Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh

2 comentarios en “Cómo el lenguaje te encarcela

  1. Diego Castro Barandiarán dijo:

    Qué buen tema. De hecho, haces un interesante viaje de introspección desde un concepto básico de ocurrencia diaria: la elección.
    Cuando dices: “…Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto….”
    Cierto, es lo que se llama “Costo de Oportunidad”, dices algo con una palabra, pero dejas de decir otra cosa a partir de esa elección. Extrapolando, en cada elección hacemos eso. Y de hecho nos genera ansiedad y hasta cierto punto la incertidumbre de lo que hubiera sido…
    Buen post!

    Le gusta a 1 persona

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