¿Estás languishing?: El aparente porqué de mi ausencia

Con este nuevo mes de mayo, llega entonces nuevo contenido. Para empezar, me disculpo por haber desaparecido por tanto tiempo y sin avisar. Verán, durante un tiempo mi ausencia se resumía perfectamente en este breve poema que publiqué recién en Instagram:

Esta pandemia ha cambiado tantas cosas en nuestra realidad y rutina. El ser humano es tan adaptativo. Pasas tanto tiempo dentro de tu casa. Te acostumbras tanto a tus cuatro paredes y a tus actividades que de repente no pasa nada. No hay nada nuevo. Y si no experimentas nada, ¿qué les cuento?

El silencio a veces es hueco. A veces no trae reflexión, sino silencio, estancamiento. No necesariamente caes en burnout. Sin embargo, experimentas una especia de modo zombi que solo esperas pase para reiniciar tu sistema. A medida que vas recobrando la energía, comienzas de a poco. Como declara Greg McKeown en su nuevo libro Effortless: Make It Easier to Do What Matters Most, “…intentar hacer demasiado, muy de pronto, dificulta mantener el momento”. Así que decidí esperar a que pudiera iniciar este contenido y lograr sostener la práctica.

Ahora, quiero dedicarle un espacio a ese estado que no necesariamente se siente como burnout ni depresión ni lo que yo llamo mi modo zombi. Según lo que he conversado con mi nueva terapeuta, al parecer mi aura ha estado debilitada, por lo que la energía de los demás drena rápidamente la mía. Tiene sentido. Si de algo me he dado cuenta es que hasta las historias y personajes de los libros que leo me afectan emocionalmente. Hay series que no veo porque me molesto mucho (jajaja). En conclusión, siento con todo y ese tanto sentir drena. Y si a eso le sumamos que mi mente es como un tren que va a toda velocidad y nunca para, pues es de esperarse que mi energía no dure tanto.

Adam Grant, reconocido autor de varios libros y psicólogo organizacional, me ha proporcionado un nombre para este estado. Se llama “languishing”. Lo más curioso es cómo en un simple título lo describe perfectamente: “ese blah que estás sintiendo”. Y a medida que continúas leyendo su artículo, ¡guau, justo las palabras que escribí en párrafos anteriores!

“No era burnout (aun teníamos energía). No era depresión (no nos sentíamos desesperanzados). Tan solo nos sentíamos un tanto sin alegría y dirección”.

Adam Grant

De acuerdo al mismo autor, “languising es una sensación de estancamiento y vacío”. ¡Les prometo que escribí los primeros párrafos de este post sin haber leído el artículo! Así que puedo concluir que al parecer, he estado siendo víctima de este languishing (sin saber que existía semejante concepto).

Es sorprendente lo intuitivo que es nuestro cuerpo e inclusive nuestra mente. Grant sugiere que un antídoto a este estado, es el flow; en otras palabras, darte el espacio de perderte en alguna actividad o proyecto. Y comento lo intuitivo que somos porque sin enterarnos de estudios y recomendaciones de expertos, uno busca soluciones sin saber que son soluciones. Por ejemplo, la lectura me genera precisamente este efecto. Me distrae. Me sumerjo en otras realidades. Me desconecta y aun así me conecta con lo que estoy leyendo. Me enfoca.

Aquí lo tienen queridos lectores, el porqué de mi ausencia y un nuevo concepto para explorar. Dicen que si le damos nombre a lo que sentimos es más fácil afrontarlo. Sin ánimos de auto-diagnosticarnos, no creo que haga daño decir hoy, estoy languishing. ¿Y tú?

¿Ya estableciste tus resoluciones para el 2021?

Muchos de ustedes les gustará establecer resoluciones para empezar el año enfocados en nuevos objetivos. Como he dicho ya millones de veces, no soy amiga de las metas, es decir, de objetivos como “bajar tantos kilos”. En otras palabras, huyo de las metas numéricas. Tengo una excepción con mi reto de lectura. Hay algo que me divierte de unirme a la comunidad de Goodreads y buscar completar la cantidad de libros que establecí. Por supuesto, igual es un número, lo más importante para mí, sigue siendo simplemente tener la lectura como hábito.

Dicho esto, a principios de año, mi esposo y yo hacemos un análisis del año anterior y nos preparamos para el año entrante.

Nuestro cierre de año

¿Recuerdan nuestro Family Meeting? En lugar de hacer nuestro tradicional análisis de favoritos, aspectos a mejorar, lecciones, cosas por las que estamos agradecidos y próximos pasos de la semana, lo hacemos del año. Es decir, repasamos todo lo que escribimos semana a semana durante el año (en este caso 2020) en cada categoría. Es una bonita forma de recordar todo lo que ocurrió, todo lo que logramos y todo lo trabajado. Asimismo, es una especie de tributo y despedida del año. 

Luego, escribimos nuestros favoritos del año, los aspectos que necesitan mejoras de cara al próximo año, las lecciones del año y cerramos con nuestro ejercicio de gratitud. Para la última categoría “próximos pasos”, hacemos un ejercicio diferente.

Como amantes de post-it que somos, hacemos un mini tablero. Cada uno medita sobre las grandes categorías que quisiera trabajar el año entrante. Procuramos que no sean más de tres aspectos. “Quien mucho abarca poco aprieta”. 

Debajo de esas tres categorías, colocamos tres o cuatro subcategorías u objetivos que representen esos aspectos más concretos a trabajar. Por ejemplo, una categoría puede ser “Cuidado personal”. Y, como objetivos o aspectos concretos a trabajar tenemos “hábito de meditación”, “práctica del diario”, etc. Noten que son accionables, pero accionables más insipirados en la creación de hábitos que en resultados cuantificables.

Para finalizar, hacemos el mismo proceso de análisis, pero esta vez como familia. ¿Cuáles son esas categorías o grandes proyectos que queremos trabajar como familia? ¿Qué incluyen esas categorías? Aquí podemos encontrar cosas como: “Salud”, con objetivos como “nutrición 2.0”, “hábito de ejercicios”, etc. 

Recuerda, los sistemas te permiten enfocarte en la mejora continua. Más allá de cuánto avanzas cada día, importa avanzar. Y tú, ¿en qué aspectos vas a concentrar tus energías durante el 2021?

¿Cuál es tu reto particular en este instante y cómo lo vas a enfrentar?

“A cada uno de nosotros le toca descifrar cuáles son sus retos particulares y luego determinar cómo enfrentarlos en este preciso momento en el tiempo”

Prof. George Bonnano

Lo importante es que los métodos y medios cambian, pero mis creencias se fortalecen. Mi compás sigue allí. El construir una vida que te haga sentido sigue siendo el norte. Y en este mundo tan incierto, más vale no apegarnos demasiado a todo lo que sabemos mañana puede cambiar en 180º. 

La vida no es estática. Por esta razón, muchas veces me encuentro cambiando de opinión, perspectiva, métodos. Y en cuanto leí esta frase, me di cuenta de cómo en un par de meses las cosas han cambiado tanto. Mis hábitos no son los mismos que cultivé durante tantos años. Mis sistemas están en proceso de revaluación. 

Hace dos semanas retomamos algo de ejercicio. Esta semana decidimos probar haciendo yoga por nuestra cuenta antes de retomar las clases virtuales oficiales. De a poco estamos haciendo un proceso de limpieza y declutter de nuestros espacios físicos y digitales y de nuestros proyectos familiares. Por su parte, no tengo un ritual matutino ni un sistema de trabajo. No hay horarios preestablecidos. El método actual es más “go with the flow”. 

Ojo, sigo creyendo en la importancia de hábitos y sistemas. No obstante, mi reto particular en este momento en el tiempo es adaptarme.

Así se ve mi día a día hoy. Tengo mi tablero con mis proyectos actuales y tareas. Al principio de la semana trato de planificar mis actividades y focos. Aun estamos levantando la cortina del burnout así que a veces me concentro en muy pocas cosas y otras en nada. Semana tras semana vamos refinando nuestros objetivos para liberarnos de todo este humo. En esta oportunidad, por ejemplo, nuestro objetivo es ir removiendo los obstáculos poco a poco.

“Muchas, muchas personas resilientes aprenden a cuidadosamente aceptar lo que no pueden cambiar sobre una situación y luego se preguntan qué pueden en efecto cambiar”.

Dr. Steven Southwick

No tengo idea de en dónde me ubicaría en una escala de resiliencia. Sin embargo, desde hace varios meses el tema de la resiliencia ha estado en mi cabeza. Algo me dice que allí puedo encontrar algunas claves para enfrentar muchas cosas relevantes hoy en día. 

Y este puede ser el comienzo. Nos dio burnout. Desde la pandemia, nos ha costado mantener actividades que antes nos importaban mucho. La consistencia en todos los ámbitos ha estado tambaleante. Lo que pasó pasó y no está ni en mi control ni tengo el poder de volver atrás y cambiarlo.

¿Qué puedo hacer ahora? Encontrar un nuevo sistema que se adapte a mis necesidades actuales. Puede que el mundo esté poco a poco retomando un cierto ritmo habitual o normal. Mas, el coronavirus seguirá con nosotros por años. Y en lo que a mí me concierne, mi cuidado personal y salud se mantienen como prioridad. ¿Cuál podría ser un punto medio entonces? Supongo que lo iremos descubriendo minuto a minuto y serán los primeros en enterarse.

Menos es más: cómo nuestro tablero me ha ayudado en medio del burnout

En una entrada anterior, les compartí nuestra práctica de la Daily. Asimismo, les presenté el tablero que mi esposo y yo usamos para enfocarnos en el trabajo. Dado que este blog siempre ha tratado sobre mi experiencia, hoy quiero contarles sobre algunas modificaciones que hemos hecho. Esto me ha permitido ganar pequeñas batallas en medio de todo este proceso de burnout.

Siempre he sido una persona muy organizada. Parte del porqué es porque el desorden me genera ruido, ruido visual y ruido mental. Si no aíslo o silencio un poco ese ruido, la tensión se va a ir acumulando hasta que el vaso se rebose. Y ya sabemos que un vaso rebosado puede llegar a ser sinónimo de burnout.

Permítanme recordarles cómo se veía nuestro tablero:

En este tablero visualizamos todos nuestros proyectos y a su vez, asignamos las tareas que corresponden a cada uno. Ahora quiero enfocarme en las columnas. Originalmente, en el Inbox estaban todas las tareas pendientes por hacer. De allí, seleccionábamos hasta un máximo de tres para concentrarnos en ellas (columna Vital Few). De esas tres tareas, solo podíamos trabajar en una a la vez. La tarea seleccionada, de mayor prioridad, pasaba a la columna de Laser Focus hasta que la terminábamos (columna Done). 

¿Qué pasaba con este sistema? Nuestro inbox estaba atestado. Como consecuencia, decidimos simplificar el tablero para limitar el ruido visual que entra en juego cuando ves tantos post-its en la misma pared.

Ahora, en donde estaba la columna de Inbox, tenemos Up Next. En ella colocamos las tareas que vamos a trabajar en la semana. De esta forma nos obligamos a mejorar nuestra predictibilidad, es decir, qué es realista que completemos en el lapso de una semana. Luego, en la columna de Vital Few colocamos las tres tareas a las que nos dedicaremos en el día. Las columnas de Laser Focus y Done funcionan igual que antes. Mantenemos una columna de Inbox fuera del tablero donde dejamos todas esas tareas que no requieren nuestra atención todavía. 

Al final de cada día o de cada semana, el tablero queda usualmente vacío. Está bien si en alguna semana no completamos todas las tareas que planificamos. El punto es que podemos apreciar mejor nuestro progreso y esto es importantísimo cuando se trata de acumular pequeñas victorias. Esto es significativo, en especial para mí, que tengo muchas tareas que se repiten semana tras semana. Se sentía como si nunca completaba nada porque reciclaba y reciclaba tareas. Los post-it que estaba en Done volvían al Inbox. Nunca abandonaban el tablero. Como ahora el inbox está fuera del tablero, al final de la semana puedo quitar todos los post-its y disfrutar de un lienzo blanco.

Puede que estas modificaciones parezcan un truco visual nada más. Sin embargo, nuestro cerebro trabaja por medio de señales. Así como tomar el café por la mañana puede ser sinónimo de es hora de trabajar, ver un tablero limpio puede ser una señal de progreso y de nuevos comienzos. Si no sentimos que estamos avanzando, tarde o temprano nos vamos a quedar estancados. Esa sensación genera estrés y ansiedad. Esa sensación es parte de mi burnout.

Y tú, ¿cómo visualizas el progreso en tu trabajo y en tu vida personal?

Atrévete a soñar

En los posts anteriores, quise rescatar un par de conceptos para cerrar la trilogía con esta entrada. 

Como sociedad nos hemos impuesto muchos parámetros. Hemos establecido una edad ideal como medida de éxito en algunos aspectos. Tal parece que creyéramos que hay una sola manera de hacer las cosas o un solo camino para llegar a Roma.

Hay muchas cosas fuera de nuestro control. Esto significa que puede que nuestros planes no ocurran como esperamos. Puedo que nuestras fechas tope, que por cierto están muchas veces solo en nuestra cabeza, estén por vencerse. Pánico, ansiedad, depresión, desesperación, frustración… Una vez más, cualquier cantidad de cosas que almacenamos y a las que recurrimos en nuestra cabeza.

Todos tenemos miedos y reservaciones. Sin embargo, todo está en nuestra mente. Y como discutimos ya, los pensamientos son transitorios. Inventamos cuentos fantasiosos. Creamos tramas complicadas que no parecen poder resolverse. La verdad y la realidad están más cerca de lo que crees, al alcance de tu mano. Aun cuando nuestro presente se construye con nuestras percepciones, tal vez es hora de depurar y seleccionar qué percibimos y más importante aun, qué hacemos con eso que percibimos.

La edad es solo un número. Un sueño es un norte. El que tienes al lado es solo un vecino. Lo que queda es TU camino. Y esta es la mejor parte de TU historia.

Vas a cometer errores, sí. Te vas a asustar cada vez que decidas salir de la zona de confort, sí. Vas a creer que no puedes lograrlo, de seguro. Pero vas a seguir caminando. Y para los momentos de dudas, autocompasión. 

Si en este momento estás leyendo y te estás diciendo, sí claro es muy fácil decirlo, pero es que yo no soy como fulanito, “aventurero”, “esto” o “aquello”, etiquetas. Te pregunto, ¿y por qué no eres así o asao? ¿Por qué realmente crees que no puedes hacer esto o aquello? Porque desde como yo lo veo, son solo tus miedos e inseguridades hablando. Eres tú poniéndote etiquetas como excusa para no salir a buscar tu vida extraordinaria. Y no, no es fácil salir de esa caja en la cual nos hemos acostumbrado a meternos por décadas. Pero tú tienes la llave. Y es tu decisión cuál puerta abrir.

Así que cuando te des cuenta que lo vales, que está bien estar asustado, pero que no quieres seguir encasillado, entonces…

¡ATRÉVETE A SOÑAR!

Y esto lo digo en especial para las mujeres. Tal como señala Whitney Johnson, en su libro Dare, Dream, Do, las mujeres tendemos a dejar nuestras necesidades a un lado para encargarnos de las necesidades de la familia o de los demás. Pero sabes qué, no puedes cuidar a otro si no te cuidas a ti primero. No puedes encargarte de la felicidad de otros, si tú no te sientes a gusto con tu vida. 

Tienes talentos y habilidades. Inspírate en ellos para soñar. Pide ayuda para pasar a la acción. Empieza ahora.

Les recomiendo el libro que cité en párrafos anteriores. Si tienes dudas de tu capacidad para soñar y salir a conquistar tus sueños, deja que las voces de otros que se atrevieron te lleven de la mano en este proceso.

Empieza despacio, empieza de a poco y gana momentum

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El mundo solía ir a mil por hora. No sé si es esta rapidez de los cambios y la presión por entregar resultados inmediatos que hace que nos llevemos este mismo concepto a la vida personal. Con cada cosa que emprendemos, queremos ver ya el resultado. Nos estresa y frustra la espera. Creemos que algo estamos haciendo mal cuando ese resultado no llega. Nos echamos la culpa.

Inclusive cuando nos trazamos una meta, cada día que pasa que no nos acercamos a la recta final nuestro humor y actitud decaen. Y esta es la razón por la que les he comentado que creo en sistemas. Es buscar ese cambio de enfoque en que más allá del resultado, el hábito sigue allí. 

Desde hace dos años, logré por fin entrenar de forma regular. Más allá de eso, me enamoré del boxeo. Las ganas por mejorar mi desempeño me llevó a realizar otro tipo de ejercicios complementarios para tener un entrenamiento más integral.

Como ya les mencioné en una entrada anterior, desde que estamos en cuarentena hemos logrado hacer yoga, pero boxear, muy muy poco. Creo que nos hemos puesto los guantes dos veces en tres meses. Ahora hemos retomado ejercicios de acondicionamiento de a poco. Y queremos intentar una nueva estrategia para ayudarnos a show up, show up con amigos, desde videoconferencia desde luego. Nos dimos cuenta de que nos es más fácil hacer ejercicios si sabemos que alguien, llámese profesor o amigo, está esperando por nosotros. Sé que la motivación nace de forma intrínseca, pero hey, se hace lo que se puede para llegar allí.

En fin, cuando ya tienes un hábito establecido y la actividad te gusta, es confuso que se te dificulte practicarla. O al menos por ahí va el diálogo interno. Comienza tu demonio interno a criticarte, a juzgarte. Sí, es raro pasar de entrenar 6 días a la semana a solo 3, pero es mejor que nada, ¿cierto?

Andy Puddicombe hablaba un poco de esto en su Podcast Radio Headspace, las transiciones. No nos damos el espacio ni el tiempo suficiente para adaptarnos. Lo que queremos lo queremos ya, para ayer si es posible. Está bien empezar despacio. Voy a utilizar el ejemplo que él comentó.

Estás corriendo. Empiezas a toda máquina. A los pocos minutos, ya estás agotado. Capaz ni siquiera llegas al tiempo total del ejercicio o a la distancia que querías recorrer. Explica que siente como si su cuerpo y mente no hubieran tenido el tiempo suficiente para acondicionarse y conectarse para el fin. 

Lo mismo siento que pasa cuando nos proponemos retomar un hábito o lograr alguna cosa. Por un lado, a veces empezamos con mucho ímpetu y ya sea por las expectativas o porque abarcamos mucho, al rato nos desinflamos y con nosotros, el proyecto desaparece. Por el otro lado, creemos que si no volvemos a entrenar los 6 días de la semana como solíamos, está mal. 

Esta es una invitación a respetar las transiciones. Está bien empezar despacio, empezar de a poco. No importa qué hacíamos o cómo lo hacíamos antes. No importa cómo lo haremos después. Importa, primero que empecemos, y segundo, que continuemos. Es darte el tiempo de adaptarte a la situación, de adaptarte al proyecto o al hábito o al cambio; darte permiso de conectarte sin importar cuánto te tome llegar a la recta final. Recuerda la vida se trata de disfrutar el camino, no el destino.

Cierro con este último aspecto. Cuando empezamos cualquier cosa, está el entusiasmo por lo nuevo. Después, viene la consistencia. Aquí ya el trabajo se pone difícil. A veces la cuestión se vuelve repetitiva y aburrida. Estamos a punto de perder la motivación y tirar la toalla. Queremos progresar más y más rápido. Sin embargo, lo único que podemos controlar es el show up, el resto está fuera de nuestras manos. Les dejo las sabias palabras de Pema Chödron:

 

[El mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que estas] la abandonan justo cuando la cosa estaba por ponerse interesante. Esto quiere decir, abandonan la práctica en cuanto la cuestión ya no es fácil, tan pronto como se vuelve doloroso o aburrido o inquietante. Se pierden entonces la mejor parte, la parte transformativa; esa parte cuando superas la dificultad y entras en una especie de universo en bruto, un universo nuevo para explorar dentro de ti mismo.

Practica lo que predicas: mi balance

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A lo largo de este blog, he publicado un sin fin de experimentos con el objetivo de ir encontrando esos hábitos, estrategias e instancias dignas de conservar. Sin embargo, en muy pocas ocasiones les he contado qué ha pasado con ellos luego de un tiempo. Así que dado que no me gusta predicar sin practicar lo que predico, hoy les traigo un balance de los experimentos más relevantes.

 

Experimento 1: sistemas vs. metas

Hace varios meses e inspirada por Stephen King, decidí optar por escribir 500 palabras al día, lo que para muchos puede sonar como una meta. Si tienen tiempo leyéndome, sabrán que no suelo enfocarme en el avance cuantitativo, sino en buscar la constancia. 

Al menos para el proyecto de escritura que tenía en manos, forzarme a escribir esa cantidad de palabras me ayudó a avanzar y a culminar esa fase del trabajo. Con el tiempo, sin embargo, es decir, cuando escribo por escribir sin ningún proyecto en mente, las 500 palabras no van para ningún lado. Más aun, puede que me frenen a no escribir en absoluto.

Conclusión: Sigo defendiendo el show up y los sistemas más que una meta concreta o un avance cuantitativo específico. No obstante, frente a un proyecto definido, es posible que vuelva a probar este enfoque cuantitativo.

 

Experimento 2: estructuras

En una oportunidad, mis días estaban divididos en bloques: matutino, laboral, nocturno. En cada uno de ellos ocurrían actividades particulares. Esa estructura me ayudaba a ser consistente en el trabajo y en mis hábitos. Las tareas de cada bloque cambiaron con la evolución de mis jornadas. Recientemente, se veía así. Mi agenda tenía las mismas cuatro tareas todos los días: escritura creativa, blog, revisar correos y redes sociales y leer. En la mañana ocurría la primera. Luego del almuerzo, las dos siguientes y a finales de la tarde la lectura. Tal vez ahora pueden entender por qué esta estructura se estaba volviendo repetitiva y monótona y hasta frágil. 

En todas partes vas a leer sobre la importancia de los hábitos, cómo te ayudan a evitar el deambular y pensar de más, así como el progresar y practicar comportamientos deseados. Sigo diciendo sí a los hábitos. El problema, tal vez, son las estructuras dentro de las cuales encajo esos hábitos.

¿Qué estoy haciendo? Volví a la agenda física. Estoy siguiendo algunos pasos de lo que se conoce como Bullet Journal. En breve, cada día anoto seguido de una viñeta cada tarea que me planteo llevar a cabo. Ya no es simplemente escribir. Ahora es escribir tal poema o un blog post. A lo mejor es editar. Y con ello, las tareas de casa, los libros o artículos que quiero leer, etc. Es decir, las tareas ahora son más específicas y variadas.  

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Además, ya no necesariamente tengo un orden. Las mañanas siguen siendo mi momento más creativo. Sin embargo, estoy buscando fomentar mayor flexibilidad y adaptabilidad acorde a lo que el día me lance y a mi actitud también. 

¿Cómo logro show up? Buena pregunta. Fue muy fácil excusarse en esa libertad de movimiento para no escribir, por ejemplo, o entregarse únicamente a los antojos. En un intento de encontrar balance entre antojo y trabajo, desde hace unos días, me levanto a las 7 am. Gracias a la cuarentena, nos es posible acostarnos más temprano. Duermo mis 8 horas. Pero ahora, al levantarme más temprano, dedico una hora para escribir. Es un momento pre-día (antes de empezar mi día como tal, quiero decir). A veces se siente como si uno estuviera levantándose a escondidas. Soy solo yo en pijamas, laptop y café en mano.   

Sin importar qué pase el resto del día, ahí tengo asegurado mi show up.

 

Experimento 3: juego en cuarentena

No sé si recuerdan un pequeño juego que les compartí para vivir de forma más consciente la cuarentena. Todos los domingos, llenaba una planilla con la música que había escuchado, qué había leído, con quién había hablado y el dibujo que mejor expresaba mi semana. Fue divertido. Esta semana decidimos pararlo.

La vida en cuarentena se ha convertido en la nueva normalidad. Somos criaturas adaptables. Y vamos a estar muchos más meses bajo esta nueva normalidad. Queremos mantener esa reflexión sobre cómo hemos vivido la semana. Queremos mantener esa motivación por hacer que nuestro tiempo valga la pena (lo que sea que eso signifique para ti). Sin embargo, podemos talar menos árboles para lograr eso. 

Conclusión: encontraremos otra manera de compartir esas reflexiones sin imprimir más hojas. Probablemente, incorporemos una nueva casilla a nuestro Family Meeting. Si tienes hijos, capaz a ellos sí les siga funcionando el juego.

 

Experimento 4: tareas de casa

Siempre fui partidaria de sacar la curita de una (no en la piel, solo metafóricamente hablando), en especial cuando se trata de actividades que preferiría no hacer. Por eso, me gustaba tener un día dedicado a la limpieza. Asimismo, por eso también solía cocinar en grandes tandas, es decir, la comida de toda la semana en uno o dos días. Podía olvidarme de esas tareas hasta la semana siguiente.

¿Problema? Volvemos a la fragilidad de las estructuras rígidas. Creo que finalmente entiendo por qué a las pocas semanas de ejecutar esas tareas exitosamente, el sistema se recargaba y venía el caos. Ya había probado años atrás con repartir estas tareas en más días, un poco a la vez. Y la verdad es que no me había funcionado. No disfrutaba saber que todos los días iba a cocinar o limpiar, por ejemplo. ¿Qué cambió? Tal vez es la cuarentena. Lo cierto es que esas grandes tandas de cosas no estaban funcionando, muy abrumador. Es más fácil lavar un plato a la vajilla entera, ¿cierto?

Conclusión: Estoy limpiando un cuarto al día. Me toma entre 15 a 30 min. Procuro hacerlo en la mañana o de lo contrario se hace muy difícil cerrar el ciclo. Así, acumulo pequeños triunfos a lo largo del día que me motivan a conquistarlos al día siguiente también. Con la cocina, lo mismo, a medida que algo se va acabando, lo voy remplazando, de a poco.   

 


Así cierro el balance de algunos de mis experimentos. Mi objetivo es mostrarles que experimentos no son más que intentos, a veces fallidos y a veces exitosos. La vida cambia y con ello los hábitos, realidades y necesidades. A veces toca adaptar viejos comportamientos. Otras veces hay que remplazarlos por completo. E inclusive en algunos casos, resucitamos viejos comportamientos y experimentos.

Aquí no hay nada escrito sobre roca. 

 

“Falla temprano, falla a menudo, pero siempre falla hacia adelante” (John C. Maxwell).


 

Enlaces:

Una estrategia para evitar posponer lo inevitable

[Te traemos una nueva modalidad para que elijas cómo prefieres experimentar nuestras publicaciones. Si eres de los que les gusta más leer, en el próximo párrafo podrás encontrar la entrada de esta semana. Si por el contrario, te gustan más los podcasts o audiolibros, haz clic en el botón de play a continuación para escuchar este post. Nos encantaría escuchar tus impresiones.]

Todos tenemos tareas en nuestras agendas que no nos encanta hacer. Son aburridas y repetitivas. Nos dan fastidio. Sin embargo, son necesarias. Así como nos bañamos todos los días, toca limpiar la casa, lavar la ropa, fregar los platos, hacer las compras de supermercado. Agrega a esa lista aquellas tareas que a veces postergas con la esperanza de que desaparezcan o se hagan solas.

El problema con esa esperanza es que a menos que tengamos una Robotina o algún artefacto que lo haga por nosotros, si es que existe, alguien debe encargarse de ellas. Y hasta que no se completen, no solo no van a desaparecer, sino que van a crear más daño con el tiempo.

Les doy un ejemplo. Todos los lunes nos llega nuestra caja de verduras, una caja que, debo agregar, no es nada pequeña. Y dado que me gusta guardar las cosas en la nevera ya lavadas, pues ese mismo día me toca lavar las compras para que no se pudran. Los lunes, también, eran mis días de limpieza. Así que esta era la imagen. Me levantaba a inicio de cada semana sabiendo que todo el día iba a estar limpiando y luego en la tarde, ya agotada físicamente de la labor, venía la limpieza de las verduras.

¡Ni hablar de la carga mental con la que amanecía todos los lunes!

Algunas semanas, el sistema funcionaba perfecto. Limpiaba, llegaban las verduras, las arreglaba y terminaba el día con broche de oro. Otras semanas, limpiaba una parte sí, otra no, a veces nada. Las verduras más de una vez quedaron en su caja en la entrada del departamento esperando que alguien hiciera algo al respecto. Cada vez que caminaba por el pasillo, veía la caja. Cada vez que veía la caja, comenzaba a darle vueltas a la cabeza. 

—“No he lavado las verduras”.

—“Se van a dañar. No podemos estar botando comida así no más”.

—“Es mucho trabajo, no quiero hacerlo”.

Y con esos pensamientos, la carga de no haber hecho la tarea, la culpa de que las verduras seguían allí, y cualquier otro sentimiento al ver la casa sucia y las tareas no completadas…

¿Les suena familiar el escenario? 

Tal vez en tu caso sea esa ropa que dejaste arrugando dentro de la lavadora porque te dio fastidio colgar; o el cerro de platos que se acumularon luego de cada comida; el remolino que pasó por tu escritorio y que no ordenaste al terminar de trabajar, etc.

Eso se llama “overthinking”. Y uso el término en inglés porque es corto, las maravillas del lenguaje. Pero, en su traducción, pues pensamos mucho sobre un asunto. Le damos vueltas en la cabeza una y otra vez. El pensamiento rumia en nuestra mente día tras día.

Algo tenía que hacer para mejorar este asunto. Y como ya saben, me encanta un experimento. Además, les comenté algunas entradas atrás de cómo los sistemas son necesarios, pero a veces muy estructurados y cerrados. Y eso para mí, los vuelve frágiles. ¿Cómo entonces crear hábitos que nos ayuden a desempeñar nuestras labores sin sentirnos encajonados? Buena pregunta. Aun no tengo del todo la respuesta.

Lo que sí puedo contarles es mi nueva estrategia para despejar un poco mi mente. 

 

¿Cómo trabajar mi overthinking?

Según Anne Bogel, autora del libro “Don’t Overthink It”, este rumiar se define como “pensamientos repetitivos, dañinos y poco productivos que nos hacen sentirnos mal, mientras que no nos conducen a nada”.

Por ende, “cuando postergamos el hacer esa tarea que no queremos hacer, mantenemos ese asunto desagradable justo en nuestras narices por mucho más tiempo del necesario”. Y eso nos lleva a concentrarnos en los aspectos negativos asociados a esa tarea.

Más aun, esos “ciclos abiertos consumen energía mental, ocupan espacio en nuestro cerebro y nos ruegan por monitorearlos como ‘tareas en progreso’”. 

Cómo pasarlos de ‘tareas en progreso’ a ‘tareas completadas’, pues a través de esta simple frase que la autora propone: cerrar ciclos.

Ya sabemos lo poderoso que puede ser el lenguaje. Pues usualmente, no se trata de cambiar una actividad, sino nuestra actitud frente a ella, refrasear en nuestra mente la tarea en mano. Evitar el “hay que”, “tengo que” y remplazarlo por “elijo”, “tengo la oportunidad de”, “opto por”. Lo mismo pasa en este caso.

Llegan las verduras y “opto” por procesarlas de inmediato para “cerrar el ciclo” y no pasar días pensando en ello. Libero mi espacio mental para enfocarme en las cosas que realmente importan.

Así que ahora, cada vez que me enfrento a alguna tarea aburrida o desagradable, pero necesaria, y me veo en la tentación de abandonarla a medio camino, me repito a mí misma “voy a cerrar el ciclo”. Es simple, pero poderoso. Y más si lo ato a la idea de cuidado personal, uno de mis pilares.

 

“Ser un adulto responsable es la forma más infravalorada de autocuidado. Sí, me refiero a: vive acorde a tus medios, pide cita con el dentista, ahorra dinero, planifica las comidas, lávate la cara antes de ir a dormir, ve a dar un paseo, cocina para personas, mantén tu casa limpia, acuéstate a una hora decente, todas esas cosas aburridas. Las rutinas mejoran todo en tu vida y esta es absolutamente la forma de autocuidado más ignorada y subestimada” (Sarah Bessey).

 

Cuidarte a ti mismo no se trata solo de comer sano, hacer ejercicio y utilizar productos naturales. Cuidarte a ti mismo involucra cuidar de tus espacios internos y externos.

La próxima vez que no quieras hacer algo, no la pospongas. En ti está la decisión de parar el ruido mental que te producirá el resto de la semana. Busca un refrán, una frase o utiliza la de Anne Bogel y ahora mía también; esa frase que frene la retahíla viciosa de tus pensamientos en el acto y te lleve a cerrar ciclos.

 

Overthinking no es solo una molestia; cada minuto que invertimos pensando de más es un minuto que no invertimos en las cosas valiosas” (Anne Bogel).  

 

Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

¿Sabes comunicar tus necesidades sin pelear?

Hasta el día de hoy, el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” es muy popular. Y más allá de las soluciones que plantea, el aspecto fundamental es que hombres y mujeres son distintos en su manera de abordar todo. Más aun, cada hombre y cada mujer son diferentes. 

Cada uno de nosotros tiene su manera de limpiar, ordenar, trabajar, organizarse, priorizar y enfrentar cada actividad o desafío. En nuestra mente, solidificamos nuestros métodos como eficientes y efectivos. En muchas oportunidades, inclusive los calificamos de acertados. Y si bien sabemos que hay muchas formas de llegar a Roma, nos gusta la nuestra, la recomendamos y la consideramos como LA manera.

Nos encerramos tanto en ESA manera, que asumimos que lo que es obvio para uno es obvio para otro. No entendemos por qué el otro no hizo las cosas como ERAN o por qué no obtuvimos el resultado deseado cuando fue OTRO quien se encargó de esa actividad. 

Nos molestamos porque quedó tirada la ropa en otro lugar al destinado para ello. Nos frustramos cuando nos toca HACER o CORREGIR la tarea del otro. ¡Por qué es tan difícil que entienda que esto SE HACE ASÍ!

Luego, conversas y recuerdas que tu mundo mental es Marte y el mundo del otro es Venus. Tú comunicas una idea y el otro la procesa e interpreta de otra. Es como jugar al telefonito. El mensaje pasa de persona a persona hasta que la última repite la frase que se le comunicó y resulta ser algo completamente distinto a la frase original.

Tal parece que la solución tiene que ver con mejorar la comunicación. Y sin embargo, es posible que se sienten a conversar las diferencias, y el ego y el control se apoderen de ti y no consigas nada. Por eso, hoy te presento un método para aliviar las tensiones y aprender a comunicar tus necesidades de forma no violenta.

 

La comunicación no violenta

“Es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí (y también cada uno consigo mismo) con empatía y eficacia. 

Enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones, sentimientos, ‘necesidades’ (deseos-metas) y peticiones a los demás (o a uno mismo) de un modo que evite el lenguaje evaluativo que etiquete o defina a los interlocutores o a terceros” (Elia Roca).

En otras palabras, este método busca generar un lenguaje sano y compasivo, una comunicación clara y un alivio para las frustraciones. Consta de cuatro pasos que exploraremos a continuación.

 

Los 4 pasos de la comunicación no violenta

  1. ¿Qué observas?

Anota alguna situación que te haya incomodado o que quieras mejorar. Y cuando te sientes a conversar, descríbele a la otra persona el hecho que observaste, sin incluir sentimientos ni opiniones. 

Por ejemplo: El otro día noté que al llegar del trabajo, te quitaste los zapatos, los dejaste en la sala y siguieron allí cuando nos fuimos a dormir.

  1. ¿Cómo te sientes?

Ahora, explora cómo te sentiste cuando ese hecho que observaste ocurrió. 

Por ejemplo: Me sentí frustrada por asumir tareas del hogar que no me corresponden, como fue recoger tus cosas a la mañana siguiente.

  1. ¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas para no sentirte de la manera en que lo expresaste en el paso anterior? Comunícaselo a la otra persona a continuación.

Por ejemplo: Necesito aligerar mi carga del hogar y saber que puedo confiar en que compartirás conmigo y cumplirás tu parte en dichas tareas.

  1. ¿Cuál es tu pedido?

La parte final de la comunicación no violenta implica hacerle un pedido a la otra persona, una especie de solución a tu problema. No obstante, es un pedido, no una orden. La otra persona puede tomarla, rechazarla o plantear otra cosa.

Por ejemplo: Te pido que por favor tengas más conciencia de dónde pones tus cosas. Así, al llegar a casa, si te vas a cambiar de ropa o quitarte los zapatos, guardes todo o lo dejes en el cuarto (en lugar de regadas por la casa).


 

Estos cuatro pasos son bastante simples. Sin embargo, la comunicación no violenta requiere práctica. No te desalientes si no sale muy bien a la primera. Estamos acostumbrados y programados a comunicarnos de una cierta forma. Toca reprogramarnos para respetar cada paso y ser efectivo, claro y respetuoso en lo que planteamos y cómo.

Prueba este método y cuéntanos qué te parece.