Cuando los sueños se vuelven metas 

Soñar es una práctica que sigo considerando importante. Cuando nuestras responsabilidades y tareas cubren todo nuestro campo mental, perdemos de vista nuestro cuidado personal. Y este cuidado no es solo físico, sino emocional y psicológico. No es malo tener aspiraciones sanas. No es malo querer ser una mejor persona cada día. No es malo soñar con ciertos logros o aventuras.

Pero, ¿qué pasa cuando esos sueños se vuelven metas? Para mis lectores antiguos, tal vez recuerden una entrada que escribí donde explicaba por qué prefería los sistemas a las metas. Es una teoría que planteó Scott Adams, el autor de la tira cómica Dilbert. Refresquemos un poco la memoria.

Metas vs. sistemas

En resumidas, al trazarnos una meta concreta, por ejemplo, quiero viajar a África antes de los próximos 2 años, cada día que pasa que no se me hace realidad, incremento mi frustración hacia ese deseo. Estoy pendiente de todo lo que falta para llegar a ese objetivo. Aumentas las preocupaciones porque no sabes si podrás recopilar todo lo que necesitas para que esa meta sea una realidad. Y lo más probable, abandonarás la tarea.

En cambio, si aplicas sistemas, lo importante no está en cuánto avances, sino en hacer algo al respecto. Es el principio que hemos mencionado en más de una oportunidad en este blog: show up. Es aparecer todos los días y tomar acción. Ya sea que diste un mini paso o 500 pasos, hiciste algo. Siempre estás avanzando porque te importa el camino, no la meta. Te importa la travesía, no el resultado.

Entonces, cuando nuestros sueños se vuelven metas, nos frustramos. Sentimos que están muy lejos de ser realidad. Sentimos que son un tanto imposibles, o que siempre surge algo más prioritario que te desvía de ese sueño.

Mi llamado hoy es sencillo. No quiero elaborarles toda una teoría ni un post gigantesco. Solo quiero invitarlos a que vivan cada día. Trabajen duro. No se dejen desalentar. Vivan su confusión e incertidumbre, sin dar un paso atrás. Sigan caminando que todo fluye. Dejen que el universo haga su magia. No lo esperen sentado (tampoco las cosas llegan porque sí), pero sí, no esperen, solo pongan su mejor ser y su grano de arena todos los días. El resto vendrá cuando sean el momento y lugar indicados.

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