De nuestros archivos: El placer de lo simple

Esta semana me tomaré un break. Sin embargo, me pareció relevante compartirles este post sacado de nuestros archivos. Nos vemos la semana que viene con nuevo contenido.

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Estos últimos días he estado leyendo, investigando y reflexionando mucho sobre los sistemas, hábitos necesarios y todos aquellos elementos que nos ayuden a lograr una cierta consistencia y avance en nuestro día a día. En entradas anteriores, he mencionado cómo modificar hábitos, cómo superar situaciones difíciles, en fin cómo avanzar entre los obstáculos.

En medio de este camino de experimentación, anteriormente planteé la pregunta de qué sistemas nos podrían ayudar a seguir adelante. Y he descubierto (no inventé la rueda, solo me la tropecé y la imagen entró a mi inconsciente consciente) algo muy interesante: el placer de lo simple.

En esta oportunidad no me refiero a declutter, a limpiar, a priorizar. Me di cuenta que he logrado consistencia en una actividad. Todos los días, normalmente por la mañana  y justo antes de empezar cualquier otra cosa, escribo en mi diario. No siempre tengo mucho que decir. De hecho, hay días que solo escribo una oración, como hay otros que me explayo en páginas.

¿Cómo comencé este hábito? Cada vez que me enfrentaba a un proyecto demandante y ruidoso, escribir todo lo que pasaba por mi cabeza (sin importar lógica, gramática, ortografía, etc.) era lo único que me permitía liberar la ansiedad y concentrarme en esa tarea grande. A veces dejaba de escribir por mucho tiempo, pero llegaba otro proyecto y de vuelta al papel. De pronto, se convirtió en una actividad necesaria para comenzar mi día. Me ha ayudado a expresarme, a desahogarme, a calmarme, a contar mis aventuras o a nada en particular. Y lo más importante de todo es que justamente no espero nada específico a cambio. No escribo porque tengo una fecha tope, ni porque alguien espera o necesita el resultado de mi trabajo. No voy a ganar dinero con ello ni ninguna otra cosa tangible o intangible más que mi satisfacción interna.

Hoy en día, es la única actividad que pese a las vacaciones, fines de semana (momentos de cero trabajo) o algún día que por cualquier circunstancia dejé de escribir, vuelvo a ella con constancia. Es el único hábito que pese a las interrupciones no pierdo.

Lo simple, lo interno

Tal pareciera que cuando agregamos nuestras expectativas, deseos y metas, las expectativas de otros y los clásicos vacíos tangibles o intangibles de la sociedad (dinero, éxito, fama, etc.), la receta se desbalancea y la torta no sale. Es que precisamente estos valores son externos a nosotros, y por tanto, no son satisfactorios en sí mismos. No sacian nuestras necesidades internas. Y estas necesidades están conectadas, entre otras cosas, con nuestro crecimiento personal. Más aun, son una trampa del ego, como lo señala Frederic Laloux, en su libro Reinventing Organizations.

Y hablar del ego me lleva a citar a Mihaly Csikszentmihalyi, creador del concepto de ‘flow’ que hemos mencionado en otros posts. El autor establece que en momentos de flow nos olvidamos de nuestros problemas y hasta de nosotros mismos, por lo que quiero resaltar lo siguiente: “…el concepto del ‘yo’ que cargamos en el día a día desaparece”.

Por su parte y construyendo la idea anterior, el zen maneja un concepto que dice así:

Yo quiero paz.

“Yo” es ego,

“Quiero” es deseo, 

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz. 

En el documental de Happy, hablan de que las personas necesitamos preocuparnos por algo más grande que nosotros mismos. Entonces, todo apunta a mirar dentro de nosotros, a dejar de fijarnos en lo que no tenemos o en lo que queremos poseer y alcanzar y en su lugar, simplemente a dar sin esperar nada a cambio. Dicho en términos elegantes y científicos, nos toca vencer uno de los principales enemigos de la felicidad, la rueda del hedonismo: “…ante cualquier nivel de riqueza o bienes materiales que tengas, te adaptas a él y siempre quieres más”. Y yo diría que no solo aplica a lo material, sino a nuestros deseos como profesionales, a nuestras benditas metas.

Así que…

Una vez más lo repito… el placer de lo simple

Ahora lo parafraseo… el placer de entregarse y dejarse llevar

¿Otra? … el placer de hacer sin esperar un resultado en particular

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