De nuestros archivos: La transitoriedad de los pensamientos

Como les comenté la semana pasada, hoy les comparto el segundo post de nuestros archivos, en este ciclo por recordar conceptos claves para sobrellevar los desafíos del día a día.


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He estado meditando sobre el concepto de impermanencia (si es que existe la palabra) o transitoriedad. Es una mirada distinta al cambio. Sabemos que todo está en constante movimiento, que nada es como ayer. El cambio es como la regla de medición. Y el cambio afecta también a nuestros pensamientos.

Los pensamientos no están escritos sobre roca. Lo que quiero decir con esto es que los pensamientos no son leyes. Son solo pensamientos. Lo que pensaste en este momento, puede cambiar en el segundo siguiente. Y cuando comprendemos esta transitoriedad de los pensamientos, un mundo de oportunidad se abre frente a nosotros.

Debo confesar que aun estoy abriendo esa puerta. Una revelación como esta es bastante profunda y a la vez súper simple. Por ende, no sé si aun comprendo en todos sus niveles lo que implica todo esto, el gran poder de decisión que tenemos en nuestras manos. Imagínense, ¡no tienes que hacer lo que tus pensamientos te dicen que hagas!

Suena muy obvio. Tú me dirás, pero claro que no tengo que hacer lo que los pensamientos me dictan. Ahora yo te pregunto, ¿estás seguro que comprendes esa realidad cabalmente? Lo pregunto porque honestamente, los pensamientos gobiernan nuestra vida. El caso más claro es cuando nos preocupamos por cosas que no sabemos si van a pasar. ¿Por qué hacemos esto? Por nuestros pensamientos, creando y dándole vueltas a escenarios imaginarios. ¿Pero si los pensamientos no son la ley, por qué nos dejamos llevar por ellos? Pregunta complicada.

Es jueves por la tarde. Surge ese pensamiento en tu mente sobre no querer entrenar. Comienzas a hilar una serie de “argumentos” que fundamenten ese pensamiento, como ‘estoy cansado’, ‘el trabajo hoy estuvo intenso’, etc. Armas el caso para decirte a ti mismo, ‘ok, hoy no ejercito, tal vez mañana’. 

A lo mejor estabas cansado, pero no necesariamente sin disposición o energía para entrenar. Tuviste un pensamiento. A lo mejor ni te diste cuenta de todo ese proceso mental, toda esa discusión interna. Sin embargo, pudiste haber dicho ‘ok pensamiento, sé que no quieres que entrene, pero eres solo una idea’. Paso seguido, te ejercitas. Los pensamientos no son acciones, no son leyes y son transitorios. 

Lo mismo sucede con las etiquetas. Te describes como esto o aquello (floja, ansioso, tímido, etc.). Todas esas características pueden ser simples pensamientos. Surge una situación y comenzamos otro proceso mental donde decimos algo como ‘no puedo hacer eso porque soy una persona que tira la toalla’. ¿Dónde está escrito que así eres? ¿Dónde dice que ese es tu único camino de acción? ¿Dónde dice que por describirte de una manera tienes que actuar de acuerdo a esa suposición?

Pensamientos… y son transitorios, repito. Todo está en nuestra cabeza. Y los convertimos en nuestros presidentes, cuando no son más que consejeros, elementos que traen consigo una opinión, pero no necesariamente un voto definitorio.

Según la física cuántica, todo es energía. Por ende, nuestros pensamientos son energía. Donde colocamos nuestros pensamientos, colocamos nuestra energía creadora. Lo que pasa por nuestros pensamientos, lo podemos crear, volver realidad. Al principio, no obstante, son solo eso, pensamientos, energía. 

Nos estamos definiendo y estamos definiendo nuestras acciones basándonos en supuestos, por un lado imaginarios, y por el otro, impermanentes, cambiantes. Entonces, cada uno de nosotros decide hacia dónde va a dirigir su energía y en qué la vamos a transformar. Podemos tomar la decisión consciente de qué hacer con esos rayos de energía que surgen en nuestra mente o podemos dejar que ellos decidan por nosotros.

¿Cuál opción eliges?

La transitoriedad de los pensamientos

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He estado meditando sobre el concepto de impermanencia (si es que existe la palabra) o transitoriedad. Es una mirada distinta al cambio. Sabemos que todo está en constante movimiento, que nada es como ayer. El cambio es como la regla de medición. Y el cambio afecta también a nuestros pensamientos.

Los pensamientos no están escritos sobre roca. Lo que quiero decir con esto es que los pensamientos no son leyes. Son solo pensamientos. Lo que pensaste en este momento, puede cambiar en el segundo siguiente. Y cuando comprendemos esta transitoriedad de los pensamientos, un mundo de oportunidad se abre frente a nosotros.

Debo confesar que aun estoy abriendo esa puerta. Una revelación como esta es bastante profunda y a la vez súper simple. Por ende, no sé si aun comprendo en todos sus niveles lo que implica todo esto, el gran poder de decisión que tenemos en nuestras manos. Imagínense, ¡no tienes que hacer lo que tus pensamientos te dicen que hagas!

Suena muy obvio. Tú me dirás, pero claro que no tengo que hacer lo que los pensamientos me dictan. Ahora yo te pregunto, ¿estás seguro que comprendes esa realidad cabalmente? Lo pregunto porque honestamente, los pensamientos gobiernan nuestra vida. El caso más claro es cuando nos preocupamos por cosas que no sabemos si van a pasar. ¿Por qué hacemos esto? Por nuestros pensamientos, creando y dándole vueltas a escenarios imaginarios. ¿Pero si los pensamientos no son la ley, por qué nos dejamos llevar por ellos? Pregunta complicada.

Es jueves por la tarde. Surge ese pensamiento en tu mente sobre no querer entrenar. Comienzas a hilar una serie de “argumentos” que fundamenten ese pensamiento, como ‘estoy cansado’, ‘el trabajo hoy estuvo intenso’, etc. Armas el caso para decirte a ti mismo, ‘ok, hoy no ejercito, tal vez mañana’. 

A lo mejor estabas cansado, pero no necesariamente sin disposición o energía para entrenar. Tuviste un pensamiento. A lo mejor ni te diste cuenta de todo ese proceso mental, toda esa discusión interna. Sin embargo, pudiste haber dicho ‘ok pensamiento, sé que no quieres que entrene, pero eres solo una idea’. Paso seguido, te ejercitas. Los pensamientos no son acciones, no son leyes y son transitorios. 

Lo mismo sucede con las etiquetas. Te describes como esto o aquello (floja, ansioso, tímido, etc.). Todas esas características pueden ser simples pensamientos. Surge una situación y comenzamos otro proceso mental donde decimos algo como ‘no puedo hacer eso porque soy una persona que tira la toalla’. ¿Dónde está escrito que así eres? ¿Dónde dice que ese es tu único camino de acción? ¿Dónde dice que por describirte de una manera tienes que actuar de acuerdo a esa suposición?

Pensamientos… y son transitorios, repito. Todo está en nuestra cabeza. Y los convertimos en nuestros presidentes, cuando no son más que consejeros, elementos que traen consigo una opinión, pero no necesariamente un voto definitorio.

Según la física cuántica, todo es energía. Por ende, nuestros pensamientos son energía. Donde colocamos nuestros pensamientos, colocamos nuestra energía creadora. Lo que pasa por nuestros pensamientos, lo podemos crear, volver realidad. Al principio, no obstante, son solo eso, pensamientos, energía. 

Nos estamos definiendo y estamos definiendo nuestras acciones basándonos en supuestos, por un lado imaginarios, y por el otro, impermanentes, cambiantes. Entonces, cada uno de nosotros decide hacia dónde va a dirigir su energía y en qué la vamos a transformar. Podemos tomar la decisión consciente de qué hacer con esos rayos de energía que surgen en nuestra mente o podemos dejar que ellos decidan por nosotros.

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Una estrategia para evitar posponer lo inevitable

[Te traemos una nueva modalidad para que elijas cómo prefieres experimentar nuestras publicaciones. Si eres de los que les gusta más leer, en el próximo párrafo podrás encontrar la entrada de esta semana. Si por el contrario, te gustan más los podcasts o audiolibros, haz clic en el botón de play a continuación para escuchar este post. Nos encantaría escuchar tus impresiones.]

Todos tenemos tareas en nuestras agendas que no nos encanta hacer. Son aburridas y repetitivas. Nos dan fastidio. Sin embargo, son necesarias. Así como nos bañamos todos los días, toca limpiar la casa, lavar la ropa, fregar los platos, hacer las compras de supermercado. Agrega a esa lista aquellas tareas que a veces postergas con la esperanza de que desaparezcan o se hagan solas.

El problema con esa esperanza es que a menos que tengamos una Robotina o algún artefacto que lo haga por nosotros, si es que existe, alguien debe encargarse de ellas. Y hasta que no se completen, no solo no van a desaparecer, sino que van a crear más daño con el tiempo.

Les doy un ejemplo. Todos los lunes nos llega nuestra caja de verduras, una caja que, debo agregar, no es nada pequeña. Y dado que me gusta guardar las cosas en la nevera ya lavadas, pues ese mismo día me toca lavar las compras para que no se pudran. Los lunes, también, eran mis días de limpieza. Así que esta era la imagen. Me levantaba a inicio de cada semana sabiendo que todo el día iba a estar limpiando y luego en la tarde, ya agotada físicamente de la labor, venía la limpieza de las verduras.

¡Ni hablar de la carga mental con la que amanecía todos los lunes!

Algunas semanas, el sistema funcionaba perfecto. Limpiaba, llegaban las verduras, las arreglaba y terminaba el día con broche de oro. Otras semanas, limpiaba una parte sí, otra no, a veces nada. Las verduras más de una vez quedaron en su caja en la entrada del departamento esperando que alguien hiciera algo al respecto. Cada vez que caminaba por el pasillo, veía la caja. Cada vez que veía la caja, comenzaba a darle vueltas a la cabeza. 

—“No he lavado las verduras”.

—“Se van a dañar. No podemos estar botando comida así no más”.

—“Es mucho trabajo, no quiero hacerlo”.

Y con esos pensamientos, la carga de no haber hecho la tarea, la culpa de que las verduras seguían allí, y cualquier otro sentimiento al ver la casa sucia y las tareas no completadas…

¿Les suena familiar el escenario? 

Tal vez en tu caso sea esa ropa que dejaste arrugando dentro de la lavadora porque te dio fastidio colgar; o el cerro de platos que se acumularon luego de cada comida; el remolino que pasó por tu escritorio y que no ordenaste al terminar de trabajar, etc.

Eso se llama “overthinking”. Y uso el término en inglés porque es corto, las maravillas del lenguaje. Pero, en su traducción, pues pensamos mucho sobre un asunto. Le damos vueltas en la cabeza una y otra vez. El pensamiento rumia en nuestra mente día tras día.

Algo tenía que hacer para mejorar este asunto. Y como ya saben, me encanta un experimento. Además, les comenté algunas entradas atrás de cómo los sistemas son necesarios, pero a veces muy estructurados y cerrados. Y eso para mí, los vuelve frágiles. ¿Cómo entonces crear hábitos que nos ayuden a desempeñar nuestras labores sin sentirnos encajonados? Buena pregunta. Aun no tengo del todo la respuesta.

Lo que sí puedo contarles es mi nueva estrategia para despejar un poco mi mente. 

 

¿Cómo trabajar mi overthinking?

Según Anne Bogel, autora del libro “Don’t Overthink It”, este rumiar se define como “pensamientos repetitivos, dañinos y poco productivos que nos hacen sentirnos mal, mientras que no nos conducen a nada”.

Por ende, “cuando postergamos el hacer esa tarea que no queremos hacer, mantenemos ese asunto desagradable justo en nuestras narices por mucho más tiempo del necesario”. Y eso nos lleva a concentrarnos en los aspectos negativos asociados a esa tarea.

Más aun, esos “ciclos abiertos consumen energía mental, ocupan espacio en nuestro cerebro y nos ruegan por monitorearlos como ‘tareas en progreso’”. 

Cómo pasarlos de ‘tareas en progreso’ a ‘tareas completadas’, pues a través de esta simple frase que la autora propone: cerrar ciclos.

Ya sabemos lo poderoso que puede ser el lenguaje. Pues usualmente, no se trata de cambiar una actividad, sino nuestra actitud frente a ella, refrasear en nuestra mente la tarea en mano. Evitar el “hay que”, “tengo que” y remplazarlo por “elijo”, “tengo la oportunidad de”, “opto por”. Lo mismo pasa en este caso.

Llegan las verduras y “opto” por procesarlas de inmediato para “cerrar el ciclo” y no pasar días pensando en ello. Libero mi espacio mental para enfocarme en las cosas que realmente importan.

Así que ahora, cada vez que me enfrento a alguna tarea aburrida o desagradable, pero necesaria, y me veo en la tentación de abandonarla a medio camino, me repito a mí misma “voy a cerrar el ciclo”. Es simple, pero poderoso. Y más si lo ato a la idea de cuidado personal, uno de mis pilares.

 

“Ser un adulto responsable es la forma más infravalorada de autocuidado. Sí, me refiero a: vive acorde a tus medios, pide cita con el dentista, ahorra dinero, planifica las comidas, lávate la cara antes de ir a dormir, ve a dar un paseo, cocina para personas, mantén tu casa limpia, acuéstate a una hora decente, todas esas cosas aburridas. Las rutinas mejoran todo en tu vida y esta es absolutamente la forma de autocuidado más ignorada y subestimada” (Sarah Bessey).

 

Cuidarte a ti mismo no se trata solo de comer sano, hacer ejercicio y utilizar productos naturales. Cuidarte a ti mismo involucra cuidar de tus espacios internos y externos.

La próxima vez que no quieras hacer algo, no la pospongas. En ti está la decisión de parar el ruido mental que te producirá el resto de la semana. Busca un refrán, una frase o utiliza la de Anne Bogel y ahora mía también; esa frase que frene la retahíla viciosa de tus pensamientos en el acto y te lleve a cerrar ciclos.

 

Overthinking no es solo una molestia; cada minuto que invertimos pensando de más es un minuto que no invertimos en las cosas valiosas” (Anne Bogel).  

 

El llamado de la naturaleza

 

Mis 5 prácticas para mantener el estrés a raya, en especial ahora

Con el mensaje de quedarse en casa y distanciarse, ha estado circulando material para mantener nuestra salud emocional. Como comentaba en el post anterior, es natural estar estresado ante situaciones desconocidas y fuera de nuestro control, y ahora más que nuestras rutinas se han visto alteradas. Así que luego de que me preguntaran qué cosas se podían hacer para aliviar el estrés, decidí juntar todas las prácticas que he utilizado desde hace un tiempo y otras nuevas que me han ayudado en estos momentos.

5 Estrategias para aliviar el estrés en tiempos inciertos

 

  1. Medita

Necesitas solo un par de minutos para esta práctica. Yo recomiendo mínimo 5. Procura meditar en el mismo momento del día para que lo hagas hábito. Yo prefiero en las mañanas antes de empezar el día como tal.

  • Busca un lugar donde no te vayan a molestar o interrumpir.
  • Siéntate en una posición cómoda. Puede ser en el piso, silla, sofá, etc.
  • Coloca un timer por el tiempo de la práctica.
  • Cierra los ojos.
  • Tómate unos segundos para notar el peso de tu cuerpo sobre la silla o piso, el peso de tus manos sobre las piernas, los sonidos que escuchas a tu alrededor.
  • Luego, tómate otros segundos para recorrer tu cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Observa cómo se siente, tenso, pesado, ligero (no intentes cambiar nada).
  • Ahora por el resto de la práctica, concéntrate en tu respiración. ¿Dónde sientes el movimiento? Puede ser en la boca del estómago, pecho, por ejemplo. Si te ayuda, cuenta hasta 10, uno con la inhalación y dos con la exhalación y así sucesivamente. Al llegar a 10, comienza el conteo otra vez. 
  • Al finalizar el tiempo, abre los ojos y tómate unos segundos antes de pararte a hacer otra actividad. 

Si lo prefieres, hay aplicaciones para guiarte. Ya les he mencionado que utilizo Headspace. Hay otras.

Nota importante: La meditación no consiste en dejar la mente en blanco. Eso no es posible. Por el contrario, la idea es tomar conciencia de nuestro mundo interior y ser meros observadores, es decir, no dejarnos llevar por los pensamientos y sentimientos, sino darnos cuenta de que esos procesos están ocurriendo. Así que si un día tu cabeza no para y no te deja concentrarte en la respiración, está bien. Vuelve la atención a tu respiración cuantas veces sea necesario. Habrá días donde la práctica será más fácil y otros en los que costará más.

2. Lleva un diario

Puede ser físico o digital. El medio no importa mucho. Lo importante es descargar los pensamientos y sentimientos. No quiero sonar repetitiva, pero esta práctica ayuda a clarificar, a despejar la mente, a calmar la ansiedad y a conocerse a uno mismo. Si lo prefieren, compartan sus pensamientos con algún amigo. Cuando nos expresamos, eso que pesaba en nuestra mente, pierde un poco de peso.

3. Vuelve al momento presente

Este punto más que una práctica es un recordatorio. Recuerden que nuestras preocupaciones y sentimientos suelen estar arraigados en eventos del pasado o del futuro. Al volver al presente, podemos aliviar esa carga imaginaria de aquello que, una vez más, no podemos controlar. Aquí algunas prácticas para volver al ahora:

  • Trata de darte cuenta cada vez que te paras o te sientas. Puede ser también ganar conciencia sobre ese momento en el que tu ansiedad comienza a sentirse tanto física como mentalmente. Otra alternativa es darte cuenta cada vez que agarras el teléfono (¿te has percatado que la mayoría de las veces lo haces por reflejo y no porque ibas a hacer algo concreto?)
  • Como conversamos anteriormente, haz una lista con las cosas que te preocupan. Concéntrate en aquellas que son accionables y traza un plan.
  • Recupero una vez más el ejercicio que compartió Elizabeth Gilbert. En ese instante de ansiedad, piensa en 5 cosas que ves, 4 cosas que escuchas, 3 cosas que sientes, 2 cosas que hueles y 1 que saborees.
  • Siempre puedes volver a la respiración, ese pequeño ejercicio que hacemos en la meditación. Sigue tu respiración mientras inhalas y exhalas. Quédate allí el tiempo que sea necesario.
  • Escucha música, pero no la pongas solo como fondo, sino conscientemente préstale atención, la melodía, la letra. 

4. Practica algún deporte o hobby 

Hay actividades que tienen el poder de ayudarnos a olvidar todo lo que pasa en nuestro alrededor, excepto eso en lo que estamos concentrados haciendo. En mi caso, es el boxeo. Se requiere tanta atención que no hay forma que tu cabeza divague. Para ti puede ser un hobby. Explora y encuentra esa práctica que te enganche y te obligue en cierta forma a concentrarte en ella y nada más. Una vez la encuentres, practícala de forma recurrente.

5. Toma aire fresco

Sé que en momentos de cuarentena, y si no tienes balcón o patio, este punto puede ser un poco difícil. Abre la ventana y quédate ahí un rato. Ver el paisaje, sentir la brisa en la cara, refresca. Es como si el viento se llevara esos pensamientos ruidosos con ella. Queda solo lo que observamos y esa energía positiva creativa e inspiradora. Sonó un poco poético, pero pruébalo y verás a qué me refiero.

 


Quisiera finalizar compartiendo un tip que escuché a propósito de la situación mundial actual. Tómate unos minutos al día y date permiso de preocuparte. Deja que tu cabeza rumie y luego, sigue adelante.

Si tienes algún otro tip o práctica que utilizas para aliviar el estrés, compártela en la sección de comentarios.

Mi plan para conseguir tranquilidad a pesar de la crisis

Vivimos momentos tensos. Como seres humanos no lidiamos bien con la incertidumbre. Nos encanta tener el control de las cosas. Mas, el control es fugaz, ilusorio. 

La semana pasada les envié un recordatorio y un llamado a concentrarnos en aquello que sí podemos controlar y hacer. Esta semana quiero contarles mi plan para disfrutar y vivir esta nueva normalidad de la mejor manera posible.

Para quienes me conocen, saben que me encanta el orden. Me encanta tenerlo todo planificado, al menos lo que se puede. Así que he decidido utilizar estas capacidades para sobrellevar la crisis. Y más que sobrellevar, es poder concentrarme en mis actividades y no solo en el coronavirus.

Mi plan para aislarme un poco de la crisis

Antes que nada, no estoy haciendo un llamado a tomarse la crisis como un chiste. Sin embargo, y dado que esto va a durar meses, es necesario tener límites y espacios de tranquilidad o más que enfermarnos físicamente, nos vamos a enfermar mentalmente. Mi plan consiste en cuatro fases. Lo he imaginado de esta forma. Cada fase es como una mancuerna que llevo en la mano. Con cada fase que culmino, suelto esa mancuerna, y con ella el peso que acarreaba. Es una metáfora, y les recomiendo visualizarlo, para aliviarnos de la preocupación constante por esta pandemia.

A lo mejor la planificación no es tu fuerte. Y por eso el mensaje no es a seguir mis fases. La idea es que cada uno idee un mecanismo para lidiar con sus demonios internos y externos, y así conseguir un poco de paz y espacio mental. Como ya dije, en mi caso, planificar me tranquiliza.

Fase 1: Preparación

Esta fase consiste en abastecerme de lo necesario para quedarme en casa tranquila. Esto incluye comida, medicamentos, productos de higiene y aseo y todo lo que necesite para trabajar, ejercitarme y llevarme todas “mis rutinas” (en la medida de lo posible) a la casa.

Como siempre, seamos prudentes para no desabastecer. Es preparación, no compras de pánico.

Fase 2: Limpieza y desinfección

La limpieza no es una actividad desconocida para nadie. Sin embargo, dadas las recomendaciones de la OMS y otros expertos, es posible que requiramos hacer ajustes a nuestra limpieza, y en especial, a la desinfección.

En mi caso, necesitaba sentir que la casa estaba preparada y que podía tocar con confianza las superficies. No se trataba de perfección, sino de hacer lo que estaba a mi alcance para prevenir que este virus llegara a nuestra familia. Por eso, aproveché para limpiar eso que a uno se le olvida o que no limpia con mucha frecuencia, como cojines, cortinas, manillas, etc. Así, la semana pasada emprendí una labor de tres días para llevar esta fase con mayor profundidad.

Una vez preparada la casa para el aislamiento, ¿qué viene?

Fase 3: Sistema fluido

Mi trabajo siempre ha sido desde casa. Sin embargo, eso no significa que puedo estar dedicando tres días todas las semanas solo a limpiar y desinfectar. Además, no se imaginan el cansancio físico y mental que eso implica. De hecho, lo que todos necesitamos, es que nuestro sistema no se colapse por estas circunstancias.

Por eso, he diseñado un sistema, aun está en etapa de experimentación, que permita incorporar nuevas tareas (tareas que no hacíamos o que nos toca retomar), sin abandonar nuestras rutinas previas ni generar caos.

No sé ustedes, pero cada vez que leía “desinfecte con frecuencia”, me preguntaba, qué significa “frecuencia”. No encontré una respuesta clara, pero en una oportunidad leí algo como “ojalá y pueda desinfectar tal cosa varias veces al día” (cara de shock). Ideen un sistema que consideren prudente y sostenible, esto último es muy importante. 

Mis sistemas matutino, de trabajo y nocturno siguen en pie. Esto incluye actividades desde meditación, trabajo, hasta ejercicios. Tenemos dos tareas “nuevas”: cocinar y desinfectar. Estamos trabajando en un calendario para probar en qué momento se nos acomoda más cocinar. Y en cuanto a la otra tarea, coloqué notas por cada área de la casa para no olvidar ni pensar en qué es lo que tenemos que desinfectar.

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Nuestro cerebro es una herramienta de procesamiento de información no de almacenamiento de datos. Si establezco que los lunes y viernes voy a limpiar, es más liberador (al menos para mí) darle check a la lista de superficies a desinfectar, que cada vez empezar por recordar qué toco de forma frecuente. Es un paso que le quito a mi cadena de procesamiento mental.

El título de esta fase lo dice todo. Un sistema permite darle fluidez a las tareas y actividades. Es hacerlas hábito. Tiene que hacerte sentido. Tiene que ajustarse a tus tiempos y necesidades. De esta manera, podrás garantizar que el proceso ocurra y que no se convierta en obstáculo o ruido.

Fase 4: Esperar con paciencia y presencia

No estamos en cuarentena, sino aislamiento voluntario. Al momento de esta publicación llevaremos siete días de distanciamiento. Mientras esperamos los 14 días oficiales, esperando que no presentemos ningún síntoma, queda tener paciencia. Y más que esperar, es vivir. Frente al miedo de contagio, toca aprovechar cada día que seguimos sanos. ¿Cómo? Volviendo al presente cada vez que nuestra mente se quede ansiosa o estancada en noticias, miedos y preocupaciones. Aquí les dejo un método que compartió la escritora Elizabeth Gilbert en su Instagram (en inglés):

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Nombra:

  • 5 cosas que puedes ver en este momento
  • 4 cosas que puedes escuchar
  • 3 cosas que puedes sentir
  • 2 cosas que puedes oler y
  • 1 cosa que puedes saborear

Mantén la calma. Permanece en tu ahora. Quédate en casa y cuídate. Pronto saldremos de esta.

Cómo sobrellevar la situación de convulsión mundial actual

No recuerdo si les conté que mi artritis volvió. Volvió a finales del año pasado, muy suave comparado con la primera vez. Y la razón, al menos para mí, fue la misma también: incertidumbre = ansiedad. Tal pareciera, difícil saberlo a ciencia cierta, que va poco a poco calmándose. Sin embargo, tantas cosas están pasando en el mundo ahora que dije, “hay que estar mosca porque ni sin querer queriendo voy a empeorarla”.

¿Qué está pasando? Creo que no hace falta que describa mucho la situación. Ya sabemos que estamos en medio de esta pandemia del coronavirus. En algunos lugares decrece, en otros crece. En algunos países las medidas de distanciamiento social están más estrictas que en otros. Comienza el teletrabajo y la educación a distancia. Y todo lo que ya saben. En nuestro caso, hay un componente político adicional, que ha traído consigo otros elementos. Sin embargo, no voy a profundizar dado que no deseo añadir más alarma.

Mas como diría uno, un buen coctel. Y cada uno de ustedes agregará más ingredientes a esa bebida según sea su situación.

 

¿Qué hacer entonces?

Rescato esta imagen que me compartieron y que traduje para estos propósitos. 

Control

 

  1. Puedo tomar algunas acciones como:
  • Prepararme para una posible contingencia teniendo en casa comida, productos de cuidado personal, medicinas y demás que se puedan necesitar (no excesivo tampoco, hay que compartir con los demás).
  • Poner en práctica medidas preventivas contra el virus (lavarse las manos de forma exhaustiva, vacunarse contra la influenza, distanciarse socialmente, etc.).

2. Puedo poner límites manteniendo controlado el ruido informativo.

3. Puedo esperar que todo vaya a mejor: confiar en la abundancia.

4. Puedo invertir mi tiempo en cosas que me agreguen como:

  • Mi escritura y lectura

5. Puedo cuidarme a mí misma con:

  • Ejercicio
  • Alimentación balanceada
  • Meditación
  • Suficientes horas de sueño
  • Esparcimiento

6. Puedo tener consideraciones con otros como:

  • Taparme la boca al toser o estornudar.
  • Respetar los protocolos de salud que se me indiquen.
  • Saludar con distancia por mera precaución.
  • Respetar sus decisiones.
  • Empatizar con su situación o angustia.

7. Puedo interpretar lo que pasa por lo que es: observar sin agrandar ni añadir. 

Pasará lo que tenga que pasar. Vale la pena una dosis de preocupación para tomar acciones. El resto hay que dejarlo ir porque no tenemos el control sobre ello y por ende, no hay mucho más que podamos hacer al respecto; observar y ser partícipes cuando nos toque.

Te invito a reflexionar y rellenar tu lista con aquello que puedes controlar. Guárdalo como recordatorio. Si quieres, haz otra lista con lo que te preocupa pero sabes que no puedes controlar. Quémala.

¿El estrés es dueño de tu vida? Déjalo ir

¿Qué pasa cuando no tienes nada que decir? Quiero decir, ¿qué pasa cuando como escritor no sabes qué escribir? Muchos lo llaman el miedo a la página en blanco. Mas, en esta oportunidad quiero utilizar esa página en blanco como metáfora de nuestro día a día.

En nuestras sesiones de meditación enfocadas en el manejo del estrés, se nos menciona constantemente cómo circulan por nuestra mente pensamientos y emociones. Algunas las aplaudimos, pero con otras mostramos resistencia. Y en ese espacio entre lo que está sucediendo y lo que queremos que suceda, reside el estrés (Andy Puddicombe). 

Si por el contrario, nos damos cuenta de lo que sentimos, es decir, no rechazamos la emoción, pero luego la dejamos ir, estamos aceptando la realidad tal como es. Lo mismo que con la página en blanco. 

Eventualmente, encontrarás la solución, si es que se requiere, para lo que estás enfrentando. Aunque por lo general, no es una solución lo que necesitas, sino simplemente aceptación. Cuando sueltas esa resistencia, esa necesidad de control sobre las circunstancias, podrías sorprenderte de los resultados. 

Por ejemplo, de una página en blanco, ya van cuatro párrafos; una idea que no tenía concebida en mi mente cuando me senté a escribir. Es más, ocurrió así. Sé que viene la hora del día en que me siento a trabajar en mis posts. Me tomé mi té usual para despertarme un poco luego del almuerzo. Revisé mis correos y redes sociales para espabilarme aun más. Y no me quedó de otra que abrir el app de PomoDone y darle play a mis primeros 25 minutos de trabajo en el blog. Por unos minutos me quedé viendo la pantalla. El reloj de PomoDone seguía avanzando. 

Y de repente, una idea, una palabra. Y como recomienda Elizabeth Gilbert, agárrate fuerte a ese pequeño hilo, no importa qué tan delgado sea. No importa si te conduce a algo o no. Solo tómalo y síguelo. Así llegó a lo que se convirtió en su novela “The Signature of All Things”. De esa misma manera, este post ha cobrado vida.

Nuestro mundo interno, nuestro mundo espiritual, nuestra mente requieren de constante trabajo y cuidado. Nuestros pensamientos y emociones son nuestros principales saboteadores. Todos tenemos una voz interna que nos frena. Todos escuchamos esas palabras aterradoras. Y nos la pasamos frenando el tráfico interno porque no queremos lidiar con al realidad o porque nos resulta abrumadora. 

No me canso de decir que la vida es una sola. Pasarla estresados, usualmente por pequeñeces, realmente no vale la pena. Y cuando no son pequeñeces, pero no puedes hacer nada al respecto, no puedes cambiar los resultados, entiende que no hay control, pensamiento ni ansiedad que modifiquen nada. Tú eres tu propio juez. Tú me dirás si vale la pena sacrificar tu propia salud y bienestar. 

Recuerda, si no te cuidas a ti mismo, no podrás cuidar a nadie más. Can you give me an Amen? (#Rupaul).

Deja de buscar, solo abre los ojos

“No busques la próxima oportunidad. La que tienes en frente es la oportunidad”. (Paul Arden)

No quiero iniciar otro post sobre la importancia de vivir en el presente, ni en qué consiste enfocarnos en el ahora. Sin embargo, hay algo de esta frase de Paul Arden que me llama mucho la atención.

Recuerdo cuando recién nos mudamos de departamento, mi mente no dejaba de viajar entre todas las ideas de decoración que tenía. Me imaginaba esta pared de tal color. Aquí vamos a poner tal cosa. Se necesita este otro mueble. Muy divertido el proceso si te gusta diseñar. ¿Pero?

Hay veces en que las cosas que queremos lograr, cambiar o modificar llevan tiempo. ¡Lastimosamente no podemos decir 1,2,3 Rebecca y así de fácil! 

[Tal vez mi referencia no es global, pero de alguna manera no podía dejar de incluirla. Si quieres saber su origen, date un paseo por YouTube.]

Cuando comienzas a hacer toda una lista de las cosas por comprar, por ejemplo, el cambio comienza a resultarte abrumador. No solo te va a tomar una eternidad llegar al estado que quieres llegar, sino que piensas en la inversión y en un sin fin de cosas más. Esto por dar un ejemplo, pero se aplica a cualquier proceso de cambio, cualquier meta o sueño, etc.

Mi punto, a veces el disfrute no está en la transformación en sí, sino en tu estado actual. No te estoy diciendo que dejes de mejorar o soñar o esto o aquello. Sigue trabajando por ello. Pero durante el proceso, no dejes de mirar a tu alrededor y de saborear el espacio que ya tienes, la persona que ya eres porque la oportunidad está aquí.

Inclusive a veces no es un cambio lo que se necesita, sino preguntarse, cómo le puedo sacar el máximo a mi situación actual. En el trabajo, ¿estaré dando todo lo que puedo dar o es más fácil rendirme y buscar otro empleo? En la vida personal, ¿estoy sabiéndome mejor que ayer o es que cuando logre tal cosa podré decir lo logré? En las relaciones, ¿estoy presente o me distraigo continuamente y después ando quejándome?

La simplicidad de las cosas, creo que en eso se resume la idea. Cómo nos gusta complicarlo todo, agregar, adornar, a veces en exceso. De vuelta a la sencillez. El sol no va a dejar de brillar porque lo coloreemos con más o menos rayitos alrededor.

Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh