¿Cuál va a ser tu posición ante un mundo convulsionado, construir o destruir?

Le he estado dando vueltas a la cabeza estos últimos días pensando en un mensaje a transmitir en estos tiempos de tanto disturbio y revuelo mundial. Desde ya, expresar que esta es mi opinión personal y que no está atada a ninguna orientación política. De hecho, parte de mi mensaje hoy es de tolerancia. Por ende, decir desde el principio que respeto la postura de cada quien.

En primer lugar, el que haya tanto descontento en distintos países puede significar algo positivo. Más allá de las razones del descontento o de las carencias o necesidades no cubiertas por quien sea, pudiera uno procurar ver esta manifestación como una necesidad de volvernos más humanos. Pareciera que el mundo entero está pidiendo un regreso a los valores fundamentales. Las distintas sociedades piden equidad, tolerancia e integración.

Estamos en el siglo XXI. Tantas cosas han cambiado. Sería ingenuo pensar que nosotros como seres humanos nos quedemos sin evolucionar.

En segundo lugar, precisamente entonces hago un llamado a la equidad, a la tolerancia y a la integración. Es cierto que es muy importante tener la posibilidad de expresar nuestra voz. Y me alegra que así pueda ser en la mayoría de los países. Seamos responsables entonces en cómo ejercemos nuestro derecho a expresarnos. El lenguaje, lo he dicho en otras oportunidades, es una herramienta poderosa. Puede construir y puede destruir (a nosotros mismos, a los demás y a las oportunidades). 

¿Cómo volvemos a nuestros valores? Expresándonos con sabiduría, respetando el espacio del otro, conversando y escuchando. Sé que a veces nuestras emociones nublan y se apoderan de nuestro lenguaje. Dichas emociones son más que válidas. Ahora te pregunto, ¿es posible tomarte un momento para enfriarte y pensar con más claridad? Recuerda, el cielo azul siempre está allí en tu mente. Los pensamientos y las emociones circulan por doquier. Déjalas pasar y reencuéntrate con ese cielo azul. En palabras más claras, lo que quiero decir es recurre a la sensatez. Tu opinión nunca va a dejar de ser válida, pero también la del otro. La única forma de construir y volver a nuestros valores es buscando puntos de encuentro. 

El mundo no es blanco y negro. Hay miles de caminos para llegar a Roma. El tuyo no es el único. Es más, es muy probable que la mejor solución a tus problemas sea una combinación de tu solución más la del otro. Por una parte, esto se llama negociación. Por la otra, se llama tolerancia, sensatez, constructivismo y objetividad. 

En la vida no siempre se logra todo lo que queremos tal cual lo queremos. No podemos esperar controlar a otras personas ni a las situaciones. Lo comentamos al discutir los pecados que van en contra de tu felicidad. Expresar nuestro descontento de forma tal de lograr nuestro cometido requiere inteligencia y apertura. Además, los cambios requieren de tiempo y pasos. Paso a paso se va construyendo una mejora para toda situación.

Siento que es tiempo de unir cabos. Desde donde sea que te encuentres, trasmite amor y no odio. El odio no resuelve. El apuntar a culpables no resuelve. Lo que pasó ya pasó y no se puede cambiar. El presente es lo que queda y es la esperanza para un futuro mejor. Usa mejor tu tiempo. Usa mejor tus recursos. Si tienes la posibilidad, propón. 

Es muy fácil quejarse. Y ojo, comprendo el sufrimiento, el padecimiento. Mas, si se hacen esfuerzos por construir, pero te vas a enfocar solo en lo que falta, en lo que no se incluyó, en que aun con esos esfuerzos no se va a llegar lejos, en efecto, no vas a llegar a ninguna parte. Considera que para llegar a la meta, hay que dar un primer paso. Si nada te hace estar conforme, nunca se va a dar ese primer paso y la meta, solo quedará como un chiste.

En resumidas, exprésate, sé constructivo, sé cuidadoso con tu lenguaje, sé parte de la solución y no solo una víctima de las circunstancias. No tienes que estar en una posición de poder para transmitir tolerancia, amor, unión, tranquilidad y bienestar.

Todo es como es

“Si una cosa tiene solución, ¡para qué preocuparse!, y si no tiene ya solución, ¡para qué preocuparse! (Proverbio chino)

 

¿Se acuerdan cuando hablábamos de que tenemos exactamente la vida que queremos tener en este momento? Mantengo mi opinión al respecto. Sin embargo, vale la pena indagar en por qué estamos donde estamos si eso nos causa sufrimiento.

Es muy difícil comenzar. Una vez empezamos, todo fluye; hábitos se crean, sistemas se ponen en marcha, etc. Eso por un lado.

Por otro lado, hay un problema de prioridades. No sabemos priorizar. A veces creo que ni siquiera sabemos qué es importante para nosotros. Vamos por la vida en piloto automático. Damos muchas cosas por sentado. Creemos que vamos a estar aquí en esta Tierra para siempre. No obstante, como decía el maestro que condujo un retiro de meditación al que fui recientemente, nada es permanente. Y cuando entendemos esa verdad, podemos liberarnos de mucho peso. Pero eso es otro tema. 

Entonces, nuestra incapacidad para priorizar, es decir, concentrarnos en lo que nos importa y descubrir qué es eso, y lo difícil que es comenzar (un cambio, algo nuevo, una práctica) parecen ser dos de los grandes obstáculos para una vida extraordinaria o feliz.

Aceptación

Este es el tema que nos compete hoy. 

Si quieres lograr algo y sabes cómo hacerlo, hazlo. Si te aqueja alguna situación, pregúntate: ¿tiene solución? Soluciónalo entonces en lugar de preocuparte por la situación en sí. ¿No tiene solución? Pues, déjalo ir. Si no puedes hacer nada al respecto, ¿para qué le vas a seguir dando vueltas? 

Lo digo de nuevo, aceptación. Las cosas son como son. No hay bueno ni malo, agradable o desagradable, satisfactorio o insatisfactorio. No creo en el cielo o en el infierno. No creo en la recompensa o en el castigo. Creo en las experiencias. ‘Las cosas son como son’. No hace falta etiquetas. 

¿No les resulta liberadora esta neutralidad? Lo que nos queda es vivir y ya. 

Y ojo, es aceptación, no resignación. Es aprender a ser felices con eso que catalogamos como “malo” y “bueno”, no solo cuando logramos o vivimos algo “satisfactorio”.

Compasión

No somos seres perfectos. Vamos a caer una y otra vez. ¡Alégrate! Eso significa que la vida tiene mucho para ofrecerte.

¿Cuántas veces no hemos querido señalar a un culpable cuando algo sale “mal”? ¿Para qué culpar? ¿Acaso con eso solucionamos el problema?

Y más fuerte aun es, como lo llamaba el Dalai Lama, el auto-odio, la auto-culpa. El mismo maestro al que me referí más arriba contaba que el Dalai Lama y los orientales no están familiarizados con el concepto de culpa. No saben qué es eso… un invento occidental. ¿Ya ven por qué el castigo y la recompensa, el cielo y el infierno, lo bueno y lo malo no tienen sentido, al menos para mí? Porque desemboca en culpa, en sentirse inferior, no merecedor, perdedor. Y, ¿según quién?

Perdónate. Sana.

Amor

Y para lograr todo lo anterior, la aceptación y la compasión, hay que amar. El amor empieza por ti mismo. Si no te cuidas a ti no puedes cuidar a otros. Si no te amas, no puedes amar verdaderamente a otros. Si no te aceptas tal cual eres, no te amas. Si no aceptas las condiciones de tu vida, no te amas. Una vez más, ‘las cosas son como son’.

Y para Shauna Shapiro, empieza así: “ (Tu nombre), buenos días, te amo”.

¡Feliz 2019 para todos y que comience la fiesta!

El matrimonio no es una cárcel

Hace unos días escuchaba cómo unos esposos se referían a sus parejas de manera despectiva. Con tan solo diez años de casados, ya surgían comentarios como, ”mi esposa es insoportable’ o ‘a veces me vuelve tan loco que me provoca pegarle en la cara’. Supongo que para algunos es cierta la tan famosa crisis de los 40.

Sin embargo, al oír estos comentarios siento pena. Parejas que se enamoraron al punto de decidir casarse, de gritarle a los cuatro vientos que juntos querían vivir por el resto de sus vidas. Parejas que en breve, se perdieron el respeto mutuo.

Es común para algunos ver el matrimonio como una cárcel, como la pérdida de la propia libertad y autonomía. ¿Y quién dijo que por compartir la vida con otro, se tiene que perder la propia identidad, el propio camino y los sueños de cada uno?

Vivir en matrimonio o cualquier otro tipo de convivencia no es más que tener un hombro de apoyo constante para impulsarse mutuamente y hacer de ello un proyecto conjunto. Es buscar una manera de ayudar al otro a progresar y que ese progreso implique el desarrollo de ambos.

Por ello, y dado que se acerca la Navidad, mi época favorita del año, quiero dejarles un mensaje de amor, paz y encuentro. Por algo se dice que en la unión está la fuerza.

Para aquellos que sienten que los compromisos son cadenas, los invito a abrirse a las oportunidades que brindan el amor y la compañía. Compartir nos enriquece como personas, respetarnos aún en las diferencias nos hace más humanos y amarnos nos hace grandes.

Personalmente, no creo en estas crisis de las edades. Creo que cada quien es capaz de tomar sus propias decisiones y con ellas dirigir sus acciones. Los clichés nos encasillan en maneras de vivir muy limitadas. Así que es tiempo de expandir nuestros paradigmas y programaciones mentales.

En estas Navidades, vivamos al máximo. Démonos un tiempo para mirar a nuestro alrededor, contemplar esas caras familiares y recordar por qué hemos querido rodearnos de ellas.

Que tengan unas felices fiestas entre familiares, amigos y tradiciones.