Corría y corría. Recordé respirar y vaya sorpresa, ¿un instante de paz?

Hábitos, rituales, sistemas… Funcionan de maravilla. Sin embargo, falta otro elemento sin el cual ninguno de ellos siquiera existiría: TÚ.

Empieza la semana y milagrosamente estás entusiasmado por darle comienzo a tus actividades, por practicar esos hábitos que has diseñado, por sentir los beneficios de tus rituales. Pasa el lunes y todo va estupendo. Llega el martes, y sigues muy bien. El miércoles te surgió de repente una reunión. Luego, saliste del trabajo para hacer las diligencias del día. Tu planificación no fue muy realista y no te alcanzó el tiempo para hacer todo. Como consecuencia, vas a tener que pasar la noche atendiendo eso que quedó pendiente para el que el jueves puedas empezar con mejor pie. 

A veces los días no son perfectos o a veces sí, pero la semana no. A veces tienes una buena semana y otra no tan buena. Por Ley de Murphy, basta que te atrases con algo para que surjan mil cosas más y te encuentres ahora con una acumulación de tareas indispensables.

Suele ocurrir sobre todo cuando se están creando nuevos hábitos. Existe un período de adaptación. Estás probando qué y cómo te funciona. Mientras lo incorporas puede que se te traspapele tu horario.

Además, siempre va a haber una diligencia que hacer. Siempre va a surgir algo inesperado. Y es muy probable que una que otra semana no puedas evitar el caos. Respira. Sí, todos hemos estado allí, más veces de las que quisiéramos.

Es tan fácil tirar la toalla. No necesitas ni de argumentos sólidos. Una simple excusa y adiós a ese problema…

Quisiera recordar a Elizabeth Gilbert citando a Pema Chödron, conocida maestra y monja budista: 

“Pema Chödron, dijo una vez, que el mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que renuncian a ella justo cuando las cosas están por ponerse interesantes. Lo que quiere decir, lo dejan apenas las cosas dejan de ser fáciles, apenas se ponen dolorosas o aburridas o agitadas. Así que, se pierden la parte buena, la parte transformadora. En otras palabras, se pierden la parte en que traspasas la dificultad y entras en un universo nuevo, bruto, dentro de ti mismo”. 

Sé lo que es renunciar. Y también sé cómo se siente no saber cuándo va a venir ese momento transformador. 

En esencia, supongo que todos quisiéramos tener un interruptor; un botón con el cual apagar todo, desenchufarnos del mundo y desaparecer por unos minutos. No existe tal interruptor. Pero sí existe la pausa, una pausa de 5 min; una pausa para mirar por la ventana que tengas más cerca y quedarte allí. Deja tus sueños y deseos por un momento en una caja segura. Cada vez que te quedes pegado en un pensamiento perturbador, salúdalo y déjalo pasar. Y vuelve a la ventana. 

Parece mentira, pero a veces 5 minutos es todo lo que necesitamos para simplificar, descansar y prepararnos para el resto. Las actividades van a seguir allí. Mas, no hacemos nada con pensar en todo lo que hay que hacer porque no podemos resolver todo al mismo tiempo. Así que podemos empezar por hacer una pausa, respirar profundo, vaciar la taza y comenzar de nuevo con lo que toque.

Sin ti, nada va a funcionar. Sin ti, los hábitos no tienen sentido. Pero, no eres un robot.  Cuídate o de nada valdrá la vida extraordinaria. ¡Que te lo cuente Melanie Weinberger,  después de sufrir depresión mientras intentaba crear y entender qué significaba llevar una vida extraordinaria!

Cinco minutos milagrosos… ¿es así como se siente la paz interior, así sea por un breve instante? 

 

2 comentarios en “Corría y corría. Recordé respirar y vaya sorpresa, ¿un instante de paz?

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