¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

La dignidad empieza por ti

“Vocablo que deriva del latín dignitas, que a su vez deriva de dignus, cuyo sentido implica una posición de prestigio o decoro, ‘que merece’ y que corresponde en su sentido griego a axios o digno, valioso, apreciado, precioso, merecedor” (Martínez, V.).

¿Qué se entiende por dignidad humana?

Según la Guía de Formación Cívica proporcionada por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, la dignidad humana, 

 

“alude a la cualidad esencial del ser humano… en virtud de la cual se distingue lo humano de lo no humano. La dignidad aparece, pues como una seña de identidad del ser humano, como ser dotado de inteligencia y libertad, como ser moral”.

 

Continúa explicando que esta cualidad nos permite, entre otras cosas, “aprender, transmitir nuestra cultura [y] tener el dominio de nosotros mismos, es decir, tener la voluntad para dirigir nuestra conducta o comportamiento….” Asimismo, nos posibilita adherirnos a valores y “sobre todo, [a] tener conciencia de nosotros mismos y de nuestra existencia”.

En palabras simples, “la dignidad es ser tratado como lo que se es”. Y, ¿qué somos? El Prof. Víctor Martínez explora el tema en su artículo “Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad”. Como ya comentamos anteriormente, somos seres capaces de auto-gobernarnos y comprendernos, no solo como individuos, sino como miembros de una sociedad. 

De esta forma, el Prof. Martínez explica que la dignidad, en su forma más utilizada, es el trato respetuoso a las personas por el simple hecho de ser seres humanos. Es esa autonomía y toma de decisiones que nos hace únicos.

 

La dignidad empieza por ti

Ya hemos visto que con el solo hecho de ser seres humanos, somos dignos. Dejemos a un lado todos los enfoques filosóficos, bioéticos y de cualquier otra índole. Enfoquémonos en esa simple idea, la dignidad empieza por ti.

Ser digno significa que tienes la capacidad de tomar tus propias decisiones, de hacerte responsable por tu camino, de conocerte y apreciarte. Antes de demandar que otro te trate con dignidad, respétate tú mismo. 

Si no te aprecias o no te crees suficiente nadie más lo hará por ti. Si dejas que siga sonando esa canción que te repitieron desde pequeño y que cantaba que no podrías surgir en la vida por tu condición socioeconómica, en efecto tu condición no cambiará. Y no me mal interpretes. Sé que se necesitan ciertas estructuras y condiciones externas para solucionar problemas reales de la vida diaria. Mas, permíteme darte un ejemplo. Nunca voy a olvidar a una compañera de estudio que en mi opinión, era una de las más talentosas del salón. Había nacido en el seno de una familia relativamente humilde. Ello la convencía de que no surgiría en la vida. Su situación familiar, su situación socioeconómica no cambiaría hiciera lo que hiciera. Nació pobre, morirá pobre (esa era básicamente su creencia). 

Entonces, ¿eres merecedor? ¿Eres digno de respeto? Sí.

Ejerce tu autonomía, tu capacidad de aprendizaje, tu auto-conocimiento como herramientas para crecer. Despójate de ataduras auto-impuestas o impuestas por otros. Antes de salir a la calle a gritar dignidad, quiérete, respétate y aprende a aplicar ese concepto en ti mismo y en los demás.

Como dice Rupaul, si no te amas a ti mismo cómo te va a amar otra persona. Si no te crees digno, cómo otro te va a considerar digno. 

Prohibido olvidar

No quería dejar pasar esta semana sin compartirles un post. Un resfrío tardío y otras variables me han mantenido alejada del teclado. Sin embargo, les quiero compartir esta breve reflexión.

Prohibido olvidar

No hay día que vaya a entrenar, que mi coach no me aupe con un ¡vamos máquina! Ese parece haberse convertido en mi sobrenombre luego de la artritis. Le dice a mi esposo, “ahora no hay nada que la detenga”. Todos nos reímos.

Recientemente, recibí mis últimos exámenes de sangre de mi control. Una vez más, los resultados fueron gratificantes. Todo se encuentra dentro del rango. No hay señales de inflamación en el cuerpo. 

A veces recuerdo ese episodio de aproximadamente 4 meses de duración y parece una ilusión, pero a la vez muy real. Y es por eso que digo, prohibido olvidar. 

Todo obstáculo, sin importar su tamaño, nos enseña algo y nos permite valorar también. Así que:

 

  • Acepta que todo pasa por una razón, aun cuando no sepas cuál es en el momento dado o nunca llegues a saberla.

 

  • Enfrenta tus desafíos con y sin miedo. El miedo siempre estará, pero puedes dejarlo opinar solamente o puedes dejarlo mandar.

 

  • Desafíate, ve por más, sí se puede y vaya que es gratificante aprender y crecer.

 

  • No des nada por sentado, un cuerpo sano, tus habilidades, el poder percibir a través de todos tus sentidos, los suaves sonidos de la naturaleza, el color de las cosas, tus logros y bendiciones, tus fracasos, tus caídas, todas las veces que te has levantado…

 

  • Finalmente, confía en la abundancia. El universo sabe lo que hace.

De nuestros archivos: ¿Queremos mejorar?

Todos somos personas valiosas, aun con nuestros defectos y cualidades. Es más, tal parece que estamos en una nueva era donde se llama a fallar, a aceptar el fracaso y verlo como algo positivo. Siempre se aprende de los errores y cuidado si no se aprende más cuando nos caemos que cuando estamos de pie.

Existen múltiples frases que apoyan el fracaso y el aprendizaje que conlleva. 

  • “Caer está permitido. Levantarse es obligatorio”, proverbio ruso.
  • “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”, Nelson Mandela.
  • “Si te caes siete veces, levántate ocho”, proverbio chino.
  • “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”, Samuel Beckett.

Y así, cualquier cantidad más…

En las áreas de innovación y emprendimiento, temas que hoy en día marcan la pauta en el mundo de los negocios, se habla de fallar rápido y frecuentemente. Scott Adams, por su parte, nos presenta un libro que titula How to Fail at Almost Everything and Still Win Big (Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar). Señala que “…en el fracaso es donde al éxito le gusta esconderse a plena vista”. ¿Se acuerdan de aquella idea de enfocarse en sistemas en lugar de metas? Pues para este autor, poner en práctica nuestros sistemas y estrategias nos llevan a trabajar poco a poco hasta que la suerte, el tiempo correcto y múltiples factores se combinan para que llegue nuestro proyecto exitoso. Y mientras tanto, vamos a fallar una y otra vez, pero de cada idea fallida, recolectaremos conocimientos valiosos para nuestro próximo experimento. 

 

“Fallar siempre trae algo valioso consigo” (Scott Adams)

 

Para autores como Tiago Forte, más bien al enfocarse en experimentos, se reducen nuestras posibilidades de fallar y se aumentan las de ganar. Esto se da porque según Forte, los experimentos no pueden fracasar, sino simplemente producir resultados. ¡Por algo son experimentos!

En mi opinión, considero que más allá de todo lo que se dice, me gustaría concentrarme en eliminar el contenido negativo que trae consigo la palabra fracaso. Más allá de si fallamos o no, de si queremos fallar o no, de si consideramos que es importante caernos y levantarnos o de experimentar, si convertimos su connotación en algo valioso para nosotros, sentiremos menos culpa, seremos más amables con nosotros mismos y veremos las inmensas posibilidades con las que ya contamos. ¿Por qué no ver el fracaso o nuestras fallas como sinónimo de ser mejores? Seamos flawesome (individuo que acepta sus defectos y que a pesar de ser defectos los considera fantásticos). 

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Toda esta entrada la concebí en mi mente por dos razones. La primera, veo en mi día a día cómo siempre he tenido esa curiosidad por ser mejor. Y no hablo de no estar a gusto con lo que ya soy, sino más bien, me gusta abrir ventanas. Desde hace muchos años, me he sentido atraída por los tan llamados libros de ‘autoayuda’. Y ciertamente, puede que estemos atravesando situaciones que ameriten un empujón externo. Pero, a decir verdad nunca he estado de acuerdo con ese término. ¿Por qué autoayuda y no crecimiento personal? ¿Por qué enfocarse en lo que puede estar mal en lugar de lo que está bien? 

Esto me recuerda a los estudios psicológicos y cómo estaban enfocados en entender los trastornos, la depresión y similares. Mas, de un tiempo para acá decidieron revertir la situación. Dijeron ¿por qué no estudiar más bien qué nos hace felices y qué contribuye a nuestro bienestar? Y hoy en día, vemos cómo todos estos estudios han dado su fruto. Ahora el tema de la felicidad y del mindfulness están en el tapete. Dense un paseo por los medios para que vean cómo existen más documentales y libros sobre felicidad… ¡inclusive estadísticas de cuáles países son los más felices!

La segunda razón es sencilla. Si sientes esas ganas de saberte mejor que ayer, de experimentar con tus hábitos para llevar una vida más saludable y balanceada, etc. el cambio debe venir de ti. Nadie te puede llevar a mejorar, si no lo decides tú desde tu interior. Puedes empezar imitando lo que otros hacen. Sin embargo, es muy importante que poco a poco consigas tu propio camino y aquellos elementos que se adapten mejor a ti. 

Esta no es una llamada a cambiar porque la idea es que seamos ¡flawesome! Pero si eres igual de curioso como yo en estos temas, entonces…

 

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo” – Gandhi

Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh

¿Te gusta mandar y dirigir? Este post es para ti

 

“Cada cambio [de etapa en la evolución humana] ocurre cuando somos capaces de alcanzar un punto de vista superior desde el cual miramos el mundo con una perspectiva más amplia” (Frederic Laloux – Reinventar las organizaciones).

 

Hace un año, les presenté 7 pecados en contra de la felicidad. Y uno de ellos era mostrarnos controladores de nuestra vida, de las situaciones y de la vida de los demás. En esta oportunidad, he optado por traer de vuelta este tema. En primer lugar, al querer controlar los resultados de nuestras vidas y de todo lo que pasa a nuestro alrededor, perdemos de vista el presente. Estamos más empeñados en fabricar escenarios que en vivir aquellos que realmente suceden. En segundo lugar, nos sumergimos en una constante burbuja de frustración e impotencia cada vez que las cosas no resultan como esperamos. Y en tercer lugar, hacemos de la vida de los que nos rodean un pequeño infierno. 

Y esta vez, quisiera agregar un nuevo elemento: el control como conexión al liderazgo. De acuerdo con la RAE, liderazgo es:

 

“Condición de líder [Persona que dirige… una colectividad o va a la cabeza entre los de su clase…]. Situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito”.

 

Me hace mucho ruido que en el diccionario se hable de ‘situación de superioridad’o de ‘ir a la cabeza entre’. Tal como se discutió en la misma entrada sobre los pecados en contra de la felicidad, la superioridad es su enemigo por excelencia. Y es tal vez por este sentido de superioridad que se ha tergiversado el concepto y propósito de un líder y las estrategias o formas de expresar su liderazgo. No puedo generalizar, pero asumo que en muchos casos se ve a un líder como aquel en una posición de poder versus un subordinado que carece de poder.

No obstante, tal como establece Kevin Kruse, en su artículo What Is Leadership?, liderazgo no tiene que ver con tu posición en una estructura organizacional, y yo incluiría familiar o de cualquier otra índole. Y más interesante aun, “liderazgo y gestión no son sinónimos”. 

 

“Típicamente, los gerentes gestionan cosas. Los líderes lideran personas” (Kevin Kruse). 

 

Dicho esto, el mismo autor incluye en la definición de liderazgo conceptos como proceso de influencia y maximización de los esfuerzos de otros para el cumplimientos de metas. Sé que todo esto suena muy corporativo. Sin embargo, se puede extrapolar a otras esferas de la vida diaria. 

No soy experta en el tema ni mucho menos, pero cuando me refiero a liderazgo, no solo hablo de un jefe de cualquier compañía. Considero que todos somos líderes en algún o en varios ambientes donde nos desenvolvamos. Por ejemplo, los padres pueden ser líderes. Las ‘cabezas de los hogares’ pueden ser líderes. Probablemente nos ponemos la chaqueta de líderes más veces de las que creemos, y a veces sin saberlo. Cómo vivimos genera una influencia en nosotros, en el ambiente y en quienes nos rodean. Dicha forma de vivir nos puede transformar en líderes. Y así sucesivamente.

¿Por qué entro en el tema de liderazgo? Porque tal vez eso es lo que nos hace falta, ser líderes en nuestros pequeños mundos. 

Unamos todas las ideas. Por un lado tenemos la visión de administradores. Uno administra sus tareas, sus actividades, sus hábitos. Uno administra su hogar y las cosas de casa. Y en algunos casos nos toca además administrar el trabajo de otros o encargarnos de proveer ciertas condiciones y elementos para que el trabajo de otros pueda producirse. 

Sin embargo, administrar no es sinónimo de control. Tú manejas tus cosas. No pretendas manejar las de los demás. Propón, organiza, sugiere métodos. Mas, no te cierres a que tus maneras son las únicas. Así que si te encuentras en una posición o rol de administrador, no te encierres en tu mundo. Menos ego, más equipo. 

Por otro lado, ya vimos que administrar o gerenciar no es lo mismo que liderar. Y liderar tampoco es lo mismo a controlar. Inspira, permite que otros crezcan, ayúdalos a crecer. Sé una influencia positiva en tu vida y en la vida de los demás. Así como el mundo evoluciona, también a nosotros nos toca evolucionar.

Ampliemos nuestra perspectiva. Seamos menos controladores. Busquemos mejores formas de administrar y convirtámonos más en verdaderos líderes.

Tal vez todas estas ideas suenen descabelladas o inconexas. Sin embargo, más a menudo de lo que parece, nos imponemos y asumimos roles de autoridad creyendo primero, que hace falta, y segundo que es nuestro deber o derecho asumir esa posición. Y lo queramos o no, nos volvemos autoritarios. Sin darnos cuenta, pisamos a otros. Y peor aun, no les permitimos desarrollarse, evolucionar. Si no dejamos que la larva pase por su estado de metamorfosis, no podremos disfrutar la belleza de una mariposa. 

Ya sea en tu familia, organización e inclusive contigo mismo busca ser mejor cada día. Busca crecer. Sé el ejemplo para que así, en lugar de ordenar, otros tal vez se te unan a la causa.

 

“Liderazgo es el arte de lograr que otro haga algo que tú quieres porque él quiere hacerlo” (Dwight D. Eisenhower).

El poder de la mente: Sí se puede

 

“Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”. (Wayne Dyer)

 

A principios de este año me diagnosticaron con artritis reumatoide. Es una enfermedad crónica, que para efectos de la medicina convencional, no tiene cura. Afecta principalmente las articulaciones generando rigidez y dolor. Es más usual en personas de edad. Sin embargo, puede llegar a afectar inclusive a niños.

Mi primera reacción

Recuerdo que estaba casi segura que ese sería el diagnóstico que recibiría. Me puse a leer sobre la enfermedad para saber mejor a qué me enfrentaba. Encontré sitios con muy buena información, tan buenos que caían en el exceso de información. Ese concepto un tanto enciclopédico estaba cargado de dramatismo. Era común leer sobre la gravedad de la enfermedad a medida que esta avanzaba en tu cuerpo. Sí, es cierto. Hay casos bien graves en relación a la artritis reumatoide. Mas, eventualmente te enteras que los casos graves representan un porcentaje muy pequeño.

Como me dijo uno de los doctores que consulté, mueres con la enfermedad, pero no por la enfermedad. Aunque igual suena un poco macabro… no exactamente lo que esperas para el resto de tu vida.

¿Información o desinformación? Miedo. 

No todo fue negativo. Descubrí un sin fin de blogs de personas jóvenes con artritis. Contaban su experiencia. Recuerdo haber leído la historia de una maratonista, que a pesar del dolor allí seguía con su sueño. Luego de sus entrenamientos quedaba hecha trizas, pero valía la pena. Su hijo sabía que por las mañanas no se le podía lanzar encima por su rigidez, debilidad y asumo que dolor.

Lo mejor de mi caso fue conseguir un doctor que en ningún momento me prohibió hacer nada, ni siquiera mi práctica de boxeo. Así es más fácil convencerte de que puedes seguir con tu vida de forma normal, o lo más normal posible. Claro, al principio tuve que hacer algunas modificaciones en mis entrenamientos. Incorporé yoga, reduje las horas de boxeo, no pegaba con fuerza, etc.

Después del miedo, viene la esperanza supongo. Y desde ese día declaré que la artritis no me vencería. Decreté que mi vida no cambiaría por ella. Mi nuevo lema: el dolor es miedo. Porque por miedo a sentir dolor, no te provoca moverte mucho. Pero no hay nada peor para cualquier enfermedad o situación que quedarse quieto. Te vuelves una tierra estéril.

Inclusive en una época se creía que el ejercicio podía empeorar la artritis. Ahora se sabe que ocurre todo lo contrario. Pero, vuelvo y repito, quedarse paralizado, inmóvil, quieto, echarse, no por padecer artritis, sino por cualquier otra enfermedad e inclusive situación de la vida, todo tiene el mismo efecto… esterilidad.

Mis primeras semanas

No voy a entrar en tanto detalle, dado que mi intención no es apelar a tu lástima, ni compasión ni nada similar. Sin embargo, no te puedo mentir que las primeras semanas no fueron tan fáciles. Caminaba lento y raro. Bajar las escaleras era un suplicio. Levantarme de la cama o del sofá era la peor parte. A veces no podía vestirme sola. Otras veces me sentía mejor y el día pasaba casi normal. 

Tenía la típica rigidez matutina que da con la artritis. A veces solo podía estirar las sábanas al tender la cama porque me dolían las manos como para alzar el colchón. Recuerdo que algunas mañanas lanzaba un brazo con la ayuda del otro hacia arriba para lograr estirarlo y alcanzar los gabinetes superiores de la cocina. Después de las primeras horas del día, la rigidez iba cediendo y podía moverme con mayor facilidad. 

Son esos momentos en los que te das cuenta que no puedes dar nada por sentado. Desde caminar hasta valerte por ti mismo. 

Tuve un par de episodios graciosos. Un día me quedé en un centro comercial sentada leyendo durante un par de horas mientras mi esposo salía del trabajo. Cuando me paré, lógicamente estaba tullida. Mientras mis articulaciones se iban calentando, quién sabe cómo estaría caminando que un guardia del mall se me acercó para preguntarme si estaba bien. Historias que quedaran en la memoria y en la risa…

Mi recuperación

Desde hace tiempo he querido escribir este post. No lo había hecho antes porque quería estar segura de lo que les voy a compartir a continuación.

Fue clave para mí toparme con mucho apoyo de parte de todos los que me rodean. Fue clave saber que una compañera boxeadora (literalmente compite) también tenía artritis. Si la vieran entrenando no sabrían que padece de algo. Inmediatamente me dio mucha esperanza. Me dije a mí misma, si ella puede pegar con la fuerza que lo hace y entrenar así de arduo, significa que eventualmente yo también voy a poder hacerlo. Con rodilleras puestas y dificultad para hacer algunos ejercicios, ahí empecé de nuevo mi entrenamiento.

Hoy, mi entrenador me llama guerrera porque recuerda cómo aun cuando tenía molestias, ahí estaba dando lo mejor que podía. Mientras más entrenaba, mejor respondía mi cuerpo. Al principio me dolía. Luego, mis articulaciones se iban ajustando a los movimientos. De hecho, los días que no entrenaba o hacía yoga o algún tipo de ejercicio, eran los días que notaba más la rigidez en mis articulaciones.

Vi documentales sobre el poder sanador de la mente. Vi documentales sobre el poder sanador del yoga. Fui a un retiro de meditación. Me hice sesiones de acupuntura. Y así poco a poco armé mi ritual. Todas las noches mientras me aplicaba crema en el cuerpo y una loción para el dolor muscular, me imaginaba que el mentol iba disolviendo la humedad y la inflamación, iba destruyendo los cristales de líquido, iba aniquilando a mis anticuerpos que decidieron erróneamente atacar a mi cuerpo. Me imaginaba con completa movilidad, sin ninguna restricción. Y agradecía la oportunidad de desarrollar mi fortaleza.

Enero… un mes en el que a veces parecía la Estatua de la Libertad. Febrero… un mes en el que todo cambió. El dolor en las rodillas desapareció. La rigidez matutina desapareció. Una que otra molestia de vez en cuando en los hombros. Un par de dedos que seguían hinchados en las manos. Yo seguía con mi ritual, mis ejercicios, mi mente positiva, mis medicamentos.

Hoy, puedo decir oficialmente que estoy en remisión. Y por esta razón, decidí contarles mi historia. Ya no soy yo inventando que el poder de la mente existe. Ya no soy yo escuchando el testimonio de otros de cómo se curaron cuando los doctores les señalaron que nunca sucedería. Ahora soy yo en carne y hueso sumando mi testimonio a lo inexplicable. Y saben por qué sé que la mente fue lo que más influyó, porque hasta mi doctor comentó, “se nota que todo está en su personalidad porque hay otras personas más gruñonas que nunca se curan”. No son comunes los casos de remisión. Según otro doctor que consulté, son tan raros que cada uno termina como artículo en una revista científica. El 20% me señaló. 

Y les voy a decir otra cosa. En febrero, en mi segundo control estábamos evaluando la posibilidad de agregar un nuevo medicamento al coctel. Pocos días después me iría de viaje de vacaciones. Y para finales de marzo tendría mi nuevo control y mis nuevos exámenes de sangre. Nunca voy a olvidar que internamente decreté, para esos próximos exámenes y para esa próxima consulta voy a estar sana. 

Heme aquí, tercer examen, tercer consulta, resultado remisión. Un brote que desapareció muy rápido, para mi fortuna.

No sé qué conclusiones saques de mi historia. No sé si creerás en el poder de la mente. Lo único que puedo humildemente decirte, es que todo es pensamiento. Y todo pensamiento es energía, energía que estás lanzando al universo. Y el universo siempre está allí escuchando, escuchando absolutamente todo. Así que por un lado, ten cuidado con lo que deseas. Por el otro, como cité a Wayne Dyer al principio de este post:

 

 “Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”.

 

Yo sí creo que nuestra mente juega un papel importante en lo que nos ocurre en la vida y en cómo enfrentamos nuestros retos. Yo sí creo que la mente nos enferma y la mente nos sana. Y hoy más que nunca no lo puedo negar. No digo que los medicamentos, medicina natural, alimentación y ejercicios no hayan jugado un papel importante en mi avance. No obstante, todo está en la actitud. Eso es innegable.

Espero que mi historia te sirva. Espero que mi testimonio te dé esperanza, propósito y una nueva visión de la vida. Como he dicho antes, no creo en imposibles. 

Todo es como es – Parte II

“Cosas difíciles son puestas en nuestro camino, no para pararnos, sino para despertar nuestro coraje y fortaleza”. – (Autor desconocido)

 

En la entrada anterior, comentábamos sobre la importancia de mirar las situaciones de la vida con aceptación, compasión y amor. ¿Y por qué? Porque tal como decíamos, las cosas son como son. Y retomando esa neutralidad, esa aceptación total, esa liberación de las etiquetas, me pregunto entonces, ¿por qué mirar las situaciones como impedimentos?

 

“Solo porque un hombre carezca del uso de sus ojos, no significa que carezca de visión”. – (Stevie Wonder)

 

¿Quién dijo que algo es un impedimento? ¿Quién dijo que esto o aquello es bueno o malo? ¿Según quién algo es satisfactorio o no? Según tus pensamientos… Sin embargo, los pensamientos van y vienen. Los pensamientos no son nuestra realidad. Aquello que pensamos no necesariamente ocurre. Lo hablamos inclusive con el tema de las preocupaciones.

Existe todo un mundo artificial en nuestra mente. No obstante, solemos confundir ese mundo con lo real. Solemos habitar más esa casa de mentira que el presente que observamos y percibimos en este minuto a través de nuestra conciencia.

Por esta razón es muy importante observar.


Hagamos un pequeño ejercicio. Te tomará un par de minutos:

Respira profundo. Cuenta hasta dos inhalando. Sostén brevemente la respiración. Exhala contando hasta cuatro. Repite un par de veces. Calma tu cuerpo. Calma tu mente. Abre espacio para que sea la conciencia quien hable esta vez.

Observa la tensión en tu cuerpo. Observa cualquier sensación general. Deja que los pensamientos que aparezcan se los lleve solito el viento. No catalogues. No huyas de lo que percibes. Solo obsérvalo. Con el tiempo va perdiendo fuerza, energía. Poco a poco la molestia se va disolviendo. Aquello a lo que no le prestamos tanta atención, desaparece, queda en segundo plano.


 

Este pequeño ejercicio es una invitación a aprender poco a poco a liberarnos de las etiquetas. De esta forma, podremos apreciar las circunstancias de la vida como meras experiencias; oportunidades de crecimiento, oportunidades para conocerte, oportunidades para limar asperezas, perdonarte y amarte, oportunidades para hacerte más fuerte, oportunidades para valorar y finalmente, oportunidades para hacerte más sabio.

No hay enfermedad que no tenga cura (depende de dónde la busques). No hay discapacidad que te paralice (depende de la actitud con que la enfrentes). No hay situación que te quite tu armonía (todo está en tu conciencia y en aprender poco a poco a encontrar el balance a pesar de las tormentas). No hay malas ni buenas experiencias de vida, solo experiencias (este es tu camino hacia la sabiduría). 

Esto no se aprende en un día, lógicamente. Mas, depende de ti emprender el camino hacia la luz, hacia la paz interior, hacia la vida.

Y recuerda, a todos nos tocan obstáculos que sortear y aceptar. Tu situación no es mejor ni peor que la de nadie. Es tu cruz nada más. Por ello, estas no son palabras vacías. Estas no son palabras dichas desde una posición privilegiada y libre de “impedimentos”. Con toda confianza y conocimiento de causa, te repito, depende del lente que quieras ponerte. Yo elijo no ver impedimentos. Yo elijo ver experiencias enriquecedoras. ¿Y, tú?

Todo es como es

“Si una cosa tiene solución, ¡para qué preocuparse!, y si no tiene ya solución, ¡para qué preocuparse! (Proverbio chino)

 

¿Se acuerdan cuando hablábamos de que tenemos exactamente la vida que queremos tener en este momento? Mantengo mi opinión al respecto. Sin embargo, vale la pena indagar en por qué estamos donde estamos si eso nos causa sufrimiento.

Es muy difícil comenzar. Una vez empezamos, todo fluye; hábitos se crean, sistemas se ponen en marcha, etc. Eso por un lado.

Por otro lado, hay un problema de prioridades. No sabemos priorizar. A veces creo que ni siquiera sabemos qué es importante para nosotros. Vamos por la vida en piloto automático. Damos muchas cosas por sentado. Creemos que vamos a estar aquí en esta Tierra para siempre. No obstante, como decía el maestro que condujo un retiro de meditación al que fui recientemente, nada es permanente. Y cuando entendemos esa verdad, podemos liberarnos de mucho peso. Pero eso es otro tema. 

Entonces, nuestra incapacidad para priorizar, es decir, concentrarnos en lo que nos importa y descubrir qué es eso, y lo difícil que es comenzar (un cambio, algo nuevo, una práctica) parecen ser dos de los grandes obstáculos para una vida extraordinaria o feliz.

Aceptación

Este es el tema que nos compete hoy. 

Si quieres lograr algo y sabes cómo hacerlo, hazlo. Si te aqueja alguna situación, pregúntate: ¿tiene solución? Soluciónalo entonces en lugar de preocuparte por la situación en sí. ¿No tiene solución? Pues, déjalo ir. Si no puedes hacer nada al respecto, ¿para qué le vas a seguir dando vueltas? 

Lo digo de nuevo, aceptación. Las cosas son como son. No hay bueno ni malo, agradable o desagradable, satisfactorio o insatisfactorio. No creo en el cielo o en el infierno. No creo en la recompensa o en el castigo. Creo en las experiencias. ‘Las cosas son como son’. No hace falta etiquetas. 

¿No les resulta liberadora esta neutralidad? Lo que nos queda es vivir y ya. 

Y ojo, es aceptación, no resignación. Es aprender a ser felices con eso que catalogamos como “malo” y “bueno”, no solo cuando logramos o vivimos algo “satisfactorio”.

Compasión

No somos seres perfectos. Vamos a caer una y otra vez. ¡Alégrate! Eso significa que la vida tiene mucho para ofrecerte.

¿Cuántas veces no hemos querido señalar a un culpable cuando algo sale “mal”? ¿Para qué culpar? ¿Acaso con eso solucionamos el problema?

Y más fuerte aun es, como lo llamaba el Dalai Lama, el auto-odio, la auto-culpa. El mismo maestro al que me referí más arriba contaba que el Dalai Lama y los orientales no están familiarizados con el concepto de culpa. No saben qué es eso… un invento occidental. ¿Ya ven por qué el castigo y la recompensa, el cielo y el infierno, lo bueno y lo malo no tienen sentido, al menos para mí? Porque desemboca en culpa, en sentirse inferior, no merecedor, perdedor. Y, ¿según quién?

Perdónate. Sana.

Amor

Y para lograr todo lo anterior, la aceptación y la compasión, hay que amar. El amor empieza por ti mismo. Si no te cuidas a ti no puedes cuidar a otros. Si no te amas, no puedes amar verdaderamente a otros. Si no te aceptas tal cual eres, no te amas. Si no aceptas las condiciones de tu vida, no te amas. Una vez más, ‘las cosas son como son’.

Y para Shauna Shapiro, empieza así: “ (Tu nombre), buenos días, te amo”.

¡Feliz 2019 para todos y que comience la fiesta!

Qué podemos hacer cuando el caos es inevitable

Ya sabes que el caos es inminente, ya sea porque ya estás en medio de él o porque sabes que te vienen momentos complicados. Y como de seguro no es primera vez que atraviesas por una situación como esa, sabes lo que te espera. ¿Ya estás comenzando a sentir esa ansiedad cierto? Respira profundo y sigue leyendo…

 

¿Qué suele pasar contigo en un momento de caos?

  • Mantienes una sensación prolongada de estrés, ansiedad y tensión.
  • Tienes muchos aspectos que atender en un momento dado y no sabes ni por dónde empezar o cómo priorizar (de repente todo es importante).
  • Te vuelves un poco intolerante al no tener más espacio o capacidad mental para lidiar con otras situaciones o requerimientos.
  • Te cuesta dormir o concentrarte porque tu mente está saturada y ruidosa.
  • Como consecuencia de todo lo anterior, te sientes frustrado, cansado y a punto de tirar la toalla.
  • Sueñas con un cambio, pero no sabes ni cuál ni cómo.

 

¿Qué suele suceder en medio del caos?

  • Abandonamos nuestros hábitos o al menos algunos sufren.
  • Empezamos a exteriorizar nuestro caos interior. Nuestros espacios físicos muestran señales de que hay desorden en nuestra vida. Nuestros amigos y compañeros de trabajo nos notan estresados o distraídos.
  • Nos abandonamos a nosotros míos, adiós al cuidado personal, al espacio personal.
  • Es posible que nos entre una apatía por las cosas. Se nos hace difícil ponernos manos a la obra para incorporar nuevamente el orden que solíamos tener.

 

En mi experiencia personal, la clave para construir una vida extraordinaria, para lograr aquello que nos proponemos o soñamos, para como dice nuestro amigo Johnie Walker “keep walking”, son nuestros sistemas. Nuestros hábitos son la base para todo. Por más que parezcan rutinarios y que a veces los hagamos por inercia, nos permiten seguir adelante, show up ante nuestra vida y hacer de nuestro día el mejor posible.

Sin embargo, por más consolidados que tengamos nuestros hábitos, por más importantes y beneficiosos que sean, a veces se derrumban, flaquean o sufren en alguna medida. Similar a una cadena de piezas de dominó, cuando movemos o tumbamos una, el resto se cae también. Así ocurre con nuestros sistemas. Cuando un hábito se derrumba, el resto de la cadena de hábitos se viene abajo.

En una entrada anterior, les comenté mi cambio a una dieta más balanceada y apta para mi entrenamiento. Esto implicó un ajuste importante en cuanto a tiempo y esfuerzo para preparar la comida. En un artículo publicado en Huffington Post, la luchadora profesional de Muay Thai Claire “Fury” Foreman cuenta cómo ahora que es vegana le ha pasado exactamente lo mismo. Comenta:

 

Porque como mucho, entendiendo que entreno mucho y como un montón ahora como vegana también, esto implica que estoy dedicando un tiempo considerable a preparar, cocinar y almacenar los alimentos. Se trata principalmente de ser realmente organizados y de preparar la comida cada semana. De lo contrario, es un poco desastroso.

 

Comparto su opinión porque tal como puedes observar, esta situación de desorden, desastre y caos es muy común. Les pasa a todos. Me está pasando a mí y te puede pasar a ti. Y me atrevería a decir que resulta inclusive inspirador escuchar a otros pasar por lo mismo. A veces olvidamos que no estamos solos. Y puede parecer tonto, dado que no conocemos a ninguna de estas personas. Sin embargo, no necesitamos conocer o estrecharle la mano al alguien para sentirnos conectados y apoyados. ¡Cuántas veces la inspiración, las ganas de salir a la conquista y toda esa energía no ha provenido de un libro, de algo que escuchamos por allí, etc.!

Así que, querido lector, si estás atravesando un momento difícil o si el caos está a la vuelta de la esquina, no estás solo…

 

Tips para sobrellevar el caos

  1. Respira profundo, especialmente en esos momentos en los que la ira y la desesperación se estén apoderando de ti. Cierra los ojos, cuenta hasta 10 respiraciones y retoma lo que estabas haciendo.
  2. Uno sabe cuándo está cargado, entiéndase por muy estresado. En esos momentos, procura postergar aquellas conversaciones o actividades que sabes que te pueden desatar reacciones desfavorables. Por ejemplo, evita conversaciones delicadas. Espera a que te sientas más calmado para abordar temas importantes.
  3. La meditación no puede faltar. 
  4. Y por qué no, prueba recitar. Herbie Hancock recomienda el cántico budista “Nam-myoho-renge-kyo”. No tienes que ser budista para recitarlo. Y según su testimonio le ha dado claridad y conexión con esa energía que nos rodea.

 

Creer en la Ley Mística y recitar Nam-myoho-renge-kyo es tener fe en el propio potencial ilimitado. No es una frase mística que conlleva un poder sobrenatural. Nam-myoho-renge-kyo  tampoco es una entidad que nos trasciende y de la que dependemos. Es el principio que afirma que, aquellos que viven vidas comunes y hacen esfuerzos continuados, triunfarán sin falta. Recitar Nam-myoho-renge-kyo es manifestar la energía pura y fundamental de la vida, reverenciando la dignidad y las posibilidades de nuestras vidas comunes (Soka Gakkai Internacional).

 

  1. No abandones tus cuidados personales. Sé que cuesta, pero justamente en esos momentos cuando menos tiempo y ganas tienes para hacer ejercicio, colocarte tus lociones, comer saludable, etc. es cuando tu cuerpo y mente más lo necesitan. Por allí, puede empezar ese orden que anhelas.
  2. Date tu tiempo. Suele ocurrirme que toco fondo y luego de repente me comienza a entrar una energía y actitud para traer orden a mi vida. Por lo general empiezo por arreglar el departamento. Una vez que tengo los espacios despejados, puedo ver con mayor claridad mis siguientes pasos. 
  3. Luego, poco a poco ve recogiendo cada una de las piezas de dominó que se cayeron. Ve retomando hábito por hábito. Y si ves que alguna parte de tu sistema no está funcionando o no es muy eficiente haz las modificaciones pertinentes. Remplaza el hábito, elimínalo de la cadena o reajústalo.

 

El caos suele ser temporal. Como dice el refrán “después de la tormenta viene la calma”. Agarra esos remos, mantén una actitud positiva, confía en la abundancia del universo, rema hasta el cansancio que eventualmente, pasarás la ola.