¿Eres tal cosa o no, puedes hacer tal otra o no? – El poder de las etiquetas 

Vivimos en una sociedad que se ha encargado de establecer las reglas para todo. Y hemos caído tal en la trampa, que nuestra mente automáticamente ha adoptado la práctica de etiquetar.

¿En qué consiste?

¿Alguna ves te han dicho que puedes o no hacer alguna actividad en particular? Tal vez querías dedicarte a la danza, pero te rechazaron por tu peso o tu edad. O quizás, retomaste algún deporte que para otros es considerado un hobby de niños y por ende te descalificaron al intentarlo.

¿Te gusta la aventura? ¿Te han tildado de loco por querer probar algo “peligroso” o “diferente”? O esto es lo más típico. Nos encanta catalogar a las personas que conocemos, e incluso a nosotros mismos. Entonces, si no nos parece que tal persona calza con cierto perfil o no nos la imaginamos haciendo ciertas actividades, inmediatamente nuestra reacción es rechazar su intención, “etiquetarlos” con algún adjetivo o sustantivo y manifestarles nuestra opinión (usualmente negativa). ¡Qué gusto sería que lográramos dejar nuestros juicios a un lado para apoyarnos y apoyar a los demás cuando estamos por emprender vuelo, en lugar de querer cortarnos las alas!

El efecto de las etiquetas

Ese es el poder de la etiquetas… colocarnos límites. Todo aquello que no entendemos y que nos es diferente lo criticamos y rechazamos. Y a veces hasta peor, cuando vemos a alguien haciendo o siendo lo que nosotros soñamos con hacer y ser, con más fuerza tratamos de frenarlo. Nuestra mente debe decir algo así como ‘si yo no puedo, él tampoco’. Ahora, ¿por qué no podemos? ¿Porque otro nos desalentó o porque nos hemos encargado de ponernos nosotros mismos las barreras?

Recientemente, vi en un documental cómo un fotógrafo profesional, dedicado a la vida salvaje, quería encontrarse con tiburones y anacondas para fotografiarlas. Su objetivo era precisamente demostrar que estos animales no son ‘peligrosos’ en sí mismos, sino que nosotros como sociedad, nos hemos encargado de mitificarlos (¡gracias Hollywood!). ¿Cuál fue la reacción de sus amigos? ‘¿Estás loco, cómo vas a ir a fotografiar tiburones y anacondas?’ Y su respuesta, ‘pues ahora con más razón voy’. ¿Y qué encontró? Para nuestra sorpresa posiblemente, las anacondas no parecían ni molestarse o percatarse de su presencia. A veces inclusive parecían posar para la cámara. ¿Y los tiburones? ¿Qué les puedo decir? En un punto, ¡hasta se acercaban para que les acariciaras la barriguita!

En otro caso, particular claro está, y ojo, no estoy diciendo que los médicos hayan tenido una mala intención ni que su pronóstico haya sido errado, pero un muchacho logró superar un accidente por el que se creía que no volvería a moverse. Verídico o no, no sería primera vez que el poder de nuestra mente y nuestra voluntad lograran casi milagros.

Así que, lo que quiero dejarles con este post, es que no se dejen desalentar. Cuando alguien los tropiece, levántense con más ganas de triunfar. Si tienen que nadar contra corriente, ¡a fortalecer esos músculos! No hay NO que valga y solo tú puedes decidir si podrás o no y si serás o no. Nadie más tiene el poder sobre tu propia vida.

Como dicen los españoles… ¡A por ello!

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