Querida zona de confort, tracemos nuevas fronteras

Viajar es una oportunidad maravillosa. Montarse en un avión sabiendo que te vas de vacaciones y que vas a aterrizar en tierras desconocidas suena emocionante, ¿cierto? Pero no todo parece fascinante. 

De repente, empiezas a sentir una mezcla de emociones. Para algunos viajar es sencillo. Para otros, requiere de preparación y planificación. Supongo que entro dentro de la segunda descripción. Por ende, esa semana antes del viaje, suele traer consigo mucho estrés. Son tantos detalles: preparar la documentación, hacer la maleta, chequear tarjetas con los bancos, buscar las atracciones que deseas ver, presupuesto… la lista sigue. 

Terminas todo, cierras la maleta, esperas a que llegue el taxi y la aventura comienza. ¡Oh sí! Una nueva sensación… Ahora no es estrés. Es una mezcla de emoción y miedo. Después de todo, viajar implica salirte de tu zona de confort, en especial cuando viajas a un lugar que nunca has visitado antes o que presenta situaciones poco familiares, como otro idioma, etc.

Usualmente cuando aterriza el avión y uno pasa por todo el proceso de inmigración y maletas, ese miedo a lo desconocido se va trasladando a un segundo plano. Te vas dando cuenta que la cosa no es tan terrible como tu mente pensaba. 

Ciertamente no estás familiarizado con las direcciones. Perderte por las calles de esa ciudad nueva te genera ansiedad. ¿Dónde voy a comer? ¿Cómo llego de aquí a allá? Preguntas y más preguntas que formula tu mente inquieta.

Un paso a la vez… esa parece ser siempre la solución a cualquier situación de miedo. Salir de la zona de confort a veces no es fácil, inclusive cuando hemos elegido hacerlo por voluntad propia; inclusive cuando lo que se encuentra fuera de esa frontera es fascinante.

Un paso a la vez… Si eres un explorador nato, salir a deambular y conocer puede ser tu estilo. Si esto te resulta un poco aterrador, busca algo que te dé seguridad para continuar. Puede ser tomar un mapa y memorizarte una dirección. Puede ser ir primero a lugares cercanos para familiarizarte con las calles y la movida local. Vas agarrando confianza y tu explorador interno te va diciendo, es hora de trazar nuevas fronteras, de atravesar los límites y darle rienda suelta al conocer.

Un paso a la vez… para que tu confianza crezca, para que tu mente se tranquilice y no te paralice, para que sin culpa ni preocupaciones te atrevas, para que lo nuevo no te abrume y frustre.

Tal vez elegí el viajar como ejemplo, pero situaciones similares se dan en cualquier contexto. Si te encierras en lo conocido, si por miedo prefieres quedarte en tus cuatro paredes familiares, te estás perdiendo un mundo rico en experiencias e historias. Qué tal si negociamos con nuestra zona de confort y le decimos: tracemos nuevas fronteras, ampliemos los límites. 

De no haberlo hecho hoy, me hubiera perdido la oportunidad de contar una historia que no se ve todos los días. 

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