¿Cuál es tu prioridad en la vida? 

En varias oportunidades hemos hablado de la importancia de priorizar. Establecer prioridades no solo aplica a nuestras actividades o tareas diarias. También, podemos priorizar nuestros grandes planes y sueños. Esto ciertamente dependerá de aquello que sea más importante para nosotros. Asimismo, dependerá de nuestra personalidad y de la etapa que estemos viviendo.

Para algunas personas, probablemente es vital contar con inversiones y propiedades. A lo mejor, el tamaño de la familia va en crecimiento y tener una casa propia y vehículos les da la seguridad, estabilidad y comodidad que requieren. Para otros, vivir alquilados o en espacios más pequeños es suficiente. Y ojo, aquí no entraré a discutir sobre el estatus que nuestra sociedad se ha empeñado en asignarnos por nuestras posesiones. Creo que con esa oración ya resumo lo que pienso al respecto.

En estos días, me crucé con un video que explica la vida de los millenials, cómo precisamente ya no quieren casas ni autos ni lujos, sino acumular experiencias de vida. En otras palabras, viajar, saltar, vivir su vida, etc. En esa tonada está mi entrada del blog. Vengo a contarles cuál es mi prioridad y qué nos hemos dispuesto hacer para seguirla.

Desde hace un año aproximadamente leí en el blog de un viajero las preguntas más frecuentes que siempre recibía. Entre ellas estaba cómo hacía para viajar tanto. Y cuando él preguntaba de vuelta por qué estas personas no viajaban, la respuesta principal era dinero. Me llamó mucho la atención uno de sus argumentos. Establecía que viajar no era un tema de dinero o tiempo, era un tema de prioridad. Si mi prioridad es viajar, tal vez voy a comprometer otras cosas, otras compras, otras actividades, etc. Tal vez requeriré tomar ciertas medidas para garantizar cubrir todo lo que necesito para emprender esos viajes.

En nuestro caso, quisimos hacer del viaje una prioridad. No solo ahora se ve reflejado en nuestro plan de ahorro, sino en nuestra mentalidad. Claro que es importante contar con un techo, bienes, comodidades. No estoy en contra de ello, ni tampoco me rehuso a trabajar por ello. Mas, si algo he aprendido desde que salí de mi país, es que a veces necesitamos menos de lo que creemos.

Así, el paso siguiente era idear un plan. Nos dimos cuenta que una gran vacación anual no parecía ser suficiente. Cada día se siente cómo vamos acumulando trabajo y cansancio mental. Pasar tantos meses sin poder ventilarlo puede afectar inclusive nuestro proceso de relajación durante esas tan anheladas vacaciones. Es como una gota que rebasa un vaso. Llegamos al período de descanso rebasados. De hecho, a lo mejor por eso se tienen diferentes períodos vacacionales en las instituciones académicas (es solo un supuesto).

En fin, ¿qué tal si además de esas vacaciones anuales hacemos mini breaks de fin de semana una vez al mes? Son uno, dos o tres días de completa desconexión; un momento ideal para dejar el trabajo, el estrés, las preocupaciones y pendientes atrás (y para apagar el celular).  Inclusive no hay que salir de la ciudad necesariamente, preferible sí, pero no obligatorio. Y pues así comenzamos este año: una cabalgata, visitas a viñedos, viajes a pueblos cercanos, sesiones de masajes… Sí es posible lograrlo.

Ya sabes, si te quejas porque no viajas suficiente tal vez se debe a que no lo has hecho tu prioridad. Si tu prioridad es viajar, hazlo.

Y tú, ¿qué prefieres?

El desafío de las 171 prendas

Hace un tiempo descubrí una propuesta de la bloguera Courtney Carver de Be More with Less, para limpiar nuestro guardarropa y utilizar solo 33 prendas por cada estación. Inclusive hace charlas y capacitaciones para ayudar a sus lectoras y todos aquellos interesados en aprender a vestirse con solo 33 artículos (incluyendo accesorios y joyas). Nos muestra cómo es posible combinar y crear diferentes atuendos sin requerir de un clóset enorme.

Supongo que en especial las mujeres soñamos con esos vestier de película. Y me incluyo la verdad. ¿Quién no alucinó con el walking closet de Sex in the City? En algún momento también me imaginé construyéndome un gran espacio para guardar la gran colección de zapatos y carteras y el resto de la ropa por supuesto. Hoy me enorgullece decir que si bien me encanta ir de compras, veo mis posesiones diferente.

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Imagen cortesía de Hooked on Houses

He visto cómo varios amigos que les ha tocado mudarse han sufrido por no saber cómo llevarse todas sus cosas al nuevo destino. Algunos han tenido la fortuna de poder viajar en repetidas oportunidades e irse llevando todo poco a poco. A otros les ha tocado desprenderse de muchas cosas y aun así utilizar una maleta adicional a las permitidas. En mi caso, estoy segura que si me tocara ese escenario lógico que también tendría muchas cosas que vender, regalar, deshacerme y llevarme.

A veces, acumulamos muchos peroles que ni siquiera usamos. A veces tenemos prendas que las perdonamos año tras año, pero que por alguna razón no nos gusta ponérnoslas. Y así, todos nuestros espacios se van llenando y llenando. No sé ustedes, pero ese no es el escenario que espero.

Y hoy de hecho, les quiero compartir mi próxima resolución, desafío, experimento o como lo quieran llamar. Inspirado en el Proyecto 333 de Courtney, he creado mi propia versión. Llamémoslo Desafío 171. Si bien vivo en un país con estaciones, no me resulta tan sencillo o viable separar las prendas que tengo o uso de acuerdo a la época. Por ello, simplemente he establecido un número de prendas permanente. Para propósitos de mejor comprensión, digamos que mi clóset estará compuesto por 171 piezas cada año, un aproximado de 43 por estación (si se quiere hacer el cálculo). La idea sería entonces mantener ese número siempre y comprar para remplazar no para acumular.

Sé que suena un número bastante grande. Los invito a contar cuántas prendas tienen entre ropa, accesorios y zapatos. ¿Ven? Ese es el número ideal que se ajustó a mí. Así que sin más, les presento mi nuevo guardarropa:

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Tal como pudieron notar, no estoy incluyendo joyas. Mi actual colección la armé durante varios años y se mantiene vigente. No le he hecho adiciones considerables ni es excesiva. Asimismo, excluí algunos elementos que no son de uso diario, “la ropa especializada” si se puede catalogar de alguna manera. Este grupo comprende accesorios para la nieve, trekking, playa. No son prendas que ando comprando o ansiando constantemente, ni durante todo un año. Asimismo, incluí otros elementos no contemplados en el proyecto original de Courtney, tales como pijamas, entre otros. Como dije antes, esta es mi propia versión.

Y tú, ¿con cuántas prendas te sentirías cómodo como para armar, limpiar y aprovechar mejor tu clóset? Te invito a unirte al desafío.

¿Ser o no ser?

Hace un poco más de un mes, escribí sobre ese dilema entre ser y hacer. Les contaba como julio se venía con todo: 2 trabajos y 3 cursos. Y luego de una reflexión, me coloqué dos posibles caminos a tomar. En el caso de los trabajos, pues no había inconveniente. El tema a resolver estaba en los cursos. Estas fueron las opciones:

Opción A:

  • Ambos trabajos van.
  • El curso presencial y semanal de idiomas va.
  • De los otros cursos virtuales, podría elegir uno y el otro postergarlo.

Opción B:

Ambos trabajos van.

  • El curso presencial y semanal de idiomas va.
  • Tomo los dos cursos virtuales.

En ese momento, elegí la opción B. Al fin y al cabo había planificado mis horarios, bloques de trabajo y tiempo disponible y parecía ser un plan factible. Asimismo, el curso presencial no parecía requerir de mucho tiempo y esfuerzo; y ambos cursos virtuales serían de gran beneficio para mi desarrollo profesional y personal inmediato.

¿Cómo me fue?

Realmente, mi temor estaba en la primera semana de julio. Empezaba a trabajar en una empresa a medio tiempo y estaba terminando de ajustar todo lo necesario para el inicio de mis clases a impartir en un diplomado virtual. Y por supuesto, comenzaban los tres cursos.

¿Qué les puedo decir? El universo es sabio y todo pasa por una razón. Tanto el inicio de clases como el segundo trabajo se postergaron, por lo que pude finalizar los preparativos sin mayor inconveniente. Pensarán que he sido muy afortunada y que la suerte está de mi lado. Mas, lo que yo pienso y me llevo de esta experiencia es que confiar en la abundancia premia.

Por su parte, y tal como me lo esperaba, el curso de idiomas no ha significado ningún problema. De hecho, es una gran manera de terminar la semana laboral. Nos reunimos una hora a conversar y la pasamos muy bien. Es un tiempo de diversión y relajación.

Pero, no crean que todo ha sido rosa. El curso virtual sobre la felicidad, si bien fue muy interesante, también fue agotador. Los videos semanales eran bastantes y a veces no tan cortos. Con ganas de cumplir las fechas de entrega, las últimas semanas se vinieron un poco encima.

Asimismo, si bien las clases no requerían de mayor atención durante la semana (dado que el curso era virtual), las correcciones ocurrían durante el sábado y domingo. De hecho, era en cierta forma el horario oficial destinado para ello. Fue solo un mes, es decir, cuatro fines de semana. No parece un gran inconveniente. No obstante, la sensación de que tu semana laboral no termina no es tan agradable. Un lunes puede ser lo mismo que un sábado.

Debo destacar que la planificación funcionó en términos generales. Utilizaba mis bloques nocturnos para los cursos, los demás bloques para los trabajos, etc. Mientras se pudo mantener de esa forma, funcionó. El asunto se complicó al juntar todas las actividades. Acoplarse a nuevos ritmos y responsabilidades de trabajo lleva su tiempo. Así que trabajos más cursos significó que algo había que comprometer.

Al final, pues mi opción fue el camino A. Postergué el segundo curso virtual sobre flujo de trabajo y productividad, dado que no tiene fechas de entrega, de inicio o fin. Por ende, lo puedo tomar en cualquier momento. Asimismo, si bien puede verse como una pérdida lo que he dejado de aprender, no significa que no lo vaya a aprender. No hay mal que por bien no venga. La vida es corta, sí, pero si queremos ser en lugar de hacer, priorizar es la respuesta. Queramos o no, no somos máquinas y el que dejemos algo para después tampoco es sinónimo de improductividad o ineficiencia. Significa que sabemos y queremos valorar nuestro estilo de vida y que nuestra felicidad es lo más importante.

Una vez más, esta experiencia me recuerda que el esencialismo y el mindfulness son mis caminos, mis pilares, mis maneras. Priorizar es la norma. Priorizar permite no dejar de ser. Priorizar nos recuerda que hay un momento para todo.

Mis aprendizajes

Más allá de poner mis métodos en práctica y ver su efectividad (bloques de trabajo, etc.), mi objetivo era vivir la experiencia. Sé que la mayoría de las personas hoy en día, me incluyo, vivimos en medio del caos. Estamos bombardeados de información. Estamos presionados por dar resultados, por ser productivos y eficientes. Hemos alcanzado niveles de estrés mortales, nunca antes vistos. Y aún así, nuestro estilo no cambia. Pareciera que estamos entrampados. Y precisamente es esa trampa la que quería recordar y vivir. Ahora, estoy lista para retomar el camino de lo simple. No siempre será fácil, pero no por eso lo dejaré de hacer. Como ya he mencionado, caerse está permitido, levantarse es obligatorio.

¿Qué me llevo entonces de todo esto?

  • Así como hace años establecí que los fines de semana eran sagrados, hoy lo reitero. Recordarlo me ayuda a decir que no cuando la oportunidad que se presenta, puede que sea buena, pero no grandiosa.
  • Balance significa trabajar para vivir, no vivir para trabajar.
  • Ser productivos no es sinónimo de estar ocupados. Llenar todos nuestros espacios con compromisos y actividades no necesariamente dará el mejor resultado. Es muy posible que terminemos ‘quemados’.
  • Si queremos ser productivos y sacarle provecho a las cosas, priorizar es el camino.
  • Confianza y abundancia es un buen karma.

Y tú, ¿quieres salir de tu trampa?

¿Quién es la coleccionista de puertas y cómo llegó aquí?

Hola queridos lectores,

Esta entrada es la número 25 y así como en los matrimonios cumplir 25 años de casados es motivo de celebración por ser las bodas de plata, nuestro post 25 también lo es. Por ello, he decidido cambiar un poco la dinámica. Hoy vengo a hablarles de mí, de este blog y de cómo llegué aquí.

Para los que no me conocen, soy capricorniana de pie a cabeza. Busquen la descripción del signo zodiacal y tendrán una buena idea de cómo soy y trabajo. En resumen, me gusta el orden, la planificación, el soñar con grandes cosas, etcétera. Además, me encanta el diseño de interiores, ir a ver y comprar cosas de casa, decorar y arreglar y deshacerme de lo viejo. Como dicen por ahí, me gusta mover las energías y sacar para dar espacio a algo mejor.

En el ámbito de trabajo, soy traductora de profesión, pero como me gusta decirlo, estoy transitando al mundo de la psicología positiva. Desde hace aproximadamente dos años, comencé a leer sobre el esencialismo y el mindfulness. Siempre me he interesado por ser feliz (como todos creo) y cómo lograrlo. He experimentado una y otra vez con mis hábitos (desde hace muuuuuchos años) y he estado en constante búsqueda por mi realización. Hasta hace poco, no sabía cómo realizarme, qué hacer con mia vita. Como les debe pasar a muchos, una vez que culminas un hito, viene un período de incertidumbre por cuál será el próximo paso. Fueron muchos meses de exploración y hasta frustración, de éxitos y fracasos e inclusive de acumular papeles un tanto insignificantes para mí ya la verdad. Ojo, esto no significa que no sienta orgullo por lo logrado. No obstante, más pronto que tarde, la sociedad dejará de medirnos por notas y títulos (¡espero!), y más bien aprenderá a vernos por lo que realmente somos y tenemos la capacidad de hacer.

En una palabra, pudiera describirme como nerd. Tal vez no del tipo clásico, pero cada quien tiene su área. Para mí fue la gramática y los estudios. El área académica era mi refugio, mi zona de comodidad, mi yo verdadero. Aun me encanta estudiar y de desear que me pagaran por ello llegué a este blog. Un sinónimo de estudiar es investigar. Así que emprendí mi camino de la escritura, de la curiosidad e indagación y aterricé aquí.

¿Por qué la coleccionista de puertas?

En más de una oportunidad, he escuchado a diferentes personas decir que para conseguir un sí hay que acumular el no. Para que nos llegue nuestro trabajo soñado, hay que buscar y buscar, recibir múltiples negativas para finalmente llegar a donde queremos llegar. Pues, lo mismo pasa con la vida. Por cada puerta que se cierra, se abre una ventana. Entonces, ¿por qué no coleccionar puertas, para entrar por esas ventanas de oportunidades?

Cuando decides dar el primer paso, el universo confabula para ayudarte. No seré una experta en mindfulness, mucho menos en psicología, y es por eso que esto es un camino, un viaje, un descubrimiento. Sin embargo, es un recorrido gratificante y lleno de misterio que por primera vez en mucho tiempo se ha adueñado de mí. Es decir, hoy puedo decir que encontré lo que quiero hacer y no sé a dónde llegaré, pero por los momentos me basta con la satisfacción de haber encontrado un lugar en el mundo.

Para aquellos que se encuentran en este camino, para aquellos que aun no saben exactamente qué quieren hacer o cómo lograrlo, por experiencia propia les puedo decir paciencia. Habrá momentos en los que provoque tirar la toalla, pero ustedes sigan allí perseverantes porque al final del túnel siempre está la luz. Pueden tardar días, semanas, meses y hasta años, pero vale la pena el recorrido. Lo más importante es, como se titula uno de los libros de Seth Godin, ¡Hazlo! Como dice el refrán, el que no arriesga, ni gana ni pierde.

A lo largo de los años, nos han medido por ciertos parámetros. Nos han dicho lo que está bien y lo que no. Nos han trazado “el camino apropiado” para llegar al éxito y todo desvío se ha visto al principio como un “fracaso”. Paradigmas y más paradigmas han permeado todos nuestros espacios mentales. Probablemente seguirán existiendo, pero cada uno de nosotros tiene la última palabra y el poder para decir, “yo me zafo de esta”.

No tengan miedo a perseguir sus sueños, en especial por el qué dirán. Antes, trabajar en una empresa renombrada era la meta. El emprendimiento era para vagos. Hoy, cada vez son más y más las startups que se han creado, las ideas brillantes que han surgido a partir de incubadoras y emprendedores, cada vez serán más y más los que trabajemos desde casa. Y así con todo. Lo que ayer era, mañana será otra historia. Así que, no vale la pena quedarnos encasillados en aquello que no nos gusta o no nos hacer sentir satisfechos solo por una buena paga o tal o cual beneficio. La vida es corta para no vivirla. Ya les he dicho esto en un millón de oportunidades. Sin embargo, son tantos los que siguen como ovejas de rebaño, que no me cansaré de repetirlo. Si quieres ser oveja, sélo. Si quieres ser pastor, deja de ser oveja. Si no quieres ser ni uno ni otro, sal a buscar tu camino y encuéntralo.

Como dice nuestro experto…

Keep walking

Quiero cerrar diciéndoles esto:

  • Estudié música por más de 15 años, mas no llegué a obtener mi título de pianista (no significa que no me guste más la música ni que no quiera o pueda volver a tocar)
  • Quienes me conocieron en mi época de colegio dirían que tenía vocación científica (mis materias favoritas eran matemática, física y química) pero di un salto a los idiomas. Todos pensaron que me arrepentiría, pero ya ven que me convertí en traductora.
  • Ahora, dejo la traducción para seguir el camino de la psicología y escritura.

¿A qué voy con esto? Sí da miedo dejar cosas sin terminar, sí da miedo tomar un camino muy distinto a por el que veníamos, pero vale más la pena atreverse y vivir un sueño, que quedarse estancado y dejar que los años pasen sin ton ni son. Nunca es tarde para comenzar, para cambiar, para atreverse, y en especial, para quebrar el statu quo. Una buena amiga me mostró con su ejemplo que sí era posible y creo que es una de las personas más felices y aventureras que conozco. Por esa, ¡gracias Misterious woman!

Una vez más,

Keep walking

PD: ¡visítanos en nuestra página de FB y entérate de más buenas nuevas en nuestra celebración del post de plata!

¿Quieres ser el héroe de tu historia?

Whitney Johnson, autora de Dare, Dream, Do y Disrupt Yourself, se encontró con que muchas o la mayoría de las mujeres con las que hablaba habían perdido su capacidad de soñar. A lo largo de su primer libro, nos enseña a atrevernos, a soñar y a actuar en consecuencia. Y si observamos nuestro alrededor, probablemente encontraremos un caso de estos, ya sea en alguien que conocemos o en nosotros mismos.

Por alguna razón, nos dejamos llevar por lo que nos tocó vivir, como si estuviéramos condenados por las circunstancias, como si no hubiera escapatoria. Sin embargo, la decisión de quedarnos donde estamos o de cambiar está en nosotros. Y claro está, esto no es una simple agitación de la varita mágica y voilá. Pero, tampoco es algo que no se pueda lograr poco a poco. Es un camino de aprendizaje, de adaptación, de transformación.

Si analizamos nuestras vidas, nos daremos cuenta que si bien han ocurrido momentos de crisis que no podemos controlar ni explicar, la mayoría de las situaciones en las que nos hemos visto envueltos han sido por nuestras decisiones. En otras palabras, estamos donde estamos como consecuencia de lo que hemos decidido. Y sí, lamentable o afortunadamente nos toca asumir los efectos de nuestros actos. Mas, está en nosotros verlo como una desgracia o como una oportunidad.

Pregunto entonces, ¿por qué dejamos que las circunstancias nos impidan avanzar? ¿Por qué creemos que soñar es para otros y que nuestra situación no nos permite tal o cual cosa? Y sobre todo, ¿por qué nos victimizamos ante lo que nos tocó vivir, como si ese “nos tocó” nos dejara sin opciones y sin remedio?

“Si tendemos a dejarnos a un lado y a vivir la vida a través de los sueños de otros, soñar nuestros propios sueños requerirá un cambio de paradigma” – Whitney Johnson

Como señala la misma autora, “cada uno de nosotros tiene la oportunidad de convertirse en el héroe de su historia, una oportunidad que a menudo aparece gracias a una crisis. Podemos elegir aceptar o rechazar el llamado”.

Cómo convertirnos en el héroe de nuestra historia

Johnson nos describe dos maneras de ser protagonistas de nuestras vidas:

  1. Al narrar historias sobre nosotros mismos, es decir, historias donde hemos tenido un papel protagonista.

Nos toca descubrir cómo. Para algunos puede ser mediante la escritura. Para otros puede ser mediante la música o el teatro. Todas estas manifestaciones, artes y demás nos permiten expresarnos, alzar y encontrar nuestra propia voz y así contar nuestra historia y descubrir nuestra esencia.

2. Aprender a ser protagonistas inspirándonos y escuchando las historias de otras mujeres o personajes (reales o ficticios), quienes se han atrevido a seguir sus sueños.

De seguro conoces a alguien que admiras por cómo ha viajado por el mundo haciendo lo que quiere con su vida. O, a lo mejor has visto alguna película o leído algo libro donde sus personajes logran invadirte de una sensación de grandeza, de inspiración, de motivación, de sueños. Busca esas fuentes y practica ser el héroe o heroína de tu historia. “A medida que practicamos el contar y escuchar historias en las que somos protagonistas o nos estimulan a serlo, comenzamos a descubrir quiénes somos y quiénes queremos ser. Descubrimos pistas para nuestros sueños y empezamos a creer que los recursos necesarios para lograrlos nos corresponden y que, como héroes, son nuestro derecho natural” (Whitney Johnson).

“Cuando nos atrevemos a ser el héroe de nuestra propia historia, comenzamos a crecer, a definir nuestros sueños, a ser nosotros mismos más que nunca” – Whitney Johnson

Y tú ¿te atreves a soñar?

Modificando hábitos: mis resultados

Como ya saben, en lo que va de este blog, he realizado varios experimentos con el fin de identificar aquellos hábitos, actividades y situaciones que contribuyan a mejorar mis niveles de felicidad y por ende, a construir una vida plena, presente y balanceada.

En esta entrada, quiero comentarles cómo me fue modificando un hábito en particular: levantarme temprano. En entradas anteriores, compartí un gráfico precisamente para ayudarnos a modificar esos hábitos indeseados.

Pues, debo decir que en mi primer intento (en mayo) no me funcionó. Luego, identifiqué y puse en práctica una serie de actividades y elementos que llamé mis armas personales contra la ansiedad y en pro de la disciplina y funcionó. Ya estoy a más de un mes de este experimento y es por ello que quiero compartirles mis resultados. Como dicen los psicólogos e investigadores, un hábito se forma en un período de 21 a 30 días.

Mis resultados

  • Por cuarta semana consecutiva, he logrado levantarme temprano.
  • Descubrí un elemento clave para ello: no darle Snooze a la alarma y de hacerlo, colocarme boca arriba en un intento de estirarme y abrir los ojos para evitar quedarme dormida de nuevo.
  • Puede que a veces sea necesario gastar un poco de mi cuota de fuerza de voluntad (más adelante comentaré sobre esto) para pararme de la cama, pero vale la pena. Lo importante es no dejar que pasen más de cinco minutos y evitar a toda costa volverme a dormir.
  • Identifiqué dos factores importantes para facilitar el resto de los hábitos de mi sistema matutino: abrir las cortinas y colocar música de buenos días.

Mi explicación

¿Por qué he logrado despertarme temprano ahora y no antes? No lo sé a ciencia cierta. Tal vez en esta oportunidad tuve un motivo imperante, un ultimatum, una razón de peso, un ahora o nunca. Y de hecho, estando a mitad de junio necesitaba completar un trabajo específico antes de que terminara el mes para evitar que se me acumulara y terminara en caos. A solo dos semanas de ese fin de mes, estaba atrasada y no lograba sentarme a trabajar en esa tarea. Me había estado levantando tarde todas las mañanas y por ende no solo se me acortaba el día productivo, sino que por alguna razón me paraba cansada y con flojera. Capaz estaba experimentando lo que los investigadores llaman la inercia del sueño, ese sueño que tenemos cuando postergamos la alarma. Como les comenté en la investigación sobre la higiene del sueño, ese sueño posterior no es de calidad y produce cansancio. Y vaya que no estoy inventando síntomas para darle publicidad a mis posts anteriores.

De allí surgieron mis armas y por ello su título, en contra de la ansiedad y en pro de la disciplina. Algo había que poner en marcha para cambiar la situación. En esta oportunidad no utilicé ningún gráfico, ningún diagrama, ninguna investigación. En gran parte, fue fuerza de voluntad, una motivación a tomar la situación por las riendas y que no me llevara la corriente. Como le comentaba a un lector, las cosas se logran tras múltiples intentos y experimentos hasta que encontramos lo que mejor se adapta a nosotros.

Ahora, es posible que si tomo el gráfico para modificar hábitos, los elementos se cumplan. Probemos:

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  1. Señales para que se dé el hábito:
  • Suena el despertador.
  • Ha sido siempre la misma hora.
  • He estado en el mismo lugar.
  • Siempre ha estado la misma persona conmigo en ese momento.

Según el gráfico, solo hace falta identificar una señal que funcione para indicar que llegó el momento del hábito. Sin embargo, mientras más elementos probemos más rápido se asienta el hábito.

2. La recompensa tras hacer el hábito:

  • Foco y determinación para comenzar a trabajar

3. Rutina:

  • Pararme de la cama, abrir las cortinas y poner la canción Good Day Sunshine de The Beatles. Acto seguido, tiendo la cama, doblo y guardo la ropa que haya quedado afuera el día anterior, me arreglo, desayuno, medito y escribo en el diario.

Declaración del plan: Cada vez que suene el despertador, me estiro durante cinco minutos o menos, me paro, abro las cortinas, pongo la música y ejecuto el resto de las actividades matutinas porque me proporcionan el foco y la determinación para comenzar mi jornada laboral.

Como dije, he probado este sistema matutino por un tiempo ya. Cada vez que me paro y pongo el sistema en marcha y veo cómo termina el día, viene la satisfacción. Hay días más fáciles o difíciles que otros, es decir, días en los que me provoca dormir más y otros en los que me paro apenas suena la alarma. Hay días más enérgicos que otros. No obstante, noto varias cosas que siempre suelen estar presentes:

  • Ver la cama tendida me quita la tentación de no trabajar, de querer dormir, etc.
  • Quitarme la pijama (trabajo desde casa), genera la misma sensación anterior.
  • Abrir las cortinas, poner música y lavarme la cara me despiertan automáticamente. Se me quita el sueño en un santiamén.
  • La ansiedad por las tareas del día se me calma al saber que antes de cualquier cosa voy a meditar y escribir en el diario.
  • El ruido de las tareas fastidiosas disminuye cuando sé que mi día comienza con mi bloque creativo (el blog) y que eventualmente llegará el momento de trabajar en ellas. En otras palabras, comenzar el día por las tareas más gratificantes, divertidas y propias ayuda a la consecución del resto de la jornada laboral.
  • El sistema matutino aumenta mis probabilidades de show up to work.

¿Sistema de hábitos o un solo hábito?

Comencé esta entrada hablando de cómo me fue instalando en mi día a día el levantarme temprano. Terminé hablando más bien de un sistema de hábitos matutinos. Pues, resulta que según Tiago Forte, tal parece que nos es abrumador formar un hábito para luego escalar a otros o poner en práctica esa nueva habilidad para crear sistemas. Establece que “no podemos manejar la carga cognitiva de adquirir, aprender, mantener y utilizar múltiples estrategias y herramientas para múltiples hábitos”. Cada vez que, por ejemplo, almorzamos mal, la respuesta parece estar ligada a que no hicimos otros hábitos antes, como desayunar bien. Podemos concluir entonces que un hábito influencia y se ve influenciado por otro.

Lo he vivido en carne propia. Cada vez que he intentado meditar porque sé que es bueno, no logro la misma constancia que cuando medito porque al haber hecho otros hábitos y actividades antes, me urge en cierta forma meditar. Lo mismo ocurre con el diario. No lo abandono porque me es esencial para despejar la mente, disminuir la ansiedad y ponerme a trabajar. Todo está relacionado. Así que el ver los hábitos como una red, como dice Forte, en lugar de actividades o comportamientos individuales, me ha servido para no subestimar su poder e influencia sobre lo que puede pasar. Asumo entonces, que esta puede ser una razón por la que levantarme temprano no me funcionó la primera vez, y sí me ha ido mejor al trabajar con sistemas, que inclusive comienzan desde la noche anterior y hasta antes.

RedHabitos

Otras consideraciones

Anteriormente, les hablé sobre la fuerza de voluntad. Mencioné que a veces necesito gastar parte de mi cuota para pararme y comenzar el día. Investigadores como Mark Muraven han determinado que esa fuerza es un tanto finita. Señala: “La fuerza de voluntad no es solo una habilidad. Es un músculo, como los músculos de los brazos y piernas, y se cansa cuando trabaja fuerte. Por tanto, le queda poco poder para hacer otras cosas”. Asevera que “si queremos hacer algo que requiere fuerza de voluntad, como trotar luego del trabajo, debemos conservar nuestro músculo durante el día… Si la consumimos muy temprano en tareas tediosas… toda nuestra fuerza se habrá ido para el momento que lleguemos a casa”.

En mi caso, conscientemente utilizo parte de mi fuerza de voluntad para lograr esa disciplina y consistencia de trabajar. Mas, no la consumo completa. Es solo un pequeño empujón para mejorar mis probabilidades de una buena jornada. De hecho, según diversos estudios, “la fuerza de voluntad es el hábito clave y principal para el éxito individual” (Charles Duhigg en The Power of Habit), dado que construye nuestra propia disciplina. Tarde o temprano, logramos hacer de la fuerza de voluntad un hábito y por ende automatizamos la respuesta. En otras palabras, llegará un momento en el que no tendré que pensar ‘necesito pararme’ para que mi fuerza actúe, sino que ocurrirá de forma instantánea.

En resumen

  • Un hábito posee tres elementos: la señal, la actividad que pondremos en marcha y la recompensa.
  • Dicha actividad sucederá cuando estén presentes los dos otros elementos.
  • Mientras más señales probemos o tengamos, más rápido se asentará el hábito.
  • Mientras más fuerte la recompensa, más poderoso será el hábito.
  • Formar y perseverar en un hábito a veces es instintivo y funciona. Los gráficos e investigaciones nos ayudan a darle sentido a eso que logramos por medios propios.
  • Disponemos de una cuota limitada de fuerza de voluntad. Usémosla sabiamente.
  • Lograr un hábito es un gran logro. Mas pudiera ser más fácil cuando una actividad habitual es necesaria para que otra ocurra. Un sistema concatenado de hábitos mejora la formación y éxito de los mismos.

El matrimonio no es una cárcel

Hace unos días escuchaba cómo unos esposos se referían a sus parejas de manera despectiva. Con tan solo diez años de casados, ya surgían comentarios como, ”mi esposa es insoportable’ o ‘a veces me vuelve tan loco que me provoca pegarle en la cara’. Supongo que para algunos es cierta la tan famosa crisis de los 40.

Sin embargo, al oír estos comentarios siento pena. Parejas que se enamoraron al punto de decidir casarse, de gritarle a los cuatro vientos que juntos querían vivir por el resto de sus vidas. Parejas que en breve, se perdieron el respeto mutuo.

Es común para algunos ver el matrimonio como una cárcel, como la pérdida de la propia libertad y autonomía. ¿Y quién dijo que por compartir la vida con otro, se tiene que perder la propia identidad, el propio camino y los sueños de cada uno?

Vivir en matrimonio o cualquier otro tipo de convivencia no es más que tener un hombro de apoyo constante para impulsarse mutuamente y hacer de ello un proyecto conjunto. Es buscar una manera de ayudar al otro a progresar y que ese progreso implique el desarrollo de ambos.

Por ello, y dado que se acerca la Navidad, mi época favorita del año, quiero dejarles un mensaje de amor, paz y encuentro. Por algo se dice que en la unión está la fuerza.

Para aquellos que sienten que los compromisos son cadenas, los invito a abrirse a las oportunidades que brindan el amor y la compañía. Compartir nos enriquece como personas, respetarnos aún en las diferencias nos hace más humanos y amarnos nos hace grandes.

Personalmente, no creo en estas crisis de las edades. Creo que cada quien es capaz de tomar sus propias decisiones y con ellas dirigir sus acciones. Los clichés nos encasillan en maneras de vivir muy limitadas. Así que es tiempo de expandir nuestros paradigmas y programaciones mentales.

En estas Navidades, vivamos al máximo. Démonos un tiempo para mirar a nuestro alrededor, contemplar esas caras familiares y recordar por qué hemos querido rodearnos de ellas.

Que tengan unas felices fiestas entre familiares, amigos y tradiciones.

Una alimentación balanceada para una vida plena – Fase A

Como les comenté en la entrada anterior, he trazado 7 componentes para ayudarnos en el camino hacia una vida plena:

  1. Alimentación balanceada
  2. Ejercicios regulares
  3. Meditación
  4. Hábitos necesarios
  5. Declutter your life!
  6. Esparcimiento
  7. Experiencias óptimas

Además, he complementado cada componente con fases y objetivos más tangibles con el fin de conquistar y celebrar pequeñas batallas que nos conecten cada vez más con nuestro día a día, con el presente. Así que hoy les hablaré sobre la primera fase del primer componente: jugos para el desayuno como parte de una alimentación balanceada.

A lo mejor se preguntarán qué tiene que ver la alimentación con la vida plena. Mis consideraciones son las siguientes. Si estamos sanos y en buena forma (y por esto no me refiero a ser atletas olímpicos o físicoculturistas), podremos tener mayor energía, apertura y actitud para enfrentar los desafíos y experiencias de la vida.

Por esto, para apreciar nuestra vida tal como se nos presenta, abordar nuestros sueños y emprender este camino de la plenitud, hay que empezar por alimentar nuestro cuerpo, mente y alma.

Comencemos entonces por una alimentación balanceada, fase a fase.

Fase A: ¿Por qué reemplazar la comida del desayuno por jugos de frutas y vegetales?

En casa, solíamos desayunar cereal por la facilidad y practicidad que significaba prepararlo. Sin embargo, estábamos conscientes de que no nos alimentábamos bien en la comida más importante del día. Así que comenzamos un experimento para reemplazar el cereal por jugos de frutas, vegetales, granos y semillas.

Así comenzó la experiencia…ComprasvegetarianaLuego, vino la preparación…SmoothiesY después de una semana de brindarle a nuestro organismo los micronutrientes que necesita (vitaminas y minerales) para llevar a cabo funciones como la digestión, control del azúcar en la sangre, reducción de dolores e inflamaciones y mejora del sistema inmunológico, hemos logrado construir el hábito.

¿Qué efectos ha tenido este cambio en nuestra vida?

  • Tenemos más energía durante el día, en especial por las mañanas cuando solíamos tener mayor cansancio, sueño y flojera.
  • Nuestro estómago se ha sentido menos inflado.
  • Nos ha aumentado el deseo de comer sano.
  • Hemos quebrado precisamente esa flojera que nos impedía querer cocinar por las mañanas.
  • El desayuno se ha vuelto un momento para cocinar juntos y compartir.
  • Hemos recobrado conciencia sobre la importancia del desayuno, en especial si tomamos en cuenta que a veces nos lo faltábamos por el corre corre matutino.
  • Los jugos y smoothies son muy fáciles y rápidos de preparar, pero le brindan mayores nutrientes y beneficios al organismo.

Todo esto nos ha enseñado que definitivamente y tal como señala Joe Cross, nuestra salud debe ir primero que el trabajo y primero que todo. Sin más, les recomiendo que vean el documental Fat, Sick & Nearly Dead, por el mismo autor. Está disponible en Netflix. Y ojo, no necesitan, si no lo desean, reemplazar el desayuno por jugos como nosotros lo hemos hecho, mas sí les recomiendo que los incorporen en su dieta diaria. Notarán los beneficios.

Nota: Para encontrar las recetas que utilizamos en nuestros jugos y smoothies, ingresa aquí.