De nuestros archivos: Cómo mostrarnos autocompasión

Esta semana y la próxima, quiero compartirles dos posts de nuestros archivos como parte de una especie de secuencia de ideas que quiero destacar. Cerraré este ciclo con un nuevo post donde espero poder unir estos conceptos y contarles más sobre esta secuencia.


Mucho se habla de la autocompasión. A veces fallamos. A veces las cosas no nos salen como queremos. Otras dejamos de hacer algo que habíamos planificado para el día. Queremos entregarnos a un antojo, pero nos sentimos culpables de optarlo. Tenemos las emociones a flor de piel. Frente a todos estos escenarios, se plantea la autocompasión como respuesta. Es parte de entender que somos humanos, imperfectos, sensibles. 

Sin embargo, qué es la autocompasión. Y más aun, cómo podemos practicarla de forma concreta. Exploremos estas dos interrogantes.

 

¿Qué es la autocompasión?

Según la especialista Dr. Kristin Neff, autocompasión es mostrar amabilidad y entendimiento (a uno mismo claro). Tal como simpatizamos con el sufrimiento de otros y buscamos ayudar, así mismo, nos toca entender que a nosotros nos pasa lo mismo y nos toca empatizar con nuestra persona. “Entendemos que el sufrimiento, fracaso e imperfección son parte de la experiencia humana compartida”.

De esta forma, en lugar de criticarnos o ignorar nuestro dolor, buscamos ser amables con nuestra situación. De lo contrario, lo único que lograremos es crearnos estrés y más frustración. No podemos pelear contra el mundo. Buscamos aceptación. Y junto con aceptar que las cosas a veces ocurren como ocurren, podemos empatizar con nuestro sufrimiento.

Otro punto importante a mencionar es que con la autocompasión buscamos equilibrar nuestra respuesta frente a las emociones negativas. No se trata de reprimirlas, pero tampoco exagerarlas. Y esto se logra al entender que somos parte de una experiencia humana compartida, es decir, que no estamos solos en esto. Andy Puddicombe, co-fundador de Headspace, utiliza esta estrategia como parte de la meditación. Cuando uno se da cuenta que no es el único que experimenta estrés, ansiedad o padecimiento, podemos poner en perspectiva nuestra experiencia.  

 

¿Cómo nos mostramos autocompasivos?

 

“Mientras más abras tu corazón a esta realidad [la idea que el fracaso, el error, frustración, limitaciones, etc. siempre van a estar presentes como parte de la condición humana] en lugar de pelear constantemente contra ella, más podrás sentir compasión para contigo y el resto de los  seres humanos frente a la experiencia de la vida” (Dr. Kristin Neff).

 

Como todo, requiere práctica. Sin embargo, hay varios métodos que podemos aplicar.  Me voy a enfocar en 3 ejercicios que plantea la misma Dr. Neff, dado que es la autoridad en el tema. 

Pero primero, la Dr. hace énfasis en que no buscamos reprimir, eliminar o ignorar nuestra experiencia. Como dije antes, no podemos controlar ni cambiar muchas cosas. Sí podemos aceptarlas y mejorar nuestra relación con ellas, responder conscientemente en lugar de reaccionar.

 

A. Existen meditaciones orientadas a la compasión

Pueden visitar el sitio Web de la Dr. Kristin Neff para descargar sus meditaciones (en inglés).

B. Pueden practicar alguno de estos ejercicios:

1. Cómo te comportarías con un amigo:

Imagina que estás hablando con un amigo. Qué le dirías frente a la situación que está experimentando. Cómo lo tratarías. Qué harías. Escríbelo.

Ahora haz lo mismo, pero imaginando una situación difícil que estés experimentado. ¿Cómo usualmente respondes? ¿Qué haces, qué te dices a ti mismo, en qué tono? Escríbelo.

Analiza y reflexiona si hay una diferencia en tu respuesta frente a ambas situaciones.

Practica tratarte a ti mismo como tratarías a un amigo.

2. Cambia el lenguaje autocrítico

Puedes llevar un diario o buscar la manera que mejor se te acomode para reflexionar y expresarte. Lo primero es entonces darte cuenta cuando te estás criticando. ¿Qué te dices a ti mismo cuando algo sale mal? Sé específico anotando las palabras que utilizas, el tono. Trata de identificar en qué momento surge ese diálogo interno, luego de qué cosas te pasaron. 

Una vez que identifiques ese diálogo interno, busca apaciguar tu lenguaje. La Dr. Kristin recomienda decir algo como “Sé que te preocupas por mí y te sientes inseguro, pero me estás causando dolor innecesario. Le permites a mi ser compasivo decir algunas palabras ahora?”

Ahora exprésate de forma positiva y con amabilidad. Puedes imaginar qué te diría un amigo. 

3. Break autocompasivo

Piensa en una situación estresante y difícil que estés atravesando. Préstale atención e intenta observar dónde en tu cuerpo sientes ese estrés e incomodidad. 

Luego, identifícalo, ponle nombre. Por ejemplo, estoy sufriendo, es doloroso, tengo ansiedad. Recuérdate que no eres la única persona en el mundo atravesando esta situación. Repítete a ti mismo, “no estoy solo”, “todos tenemos dificultades”.

Coloca tu mano en el corazón o muestra algún gesto físico de calidez hacia tu persona. Puede ser acariciar tu cabello, una palmada en el hombro, lo que te sea más cómodo. Y expresa alguna frase, puedes personalizarla, que signifique amabilidad para ti, una frase que te hable con relación a lo que estás viviendo.

En mi caso, me gusta repetirme “I’m beautiful, I’m strong, I’m courageous, and I love myself”. Otros ejemplos pueden ser “me perdono”, “estoy aprendiendo a aceptarme”, “seré paciente”, etc.

Practícalo en cualquier momento del día, en especial cuando necesites ese break. Recuerda: sé amable contigo mismo, recuerda que la experiencia humana es compartida, equilibra tu respuesta a tus emociones negativas.

———

Espero estos ejercicios te ayudan a cambiar tu lenguaje y cómo te tratas a ti mismo, en especial frente a situaciones difíciles. Este es un buen momento para comenzar a ejercitar el músculo de la autocompasión. 

Te recomiendo colocar en un espacio visible estas prácticas para que las tengas presentes y no olvides ejercitarlas. 

¿Estás atravesando alguna situación apremiante? ¿Has notado que te criticas de forma constante? ¿Te gustaría practicar alguna de las estrategias que te compartimos en este post? Cuéntanos tu experiencia.

Cómo mostrarnos autocompasión

Mucho se habla de la autocompasión. A veces fallamos. A veces las cosas no nos salen como queremos. Otras dejamos de hacer algo que habíamos planificado para el día. Queremos entregarnos a un antojo, pero nos sentimos culpables de optarlo. Tenemos las emociones a flor de piel. Frente a todos estos escenarios, se plantea la autocompasión como respuesta. Es parte de entender que somos humanos, imperfectos, sensibles. 

Sin embargo, qué es la autocompasión. Y más aun, cómo podemos practicarla de forma concreta. Exploremos estas dos interrogantes.

 

¿Qué es la autocompasión?

Según la especialista Dr. Kristin Neff, autocompasión es mostrar amabilidad y entendimiento (a uno mismo claro). Tal como simpatizamos con el sufrimiento de otros y buscamos ayudar, así mismo, nos toca entender que a nosotros nos pasa lo mismo y nos toca empatizar con nuestra persona. “Entendemos que el sufrimiento, fracaso e imperfección son parte de la experiencia humana compartida”.

De esta forma, en lugar de criticarnos o ignorar nuestro dolor, buscamos ser amables con nuestra situación. De lo contrario, lo único que lograremos es crearnos estrés y más frustración. No podemos pelear contra el mundo. Buscamos aceptación. Y junto con aceptar que las cosas a veces ocurren como ocurren, podemos empatizar con nuestro sufrimiento.

Otro punto importante a mencionar es que con la autocompasión buscamos equilibrar nuestra respuesta frente a las emociones negativas. No se trata de reprimirlas, pero tampoco exagerarlas. Y esto se logra al entender que somos parte de una experiencia humana compartida, es decir, que no estamos solos en esto. Andy Puddicombe, co-fundador de Headspace, utiliza esta estrategia como parte de la meditación. Cuando uno se da cuenta que no es el único que experimenta estrés, ansiedad o padecimiento, podemos poner en perspectiva nuestra experiencia.  

 

¿Cómo nos mostramos autocompasivos?

 

“Mientras más abras tu corazón a esta realidad [la idea que el fracaso, el error, frustración, limitaciones, etc. siempre van a estar presentes como parte de la condición humana] en lugar de pelear constantemente contra ella, más podrás sentir compasión para contigo y el resto de los  seres humanos frente a la experiencia de la vida” (Dr. Kristin Neff).

 

Como todo, requiere práctica. Sin embargo, hay varios métodos que podemos aplicar.  Me voy a enfocar en 3 ejercicios que plantea la misma Dr. Neff, dado que es la autoridad en el tema. 

Pero primero, la Dr. hace énfasis en que no buscamos reprimir, eliminar o ignorar nuestra experiencia. Como dije antes, no podemos controlar ni cambiar muchas cosas. Sí podemos aceptarlas y mejorar nuestra relación con ellas, responder conscientemente en lugar de reaccionar.

 

A. Existen meditaciones orientadas a la compasión

Pueden visitar el sitio Web de la Dr. Kristin Neff para descargar sus meditaciones (en inglés).

B. Pueden practicar alguno de estos ejercicios:

1. Cómo te comportarías con un amigo:

Imagina que estás hablando con un amigo. Qué le dirías frente a la situación que está experimentando. Cómo lo tratarías. Qué harías. Escríbelo.

Ahora haz lo mismo, pero imaginando una situación difícil que estés experimentado. ¿Cómo usualmente respondes? ¿Qué haces, qué te dices a ti mismo, en qué tono? Escríbelo.

Analiza y reflexiona si hay una diferencia en tu respuesta frente a ambas situaciones.

Practica tratarte a ti mismo como tratarías a un amigo.

2. Cambia el lenguaje autocrítico

Puedes llevar un diario o buscar la manera que mejor se te acomode para reflexionar y expresarte. Lo primero es entonces darte cuenta cuando te estás criticando. ¿Qué te dices a ti mismo cuando algo sale mal? Sé específico anotando las palabras que utilizas, el tono. Trata de identificar en qué momento surge ese diálogo interno, luego de qué cosas te pasaron. 

Una vez que identifiques ese diálogo interno, busca apaciguar tu lenguaje. La Dr. Kristin recomienda decir algo como “Sé que te preocupas por mí y te sientes inseguro, pero me estás causando dolor innecesario. Le permites a mi ser compasivo decir algunas palabras ahora?”

Ahora exprésate de forma positiva y con amabilidad. Puedes imaginar qué te diría un amigo. 

3. Break autocompasivo

Piensa en una situación estresante y difícil que estés atravesando. Préstale atención e intenta observar dónde en tu cuerpo sientes ese estrés e incomodidad. 

Luego, identifícalo, ponle nombre. Por ejemplo, estoy sufriendo, es doloroso, tengo ansiedad. Recuérdate que no eres la única persona en el mundo atravesando esta situación. Repítete a ti mismo, “no estoy solo”, “todos tenemos dificultades”.

Coloca tu mano en el corazón o muestra algún gesto físico de calidez hacia tu persona. Puede ser acariciar tu cabello, una palmada en el hombro, lo que te sea más cómodo. Y expresa alguna frase, puedes personalizarla, que signifique amabilidad para ti, una frase que te hable con relación a lo que estás viviendo.

En mi caso, me gusta repetirme “I’m beautiful, I’m strong, I’m courageous, and I love myself”. Otros ejemplos pueden ser “me perdono”, “estoy aprendiendo a aceptarme”, “seré paciente”, etc.

Practícalo en cualquier momento del día, en especial cuando necesites ese break. Recuerda: sé amable contigo mismo, recuerda que la experiencia humana es compartida, equilibra tu respuesta a tus emociones negativas.

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Espero estos ejercicios te ayudan a cambiar tu lenguaje y cómo te tratas a ti mismo, en especial frente a situaciones difíciles. Este es un buen momento para comenzar a ejercitar el músculo de la autocompasión. 

Te recomiendo colocar en un espacio visible estas prácticas para que las tengas presentes y no olvides ejercitarlas. 

¿Estás atravesando alguna situación apremiante? ¿Has notado que te criticas de forma constante? ¿Te gustaría practicar alguna de las estrategias que te compartimos en este post? Cuéntanos tu experiencia.

¿Sabes comunicar tus necesidades sin pelear?

Hasta el día de hoy, el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” es muy popular. Y más allá de las soluciones que plantea, el aspecto fundamental es que hombres y mujeres son distintos en su manera de abordar todo. Más aun, cada hombre y cada mujer son diferentes. 

Cada uno de nosotros tiene su manera de limpiar, ordenar, trabajar, organizarse, priorizar y enfrentar cada actividad o desafío. En nuestra mente, solidificamos nuestros métodos como eficientes y efectivos. En muchas oportunidades, inclusive los calificamos de acertados. Y si bien sabemos que hay muchas formas de llegar a Roma, nos gusta la nuestra, la recomendamos y la consideramos como LA manera.

Nos encerramos tanto en ESA manera, que asumimos que lo que es obvio para uno es obvio para otro. No entendemos por qué el otro no hizo las cosas como ERAN o por qué no obtuvimos el resultado deseado cuando fue OTRO quien se encargó de esa actividad. 

Nos molestamos porque quedó tirada la ropa en otro lugar al destinado para ello. Nos frustramos cuando nos toca HACER o CORREGIR la tarea del otro. ¡Por qué es tan difícil que entienda que esto SE HACE ASÍ!

Luego, conversas y recuerdas que tu mundo mental es Marte y el mundo del otro es Venus. Tú comunicas una idea y el otro la procesa e interpreta de otra. Es como jugar al telefonito. El mensaje pasa de persona a persona hasta que la última repite la frase que se le comunicó y resulta ser algo completamente distinto a la frase original.

Tal parece que la solución tiene que ver con mejorar la comunicación. Y sin embargo, es posible que se sienten a conversar las diferencias, y el ego y el control se apoderen de ti y no consigas nada. Por eso, hoy te presento un método para aliviar las tensiones y aprender a comunicar tus necesidades de forma no violenta.

 

La comunicación no violenta

“Es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí (y también cada uno consigo mismo) con empatía y eficacia. 

Enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones, sentimientos, ‘necesidades’ (deseos-metas) y peticiones a los demás (o a uno mismo) de un modo que evite el lenguaje evaluativo que etiquete o defina a los interlocutores o a terceros” (Elia Roca).

En otras palabras, este método busca generar un lenguaje sano y compasivo, una comunicación clara y un alivio para las frustraciones. Consta de cuatro pasos que exploraremos a continuación.

 

Los 4 pasos de la comunicación no violenta

  1. ¿Qué observas?

Anota alguna situación que te haya incomodado o que quieras mejorar. Y cuando te sientes a conversar, descríbele a la otra persona el hecho que observaste, sin incluir sentimientos ni opiniones. 

Por ejemplo: El otro día noté que al llegar del trabajo, te quitaste los zapatos, los dejaste en la sala y siguieron allí cuando nos fuimos a dormir.

  1. ¿Cómo te sientes?

Ahora, explora cómo te sentiste cuando ese hecho que observaste ocurrió. 

Por ejemplo: Me sentí frustrada por asumir tareas del hogar que no me corresponden, como fue recoger tus cosas a la mañana siguiente.

  1. ¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas para no sentirte de la manera en que lo expresaste en el paso anterior? Comunícaselo a la otra persona a continuación.

Por ejemplo: Necesito aligerar mi carga del hogar y saber que puedo confiar en que compartirás conmigo y cumplirás tu parte en dichas tareas.

  1. ¿Cuál es tu pedido?

La parte final de la comunicación no violenta implica hacerle un pedido a la otra persona, una especie de solución a tu problema. No obstante, es un pedido, no una orden. La otra persona puede tomarla, rechazarla o plantear otra cosa.

Por ejemplo: Te pido que por favor tengas más conciencia de dónde pones tus cosas. Así, al llegar a casa, si te vas a cambiar de ropa o quitarte los zapatos, guardes todo o lo dejes en el cuarto (en lugar de regadas por la casa).


 

Estos cuatro pasos son bastante simples. Sin embargo, la comunicación no violenta requiere práctica. No te desalientes si no sale muy bien a la primera. Estamos acostumbrados y programados a comunicarnos de una cierta forma. Toca reprogramarnos para respetar cada paso y ser efectivo, claro y respetuoso en lo que planteamos y cómo.

Prueba este método y cuéntanos qué te parece.

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

De nuestros archivos: 4 tips para que tu regreso de vacaciones no sea tan doloroso

¡A quién no le gusta tomarse unas vacaciones, y si podemos irnos de viaje mejor! ¿Cierto? En un post anterior, hablamos de la importancia de tomarse un break. Y no solo eso, discutimos los beneficios que nos aportan las vacaciones.

Si no eres un madrugador, estarás de acuerdo conmigo de que levantarse temprano es a veces muy difícil. Sin embargo, como siempre he dicho, no hay madrugada que valga más la pena si es para ir al aeropuerto. En ese instante, uno es capaz de dormir solo un par de horas, esperar unas cuantas más para abordar el avión y todos esos pequeños ‘sacrificios’ a la hora de viajar. 

Durante una, dos, tres semanas o el tiempo que hayas programado, te olvidas del trabajo, de las responsabilidades, de los quehaceres y te dedicas a disfrutar. Puede que te toque levantarte temprano para agarrar un tour. Puede que más bien hayas decidido tomarte las vacaciones con calma y lo que quieras sea echarte en una playa todo el día.

Y de repente, se te acabaron los días de relax. Ya toca volver a hacer las maletas para regresar a casa. No te quieres ir, pero no te queda de otra. Aunque, no sé si te pasa, pero a veces cuando te das cuenta de que ese retorno es inevitable, te inunda una sensación de ‘qué rico es volver a casa’. Por más que sea, la estabilidad y lo conocido también tienen sus beneficios. 

En fin, regresaste de tu viaje y el lunes retomas tu trabajo. ¡Uy, por qué, dirás tú! Suena el despertador y postergas el levantarte 5 minutos y 5 más y 10 más, hasta que o te paras o llegarás tarde. Te sientas en tu puesto de trabajo y te quedas mirando la pantalla. Tienes sueño, tu cabeza se quedó en la playa. Comienzas a revisar tus correos y empiezas a experimentar ese estrés y sensación abrumadora por todo lo que está pendiente.

Tú sabes cómo continúa la historia. Tal vez después de unos días o semanas todo volverá a su ritmo normal. Sin embargo, tal pareciera que al menos esos primeros días son todo un sufrimiento. ¿Será que se puede hacer algo para que el regreso de vacaciones no sea tan dramático y difícil?

Aquí te comparto algunos tips para que puedas despejar esa nube de tensión de vuelta al trabajo.

  1. Tómate unos minutos para clarificar

Una de las cosas que me ayuda a retomar mis actividades es tomarme un tiempo para reflexionar antes de empezar cualquier otra cosa. Como he dicho, es normal que al llegar de vacaciones se nos hayan acumulado tareas, correos, papeleo, trámites y demás. Y es natural que por un lado, sientas la necesidad de atacar todo. Y por el otro, no tengas ganas de hacerlo. No te dejes llevar por esa sensación abrumadora de cómo empiezo siquiera a manejar todas estas cosas. A mí me ayuda escribir. Me dedico a pensar cuáles son las tareas o actividades clave que quiero o necesito abordar en ese primer día y así sucesivamente con el resto de los días. No tienes por qué resolver todo el lunes. Y dudo que alguien espere de ti que así sea. Así que date el espacio y el tiempo para aclarar qué necesitas resolver hoy y qué puede esperar a otros días de la semana o inclusive a la semana siguiente. 

Te doy un ejemplo. Independientemente de todos los pendientes, sé que hay tres cosas importantes en mi día: escribir, investigar y leer. El resto puede esperar. Una vez que recuerdo eso y me enfoco en esas tres cosas, el ruido mental comienza a disminuir. Es increíble cómo luego inclusive me siento más calmada para abordar el resto de las cosas. Una vez que decides en qué concentrar tus energías, tus niveles de ansiedad disminuyen, dándote el espacio mental para abordar y programar tu agenda sin tanto estrés.

En esta misma línea, Raschelle Isip recomienda que ordenes tu espacio de trabajo. Es decir, no dejes todo el papeleo para después. Clasifica el material para que sepas de qué se trata y puedas procesarlo a medida que lo determines conveniente. Bota el correo que no te sirva y prepara tu escritorio para empezar el trabajo.

  1. Prioriza y obsesiónate

Tal como lo recomienda Morten Hansen, autor de “Great at Work“, haz menos y obsesiónate. ¿Ya determinaste las actividades más importantes para este día? Bueno, entonces elige la prioritaria y ponte a trabajar en ella, y solo en ella. 

En otra oportunidad, les compartí una herramienta que utilizo para priorizar el trabajo. Me refiero a PomoDone. No solo te permite evitar el multitasking y las distracciones, sino que también pones en práctica la técnica del pomodoro. Esta técnica ayuda a mejorar tu productividad y concentración.

(Si quieres saber más, no dejes de leer “Cómo ayudarnos a priorizar el trabajo”).

  1. Tómate las cosas con calma

Tomo prestado este tip de Raschelle Isip nuevamente. Los primeros días o semanas vas a estar atravesando un período de transición. Poco a poco irás recobrando las fuerzas. Poco a poco se te irá haciendo más fácil practicar tus hábitos. Con el tiempo, tu trabajo volverá a su ritmo natural. Dicho esto, tómate las cosas con calma. Con esto no quiero decir que no trabajes, que flojees ni nada por el estilo. Lo que quiero decir es que seas flexible. No pretendas resolver todo en un día. No te sobrecargues de trabajo por el tiempo que estuviste fuera. Tal como dije en el tip anterior, haz una cosa a la vez y poco a poco todo irá saliendo. No te martirices si no avanzas con la rapidez usual. Recuerda, más allá de cuánto progresas lo importante es progresar, es decir, show up.

  1. Programa días de descanso dentro de tus vacaciones

No todos los planes de vacaciones son iguales. Hay veces que planificamos vacaciones muy activas y otras que solo son de relajación. Independientemente de tu plan para tus vacaciones, planifica unos días al final para descansar del ajetreo de los tours y del corre corre. 

Las vacaciones son para conocer, para despejarse, para divertirse, pero también para descansar. No vale de mucho si llegas al trabajo más cansado de como te fuiste. Así que si algo he aprendido a lo largo de nuestros viajes, es que es necesario contar con un tiempo o unos días de margen. Primero, se evita el estar corriendo de un lugar a otro para alcanzar ver todo lo que tenías planificado. Y segundo, logras un mejor balance entre conocer y descansar. 

También, como señala Laura Vanderkam en su artículo “How to Come Back to Work After a Vacation Without Being Miserable”, prefiere el llegar un sábado que un domingo. Así, tendrás tiempo para reponer energías del viaje y organizar tus actividades antes del regreso al trabajo.

De nuestros archivos: ¡No dejes tus vacaciones para después! 12 beneficios de un merecido break

Vivimos en una era de productividad, competitividad y resultados. Cada vez trabajamos más. Salir tarde se ha vuelto la norma. Por ende, cada vez se nos hace más difícil balancear nuestra vida con el trabajo.

¿Cuántas personas conoces que no tomaron vacaciones este año o el pasado? ¿Cuántos días tienes acumulados, 15, 30, más? ¿Cuándo fue la última vez que te montaste en un avión por un viaje de recreación? ¿Tu familia se queja de que no compartes lo suficiente con ellos?

Si has respondido de forma afirmativa a alguna de estas preguntas, es posible que te sientas cansado, frustrado y abrumado. Piensas que tienes muchas cosas que hacer. Y tu bienestar ha quedado relegado a un segundo plano. Sin embargo, tarde o temprano tu cuerpo te puede pasar factura. 

Tal vez es hora de repensar cómo estás llevando tu vida. Tal vez te toque priorizar una vez más. O quizás, es momento de revaluar tus valores, filosofías y estándares de vida. Es posible que no sepas qué es importante realmente para ti y como consecuencia, le estés dedicando mayor esfuerzo y tiempo a asuntos menos significativos.

Así que, revisa cuántos días de vacaciones tienes disponibles, prepara tus maletas y a volar porque en este post te traigo 12 beneficios de tomarse un break. Y eso sí, apaga el celular y olvídate de llevar la computadora. El trabajo se queda en la oficina.

Beneficios de las vacaciones

Según diversas investigaciones y fuentes, les recopilo los múltiples beneficios físicos y psicológicos que tienen las vacaciones sobre nuestro cuerpo y mente. Y ojo, está claro que si las vacaciones nos ayudan a mejorar toda esta serie de aspectos, el no tomarlas genera el efecto contrario.

  1. Reducción del estrés

Quieras o no, te des cuenta o no, todos los días acumulas estrés. Si no hallas maneras de ventilarlo va a llegar un punto en que se te hará insostenible. Así que si quieres prevenir ‘quemarte’, tomarte un break puede despejar tu mente de aquello que usualmente te trae ansiedad y estrés, y así, reducir la tensión. Por si las dudas, aquí tienes un breve video sobre las consecuencias del estrés crónico.

  1. Prevención de enfermedades cardiacas

El mismo estrés puede producir aumento en tu presión arterial y ocasionar problemas cardiacos. Y como vimos en el beneficio anterior, las vacaciones nos ayudan a reducir nuestros niveles de estrés. Menos estrés, menos riesgo de padecer enfermedades. Es más, el efecto es tal que “inclusive el perderse las vacaciones un año, existe un mayor riesgo a sufrir enfermedades cardiacas”, señala Lolly Daskal en su artículo publicado en la revista Inc. ¡Imagínense, con solo perdérselas un año!

  1. Aumento en la productividad

Si bien al llegar de vacaciones experimentamos un proceso de transición que puede dificultarnos el regreso al trabajo (comentaremos más sobre esto en el siguiente post), tomarnos un break nos permite descansar, y por ende, ganar espacio mental para tomar mejores decisiones y enfocarnos en nuestro trabajo. Como señala la Dra. Susan Krauss, “las vacaciones tienen el potencial de quebrar el ciclo del estrés. Luego de unas vacaciones exitosas, emergemos sintiéndonos listos para enfrentarnos al mundo de nuevo”.

  1. Mejora en el sueño

Durante nuestras vacaciones, quebramos el ciclo de trabajar hasta tarde y por ende, dormir pocas horas. Además, al desconectarnos de nuestras preocupaciones y elementos ansiógenos, podemos enfocarnos en descansar. Inclusive puede que nos levantemos más tarde de lo usual. De hecho, según el Dr. Leigh Vinocur, es posible que ganemos en promedio una hora más de sueño (de calidad claro) y que inclusive nos llevemos estos mejores hábitos y patrones de sueño de regreso a la rutina.

  1. Mejoras en nuestra concentración

Como comentamos anteriormente, nuestra capacidad mental para concentrarnos, tomar decisiones y ser productivos mejora cuando nos liberamos del estrés. Así que, citando a Shannon Torberg en su artículo Importance of Taking Vacation, “tomarnos un break afina un cerebro en buen funcionamiento”.

  1. Aumento en tus niveles de felicidad

¡Los efectos comienzan inclusive al empezar la planificación de tus vacaciones! Además, a quién no le gusta conocer nuevos lugares, maravillarse con la naturaleza, bañarse en aguas cristalinas, caminar por arenas blancas o arenas negras más exóticas. ¿Estás sonriendo con tan solo leer e imaginarte esos escenarios?

  1. Mayor descanso y recuperación 

Ya lo he mencionado antes. Al tomarnos unas vacaciones, tenemos la oportunidad de desconectarnos de nuestras responsabilidades, preocupaciones y demás. Rompemos la rutina y nos recuperamos para poder enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.

  1. Amplitud en tu perspectiva de las cosas

No necesito un estudio científico para saber que al evidenciar las maravillas de este mundo, al conocer y entender nuevas culturas y acumular experiencias de este tipo puedo ser más tolerante, comprensiva, y por qué no, un poquito más sabia (o aprendiz, como dijo Sócrates, “yo solo sé que no sé nada”). El mundo se nos abre ante los ojos, las posibilidades son infinitas.

  1. Oportunidad de aprendizaje y convivencia intercultural

Este punto viene muy ligado al beneficio anterior. Y sobre todo se da cuando viajamos a países cuyas tradiciones y formas de hacer las cosas son distintas a las nuestras.

  1. Mayor bienestar general

Si no tenemos tanto estrés y estamos viviendo nuevas experiencias enriquecedoras, pues dos más dos es cuatro, nuestro bienestar va a mejorar significativamente.

  1. Fortalecimiento de los lazos afectivos

Al tomar vacaciones en familia, se consolidan los lazos entre tus seres queridos, creas recuerdos compartidos y también se ven mejoras en la comunicación, según estudios llevados a cabo por el Prof. Xinran Lehto.

  1. Reducción de la ansiedad y la depresión

A medida que nuestros niveles de bienestar y felicidad aumenten, disminuirán aquellos elementos contrarios a estas.

Ya sabes, no tomar vacaciones puede tener efectos perjudiciales en tu salud y relaciones. Asimismo, darte un break puede repotenciarte y ayudarte a enfrentar los retos de la vida. No lo pienses más. No postergues para el otro año lo que puedes hacer este.

Cómo liberar el resentimiento de forma saludable

Muchos creerán que la vida es injusta. Vivimos en una sociedad donde por mucho tiempo se ha fomentado la competencia. Esta competencia nos lleva a compararnos continuamente con el otro. Mi vecino se compró un carro nuevo. Este otro amigo acaba de comprar un departamento. Aquella persona vive siempre de punta en blanco con ropa de diseñadores. ¿Y yo? Mientras, yo vivo alquilado, sin carro, sufro para llegar a fin de mes, etcétera. 

¿Alguna vez te has visto involucrado en un diálogo interno como este?

El problema con las comparaciones es que no solo vives infeliz, sino que puedes caer en un mal manejo de tus emociones. El desear lo que otro tiene, el ver cómo aun no has logrado lo que otro ha logrado puede desencadenar en envidia, rabia, rencor y resentimiento.

Estas son emociones muy poderosas y peligrosas. Pueden llevar a despertar un instinto animal que ni sabías que tenías. ¿Crees que esas escenas de novela donde las personas se lanzan platos y floreros no pasan en la vida real? Sí pasan, porque cuando tus emociones se desbordan pierdes el control de ti mismo. Es tanta la energía acumulada en tus extremidades que necesitas liberarla de alguna forma. ¿Y cuál es la manera más lógica que se te ocurre en ese instante? Lanzar objetos, salir corriendo, gritar. Como decimos coloquialmente, tu sangre hierve, y puedes sentir ese calor en tu pecho, cuello y cabeza.

¿Y qué pasa luego? Una especie de efecto post adrenalina. Tu cuerpo tiembla a medida que se va calmando. Sientes una pesadez u opresión en el pecho. Después de un rato, puedes pensar nuevamente con claridad y te das cuenta de todo lo que acaba de ocurrir. Pero, sabes algo, cada vez que sometes a tu cuerpo a esos niveles de intensidad, estás aumentando tus probabilidades de sufrir enfermedades cardiacas. Con cada ataque de ira, disminuyes tu esperanza de vida.

 

¿Qué es o de dónde proviene el resentimiento?

 

“El resentimiento está basado en una o varias situaciones en las que nos sentimos tratados de manera injusta, lastimados, humillados, etc., sin haber sido capaces de defendernos y de expresar nuestro enojo” (Psic. Silvia Russek).

 

Según explica la Psicóloga Russek, el resentimiento consiste en sentir una y otra vez ese enojo por algo que vivimos en el pasado y que nos sigue atormentando porque no hemos podido perdonar. Nos surgen pensamientos como:

  • Se han aprovechado de mí.
  • La vida y las personas son injustas.
  • Los demás obtienen fácilmente las cosas.
  • He sido ignorado.
  • No me reconocen por mi labor.
  • Lo que hago no es suficiente.
  • Me han humillado, devaluado y discriminado.
  • Ese otro se cree mejor que yo.

¿Te reconoces en alguno de esos escenarios?

 

“Guardar rencor y buscar venganza nunca curan, no solucionan, no liberan, no mejoran… solo empeoran y mantienen la situación” (Psic. Sonia Castro).

 

Entonces, debe haber una manera más sana de desahogar estas emociones intensas, pensarás tú, ¿no? Exploremos.

 

Cómo liberarnos del resentimiento sin romper nada

 

  1. Desahoga y deja ir tu resentimiento: 

Reflexiona sobre quién sientes que te ha hecho daño. Piensa en las situaciones que pueden haber motivado tu resentimiento. Luego, déjalas ir. Como comenta la psicóloga Castro, “¿te apetece llorar? Llora. ¿Te apetece gritar? Grita. ¿Quieres poner por escrito [todo]? Escribe una carta. ¿Te apetece hablar […]?”

  1. Acepta y perdona:

Las cosas no siempre serán como nosotros queremos. No podemos controlar a otras personas ni a las situaciones. Acéptalo y sé flexible y compasivo contigo mismo. Solo te queda una dirección a seguir, y esa es hacia adelante. Recuerda que el pasado ya pasó y no lo puedes cambiar. Mas, cómo elijas vivir tu presente, esa es otra historia.

  1. Convive con tus emociones:

Cuando uno se sienta a meditar, lo que se busca es que poco a poco ganemos más conciencia de nuestro mundo interior. Tomar conciencia de nuestras emociones y pensamientos nos permite identificarlas al momento en que las estamos sintiendo. Y como ya saben, las emociones y pensamientos no son más que eso, nubes que pasan. No son la realidad. Son una realidad ficticia que nuestra mente nos quiere hacer creer como real. Puedes dejarte llevar por ellas o puedes aprender a responder adecuadamente. Recuerda, tu mente siempre es un cielo azul. Puedes elegir causar una tormenta u observar tus nubes y dejar que pasen.

Así que como sugiere Dan Mager, en su artículo 8 Strategies to Work Through Anger and Resentment, “observa tu resentimiento. Déjalo ser. […] Coloca espacio alrededor de este. Ve qué pasa”. 

  1. Examen de autoconciencia:

Varios autores señalan que analices hasta qué punto has contribuido a tu situación. Y en este sentido, lo que yo te invito es que más que ser víctima, te conviertas en protagonista. En el post anterior, te hablaba de que si solo cambiamos las estructuras externas y no modificamos nuestro hogar interior, el cambio será superficial.

Haz un examen de conciencia. Conéctate contigo mismo. Piensa cómo puedes levantarte y salir de esta nube negra del resentimiento. Como dijo Buddha, “aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien; eres tú quien se quema”.

¿Vas a seguir quemándote o como dice Johnnie Walker, vas a keep walking?

  1. Cuídate:

Una buena salud y auto-cuidado te ayudarán a tener energía, ánimo y motivación. No hay nada que el ejercicio y una buena alimentación no puedan sanar. Compleméntalos con alguna técnica de meditación o actividad que alimente tu espíritu.

Es momento de conectarse con la energía positiva. Lo negativo solo trae oscuridad y escenarios vacíos. Vamos a construir, no a destruir. La decisión está en tus manos.

¿Si tuvieras más dinero resolverías tus problemas?

La pregunta de las mil lochas. Si quisiéramos referirnos a cómo el dinero afecta nuestra felicidad, te diría que una vez alcanzado cierto ingreso, no mucho. Es decir, una vez que logras cubrir tus necesidades básicas y alcanzar ciertas comodidades, el dinero deja de afectar considerablemente tus niveles de felicidad. 

Si salimos a entrevistar personas en la calle, es muy probable que para muchos el dinero sea el elemento que buscan para ser felices. Sin embargo, tal como vimos en los 7 pecados en contra de la felicidad, ir detrás de bienes materiales va en detrimento de esta.

Ahora, olvidémonos de la felicidad. Sin importar tu ingreso actual, quieres vivir tranquilo (lo que sea que eso implique o signifique). Te pregunto entonces, ¿crees que el dinero va a resolver tus problemas?

Si yo tuviera que responder por ti y por mí y por muchos más, diría que evidentemente podría ayudar a nivelar la balanza, a quitarse un poco de peso de encima, pero hasta ahí. Como dijo recién el filósofo chileno Gastón Soublette (a propósito de la situación del país): 

 

“Una persona que quiere solo el cambio de estructura, ¿qué va a pasar? Se toma el poder. No ha cambiado él en su valor interno, en su ser interior, entonces se establece otro régimen y a poco andar surgen los mismos conflictos, bajo otras apariencias”.

 

No busco descontextualizar sus palabras. Mas, hay un mensaje muy interesante aquí. Tiene que ver con los cambios estructurales y la falta de cambio interno. Voy a dar un pequeño ejemplo.

Hoy ganas USD 1000 y eso te permite hacer ciertas cosas. A partir del próximo mes, ganarás USD 1500. En tu mente piensas, oh voy a tener USD 500 adicionales. Eso significa que voy a poder ahorrar. Si tus hábitos de gastos permanecen igual, te aseguro que a final del próximo mes, lo que te va a quedar de ahorro va a ser ínfimo. Hubo un “cambio estructural”, pero tus hábitos (“cambio interno”, si se quiere) permanecieron iguales. Tarde o temprano “surgen los mismos conflictos, bajo otras apariencias”.

¿Qué quiero decir con esto? A veces creemos que cuando recibamos tales beneficios o más dinero o esto o aquello nuestra vida va a cambiar. Sin embargo, si no hay un cambio interno, un cambio en nuestra forma de pensar, de hacer y de ver las cosas, no importa cuántos privilegios alcancemos. Aquello que queríamos lograr con esos cambios no va a ser muy efectivo. De alguna u otra forma, seguiremos padeciendo lo mismo.

Para cualquier cambio que quieras lograr, primero debes mirar dentro de ti. Tienes que limpiar tu casa internamente. Tienes que sacar los viejos paradigmas. Tienes que reemplazar los viejos hábitos. Tienes que hacer espacio para lo nuevo. Solo así y en ese momento, podrás abrir tus puertas a la abundancia, al cambio y a todo lo que buscas o consideras merecer.

¿Cuál va a ser tu posición ante un mundo convulsionado, construir o destruir?

Le he estado dando vueltas a la cabeza estos últimos días pensando en un mensaje a transmitir en estos tiempos de tanto disturbio y revuelo mundial. Desde ya, expresar que esta es mi opinión personal y que no está atada a ninguna orientación política. De hecho, parte de mi mensaje hoy es de tolerancia. Por ende, decir desde el principio que respeto la postura de cada quien.

En primer lugar, el que haya tanto descontento en distintos países puede significar algo positivo. Más allá de las razones del descontento o de las carencias o necesidades no cubiertas por quien sea, pudiera uno procurar ver esta manifestación como una necesidad de volvernos más humanos. Pareciera que el mundo entero está pidiendo un regreso a los valores fundamentales. Las distintas sociedades piden equidad, tolerancia e integración.

Estamos en el siglo XXI. Tantas cosas han cambiado. Sería ingenuo pensar que nosotros como seres humanos nos quedemos sin evolucionar.

En segundo lugar, precisamente entonces hago un llamado a la equidad, a la tolerancia y a la integración. Es cierto que es muy importante tener la posibilidad de expresar nuestra voz. Y me alegra que así pueda ser en la mayoría de los países. Seamos responsables entonces en cómo ejercemos nuestro derecho a expresarnos. El lenguaje, lo he dicho en otras oportunidades, es una herramienta poderosa. Puede construir y puede destruir (a nosotros mismos, a los demás y a las oportunidades). 

¿Cómo volvemos a nuestros valores? Expresándonos con sabiduría, respetando el espacio del otro, conversando y escuchando. Sé que a veces nuestras emociones nublan y se apoderan de nuestro lenguaje. Dichas emociones son más que válidas. Ahora te pregunto, ¿es posible tomarte un momento para enfriarte y pensar con más claridad? Recuerda, el cielo azul siempre está allí en tu mente. Los pensamientos y las emociones circulan por doquier. Déjalas pasar y reencuéntrate con ese cielo azul. En palabras más claras, lo que quiero decir es recurre a la sensatez. Tu opinión nunca va a dejar de ser válida, pero también la del otro. La única forma de construir y volver a nuestros valores es buscando puntos de encuentro. 

El mundo no es blanco y negro. Hay miles de caminos para llegar a Roma. El tuyo no es el único. Es más, es muy probable que la mejor solución a tus problemas sea una combinación de tu solución más la del otro. Por una parte, esto se llama negociación. Por la otra, se llama tolerancia, sensatez, constructivismo y objetividad. 

En la vida no siempre se logra todo lo que queremos tal cual lo queremos. No podemos esperar controlar a otras personas ni a las situaciones. Lo comentamos al discutir los pecados que van en contra de tu felicidad. Expresar nuestro descontento de forma tal de lograr nuestro cometido requiere inteligencia y apertura. Además, los cambios requieren de tiempo y pasos. Paso a paso se va construyendo una mejora para toda situación.

Siento que es tiempo de unir cabos. Desde donde sea que te encuentres, trasmite amor y no odio. El odio no resuelve. El apuntar a culpables no resuelve. Lo que pasó ya pasó y no se puede cambiar. El presente es lo que queda y es la esperanza para un futuro mejor. Usa mejor tu tiempo. Usa mejor tus recursos. Si tienes la posibilidad, propón. 

Es muy fácil quejarse. Y ojo, comprendo el sufrimiento, el padecimiento. Mas, si se hacen esfuerzos por construir, pero te vas a enfocar solo en lo que falta, en lo que no se incluyó, en que aun con esos esfuerzos no se va a llegar lejos, en efecto, no vas a llegar a ninguna parte. Considera que para llegar a la meta, hay que dar un primer paso. Si nada te hace estar conforme, nunca se va a dar ese primer paso y la meta, solo quedará como un chiste.

En resumidas, exprésate, sé constructivo, sé cuidadoso con tu lenguaje, sé parte de la solución y no solo una víctima de las circunstancias. No tienes que estar en una posición de poder para transmitir tolerancia, amor, unión, tranquilidad y bienestar.

Dependencia emocional: qué es y qué hacer

Lo prometido es deuda. Tal como comenzamos a explorar en el post ¿Te imaginas tu vida sin quienes te rodean?, es posible que tengamos algún vínculo de dependencia con nuestra pareja, amigos o familiares. 

¿Qué es la dependencia emocional?

Todo empieza por nuestra necesidad de interactuar con el otro. Luego, se forma un vínculo con esa persona. Sin embargo, en algunos casos de allí se puede pasar a desarrollar una especie de adicción por esa persona.

 

“Englobamos dependencia emocional dentro del marco de la dependencia afectiva o sentimental y consiste en un serie de comportamientos adictivos que se dan en una relación interpersonal donde existe una asimetría en el rol que asume cada persona” (IEPP).

 

Por ejemplo, según la psicóloga Paola Graziano, es usual el caso de relaciones donde una persona es dependiente y la otra dominante. ¿Y qué le sucede al dependiente? Pues, muestra “ansiedad ante la idea de abandono”. 

En el post anterior sobre este tema te preguntaba si te imaginabas sin las personas que te rodean, en especial aquellas de tus círculos más cercanos. Y si bien, todos necesitamos amistades, familiares y relaciones afectivas en general, “cuando nuestra felicidad está supeditada en exclusiva a una persona [y yo agregaría a un par de personas, por qué no], el sufrimiento es inevitable”. 

¿Y qué significa esto? Según Sara Clemente en su artículo “4 pasos para eliminar la dependencia emocional”, solemos perder nuestra autosuficiencia emocional. “Estamos supeditados a alguien hasta el punto de no pensar ni de actuar por nosotros mismos”.

¿Cómo saber si soy dependiente?

La misma autora nos proporciona una lista de indicativos. Aquí algunos:

  1. Tu felicidad se centra en una persona al punto de no disfrutar otra cosa que no sea estar con ella/él.
  2. Tu alegría depende de cómo te traten.
  3. Antepones los deseos de otros a los tuyos.
  4. Estás bien contigo mismo si te sientes querido.
  5. Tienes miedo a perder a esa persona de la cual dependes.
  6. Quieres tener el control de la vida de la otra persona para asegurarte de no perderla.
  7. La relación genera ansiedad, por ejemplo, siempre quieres más.

Considero que esto lo resume todo: “Lo que diferencia a una persona no dependiente es que cuando está solo puede tener momentos de melancolía, pero eso no le detiene para seguir disfrutando de otras facetas de su vida” (Sara Clemente).

¿Cómo construir relaciones saludables?

Una relación saludable puede ser la que Paola Graziano, en su blog Psicología Estratégica, llama dependencia horizontal:

 

Existe una “inter-dependencia entre personas adultas. Todas dan y reciben, se cuidan y se apoyan mutuamente”. 

 

Y como ya sabemos, para poder dar a otros, tenemos que empezar por darnos a nosotros mismos. “La dependencia emocional se evita cultivando el amor propio y el autoconocimiento”. 

¿A quién ves cuando te miras en el espejo? ¿Quién eres? ¿Qué te gusta? ¿Que disfrutas hacer? Estas son preguntas básicas sobre ti mismo. Mas, puedes ir poco a poco profundizando. ¿Qué te da miedo? ¿Qué te detiene? ¿Cómo reaccionas ante diferentes tipos de situaciones? ¿Qué lenguaje utilizas para referirte a ti mismo? 

Esta última pregunta es muy importante. A veces no nos damos cuenta de cómo nos castigamos, insultamos y desvalorizamos con nuestro diálogo interno. ¿Recuerdas a Shauna Shapiro en su charla TED sobre el poder del mindfulness? Comienza tu día frente al espejo y repite “(Tu nombre), buenos días, te amo”.

Breves tips

  • Dedícale unos minutos, no tienen que ser más de 5 al día, a tu cuidado y aseo personal. Una buena imagen exterior puede despertar a tu yo interno y mejorar tu confianza.
  • Encuentra ese algo que te motive a despertarte todos los días. Puede ser un hobby, un trabajo o algo tan simple como contemplar el sonido de los pájaros por un instante. Para la poeta Mary Oliver, un poema no tenía sentido si no incluía pájaros. En otras palabras, para ella la vida no parecía tener mucho sentido sin la naturaleza.
  • Sigue tus valores, tus creencias, tus instintos. Cree lo que creas porque así lo quieres creer y no porque alguien más te lo dice. Adiós a las comparaciones. Tu vida es única y es tuya.
  • Toma riesgos. Sal de tu zona de confort. ¡Vive!
  • Disfruta de estar solo. Y cuando te canses, rodéate de quienes te apoyen e impulsen a ser una mejor persona.