Mi plan para conseguir tranquilidad a pesar de la crisis

Vivimos momentos tensos. Como seres humanos no lidiamos bien con la incertidumbre. Nos encanta tener el control de las cosas. Mas, el control es fugaz, ilusorio. 

La semana pasada les envié un recordatorio y un llamado a concentrarnos en aquello que sí podemos controlar y hacer. Esta semana quiero contarles mi plan para disfrutar y vivir esta nueva normalidad de la mejor manera posible.

Para quienes me conocen, saben que me encanta el orden. Me encanta tenerlo todo planificado, al menos lo que se puede. Así que he decidido utilizar estas capacidades para sobrellevar la crisis. Y más que sobrellevar, es poder concentrarme en mis actividades y no solo en el coronavirus.

Mi plan para aislarme un poco de la crisis

Antes que nada, no estoy haciendo un llamado a tomarse la crisis como un chiste. Sin embargo, y dado que esto va a durar meses, es necesario tener límites y espacios de tranquilidad o más que enfermarnos físicamente, nos vamos a enfermar mentalmente. Mi plan consiste en cuatro fases. Lo he imaginado de esta forma. Cada fase es como una mancuerna que llevo en la mano. Con cada fase que culmino, suelto esa mancuerna, y con ella el peso que acarreaba. Es una metáfora, y les recomiendo visualizarlo, para aliviarnos de la preocupación constante por esta pandemia.

A lo mejor la planificación no es tu fuerte. Y por eso el mensaje no es a seguir mis fases. La idea es que cada uno idee un mecanismo para lidiar con sus demonios internos y externos, y así conseguir un poco de paz y espacio mental. Como ya dije, en mi caso, planificar me tranquiliza.

Fase 1: Preparación

Esta fase consiste en abastecerme de lo necesario para quedarme en casa tranquila. Esto incluye comida, medicamentos, productos de higiene y aseo y todo lo que necesite para trabajar, ejercitarme y llevarme todas “mis rutinas” (en la medida de lo posible) a la casa.

Como siempre, seamos prudentes para no desabastecer. Es preparación, no compras de pánico.

Fase 2: Limpieza y desinfección

La limpieza no es una actividad desconocida para nadie. Sin embargo, dadas las recomendaciones de la OMS y otros expertos, es posible que requiramos hacer ajustes a nuestra limpieza, y en especial, a la desinfección.

En mi caso, necesitaba sentir que la casa estaba preparada y que podía tocar con confianza las superficies. No se trataba de perfección, sino de hacer lo que estaba a mi alcance para prevenir que este virus llegara a nuestra familia. Por eso, aproveché para limpiar eso que a uno se le olvida o que no limpia con mucha frecuencia, como cojines, cortinas, manillas, etc. Así, la semana pasada emprendí una labor de tres días para llevar esta fase con mayor profundidad.

Una vez preparada la casa para el aislamiento, ¿qué viene?

Fase 3: Sistema fluido

Mi trabajo siempre ha sido desde casa. Sin embargo, eso no significa que puedo estar dedicando tres días todas las semanas solo a limpiar y desinfectar. Además, no se imaginan el cansancio físico y mental que eso implica. De hecho, lo que todos necesitamos, es que nuestro sistema no se colapse por estas circunstancias.

Por eso, he diseñado un sistema, aun está en etapa de experimentación, que permita incorporar nuevas tareas (tareas que no hacíamos o que nos toca retomar), sin abandonar nuestras rutinas previas ni generar caos.

No sé ustedes, pero cada vez que leía “desinfecte con frecuencia”, me preguntaba, qué significa “frecuencia”. No encontré una respuesta clara, pero en una oportunidad leí algo como “ojalá y pueda desinfectar tal cosa varias veces al día” (cara de shock). Ideen un sistema que consideren prudente y sostenible, esto último es muy importante. 

Mis sistemas matutino, de trabajo y nocturno siguen en pie. Esto incluye actividades desde meditación, trabajo, hasta ejercicios. Tenemos dos tareas “nuevas”: cocinar y desinfectar. Estamos trabajando en un calendario para probar en qué momento se nos acomoda más cocinar. Y en cuanto a la otra tarea, coloqué notas por cada área de la casa para no olvidar ni pensar en qué es lo que tenemos que desinfectar.

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Nuestro cerebro es una herramienta de procesamiento de información no de almacenamiento de datos. Si establezco que los lunes y viernes voy a limpiar, es más liberador (al menos para mí) darle check a la lista de superficies a desinfectar, que cada vez empezar por recordar qué toco de forma frecuente. Es un paso que le quito a mi cadena de procesamiento mental.

El título de esta fase lo dice todo. Un sistema permite darle fluidez a las tareas y actividades. Es hacerlas hábito. Tiene que hacerte sentido. Tiene que ajustarse a tus tiempos y necesidades. De esta manera, podrás garantizar que el proceso ocurra y que no se convierta en obstáculo o ruido.

Fase 4: Esperar con paciencia y presencia

No estamos en cuarentena, sino aislamiento voluntario. Al momento de esta publicación llevaremos siete días de distanciamiento. Mientras esperamos los 14 días oficiales, esperando que no presentemos ningún síntoma, queda tener paciencia. Y más que esperar, es vivir. Frente al miedo de contagio, toca aprovechar cada día que seguimos sanos. ¿Cómo? Volviendo al presente cada vez que nuestra mente se quede ansiosa o estancada en noticias, miedos y preocupaciones. Aquí les dejo un método que compartió la escritora Elizabeth Gilbert en su Instagram (en inglés):

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Nombra:

  • 5 cosas que puedes ver en este momento
  • 4 cosas que puedes escuchar
  • 3 cosas que puedes sentir
  • 2 cosas que puedes oler y
  • 1 cosa que puedes saborear

Mantén la calma. Permanece en tu ahora. Quédate en casa y cuídate. Pronto saldremos de esta.

Cómo sobrellevar la situación de convulsión mundial actual

No recuerdo si les conté que mi artritis volvió. Volvió a finales del año pasado, muy suave comparado con la primera vez. Y la razón, al menos para mí, fue la misma también: incertidumbre = ansiedad. Tal pareciera, difícil saberlo a ciencia cierta, que va poco a poco calmándose. Sin embargo, tantas cosas están pasando en el mundo ahora que dije, “hay que estar mosca porque ni sin querer queriendo voy a empeorarla”.

¿Qué está pasando? Creo que no hace falta que describa mucho la situación. Ya sabemos que estamos en medio de esta pandemia del coronavirus. En algunos lugares decrece, en otros crece. En algunos países las medidas de distanciamiento social están más estrictas que en otros. Comienza el teletrabajo y la educación a distancia. Y todo lo que ya saben. En nuestro caso, hay un componente político adicional, que ha traído consigo otros elementos. Sin embargo, no voy a profundizar dado que no deseo añadir más alarma.

Mas como diría uno, un buen coctel. Y cada uno de ustedes agregará más ingredientes a esa bebida según sea su situación.

 

¿Qué hacer entonces?

Rescato esta imagen que me compartieron y que traduje para estos propósitos. 

Control

 

  1. Puedo tomar algunas acciones como:
  • Prepararme para una posible contingencia teniendo en casa comida, productos de cuidado personal, medicinas y demás que se puedan necesitar (no excesivo tampoco, hay que compartir con los demás).
  • Poner en práctica medidas preventivas contra el virus (lavarse las manos de forma exhaustiva, vacunarse contra la influenza, distanciarse socialmente, etc.).

2. Puedo poner límites manteniendo controlado el ruido informativo.

3. Puedo esperar que todo vaya a mejor: confiar en la abundancia.

4. Puedo invertir mi tiempo en cosas que me agreguen como:

  • Mi escritura y lectura

5. Puedo cuidarme a mí misma con:

  • Ejercicio
  • Alimentación balanceada
  • Meditación
  • Suficientes horas de sueño
  • Esparcimiento

6. Puedo tener consideraciones con otros como:

  • Taparme la boca al toser o estornudar.
  • Respetar los protocolos de salud que se me indiquen.
  • Saludar con distancia por mera precaución.
  • Respetar sus decisiones.
  • Empatizar con su situación o angustia.

7. Puedo interpretar lo que pasa por lo que es: observar sin agrandar ni añadir. 

Pasará lo que tenga que pasar. Vale la pena una dosis de preocupación para tomar acciones. El resto hay que dejarlo ir porque no tenemos el control sobre ello y por ende, no hay mucho más que podamos hacer al respecto; observar y ser partícipes cuando nos toque.

Te invito a reflexionar y rellenar tu lista con aquello que puedes controlar. Guárdalo como recordatorio. Si quieres, haz otra lista con lo que te preocupa pero sabes que no puedes controlar. Quémala.

¿El estrés es dueño de tu vida? Déjalo ir

¿Qué pasa cuando no tienes nada que decir? Quiero decir, ¿qué pasa cuando como escritor no sabes qué escribir? Muchos lo llaman el miedo a la página en blanco. Mas, en esta oportunidad quiero utilizar esa página en blanco como metáfora de nuestro día a día.

En nuestras sesiones de meditación enfocadas en el manejo del estrés, se nos menciona constantemente cómo circulan por nuestra mente pensamientos y emociones. Algunas las aplaudimos, pero con otras mostramos resistencia. Y en ese espacio entre lo que está sucediendo y lo que queremos que suceda, reside el estrés (Andy Puddicombe). 

Si por el contrario, nos damos cuenta de lo que sentimos, es decir, no rechazamos la emoción, pero luego la dejamos ir, estamos aceptando la realidad tal como es. Lo mismo que con la página en blanco. 

Eventualmente, encontrarás la solución, si es que se requiere, para lo que estás enfrentando. Aunque por lo general, no es una solución lo que necesitas, sino simplemente aceptación. Cuando sueltas esa resistencia, esa necesidad de control sobre las circunstancias, podrías sorprenderte de los resultados. 

Por ejemplo, de una página en blanco, ya van cuatro párrafos; una idea que no tenía concebida en mi mente cuando me senté a escribir. Es más, ocurrió así. Sé que viene la hora del día en que me siento a trabajar en mis posts. Me tomé mi té usual para despertarme un poco luego del almuerzo. Revisé mis correos y redes sociales para espabilarme aun más. Y no me quedó de otra que abrir el app de PomoDone y darle play a mis primeros 25 minutos de trabajo en el blog. Por unos minutos me quedé viendo la pantalla. El reloj de PomoDone seguía avanzando. 

Y de repente, una idea, una palabra. Y como recomienda Elizabeth Gilbert, agárrate fuerte a ese pequeño hilo, no importa qué tan delgado sea. No importa si te conduce a algo o no. Solo tómalo y síguelo. Así llegó a lo que se convirtió en su novela “The Signature of All Things”. De esa misma manera, este post ha cobrado vida.

Nuestro mundo interno, nuestro mundo espiritual, nuestra mente requieren de constante trabajo y cuidado. Nuestros pensamientos y emociones son nuestros principales saboteadores. Todos tenemos una voz interna que nos frena. Todos escuchamos esas palabras aterradoras. Y nos la pasamos frenando el tráfico interno porque no queremos lidiar con al realidad o porque nos resulta abrumadora. 

No me canso de decir que la vida es una sola. Pasarla estresados, usualmente por pequeñeces, realmente no vale la pena. Y cuando no son pequeñeces, pero no puedes hacer nada al respecto, no puedes cambiar los resultados, entiende que no hay control, pensamiento ni ansiedad que modifiquen nada. Tú eres tu propio juez. Tú me dirás si vale la pena sacrificar tu propia salud y bienestar. 

Recuerda, si no te cuidas a ti mismo, no podrás cuidar a nadie más. Can you give me an Amen? (#Rupaul).

Deja de buscar, solo abre los ojos

“No busques la próxima oportunidad. La que tienes en frente es la oportunidad”. (Paul Arden)

No quiero iniciar otro post sobre la importancia de vivir en el presente, ni en qué consiste enfocarnos en el ahora. Sin embargo, hay algo de esta frase de Paul Arden que me llama mucho la atención.

Recuerdo cuando recién nos mudamos de departamento, mi mente no dejaba de viajar entre todas las ideas de decoración que tenía. Me imaginaba esta pared de tal color. Aquí vamos a poner tal cosa. Se necesita este otro mueble. Muy divertido el proceso si te gusta diseñar. ¿Pero?

Hay veces en que las cosas que queremos lograr, cambiar o modificar llevan tiempo. ¡Lastimosamente no podemos decir 1,2,3 Rebecca y así de fácil! 

[Tal vez mi referencia no es global, pero de alguna manera no podía dejar de incluirla. Si quieres saber su origen, date un paseo por YouTube.]

Cuando comienzas a hacer toda una lista de las cosas por comprar, por ejemplo, el cambio comienza a resultarte abrumador. No solo te va a tomar una eternidad llegar al estado que quieres llegar, sino que piensas en la inversión y en un sin fin de cosas más. Esto por dar un ejemplo, pero se aplica a cualquier proceso de cambio, cualquier meta o sueño, etc.

Mi punto, a veces el disfrute no está en la transformación en sí, sino en tu estado actual. No te estoy diciendo que dejes de mejorar o soñar o esto o aquello. Sigue trabajando por ello. Pero durante el proceso, no dejes de mirar a tu alrededor y de saborear el espacio que ya tienes, la persona que ya eres porque la oportunidad está aquí.

Inclusive a veces no es un cambio lo que se necesita, sino preguntarse, cómo le puedo sacar el máximo a mi situación actual. En el trabajo, ¿estaré dando todo lo que puedo dar o es más fácil rendirme y buscar otro empleo? En la vida personal, ¿estoy sabiéndome mejor que ayer o es que cuando logre tal cosa podré decir lo logré? En las relaciones, ¿estoy presente o me distraigo continuamente y después ando quejándome?

La simplicidad de las cosas, creo que en eso se resume la idea. Cómo nos gusta complicarlo todo, agregar, adornar, a veces en exceso. De vuelta a la sencillez. El sol no va a dejar de brillar porque lo coloreemos con más o menos rayitos alrededor.

Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh

Todo es como es – Parte II

“Cosas difíciles son puestas en nuestro camino, no para pararnos, sino para despertar nuestro coraje y fortaleza”. – (Autor desconocido)

 

En la entrada anterior, comentábamos sobre la importancia de mirar las situaciones de la vida con aceptación, compasión y amor. ¿Y por qué? Porque tal como decíamos, las cosas son como son. Y retomando esa neutralidad, esa aceptación total, esa liberación de las etiquetas, me pregunto entonces, ¿por qué mirar las situaciones como impedimentos?

 

“Solo porque un hombre carezca del uso de sus ojos, no significa que carezca de visión”. – (Stevie Wonder)

 

¿Quién dijo que algo es un impedimento? ¿Quién dijo que esto o aquello es bueno o malo? ¿Según quién algo es satisfactorio o no? Según tus pensamientos… Sin embargo, los pensamientos van y vienen. Los pensamientos no son nuestra realidad. Aquello que pensamos no necesariamente ocurre. Lo hablamos inclusive con el tema de las preocupaciones.

Existe todo un mundo artificial en nuestra mente. No obstante, solemos confundir ese mundo con lo real. Solemos habitar más esa casa de mentira que el presente que observamos y percibimos en este minuto a través de nuestra conciencia.

Por esta razón es muy importante observar.


Hagamos un pequeño ejercicio. Te tomará un par de minutos:

Respira profundo. Cuenta hasta dos inhalando. Sostén brevemente la respiración. Exhala contando hasta cuatro. Repite un par de veces. Calma tu cuerpo. Calma tu mente. Abre espacio para que sea la conciencia quien hable esta vez.

Observa la tensión en tu cuerpo. Observa cualquier sensación general. Deja que los pensamientos que aparezcan se los lleve solito el viento. No catalogues. No huyas de lo que percibes. Solo obsérvalo. Con el tiempo va perdiendo fuerza, energía. Poco a poco la molestia se va disolviendo. Aquello a lo que no le prestamos tanta atención, desaparece, queda en segundo plano.


 

Este pequeño ejercicio es una invitación a aprender poco a poco a liberarnos de las etiquetas. De esta forma, podremos apreciar las circunstancias de la vida como meras experiencias; oportunidades de crecimiento, oportunidades para conocerte, oportunidades para limar asperezas, perdonarte y amarte, oportunidades para hacerte más fuerte, oportunidades para valorar y finalmente, oportunidades para hacerte más sabio.

No hay enfermedad que no tenga cura (depende de dónde la busques). No hay discapacidad que te paralice (depende de la actitud con que la enfrentes). No hay situación que te quite tu armonía (todo está en tu conciencia y en aprender poco a poco a encontrar el balance a pesar de las tormentas). No hay malas ni buenas experiencias de vida, solo experiencias (este es tu camino hacia la sabiduría). 

Esto no se aprende en un día, lógicamente. Mas, depende de ti emprender el camino hacia la luz, hacia la paz interior, hacia la vida.

Y recuerda, a todos nos tocan obstáculos que sortear y aceptar. Tu situación no es mejor ni peor que la de nadie. Es tu cruz nada más. Por ello, estas no son palabras vacías. Estas no son palabras dichas desde una posición privilegiada y libre de “impedimentos”. Con toda confianza y conocimiento de causa, te repito, depende del lente que quieras ponerte. Yo elijo no ver impedimentos. Yo elijo ver experiencias enriquecedoras. ¿Y, tú?

Todo es como es

“Si una cosa tiene solución, ¡para qué preocuparse!, y si no tiene ya solución, ¡para qué preocuparse! (Proverbio chino)

 

¿Se acuerdan cuando hablábamos de que tenemos exactamente la vida que queremos tener en este momento? Mantengo mi opinión al respecto. Sin embargo, vale la pena indagar en por qué estamos donde estamos si eso nos causa sufrimiento.

Es muy difícil comenzar. Una vez empezamos, todo fluye; hábitos se crean, sistemas se ponen en marcha, etc. Eso por un lado.

Por otro lado, hay un problema de prioridades. No sabemos priorizar. A veces creo que ni siquiera sabemos qué es importante para nosotros. Vamos por la vida en piloto automático. Damos muchas cosas por sentado. Creemos que vamos a estar aquí en esta Tierra para siempre. No obstante, como decía el maestro que condujo un retiro de meditación al que fui recientemente, nada es permanente. Y cuando entendemos esa verdad, podemos liberarnos de mucho peso. Pero eso es otro tema. 

Entonces, nuestra incapacidad para priorizar, es decir, concentrarnos en lo que nos importa y descubrir qué es eso, y lo difícil que es comenzar (un cambio, algo nuevo, una práctica) parecen ser dos de los grandes obstáculos para una vida extraordinaria o feliz.

Aceptación

Este es el tema que nos compete hoy. 

Si quieres lograr algo y sabes cómo hacerlo, hazlo. Si te aqueja alguna situación, pregúntate: ¿tiene solución? Soluciónalo entonces en lugar de preocuparte por la situación en sí. ¿No tiene solución? Pues, déjalo ir. Si no puedes hacer nada al respecto, ¿para qué le vas a seguir dando vueltas? 

Lo digo de nuevo, aceptación. Las cosas son como son. No hay bueno ni malo, agradable o desagradable, satisfactorio o insatisfactorio. No creo en el cielo o en el infierno. No creo en la recompensa o en el castigo. Creo en las experiencias. ‘Las cosas son como son’. No hace falta etiquetas. 

¿No les resulta liberadora esta neutralidad? Lo que nos queda es vivir y ya. 

Y ojo, es aceptación, no resignación. Es aprender a ser felices con eso que catalogamos como “malo” y “bueno”, no solo cuando logramos o vivimos algo “satisfactorio”.

Compasión

No somos seres perfectos. Vamos a caer una y otra vez. ¡Alégrate! Eso significa que la vida tiene mucho para ofrecerte.

¿Cuántas veces no hemos querido señalar a un culpable cuando algo sale “mal”? ¿Para qué culpar? ¿Acaso con eso solucionamos el problema?

Y más fuerte aun es, como lo llamaba el Dalai Lama, el auto-odio, la auto-culpa. El mismo maestro al que me referí más arriba contaba que el Dalai Lama y los orientales no están familiarizados con el concepto de culpa. No saben qué es eso… un invento occidental. ¿Ya ven por qué el castigo y la recompensa, el cielo y el infierno, lo bueno y lo malo no tienen sentido, al menos para mí? Porque desemboca en culpa, en sentirse inferior, no merecedor, perdedor. Y, ¿según quién?

Perdónate. Sana.

Amor

Y para lograr todo lo anterior, la aceptación y la compasión, hay que amar. El amor empieza por ti mismo. Si no te cuidas a ti no puedes cuidar a otros. Si no te amas, no puedes amar verdaderamente a otros. Si no te aceptas tal cual eres, no te amas. Si no aceptas las condiciones de tu vida, no te amas. Una vez más, ‘las cosas son como son’.

Y para Shauna Shapiro, empieza así: “ (Tu nombre), buenos días, te amo”.

¡Feliz 2019 para todos y que comience la fiesta!

Cómo empezar…

Por semanas me he estado enfocando en el presente. Ese regalo, ese momento, este instante que ahorita tenemos. Y ya verás que no es algo nuevo. Aparentemente, desde el 2009 aproximadamente, y quién sabe si desde antes, he llevado este tema en la frente. Así que como una oda, una reverencia, una muestra de agradecimiento por contar con este presente, tan bien y hermosamente envuelto, hoy te comparto un pedazo, un poema, una canción que escribí hace apenas 9 cuentas…

 

I

He estado meditando

en cómo debo llevar la vida,

si danzando o brincando

por un camino de alegría.

II

Siempre he leído

y otras veces me han dicho

que el presente es lo único que seguimos

puesto que ni el pasado ni el futuro muestran destino.

III

Pues si es el presente lo que vivimos,

hay que buscar maneras de seguirlo,

maneras de llenarlo de regocijo

para así conseguir el alivio.

IV

No debe haber cabida para las penas.

Las preocupaciones no deben marcar la senda.

Todo lo negativo debe irse por otro camino

para no permitir que la luz desvanezca.

V

No será fácil la encomienda,

pero hay fuerzas que ayudan a subir la cuesta.

Sólo un poco de voluntad

y la perseverancia terminará lo demás.

VI

Es el arte de combinar,

de mezclar la obligatoriedad

con un poco más de azar;

deber y lealtad sólo sin cesar.

VII

Ir tras sueños

enumerados en el cielo

brillando en el cosmos

con tanto destello.

VIII

Un sueño vuelto realidad;

una realidad con metas a alcanzar;

un camino pedregoso qué más da,

pero con o sin tropiezos la mirada siempre al mar.

 

Cómo empezar, de la colección “Haciendo caminos”

Por Diana F. Blanco, 2009

De nuestros archivos: Aprendiendo a saborear…

[A propósito de todo lo que hemos venido hablando del presente…]

He comenzado a entender por qué no dejamos de querer lo que no tenemos, en lugar de apreciar y agradecer todo lo que hemos alcanzado. Para mí, el misterio de lo inexplicable yace en nuestra aparente y poca capacidad para saborear las cosas.

Hace un tiempo, mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de hacer un viaje que soñábamos desde hace años. Si hoy alguien me pregunta, porque de hecho me ha pasado, qué tal nos fue, honestamente mi respuesta no va más allá de grandioso. Y si bien es cierto que fue grandioso, me di cuenta que luego de tan poco tiempo ya estaba olvidando esa experiencia y buscando otra. Al ver las fotos, no solo de ese viaje, sino de otros momentos también, me di cuenta de todo lo que hemos hecho, logrado y conquistado. La verdad es que me sorprendí porque siempre queda esa sensación de que no has hecho suficiente o no has viajado suficiente o no tienes suficientes pertenencias “importantes” (lo que sea que eso signifique).

Ese instante fue como retroceder en el tiempo y volver a cada uno de esos lugares que recorrimos y a esas aventuras que tuvimos. Cada vez acumulaba más ¡guao, en verdad hicimos eso! Y no pude evitar darme cuenta que a veces todo pasa tan rápido que no nos damos suficiente tiempo para saborear los momentos no solo mientras pasan, sino especialmente después.

¿No les ha pasado que llevan tiempo ahorrando o deseando comprarse algo y cuando lo logran la fiebre les dura unos días y luego ya pusieron su mente en otro objetivo?

¡Nos pasa hasta con la comida! La practicidad parece habernos alejado del disfrute. ¿Cuántas veces no compramos comida rápida o alimentos procesados fáciles de preparar por la supuesta falta de tiempo o flojera que nos da cocinar?

Michael Pollan, en su libro y documental Cooked, nos recuerda a qué saben de verdad los alimentos y la importancia de volver a ellos, de forma natural, de forma auténtica; la verdadera experiencia de comer. Así que mientras reflexionaba sobre este tema del saborear, no pude evitar hacer la conexión con esta serie documental. Resulta muy fácil dejar pasar los momentos, las oportunidades, las vivencias.

Una vez más, se hace más que evidente la necesidad de aprender a vivir en el presente. Supongo que a medida que más se explora y se comprende la esencia del tema, uno se da más cuenta de que el mindfulness está en todas partes y que vivir esta filosofía nos acerca a los pequeños detalles increíbles de saborear.

Así que les propongo dejar las listas de sueños y olvidarnos de las metas. Hoy ya tenemos mucho más de lo que hemos soñado. Para qué dejar para mañana el disfrute, conciencia y agradecimiento que puedes tener hoy.

Tips para saborear la vida

  1. La tecnología habrá cambiado la manera en la que grabamos y guardamos nuestros recuerdos, pero combinar lo nuevo con lo viejo puede ser una gran manera de no olvidar los momentos vividos.
  • Reúnete en familia a ver sus fotos. De seguro saldrán buenas anécdotas y recuerdos.
  • Los hitos de la vida como el matrimonio, nacimiento de los hijos y similares no son los únicos momentos valiosos para exhibir. Qué tal escoger fotos de esas otras aventuras juntos (de seguro tienen varias, y no me refiero solo a viajes). Los portarretratos son otra manera de mantener vivos los buenos recuerdos (y que no se mal interprete atesorar con vivir en el pasado).

2. Como dice Josefina Casas en su artículo Cómo ser feliz, practica la gratitud. Lleva un diario de agradecimiento y con el tiempo aprenderás a estar más atento de las situaciones del presente y a estar más agradecido con tu vida. Según su investigación (estudios realizados por el Journal of Happiness Studies), “la focalización consciente de todo aquello que se tiene para agradecer, genera un impacto beneficioso a nivel emocional e interpersonal, incrementando los niveles de satisfacción y disminuyendo los síntomas depresivos”.

3. Practica el esencialismo a la hora de decidir qué comprar. Muchos experimentamos el placer de comprar y ciertamente a veces es necesario. Sin embargo, cada vez que voy de compras, sobre todo cuando se trata de grandes compras, hago un pequeño análisis de si de verdad eso es lo que necesito. A veces es muy fácil dejarse llevar por la emoción de lo novedoso y de las últimas tendencias o del simple ‘lo quiero’. Luego, el closet se llena de prendas que nunca usamos o se dan los famosos episodios de la fiebre de tal juguete tecnológico que a los días se acaba o inclusive hasta nos arrepentimos de la inversión por la razón que sea. Antes de decir el próximo ‘quiero’ ve tu alrededor y saborea lo que ya tienes.

4. Vive la aventura en las pequeñas cosas. No necesitas salir de tu país o si quiera de tu ciudad para pasarla en grande.

Espero esta reflexión y tips les ayuden a enfocarse más en las experiencias del ahora.

Es ahora no mañana: Vuelve al presente

En estas últimas semanas, hemos estado hablando sobre el presente, el pasado y el futuro. Nos hemos dado cuenta de que nuestra mente se pasea entre aquello que ya sucedió y que no podemos cambiar y entre aquello que queremos que pase, pero que aun no forma parte de nuestra realidad. De esta forma, pasamos los minutos, las horas y los días muchas veces sin darnos cuenta del ahora, no del ayer ni del mañana, del hoy.

Exploramos algunas estrategias para dejar el pasado en su respectivo cofre. Es momento entonces de reflexionar y trabajar en el vivir, en el dejar fluir y en el confiar en la abundancia del universo. Aquello que esté por pasar, pasará cuando corresponda. Soy una creyente de que las cosas pasan por una razón. Y si no suceden, pues he ahí también un porqué. No importa si en el momento no entendemos ese porqué. Y a lo mejor nunca lleguemos a entenderlo o tal vez sí.

El punto está en que el futuro es incierto. Es un misterio. Y no solo eso, nos atrapa en un constante soñar, en una creación de expectativas que perfectamente nos puede dejar ansiosos, desilusionados, estresados. Nos perdemos las oportunidades del momento, un compartir, un sabor, un atardecer. Nos quedamos deseando aquello que no tenemos, sin darnos cuenta de lo que disponemos.

Así como se nos recomienda dejar fluir el pasado, el futuro también. Cuando algo nuevo llegue a tu camino, ya sabrás qué hacer. Mientras tanto, disfruta de tus logros. Disfruta de la posibilidad de este día porque ni siquiera sabes si mañana estarás acá. Y no es por sonar macabra.

El futuro puede ser hermoso. Soñar es hermoso. Sin embargo, tu presente es aun más maravilloso porque existe. Ya llegó. Está justo aquí. 

 

¿Cómo concentrarnos en el ahora y no en el mañana?

Pues, lógicamente, no siempre tengo respuestas para todos los retos de la vida. Así que mientras investigaba sobre cómo desprendernos del futuro, no pude dejar de sorprenderme del material disponible. En su mayoría eran artículos titulados algo así: cómo desprenderse del pasado para vivir en el futuro o aprovechar el futuro. La verdad es que no los leí, así que ignoro si tendrían algún pedazo de sabiduría para nosotros. 

Sin embargo, me pregunto, ¿será que creemos que el futuro es el tiempo presente? Si lo piensas un poco, ¿acaso no hemos estado acostumbrados a colocarnos metas para alcanzar cosas, cosas que ciertamente están en el futuro? De allí a que no sepamos dónde queda el presente… 

El pasado lo tenemos claramente definido. Pero, hemos creado una línea borrosa entre presente y futuro. Mas, les aseguro, ¡no son lo mismo!

Jenny Bowman, en su artículo Go Do: Let Go of the Past and Future and Live in the Present, nos plantea LAS preguntas clave aquí y una posible respuesta:

 

“¿Cómo tener grandes sueños, y aun así obtenerlos? ¿Cómo experimentamos el día a día?” 

“Ve y actúa”.

 

¿Sobre qué pensamos cuando viajamos al futuro? Tal vez imaginamos escenarios que querríamos vivir. Algunas veces serán metas logradas, viajes que queremos realizar, etc. Ve y actúa. ¿No se nos ha dicho constantemente que lo importante es vivir el camino y no la línea final? ¿Quieres una mejor posición en tu trabajo? Pues, desde luego, trabaja, enfócate en ser tu mejor versión profesional ya. ¿Quieres irte de viaje? Pues, empieza a ahorrar. 

Tal parece que para ayudarnos a permanecer en nuestro ahora, debemos concentrarnos en lo que ya estamos haciendo o en incorporar aquello que tanto decimos que vamos a hacer y nunca empezamos. Si vivimos y trabajamos en lo que nos importa, eventualmente algunos resultados vendrán. Confía en tu camino. Confía en tu trabajo. Confía en tu ahora. El mañana llegará y estará en tu presente, y por ende, en tu campo de acción. Así que, ve y actúa.