Entrégate a tu antojo sin culpa

Si algo he aprendido en estos últimos años sobre creación de hábitos exitosos, es decir, comportamientos que permanezcan en el tiempo, es que la privación es su principal obstáculo.

Quiero bajar de peso, escuchas por allí. Empecé una dieta, dice luego. No como ni esto ni aquello, ni tal otra cosa, solo esto. Y ves la cara de la persona sufriendo cuando a su alrededor pasan bandejas con alimentos prohibidos.

Se monta en la balanza todos los días. El progreso no se nota. La cosa está muy lenta. Y la ansiedad y el deseo por comer ese postre, ese pedazo de pan, etc. incrementa. Botas o escondes todas las galletas para evitar la tentación. Buena estrategia, pero no creas que tu mente no sabe que están allí o que quieres salir a comprarte una.

No sé si esto sea ciencia cierta, pero a nosotros nos ha pasado con cada hábito que hemos formado y que ahora es parte esencial de nuestros sistemas. A tal hora, haces tal cosa y obtienes tal recompensa. Al mes, el comportamiento se vuelve hábito, según expertos. Y mientras más mantienes esa constancia, se hace más difícil que pierdas dicho hábito a largo plazo. 

Varios meses y vas bien. De repente, hoy no te provoca hacer ejercicio. Desde hace una semana vienes con un antojo de muffin. El olor de la comida chatarra cuando pasaste cerca de la feria en el centro comercial, te dejó mareado. Entrégate a tu antojo sin culpa.

Vuelvo y repito, con cada hábito hemos pasado por momentos en los que volvemos al comportamiento anterior. Comemos ese muffin y como nuestro cuerpo se acostumbró a otras cosas, no le cae tan bien. Ya no te gusta igual que antes. Y te haces una nota mental de evitar comer más muffin.

Pasan otros varios meses y a lo mejor vas a querer y comerás otro muffin. Sin embargo, cada vez se te hará más extraña la experiencia, menos satisfactoria. Y así, lentamente, tu hábito de comer sano o esto o lo otro estará internalizado en cada célula de tu cuerpo. Naturalmente, vas a rechazar ese comportamiento que buscaste remplazar por otro más alineado a tus propósitos.

Pero ojo, en el momento que te prohíbas algo, más fuertes te van a venir las ganas de la fruta prohibida. ¿No te has dado cuenta cuando hay un letrero que dice, por decir, no estacionar, y lo segundo que notas es un carro estacionado justo allí? Pareciera que nuestro cerebro es rebelde. No está para que le digas que no puede hacer algo. Entonces, no le digas eso. En su lugar, permítete un momento de flexibilidad y compasión y satisface tu deseo. Lo importante es que tus valores estén claros y consolidados. Si estás claro en lo que quieres trabajar y más importante el porqué, persistirás hasta que vencerás.

 

“No es lo mismo decir NO PUEDO a decir NO QUIERO”.

 

 

Un comentario en “Entrégate a tu antojo sin culpa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s