Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

¿Sabes comunicar tus necesidades sin pelear?

Hasta el día de hoy, el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” es muy popular. Y más allá de las soluciones que plantea, el aspecto fundamental es que hombres y mujeres son distintos en su manera de abordar todo. Más aun, cada hombre y cada mujer son diferentes. 

Cada uno de nosotros tiene su manera de limpiar, ordenar, trabajar, organizarse, priorizar y enfrentar cada actividad o desafío. En nuestra mente, solidificamos nuestros métodos como eficientes y efectivos. En muchas oportunidades, inclusive los calificamos de acertados. Y si bien sabemos que hay muchas formas de llegar a Roma, nos gusta la nuestra, la recomendamos y la consideramos como LA manera.

Nos encerramos tanto en ESA manera, que asumimos que lo que es obvio para uno es obvio para otro. No entendemos por qué el otro no hizo las cosas como ERAN o por qué no obtuvimos el resultado deseado cuando fue OTRO quien se encargó de esa actividad. 

Nos molestamos porque quedó tirada la ropa en otro lugar al destinado para ello. Nos frustramos cuando nos toca HACER o CORREGIR la tarea del otro. ¡Por qué es tan difícil que entienda que esto SE HACE ASÍ!

Luego, conversas y recuerdas que tu mundo mental es Marte y el mundo del otro es Venus. Tú comunicas una idea y el otro la procesa e interpreta de otra. Es como jugar al telefonito. El mensaje pasa de persona a persona hasta que la última repite la frase que se le comunicó y resulta ser algo completamente distinto a la frase original.

Tal parece que la solución tiene que ver con mejorar la comunicación. Y sin embargo, es posible que se sienten a conversar las diferencias, y el ego y el control se apoderen de ti y no consigas nada. Por eso, hoy te presento un método para aliviar las tensiones y aprender a comunicar tus necesidades de forma no violenta.

 

La comunicación no violenta

“Es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí (y también cada uno consigo mismo) con empatía y eficacia. 

Enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones, sentimientos, ‘necesidades’ (deseos-metas) y peticiones a los demás (o a uno mismo) de un modo que evite el lenguaje evaluativo que etiquete o defina a los interlocutores o a terceros” (Elia Roca).

En otras palabras, este método busca generar un lenguaje sano y compasivo, una comunicación clara y un alivio para las frustraciones. Consta de cuatro pasos que exploraremos a continuación.

 

Los 4 pasos de la comunicación no violenta

  1. ¿Qué observas?

Anota alguna situación que te haya incomodado o que quieras mejorar. Y cuando te sientes a conversar, descríbele a la otra persona el hecho que observaste, sin incluir sentimientos ni opiniones. 

Por ejemplo: El otro día noté que al llegar del trabajo, te quitaste los zapatos, los dejaste en la sala y siguieron allí cuando nos fuimos a dormir.

  1. ¿Cómo te sientes?

Ahora, explora cómo te sentiste cuando ese hecho que observaste ocurrió. 

Por ejemplo: Me sentí frustrada por asumir tareas del hogar que no me corresponden, como fue recoger tus cosas a la mañana siguiente.

  1. ¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas para no sentirte de la manera en que lo expresaste en el paso anterior? Comunícaselo a la otra persona a continuación.

Por ejemplo: Necesito aligerar mi carga del hogar y saber que puedo confiar en que compartirás conmigo y cumplirás tu parte en dichas tareas.

  1. ¿Cuál es tu pedido?

La parte final de la comunicación no violenta implica hacerle un pedido a la otra persona, una especie de solución a tu problema. No obstante, es un pedido, no una orden. La otra persona puede tomarla, rechazarla o plantear otra cosa.

Por ejemplo: Te pido que por favor tengas más conciencia de dónde pones tus cosas. Así, al llegar a casa, si te vas a cambiar de ropa o quitarte los zapatos, guardes todo o lo dejes en el cuarto (en lugar de regadas por la casa).


 

Estos cuatro pasos son bastante simples. Sin embargo, la comunicación no violenta requiere práctica. No te desalientes si no sale muy bien a la primera. Estamos acostumbrados y programados a comunicarnos de una cierta forma. Toca reprogramarnos para respetar cada paso y ser efectivo, claro y respetuoso en lo que planteamos y cómo.

Prueba este método y cuéntanos qué te parece.

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

Busca siempre evolucionar

¿De qué vale vivir tantos años sin evolución? A veces me da risa cómo personas que te conocen desde pequeña tienen ciertas reservas de en quién te has convertido décadas más tarde.

No te han dicho cosas como, “¿tú practicas ______ deporte? No te imagino”. “¿Tú, de mochilera?”. Estoy segura que su confusión y sorpresa no vienen de un mal lugar. ¿Se imaginan pensar igual que hace 30 años? ¿Se imaginan vestir igual que hace 30 años? 

Así como las modas cambian, nosotros también. Y en mi opinión, no solo está bien, sino que ojalá sea obligatorio. 

Así como cuando eres niño y te dicen, cuando seas adulto lo entenderás. Espero que hayas entendido más de una cosa y que te hayas formulado nuevas preguntas y contemplado nuevas perspectivas.

Así como el mundo está en constante cambio y movimiento, nosotros también. ¿Sabías que todas tus células se renuevan cada siete años? Es decir, cada 7 años tienes un cuerpo completamente distinto. Evolución.

¿Tenías años queriendo hacer alguna actividad que no te atrevías porque no era “muy tú”? Pues bien por ti que lo has intentado.

¿Tenías un look de hace más de 30 años y decidiste modernizarlo a ver qué tal? Bien por ti, el cambio siempre trae frescura.

¿Querías hacerte un tatuaje, pero hace muchos años lo considerabas tabú y algo propio de perdedores y desadaptados sociales? Qué buena noticia que tu mente ha explorado nuevos caminos y se ha abierto a la tolerancia.

¿Aun crees en filosofías, cuentos y valores de cuando eras chico? Bien por ti también, si no te has mantenido ciego a tus creencias, sino consciente de lo que crees y por qué.

Así como comentábamos que el cambio ocurre de forma constante, en todo momento, no se puede controlar y a veces ni nos damos cuenta que ocurre, otras veces lo buscamos y propiciamos. ¿Por qué? Porque nos renueva, nos enseña cosas nuevas, nos supera y nos energiza. Además, ¿a quién no le gusta una aventura (por más grande o pequeña que sea)?

¿Has propiciado algún cambio en tu vida de forma reciente? ¿Cuáles han sido sus beneficios? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Cómo liberar el resentimiento de forma saludable

Muchos creerán que la vida es injusta. Vivimos en una sociedad donde por mucho tiempo se ha fomentado la competencia. Esta competencia nos lleva a compararnos continuamente con el otro. Mi vecino se compró un carro nuevo. Este otro amigo acaba de comprar un departamento. Aquella persona vive siempre de punta en blanco con ropa de diseñadores. ¿Y yo? Mientras, yo vivo alquilado, sin carro, sufro para llegar a fin de mes, etcétera. 

¿Alguna vez te has visto involucrado en un diálogo interno como este?

El problema con las comparaciones es que no solo vives infeliz, sino que puedes caer en un mal manejo de tus emociones. El desear lo que otro tiene, el ver cómo aun no has logrado lo que otro ha logrado puede desencadenar en envidia, rabia, rencor y resentimiento.

Estas son emociones muy poderosas y peligrosas. Pueden llevar a despertar un instinto animal que ni sabías que tenías. ¿Crees que esas escenas de novela donde las personas se lanzan platos y floreros no pasan en la vida real? Sí pasan, porque cuando tus emociones se desbordan pierdes el control de ti mismo. Es tanta la energía acumulada en tus extremidades que necesitas liberarla de alguna forma. ¿Y cuál es la manera más lógica que se te ocurre en ese instante? Lanzar objetos, salir corriendo, gritar. Como decimos coloquialmente, tu sangre hierve, y puedes sentir ese calor en tu pecho, cuello y cabeza.

¿Y qué pasa luego? Una especie de efecto post adrenalina. Tu cuerpo tiembla a medida que se va calmando. Sientes una pesadez u opresión en el pecho. Después de un rato, puedes pensar nuevamente con claridad y te das cuenta de todo lo que acaba de ocurrir. Pero, sabes algo, cada vez que sometes a tu cuerpo a esos niveles de intensidad, estás aumentando tus probabilidades de sufrir enfermedades cardiacas. Con cada ataque de ira, disminuyes tu esperanza de vida.

 

¿Qué es o de dónde proviene el resentimiento?

 

“El resentimiento está basado en una o varias situaciones en las que nos sentimos tratados de manera injusta, lastimados, humillados, etc., sin haber sido capaces de defendernos y de expresar nuestro enojo” (Psic. Silvia Russek).

 

Según explica la Psicóloga Russek, el resentimiento consiste en sentir una y otra vez ese enojo por algo que vivimos en el pasado y que nos sigue atormentando porque no hemos podido perdonar. Nos surgen pensamientos como:

  • Se han aprovechado de mí.
  • La vida y las personas son injustas.
  • Los demás obtienen fácilmente las cosas.
  • He sido ignorado.
  • No me reconocen por mi labor.
  • Lo que hago no es suficiente.
  • Me han humillado, devaluado y discriminado.
  • Ese otro se cree mejor que yo.

¿Te reconoces en alguno de esos escenarios?

 

“Guardar rencor y buscar venganza nunca curan, no solucionan, no liberan, no mejoran… solo empeoran y mantienen la situación” (Psic. Sonia Castro).

 

Entonces, debe haber una manera más sana de desahogar estas emociones intensas, pensarás tú, ¿no? Exploremos.

 

Cómo liberarnos del resentimiento sin romper nada

 

  1. Desahoga y deja ir tu resentimiento: 

Reflexiona sobre quién sientes que te ha hecho daño. Piensa en las situaciones que pueden haber motivado tu resentimiento. Luego, déjalas ir. Como comenta la psicóloga Castro, “¿te apetece llorar? Llora. ¿Te apetece gritar? Grita. ¿Quieres poner por escrito [todo]? Escribe una carta. ¿Te apetece hablar […]?”

  1. Acepta y perdona:

Las cosas no siempre serán como nosotros queremos. No podemos controlar a otras personas ni a las situaciones. Acéptalo y sé flexible y compasivo contigo mismo. Solo te queda una dirección a seguir, y esa es hacia adelante. Recuerda que el pasado ya pasó y no lo puedes cambiar. Mas, cómo elijas vivir tu presente, esa es otra historia.

  1. Convive con tus emociones:

Cuando uno se sienta a meditar, lo que se busca es que poco a poco ganemos más conciencia de nuestro mundo interior. Tomar conciencia de nuestras emociones y pensamientos nos permite identificarlas al momento en que las estamos sintiendo. Y como ya saben, las emociones y pensamientos no son más que eso, nubes que pasan. No son la realidad. Son una realidad ficticia que nuestra mente nos quiere hacer creer como real. Puedes dejarte llevar por ellas o puedes aprender a responder adecuadamente. Recuerda, tu mente siempre es un cielo azul. Puedes elegir causar una tormenta u observar tus nubes y dejar que pasen.

Así que como sugiere Dan Mager, en su artículo 8 Strategies to Work Through Anger and Resentment, “observa tu resentimiento. Déjalo ser. […] Coloca espacio alrededor de este. Ve qué pasa”. 

  1. Examen de autoconciencia:

Varios autores señalan que analices hasta qué punto has contribuido a tu situación. Y en este sentido, lo que yo te invito es que más que ser víctima, te conviertas en protagonista. En el post anterior, te hablaba de que si solo cambiamos las estructuras externas y no modificamos nuestro hogar interior, el cambio será superficial.

Haz un examen de conciencia. Conéctate contigo mismo. Piensa cómo puedes levantarte y salir de esta nube negra del resentimiento. Como dijo Buddha, “aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien; eres tú quien se quema”.

¿Vas a seguir quemándote o como dice Johnnie Walker, vas a keep walking?

  1. Cuídate:

Una buena salud y auto-cuidado te ayudarán a tener energía, ánimo y motivación. No hay nada que el ejercicio y una buena alimentación no puedan sanar. Compleméntalos con alguna técnica de meditación o actividad que alimente tu espíritu.

Es momento de conectarse con la energía positiva. Lo negativo solo trae oscuridad y escenarios vacíos. Vamos a construir, no a destruir. La decisión está en tus manos.

¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

La dignidad empieza por ti

“Vocablo que deriva del latín dignitas, que a su vez deriva de dignus, cuyo sentido implica una posición de prestigio o decoro, ‘que merece’ y que corresponde en su sentido griego a axios o digno, valioso, apreciado, precioso, merecedor” (Martínez, V.).

¿Qué se entiende por dignidad humana?

Según la Guía de Formación Cívica proporcionada por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, la dignidad humana, 

 

“alude a la cualidad esencial del ser humano… en virtud de la cual se distingue lo humano de lo no humano. La dignidad aparece, pues como una seña de identidad del ser humano, como ser dotado de inteligencia y libertad, como ser moral”.

 

Continúa explicando que esta cualidad nos permite, entre otras cosas, “aprender, transmitir nuestra cultura [y] tener el dominio de nosotros mismos, es decir, tener la voluntad para dirigir nuestra conducta o comportamiento….” Asimismo, nos posibilita adherirnos a valores y “sobre todo, [a] tener conciencia de nosotros mismos y de nuestra existencia”.

En palabras simples, “la dignidad es ser tratado como lo que se es”. Y, ¿qué somos? El Prof. Víctor Martínez explora el tema en su artículo “Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad”. Como ya comentamos anteriormente, somos seres capaces de auto-gobernarnos y comprendernos, no solo como individuos, sino como miembros de una sociedad. 

De esta forma, el Prof. Martínez explica que la dignidad, en su forma más utilizada, es el trato respetuoso a las personas por el simple hecho de ser seres humanos. Es esa autonomía y toma de decisiones que nos hace únicos.

 

La dignidad empieza por ti

Ya hemos visto que con el solo hecho de ser seres humanos, somos dignos. Dejemos a un lado todos los enfoques filosóficos, bioéticos y de cualquier otra índole. Enfoquémonos en esa simple idea, la dignidad empieza por ti.

Ser digno significa que tienes la capacidad de tomar tus propias decisiones, de hacerte responsable por tu camino, de conocerte y apreciarte. Antes de demandar que otro te trate con dignidad, respétate tú mismo. 

Si no te aprecias o no te crees suficiente nadie más lo hará por ti. Si dejas que siga sonando esa canción que te repitieron desde pequeño y que cantaba que no podrías surgir en la vida por tu condición socioeconómica, en efecto tu condición no cambiará. Y no me mal interpretes. Sé que se necesitan ciertas estructuras y condiciones externas para solucionar problemas reales de la vida diaria. Mas, permíteme darte un ejemplo. Nunca voy a olvidar a una compañera de estudio que en mi opinión, era una de las más talentosas del salón. Había nacido en el seno de una familia relativamente humilde. Ello la convencía de que no surgiría en la vida. Su situación familiar, su situación socioeconómica no cambiaría hiciera lo que hiciera. Nació pobre, morirá pobre (esa era básicamente su creencia). 

Entonces, ¿eres merecedor? ¿Eres digno de respeto? Sí.

Ejerce tu autonomía, tu capacidad de aprendizaje, tu auto-conocimiento como herramientas para crecer. Despójate de ataduras auto-impuestas o impuestas por otros. Antes de salir a la calle a gritar dignidad, quiérete, respétate y aprende a aplicar ese concepto en ti mismo y en los demás.

Como dice Rupaul, si no te amas a ti mismo cómo te va a amar otra persona. Si no te crees digno, cómo otro te va a considerar digno. 

Dependencia emocional: qué es y qué hacer

Lo prometido es deuda. Tal como comenzamos a explorar en el post ¿Te imaginas tu vida sin quienes te rodean?, es posible que tengamos algún vínculo de dependencia con nuestra pareja, amigos o familiares. 

¿Qué es la dependencia emocional?

Todo empieza por nuestra necesidad de interactuar con el otro. Luego, se forma un vínculo con esa persona. Sin embargo, en algunos casos de allí se puede pasar a desarrollar una especie de adicción por esa persona.

 

“Englobamos dependencia emocional dentro del marco de la dependencia afectiva o sentimental y consiste en un serie de comportamientos adictivos que se dan en una relación interpersonal donde existe una asimetría en el rol que asume cada persona” (IEPP).

 

Por ejemplo, según la psicóloga Paola Graziano, es usual el caso de relaciones donde una persona es dependiente y la otra dominante. ¿Y qué le sucede al dependiente? Pues, muestra “ansiedad ante la idea de abandono”. 

En el post anterior sobre este tema te preguntaba si te imaginabas sin las personas que te rodean, en especial aquellas de tus círculos más cercanos. Y si bien, todos necesitamos amistades, familiares y relaciones afectivas en general, “cuando nuestra felicidad está supeditada en exclusiva a una persona [y yo agregaría a un par de personas, por qué no], el sufrimiento es inevitable”. 

¿Y qué significa esto? Según Sara Clemente en su artículo “4 pasos para eliminar la dependencia emocional”, solemos perder nuestra autosuficiencia emocional. “Estamos supeditados a alguien hasta el punto de no pensar ni de actuar por nosotros mismos”.

¿Cómo saber si soy dependiente?

La misma autora nos proporciona una lista de indicativos. Aquí algunos:

  1. Tu felicidad se centra en una persona al punto de no disfrutar otra cosa que no sea estar con ella/él.
  2. Tu alegría depende de cómo te traten.
  3. Antepones los deseos de otros a los tuyos.
  4. Estás bien contigo mismo si te sientes querido.
  5. Tienes miedo a perder a esa persona de la cual dependes.
  6. Quieres tener el control de la vida de la otra persona para asegurarte de no perderla.
  7. La relación genera ansiedad, por ejemplo, siempre quieres más.

Considero que esto lo resume todo: “Lo que diferencia a una persona no dependiente es que cuando está solo puede tener momentos de melancolía, pero eso no le detiene para seguir disfrutando de otras facetas de su vida” (Sara Clemente).

¿Cómo construir relaciones saludables?

Una relación saludable puede ser la que Paola Graziano, en su blog Psicología Estratégica, llama dependencia horizontal:

 

Existe una “inter-dependencia entre personas adultas. Todas dan y reciben, se cuidan y se apoyan mutuamente”. 

 

Y como ya sabemos, para poder dar a otros, tenemos que empezar por darnos a nosotros mismos. “La dependencia emocional se evita cultivando el amor propio y el autoconocimiento”. 

¿A quién ves cuando te miras en el espejo? ¿Quién eres? ¿Qué te gusta? ¿Que disfrutas hacer? Estas son preguntas básicas sobre ti mismo. Mas, puedes ir poco a poco profundizando. ¿Qué te da miedo? ¿Qué te detiene? ¿Cómo reaccionas ante diferentes tipos de situaciones? ¿Qué lenguaje utilizas para referirte a ti mismo? 

Esta última pregunta es muy importante. A veces no nos damos cuenta de cómo nos castigamos, insultamos y desvalorizamos con nuestro diálogo interno. ¿Recuerdas a Shauna Shapiro en su charla TED sobre el poder del mindfulness? Comienza tu día frente al espejo y repite “(Tu nombre), buenos días, te amo”.

Breves tips

  • Dedícale unos minutos, no tienen que ser más de 5 al día, a tu cuidado y aseo personal. Una buena imagen exterior puede despertar a tu yo interno y mejorar tu confianza.
  • Encuentra ese algo que te motive a despertarte todos los días. Puede ser un hobby, un trabajo o algo tan simple como contemplar el sonido de los pájaros por un instante. Para la poeta Mary Oliver, un poema no tenía sentido si no incluía pájaros. En otras palabras, para ella la vida no parecía tener mucho sentido sin la naturaleza.
  • Sigue tus valores, tus creencias, tus instintos. Cree lo que creas porque así lo quieres creer y no porque alguien más te lo dice. Adiós a las comparaciones. Tu vida es única y es tuya.
  • Toma riesgos. Sal de tu zona de confort. ¡Vive!
  • Disfruta de estar solo. Y cuando te canses, rodéate de quienes te apoyen e impulsen a ser una mejor persona.

Prohibido olvidar

No quería dejar pasar esta semana sin compartirles un post. Un resfrío tardío y otras variables me han mantenido alejada del teclado. Sin embargo, les quiero compartir esta breve reflexión.

Prohibido olvidar

No hay día que vaya a entrenar, que mi coach no me aupe con un ¡vamos máquina! Ese parece haberse convertido en mi sobrenombre luego de la artritis. Le dice a mi esposo, “ahora no hay nada que la detenga”. Todos nos reímos.

Recientemente, recibí mis últimos exámenes de sangre de mi control. Una vez más, los resultados fueron gratificantes. Todo se encuentra dentro del rango. No hay señales de inflamación en el cuerpo. 

A veces recuerdo ese episodio de aproximadamente 4 meses de duración y parece una ilusión, pero a la vez muy real. Y es por eso que digo, prohibido olvidar. 

Todo obstáculo, sin importar su tamaño, nos enseña algo y nos permite valorar también. Así que:

 

  • Acepta que todo pasa por una razón, aun cuando no sepas cuál es en el momento dado o nunca llegues a saberla.

 

  • Enfrenta tus desafíos con y sin miedo. El miedo siempre estará, pero puedes dejarlo opinar solamente o puedes dejarlo mandar.

 

  • Desafíate, ve por más, sí se puede y vaya que es gratificante aprender y crecer.

 

  • No des nada por sentado, un cuerpo sano, tus habilidades, el poder percibir a través de todos tus sentidos, los suaves sonidos de la naturaleza, el color de las cosas, tus logros y bendiciones, tus fracasos, tus caídas, todas las veces que te has levantado…

 

  • Finalmente, confía en la abundancia. El universo sabe lo que hace.

Esfuerzo, constancia y decisión, ¿algo más?

Esfuerzo. Constancia. Decisión. Así terminé la entrada anterior y así comienzo esta. Comentaba que esta podía ser la combinación clave que ayudara a definir trabajo duro. Y mientras más investigo y reflexiono, tal vez funcione así.

Por ahí el refranero popular dice que aquello que más queremos, es aquello que más cuesta conseguir. Claramente quedándonos sentados, nada va a caer solo del cielo. Así que si realmente queremos algo en la vida, hay que salir a trabajar por ello, cueste lo que cueste. De allí la decisión y el esfuerzo. Sin embargo, ya sabemos que gran parte del éxito recae en la constancia, es decir, en salir a buscarlo el día 1 y el día 2 y el día 3 y todos los días.

Esfuerzo. Constancia. Decisión.

Ahora bien, ¿cómo vas a trabajar duro sin siquiera tener algo en qué trabajar? Hay que empezar por querer algo. Y no voy a entrar en las polémicas semánticas sobre el deseo. Eso es otro tema. Utilizaré estas palabras en esta entrada simplemente con el fin de ejemplificar.

Así que tomando en cuenta los tres elementos anteriores más algo que te mueva lo suficiente para querer trabajar duro por ello, llamémoslo pasión, pareciera entonces que no es trabajo duro lo que queremos definir, sino grit. Grit, de acuerdo a Angela Duckworth, científica investigadora en el tema, es “la combinación de perseverancia y pasión hacia metas de largo plazo”. Las personas con un alto nivel de grit parecen ser, según las investigaciones, aquellos que llegan lejos con lo que se han propuesto. Hay una gran cantidad de atletas, coaches y otras personalidades que han sido estudiadas por el alcance y éxito de su desempeño y la correlación con un alto grit. 

Y comienzo a hablar de grit por algo que menciona Duckworth al intentar definirlo. Grit no es solo trabajar duro y mostrarse resiliente, sino estar al servicio de algo que te apasione de tal forma que inclusive te da un sentido de propósito en la vida. Y no soy fan de las metas a ningún plazo, pero rescato el término con el fin de simplificar la explicación. En este caso, la meta que impulsa tu pasión y perseverancia “te importa tanto que organiza y le da significado a casi todo lo que haces” (Angela Duckworth). Así que caigas, pierdas, presentes obstáculos o te vaya bien, te levantas al día siguiente y sigues mejorando. Esa es la actitud y el comportamiento de una persona con alto grit. 

Y el grit no se detiene ahí. Según la misma autora, una persona considerada ejemplo de grit cuenta con (A) un interés, es decir, disfruta lo que hace. Asimismo, esa pasión la lleva a (B) la práctica y aquí viene la parte interesante. Tienes que tener la disciplina de practicar constantemente, pero la idea es mejorar, ser mejor al día anterior. “Tener grit implica resistirse a la complacencia”. Suena nuevamente a esa renuncia de elementos de una vida normal si lo que se busca es la extraordinaria. Y el perfil se completa con (C) un propósito y (D) la esperanza a tener la perseverancia que se requiere para continuar frente a los obstáculos, dificultades y dudas.

Reflexiones finales

Hoy en día hay documentales sobre Lady Gaga y otros artistas. Atletas, como boxeadores de la talla de Lomachenko y Anthony Joshua, publican videos sobre su entrenamiento y recorridos al éxito. Y sin irnos muy lejos, de seguro conoces a alguien a quien admiras por su dedicación, trabajo, esmero y empuje. 

Hay tantas cosas detrás del telón que no vemos. No es suficiente con ser una excelente cantante, con saber pelear a la perfección. Se necesita pasar horas practicando para mejorar. Se necesita analizar tus errores para aprender. Se trata de pararte y trabajar aun cuando te da flojera, así como abrazarte a tus valores e ideales y convertirlos en práctica viviente día tras día. Y luego, es tomar una mancuerna más pesada o salirte de tu zona de comfort para seguir avanzando y no quedarte en la práctica conocida. Como dicen sin dolor no hay gloria.

Tomarte más de una hora en llegar a la ciudad, luego de agarrar un autobús más el metro y otro trecho de caminata para ir a entrenar; practicar durante horas al día, una y otra vez hasta que la pirueta te sale como debe ser; sentir el dolor muscular con cada abdominal y hacer unos cuantos más (o como Muhammad Ali, empezar la cuenta cuando te duele); y volver al día siguiente, eso es trabajo duro. Y ese trabajo duro te va a llevar a ser un ejemplo de grit.

“Nuestro potencial es una cosa. Qué hacemos con él es otro tema completamente distinto”. -(Angela Duckworth)

Si quieres saber cómo está tu nivel de grit, completa este test (en inglés).