¿Tienes el coraje de admitir tu ignorancia?

Primero que nada, quiero desearles un muy feliz año 2021. ¿Cómo están sus niveles de energía? ¿Armaron su lista de resoluciones para este nuevo período? Espero que hayan gozado en sus festividades a pesar de las adaptaciones que de seguro tuvieron que hacer por la pandemia. Ahora, entrenemos en lo que nos compete hoy.

Como muchos saben, este blog trata temas de bienestar. Ciertamente, en algunas oportunidades hago uso de fuentes reconocidas de información para sustentar mis hallazgos. Sin embargo, en su esencia, cada entrada hace referencia a alguna experiencia directa o indirecta que he tenido. En otras palabras, este blog es mi ruta y mis pasos para seguir construyendo mi versión de una vida extraordinaria. Espero en mi camino poder inspirarte a que adoptes prácticas o experimentos que te puedan servir para tú armar tu propia versión de vida extraordinaria.

Por todo lo anterior, el conocimiento que les comparto es subjetivo y en ningún momento espero que se considere dogmático. Y hago esta acotación porque mientras más uno lee y se informa, más ignorante uno se siente, o mejor dicho, más se da cuenta uno de lo poco que sabe. 

“Yo solo sé que no sé nada”.

Sócrates

Precisamente, esta es mi invitación para hoy. ¿Tienes el coraje de admitir tu ignorancia? ¿Cuántas veces opinamos sobre temas políticos sin saber sobre la historia de un país o sobre los mismos principios de la ideología que defendemos o criticamos? ¿Cuántas veces competimos en nuestras conversaciones por tener algo que decir? Y a esto le agregamos que usualmente nos reunimos con personas que piensan similar a nosotros. Por ende, ¿quién cuestiona nuestros planteamientos? 

Todo esto da pie a que consciente o inconscientemente creamos nuestra mirada como la única verdad o la única verdad que hace sentido. Como consecuencia, descalificamos al otro, lo tildamos de ignorante, etc. ¿No será al revés? ¿No seremos los dos ignorantes en su medida?

Supongo que le debo a Yuval Noah Harari este post. Su último libro, 21 lecciones para el siglo XXI, me dejaron mucho que pensar. Por esta razón, no solo te invito a conocerte y a admitir que no siempre tenemos la razón ni sabemos de lo que estamos hablando. Y que aun cuando sepamos, el otro no necesariamente está errado. Pero también, te hablo de la ignorancia porque como decía más arriba, mis planteamientos en este blog no son verdades absolutas ni dogmas. Este es mi gran experimento y puede que hasta a veces me contradiga a medida que aprendo nuevas cosas. Ustedes saben, no obstante, que me gusta ser transparente. Así que aun cuando me contradiga o me equivoque, lo sabrán por esta vía.

¡A celebrar la ignorancia porque es la puerta para motivarnos a aprender y adquirir, ojalá, sabiduría! (Aunque admito que a veces la ignorancia parece una bendición jajajaja).

Cuando sueltas todo y escuchas…

Como te comentaba anteriormente, una de mis reflexiones tras 3 años y 100 posts como La coleccionista de puertas es escuchar antes que hablar. Tal como leí en una oportunidad, la vida creativa se trata de dejar el canal abierto. 

Cuando no sabes qué decir, cuando lo que quieres decir no viene a ti… Pues, considero a veces que esto pasa porque las palabras o tu vida tienen otro mensaje. Si escuchas atentamente, tal vez puedas escucharlo y transmitirlo.

Como quien dice, a veces es necesario nadar contra la corriente para vivir de acuerdo a tus ideales y valores. Sin embargo, otras veces se trata de dejar que la marea te lleve al lugar donde debes estar. En otras palabras, a veces hay que soltarse y seguir la corriente, aunque prefiero verlo como dejar que la vida te enseñe el camino a seguir. Y después, ya te toca decidir cómo responder a ello. Como dijo Viktor Frankl:

 

“El hombre no está totalmente condicionado y definido, sino que se define a sí mismo, ya sea que sucumba ante las condiciones o que haga frente a ellas”. 

 

Y que quede claro que no son solo palabras las que están bailando en el universo para ser escuchadas por cada uno de nosotros. La vida, la energía y el universo mismo utiliza un sin fin de maneras y medios para comunicarse contigo si estás dispuesto y abierto a recibirlo.

Sin más, hoy quiero compartirles lo que las palabras querían que dijera. Tras experimentar varias semanas de un poco de bloqueo creativo, y sin intención de convertir esto en un post, le escribí una carta, una escritura libre, a la musa de la inspiración. Y como apaño la idea de ser vulnerables, como sinónimo de coraje, humanidad y conexión, quiero compartirles esa reflexión.

 


13 de noviembre de 2018

Querida inspiración,

Estoy un poco estancada. Y sé que no debo esperarte para crear, para trabajar, para sentarme como casi todas las mañanas y dejar que las palabras fluyan. Sé que no te necesito para que la magia ocurra. Sin embargo, cómo ayuda cuando estás cerca de uno.

Tengo sentimientos encontrados. El contenido se está madurando dentro de mí. Sé que hay movimientos allí, pero no veo con claridad sobre qué debo escribir. Hoy escribí un poema que no sé ni de dónde salió. Me gustó, pero no sé si está profundamente conectado con mi mundo interior.

No me siento necesariamente perdida. Es decir, sé cuál es mi camino. Sé que debo seguir caminado no más. Pero, también siento como que hay algo que me estoy perdiendo, que no estoy viendo, o algo que me está haciendo falta.

Este fin de semana, salí a buscarte. Salí entre las calles, entre las pinturas y fotografías de artistas, entre esos detalles de la vida. Te encontré finalmente en las líneas de un libro, un libro que hasta que no lo terminé no pensé que me llenaría de la forma en que lo hizo. Y con mucha energía, actitud y firmeza, me dije a mí misma: vamos a salir a conquistar nuevamente esta vida. En eso ando. Mas, la tierra por donde estoy pisando está un poco resbaladiza. 

Inclusive me encuentro moviendo un poco las energías. Estoy pensando en explorar otras alternativas, una limpieza más metafísica; Nuevos cantos, profecías desconocidas… Todo con tal de encontrar esa baranda de apoyo para seguir construyendo camino.

Hoy, ni en el esfuerzo ni desafíos de mis maestros encuentro compañía. Hoy ni mis demonios internos aparecieron. Y no es una hoja blanca a la que le tengo miedo. Ya ves que palabras no faltan. El problema está en que no encuentro las adecuadas. Mejor dicho, no sé cuál es la historia, el relato, la fantasía, el problema que quieres que cuente. Y si no hay cuento, no hay narrativa.

Una muestra más que vulnerabilidad siempre hay, siempre estará y hay que abrazarla sin más. Hoy me expongo ante ti porque quiero mostrarte que a veces hay un poco de gris. No todas las pinturas se construyen con muchos colores. No siempre las obras quedan pulidas. También hay tesoros en lo bruto; No cerrar los ojos ante oportunidades un tanto oscuras. En todo y en todos está el arte, el arte de vivir, el arte de compartir, el arte de crear, el arte…


 

Hoy te invito a que seas vulnerable. Hoy te invito a que te abras a las oportunidades. Hoy te invito a que en silencio medites y escuches esa voz del universo. ¿Qué te está diciendo? No se trata de lo que quieras escuchar, sino de lo que quiere decirte. Abraza la incertidumbre, pinta con todos los colores, en escala de grises o con todo el arcoíris, y levántate una vez más.

El peso de una vida extraordinaria

A veces creo que no nos damos cuenta del poder de las palabras. Así que, si bien he hablado en otras oportunidades de vida normal versus vida extraordinaria, no quedo muy satisfecha, la verdad, con esa división. Pareciera implicar que si elegimos una vida normal estamos mal y que si optamos por una extraordinaria vamos a conseguir la plenitud que buscamos.

Dicho esto, no sé de qué otra manera podríamos referirnos al camino que elegimos vivir. Así que una vez más, procuraré describir en qué consiste cada uno o por qué apaño hacer una diferenciación.

Una vida normal vs una extraordinaria

Sin caer en debates sobre qué es correcto o no, la vida normal puede entenderse, desde mi punto de vista, como la vida que probablemente ya estamos viviendo. En nuestro día a día solemos hacer una serie de actividades, en su mayoría por necesidad y obligación, otras por satisfacción. Hay que trabajar para pagar las cuentas y cubrir nuestras necesidades básicas y alcanzar cierta comodidad. Hay que comer, asearse y demás para cuidar nuestro cuerpo y tener la energía para el quehacer diario. Algunos eligen otras actividades para cuidar también de su mente y espíritu. 

¿Cómo se ve una vida normal? Digamos que te levantas, te arreglas, vas al trabajo, comes, regresas a casa, pasas tiempo con la familia o amigos, ves televisión, etcétera. Cada persona tendrá su propia versión.

Sin embargo, pareciera que faltara un componente: aquello que quieres lograr. 

Sabes que no apoyo las metas. Prefiero los sistemas. Sabes que me aboco a la idea de ‘ser’ antes que ‘no parar de hacer’. Predico sobre la importancia de vivir el ahora, en lugar de quedarse atascados en tiempos lejanos, ya sea pasado o futuro.

Dicho esto, no podemos dudar de que todos buscamos ser mejores cada día. Algunos se lo toman en serio y trabajan por ello. Otros solo se quedan con palabras vacías. Y por aquí vamos diferenciando esa vida normal de una extraordinaria. 

Aquellos quienes logran transformar sus palabras en acciones y se dedican a construir y vivir la vida que se plantearon, esos soldados valientes, llevan una vida extraordinaria. Aquellos que se quedan con castillos de arena, viven una vida normal. Tu elección, tu camino. 

Vuelvo y repito, no estoy aquí para juzgar qué camino es mejor, si hay alguna ruta correcta o qué te conviene más. Como comenté en el post anterior, tienes la vida que deseas tener. 

¿Cómo se ve una vida extraordinaria? Probablemente rocosa y espinosa, pero al final del día sabes que estás donde tienes que estar. Las actividades de una vida normal siguen allí. Mas, tus acciones responden a tus valores. Están presentes en cada cosa que haces. ¿Qué precio estás dispuesto a pagar para montarte en la montaña rusa más alta, más impredecible y satisfactoria que existe?

El peso de una vida extraordinaria

 

“Todo el mundo quiere ir al Paraíso, pero nadie quiere morir”

(Verso de un blues interpretado por Albert King). 

 

Si fuera fácil lograr cada una de las cosas que nos planteamos, todos viviéramos de forma extraordinaria. No existirían las quejas, la envidia, los celos, la frustración y la impotencia. Probablemente, no hubiera surgido la psicología positiva y tantos estudios para ayudarnos a ser felices y encontrar la plenitud en nuestra existencia.

Pero, como dijo Nietzsche, una vez más:

 

“El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.

 

Ese cómo es nuestra cruz. De ti depende, sin embargo, si prefieres el dolor en el camino hacia una vida bien vivida o el dolor de tus arrepentimientos. Mas, hablemos de ese dolor, hablemos de esa cruz. Y para ello, te voy a contar la fase en la que estoy, la razón por la que esta entrada está siendo escrita.

Hace dos meses aproximadamente, mi esposo y yo decidimos acudir a una nutricionista del deporte para mejorar nuestra dieta dado los nuevos requerimientos de nuestro ejercicio y actividades en general. Se nos armó todo un plan donde por semana, y entre los dos, estábamos comiendo aproximadamente 30 huevos, 71 frutas, 10 latas de atún más otras porciones de pescado fresco, 500g de legumbres, 500g entre arroz y quinoa y un sin fin de vegetales. Comenzamos nuestro plan de hábitos para poder manejar la preparación de toda esa comida. Empezamos cocinando durante la semana. Nos acostábamos tarde, no podíamos levantarnos temprano a hacer ejercicio. Al final de la semana estábamos abrumados y agotados. Sin embargo, había que continuar con el plan. Decidimos probar cocinando todo el domingo. La siguiente semana la pasamos estupendamente, pero ese domingo estuvimos más de 5 horas sin parar trabajando. 

Semana tras semana, cada vez que llegaba el domingo, casi no quería ni pararme porque sabía lo que nos esperaba. De repente, comer lo mismo todo el tiempo, por más de que cambiaras un tipo de legumbre por otra y así sucesivamente, me tenía aburrida. ¡Vamos que se puede! 

Llegamos a la segunda consulta. Yo, resuelta a que me hicieran un cambio en esa dieta o de lo contrario no sería sostenible. Luego de unas palabras alentadoras, comenzamos a entender de qué otras formas podíamos trabajar con la comida, las preparaciones, los ingredientes, etc. Motivados, emprendimos un nuevo experimento. Luego, decidimos hacernos veganos. Y a pesar de que ahora variamos los métodos y presentaciones de la comida, y por ende, más trabajo, se nos ha hecho más llevadero. Los sabores ahora sí se sienten. Los beneficios que sentimos desde el día uno siguen allí, y por ende, la razón por la que todo este sacrificio ha valido la pena.

La tarea de cocinar me sigue resultando a veces cansona. A veces sueño con no tener esa responsabilidad los domingos. Las otras circunstancias de la vida se nos mezclan con este cambio tan importante que hemos emprendido. La abrumación no tarda en llegar. 

No obstante, un estilo de vida saludable es mi prioridad, es mi norte. El cuidado de mi salud y del medio ambiente forman parte de mis valores. Y contra viento y marea, aquí aguantamos porque el propósito vale la pena. Esta es mi vida extraordinaria.

Como dice Brené Brown, en su libro “El poder de ser vulnerable”: 

 

Un cartógrafo de paso firme y seguro no hace de un viajero veloz. Me tropiezo y me caigo, y constantemente me encuentro necesitando un cambio de trayecto. Y aun cuando estoy tratando de seguir un mapa que he dibujado, muchas veces la frustración y la falta de fe en mí misma ganan, así que enrollo ese mapa y lo meto en la gaveta de cachivaches en la cocina. No es un camino fácil, pero para mí cada paso ha valido la pena. 

 

Lo que queda entonces es…

¿Cómo cargar tu cruz?

Con flexibilidad, compasión y agradecimiento. 

Flexibilidad cuando no logras mantener el hábito o el sistema se quiebra. “Caer está permitido, levantarse es obligatorio” (Proverbio ruso). Sigue intentándolo que el momento transformador puede estar a la vuelta de la esquina.

¿Un aspecto en particular de tu cambio te está resultando muy abrumador y poco sostenible? ¿Un día no se pudo? Vuelve a tu rutina anterior y regresa al camino del cambio al día siguiente. 

 

“Pensar en el cambio como un PROCESO y en el compromiso como una INTENCIÓN…” (Orsillo y Roemer en Vivir la ansiedad con conciencia).

 

Compasión porque no somos perfectos y los cambios no suelen ser tan sencillos, menos cuando hablamos de valores y paradigmas. 

Y agradecimiento por tener el coraje de vivir plenamente, de no quedarte con arrepentimientos, de ver el pasado como un maestro para que tu presente esté alineado con lo que crees.

———

Bono:

Y sin tienes la suerte, rodéate de personas que compartan tus valores. Construye una red de apoyo para esos momentos en que renunciar parece ser la única voz en tu interior.

¡Te tengo un secreto! Pista: coraje

Todos queremos alcanzar algo en esta vida. Para unos, será llevar una vida creativa. Para otros, su sueño será emprender, cambiarse de trabajo, hacer un viaje exótico. Y quien sabe, a lo mejor hay algún aventurero entre esta audiencia que esté pensado en dejarlo todo y convertirse en un nómada. 

Quizás, más bien solo deseas aprender un idioma nuevo. También puede ser que quieras practicar algún deporte o hobby que no has hecho antes o que llevabas años sin hacer. No importa qué tan sencillo o complejo parezca aquello que sueñas. Hay algo que está en tu cabeza queriendo convertirse en tu realidad.

¿Qué debes hacer? Primero, empezar. Pero, ¡es que es tan difícil! Sí. ¿Sabes lo que realmente necesitas? Coraje.

Es impresionante cómo esta palabra se repite una y otra vez cuando hablamos de sueños, emprendimientos, vida deseada y demás sinónimos. En una oportunidad te comenté cuál era mi consigna de vida: “Sonríe, trabaja duro y sé valiente”. Allí está una vez más Casey Neistat recordándonos la importancia de llenarse de valor para dar ese primer paso.

Luego, abro el libro de “Libera tu magia”, escrito por Elizabeth Gilbert (autora de “Comer, Rezar y Amar“) y el primer capítulo se titula ‘Coraje’. Y es que resulta que como plantea esta autora, exteriorizar nuestro potencial o encontrar esas joyas que el universo sembró en nuestro interior, poner de manifiesto una idea y ser consecuente con ella requiere de valor. De hecho, “el coraje de emprender esa búsqueda [para desenterrar nuestras joyas]: eso es lo que diferencia una existencia anodina de una especial” (Gilbert).

Y conecto esta última frase con la diferencia entre llevar una vida extraordinaria y una vida normal. Cada quien decide qué vida elegir. Sin embargo, para aquellos que no quieran, como dice Prince Ea llegar al final de sus días arrepintiéndose por lo que dejaron de hacer, la vida extraordinaria comienza con valentía. 

¿Cómo trabajar nuestro coraje?

  1. Enfrenta tus miedos

El miedo siempre va a estar presente. Es más, es una buena señal de que vamos por el camino correcto. Y es lógico que tu mente te envíe una alerta de peligro al tratarse de algo nuevo que estás por hacer. El miedo no es más que información. Como dije, anticipa que estás por hacer algo que sueñas. Trata de detenerte al recordarte todo lo que puede salir mal. Sin embargo, ¿has pensado en todo lo que puede salir bien? 

Como he dicho en otras oportunidades, a veces nuestras preocupaciones se basan en eventos que pueden no llegar a suceder. Así que mi consejo es, enfrenta tus miedos. Por ejemplo, si sufres de vértigo, busca alguna colina baja o un set de escaleras, algo que puedas subir y progresivamente ir aumentando en altura. Al darte cuenta que no tienes por qué irte de boca o caerte, vas fortaleciendo tu confianza. De esa forma, le vas diciendo a tus miedos, hola, sé que esto que estoy por hacer me es difícil y me preocupa, pero no por ello voy a evitar una experiencia que ansío tener.

  1. No veas tus miedos como algo negativo

Nos dicen que debemos ser fuertes. Y pareciera que ser fuertes significa no sentir. Es completamente normal tener emociones, tener ansiedad, tener miedos. Solo debemos aprender a vivir con ellos. El primer paso es aceptarlos como parte de nosotros. Deja de etiquetar tus emociones, miedos y pensamientos como buenos o malos, correctos o incorrectos, deseados o indeseados, positivos o negativos. Somos lo que somos. Cada pedazo de nosotros es maravilloso. Aprende a vivir, a aceptar y a quererte. Aprende a responder mejor frente a tus experiencias de vida, a tus miedos, a tus emociones. Pero, no los rechaces. Lee el próximo tip.

  1. No evites tus miedos ni emociones

A lo mejor has escuchado esas técnicas que señalan que cuando tienes alguna emoción fuerte o tienes miedo, es mejor distraerte o pensar algo positivo. Al evitar nuestras emociones y miedos lo que hacemos es intensificarlas y darles mayor poder sobre nosotros. Date cuenta de que estás experimentando miedo. Date cuenta de que estás teniendo un episodio de ansiedad. Repite conmigo: “Hola miedo, hola ansiedad, sé que están aquí. Sean bienvenidos. Aquí les he reservado estos asientos. Por favor, pónganse cómodos y disfruten mi función. Eso sí, recuerden, hablar está permitido, pero la directora de la obra soy yo”.

  1. Practica mindfulness

Dedica unos cinco minutos al día a practicar mindfulness a través de la meditación. Siéntate en el suelo o en una silla con la espalda recta. Coloca un cronómetro por el tiempo de la práctica. Cierra los ojos y concéntrate en tu respiración. Cuenta cada inhalación y exhalación hasta llegar a 10. Luego reinicia la cuenta. Si algún pensamiento se atraviesa por tu mente, no importa. Vuelve tranquilamente tu atención a la respiración sin criticarte por haberte desconcentrado. Y si pierdes la numeración, no hay problema. Igualmente, y con amabilidad hacia ti mismo, devuelve tu atención a la respiración y empieza desde 1.

  1. Show up

Una vez más, traemos nuestra frase favorita, show up. Enfócate en tu sistema. Practica eso que haces con constancia. El resto va fluyendo. Tus miedos perderán así protagonismo.

  1. Expresa tus sentimientos

Finalmente, suelta esos sentimientos. Desahógate. ¿Escribes? Entonces, escribe en tu diario, escríbelo como poema o simplemente agarra cualquier pedazo de papel. Ten una conversación contigo mismo para entender lo que estás atravesando, lo que estás sintiendo, lo que te está impidiendo hacer…

Si no escribes, pinta, grita, salta, haz lo que sea que tengas que hacer para tener esa conversación. Te vas a sentir mejor, más liberado, tu mente estará más clara y habrás puesto los límites necesarios para que tus miedos no te impidan vivir tu vida.

Así que, ¿tienes la valentía de atrapar ese sueño que te eligió?