5 tips para navegar a través de la neblina de las expectativas

Como algunos sabrán, en enero de este año salió en el cine la película “El gran showman”. En mi opinión, no solo fue una gran película, sino que estuvo llena de enseñanzas. Y precisamente hoy, quiero recordar una de ellas. Esta tiene que ver con las expectativas.

No voy a decirte que dejes de vivir según las expectativas de los demás. Ya eso lo sabes y es un tema bastante estudiado. Lo que vengo a discutir hoy son las consecuencias de dejarnos llevar por las expectativas y cómo podemos aprender a navegar a través de la neblina que estas generan.

En “El gran showman”, nos muestran un niño de escasos recursos que a través de su imaginación y visión logra surgir y escalar alto. Trabajó de forma incansable para lograrlo, pero al final llegó.

Sin embargo, por un momento se vio cegado por lo que representaba frecuentar nuevos círculos sociales. Puso en evidencia su necesidad aparente de demostrarle al mundo que no era el simple hijo de un sastre. Tras la excusa de honrar la memoria de su padre, quien había sido tratado de forma baja por su estatus social, buscó restregarle sus éxitos y fortuna a quienes una vez lo deshonraron.

En el camino, olvidó lo bendecido que era y la grandiosa vida que tenía. De hecho, si bien originalmente vivía sin lujos ni muchas comodidades, ya era feliz. Tenía una esposa, de origen aristocrático, pero que se desentendía de las pretensiones de su clase. Tenía unas hijas alegres y agradecidas. Tenían poco y a la vez mucho.

Luego pasó a tener nuevas oportunidades. Y todo marchó bien hasta que no se aguantó, no solo la necesidad de tener más, sino de “limpiar” su nombre, adornarlo con joyas y como dice el refrán “créate fama y échate a dormir” tranquilo.

¿Qué pasó después? Se alejó de su familia, se alejó de la familia que había creado en torno a su show y poco a poco todo se fue desmoronando. 

Está claro que si bien esta película está basada en hechos de la vida real, la historia sigue siendo un tanto ficción. No obstante, de las historias también se aprende. Y en este caso, la moraleja es “las expectativas nos acaban cegando”.

Me gusta soñar y trabajar por hacer de esos sueños una realidad. Me gusta acostarme todos los días sabiendo que trabajé por estar más cerca de esos sueños. No hay nada más satisfactorio que show up y decir, hoy lo logré y mañana voy a por ello.

Sin embargo, ya sabemos que no tenemos el control sobre las cosas. Por tanto, más que hacernos expectativas, es importante procurar vivir el momento. Como dije antes, concentrarse en show up y dejar que las cosas vayan fluyendo. Si es necesario, cambiar el curso y hacerse un Norte (que a su vez a lo mejor también va a necesitar un cambio de curso de vez en cuando).

Por ahí dicen que cuando uno se traza altas expectativas, uno se decepciona cuando las cosas no marchan según lo esperábamos. Y, trazarse bajas expectativas suena un tanto mediocre. ¿Será posible evitar trazarse expectativas por completo? Quien sabe, pues hay quienes establecen que “tus expectativas, más que cualquier otra cosa en tu vida, determinan tu realidad”.

Y luego vienen las expectativas de los demás. No solo dejamos de vivir nuestra vida para vivir de acuerdo al otro, sino que vaya que el proceso es doloroso. Y en medio, pecamos de todo lo demás. Por querer demostrar algo, caemos en la superioridad. Por afanarnos tanto en el qué dirán, dejamos de escuchar nuestra voz interior. Por querer aparentar, alejamos a quienes más queremos de nuestro lado. “Las expectativas nos ciegan”.

¿Cómo navegar en medio de la niebla?

La clave parece estar en cómo manejamos nuestras expectativas. Es decir, cómo “manejamos nuestras expectativas para que estas no nos manejen a nosotros”. Y para ello, hay que entender que las expectativas son como las preocupaciones. Ambas están basadas en hechos que aun no han ocurrido, y que por ende pueden no ocurrir. Adelantarnos al futuro puede llevarnos a querer controlar los resultados de las cosas y ya sabemos que eso conlleva a estrés, ansiedad y molestias.

A continuación, les comparto 5 tips para manejar nuestras expectativas:

  1. Preguntar antes de asumir: ¿Recuerdan aquel libro “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”? Cada ser humano tiene su forma de pensar, reaccionar y actuar. Y frecuentemente, creemos que los demás pensarán, reaccionarán y actuarán como uno. Wrong! Esa otra persona no está dentro de tu mente para saber qué debe hacer y cómo y viceversa. Por ende, debemos mantenernos abiertos a las posibilidades y comprender que existen diferencias que nos hacen únicos. Honrémoslas y démonos y démosles una oportunidad al interactuar. La comunicación es clave.
  1. Vivir el presente: Lo comenté más arriba. Mientras más abiertos estemos a recibir las situaciones, pensamientos, emociones y todo lo demás tal como suceden en el ahora, menos tenderemos a controlar, a estresarnos y a decepcionarnos o molestarnos.
  1. Aprender a diferenciar la realidad de la fantasía: Esto está conectado con el punto anterior. Al aumentar nuestra conciencia sobre lo que sucede dentro y fuera de nosotros y ser meros observadores, nos permite mejorar cómo actuamos y respondemos frente a las situaciones. Por ende, podemos detectar cuándo estamos creándonos una realidad paralela que no está pasando aun, y cuándo sí debemos hacer frente a un evento real.
  1. Dejarse sorprender: ¿Qué pasa realmente con el tema de las preocupaciones, los miedos y las expectativas? Hemos entrenado a nuestro cerebro para que ante ciertas “amenazas” reaccione de cierta manera. Y estas “amenazas” (noten que lo coloco entre comillas) responden a hechos que nos han ocurrido en el pasado, es decir, información que tenemos almacenada en nuestra base de datos de conocimiento llamada cerebro. Sin embargo, la vida está en constante movimiento. ¿No creen que es un tanto difícil que algo se repita exactamente igual a como ocurrió la primera vez o alguna vez anterior? Dicho esto, es hora de aprender, desaprender y re-aprender. 
  1. Crear sistemas: En otras oportunidades he hablado de preferir un sistema a una meta. Un sistema nos permite trabajar en algo que deseamos alcanzar, como dice la palabra, de forma sistemática. El foco no está en cuánto logramos, sino en haber cumplido esa actividad todos los días. Se correlaciona con la idea de show up que tanto mencionamos (¡vaya que este concepto es supremo!). Si trabajamos, así sea poco a poco, pero de forma consistente, es mucho más fácil mantener las expectativas de logro en un margen adecuado. 
(Si quieres saber más sobre los sistemas y cómo te pueden beneficiar, revisa los posts Un paso a la vez y Los sistemas sí funcionan).

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