Deja de buscar, solo abre los ojos

“No busques la próxima oportunidad. La que tienes en frente es la oportunidad”. (Paul Arden)

No quiero iniciar otro post sobre la importancia de vivir en el presente, ni en qué consiste enfocarnos en el ahora. Sin embargo, hay algo de esta frase de Paul Arden que me llama mucho la atención.

Recuerdo cuando recién nos mudamos de departamento, mi mente no dejaba de viajar entre todas las ideas de decoración que tenía. Me imaginaba esta pared de tal color. Aquí vamos a poner tal cosa. Se necesita este otro mueble. Muy divertido el proceso si te gusta diseñar. ¿Pero?

Hay veces en que las cosas que queremos lograr, cambiar o modificar llevan tiempo. ¡Lastimosamente no podemos decir 1,2,3 Rebecca y así de fácil! 

[Tal vez mi referencia no es global, pero de alguna manera no podía dejar de incluirla. Si quieres saber su origen, date un paseo por YouTube.]

Cuando comienzas a hacer toda una lista de las cosas por comprar, por ejemplo, el cambio comienza a resultarte abrumador. No solo te va a tomar una eternidad llegar al estado que quieres llegar, sino que piensas en la inversión y en un sin fin de cosas más. Esto por dar un ejemplo, pero se aplica a cualquier proceso de cambio, cualquier meta o sueño, etc.

Mi punto, a veces el disfrute no está en la transformación en sí, sino en tu estado actual. No te estoy diciendo que dejes de mejorar o soñar o esto o aquello. Sigue trabajando por ello. Pero durante el proceso, no dejes de mirar a tu alrededor y de saborear el espacio que ya tienes, la persona que ya eres porque la oportunidad está aquí.

Inclusive a veces no es un cambio lo que se necesita, sino preguntarse, cómo le puedo sacar el máximo a mi situación actual. En el trabajo, ¿estaré dando todo lo que puedo dar o es más fácil rendirme y buscar otro empleo? En la vida personal, ¿estoy sabiéndome mejor que ayer o es que cuando logre tal cosa podré decir lo logré? En las relaciones, ¿estoy presente o me distraigo continuamente y después ando quejándome?

La simplicidad de las cosas, creo que en eso se resume la idea. Cómo nos gusta complicarlo todo, agregar, adornar, a veces en exceso. De vuelta a la sencillez. El sol no va a dejar de brillar porque lo coloreemos con más o menos rayitos alrededor.

Prohibido olvidar

No quería dejar pasar esta semana sin compartirles un post. Un resfrío tardío y otras variables me han mantenido alejada del teclado. Sin embargo, les quiero compartir esta breve reflexión.

Prohibido olvidar

No hay día que vaya a entrenar, que mi coach no me aupe con un ¡vamos máquina! Ese parece haberse convertido en mi sobrenombre luego de la artritis. Le dice a mi esposo, “ahora no hay nada que la detenga”. Todos nos reímos.

Recientemente, recibí mis últimos exámenes de sangre de mi control. Una vez más, los resultados fueron gratificantes. Todo se encuentra dentro del rango. No hay señales de inflamación en el cuerpo. 

A veces recuerdo ese episodio de aproximadamente 4 meses de duración y parece una ilusión, pero a la vez muy real. Y es por eso que digo, prohibido olvidar. 

Todo obstáculo, sin importar su tamaño, nos enseña algo y nos permite valorar también. Así que:

 

  • Acepta que todo pasa por una razón, aun cuando no sepas cuál es en el momento dado o nunca llegues a saberla.

 

  • Enfrenta tus desafíos con y sin miedo. El miedo siempre estará, pero puedes dejarlo opinar solamente o puedes dejarlo mandar.

 

  • Desafíate, ve por más, sí se puede y vaya que es gratificante aprender y crecer.

 

  • No des nada por sentado, un cuerpo sano, tus habilidades, el poder percibir a través de todos tus sentidos, los suaves sonidos de la naturaleza, el color de las cosas, tus logros y bendiciones, tus fracasos, tus caídas, todas las veces que te has levantado…

 

  • Finalmente, confía en la abundancia. El universo sabe lo que hace.

Experimenta tu vida con los 5 sentidos

 

“Para participar de la vida debemos experimentarla a través de nuestros cinco sentidos. Debemos ver el mundo, escuchar sus mensajes sutiles, oler sus sabores, probar su dulzura y tocar su superficie”.

D. Wayne Dworsky

 

¡Qué frase tan apropiada! A veces cuando tu mente y cuerpo están en sintonía con una idea, el universo parece conspirar para ayudarte a unir los puntos. Esta frase que coloqué al inicio de la entrada, la tengo en un Post-It justo en frente de mi escritorio. Antes era mi ventana de frases inspiradoras, ahora es mi pared inspiradora. En fin, no pude evitar conectar esta frase con las sabias y encantadoras palabras de la reconocida poeta Mary Oliver:

 

Donde quiera que esté, el mundo me persigue.

Me ofrece su ajetreo. No cree

que no lo quiero. Ahora comprendo

por qué los viejos poetas de China se fueron tan lejos y tan alto

en las montañas, y desaparecieron sigilosamente

en la pálida niebla.

“Los viejos poetas de China”, en Why I Wake Up Early (2004)

 

Tal como la autora lo plantea, el mundo te persigue. Hace ruido. Ya sea en forma de redes sociales, grupos de Whatsapp, noticias, publicidad, trabajo, pendientes, preocupaciones, ideas, problemas… you name it!

Y aun así, Mary Oliver te cautiva con sus poemas de la vida ordinaria. Cómo te repite una y otra vez que la belleza está en esas pequeñas cosas, sencillas, en los milagros de la naturaleza, no en lo pomposo, no en nuestro concepto mundano de éxito.

 

     … Qué tal si de repente vieras

que el plateado del agua brilla más que el plateado

     del dinero? Qué tal si finalmente vieras 

que los girasoles, volviéndose hacia el sol todo el día

     y todos los días, quién sabe cómo, pero lo hacen, fueran

más preciados, más significativos que el oro? 

Fragmento de “How Would You LiveThen”, de la colección Devotions (propia traducción)

 

Y así, “…me agacho, no para recoger sino simplemente para tocar la idoneidad de la tierra para las margaritas, y las margaritas para la tierra” (Fragmento de “Daisies”, en Devotions, propia traducción).

Qué mejor forma de ver el mundo, escuchar sus sutilezas, oler y probar sus sabores y tocar su superficie, que de la mano de la maestra:

 

Cada día 

     veo u oigo 

          algo

               que más o menos

me hace morir 

     de dicha,

          que me deja 

               como una aguja

en un pajar 

     de luz.

          Es para lo que nací,

               para mirar, para escuchar,

para perderme

     dentro de este blando mundo,

          para instruirme 

               una y otra vez

en la alegría, 

     en la aclamación.

          No estoy hablando 

               de lo excepcional,

lo temible, lo tremendo, 

     lo muy extravagante,

          sino de lo ordinario, 

               de lo común, de lo sin lustre,

———

de las manifestaciones cotidianas.

     Oh, buena experta,

          me digo a mí misma,

               ¿cómo puedes evitar 

hacerte sabia

     con estas enseñanzas, 

          siendo ellas,

               la luz inextricable 

del mundo,

     el brillo del océano,

          las oraciones hechas 

               de la hierba?

   “Mindful”, en Why I Wake Early, por Mary Oliver (traducción proporcionada por Agustín Prieta)

 

La vida no se trata de estar ocupado en quehaceres. La vida no se trata solo de complacer nuestras pasiones. La vida no es solo consistencia. La vida es atención, atención al color de las cosas, a la belleza en una simple flor escondida entre el cemento de la calle. La vida es disfrute de lo extravagante, pero por sobre todo de lo simple, de lo que es obvio y está allí frente a nuestros ojos, pero que no vemos, ni tocamos, ni sentimos, ni olemos, ni saboreamos. La vida es aquí y ahora. 

De nuestros archivos: ¿Queremos mejorar?

Todos somos personas valiosas, aun con nuestros defectos y cualidades. Es más, tal parece que estamos en una nueva era donde se llama a fallar, a aceptar el fracaso y verlo como algo positivo. Siempre se aprende de los errores y cuidado si no se aprende más cuando nos caemos que cuando estamos de pie.

Existen múltiples frases que apoyan el fracaso y el aprendizaje que conlleva. 

  • “Caer está permitido. Levantarse es obligatorio”, proverbio ruso.
  • “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”, Nelson Mandela.
  • “Si te caes siete veces, levántate ocho”, proverbio chino.
  • “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”, Samuel Beckett.

Y así, cualquier cantidad más…

En las áreas de innovación y emprendimiento, temas que hoy en día marcan la pauta en el mundo de los negocios, se habla de fallar rápido y frecuentemente. Scott Adams, por su parte, nos presenta un libro que titula How to Fail at Almost Everything and Still Win Big (Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar). Señala que “…en el fracaso es donde al éxito le gusta esconderse a plena vista”. ¿Se acuerdan de aquella idea de enfocarse en sistemas en lugar de metas? Pues para este autor, poner en práctica nuestros sistemas y estrategias nos llevan a trabajar poco a poco hasta que la suerte, el tiempo correcto y múltiples factores se combinan para que llegue nuestro proyecto exitoso. Y mientras tanto, vamos a fallar una y otra vez, pero de cada idea fallida, recolectaremos conocimientos valiosos para nuestro próximo experimento. 

 

“Fallar siempre trae algo valioso consigo” (Scott Adams)

 

Para autores como Tiago Forte, más bien al enfocarse en experimentos, se reducen nuestras posibilidades de fallar y se aumentan las de ganar. Esto se da porque según Forte, los experimentos no pueden fracasar, sino simplemente producir resultados. ¡Por algo son experimentos!

En mi opinión, considero que más allá de todo lo que se dice, me gustaría concentrarme en eliminar el contenido negativo que trae consigo la palabra fracaso. Más allá de si fallamos o no, de si queremos fallar o no, de si consideramos que es importante caernos y levantarnos o de experimentar, si convertimos su connotación en algo valioso para nosotros, sentiremos menos culpa, seremos más amables con nosotros mismos y veremos las inmensas posibilidades con las que ya contamos. ¿Por qué no ver el fracaso o nuestras fallas como sinónimo de ser mejores? Seamos flawesome (individuo que acepta sus defectos y que a pesar de ser defectos los considera fantásticos). 

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Toda esta entrada la concebí en mi mente por dos razones. La primera, veo en mi día a día cómo siempre he tenido esa curiosidad por ser mejor. Y no hablo de no estar a gusto con lo que ya soy, sino más bien, me gusta abrir ventanas. Desde hace muchos años, me he sentido atraída por los tan llamados libros de ‘autoayuda’. Y ciertamente, puede que estemos atravesando situaciones que ameriten un empujón externo. Pero, a decir verdad nunca he estado de acuerdo con ese término. ¿Por qué autoayuda y no crecimiento personal? ¿Por qué enfocarse en lo que puede estar mal en lugar de lo que está bien? 

Esto me recuerda a los estudios psicológicos y cómo estaban enfocados en entender los trastornos, la depresión y similares. Mas, de un tiempo para acá decidieron revertir la situación. Dijeron ¿por qué no estudiar más bien qué nos hace felices y qué contribuye a nuestro bienestar? Y hoy en día, vemos cómo todos estos estudios han dado su fruto. Ahora el tema de la felicidad y del mindfulness están en el tapete. Dense un paseo por los medios para que vean cómo existen más documentales y libros sobre felicidad… ¡inclusive estadísticas de cuáles países son los más felices!

La segunda razón es sencilla. Si sientes esas ganas de saberte mejor que ayer, de experimentar con tus hábitos para llevar una vida más saludable y balanceada, etc. el cambio debe venir de ti. Nadie te puede llevar a mejorar, si no lo decides tú desde tu interior. Puedes empezar imitando lo que otros hacen. Sin embargo, es muy importante que poco a poco consigas tu propio camino y aquellos elementos que se adapten mejor a ti. 

Esta no es una llamada a cambiar porque la idea es que seamos ¡flawesome! Pero si eres igual de curioso como yo en estos temas, entonces…

 

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo” – Gandhi

Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh

Esfuerzo, constancia y decisión, ¿algo más?

Esfuerzo. Constancia. Decisión. Así terminé la entrada anterior y así comienzo esta. Comentaba que esta podía ser la combinación clave que ayudara a definir trabajo duro. Y mientras más investigo y reflexiono, tal vez funcione así.

Por ahí el refranero popular dice que aquello que más queremos, es aquello que más cuesta conseguir. Claramente quedándonos sentados, nada va a caer solo del cielo. Así que si realmente queremos algo en la vida, hay que salir a trabajar por ello, cueste lo que cueste. De allí la decisión y el esfuerzo. Sin embargo, ya sabemos que gran parte del éxito recae en la constancia, es decir, en salir a buscarlo el día 1 y el día 2 y el día 3 y todos los días.

Esfuerzo. Constancia. Decisión.

Ahora bien, ¿cómo vas a trabajar duro sin siquiera tener algo en qué trabajar? Hay que empezar por querer algo. Y no voy a entrar en las polémicas semánticas sobre el deseo. Eso es otro tema. Utilizaré estas palabras en esta entrada simplemente con el fin de ejemplificar.

Así que tomando en cuenta los tres elementos anteriores más algo que te mueva lo suficiente para querer trabajar duro por ello, llamémoslo pasión, pareciera entonces que no es trabajo duro lo que queremos definir, sino grit. Grit, de acuerdo a Angela Duckworth, científica investigadora en el tema, es “la combinación de perseverancia y pasión hacia metas de largo plazo”. Las personas con un alto nivel de grit parecen ser, según las investigaciones, aquellos que llegan lejos con lo que se han propuesto. Hay una gran cantidad de atletas, coaches y otras personalidades que han sido estudiadas por el alcance y éxito de su desempeño y la correlación con un alto grit. 

Y comienzo a hablar de grit por algo que menciona Duckworth al intentar definirlo. Grit no es solo trabajar duro y mostrarse resiliente, sino estar al servicio de algo que te apasione de tal forma que inclusive te da un sentido de propósito en la vida. Y no soy fan de las metas a ningún plazo, pero rescato el término con el fin de simplificar la explicación. En este caso, la meta que impulsa tu pasión y perseverancia “te importa tanto que organiza y le da significado a casi todo lo que haces” (Angela Duckworth). Así que caigas, pierdas, presentes obstáculos o te vaya bien, te levantas al día siguiente y sigues mejorando. Esa es la actitud y el comportamiento de una persona con alto grit. 

Y el grit no se detiene ahí. Según la misma autora, una persona considerada ejemplo de grit cuenta con (A) un interés, es decir, disfruta lo que hace. Asimismo, esa pasión la lleva a (B) la práctica y aquí viene la parte interesante. Tienes que tener la disciplina de practicar constantemente, pero la idea es mejorar, ser mejor al día anterior. “Tener grit implica resistirse a la complacencia”. Suena nuevamente a esa renuncia de elementos de una vida normal si lo que se busca es la extraordinaria. Y el perfil se completa con (C) un propósito y (D) la esperanza a tener la perseverancia que se requiere para continuar frente a los obstáculos, dificultades y dudas.

Reflexiones finales

Hoy en día hay documentales sobre Lady Gaga y otros artistas. Atletas, como boxeadores de la talla de Lomachenko y Anthony Joshua, publican videos sobre su entrenamiento y recorridos al éxito. Y sin irnos muy lejos, de seguro conoces a alguien a quien admiras por su dedicación, trabajo, esmero y empuje. 

Hay tantas cosas detrás del telón que no vemos. No es suficiente con ser una excelente cantante, con saber pelear a la perfección. Se necesita pasar horas practicando para mejorar. Se necesita analizar tus errores para aprender. Se trata de pararte y trabajar aun cuando te da flojera, así como abrazarte a tus valores e ideales y convertirlos en práctica viviente día tras día. Y luego, es tomar una mancuerna más pesada o salirte de tu zona de comfort para seguir avanzando y no quedarte en la práctica conocida. Como dicen sin dolor no hay gloria.

Tomarte más de una hora en llegar a la ciudad, luego de agarrar un autobús más el metro y otro trecho de caminata para ir a entrenar; practicar durante horas al día, una y otra vez hasta que la pirueta te sale como debe ser; sentir el dolor muscular con cada abdominal y hacer unos cuantos más (o como Muhammad Ali, empezar la cuenta cuando te duele); y volver al día siguiente, eso es trabajo duro. Y ese trabajo duro te va a llevar a ser un ejemplo de grit.

“Nuestro potencial es una cosa. Qué hacemos con él es otro tema completamente distinto”. -(Angela Duckworth)

Si quieres saber cómo está tu nivel de grit, completa este test (en inglés).

¿Qué significa e implica trabajar duro?

Últimamente no he podido dejar de pensar en el significado de trabajo duro. Y es por eso que en la entrada anterior quise rescatar mi consigna: “Sonríe, trabaja duro y sé valiente”. Me he topado con unos cuantos personajes que me han tumbado un poco mi definición.

De más joven siempre me consideré una persona trabajadora (según la definición de la RAE, como: “Muy aplicado al trabajo”). Y tal vez en el contexto en que me encontraba, tal lo era. Sin embargo, dejando el camino académico detrás y adentrándonos en el mundo real, todo parece apuntar a una actitud y comportamientos diferentes.

Y no se trata de ser perezosos. Ya reflexionábamos al respecto; una verdad punzante ciertamente. Y probablemente tengamos que volver a mencionar el concepto de vida extraordinaria. Empecemos entonces por recordar la siguiente frase:

A.

“Si quieres vivir una vida excepcional y extraordinaria, tienes que renunciar a muchas de las cosas que forman parte de una vida normal” (Srinivas Rao).

 

Voy a colocar un ejemplo de mi vida personal para rescatar la acción de renunciar a elementos de una vida normal y, probablemente más cómoda: 

Hoy en día nuestras tardes constan en su mayoría de entrenamiento de algún tipo. Antes, solíamos ir a cenar en algún restaurante o íbamos al cine. Aun salimos, aunque usualmente los fines de semana. No extraño mi vida pasada. No siento que estoy haciendo sacrificios. Mas, ciertamente la opción de entrenar ha implicado renunciar a algún otro entretenimiento más relajado. 

Me gusta una cerveza o un vino de vez en cuando. Hoy eso solo ocurre en una ocasión muy especial, y a veces ni siquiera. Fue una opción que tomé y una sustancia a la que renuncié cuando coloqué mi salud y rendimiento en primer plano.

Cuando hablo de nuestra salud, experimento lo que llamo y lo que es para mí una vida extraordinaria. Sin embargo, hay otras áreas en las que ese caminar por opciones distintas al promedio no se ve tan claro. Algo falta. Recordemos otra frase:

B.

“Un desempeño excepcional se debe realmente a la confluencia de decenas de pequeñas habilidades o actividades, cada una aprendida o descubierta, las cuales han sido transformadas cuidadosamente en hábitos para luego encajar en un todo. No existe nada extraordinario o sobrehumano en ninguna de esas acciones; solo el hecho de que son practicadas de forma consistente y correcta, y juntas, conducen a la excelencia” (Dan Chambliss).

 

De aquí destaco la consistencia. De acuerdo a la definición de Merriam Webster, dedicarse de forma constante, regular o habitual a un trabajo serio y vigoroso, te hace diligente, trabajador, es decir, trabajo duro. 

Pero en la frase también se menciona una práctica correcta. Necesitas habilidad y talento. No obstante, como explica Angela Duckworth en su libro Grit: The Power of Passion and Perseverance,

 

 “Sin esfuerzo, tu talento no es más que potencial frustrado. Sin esfuerzo, tu habilidad no es más que lo que pudiste hacer, pero que no hiciste. Con esfuerzo, el talento se convierte en habilidad y, al mismo tiempo, el esfuerzo hace de tu habilidad algo fructífero”.

 

Esfuerzo. Constancia. Decisión. ¿Podrá ser esta combinación la clave? 

¿Qué significa para ti trabajo duro? ¿Conoces a alguien que sea un ejemplo de trabajo duro para ti? Coméntanos. Seguiremos explorando este tema más adelante.

De nuestros archivos: Smile, Work Hard and Be Brave

Como les comenté en la entrada anterior, hoy quiero hablarles de mi nueva consigna: “Sonríe, trabaja duro y sé valiente”.

¿Por qué elegí estas palabras?

Thich Nhat Hanh, un reconocido maestro zen vietnamita y luchador por la paz, tiene numerosos escritos donde recopila entre otras cosas, sus enseñanzas y apreciaciones sobre la práctica del mindfulness. Uno de los métodos que ha utilizado a lo largo de los años como monje budista ha sido lógicamente la meditación. Sin embargo, agrega un pequeño elemento: la sonrisa. Nos sugiere que mientras meditamos y practicamos la conciencia plena, tengamos esa media sonrisa típica en las imágenes de Buda.

Esto también me recuerda al bestsellerCome, reza, ama” de la escritora Elizabeth Gilbert, uno de mis libros favoritos hasta ahora. En su camino hacia su auto conocimiento y paz interior, le enseñan un método de meditación que precisamente involucra esta sonrisa. Su maestro le decía: “Sonríe con tu cara, con tu mente y hasta con el hígado”.

Por su parte, estudios y otros escritos comentan sobre los beneficios de una sonrisa, cómo inclusive el colocarte un lápiz entre los labios para forzarla puede ayudarte a cambiar tu estado anímico. Y ciertamente todos hemos experimentado cómo una sonrisa o la risa es contagiosa. Así que ante todo “sonríe”.

“Trabaja duro y sé valiente”

No me puedo llevar la autoría de estas dos frases, dado que en realidad le pertenecen a Casey Neistat, un personaje muy conocido dentro de la comunidad de YouTube gracias a su vlog. En realidad, es mucho más que eso. Se ha convertido en un empresario, director y productor y en toda una celebridad del medio, la verdad. No siempre estuvo en ese pedestal. No siempre tuvo esa fama y ese dinero que a lo mejor tiene ahora. Lo que sí tuvo siempre fue el trabajo duro y la valentía de atreverse a perseguir sus sueños.

Dejaré que este video corto de su autoría, les cuente quién es Casey o qué mueve a Casey y por qué, supongo, ha inspirado a tantas personas alrededor del mundo. Su título lo dice todo: “Do What You Can’t”.

Entonces, ¿por qué trabajar duro? Porque el esfuerzo que hacemos todos los días trae consigo innumerables recompensas… porque las cosas no caen del cielo y si queremos implementar cambios, dejar una huella o llegar lejos hay que “echarle pichón”… y porque tenemos una misión en este mundo para con nosotros mismos y quienes nos rodean. Sería un desperdicio no hacer uso de nuestros talentos y recursos.

Finalmente, está el “ser valiente”. No hacen falta muchas palabras para explicar esta frase y por qué es parte de la consigna. A lo largo del blog, he dejado claro cómo la vida es una sola como para no vivirla plenamente. Nuevamente, en palabras de Casey “Do what you can’t”. No hay más que decir. Hay que atreverse, saltar, explorar y dejarse maravillar. El que busca encuentra. Ya sabes:

“Smile, work hard, and be brave”

¿Te gusta mandar y dirigir? Este post es para ti

 

“Cada cambio [de etapa en la evolución humana] ocurre cuando somos capaces de alcanzar un punto de vista superior desde el cual miramos el mundo con una perspectiva más amplia” (Frederic Laloux – Reinventar las organizaciones).

 

Hace un año, les presenté 7 pecados en contra de la felicidad. Y uno de ellos era mostrarnos controladores de nuestra vida, de las situaciones y de la vida de los demás. En esta oportunidad, he optado por traer de vuelta este tema. En primer lugar, al querer controlar los resultados de nuestras vidas y de todo lo que pasa a nuestro alrededor, perdemos de vista el presente. Estamos más empeñados en fabricar escenarios que en vivir aquellos que realmente suceden. En segundo lugar, nos sumergimos en una constante burbuja de frustración e impotencia cada vez que las cosas no resultan como esperamos. Y en tercer lugar, hacemos de la vida de los que nos rodean un pequeño infierno. 

Y esta vez, quisiera agregar un nuevo elemento: el control como conexión al liderazgo. De acuerdo con la RAE, liderazgo es:

 

“Condición de líder [Persona que dirige… una colectividad o va a la cabeza entre los de su clase…]. Situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito”.

 

Me hace mucho ruido que en el diccionario se hable de ‘situación de superioridad’o de ‘ir a la cabeza entre’. Tal como se discutió en la misma entrada sobre los pecados en contra de la felicidad, la superioridad es su enemigo por excelencia. Y es tal vez por este sentido de superioridad que se ha tergiversado el concepto y propósito de un líder y las estrategias o formas de expresar su liderazgo. No puedo generalizar, pero asumo que en muchos casos se ve a un líder como aquel en una posición de poder versus un subordinado que carece de poder.

No obstante, tal como establece Kevin Kruse, en su artículo What Is Leadership?, liderazgo no tiene que ver con tu posición en una estructura organizacional, y yo incluiría familiar o de cualquier otra índole. Y más interesante aun, “liderazgo y gestión no son sinónimos”. 

 

“Típicamente, los gerentes gestionan cosas. Los líderes lideran personas” (Kevin Kruse). 

 

Dicho esto, el mismo autor incluye en la definición de liderazgo conceptos como proceso de influencia y maximización de los esfuerzos de otros para el cumplimientos de metas. Sé que todo esto suena muy corporativo. Sin embargo, se puede extrapolar a otras esferas de la vida diaria. 

No soy experta en el tema ni mucho menos, pero cuando me refiero a liderazgo, no solo hablo de un jefe de cualquier compañía. Considero que todos somos líderes en algún o en varios ambientes donde nos desenvolvamos. Por ejemplo, los padres pueden ser líderes. Las ‘cabezas de los hogares’ pueden ser líderes. Probablemente nos ponemos la chaqueta de líderes más veces de las que creemos, y a veces sin saberlo. Cómo vivimos genera una influencia en nosotros, en el ambiente y en quienes nos rodean. Dicha forma de vivir nos puede transformar en líderes. Y así sucesivamente.

¿Por qué entro en el tema de liderazgo? Porque tal vez eso es lo que nos hace falta, ser líderes en nuestros pequeños mundos. 

Unamos todas las ideas. Por un lado tenemos la visión de administradores. Uno administra sus tareas, sus actividades, sus hábitos. Uno administra su hogar y las cosas de casa. Y en algunos casos nos toca además administrar el trabajo de otros o encargarnos de proveer ciertas condiciones y elementos para que el trabajo de otros pueda producirse. 

Sin embargo, administrar no es sinónimo de control. Tú manejas tus cosas. No pretendas manejar las de los demás. Propón, organiza, sugiere métodos. Mas, no te cierres a que tus maneras son las únicas. Así que si te encuentras en una posición o rol de administrador, no te encierres en tu mundo. Menos ego, más equipo. 

Por otro lado, ya vimos que administrar o gerenciar no es lo mismo que liderar. Y liderar tampoco es lo mismo a controlar. Inspira, permite que otros crezcan, ayúdalos a crecer. Sé una influencia positiva en tu vida y en la vida de los demás. Así como el mundo evoluciona, también a nosotros nos toca evolucionar.

Ampliemos nuestra perspectiva. Seamos menos controladores. Busquemos mejores formas de administrar y convirtámonos más en verdaderos líderes.

Tal vez todas estas ideas suenen descabelladas o inconexas. Sin embargo, más a menudo de lo que parece, nos imponemos y asumimos roles de autoridad creyendo primero, que hace falta, y segundo que es nuestro deber o derecho asumir esa posición. Y lo queramos o no, nos volvemos autoritarios. Sin darnos cuenta, pisamos a otros. Y peor aun, no les permitimos desarrollarse, evolucionar. Si no dejamos que la larva pase por su estado de metamorfosis, no podremos disfrutar la belleza de una mariposa. 

Ya sea en tu familia, organización e inclusive contigo mismo busca ser mejor cada día. Busca crecer. Sé el ejemplo para que así, en lugar de ordenar, otros tal vez se te unan a la causa.

 

“Liderazgo es el arte de lograr que otro haga algo que tú quieres porque él quiere hacerlo” (Dwight D. Eisenhower).

El poder de la mente: Sí se puede

 

“Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”. (Wayne Dyer)

 

A principios de este año me diagnosticaron con artritis reumatoide. Es una enfermedad crónica, que para efectos de la medicina convencional, no tiene cura. Afecta principalmente las articulaciones generando rigidez y dolor. Es más usual en personas de edad. Sin embargo, puede llegar a afectar inclusive a niños.

Mi primera reacción

Recuerdo que estaba casi segura que ese sería el diagnóstico que recibiría. Me puse a leer sobre la enfermedad para saber mejor a qué me enfrentaba. Encontré sitios con muy buena información, tan buenos que caían en el exceso de información. Ese concepto un tanto enciclopédico estaba cargado de dramatismo. Era común leer sobre la gravedad de la enfermedad a medida que esta avanzaba en tu cuerpo. Sí, es cierto. Hay casos bien graves en relación a la artritis reumatoide. Mas, eventualmente te enteras que los casos graves representan un porcentaje muy pequeño.

Como me dijo uno de los doctores que consulté, mueres con la enfermedad, pero no por la enfermedad. Aunque igual suena un poco macabro… no exactamente lo que esperas para el resto de tu vida.

¿Información o desinformación? Miedo. 

No todo fue negativo. Descubrí un sin fin de blogs de personas jóvenes con artritis. Contaban su experiencia. Recuerdo haber leído la historia de una maratonista, que a pesar del dolor allí seguía con su sueño. Luego de sus entrenamientos quedaba hecha trizas, pero valía la pena. Su hijo sabía que por las mañanas no se le podía lanzar encima por su rigidez, debilidad y asumo que dolor.

Lo mejor de mi caso fue conseguir un doctor que en ningún momento me prohibió hacer nada, ni siquiera mi práctica de boxeo. Así es más fácil convencerte de que puedes seguir con tu vida de forma normal, o lo más normal posible. Claro, al principio tuve que hacer algunas modificaciones en mis entrenamientos. Incorporé yoga, reduje las horas de boxeo, no pegaba con fuerza, etc.

Después del miedo, viene la esperanza supongo. Y desde ese día declaré que la artritis no me vencería. Decreté que mi vida no cambiaría por ella. Mi nuevo lema: el dolor es miedo. Porque por miedo a sentir dolor, no te provoca moverte mucho. Pero no hay nada peor para cualquier enfermedad o situación que quedarse quieto. Te vuelves una tierra estéril.

Inclusive en una época se creía que el ejercicio podía empeorar la artritis. Ahora se sabe que ocurre todo lo contrario. Pero, vuelvo y repito, quedarse paralizado, inmóvil, quieto, echarse, no por padecer artritis, sino por cualquier otra enfermedad e inclusive situación de la vida, todo tiene el mismo efecto… esterilidad.

Mis primeras semanas

No voy a entrar en tanto detalle, dado que mi intención no es apelar a tu lástima, ni compasión ni nada similar. Sin embargo, no te puedo mentir que las primeras semanas no fueron tan fáciles. Caminaba lento y raro. Bajar las escaleras era un suplicio. Levantarme de la cama o del sofá era la peor parte. A veces no podía vestirme sola. Otras veces me sentía mejor y el día pasaba casi normal. 

Tenía la típica rigidez matutina que da con la artritis. A veces solo podía estirar las sábanas al tender la cama porque me dolían las manos como para alzar el colchón. Recuerdo que algunas mañanas lanzaba un brazo con la ayuda del otro hacia arriba para lograr estirarlo y alcanzar los gabinetes superiores de la cocina. Después de las primeras horas del día, la rigidez iba cediendo y podía moverme con mayor facilidad. 

Son esos momentos en los que te das cuenta que no puedes dar nada por sentado. Desde caminar hasta valerte por ti mismo. 

Tuve un par de episodios graciosos. Un día me quedé en un centro comercial sentada leyendo durante un par de horas mientras mi esposo salía del trabajo. Cuando me paré, lógicamente estaba tullida. Mientras mis articulaciones se iban calentando, quién sabe cómo estaría caminando que un guardia del mall se me acercó para preguntarme si estaba bien. Historias que quedaran en la memoria y en la risa…

Mi recuperación

Desde hace tiempo he querido escribir este post. No lo había hecho antes porque quería estar segura de lo que les voy a compartir a continuación.

Fue clave para mí toparme con mucho apoyo de parte de todos los que me rodean. Fue clave saber que una compañera boxeadora (literalmente compite) también tenía artritis. Si la vieran entrenando no sabrían que padece de algo. Inmediatamente me dio mucha esperanza. Me dije a mí misma, si ella puede pegar con la fuerza que lo hace y entrenar así de arduo, significa que eventualmente yo también voy a poder hacerlo. Con rodilleras puestas y dificultad para hacer algunos ejercicios, ahí empecé de nuevo mi entrenamiento.

Hoy, mi entrenador me llama guerrera porque recuerda cómo aun cuando tenía molestias, ahí estaba dando lo mejor que podía. Mientras más entrenaba, mejor respondía mi cuerpo. Al principio me dolía. Luego, mis articulaciones se iban ajustando a los movimientos. De hecho, los días que no entrenaba o hacía yoga o algún tipo de ejercicio, eran los días que notaba más la rigidez en mis articulaciones.

Vi documentales sobre el poder sanador de la mente. Vi documentales sobre el poder sanador del yoga. Fui a un retiro de meditación. Me hice sesiones de acupuntura. Y así poco a poco armé mi ritual. Todas las noches mientras me aplicaba crema en el cuerpo y una loción para el dolor muscular, me imaginaba que el mentol iba disolviendo la humedad y la inflamación, iba destruyendo los cristales de líquido, iba aniquilando a mis anticuerpos que decidieron erróneamente atacar a mi cuerpo. Me imaginaba con completa movilidad, sin ninguna restricción. Y agradecía la oportunidad de desarrollar mi fortaleza.

Enero… un mes en el que a veces parecía la Estatua de la Libertad. Febrero… un mes en el que todo cambió. El dolor en las rodillas desapareció. La rigidez matutina desapareció. Una que otra molestia de vez en cuando en los hombros. Un par de dedos que seguían hinchados en las manos. Yo seguía con mi ritual, mis ejercicios, mi mente positiva, mis medicamentos.

Hoy, puedo decir oficialmente que estoy en remisión. Y por esta razón, decidí contarles mi historia. Ya no soy yo inventando que el poder de la mente existe. Ya no soy yo escuchando el testimonio de otros de cómo se curaron cuando los doctores les señalaron que nunca sucedería. Ahora soy yo en carne y hueso sumando mi testimonio a lo inexplicable. Y saben por qué sé que la mente fue lo que más influyó, porque hasta mi doctor comentó, “se nota que todo está en su personalidad porque hay otras personas más gruñonas que nunca se curan”. No son comunes los casos de remisión. Según otro doctor que consulté, son tan raros que cada uno termina como artículo en una revista científica. El 20% me señaló. 

Y les voy a decir otra cosa. En febrero, en mi segundo control estábamos evaluando la posibilidad de agregar un nuevo medicamento al coctel. Pocos días después me iría de viaje de vacaciones. Y para finales de marzo tendría mi nuevo control y mis nuevos exámenes de sangre. Nunca voy a olvidar que internamente decreté, para esos próximos exámenes y para esa próxima consulta voy a estar sana. 

Heme aquí, tercer examen, tercer consulta, resultado remisión. Un brote que desapareció muy rápido, para mi fortuna.

No sé qué conclusiones saques de mi historia. No sé si creerás en el poder de la mente. Lo único que puedo humildemente decirte, es que todo es pensamiento. Y todo pensamiento es energía, energía que estás lanzando al universo. Y el universo siempre está allí escuchando, escuchando absolutamente todo. Así que por un lado, ten cuidado con lo que deseas. Por el otro, como cité a Wayne Dyer al principio de este post:

 

 “Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”.

 

Yo sí creo que nuestra mente juega un papel importante en lo que nos ocurre en la vida y en cómo enfrentamos nuestros retos. Yo sí creo que la mente nos enferma y la mente nos sana. Y hoy más que nunca no lo puedo negar. No digo que los medicamentos, medicina natural, alimentación y ejercicios no hayan jugado un papel importante en mi avance. No obstante, todo está en la actitud. Eso es innegable.

Espero que mi historia te sirva. Espero que mi testimonio te dé esperanza, propósito y una nueva visión de la vida. Como he dicho antes, no creo en imposibles.