¿Aun no te hallas en cuarentena?

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Ya estamos en nuestra semana 12 de cuarentena. Afortunadamente, nos encontramos trabajando desde casa y contamos con acceso a una diversidad de servicios que nos permiten resguardarnos. Sé que no todos están en la misma situación. Si eres uno de ellos, lo lamento mucho. Y para los demás, me incluyo, tenemos mucho que agradecer.

Al principio de la cuarentena, recuerdo ver a mi esposo atestado de videoconferencias. Todos se estaban preparando para esta nueva etapa de trabajo remoto. Tanto su empresa como su cliente necesitarían ciertos cambios y adaptaciones. Era de esperarse, por ende, esa carga y alboroto laboral.

Sin embargo, a casi 3 meses de esta “nueva normalidad”, uno se atrevería a pensar que ciertas cosas han mejorado. Pero, al parecer, no tanto. Me llamó mucho la atención escuchar a muchas personas expresar su cansancio, insomnio y descontento (por causas laborales), por ejemplo. El encierro es inevitable y lo entiendo, esas ganas que tiene la mayoría de poder salir con tranquilidad.

Y por esta razón, hoy quiero enfocarme en dos aspectos. El primero, sé que te estás volviéndo loco en casa. Sé que, en especial si estás solo, tu estado anímico ha decaído. Sé que, si tienes hijos, aun cuando aprecias compartir más con ellos, te agobian y obstaculizan tu trabajo a veces. 

Sin embargo, como sé que algunos también se han dado cuenta, la cuarentena tiene sus ventajas: 

  • Más compartir con la familia, incluyendo el comer juntos.
  • El tiempo que perdías viajando al trabajo, ahora es tuyo.
  • Menos emisiones de CO2.
  • Puedes participar en eventos e instancias organizadas en cualquier parte del mundo.
  • Es posible que la lejanía te haya conectado con amigos que tenías años sin saber de ellos.
  • Oportunidad para tomarte una pausa y reflexionar

En conclusión, en medio del caos y la incertidumbre, podemos encontrar muchas cosas por las cuales estar agradecidos. Recuérdalas porque no sabes qué podrás conservar luego.

Y en segundo lugar, quisiera brindarles algunos tips para que tu discurso cambie de “estoy cansado, no logro dormir” a “a pesar de todo lo que está pasando, estoy satisfecho con mi día a día y me siento bien”.

 

Tips para encontrar finalmente tu rutina de bienestar en cuarentena

  1. Suda

No te voy a decir haz ejercicio. Tú bien conoces los beneficios, te cueste o no ejercitarte. A nosotros, que nos encanta entrenar, nos ha costado muchísimo. Sin embargo, luego de no movernos para nada durante toda una semana y retomar la actividad física a la siguiente, el cambio es notable. El cansancio del ejercicio me lleva directo a la cama. Estoy durmiendo mucho más profundo que antes. Y el sudar, toda esa liberación de toxinas, lo noto hasta en la piel.

2. Encuéntrate contigo mismo

¿Puedes regalarte 5 a 10 minutos al día? Pídele ese espacio a tu familia. Puede ser mientras te bañas, eso sí báñate con intención y calma. Condición: momento libre de celular, trabajo y responsabilidades. 

3. Baja las revoluciones

El equipo de Headspace, que como ya saben crearon el app que utilizo para meditar, iniciaron ahora un podcast, Radio Headspace (pueden encontrarlo en su app de podcasts favorita). Y en una de las entradas, recomendaban preparar tu mente para momentos de relajación y foco. El enfoque no es a que dejes de trabajar para decir, ok, ahora voy a descansar. La idea es darle a tu mente un aviso para que vaya bajando las revoluciones. Yo, por ejemplo, tengo una alerta 5 minutos antes de mi meditación para saber que tengo que ir cerrando lo que esté haciendo para apaciguar la mente. Lo mismo antes de dormir, cierro pantallas una hora antes y leo. 

4. Prioriza

Si eres como la mayoría que ahora en remoto tiene más trabajo que antes, organiza un poco tu caos. Si eres visual, usa notas para que las tareas no se te vayan por las grietas. Identifica todo lo que tienes que hacer y prioriza. Todo es importante, ya lo sé. Sin embargo, de seguro alguna tarea puede crear más valor o es más urgente. 

¿Muchas reuniones? Reserva espacio en tu agenda para tu trabajo profundo, un momento de foco, sin distracciones. De esta manera, siempre podrás avanzar y contribuir donde más se te necesita.

Créate tu rutina, tus hábitos, tus métodos de trabajo. Pero, de verdad, trabaja en ello. En el desorden es muy abrumador empezar a ordenar. Da pequeños pasos. Hoy, despejas tu escritorio. Durante las próximas dos semanas, vacías tus correos. A tal hora, revisas tus whatsapp. 

Conócete para que sepas cuánto te toma hacer ciertas tareas o en qué momentos del día tienes mayor actitud y concentración. Protege tu agenda y sé realista en lo que planificas. Es tiempo de responder conscientemente, en lugar de dejarse llevar por la ola y vivir apagando incendios.

“Si no priorizas tu vida, alguien más lo hará”. (Greg McKeown)

 

¡Si tienes algún otro tip, no dudes en escribirnos!

 


Enlaces:

App de meditación Headspace

Practica lo que predicas: mi balance

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A lo largo de este blog, he publicado un sin fin de experimentos con el objetivo de ir encontrando esos hábitos, estrategias e instancias dignas de conservar. Sin embargo, en muy pocas ocasiones les he contado qué ha pasado con ellos luego de un tiempo. Así que dado que no me gusta predicar sin practicar lo que predico, hoy les traigo un balance de los experimentos más relevantes.

 

Experimento 1: sistemas vs. metas

Hace varios meses e inspirada por Stephen King, decidí optar por escribir 500 palabras al día, lo que para muchos puede sonar como una meta. Si tienen tiempo leyéndome, sabrán que no suelo enfocarme en el avance cuantitativo, sino en buscar la constancia. 

Al menos para el proyecto de escritura que tenía en manos, forzarme a escribir esa cantidad de palabras me ayudó a avanzar y a culminar esa fase del trabajo. Con el tiempo, sin embargo, es decir, cuando escribo por escribir sin ningún proyecto en mente, las 500 palabras no van para ningún lado. Más aun, puede que me frenen a no escribir en absoluto.

Conclusión: Sigo defendiendo el show up y los sistemas más que una meta concreta o un avance cuantitativo específico. No obstante, frente a un proyecto definido, es posible que vuelva a probar este enfoque cuantitativo.

 

Experimento 2: estructuras

En una oportunidad, mis días estaban divididos en bloques: matutino, laboral, nocturno. En cada uno de ellos ocurrían actividades particulares. Esa estructura me ayudaba a ser consistente en el trabajo y en mis hábitos. Las tareas de cada bloque cambiaron con la evolución de mis jornadas. Recientemente, se veía así. Mi agenda tenía las mismas cuatro tareas todos los días: escritura creativa, blog, revisar correos y redes sociales y leer. En la mañana ocurría la primera. Luego del almuerzo, las dos siguientes y a finales de la tarde la lectura. Tal vez ahora pueden entender por qué esta estructura se estaba volviendo repetitiva y monótona y hasta frágil. 

En todas partes vas a leer sobre la importancia de los hábitos, cómo te ayudan a evitar el deambular y pensar de más, así como el progresar y practicar comportamientos deseados. Sigo diciendo sí a los hábitos. El problema, tal vez, son las estructuras dentro de las cuales encajo esos hábitos.

¿Qué estoy haciendo? Volví a la agenda física. Estoy siguiendo algunos pasos de lo que se conoce como Bullet Journal. En breve, cada día anoto seguido de una viñeta cada tarea que me planteo llevar a cabo. Ya no es simplemente escribir. Ahora es escribir tal poema o un blog post. A lo mejor es editar. Y con ello, las tareas de casa, los libros o artículos que quiero leer, etc. Es decir, las tareas ahora son más específicas y variadas.  

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Además, ya no necesariamente tengo un orden. Las mañanas siguen siendo mi momento más creativo. Sin embargo, estoy buscando fomentar mayor flexibilidad y adaptabilidad acorde a lo que el día me lance y a mi actitud también. 

¿Cómo logro show up? Buena pregunta. Fue muy fácil excusarse en esa libertad de movimiento para no escribir, por ejemplo, o entregarse únicamente a los antojos. En un intento de encontrar balance entre antojo y trabajo, desde hace unos días, me levanto a las 7 am. Gracias a la cuarentena, nos es posible acostarnos más temprano. Duermo mis 8 horas. Pero ahora, al levantarme más temprano, dedico una hora para escribir. Es un momento pre-día (antes de empezar mi día como tal, quiero decir). A veces se siente como si uno estuviera levantándose a escondidas. Soy solo yo en pijamas, laptop y café en mano.   

Sin importar qué pase el resto del día, ahí tengo asegurado mi show up.

 

Experimento 3: juego en cuarentena

No sé si recuerdan un pequeño juego que les compartí para vivir de forma más consciente la cuarentena. Todos los domingos, llenaba una planilla con la música que había escuchado, qué había leído, con quién había hablado y el dibujo que mejor expresaba mi semana. Fue divertido. Esta semana decidimos pararlo.

La vida en cuarentena se ha convertido en la nueva normalidad. Somos criaturas adaptables. Y vamos a estar muchos más meses bajo esta nueva normalidad. Queremos mantener esa reflexión sobre cómo hemos vivido la semana. Queremos mantener esa motivación por hacer que nuestro tiempo valga la pena (lo que sea que eso signifique para ti). Sin embargo, podemos talar menos árboles para lograr eso. 

Conclusión: encontraremos otra manera de compartir esas reflexiones sin imprimir más hojas. Probablemente, incorporemos una nueva casilla a nuestro Family Meeting. Si tienes hijos, capaz a ellos sí les siga funcionando el juego.

 

Experimento 4: tareas de casa

Siempre fui partidaria de sacar la curita de una (no en la piel, solo metafóricamente hablando), en especial cuando se trata de actividades que preferiría no hacer. Por eso, me gustaba tener un día dedicado a la limpieza. Asimismo, por eso también solía cocinar en grandes tandas, es decir, la comida de toda la semana en uno o dos días. Podía olvidarme de esas tareas hasta la semana siguiente.

¿Problema? Volvemos a la fragilidad de las estructuras rígidas. Creo que finalmente entiendo por qué a las pocas semanas de ejecutar esas tareas exitosamente, el sistema se recargaba y venía el caos. Ya había probado años atrás con repartir estas tareas en más días, un poco a la vez. Y la verdad es que no me había funcionado. No disfrutaba saber que todos los días iba a cocinar o limpiar, por ejemplo. ¿Qué cambió? Tal vez es la cuarentena. Lo cierto es que esas grandes tandas de cosas no estaban funcionando, muy abrumador. Es más fácil lavar un plato a la vajilla entera, ¿cierto?

Conclusión: Estoy limpiando un cuarto al día. Me toma entre 15 a 30 min. Procuro hacerlo en la mañana o de lo contrario se hace muy difícil cerrar el ciclo. Así, acumulo pequeños triunfos a lo largo del día que me motivan a conquistarlos al día siguiente también. Con la cocina, lo mismo, a medida que algo se va acabando, lo voy remplazando, de a poco.   

 


Así cierro el balance de algunos de mis experimentos. Mi objetivo es mostrarles que experimentos no son más que intentos, a veces fallidos y a veces exitosos. La vida cambia y con ello los hábitos, realidades y necesidades. A veces toca adaptar viejos comportamientos. Otras veces hay que remplazarlos por completo. E inclusive en algunos casos, resucitamos viejos comportamientos y experimentos.

Aquí no hay nada escrito sobre roca. 

 

“Falla temprano, falla a menudo, pero siempre falla hacia adelante” (John C. Maxwell).


 

Enlaces:

Una estrategia para evitar posponer lo inevitable

[Te traemos una nueva modalidad para que elijas cómo prefieres experimentar nuestras publicaciones. Si eres de los que les gusta más leer, en el próximo párrafo podrás encontrar la entrada de esta semana. Si por el contrario, te gustan más los podcasts o audiolibros, haz clic en el botón de play a continuación para escuchar este post. Nos encantaría escuchar tus impresiones.]

Todos tenemos tareas en nuestras agendas que no nos encanta hacer. Son aburridas y repetitivas. Nos dan fastidio. Sin embargo, son necesarias. Así como nos bañamos todos los días, toca limpiar la casa, lavar la ropa, fregar los platos, hacer las compras de supermercado. Agrega a esa lista aquellas tareas que a veces postergas con la esperanza de que desaparezcan o se hagan solas.

El problema con esa esperanza es que a menos que tengamos una Robotina o algún artefacto que lo haga por nosotros, si es que existe, alguien debe encargarse de ellas. Y hasta que no se completen, no solo no van a desaparecer, sino que van a crear más daño con el tiempo.

Les doy un ejemplo. Todos los lunes nos llega nuestra caja de verduras, una caja que, debo agregar, no es nada pequeña. Y dado que me gusta guardar las cosas en la nevera ya lavadas, pues ese mismo día me toca lavar las compras para que no se pudran. Los lunes, también, eran mis días de limpieza. Así que esta era la imagen. Me levantaba a inicio de cada semana sabiendo que todo el día iba a estar limpiando y luego en la tarde, ya agotada físicamente de la labor, venía la limpieza de las verduras.

¡Ni hablar de la carga mental con la que amanecía todos los lunes!

Algunas semanas, el sistema funcionaba perfecto. Limpiaba, llegaban las verduras, las arreglaba y terminaba el día con broche de oro. Otras semanas, limpiaba una parte sí, otra no, a veces nada. Las verduras más de una vez quedaron en su caja en la entrada del departamento esperando que alguien hiciera algo al respecto. Cada vez que caminaba por el pasillo, veía la caja. Cada vez que veía la caja, comenzaba a darle vueltas a la cabeza. 

—“No he lavado las verduras”.

—“Se van a dañar. No podemos estar botando comida así no más”.

—“Es mucho trabajo, no quiero hacerlo”.

Y con esos pensamientos, la carga de no haber hecho la tarea, la culpa de que las verduras seguían allí, y cualquier otro sentimiento al ver la casa sucia y las tareas no completadas…

¿Les suena familiar el escenario? 

Tal vez en tu caso sea esa ropa que dejaste arrugando dentro de la lavadora porque te dio fastidio colgar; o el cerro de platos que se acumularon luego de cada comida; el remolino que pasó por tu escritorio y que no ordenaste al terminar de trabajar, etc.

Eso se llama “overthinking”. Y uso el término en inglés porque es corto, las maravillas del lenguaje. Pero, en su traducción, pues pensamos mucho sobre un asunto. Le damos vueltas en la cabeza una y otra vez. El pensamiento rumia en nuestra mente día tras día.

Algo tenía que hacer para mejorar este asunto. Y como ya saben, me encanta un experimento. Además, les comenté algunas entradas atrás de cómo los sistemas son necesarios, pero a veces muy estructurados y cerrados. Y eso para mí, los vuelve frágiles. ¿Cómo entonces crear hábitos que nos ayuden a desempeñar nuestras labores sin sentirnos encajonados? Buena pregunta. Aun no tengo del todo la respuesta.

Lo que sí puedo contarles es mi nueva estrategia para despejar un poco mi mente. 

 

¿Cómo trabajar mi overthinking?

Según Anne Bogel, autora del libro “Don’t Overthink It”, este rumiar se define como “pensamientos repetitivos, dañinos y poco productivos que nos hacen sentirnos mal, mientras que no nos conducen a nada”.

Por ende, “cuando postergamos el hacer esa tarea que no queremos hacer, mantenemos ese asunto desagradable justo en nuestras narices por mucho más tiempo del necesario”. Y eso nos lleva a concentrarnos en los aspectos negativos asociados a esa tarea.

Más aun, esos “ciclos abiertos consumen energía mental, ocupan espacio en nuestro cerebro y nos ruegan por monitorearlos como ‘tareas en progreso’”. 

Cómo pasarlos de ‘tareas en progreso’ a ‘tareas completadas’, pues a través de esta simple frase que la autora propone: cerrar ciclos.

Ya sabemos lo poderoso que puede ser el lenguaje. Pues usualmente, no se trata de cambiar una actividad, sino nuestra actitud frente a ella, refrasear en nuestra mente la tarea en mano. Evitar el “hay que”, “tengo que” y remplazarlo por “elijo”, “tengo la oportunidad de”, “opto por”. Lo mismo pasa en este caso.

Llegan las verduras y “opto” por procesarlas de inmediato para “cerrar el ciclo” y no pasar días pensando en ello. Libero mi espacio mental para enfocarme en las cosas que realmente importan.

Así que ahora, cada vez que me enfrento a alguna tarea aburrida o desagradable, pero necesaria, y me veo en la tentación de abandonarla a medio camino, me repito a mí misma “voy a cerrar el ciclo”. Es simple, pero poderoso. Y más si lo ato a la idea de cuidado personal, uno de mis pilares.

 

“Ser un adulto responsable es la forma más infravalorada de autocuidado. Sí, me refiero a: vive acorde a tus medios, pide cita con el dentista, ahorra dinero, planifica las comidas, lávate la cara antes de ir a dormir, ve a dar un paseo, cocina para personas, mantén tu casa limpia, acuéstate a una hora decente, todas esas cosas aburridas. Las rutinas mejoran todo en tu vida y esta es absolutamente la forma de autocuidado más ignorada y subestimada” (Sarah Bessey).

 

Cuidarte a ti mismo no se trata solo de comer sano, hacer ejercicio y utilizar productos naturales. Cuidarte a ti mismo involucra cuidar de tus espacios internos y externos.

La próxima vez que no quieras hacer algo, no la pospongas. En ti está la decisión de parar el ruido mental que te producirá el resto de la semana. Busca un refrán, una frase o utiliza la de Anne Bogel y ahora mía también; esa frase que frene la retahíla viciosa de tus pensamientos en el acto y te lleve a cerrar ciclos.

 

Overthinking no es solo una molestia; cada minuto que invertimos pensando de más es un minuto que no invertimos en las cosas valiosas” (Anne Bogel).  

 

Cómo mostrarnos autocompasión

Mucho se habla de la autocompasión. A veces fallamos. A veces las cosas no nos salen como queremos. Otras dejamos de hacer algo que habíamos planificado para el día. Queremos entregarnos a un antojo, pero nos sentimos culpables de optarlo. Tenemos las emociones a flor de piel. Frente a todos estos escenarios, se plantea la autocompasión como respuesta. Es parte de entender que somos humanos, imperfectos, sensibles. 

Sin embargo, qué es la autocompasión. Y más aun, cómo podemos practicarla de forma concreta. Exploremos estas dos interrogantes.

 

¿Qué es la autocompasión?

Según la especialista Dr. Kristin Neff, autocompasión es mostrar amabilidad y entendimiento (a uno mismo claro). Tal como simpatizamos con el sufrimiento de otros y buscamos ayudar, así mismo, nos toca entender que a nosotros nos pasa lo mismo y nos toca empatizar con nuestra persona. “Entendemos que el sufrimiento, fracaso e imperfección son parte de la experiencia humana compartida”.

De esta forma, en lugar de criticarnos o ignorar nuestro dolor, buscamos ser amables con nuestra situación. De lo contrario, lo único que lograremos es crearnos estrés y más frustración. No podemos pelear contra el mundo. Buscamos aceptación. Y junto con aceptar que las cosas a veces ocurren como ocurren, podemos empatizar con nuestro sufrimiento.

Otro punto importante a mencionar es que con la autocompasión buscamos equilibrar nuestra respuesta frente a las emociones negativas. No se trata de reprimirlas, pero tampoco exagerarlas. Y esto se logra al entender que somos parte de una experiencia humana compartida, es decir, que no estamos solos en esto. Andy Puddicombe, co-fundador de Headspace, utiliza esta estrategia como parte de la meditación. Cuando uno se da cuenta que no es el único que experimenta estrés, ansiedad o padecimiento, podemos poner en perspectiva nuestra experiencia.  

 

¿Cómo nos mostramos autocompasivos?

 

“Mientras más abras tu corazón a esta realidad [la idea que el fracaso, el error, frustración, limitaciones, etc. siempre van a estar presentes como parte de la condición humana] en lugar de pelear constantemente contra ella, más podrás sentir compasión para contigo y el resto de los  seres humanos frente a la experiencia de la vida” (Dr. Kristin Neff).

 

Como todo, requiere práctica. Sin embargo, hay varios métodos que podemos aplicar.  Me voy a enfocar en 3 ejercicios que plantea la misma Dr. Neff, dado que es la autoridad en el tema. 

Pero primero, la Dr. hace énfasis en que no buscamos reprimir, eliminar o ignorar nuestra experiencia. Como dije antes, no podemos controlar ni cambiar muchas cosas. Sí podemos aceptarlas y mejorar nuestra relación con ellas, responder conscientemente en lugar de reaccionar.

 

A. Existen meditaciones orientadas a la compasión

Pueden visitar el sitio Web de la Dr. Kristin Neff para descargar sus meditaciones (en inglés).

B. Pueden practicar alguno de estos ejercicios:

1. Cómo te comportarías con un amigo:

Imagina que estás hablando con un amigo. Qué le dirías frente a la situación que está experimentando. Cómo lo tratarías. Qué harías. Escríbelo.

Ahora haz lo mismo, pero imaginando una situación difícil que estés experimentado. ¿Cómo usualmente respondes? ¿Qué haces, qué te dices a ti mismo, en qué tono? Escríbelo.

Analiza y reflexiona si hay una diferencia en tu respuesta frente a ambas situaciones.

Practica tratarte a ti mismo como tratarías a un amigo.

2. Cambia el lenguaje autocrítico

Puedes llevar un diario o buscar la manera que mejor se te acomode para reflexionar y expresarte. Lo primero es entonces darte cuenta cuando te estás criticando. ¿Qué te dices a ti mismo cuando algo sale mal? Sé específico anotando las palabras que utilizas, el tono. Trata de identificar en qué momento surge ese diálogo interno, luego de qué cosas te pasaron. 

Una vez que identifiques ese diálogo interno, busca apaciguar tu lenguaje. La Dr. Kristin recomienda decir algo como “Sé que te preocupas por mí y te sientes inseguro, pero me estás causando dolor innecesario. Le permites a mi ser compasivo decir algunas palabras ahora?”

Ahora exprésate de forma positiva y con amabilidad. Puedes imaginar qué te diría un amigo. 

3. Break autocompasivo

Piensa en una situación estresante y difícil que estés atravesando. Préstale atención e intenta observar dónde en tu cuerpo sientes ese estrés e incomodidad. 

Luego, identifícalo, ponle nombre. Por ejemplo, estoy sufriendo, es doloroso, tengo ansiedad. Recuérdate que no eres la única persona en el mundo atravesando esta situación. Repítete a ti mismo, “no estoy solo”, “todos tenemos dificultades”.

Coloca tu mano en el corazón o muestra algún gesto físico de calidez hacia tu persona. Puede ser acariciar tu cabello, una palmada en el hombro, lo que te sea más cómodo. Y expresa alguna frase, puedes personalizarla, que signifique amabilidad para ti, una frase que te hable con relación a lo que estás viviendo.

En mi caso, me gusta repetirme “I’m beautiful, I’m strong, I’m courageous, and I love myself”. Otros ejemplos pueden ser “me perdono”, “estoy aprendiendo a aceptarme”, “seré paciente”, etc.

Practícalo en cualquier momento del día, en especial cuando necesites ese break. Recuerda: sé amable contigo mismo, recuerda que la experiencia humana es compartida, equilibra tu respuesta a tus emociones negativas.

———

Espero estos ejercicios te ayudan a cambiar tu lenguaje y cómo te tratas a ti mismo, en especial frente a situaciones difíciles. Este es un buen momento para comenzar a ejercitar el músculo de la autocompasión. 

Te recomiendo colocar en un espacio visible estas prácticas para que las tengas presentes y no olvides ejercitarlas. 

¿Estás atravesando alguna situación apremiante? ¿Has notado que te criticas de forma constante? ¿Te gustaría practicar alguna de las estrategias que te compartimos en este post? Cuéntanos tu experiencia.

¡Pronto estaremos de vuelta!

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Nos tomamos una pausa

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¿Qué te dicen tus antojos?

Esta mañana me di cuenta que en una realidad alternativa, estaríamos en este momento en la playa disfrutando de nuestras vacaciones. No me quejo. Esta cuarentena nos ha dado más de una cosa para reflexionar.

Me gustan las estructuras, los planes, las rutinas, los hábitos. En fin, supongo que me siento a gusto en lo seguro. Y por eso mismo, me gusta salir de mi zona de confort, experimentar y salirme de mi caja. Esa es una de las reflexiones que esta cuarentena me está dejando.

Cuando esa estructura se quiebra, se modifica, el sistema entero tiembla. Eso quiere decir que el sistema es frágil. Y para mí, además significa que el sistema es muy cerrado, muy estructurado. 

Por esta razón, decidí escuchar mis antojos. Sé que a veces es muy fácil utilizar un antojo como una excusa para no trabajar o hacer eso que sabes que “debes” hacer. Sin embargo, darse libertades también puede darle cabida a la creatividad y la diversión. Uno puede encargarse de alguna tarea prioritaria e importante. Y luego, puede darse espacio para el antojo.

Lo importante es que al final del día, uno pueda apreciar lo que hizo y lo que no hizo. No hay cabida para el castigo. Hay cabida para la auto-compasión. No hay cabida para la culpa. Hay cabida para el disfrute.

Si sientes que eso que quieres hacer es lo que debes hacer, hazlo. ¿Qué te lo impide? ¿Quién te lo impide?

Si sientes que ese antojo se está interponiendo en tu trabajo, piensa, ¿necesitas sacar una tarea importante y el antojo es una excusa para no ponerle el cascabel al gato? Pues, entonces siéntate, pon música que te ayude a concentrarte y show up. Termina tu tarea y verás que luego te sentirás aliviado y satisfecho. Ahora, puedes enfocarte en tu antojo.

Si sientes que tu antojo no se interpone en tu camino, dale rienda suelta. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Quién dijo que todos tus días tienen que verse iguales? ¿Quién dijo que por cambiar el orden de tus tareas o posponer algunas no eres productivo o útil? 

Es más, tu antojo puede ayudar a liberarte de ese bloqueo mental que te ha impedido ponerle el cascabel al gato. Como escribió Anne Bogel, en su libro Don’t Overthink It, “incluso si no te gusta el resultado, eso no significa que no sea el resultado correcto. Y eso me libera para elegir”. Y continúa explicando, “algunos días me va bien; Estoy satisfecha con cómo he invertido mis horas, y por ende, mi vida. Algunas veces me cuesta, y sé que me seguirá costando. Nunca voy a ‘llegar’, pero puedo ver qué tan lejos he llegado”. 

Ya sea que inviertas este momento en tu trabajo o en alguna actividad que se te antojó e inclusive en algo que ansías mucho hacer (pero sientes que no deberías o que ahorita no es el momento adecuado), recuerda que puede que estés dándole muchas vueltas al asunto. Tal vez lo que necesitas es hacerlo y ya, sin pensar en si es el resultado adecuado o no; sin pensar si es el resultado que te gusta o no.

Encuentra tu balance. Ve a la acción. Haz lo que te gusta hacer. Trabaja, por supuesto, pero recuerda que eso no lo es todo en la vida. ¿Quieres leer ahorita? Hazlo y enfócate en ese informe en un par de horas. ¿Quieres salir del informe para poder liberar la mente? Pues, adelante, busca un lugar donde puedas concentrarte y empieza a tipear. 

Sea lo que sea, hazlo de forma consciente.

“Cómo pasamos nuestros días es, por supuesto, como pasamos nuestra vida” (Anne Dillard).

El llamado de la naturaleza

 

Una manera divertida de chequear cómo va tu cuarentena

Más de un tercio de la población se encuentra resguardada en sus casas en este momento debido al COVID-19. Muchos estarán trabajando de forma remota. Sus hijos estarán llenos de tareas para no perder el año escolar. Y entre toda esta ola, llegó a mi poder un material creado por Dalmaus para ayudar a los niños a entender la importancia de quedarse en casa. Pueden descargarlo aquí.

Si revisan el cuento/documento, verán que termina con un certificado para darle a los niños una vez finalice el confinamiento. Y para darle seguimiento a las actividades que realizan durante este período, hay una plantilla que deben completar.

No creo que necesites un diploma, pero mi esposo y yo pensamos que tal vez adaptar este juego a nosotros podría ser una manera divertida de vivir la cuarentena. Va un poco ligado a la práctica que les compartí hace unas semanas, nuestro Family Meeting.

¿Qué tal si cada semana haces un balance de cómo te fue? Es una oportunidad para mejorar, para show up, para reflexionar y como dije para divertirte. Lo puedes hacer tú solo o con tu familia. 

Ahora, antes de compartirles la planilla, quiero invitarlos a que hagan una reflexión. Está muy bien que tengamos a disposición toda una serie de libros, películas, juegos y demás para pasar el tiempo. Mas, ¿qué tal si en lugar de pasar el tiempo, vivimos el tiempo?

Ya he escuchado a varias personas hablar de esta pandemia como una llamada de la naturaleza a pausar, una pausa forzosa, dado que nuestras sociedades, de lo contrario, no pararían. Y es por esto que no les traigo este juego para que se llenen de actividades, sino para que se guíen y piensen cómo quieren aprovechar esta oportunidad que se nos ha dado. Sin más… 

 

Juguemos a “Cosas que he hecho en casa”

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Descarga la planilla aquí.  

A partir de esta semana, estaré compartiendo mis dibujos por Instagram. Compártenos los tuyos usando el hashtag #cosasquehehechoencasa y no olvides de etiquetarme (@dianaf.blanco).

Mis 5 prácticas para mantener el estrés a raya, en especial ahora

Con el mensaje de quedarse en casa y distanciarse, ha estado circulando material para mantener nuestra salud emocional. Como comentaba en el post anterior, es natural estar estresado ante situaciones desconocidas y fuera de nuestro control, y ahora más que nuestras rutinas se han visto alteradas. Así que luego de que me preguntaran qué cosas se podían hacer para aliviar el estrés, decidí juntar todas las prácticas que he utilizado desde hace un tiempo y otras nuevas que me han ayudado en estos momentos.

5 Estrategias para aliviar el estrés en tiempos inciertos

 

  1. Medita

Necesitas solo un par de minutos para esta práctica. Yo recomiendo mínimo 5. Procura meditar en el mismo momento del día para que lo hagas hábito. Yo prefiero en las mañanas antes de empezar el día como tal.

  • Busca un lugar donde no te vayan a molestar o interrumpir.
  • Siéntate en una posición cómoda. Puede ser en el piso, silla, sofá, etc.
  • Coloca un timer por el tiempo de la práctica.
  • Cierra los ojos.
  • Tómate unos segundos para notar el peso de tu cuerpo sobre la silla o piso, el peso de tus manos sobre las piernas, los sonidos que escuchas a tu alrededor.
  • Luego, tómate otros segundos para recorrer tu cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Observa cómo se siente, tenso, pesado, ligero (no intentes cambiar nada).
  • Ahora por el resto de la práctica, concéntrate en tu respiración. ¿Dónde sientes el movimiento? Puede ser en la boca del estómago, pecho, por ejemplo. Si te ayuda, cuenta hasta 10, uno con la inhalación y dos con la exhalación y así sucesivamente. Al llegar a 10, comienza el conteo otra vez. 
  • Al finalizar el tiempo, abre los ojos y tómate unos segundos antes de pararte a hacer otra actividad. 

Si lo prefieres, hay aplicaciones para guiarte. Ya les he mencionado que utilizo Headspace. Hay otras.

Nota importante: La meditación no consiste en dejar la mente en blanco. Eso no es posible. Por el contrario, la idea es tomar conciencia de nuestro mundo interior y ser meros observadores, es decir, no dejarnos llevar por los pensamientos y sentimientos, sino darnos cuenta de que esos procesos están ocurriendo. Así que si un día tu cabeza no para y no te deja concentrarte en la respiración, está bien. Vuelve la atención a tu respiración cuantas veces sea necesario. Habrá días donde la práctica será más fácil y otros en los que costará más.

2. Lleva un diario

Puede ser físico o digital. El medio no importa mucho. Lo importante es descargar los pensamientos y sentimientos. No quiero sonar repetitiva, pero esta práctica ayuda a clarificar, a despejar la mente, a calmar la ansiedad y a conocerse a uno mismo. Si lo prefieren, compartan sus pensamientos con algún amigo. Cuando nos expresamos, eso que pesaba en nuestra mente, pierde un poco de peso.

3. Vuelve al momento presente

Este punto más que una práctica es un recordatorio. Recuerden que nuestras preocupaciones y sentimientos suelen estar arraigados en eventos del pasado o del futuro. Al volver al presente, podemos aliviar esa carga imaginaria de aquello que, una vez más, no podemos controlar. Aquí algunas prácticas para volver al ahora:

  • Trata de darte cuenta cada vez que te paras o te sientas. Puede ser también ganar conciencia sobre ese momento en el que tu ansiedad comienza a sentirse tanto física como mentalmente. Otra alternativa es darte cuenta cada vez que agarras el teléfono (¿te has percatado que la mayoría de las veces lo haces por reflejo y no porque ibas a hacer algo concreto?)
  • Como conversamos anteriormente, haz una lista con las cosas que te preocupan. Concéntrate en aquellas que son accionables y traza un plan.
  • Recupero una vez más el ejercicio que compartió Elizabeth Gilbert. En ese instante de ansiedad, piensa en 5 cosas que ves, 4 cosas que escuchas, 3 cosas que sientes, 2 cosas que hueles y 1 que saborees.
  • Siempre puedes volver a la respiración, ese pequeño ejercicio que hacemos en la meditación. Sigue tu respiración mientras inhalas y exhalas. Quédate allí el tiempo que sea necesario.
  • Escucha música, pero no la pongas solo como fondo, sino conscientemente préstale atención, la melodía, la letra. 

4. Practica algún deporte o hobby 

Hay actividades que tienen el poder de ayudarnos a olvidar todo lo que pasa en nuestro alrededor, excepto eso en lo que estamos concentrados haciendo. En mi caso, es el boxeo. Se requiere tanta atención que no hay forma que tu cabeza divague. Para ti puede ser un hobby. Explora y encuentra esa práctica que te enganche y te obligue en cierta forma a concentrarte en ella y nada más. Una vez la encuentres, practícala de forma recurrente.

5. Toma aire fresco

Sé que en momentos de cuarentena, y si no tienes balcón o patio, este punto puede ser un poco difícil. Abre la ventana y quédate ahí un rato. Ver el paisaje, sentir la brisa en la cara, refresca. Es como si el viento se llevara esos pensamientos ruidosos con ella. Queda solo lo que observamos y esa energía positiva creativa e inspiradora. Sonó un poco poético, pero pruébalo y verás a qué me refiero.

 


Quisiera finalizar compartiendo un tip que escuché a propósito de la situación mundial actual. Tómate unos minutos al día y date permiso de preocuparte. Deja que tu cabeza rumie y luego, sigue adelante.

Si tienes algún otro tip o práctica que utilizas para aliviar el estrés, compártela en la sección de comentarios.