Cómo liberar el resentimiento de forma saludable

Muchos creerán que la vida es injusta. Vivimos en una sociedad donde por mucho tiempo se ha fomentado la competencia. Esta competencia nos lleva a compararnos continuamente con el otro. Mi vecino se compró un carro nuevo. Este otro amigo acaba de comprar un departamento. Aquella persona vive siempre de punta en blanco con ropa de diseñadores. ¿Y yo? Mientras, yo vivo alquilado, sin carro, sufro para llegar a fin de mes, etcétera. 

¿Alguna vez te has visto involucrado en un diálogo interno como este?

El problema con las comparaciones es que no solo vives infeliz, sino que puedes caer en un mal manejo de tus emociones. El desear lo que otro tiene, el ver cómo aun no has logrado lo que otro ha logrado puede desencadenar en envidia, rabia, rencor y resentimiento.

Estas son emociones muy poderosas y peligrosas. Pueden llevar a despertar un instinto animal que ni sabías que tenías. ¿Crees que esas escenas de novela donde las personas se lanzan platos y floreros no pasan en la vida real? Sí pasan, porque cuando tus emociones se desbordan pierdes el control de ti mismo. Es tanta la energía acumulada en tus extremidades que necesitas liberarla de alguna forma. ¿Y cuál es la manera más lógica que se te ocurre en ese instante? Lanzar objetos, salir corriendo, gritar. Como decimos coloquialmente, tu sangre hierve, y puedes sentir ese calor en tu pecho, cuello y cabeza.

¿Y qué pasa luego? Una especie de efecto post adrenalina. Tu cuerpo tiembla a medida que se va calmando. Sientes una pesadez u opresión en el pecho. Después de un rato, puedes pensar nuevamente con claridad y te das cuenta de todo lo que acaba de ocurrir. Pero, sabes algo, cada vez que sometes a tu cuerpo a esos niveles de intensidad, estás aumentando tus probabilidades de sufrir enfermedades cardiacas. Con cada ataque de ira, disminuyes tu esperanza de vida.

 

¿Qué es o de dónde proviene el resentimiento?

 

“El resentimiento está basado en una o varias situaciones en las que nos sentimos tratados de manera injusta, lastimados, humillados, etc., sin haber sido capaces de defendernos y de expresar nuestro enojo” (Psic. Silvia Russek).

 

Según explica la Psicóloga Russek, el resentimiento consiste en sentir una y otra vez ese enojo por algo que vivimos en el pasado y que nos sigue atormentando porque no hemos podido perdonar. Nos surgen pensamientos como:

  • Se han aprovechado de mí.
  • La vida y las personas son injustas.
  • Los demás obtienen fácilmente las cosas.
  • He sido ignorado.
  • No me reconocen por mi labor.
  • Lo que hago no es suficiente.
  • Me han humillado, devaluado y discriminado.
  • Ese otro se cree mejor que yo.

¿Te reconoces en alguno de esos escenarios?

 

“Guardar rencor y buscar venganza nunca curan, no solucionan, no liberan, no mejoran… solo empeoran y mantienen la situación” (Psic. Sonia Castro).

 

Entonces, debe haber una manera más sana de desahogar estas emociones intensas, pensarás tú, ¿no? Exploremos.

 

Cómo liberarnos del resentimiento sin romper nada

 

  1. Desahoga y deja ir tu resentimiento: 

Reflexiona sobre quién sientes que te ha hecho daño. Piensa en las situaciones que pueden haber motivado tu resentimiento. Luego, déjalas ir. Como comenta la psicóloga Castro, “¿te apetece llorar? Llora. ¿Te apetece gritar? Grita. ¿Quieres poner por escrito [todo]? Escribe una carta. ¿Te apetece hablar […]?”

  1. Acepta y perdona:

Las cosas no siempre serán como nosotros queremos. No podemos controlar a otras personas ni a las situaciones. Acéptalo y sé flexible y compasivo contigo mismo. Solo te queda una dirección a seguir, y esa es hacia adelante. Recuerda que el pasado ya pasó y no lo puedes cambiar. Mas, cómo elijas vivir tu presente, esa es otra historia.

  1. Convive con tus emociones:

Cuando uno se sienta a meditar, lo que se busca es que poco a poco ganemos más conciencia de nuestro mundo interior. Tomar conciencia de nuestras emociones y pensamientos nos permite identificarlas al momento en que las estamos sintiendo. Y como ya saben, las emociones y pensamientos no son más que eso, nubes que pasan. No son la realidad. Son una realidad ficticia que nuestra mente nos quiere hacer creer como real. Puedes dejarte llevar por ellas o puedes aprender a responder adecuadamente. Recuerda, tu mente siempre es un cielo azul. Puedes elegir causar una tormenta u observar tus nubes y dejar que pasen.

Así que como sugiere Dan Mager, en su artículo 8 Strategies to Work Through Anger and Resentment, “observa tu resentimiento. Déjalo ser. […] Coloca espacio alrededor de este. Ve qué pasa”. 

  1. Examen de autoconciencia:

Varios autores señalan que analices hasta qué punto has contribuido a tu situación. Y en este sentido, lo que yo te invito es que más que ser víctima, te conviertas en protagonista. En el post anterior, te hablaba de que si solo cambiamos las estructuras externas y no modificamos nuestro hogar interior, el cambio será superficial.

Haz un examen de conciencia. Conéctate contigo mismo. Piensa cómo puedes levantarte y salir de esta nube negra del resentimiento. Como dijo Buddha, “aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien; eres tú quien se quema”.

¿Vas a seguir quemándote o como dice Johnnie Walker, vas a keep walking?

  1. Cuídate:

Una buena salud y auto-cuidado te ayudarán a tener energía, ánimo y motivación. No hay nada que el ejercicio y una buena alimentación no puedan sanar. Compleméntalos con alguna técnica de meditación o actividad que alimente tu espíritu.

Es momento de conectarse con la energía positiva. Lo negativo solo trae oscuridad y escenarios vacíos. Vamos a construir, no a destruir. La decisión está en tus manos.

¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

La dignidad empieza por ti

“Vocablo que deriva del latín dignitas, que a su vez deriva de dignus, cuyo sentido implica una posición de prestigio o decoro, ‘que merece’ y que corresponde en su sentido griego a axios o digno, valioso, apreciado, precioso, merecedor” (Martínez, V.).

¿Qué se entiende por dignidad humana?

Según la Guía de Formación Cívica proporcionada por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, la dignidad humana, 

 

“alude a la cualidad esencial del ser humano… en virtud de la cual se distingue lo humano de lo no humano. La dignidad aparece, pues como una seña de identidad del ser humano, como ser dotado de inteligencia y libertad, como ser moral”.

 

Continúa explicando que esta cualidad nos permite, entre otras cosas, “aprender, transmitir nuestra cultura [y] tener el dominio de nosotros mismos, es decir, tener la voluntad para dirigir nuestra conducta o comportamiento….” Asimismo, nos posibilita adherirnos a valores y “sobre todo, [a] tener conciencia de nosotros mismos y de nuestra existencia”.

En palabras simples, “la dignidad es ser tratado como lo que se es”. Y, ¿qué somos? El Prof. Víctor Martínez explora el tema en su artículo “Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad”. Como ya comentamos anteriormente, somos seres capaces de auto-gobernarnos y comprendernos, no solo como individuos, sino como miembros de una sociedad. 

De esta forma, el Prof. Martínez explica que la dignidad, en su forma más utilizada, es el trato respetuoso a las personas por el simple hecho de ser seres humanos. Es esa autonomía y toma de decisiones que nos hace únicos.

 

La dignidad empieza por ti

Ya hemos visto que con el solo hecho de ser seres humanos, somos dignos. Dejemos a un lado todos los enfoques filosóficos, bioéticos y de cualquier otra índole. Enfoquémonos en esa simple idea, la dignidad empieza por ti.

Ser digno significa que tienes la capacidad de tomar tus propias decisiones, de hacerte responsable por tu camino, de conocerte y apreciarte. Antes de demandar que otro te trate con dignidad, respétate tú mismo. 

Si no te aprecias o no te crees suficiente nadie más lo hará por ti. Si dejas que siga sonando esa canción que te repitieron desde pequeño y que cantaba que no podrías surgir en la vida por tu condición socioeconómica, en efecto tu condición no cambiará. Y no me mal interpretes. Sé que se necesitan ciertas estructuras y condiciones externas para solucionar problemas reales de la vida diaria. Mas, permíteme darte un ejemplo. Nunca voy a olvidar a una compañera de estudio que en mi opinión, era una de las más talentosas del salón. Había nacido en el seno de una familia relativamente humilde. Ello la convencía de que no surgiría en la vida. Su situación familiar, su situación socioeconómica no cambiaría hiciera lo que hiciera. Nació pobre, morirá pobre (esa era básicamente su creencia). 

Entonces, ¿eres merecedor? ¿Eres digno de respeto? Sí.

Ejerce tu autonomía, tu capacidad de aprendizaje, tu auto-conocimiento como herramientas para crecer. Despójate de ataduras auto-impuestas o impuestas por otros. Antes de salir a la calle a gritar dignidad, quiérete, respétate y aprende a aplicar ese concepto en ti mismo y en los demás.

Como dice Rupaul, si no te amas a ti mismo cómo te va a amar otra persona. Si no te crees digno, cómo otro te va a considerar digno. 

Dependencia emocional: qué es y qué hacer

Lo prometido es deuda. Tal como comenzamos a explorar en el post ¿Te imaginas tu vida sin quienes te rodean?, es posible que tengamos algún vínculo de dependencia con nuestra pareja, amigos o familiares. 

¿Qué es la dependencia emocional?

Todo empieza por nuestra necesidad de interactuar con el otro. Luego, se forma un vínculo con esa persona. Sin embargo, en algunos casos de allí se puede pasar a desarrollar una especie de adicción por esa persona.

 

“Englobamos dependencia emocional dentro del marco de la dependencia afectiva o sentimental y consiste en un serie de comportamientos adictivos que se dan en una relación interpersonal donde existe una asimetría en el rol que asume cada persona” (IEPP).

 

Por ejemplo, según la psicóloga Paola Graziano, es usual el caso de relaciones donde una persona es dependiente y la otra dominante. ¿Y qué le sucede al dependiente? Pues, muestra “ansiedad ante la idea de abandono”. 

En el post anterior sobre este tema te preguntaba si te imaginabas sin las personas que te rodean, en especial aquellas de tus círculos más cercanos. Y si bien, todos necesitamos amistades, familiares y relaciones afectivas en general, “cuando nuestra felicidad está supeditada en exclusiva a una persona [y yo agregaría a un par de personas, por qué no], el sufrimiento es inevitable”. 

¿Y qué significa esto? Según Sara Clemente en su artículo “4 pasos para eliminar la dependencia emocional”, solemos perder nuestra autosuficiencia emocional. “Estamos supeditados a alguien hasta el punto de no pensar ni de actuar por nosotros mismos”.

¿Cómo saber si soy dependiente?

La misma autora nos proporciona una lista de indicativos. Aquí algunos:

  1. Tu felicidad se centra en una persona al punto de no disfrutar otra cosa que no sea estar con ella/él.
  2. Tu alegría depende de cómo te traten.
  3. Antepones los deseos de otros a los tuyos.
  4. Estás bien contigo mismo si te sientes querido.
  5. Tienes miedo a perder a esa persona de la cual dependes.
  6. Quieres tener el control de la vida de la otra persona para asegurarte de no perderla.
  7. La relación genera ansiedad, por ejemplo, siempre quieres más.

Considero que esto lo resume todo: “Lo que diferencia a una persona no dependiente es que cuando está solo puede tener momentos de melancolía, pero eso no le detiene para seguir disfrutando de otras facetas de su vida” (Sara Clemente).

¿Cómo construir relaciones saludables?

Una relación saludable puede ser la que Paola Graziano, en su blog Psicología Estratégica, llama dependencia horizontal:

 

Existe una “inter-dependencia entre personas adultas. Todas dan y reciben, se cuidan y se apoyan mutuamente”. 

 

Y como ya sabemos, para poder dar a otros, tenemos que empezar por darnos a nosotros mismos. “La dependencia emocional se evita cultivando el amor propio y el autoconocimiento”. 

¿A quién ves cuando te miras en el espejo? ¿Quién eres? ¿Qué te gusta? ¿Que disfrutas hacer? Estas son preguntas básicas sobre ti mismo. Mas, puedes ir poco a poco profundizando. ¿Qué te da miedo? ¿Qué te detiene? ¿Cómo reaccionas ante diferentes tipos de situaciones? ¿Qué lenguaje utilizas para referirte a ti mismo? 

Esta última pregunta es muy importante. A veces no nos damos cuenta de cómo nos castigamos, insultamos y desvalorizamos con nuestro diálogo interno. ¿Recuerdas a Shauna Shapiro en su charla TED sobre el poder del mindfulness? Comienza tu día frente al espejo y repite “(Tu nombre), buenos días, te amo”.

Breves tips

  • Dedícale unos minutos, no tienen que ser más de 5 al día, a tu cuidado y aseo personal. Una buena imagen exterior puede despertar a tu yo interno y mejorar tu confianza.
  • Encuentra ese algo que te motive a despertarte todos los días. Puede ser un hobby, un trabajo o algo tan simple como contemplar el sonido de los pájaros por un instante. Para la poeta Mary Oliver, un poema no tenía sentido si no incluía pájaros. En otras palabras, para ella la vida no parecía tener mucho sentido sin la naturaleza.
  • Sigue tus valores, tus creencias, tus instintos. Cree lo que creas porque así lo quieres creer y no porque alguien más te lo dice. Adiós a las comparaciones. Tu vida es única y es tuya.
  • Toma riesgos. Sal de tu zona de confort. ¡Vive!
  • Disfruta de estar solo. Y cuando te canses, rodéate de quienes te apoyen e impulsen a ser una mejor persona.

Prohibido olvidar

No quería dejar pasar esta semana sin compartirles un post. Un resfrío tardío y otras variables me han mantenido alejada del teclado. Sin embargo, les quiero compartir esta breve reflexión.

Prohibido olvidar

No hay día que vaya a entrenar, que mi coach no me aupe con un ¡vamos máquina! Ese parece haberse convertido en mi sobrenombre luego de la artritis. Le dice a mi esposo, “ahora no hay nada que la detenga”. Todos nos reímos.

Recientemente, recibí mis últimos exámenes de sangre de mi control. Una vez más, los resultados fueron gratificantes. Todo se encuentra dentro del rango. No hay señales de inflamación en el cuerpo. 

A veces recuerdo ese episodio de aproximadamente 4 meses de duración y parece una ilusión, pero a la vez muy real. Y es por eso que digo, prohibido olvidar. 

Todo obstáculo, sin importar su tamaño, nos enseña algo y nos permite valorar también. Así que:

 

  • Acepta que todo pasa por una razón, aun cuando no sepas cuál es en el momento dado o nunca llegues a saberla.

 

  • Enfrenta tus desafíos con y sin miedo. El miedo siempre estará, pero puedes dejarlo opinar solamente o puedes dejarlo mandar.

 

  • Desafíate, ve por más, sí se puede y vaya que es gratificante aprender y crecer.

 

  • No des nada por sentado, un cuerpo sano, tus habilidades, el poder percibir a través de todos tus sentidos, los suaves sonidos de la naturaleza, el color de las cosas, tus logros y bendiciones, tus fracasos, tus caídas, todas las veces que te has levantado…

 

  • Finalmente, confía en la abundancia. El universo sabe lo que hace.

Esfuerzo, constancia y decisión, ¿algo más?

Esfuerzo. Constancia. Decisión. Así terminé la entrada anterior y así comienzo esta. Comentaba que esta podía ser la combinación clave que ayudara a definir trabajo duro. Y mientras más investigo y reflexiono, tal vez funcione así.

Por ahí el refranero popular dice que aquello que más queremos, es aquello que más cuesta conseguir. Claramente quedándonos sentados, nada va a caer solo del cielo. Así que si realmente queremos algo en la vida, hay que salir a trabajar por ello, cueste lo que cueste. De allí la decisión y el esfuerzo. Sin embargo, ya sabemos que gran parte del éxito recae en la constancia, es decir, en salir a buscarlo el día 1 y el día 2 y el día 3 y todos los días.

Esfuerzo. Constancia. Decisión.

Ahora bien, ¿cómo vas a trabajar duro sin siquiera tener algo en qué trabajar? Hay que empezar por querer algo. Y no voy a entrar en las polémicas semánticas sobre el deseo. Eso es otro tema. Utilizaré estas palabras en esta entrada simplemente con el fin de ejemplificar.

Así que tomando en cuenta los tres elementos anteriores más algo que te mueva lo suficiente para querer trabajar duro por ello, llamémoslo pasión, pareciera entonces que no es trabajo duro lo que queremos definir, sino grit. Grit, de acuerdo a Angela Duckworth, científica investigadora en el tema, es “la combinación de perseverancia y pasión hacia metas de largo plazo”. Las personas con un alto nivel de grit parecen ser, según las investigaciones, aquellos que llegan lejos con lo que se han propuesto. Hay una gran cantidad de atletas, coaches y otras personalidades que han sido estudiadas por el alcance y éxito de su desempeño y la correlación con un alto grit. 

Y comienzo a hablar de grit por algo que menciona Duckworth al intentar definirlo. Grit no es solo trabajar duro y mostrarse resiliente, sino estar al servicio de algo que te apasione de tal forma que inclusive te da un sentido de propósito en la vida. Y no soy fan de las metas a ningún plazo, pero rescato el término con el fin de simplificar la explicación. En este caso, la meta que impulsa tu pasión y perseverancia “te importa tanto que organiza y le da significado a casi todo lo que haces” (Angela Duckworth). Así que caigas, pierdas, presentes obstáculos o te vaya bien, te levantas al día siguiente y sigues mejorando. Esa es la actitud y el comportamiento de una persona con alto grit. 

Y el grit no se detiene ahí. Según la misma autora, una persona considerada ejemplo de grit cuenta con (A) un interés, es decir, disfruta lo que hace. Asimismo, esa pasión la lleva a (B) la práctica y aquí viene la parte interesante. Tienes que tener la disciplina de practicar constantemente, pero la idea es mejorar, ser mejor al día anterior. “Tener grit implica resistirse a la complacencia”. Suena nuevamente a esa renuncia de elementos de una vida normal si lo que se busca es la extraordinaria. Y el perfil se completa con (C) un propósito y (D) la esperanza a tener la perseverancia que se requiere para continuar frente a los obstáculos, dificultades y dudas.

Reflexiones finales

Hoy en día hay documentales sobre Lady Gaga y otros artistas. Atletas, como boxeadores de la talla de Lomachenko y Anthony Joshua, publican videos sobre su entrenamiento y recorridos al éxito. Y sin irnos muy lejos, de seguro conoces a alguien a quien admiras por su dedicación, trabajo, esmero y empuje. 

Hay tantas cosas detrás del telón que no vemos. No es suficiente con ser una excelente cantante, con saber pelear a la perfección. Se necesita pasar horas practicando para mejorar. Se necesita analizar tus errores para aprender. Se trata de pararte y trabajar aun cuando te da flojera, así como abrazarte a tus valores e ideales y convertirlos en práctica viviente día tras día. Y luego, es tomar una mancuerna más pesada o salirte de tu zona de comfort para seguir avanzando y no quedarte en la práctica conocida. Como dicen sin dolor no hay gloria.

Tomarte más de una hora en llegar a la ciudad, luego de agarrar un autobús más el metro y otro trecho de caminata para ir a entrenar; practicar durante horas al día, una y otra vez hasta que la pirueta te sale como debe ser; sentir el dolor muscular con cada abdominal y hacer unos cuantos más (o como Muhammad Ali, empezar la cuenta cuando te duele); y volver al día siguiente, eso es trabajo duro. Y ese trabajo duro te va a llevar a ser un ejemplo de grit.

“Nuestro potencial es una cosa. Qué hacemos con él es otro tema completamente distinto”. -(Angela Duckworth)

Si quieres saber cómo está tu nivel de grit, completa este test (en inglés).

¿Qué significa e implica trabajar duro?

Últimamente no he podido dejar de pensar en el significado de trabajo duro. Y es por eso que en la entrada anterior quise rescatar mi consigna: “Sonríe, trabaja duro y sé valiente”. Me he topado con unos cuantos personajes que me han tumbado un poco mi definición.

De más joven siempre me consideré una persona trabajadora (según la definición de la RAE, como: “Muy aplicado al trabajo”). Y tal vez en el contexto en que me encontraba, tal lo era. Sin embargo, dejando el camino académico detrás y adentrándonos en el mundo real, todo parece apuntar a una actitud y comportamientos diferentes.

Y no se trata de ser perezosos. Ya reflexionábamos al respecto; una verdad punzante ciertamente. Y probablemente tengamos que volver a mencionar el concepto de vida extraordinaria. Empecemos entonces por recordar la siguiente frase:

A.

“Si quieres vivir una vida excepcional y extraordinaria, tienes que renunciar a muchas de las cosas que forman parte de una vida normal” (Srinivas Rao).

 

Voy a colocar un ejemplo de mi vida personal para rescatar la acción de renunciar a elementos de una vida normal y, probablemente más cómoda: 

Hoy en día nuestras tardes constan en su mayoría de entrenamiento de algún tipo. Antes, solíamos ir a cenar en algún restaurante o íbamos al cine. Aun salimos, aunque usualmente los fines de semana. No extraño mi vida pasada. No siento que estoy haciendo sacrificios. Mas, ciertamente la opción de entrenar ha implicado renunciar a algún otro entretenimiento más relajado. 

Me gusta una cerveza o un vino de vez en cuando. Hoy eso solo ocurre en una ocasión muy especial, y a veces ni siquiera. Fue una opción que tomé y una sustancia a la que renuncié cuando coloqué mi salud y rendimiento en primer plano.

Cuando hablo de nuestra salud, experimento lo que llamo y lo que es para mí una vida extraordinaria. Sin embargo, hay otras áreas en las que ese caminar por opciones distintas al promedio no se ve tan claro. Algo falta. Recordemos otra frase:

B.

“Un desempeño excepcional se debe realmente a la confluencia de decenas de pequeñas habilidades o actividades, cada una aprendida o descubierta, las cuales han sido transformadas cuidadosamente en hábitos para luego encajar en un todo. No existe nada extraordinario o sobrehumano en ninguna de esas acciones; solo el hecho de que son practicadas de forma consistente y correcta, y juntas, conducen a la excelencia” (Dan Chambliss).

 

De aquí destaco la consistencia. De acuerdo a la definición de Merriam Webster, dedicarse de forma constante, regular o habitual a un trabajo serio y vigoroso, te hace diligente, trabajador, es decir, trabajo duro. 

Pero en la frase también se menciona una práctica correcta. Necesitas habilidad y talento. No obstante, como explica Angela Duckworth en su libro Grit: The Power of Passion and Perseverance,

 

 “Sin esfuerzo, tu talento no es más que potencial frustrado. Sin esfuerzo, tu habilidad no es más que lo que pudiste hacer, pero que no hiciste. Con esfuerzo, el talento se convierte en habilidad y, al mismo tiempo, el esfuerzo hace de tu habilidad algo fructífero”.

 

Esfuerzo. Constancia. Decisión. ¿Podrá ser esta combinación la clave? 

¿Qué significa para ti trabajo duro? ¿Conoces a alguien que sea un ejemplo de trabajo duro para ti? Coméntanos. Seguiremos explorando este tema más adelante.

¿Te gusta mandar y dirigir? Este post es para ti

 

“Cada cambio [de etapa en la evolución humana] ocurre cuando somos capaces de alcanzar un punto de vista superior desde el cual miramos el mundo con una perspectiva más amplia” (Frederic Laloux – Reinventar las organizaciones).

 

Hace un año, les presenté 7 pecados en contra de la felicidad. Y uno de ellos era mostrarnos controladores de nuestra vida, de las situaciones y de la vida de los demás. En esta oportunidad, he optado por traer de vuelta este tema. En primer lugar, al querer controlar los resultados de nuestras vidas y de todo lo que pasa a nuestro alrededor, perdemos de vista el presente. Estamos más empeñados en fabricar escenarios que en vivir aquellos que realmente suceden. En segundo lugar, nos sumergimos en una constante burbuja de frustración e impotencia cada vez que las cosas no resultan como esperamos. Y en tercer lugar, hacemos de la vida de los que nos rodean un pequeño infierno. 

Y esta vez, quisiera agregar un nuevo elemento: el control como conexión al liderazgo. De acuerdo con la RAE, liderazgo es:

 

“Condición de líder [Persona que dirige… una colectividad o va a la cabeza entre los de su clase…]. Situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito”.

 

Me hace mucho ruido que en el diccionario se hable de ‘situación de superioridad’o de ‘ir a la cabeza entre’. Tal como se discutió en la misma entrada sobre los pecados en contra de la felicidad, la superioridad es su enemigo por excelencia. Y es tal vez por este sentido de superioridad que se ha tergiversado el concepto y propósito de un líder y las estrategias o formas de expresar su liderazgo. No puedo generalizar, pero asumo que en muchos casos se ve a un líder como aquel en una posición de poder versus un subordinado que carece de poder.

No obstante, tal como establece Kevin Kruse, en su artículo What Is Leadership?, liderazgo no tiene que ver con tu posición en una estructura organizacional, y yo incluiría familiar o de cualquier otra índole. Y más interesante aun, “liderazgo y gestión no son sinónimos”. 

 

“Típicamente, los gerentes gestionan cosas. Los líderes lideran personas” (Kevin Kruse). 

 

Dicho esto, el mismo autor incluye en la definición de liderazgo conceptos como proceso de influencia y maximización de los esfuerzos de otros para el cumplimientos de metas. Sé que todo esto suena muy corporativo. Sin embargo, se puede extrapolar a otras esferas de la vida diaria. 

No soy experta en el tema ni mucho menos, pero cuando me refiero a liderazgo, no solo hablo de un jefe de cualquier compañía. Considero que todos somos líderes en algún o en varios ambientes donde nos desenvolvamos. Por ejemplo, los padres pueden ser líderes. Las ‘cabezas de los hogares’ pueden ser líderes. Probablemente nos ponemos la chaqueta de líderes más veces de las que creemos, y a veces sin saberlo. Cómo vivimos genera una influencia en nosotros, en el ambiente y en quienes nos rodean. Dicha forma de vivir nos puede transformar en líderes. Y así sucesivamente.

¿Por qué entro en el tema de liderazgo? Porque tal vez eso es lo que nos hace falta, ser líderes en nuestros pequeños mundos. 

Unamos todas las ideas. Por un lado tenemos la visión de administradores. Uno administra sus tareas, sus actividades, sus hábitos. Uno administra su hogar y las cosas de casa. Y en algunos casos nos toca además administrar el trabajo de otros o encargarnos de proveer ciertas condiciones y elementos para que el trabajo de otros pueda producirse. 

Sin embargo, administrar no es sinónimo de control. Tú manejas tus cosas. No pretendas manejar las de los demás. Propón, organiza, sugiere métodos. Mas, no te cierres a que tus maneras son las únicas. Así que si te encuentras en una posición o rol de administrador, no te encierres en tu mundo. Menos ego, más equipo. 

Por otro lado, ya vimos que administrar o gerenciar no es lo mismo que liderar. Y liderar tampoco es lo mismo a controlar. Inspira, permite que otros crezcan, ayúdalos a crecer. Sé una influencia positiva en tu vida y en la vida de los demás. Así como el mundo evoluciona, también a nosotros nos toca evolucionar.

Ampliemos nuestra perspectiva. Seamos menos controladores. Busquemos mejores formas de administrar y convirtámonos más en verdaderos líderes.

Tal vez todas estas ideas suenen descabelladas o inconexas. Sin embargo, más a menudo de lo que parece, nos imponemos y asumimos roles de autoridad creyendo primero, que hace falta, y segundo que es nuestro deber o derecho asumir esa posición. Y lo queramos o no, nos volvemos autoritarios. Sin darnos cuenta, pisamos a otros. Y peor aun, no les permitimos desarrollarse, evolucionar. Si no dejamos que la larva pase por su estado de metamorfosis, no podremos disfrutar la belleza de una mariposa. 

Ya sea en tu familia, organización e inclusive contigo mismo busca ser mejor cada día. Busca crecer. Sé el ejemplo para que así, en lugar de ordenar, otros tal vez se te unan a la causa.

 

“Liderazgo es el arte de lograr que otro haga algo que tú quieres porque él quiere hacerlo” (Dwight D. Eisenhower).

El poder de la mente: Sí se puede

 

“Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”. (Wayne Dyer)

 

A principios de este año me diagnosticaron con artritis reumatoide. Es una enfermedad crónica, que para efectos de la medicina convencional, no tiene cura. Afecta principalmente las articulaciones generando rigidez y dolor. Es más usual en personas de edad. Sin embargo, puede llegar a afectar inclusive a niños.

Mi primera reacción

Recuerdo que estaba casi segura que ese sería el diagnóstico que recibiría. Me puse a leer sobre la enfermedad para saber mejor a qué me enfrentaba. Encontré sitios con muy buena información, tan buenos que caían en el exceso de información. Ese concepto un tanto enciclopédico estaba cargado de dramatismo. Era común leer sobre la gravedad de la enfermedad a medida que esta avanzaba en tu cuerpo. Sí, es cierto. Hay casos bien graves en relación a la artritis reumatoide. Mas, eventualmente te enteras que los casos graves representan un porcentaje muy pequeño.

Como me dijo uno de los doctores que consulté, mueres con la enfermedad, pero no por la enfermedad. Aunque igual suena un poco macabro… no exactamente lo que esperas para el resto de tu vida.

¿Información o desinformación? Miedo. 

No todo fue negativo. Descubrí un sin fin de blogs de personas jóvenes con artritis. Contaban su experiencia. Recuerdo haber leído la historia de una maratonista, que a pesar del dolor allí seguía con su sueño. Luego de sus entrenamientos quedaba hecha trizas, pero valía la pena. Su hijo sabía que por las mañanas no se le podía lanzar encima por su rigidez, debilidad y asumo que dolor.

Lo mejor de mi caso fue conseguir un doctor que en ningún momento me prohibió hacer nada, ni siquiera mi práctica de boxeo. Así es más fácil convencerte de que puedes seguir con tu vida de forma normal, o lo más normal posible. Claro, al principio tuve que hacer algunas modificaciones en mis entrenamientos. Incorporé yoga, reduje las horas de boxeo, no pegaba con fuerza, etc.

Después del miedo, viene la esperanza supongo. Y desde ese día declaré que la artritis no me vencería. Decreté que mi vida no cambiaría por ella. Mi nuevo lema: el dolor es miedo. Porque por miedo a sentir dolor, no te provoca moverte mucho. Pero no hay nada peor para cualquier enfermedad o situación que quedarse quieto. Te vuelves una tierra estéril.

Inclusive en una época se creía que el ejercicio podía empeorar la artritis. Ahora se sabe que ocurre todo lo contrario. Pero, vuelvo y repito, quedarse paralizado, inmóvil, quieto, echarse, no por padecer artritis, sino por cualquier otra enfermedad e inclusive situación de la vida, todo tiene el mismo efecto… esterilidad.

Mis primeras semanas

No voy a entrar en tanto detalle, dado que mi intención no es apelar a tu lástima, ni compasión ni nada similar. Sin embargo, no te puedo mentir que las primeras semanas no fueron tan fáciles. Caminaba lento y raro. Bajar las escaleras era un suplicio. Levantarme de la cama o del sofá era la peor parte. A veces no podía vestirme sola. Otras veces me sentía mejor y el día pasaba casi normal. 

Tenía la típica rigidez matutina que da con la artritis. A veces solo podía estirar las sábanas al tender la cama porque me dolían las manos como para alzar el colchón. Recuerdo que algunas mañanas lanzaba un brazo con la ayuda del otro hacia arriba para lograr estirarlo y alcanzar los gabinetes superiores de la cocina. Después de las primeras horas del día, la rigidez iba cediendo y podía moverme con mayor facilidad. 

Son esos momentos en los que te das cuenta que no puedes dar nada por sentado. Desde caminar hasta valerte por ti mismo. 

Tuve un par de episodios graciosos. Un día me quedé en un centro comercial sentada leyendo durante un par de horas mientras mi esposo salía del trabajo. Cuando me paré, lógicamente estaba tullida. Mientras mis articulaciones se iban calentando, quién sabe cómo estaría caminando que un guardia del mall se me acercó para preguntarme si estaba bien. Historias que quedaran en la memoria y en la risa…

Mi recuperación

Desde hace tiempo he querido escribir este post. No lo había hecho antes porque quería estar segura de lo que les voy a compartir a continuación.

Fue clave para mí toparme con mucho apoyo de parte de todos los que me rodean. Fue clave saber que una compañera boxeadora (literalmente compite) también tenía artritis. Si la vieran entrenando no sabrían que padece de algo. Inmediatamente me dio mucha esperanza. Me dije a mí misma, si ella puede pegar con la fuerza que lo hace y entrenar así de arduo, significa que eventualmente yo también voy a poder hacerlo. Con rodilleras puestas y dificultad para hacer algunos ejercicios, ahí empecé de nuevo mi entrenamiento.

Hoy, mi entrenador me llama guerrera porque recuerda cómo aun cuando tenía molestias, ahí estaba dando lo mejor que podía. Mientras más entrenaba, mejor respondía mi cuerpo. Al principio me dolía. Luego, mis articulaciones se iban ajustando a los movimientos. De hecho, los días que no entrenaba o hacía yoga o algún tipo de ejercicio, eran los días que notaba más la rigidez en mis articulaciones.

Vi documentales sobre el poder sanador de la mente. Vi documentales sobre el poder sanador del yoga. Fui a un retiro de meditación. Me hice sesiones de acupuntura. Y así poco a poco armé mi ritual. Todas las noches mientras me aplicaba crema en el cuerpo y una loción para el dolor muscular, me imaginaba que el mentol iba disolviendo la humedad y la inflamación, iba destruyendo los cristales de líquido, iba aniquilando a mis anticuerpos que decidieron erróneamente atacar a mi cuerpo. Me imaginaba con completa movilidad, sin ninguna restricción. Y agradecía la oportunidad de desarrollar mi fortaleza.

Enero… un mes en el que a veces parecía la Estatua de la Libertad. Febrero… un mes en el que todo cambió. El dolor en las rodillas desapareció. La rigidez matutina desapareció. Una que otra molestia de vez en cuando en los hombros. Un par de dedos que seguían hinchados en las manos. Yo seguía con mi ritual, mis ejercicios, mi mente positiva, mis medicamentos.

Hoy, puedo decir oficialmente que estoy en remisión. Y por esta razón, decidí contarles mi historia. Ya no soy yo inventando que el poder de la mente existe. Ya no soy yo escuchando el testimonio de otros de cómo se curaron cuando los doctores les señalaron que nunca sucedería. Ahora soy yo en carne y hueso sumando mi testimonio a lo inexplicable. Y saben por qué sé que la mente fue lo que más influyó, porque hasta mi doctor comentó, “se nota que todo está en su personalidad porque hay otras personas más gruñonas que nunca se curan”. No son comunes los casos de remisión. Según otro doctor que consulté, son tan raros que cada uno termina como artículo en una revista científica. El 20% me señaló. 

Y les voy a decir otra cosa. En febrero, en mi segundo control estábamos evaluando la posibilidad de agregar un nuevo medicamento al coctel. Pocos días después me iría de viaje de vacaciones. Y para finales de marzo tendría mi nuevo control y mis nuevos exámenes de sangre. Nunca voy a olvidar que internamente decreté, para esos próximos exámenes y para esa próxima consulta voy a estar sana. 

Heme aquí, tercer examen, tercer consulta, resultado remisión. Un brote que desapareció muy rápido, para mi fortuna.

No sé qué conclusiones saques de mi historia. No sé si creerás en el poder de la mente. Lo único que puedo humildemente decirte, es que todo es pensamiento. Y todo pensamiento es energía, energía que estás lanzando al universo. Y el universo siempre está allí escuchando, escuchando absolutamente todo. Así que por un lado, ten cuidado con lo que deseas. Por el otro, como cité a Wayne Dyer al principio de este post:

 

 “Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”.

 

Yo sí creo que nuestra mente juega un papel importante en lo que nos ocurre en la vida y en cómo enfrentamos nuestros retos. Yo sí creo que la mente nos enferma y la mente nos sana. Y hoy más que nunca no lo puedo negar. No digo que los medicamentos, medicina natural, alimentación y ejercicios no hayan jugado un papel importante en mi avance. No obstante, todo está en la actitud. Eso es innegable.

Espero que mi historia te sirva. Espero que mi testimonio te dé esperanza, propósito y una nueva visión de la vida. Como he dicho antes, no creo en imposibles. 

Cuando sueltas todo y escuchas…

Como te comentaba anteriormente, una de mis reflexiones tras 3 años y 100 posts como La coleccionista de puertas es escuchar antes que hablar. Tal como leí en una oportunidad, la vida creativa se trata de dejar el canal abierto. 

Cuando no sabes qué decir, cuando lo que quieres decir no viene a ti… Pues, considero a veces que esto pasa porque las palabras o tu vida tienen otro mensaje. Si escuchas atentamente, tal vez puedas escucharlo y transmitirlo.

Como quien dice, a veces es necesario nadar contra la corriente para vivir de acuerdo a tus ideales y valores. Sin embargo, otras veces se trata de dejar que la marea te lleve al lugar donde debes estar. En otras palabras, a veces hay que soltarse y seguir la corriente, aunque prefiero verlo como dejar que la vida te enseñe el camino a seguir. Y después, ya te toca decidir cómo responder a ello. Como dijo Viktor Frankl:

 

“El hombre no está totalmente condicionado y definido, sino que se define a sí mismo, ya sea que sucumba ante las condiciones o que haga frente a ellas”. 

 

Y que quede claro que no son solo palabras las que están bailando en el universo para ser escuchadas por cada uno de nosotros. La vida, la energía y el universo mismo utiliza un sin fin de maneras y medios para comunicarse contigo si estás dispuesto y abierto a recibirlo.

Sin más, hoy quiero compartirles lo que las palabras querían que dijera. Tras experimentar varias semanas de un poco de bloqueo creativo, y sin intención de convertir esto en un post, le escribí una carta, una escritura libre, a la musa de la inspiración. Y como apaño la idea de ser vulnerables, como sinónimo de coraje, humanidad y conexión, quiero compartirles esa reflexión.

 


13 de noviembre de 2018

Querida inspiración,

Estoy un poco estancada. Y sé que no debo esperarte para crear, para trabajar, para sentarme como casi todas las mañanas y dejar que las palabras fluyan. Sé que no te necesito para que la magia ocurra. Sin embargo, cómo ayuda cuando estás cerca de uno.

Tengo sentimientos encontrados. El contenido se está madurando dentro de mí. Sé que hay movimientos allí, pero no veo con claridad sobre qué debo escribir. Hoy escribí un poema que no sé ni de dónde salió. Me gustó, pero no sé si está profundamente conectado con mi mundo interior.

No me siento necesariamente perdida. Es decir, sé cuál es mi camino. Sé que debo seguir caminado no más. Pero, también siento como que hay algo que me estoy perdiendo, que no estoy viendo, o algo que me está haciendo falta.

Este fin de semana, salí a buscarte. Salí entre las calles, entre las pinturas y fotografías de artistas, entre esos detalles de la vida. Te encontré finalmente en las líneas de un libro, un libro que hasta que no lo terminé no pensé que me llenaría de la forma en que lo hizo. Y con mucha energía, actitud y firmeza, me dije a mí misma: vamos a salir a conquistar nuevamente esta vida. En eso ando. Mas, la tierra por donde estoy pisando está un poco resbaladiza. 

Inclusive me encuentro moviendo un poco las energías. Estoy pensando en explorar otras alternativas, una limpieza más metafísica; Nuevos cantos, profecías desconocidas… Todo con tal de encontrar esa baranda de apoyo para seguir construyendo camino.

Hoy, ni en el esfuerzo ni desafíos de mis maestros encuentro compañía. Hoy ni mis demonios internos aparecieron. Y no es una hoja blanca a la que le tengo miedo. Ya ves que palabras no faltan. El problema está en que no encuentro las adecuadas. Mejor dicho, no sé cuál es la historia, el relato, la fantasía, el problema que quieres que cuente. Y si no hay cuento, no hay narrativa.

Una muestra más que vulnerabilidad siempre hay, siempre estará y hay que abrazarla sin más. Hoy me expongo ante ti porque quiero mostrarte que a veces hay un poco de gris. No todas las pinturas se construyen con muchos colores. No siempre las obras quedan pulidas. También hay tesoros en lo bruto; No cerrar los ojos ante oportunidades un tanto oscuras. En todo y en todos está el arte, el arte de vivir, el arte de compartir, el arte de crear, el arte…


 

Hoy te invito a que seas vulnerable. Hoy te invito a que te abras a las oportunidades. Hoy te invito a que en silencio medites y escuches esa voz del universo. ¿Qué te está diciendo? No se trata de lo que quieras escuchar, sino de lo que quiere decirte. Abraza la incertidumbre, pinta con todos los colores, en escala de grises o con todo el arcoíris, y levántate una vez más.