce en granjas industriales, donde sabemos que las condiciones para los animales son nefastas y hasta crueles. Asimismo, les inyectan hormonas para acelerar su crecimiento y la producción ya sea de leche o huevos, etc., y se matan grandes cantidades de animales rápidamente, dado que como ya leyeron la palabra es “granja industrial”.

Por su parte, cada vez desechamos más plástico al medio ambiente (pitillos, tapas, envases…), lo cual tarda una eternidad en descomponerse. Más adelante en esta serie, hablaremos de este tema. Asimismo, hay mayor contaminación del agua por todos los fertilizantes, drogas y hormonas que utilizan. Y, ¿sabías que al consumir comida rápida estás aumentando tu huella de carbono? Pues sí, así que de esta forma estamos siendo responsables de la liberación de gases de invernadero a la atmósfera (lo que ya vimos en la primera parte de esta serie, contribuye al cambio climático).

Vuelvo y repito, tal vez no se trata de eliminar y privarnos del todo de la comida rápida, al menos no al principio. Pero, sí se puede tratar de experimentar, reducir su consumo y ver los efectos. Ahora, no nos vamos a poner paranoicos con todas las posibles consecuencias negativas de esta comida, pero sí vale la pena analizar toda la cadena de desperdicio, contaminación y deterioro que trae consigo tanto para nosotros como para el medio ambiente. Sería sensato tomarse un tiempo para pensar si en verdad ese sabor y esa comida vale por todos esos efectos perjudiciales y qué planeta y qué hábitos le queremos traspasar y enseñar a las próximas generaciones.

¡Unámonos por el planeta y la salud de todos! Compártelo.

Un comentario en “Juntos por la ecosalud (Parte III) – ¿Qué tanto te gusta un patio de comida?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s