¡Caos, caos, caos!

¡Muy pronto, les traeremos nuevo contenido! Gracias por su paciencia…

De nuestros archivos: La transitoriedad de los pensamientos

Como les comenté la semana pasada, hoy les comparto el segundo post de nuestros archivos, en este ciclo por recordar conceptos claves para sobrellevar los desafíos del día a día.


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He estado meditando sobre el concepto de impermanencia (si es que existe la palabra) o transitoriedad. Es una mirada distinta al cambio. Sabemos que todo está en constante movimiento, que nada es como ayer. El cambio es como la regla de medición. Y el cambio afecta también a nuestros pensamientos.

Los pensamientos no están escritos sobre roca. Lo que quiero decir con esto es que los pensamientos no son leyes. Son solo pensamientos. Lo que pensaste en este momento, puede cambiar en el segundo siguiente. Y cuando comprendemos esta transitoriedad de los pensamientos, un mundo de oportunidad se abre frente a nosotros.

Debo confesar que aun estoy abriendo esa puerta. Una revelación como esta es bastante profunda y a la vez súper simple. Por ende, no sé si aun comprendo en todos sus niveles lo que implica todo esto, el gran poder de decisión que tenemos en nuestras manos. Imagínense, ¡no tienes que hacer lo que tus pensamientos te dicen que hagas!

Suena muy obvio. Tú me dirás, pero claro que no tengo que hacer lo que los pensamientos me dictan. Ahora yo te pregunto, ¿estás seguro que comprendes esa realidad cabalmente? Lo pregunto porque honestamente, los pensamientos gobiernan nuestra vida. El caso más claro es cuando nos preocupamos por cosas que no sabemos si van a pasar. ¿Por qué hacemos esto? Por nuestros pensamientos, creando y dándole vueltas a escenarios imaginarios. ¿Pero si los pensamientos no son la ley, por qué nos dejamos llevar por ellos? Pregunta complicada.

Es jueves por la tarde. Surge ese pensamiento en tu mente sobre no querer entrenar. Comienzas a hilar una serie de “argumentos” que fundamenten ese pensamiento, como ‘estoy cansado’, ‘el trabajo hoy estuvo intenso’, etc. Armas el caso para decirte a ti mismo, ‘ok, hoy no ejercito, tal vez mañana’. 

A lo mejor estabas cansado, pero no necesariamente sin disposición o energía para entrenar. Tuviste un pensamiento. A lo mejor ni te diste cuenta de todo ese proceso mental, toda esa discusión interna. Sin embargo, pudiste haber dicho ‘ok pensamiento, sé que no quieres que entrene, pero eres solo una idea’. Paso seguido, te ejercitas. Los pensamientos no son acciones, no son leyes y son transitorios. 

Lo mismo sucede con las etiquetas. Te describes como esto o aquello (floja, ansioso, tímido, etc.). Todas esas características pueden ser simples pensamientos. Surge una situación y comenzamos otro proceso mental donde decimos algo como ‘no puedo hacer eso porque soy una persona que tira la toalla’. ¿Dónde está escrito que así eres? ¿Dónde dice que ese es tu único camino de acción? ¿Dónde dice que por describirte de una manera tienes que actuar de acuerdo a esa suposición?

Pensamientos… y son transitorios, repito. Todo está en nuestra cabeza. Y los convertimos en nuestros presidentes, cuando no son más que consejeros, elementos que traen consigo una opinión, pero no necesariamente un voto definitorio.

Según la física cuántica, todo es energía. Por ende, nuestros pensamientos son energía. Donde colocamos nuestros pensamientos, colocamos nuestra energía creadora. Lo que pasa por nuestros pensamientos, lo podemos crear, volver realidad. Al principio, no obstante, son solo eso, pensamientos, energía. 

Nos estamos definiendo y estamos definiendo nuestras acciones basándonos en supuestos, por un lado imaginarios, y por el otro, impermanentes, cambiantes. Entonces, cada uno de nosotros decide hacia dónde va a dirigir su energía y en qué la vamos a transformar. Podemos tomar la decisión consciente de qué hacer con esos rayos de energía que surgen en nuestra mente o podemos dejar que ellos decidan por nosotros.

¿Cuál opción eliges?

De nuestros archivos: Cómo mostrarnos autocompasión

Esta semana y la próxima, quiero compartirles dos posts de nuestros archivos como parte de una especie de secuencia de ideas que quiero destacar. Cerraré este ciclo con un nuevo post donde espero poder unir estos conceptos y contarles más sobre esta secuencia.


Mucho se habla de la autocompasión. A veces fallamos. A veces las cosas no nos salen como queremos. Otras dejamos de hacer algo que habíamos planificado para el día. Queremos entregarnos a un antojo, pero nos sentimos culpables de optarlo. Tenemos las emociones a flor de piel. Frente a todos estos escenarios, se plantea la autocompasión como respuesta. Es parte de entender que somos humanos, imperfectos, sensibles. 

Sin embargo, qué es la autocompasión. Y más aun, cómo podemos practicarla de forma concreta. Exploremos estas dos interrogantes.

 

¿Qué es la autocompasión?

Según la especialista Dr. Kristin Neff, autocompasión es mostrar amabilidad y entendimiento (a uno mismo claro). Tal como simpatizamos con el sufrimiento de otros y buscamos ayudar, así mismo, nos toca entender que a nosotros nos pasa lo mismo y nos toca empatizar con nuestra persona. “Entendemos que el sufrimiento, fracaso e imperfección son parte de la experiencia humana compartida”.

De esta forma, en lugar de criticarnos o ignorar nuestro dolor, buscamos ser amables con nuestra situación. De lo contrario, lo único que lograremos es crearnos estrés y más frustración. No podemos pelear contra el mundo. Buscamos aceptación. Y junto con aceptar que las cosas a veces ocurren como ocurren, podemos empatizar con nuestro sufrimiento.

Otro punto importante a mencionar es que con la autocompasión buscamos equilibrar nuestra respuesta frente a las emociones negativas. No se trata de reprimirlas, pero tampoco exagerarlas. Y esto se logra al entender que somos parte de una experiencia humana compartida, es decir, que no estamos solos en esto. Andy Puddicombe, co-fundador de Headspace, utiliza esta estrategia como parte de la meditación. Cuando uno se da cuenta que no es el único que experimenta estrés, ansiedad o padecimiento, podemos poner en perspectiva nuestra experiencia.  

 

¿Cómo nos mostramos autocompasivos?

 

“Mientras más abras tu corazón a esta realidad [la idea que el fracaso, el error, frustración, limitaciones, etc. siempre van a estar presentes como parte de la condición humana] en lugar de pelear constantemente contra ella, más podrás sentir compasión para contigo y el resto de los  seres humanos frente a la experiencia de la vida” (Dr. Kristin Neff).

 

Como todo, requiere práctica. Sin embargo, hay varios métodos que podemos aplicar.  Me voy a enfocar en 3 ejercicios que plantea la misma Dr. Neff, dado que es la autoridad en el tema. 

Pero primero, la Dr. hace énfasis en que no buscamos reprimir, eliminar o ignorar nuestra experiencia. Como dije antes, no podemos controlar ni cambiar muchas cosas. Sí podemos aceptarlas y mejorar nuestra relación con ellas, responder conscientemente en lugar de reaccionar.

 

A. Existen meditaciones orientadas a la compasión

Pueden visitar el sitio Web de la Dr. Kristin Neff para descargar sus meditaciones (en inglés).

B. Pueden practicar alguno de estos ejercicios:

1. Cómo te comportarías con un amigo:

Imagina que estás hablando con un amigo. Qué le dirías frente a la situación que está experimentando. Cómo lo tratarías. Qué harías. Escríbelo.

Ahora haz lo mismo, pero imaginando una situación difícil que estés experimentado. ¿Cómo usualmente respondes? ¿Qué haces, qué te dices a ti mismo, en qué tono? Escríbelo.

Analiza y reflexiona si hay una diferencia en tu respuesta frente a ambas situaciones.

Practica tratarte a ti mismo como tratarías a un amigo.

2. Cambia el lenguaje autocrítico

Puedes llevar un diario o buscar la manera que mejor se te acomode para reflexionar y expresarte. Lo primero es entonces darte cuenta cuando te estás criticando. ¿Qué te dices a ti mismo cuando algo sale mal? Sé específico anotando las palabras que utilizas, el tono. Trata de identificar en qué momento surge ese diálogo interno, luego de qué cosas te pasaron. 

Una vez que identifiques ese diálogo interno, busca apaciguar tu lenguaje. La Dr. Kristin recomienda decir algo como “Sé que te preocupas por mí y te sientes inseguro, pero me estás causando dolor innecesario. Le permites a mi ser compasivo decir algunas palabras ahora?”

Ahora exprésate de forma positiva y con amabilidad. Puedes imaginar qué te diría un amigo. 

3. Break autocompasivo

Piensa en una situación estresante y difícil que estés atravesando. Préstale atención e intenta observar dónde en tu cuerpo sientes ese estrés e incomodidad. 

Luego, identifícalo, ponle nombre. Por ejemplo, estoy sufriendo, es doloroso, tengo ansiedad. Recuérdate que no eres la única persona en el mundo atravesando esta situación. Repítete a ti mismo, “no estoy solo”, “todos tenemos dificultades”.

Coloca tu mano en el corazón o muestra algún gesto físico de calidez hacia tu persona. Puede ser acariciar tu cabello, una palmada en el hombro, lo que te sea más cómodo. Y expresa alguna frase, puedes personalizarla, que signifique amabilidad para ti, una frase que te hable con relación a lo que estás viviendo.

En mi caso, me gusta repetirme “I’m beautiful, I’m strong, I’m courageous, and I love myself”. Otros ejemplos pueden ser “me perdono”, “estoy aprendiendo a aceptarme”, “seré paciente”, etc.

Practícalo en cualquier momento del día, en especial cuando necesites ese break. Recuerda: sé amable contigo mismo, recuerda que la experiencia humana es compartida, equilibra tu respuesta a tus emociones negativas.

———

Espero estos ejercicios te ayudan a cambiar tu lenguaje y cómo te tratas a ti mismo, en especial frente a situaciones difíciles. Este es un buen momento para comenzar a ejercitar el músculo de la autocompasión. 

Te recomiendo colocar en un espacio visible estas prácticas para que las tengas presentes y no olvides ejercitarlas. 

¿Estás atravesando alguna situación apremiante? ¿Has notado que te criticas de forma constante? ¿Te gustaría practicar alguna de las estrategias que te compartimos en este post? Cuéntanos tu experiencia.

La daily: otra práctica ágil en familia

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Hace un tiempo les compartí la primera práctica ágil formal que incorporamos en la familia. Se trata del Family Meeting. En esta reunión hacemos un análisis de nuestra semana en términos de lo que logramos y apreciamos. Asimismo, nos preparamos para afrontar los desafíos de la semana siguiente.

Precisamente para afrontar lo que sea que tengamos que afrontar en esta nueva semana, hemos puesto en marcha otra práctica ágil. Hoy les presento nuestra Daily. Pero primero, ¿por qué adoptar prácticas ágiles? O mejor dicho ¿por qué ese apellido ágil?

La manera en que yo lo veo es así. La agilidad como filosofía de vida o mentalidad se centra en el esencialismo, en el menos es más. El minimalismo es algo que desde hace unos años hemos integrado en nuestra forma de ser. ¿Cómo puedo hacer las cosas simples, cómo puedo concentrarme en disfrutar de los pequeños detalles de la vida? ¿Cómo puedo soltar todas esas cosas extras y ruidosas del día a día? En estas preguntas centro mi práctica esencialista; volver a los valores y principios, quedarte con lo que funciona, desapegarte de lo que no necesitas y así dar espacio para lo que sí valoras y contribuye a la abundancia.

Sin entrar en detalles de marcos de trabajo, la agilidad te permite trabajar de manera tal que puedas ser efectivo y adaptable. Desde mi punto de vista (como no experta en el tema más practicante al fin), las prácticas ágiles que hemos adoptado dan un poco de orden al caos, sin volverse rígidas. Son estructuras flexibles que te ayudan a tener un hábito de trabajo, un orden, un foco más claro, y aun así llevarte por los vaivenes de la marea. Entremos entonces de lleno en la práctica que les quiero compartir.

 

Nuestra Daily

Primero, deben saber que mi esposo y yo compartimos un tablero. Se ve más o menos así: 

Tablero

Tablero

Como pueden ver, consta de cinco columnas: 

Columnas

Columnas del tablero

Proyectos

En la primera, colocamos nuestros proyectos. Por ejemplo, en mi caso un proyecto es el blog. Otro es una categoría más abierta y personal, aquí entra cualquier tarea que me corresponda hacer, tareas administrativas o de casa, lo que sea que no tenga que ver con la escritura. Y finalmente, comparto el Family Sprint con mi esposo. En este proyecto colocamos las tareas conjuntas.

La segunda columna es el Inbox. Aquí colocamos las tareas pendientes por cada proyecto. A continuación, tenemos la columna de Vital Few. Nosotros establecimos que en esta columna, por lo mismo de que se trata de lo esencial y vital (y lo prioritario no pueden ser muchas cosas), podemos colocar un máximo de tres tareas. 

La columna que le sigue es aun más decantada. La llamamos Laser Focus y no puede contener sino una tarea. Y no es una tarea por proyecto, sino una ÚNICA tarea elegida entre todos los proyectos vigentes. Por eso ahí apuntamos nuestro láser. Finalmente, la última columna es la columna de Done o finalizado. 

 

¿Cómo funciona el tablero?

En el inbox vaciamos las tareas que están pendientes por hacerse. Luego, entre esas tareas seleccionamos hasta un máximo de tres y pasamos esos post-it a la siguiente columna de Vital Few (en esta columna pueden haber tres tareas por cada proyecto al mismo tiempo). Estas tareas son nuestra prioridad. En la medida de lo posible, estimamos que todo lo que está en esta columna es lo que completaremos en el sprint actual. Vean el sprint como una carrera con un tiempo definido. Nuestros sprints duran una semana. Entonces, estas son las tareas que buscamos completar antes de culminar la carrera al final de la semana. 

El alcance es variable, por eso hablé de “en la medida de lo posible”. Esto significa que no pasa nada si no terminamos todas las tareas que estimamos. Al mismo tiempo, esto nos permite mejorar nuestra predictibilidad y no caer en la famosa planning fallacy o falacia de la planificación (básicamente subestimar el tiempo que nos toma hacer una tarea).   

Al principio de cada sprint, en nuestro caso los lunes, establecemos cuál va a ser el objetivo de ese sprint, es decir, qué queremos lograr esa semana. Escribimos el objetivo en un post-it y lo colocamos en la esquina superior izquierda arriba de los proyectos. 

Objetivo

Objetivo del sprint

Sigamos el recorrido. Una vez que hemos seleccionado las tareas más importantes, viene la Daily. Cada mañana, antes de iniciar el trabajo propiamente tal, nos paramos frente a nuestro tablero y respondemos las siguientes preguntas:

 

  1. ¿Qué hice ayer que contribuyó a alcanzar el objetivo del sprint?
  2. ¿Qué voy a hacer hoy para contribuir a alcanzar el objetivo del sprint?
  3. ¿Existe algún impedimento o riesgo que evite que no alcancemos el objetivo?

 

Como pueden darse cuenta, la práctica comienza con una breve reflexión del trabajo realizado. Luego, establecemos cuál va a ser el foco del día. Y para esto, movemos el post-it con la tarea seleccionada a la columna de Laser Focus. Si en el día culminamos esa tarea, podemos arrastrar alguna otra de nuestra columna Vital Few a Laser Focus. Cada vez que culminemos una tarea la movemos a la última columna de Done. Por último, si identificamos algún impedimento o riesgo, la idea es buscar una manera de removerlo para alcanzar el objetivo establecido.

 

¿Por qué les he querido compartir esta práctica?

En mi camino por encontrar el balance entre hábitos, sistema, estructura y flexibilidad, la Daily me ha permitido mantener el foco durante la semana. Esto a su vez, me brinda una mayor oportunidad de sacar el trabajo importante. Verás, cuando eres tu propio jefe y no tienes fechas tope tan marcadas, es muy fácil desviarse. Es muy fácil perder consistencia y dejar el show up. Al recordarme todas las mañanas cuál es mi objetivo de la semana, puedo canalizar de mejor manera mis pensamientos para llevarlos en la orientación deseada. 

Aun si tienes un trabajo con horarios y fechas en el calendario, la Daily es una práctica que te puede ayudar a organizarte mejor y priorizar. Es más, desde que empezó la pandemia, no he dejado de escuchar que las personas tienen más trabajo que antes. Pues bien, con más razón es necesaria una práctica que te ayude a visualizar el trabajo pendiente, a tomar mejores decisiones sobre qué necesitas hacer en este momento y mantenerte en ese barco para lograr mayor efectividad. Además, es dinámica y divertida. Más aun, te lleva a la reflexión y mejora continua.

Entonces, ¿cómo vas con tu camino ágil y esencial?


Enlaces:

Family Meeting

De nuestros archivos: Pa’ lante y pa’ atrás

Este post me pareció perfecto para recordar esta semana…


He estado reflexionando en estos días sobre lo que les he compartido hasta ahora y lo que se viene. A veces siento que es muy fácil explicar en qué consiste vivir plenamente y hasta proveer tips para mejorar diferentes aspectos de su día a día.

Mas, así como es fácil escribirlo, no es fácil vivirlo. No importa qué tan inmersos estemos en el tema. Estoy segura de que hasta para aquellos ya expertos practicantes, les es difícil el camino de vez en cuando.

Pero, ojo, tengamos un poco de cuidado cuando hablamos e interpretamos las dificultades. No me gusta creer que los cambios positivos que incorporamos en nuestra vida son sacrificios y cargas, sino más bien oportunidades y pequeñas batallas conquistadas. Mas entiendo que en la práctica, los retos se presentan en muchos tamaños, colores y formas.

Si te sientes apasionado por lo que haces o no, si sientes que realmente vives tu vida o no, no importa, no estás exento a los vaivenes y curvaturas del camino. Te aseguro que no hay persona en este mundo que se levante todos los días de este año y de los que le ha tocado vivir de forma vigorosa y con una gran sonrisa en su cara porque llegó el nuevo día.

Somos humanos. La vida no siempre es color rosa, pero tampoco debe predominar el gris. La vida es una representación de toda la escala cromática.

Dicho esto, hoy solo quiero decirles humildemente que no están solos. Aunque en realidad, creo que más bien es mi manera de decirme que no estoy sola.

No dejaremos de encontrar piedras en el camino, en especial cuando comenzamos nuestro recorrido. Cada vez que emprendemos cualquier actividad, cualquier cambio, cualquier hábito, los primeros días y semanas son las más desafiantes. Le estamos enseñando a nuestro cuerpo y mente el proseguir. Es el momento de purificación, de restablecer paradigmas. Luego, una vez que hemos logrado regar bastante esa semilla, ya la planta comienza a dar sus frutos y el proceso se hace más llevadero.

Y entre medio, sí, puede que sientas que no quieres seguir; puede que te sientas frustrado, solo, triste y agotado; puede que creas que no lo vas a lograr y que esto no es para ti. Aguanta ahí un poco. Aquí estamos para ti y espero encontrarlos a ustedes también cuando sea yo la que necesita que esta hermosa comunidad que estamos formando me agarre y me levante. ¡Bienvenidos! Únete, participa, apoyémonos y crezcamos juntos.

¡Caer está permitido. Levantarse es obligatorio! – Proverbio ruso

Micrófono abierto

Cada uno vive una realidad distinta. No solo vivimos en países con medidas y condiciones diferentes, sino que además, cada uno percibe la cosas de manera particular. Con toda esta pandemia, a veces es difícil ponerse en los zapatos del otro. Uno se imagina algunos escenarios, pero al menos que uno lo esté viviendo, no sé hasta qué grado entendemos su realidad. Una cosa es la empatía, otra cosa la vivencia.

Siempre he creído que todo pasa por una razón. Y aun en las condiciones más extremas creo que siempre hay algo, por más mínimo que sea por lo que podemos sentirnos agradecidos. Por algo, estudios han encontrado personas en fuertes niveles de pobreza que aun así son muy felices. Por supuesto que todos merecemos tener cubiertas nuestras necesidades básicas. Y es verdad también que a veces cuando eso sucede, creemos que en más encontraremos mayor felicidad. Por eso creo en el minimalismo, en el menos es más, volver a esa sencillez y apreciación en las pequeñas cosas que olvidamos a diario.

En fin, toda esta situación mundial me ha hecho reflexionar en lo iguales y diferentes que somos, en especial en nuestra apreciación y percepción de las cosas. Mi realidad no es la verdad para muchos. Por esta razón, en esta semana abro el micrófono a ustedes. 

¿Cómo han vivido la cuarentena? ¿Cómo los ha afectado la pandemia? ¿De qué quieren que hable en los próximos posts? ¿Algún tema que les gustaría explorar o en el que necesitan alguna ayuda?

microphone

Ícono por Freepik (flaticon.com)

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La transitoriedad de los pensamientos

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He estado meditando sobre el concepto de impermanencia (si es que existe la palabra) o transitoriedad. Es una mirada distinta al cambio. Sabemos que todo está en constante movimiento, que nada es como ayer. El cambio es como la regla de medición. Y el cambio afecta también a nuestros pensamientos.

Los pensamientos no están escritos sobre roca. Lo que quiero decir con esto es que los pensamientos no son leyes. Son solo pensamientos. Lo que pensaste en este momento, puede cambiar en el segundo siguiente. Y cuando comprendemos esta transitoriedad de los pensamientos, un mundo de oportunidad se abre frente a nosotros.

Debo confesar que aun estoy abriendo esa puerta. Una revelación como esta es bastante profunda y a la vez súper simple. Por ende, no sé si aun comprendo en todos sus niveles lo que implica todo esto, el gran poder de decisión que tenemos en nuestras manos. Imagínense, ¡no tienes que hacer lo que tus pensamientos te dicen que hagas!

Suena muy obvio. Tú me dirás, pero claro que no tengo que hacer lo que los pensamientos me dictan. Ahora yo te pregunto, ¿estás seguro que comprendes esa realidad cabalmente? Lo pregunto porque honestamente, los pensamientos gobiernan nuestra vida. El caso más claro es cuando nos preocupamos por cosas que no sabemos si van a pasar. ¿Por qué hacemos esto? Por nuestros pensamientos, creando y dándole vueltas a escenarios imaginarios. ¿Pero si los pensamientos no son la ley, por qué nos dejamos llevar por ellos? Pregunta complicada.

Es jueves por la tarde. Surge ese pensamiento en tu mente sobre no querer entrenar. Comienzas a hilar una serie de “argumentos” que fundamenten ese pensamiento, como ‘estoy cansado’, ‘el trabajo hoy estuvo intenso’, etc. Armas el caso para decirte a ti mismo, ‘ok, hoy no ejercito, tal vez mañana’. 

A lo mejor estabas cansado, pero no necesariamente sin disposición o energía para entrenar. Tuviste un pensamiento. A lo mejor ni te diste cuenta de todo ese proceso mental, toda esa discusión interna. Sin embargo, pudiste haber dicho ‘ok pensamiento, sé que no quieres que entrene, pero eres solo una idea’. Paso seguido, te ejercitas. Los pensamientos no son acciones, no son leyes y son transitorios. 

Lo mismo sucede con las etiquetas. Te describes como esto o aquello (floja, ansioso, tímido, etc.). Todas esas características pueden ser simples pensamientos. Surge una situación y comenzamos otro proceso mental donde decimos algo como ‘no puedo hacer eso porque soy una persona que tira la toalla’. ¿Dónde está escrito que así eres? ¿Dónde dice que ese es tu único camino de acción? ¿Dónde dice que por describirte de una manera tienes que actuar de acuerdo a esa suposición?

Pensamientos… y son transitorios, repito. Todo está en nuestra cabeza. Y los convertimos en nuestros presidentes, cuando no son más que consejeros, elementos que traen consigo una opinión, pero no necesariamente un voto definitorio.

Según la física cuántica, todo es energía. Por ende, nuestros pensamientos son energía. Donde colocamos nuestros pensamientos, colocamos nuestra energía creadora. Lo que pasa por nuestros pensamientos, lo podemos crear, volver realidad. Al principio, no obstante, son solo eso, pensamientos, energía. 

Nos estamos definiendo y estamos definiendo nuestras acciones basándonos en supuestos, por un lado imaginarios, y por el otro, impermanentes, cambiantes. Entonces, cada uno de nosotros decide hacia dónde va a dirigir su energía y en qué la vamos a transformar. Podemos tomar la decisión consciente de qué hacer con esos rayos de energía que surgen en nuestra mente o podemos dejar que ellos decidan por nosotros.

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Empieza despacio, empieza de a poco y gana momentum

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El mundo solía ir a mil por hora. No sé si es esta rapidez de los cambios y la presión por entregar resultados inmediatos que hace que nos llevemos este mismo concepto a la vida personal. Con cada cosa que emprendemos, queremos ver ya el resultado. Nos estresa y frustra la espera. Creemos que algo estamos haciendo mal cuando ese resultado no llega. Nos echamos la culpa.

Inclusive cuando nos trazamos una meta, cada día que pasa que no nos acercamos a la recta final nuestro humor y actitud decaen. Y esta es la razón por la que les he comentado que creo en sistemas. Es buscar ese cambio de enfoque en que más allá del resultado, el hábito sigue allí. 

Desde hace dos años, logré por fin entrenar de forma regular. Más allá de eso, me enamoré del boxeo. Las ganas por mejorar mi desempeño me llevó a realizar otro tipo de ejercicios complementarios para tener un entrenamiento más integral.

Como ya les mencioné en una entrada anterior, desde que estamos en cuarentena hemos logrado hacer yoga, pero boxear, muy muy poco. Creo que nos hemos puesto los guantes dos veces en tres meses. Ahora hemos retomado ejercicios de acondicionamiento de a poco. Y queremos intentar una nueva estrategia para ayudarnos a show up, show up con amigos, desde videoconferencia desde luego. Nos dimos cuenta de que nos es más fácil hacer ejercicios si sabemos que alguien, llámese profesor o amigo, está esperando por nosotros. Sé que la motivación nace de forma intrínseca, pero hey, se hace lo que se puede para llegar allí.

En fin, cuando ya tienes un hábito establecido y la actividad te gusta, es confuso que se te dificulte practicarla. O al menos por ahí va el diálogo interno. Comienza tu demonio interno a criticarte, a juzgarte. Sí, es raro pasar de entrenar 6 días a la semana a solo 3, pero es mejor que nada, ¿cierto?

Andy Puddicombe hablaba un poco de esto en su Podcast Radio Headspace, las transiciones. No nos damos el espacio ni el tiempo suficiente para adaptarnos. Lo que queremos lo queremos ya, para ayer si es posible. Está bien empezar despacio. Voy a utilizar el ejemplo que él comentó.

Estás corriendo. Empiezas a toda máquina. A los pocos minutos, ya estás agotado. Capaz ni siquiera llegas al tiempo total del ejercicio o a la distancia que querías recorrer. Explica que siente como si su cuerpo y mente no hubieran tenido el tiempo suficiente para acondicionarse y conectarse para el fin. 

Lo mismo siento que pasa cuando nos proponemos retomar un hábito o lograr alguna cosa. Por un lado, a veces empezamos con mucho ímpetu y ya sea por las expectativas o porque abarcamos mucho, al rato nos desinflamos y con nosotros, el proyecto desaparece. Por el otro lado, creemos que si no volvemos a entrenar los 6 días de la semana como solíamos, está mal. 

Esta es una invitación a respetar las transiciones. Está bien empezar despacio, empezar de a poco. No importa qué hacíamos o cómo lo hacíamos antes. No importa cómo lo haremos después. Importa, primero que empecemos, y segundo, que continuemos. Es darte el tiempo de adaptarte a la situación, de adaptarte al proyecto o al hábito o al cambio; darte permiso de conectarte sin importar cuánto te tome llegar a la recta final. Recuerda la vida se trata de disfrutar el camino, no el destino.

Cierro con este último aspecto. Cuando empezamos cualquier cosa, está el entusiasmo por lo nuevo. Después, viene la consistencia. Aquí ya el trabajo se pone difícil. A veces la cuestión se vuelve repetitiva y aburrida. Estamos a punto de perder la motivación y tirar la toalla. Queremos progresar más y más rápido. Sin embargo, lo único que podemos controlar es el show up, el resto está fuera de nuestras manos. Les dejo las sabias palabras de Pema Chödron:

 

[El mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que estas] la abandonan justo cuando la cosa estaba por ponerse interesante. Esto quiere decir, abandonan la práctica en cuanto la cuestión ya no es fácil, tan pronto como se vuelve doloroso o aburrido o inquietante. Se pierden entonces la mejor parte, la parte transformativa; esa parte cuando superas la dificultad y entras en una especie de universo en bruto, un universo nuevo para explorar dentro de ti mismo.

La pausa del esencialista

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Como muchos saben, este blog es un recorrido personal. Por esta razón, he estado escribiendo de forma recurrente sobre la cuarentena. Después de todo, en esa fase me encuentro.

Llega un punto, sin embargo, en que frente a toda esta realidad, a lo mejor queremos escuchar otras palabras, otras cosas. No se trata de ignorar lo que está pasando. Se trata de darse un respiro.

Ya aquí estamos casi en invierno. Hemos tenido varios días seguidos de frío. Cada vez que sale el sol, por ende, para mí es una celebración. Después de todo, no está fácil agarrar vitamina D.

En esta oportunidad, no quiero extenderme, ni analizar nada. Quiero traer ese rayito de sol, esa celebración, ese instante por más efímero que sea.

La invitación es a hoy buscar y regalarte un tiempo para disfrutar de ese haz de luz, literal o metafóricamente hablando. Para los esencialistas, puede tratarse de ese espacio dedicado al pensar, como lo expone Greg Mckeown en su libro Esencialismo: Logra el máximo de resultados con el mínimo de esfuerzos; explorar preguntas y posibilidades, diseñar tu día, tu vida; observar; sentarte a pensar y estar un rato solo contigo mismo; un permiso para aburrirse. Como señala el mismo autor:

“A fin de tener enfoque, necesitamos escapar para enfocarnos”.

 


Enlaces:

Libro Esencialismo: Logra el máximo de resultados con el mínimo de esfuerzos, por Greg McKeown

¿Aun no te hallas en cuarentena?

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Ya estamos en nuestra semana 12 de cuarentena. Afortunadamente, nos encontramos trabajando desde casa y contamos con acceso a una diversidad de servicios que nos permiten resguardarnos. Sé que no todos están en la misma situación. Si eres uno de ellos, lo lamento mucho. Y para los demás, me incluyo, tenemos mucho que agradecer.

Al principio de la cuarentena, recuerdo ver a mi esposo atestado de videoconferencias. Todos se estaban preparando para esta nueva etapa de trabajo remoto. Tanto su empresa como su cliente necesitarían ciertos cambios y adaptaciones. Era de esperarse, por ende, esa carga y alboroto laboral.

Sin embargo, a casi 3 meses de esta “nueva normalidad”, uno se atrevería a pensar que ciertas cosas han mejorado. Pero, al parecer, no tanto. Me llamó mucho la atención escuchar a muchas personas expresar su cansancio, insomnio y descontento (por causas laborales), por ejemplo. El encierro es inevitable y lo entiendo, esas ganas que tiene la mayoría de poder salir con tranquilidad.

Y por esta razón, hoy quiero enfocarme en dos aspectos. El primero, sé que te estás volviéndo loco en casa. Sé que, en especial si estás solo, tu estado anímico ha decaído. Sé que, si tienes hijos, aun cuando aprecias compartir más con ellos, te agobian y obstaculizan tu trabajo a veces. 

Sin embargo, como sé que algunos también se han dado cuenta, la cuarentena tiene sus ventajas: 

  • Más compartir con la familia, incluyendo el comer juntos.
  • El tiempo que perdías viajando al trabajo, ahora es tuyo.
  • Menos emisiones de CO2.
  • Puedes participar en eventos e instancias organizadas en cualquier parte del mundo.
  • Es posible que la lejanía te haya conectado con amigos que tenías años sin saber de ellos.
  • Oportunidad para tomarte una pausa y reflexionar

En conclusión, en medio del caos y la incertidumbre, podemos encontrar muchas cosas por las cuales estar agradecidos. Recuérdalas porque no sabes qué podrás conservar luego.

Y en segundo lugar, quisiera brindarles algunos tips para que tu discurso cambie de “estoy cansado, no logro dormir” a “a pesar de todo lo que está pasando, estoy satisfecho con mi día a día y me siento bien”.

 

Tips para encontrar finalmente tu rutina de bienestar en cuarentena

  1. Suda

No te voy a decir haz ejercicio. Tú bien conoces los beneficios, te cueste o no ejercitarte. A nosotros, que nos encanta entrenar, nos ha costado muchísimo. Sin embargo, luego de no movernos para nada durante toda una semana y retomar la actividad física a la siguiente, el cambio es notable. El cansancio del ejercicio me lleva directo a la cama. Estoy durmiendo mucho más profundo que antes. Y el sudar, toda esa liberación de toxinas, lo noto hasta en la piel.

2. Encuéntrate contigo mismo

¿Puedes regalarte 5 a 10 minutos al día? Pídele ese espacio a tu familia. Puede ser mientras te bañas, eso sí báñate con intención y calma. Condición: momento libre de celular, trabajo y responsabilidades. 

3. Baja las revoluciones

El equipo de Headspace, que como ya saben crearon el app que utilizo para meditar, iniciaron ahora un podcast, Radio Headspace (pueden encontrarlo en su app de podcasts favorita). Y en una de las entradas, recomendaban preparar tu mente para momentos de relajación y foco. El enfoque no es a que dejes de trabajar para decir, ok, ahora voy a descansar. La idea es darle a tu mente un aviso para que vaya bajando las revoluciones. Yo, por ejemplo, tengo una alerta 5 minutos antes de mi meditación para saber que tengo que ir cerrando lo que esté haciendo para apaciguar la mente. Lo mismo antes de dormir, cierro pantallas una hora antes y leo. 

4. Prioriza

Si eres como la mayoría que ahora en remoto tiene más trabajo que antes, organiza un poco tu caos. Si eres visual, usa notas para que las tareas no se te vayan por las grietas. Identifica todo lo que tienes que hacer y prioriza. Todo es importante, ya lo sé. Sin embargo, de seguro alguna tarea puede crear más valor o es más urgente. 

¿Muchas reuniones? Reserva espacio en tu agenda para tu trabajo profundo, un momento de foco, sin distracciones. De esta manera, siempre podrás avanzar y contribuir donde más se te necesita.

Créate tu rutina, tus hábitos, tus métodos de trabajo. Pero, de verdad, trabaja en ello. En el desorden es muy abrumador empezar a ordenar. Da pequeños pasos. Hoy, despejas tu escritorio. Durante las próximas dos semanas, vacías tus correos. A tal hora, revisas tus whatsapp. 

Conócete para que sepas cuánto te toma hacer ciertas tareas o en qué momentos del día tienes mayor actitud y concentración. Protege tu agenda y sé realista en lo que planificas. Es tiempo de responder conscientemente, en lugar de dejarse llevar por la ola y vivir apagando incendios.

“Si no priorizas tu vida, alguien más lo hará”. (Greg McKeown)

 

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