Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

¿Sabes comunicar tus necesidades sin pelear?

Hasta el día de hoy, el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” es muy popular. Y más allá de las soluciones que plantea, el aspecto fundamental es que hombres y mujeres son distintos en su manera de abordar todo. Más aun, cada hombre y cada mujer son diferentes. 

Cada uno de nosotros tiene su manera de limpiar, ordenar, trabajar, organizarse, priorizar y enfrentar cada actividad o desafío. En nuestra mente, solidificamos nuestros métodos como eficientes y efectivos. En muchas oportunidades, inclusive los calificamos de acertados. Y si bien sabemos que hay muchas formas de llegar a Roma, nos gusta la nuestra, la recomendamos y la consideramos como LA manera.

Nos encerramos tanto en ESA manera, que asumimos que lo que es obvio para uno es obvio para otro. No entendemos por qué el otro no hizo las cosas como ERAN o por qué no obtuvimos el resultado deseado cuando fue OTRO quien se encargó de esa actividad. 

Nos molestamos porque quedó tirada la ropa en otro lugar al destinado para ello. Nos frustramos cuando nos toca HACER o CORREGIR la tarea del otro. ¡Por qué es tan difícil que entienda que esto SE HACE ASÍ!

Luego, conversas y recuerdas que tu mundo mental es Marte y el mundo del otro es Venus. Tú comunicas una idea y el otro la procesa e interpreta de otra. Es como jugar al telefonito. El mensaje pasa de persona a persona hasta que la última repite la frase que se le comunicó y resulta ser algo completamente distinto a la frase original.

Tal parece que la solución tiene que ver con mejorar la comunicación. Y sin embargo, es posible que se sienten a conversar las diferencias, y el ego y el control se apoderen de ti y no consigas nada. Por eso, hoy te presento un método para aliviar las tensiones y aprender a comunicar tus necesidades de forma no violenta.

 

La comunicación no violenta

“Es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí (y también cada uno consigo mismo) con empatía y eficacia. 

Enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones, sentimientos, ‘necesidades’ (deseos-metas) y peticiones a los demás (o a uno mismo) de un modo que evite el lenguaje evaluativo que etiquete o defina a los interlocutores o a terceros” (Elia Roca).

En otras palabras, este método busca generar un lenguaje sano y compasivo, una comunicación clara y un alivio para las frustraciones. Consta de cuatro pasos que exploraremos a continuación.

 

Los 4 pasos de la comunicación no violenta

  1. ¿Qué observas?

Anota alguna situación que te haya incomodado o que quieras mejorar. Y cuando te sientes a conversar, descríbele a la otra persona el hecho que observaste, sin incluir sentimientos ni opiniones. 

Por ejemplo: El otro día noté que al llegar del trabajo, te quitaste los zapatos, los dejaste en la sala y siguieron allí cuando nos fuimos a dormir.

  1. ¿Cómo te sientes?

Ahora, explora cómo te sentiste cuando ese hecho que observaste ocurrió. 

Por ejemplo: Me sentí frustrada por asumir tareas del hogar que no me corresponden, como fue recoger tus cosas a la mañana siguiente.

  1. ¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas para no sentirte de la manera en que lo expresaste en el paso anterior? Comunícaselo a la otra persona a continuación.

Por ejemplo: Necesito aligerar mi carga del hogar y saber que puedo confiar en que compartirás conmigo y cumplirás tu parte en dichas tareas.

  1. ¿Cuál es tu pedido?

La parte final de la comunicación no violenta implica hacerle un pedido a la otra persona, una especie de solución a tu problema. No obstante, es un pedido, no una orden. La otra persona puede tomarla, rechazarla o plantear otra cosa.

Por ejemplo: Te pido que por favor tengas más conciencia de dónde pones tus cosas. Así, al llegar a casa, si te vas a cambiar de ropa o quitarte los zapatos, guardes todo o lo dejes en el cuarto (en lugar de regadas por la casa).


 

Estos cuatro pasos son bastante simples. Sin embargo, la comunicación no violenta requiere práctica. No te desalientes si no sale muy bien a la primera. Estamos acostumbrados y programados a comunicarnos de una cierta forma. Toca reprogramarnos para respetar cada paso y ser efectivo, claro y respetuoso en lo que planteamos y cómo.

Prueba este método y cuéntanos qué te parece.

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

La dignidad empieza por ti

“Vocablo que deriva del latín dignitas, que a su vez deriva de dignus, cuyo sentido implica una posición de prestigio o decoro, ‘que merece’ y que corresponde en su sentido griego a axios o digno, valioso, apreciado, precioso, merecedor” (Martínez, V.).

¿Qué se entiende por dignidad humana?

Según la Guía de Formación Cívica proporcionada por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, la dignidad humana, 

 

“alude a la cualidad esencial del ser humano… en virtud de la cual se distingue lo humano de lo no humano. La dignidad aparece, pues como una seña de identidad del ser humano, como ser dotado de inteligencia y libertad, como ser moral”.

 

Continúa explicando que esta cualidad nos permite, entre otras cosas, “aprender, transmitir nuestra cultura [y] tener el dominio de nosotros mismos, es decir, tener la voluntad para dirigir nuestra conducta o comportamiento….” Asimismo, nos posibilita adherirnos a valores y “sobre todo, [a] tener conciencia de nosotros mismos y de nuestra existencia”.

En palabras simples, “la dignidad es ser tratado como lo que se es”. Y, ¿qué somos? El Prof. Víctor Martínez explora el tema en su artículo “Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad”. Como ya comentamos anteriormente, somos seres capaces de auto-gobernarnos y comprendernos, no solo como individuos, sino como miembros de una sociedad. 

De esta forma, el Prof. Martínez explica que la dignidad, en su forma más utilizada, es el trato respetuoso a las personas por el simple hecho de ser seres humanos. Es esa autonomía y toma de decisiones que nos hace únicos.

 

La dignidad empieza por ti

Ya hemos visto que con el solo hecho de ser seres humanos, somos dignos. Dejemos a un lado todos los enfoques filosóficos, bioéticos y de cualquier otra índole. Enfoquémonos en esa simple idea, la dignidad empieza por ti.

Ser digno significa que tienes la capacidad de tomar tus propias decisiones, de hacerte responsable por tu camino, de conocerte y apreciarte. Antes de demandar que otro te trate con dignidad, respétate tú mismo. 

Si no te aprecias o no te crees suficiente nadie más lo hará por ti. Si dejas que siga sonando esa canción que te repitieron desde pequeño y que cantaba que no podrías surgir en la vida por tu condición socioeconómica, en efecto tu condición no cambiará. Y no me mal interpretes. Sé que se necesitan ciertas estructuras y condiciones externas para solucionar problemas reales de la vida diaria. Mas, permíteme darte un ejemplo. Nunca voy a olvidar a una compañera de estudio que en mi opinión, era una de las más talentosas del salón. Había nacido en el seno de una familia relativamente humilde. Ello la convencía de que no surgiría en la vida. Su situación familiar, su situación socioeconómica no cambiaría hiciera lo que hiciera. Nació pobre, morirá pobre (esa era básicamente su creencia). 

Entonces, ¿eres merecedor? ¿Eres digno de respeto? Sí.

Ejerce tu autonomía, tu capacidad de aprendizaje, tu auto-conocimiento como herramientas para crecer. Despójate de ataduras auto-impuestas o impuestas por otros. Antes de salir a la calle a gritar dignidad, quiérete, respétate y aprende a aplicar ese concepto en ti mismo y en los demás.

Como dice Rupaul, si no te amas a ti mismo cómo te va a amar otra persona. Si no te crees digno, cómo otro te va a considerar digno. 

Prohibido olvidar

No quería dejar pasar esta semana sin compartirles un post. Un resfrío tardío y otras variables me han mantenido alejada del teclado. Sin embargo, les quiero compartir esta breve reflexión.

Prohibido olvidar

No hay día que vaya a entrenar, que mi coach no me aupe con un ¡vamos máquina! Ese parece haberse convertido en mi sobrenombre luego de la artritis. Le dice a mi esposo, “ahora no hay nada que la detenga”. Todos nos reímos.

Recientemente, recibí mis últimos exámenes de sangre de mi control. Una vez más, los resultados fueron gratificantes. Todo se encuentra dentro del rango. No hay señales de inflamación en el cuerpo. 

A veces recuerdo ese episodio de aproximadamente 4 meses de duración y parece una ilusión, pero a la vez muy real. Y es por eso que digo, prohibido olvidar. 

Todo obstáculo, sin importar su tamaño, nos enseña algo y nos permite valorar también. Así que:

 

  • Acepta que todo pasa por una razón, aun cuando no sepas cuál es en el momento dado o nunca llegues a saberla.

 

  • Enfrenta tus desafíos con y sin miedo. El miedo siempre estará, pero puedes dejarlo opinar solamente o puedes dejarlo mandar.

 

  • Desafíate, ve por más, sí se puede y vaya que es gratificante aprender y crecer.

 

  • No des nada por sentado, un cuerpo sano, tus habilidades, el poder percibir a través de todos tus sentidos, los suaves sonidos de la naturaleza, el color de las cosas, tus logros y bendiciones, tus fracasos, tus caídas, todas las veces que te has levantado…

 

  • Finalmente, confía en la abundancia. El universo sabe lo que hace.

De nuestros archivos: ¿Queremos mejorar?

Todos somos personas valiosas, aun con nuestros defectos y cualidades. Es más, tal parece que estamos en una nueva era donde se llama a fallar, a aceptar el fracaso y verlo como algo positivo. Siempre se aprende de los errores y cuidado si no se aprende más cuando nos caemos que cuando estamos de pie.

Existen múltiples frases que apoyan el fracaso y el aprendizaje que conlleva. 

  • “Caer está permitido. Levantarse es obligatorio”, proverbio ruso.
  • “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”, Nelson Mandela.
  • “Si te caes siete veces, levántate ocho”, proverbio chino.
  • “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”, Samuel Beckett.

Y así, cualquier cantidad más…

En las áreas de innovación y emprendimiento, temas que hoy en día marcan la pauta en el mundo de los negocios, se habla de fallar rápido y frecuentemente. Scott Adams, por su parte, nos presenta un libro que titula How to Fail at Almost Everything and Still Win Big (Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar). Señala que “…en el fracaso es donde al éxito le gusta esconderse a plena vista”. ¿Se acuerdan de aquella idea de enfocarse en sistemas en lugar de metas? Pues para este autor, poner en práctica nuestros sistemas y estrategias nos llevan a trabajar poco a poco hasta que la suerte, el tiempo correcto y múltiples factores se combinan para que llegue nuestro proyecto exitoso. Y mientras tanto, vamos a fallar una y otra vez, pero de cada idea fallida, recolectaremos conocimientos valiosos para nuestro próximo experimento. 

 

“Fallar siempre trae algo valioso consigo” (Scott Adams)

 

Para autores como Tiago Forte, más bien al enfocarse en experimentos, se reducen nuestras posibilidades de fallar y se aumentan las de ganar. Esto se da porque según Forte, los experimentos no pueden fracasar, sino simplemente producir resultados. ¡Por algo son experimentos!

En mi opinión, considero que más allá de todo lo que se dice, me gustaría concentrarme en eliminar el contenido negativo que trae consigo la palabra fracaso. Más allá de si fallamos o no, de si queremos fallar o no, de si consideramos que es importante caernos y levantarnos o de experimentar, si convertimos su connotación en algo valioso para nosotros, sentiremos menos culpa, seremos más amables con nosotros mismos y veremos las inmensas posibilidades con las que ya contamos. ¿Por qué no ver el fracaso o nuestras fallas como sinónimo de ser mejores? Seamos flawesome (individuo que acepta sus defectos y que a pesar de ser defectos los considera fantásticos). 

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Toda esta entrada la concebí en mi mente por dos razones. La primera, veo en mi día a día cómo siempre he tenido esa curiosidad por ser mejor. Y no hablo de no estar a gusto con lo que ya soy, sino más bien, me gusta abrir ventanas. Desde hace muchos años, me he sentido atraída por los tan llamados libros de ‘autoayuda’. Y ciertamente, puede que estemos atravesando situaciones que ameriten un empujón externo. Pero, a decir verdad nunca he estado de acuerdo con ese término. ¿Por qué autoayuda y no crecimiento personal? ¿Por qué enfocarse en lo que puede estar mal en lugar de lo que está bien? 

Esto me recuerda a los estudios psicológicos y cómo estaban enfocados en entender los trastornos, la depresión y similares. Mas, de un tiempo para acá decidieron revertir la situación. Dijeron ¿por qué no estudiar más bien qué nos hace felices y qué contribuye a nuestro bienestar? Y hoy en día, vemos cómo todos estos estudios han dado su fruto. Ahora el tema de la felicidad y del mindfulness están en el tapete. Dense un paseo por los medios para que vean cómo existen más documentales y libros sobre felicidad… ¡inclusive estadísticas de cuáles países son los más felices!

La segunda razón es sencilla. Si sientes esas ganas de saberte mejor que ayer, de experimentar con tus hábitos para llevar una vida más saludable y balanceada, etc. el cambio debe venir de ti. Nadie te puede llevar a mejorar, si no lo decides tú desde tu interior. Puedes empezar imitando lo que otros hacen. Sin embargo, es muy importante que poco a poco consigas tu propio camino y aquellos elementos que se adapten mejor a ti. 

Esta no es una llamada a cambiar porque la idea es que seamos ¡flawesome! Pero si eres igual de curioso como yo en estos temas, entonces…

 

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo” – Gandhi

Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh

¿Te gusta mandar y dirigir? Este post es para ti

 

“Cada cambio [de etapa en la evolución humana] ocurre cuando somos capaces de alcanzar un punto de vista superior desde el cual miramos el mundo con una perspectiva más amplia” (Frederic Laloux – Reinventar las organizaciones).

 

Hace un año, les presenté 7 pecados en contra de la felicidad. Y uno de ellos era mostrarnos controladores de nuestra vida, de las situaciones y de la vida de los demás. En esta oportunidad, he optado por traer de vuelta este tema. En primer lugar, al querer controlar los resultados de nuestras vidas y de todo lo que pasa a nuestro alrededor, perdemos de vista el presente. Estamos más empeñados en fabricar escenarios que en vivir aquellos que realmente suceden. En segundo lugar, nos sumergimos en una constante burbuja de frustración e impotencia cada vez que las cosas no resultan como esperamos. Y en tercer lugar, hacemos de la vida de los que nos rodean un pequeño infierno. 

Y esta vez, quisiera agregar un nuevo elemento: el control como conexión al liderazgo. De acuerdo con la RAE, liderazgo es:

 

“Condición de líder [Persona que dirige… una colectividad o va a la cabeza entre los de su clase…]. Situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito”.

 

Me hace mucho ruido que en el diccionario se hable de ‘situación de superioridad’o de ‘ir a la cabeza entre’. Tal como se discutió en la misma entrada sobre los pecados en contra de la felicidad, la superioridad es su enemigo por excelencia. Y es tal vez por este sentido de superioridad que se ha tergiversado el concepto y propósito de un líder y las estrategias o formas de expresar su liderazgo. No puedo generalizar, pero asumo que en muchos casos se ve a un líder como aquel en una posición de poder versus un subordinado que carece de poder.

No obstante, tal como establece Kevin Kruse, en su artículo What Is Leadership?, liderazgo no tiene que ver con tu posición en una estructura organizacional, y yo incluiría familiar o de cualquier otra índole. Y más interesante aun, “liderazgo y gestión no son sinónimos”. 

 

“Típicamente, los gerentes gestionan cosas. Los líderes lideran personas” (Kevin Kruse). 

 

Dicho esto, el mismo autor incluye en la definición de liderazgo conceptos como proceso de influencia y maximización de los esfuerzos de otros para el cumplimientos de metas. Sé que todo esto suena muy corporativo. Sin embargo, se puede extrapolar a otras esferas de la vida diaria. 

No soy experta en el tema ni mucho menos, pero cuando me refiero a liderazgo, no solo hablo de un jefe de cualquier compañía. Considero que todos somos líderes en algún o en varios ambientes donde nos desenvolvamos. Por ejemplo, los padres pueden ser líderes. Las ‘cabezas de los hogares’ pueden ser líderes. Probablemente nos ponemos la chaqueta de líderes más veces de las que creemos, y a veces sin saberlo. Cómo vivimos genera una influencia en nosotros, en el ambiente y en quienes nos rodean. Dicha forma de vivir nos puede transformar en líderes. Y así sucesivamente.

¿Por qué entro en el tema de liderazgo? Porque tal vez eso es lo que nos hace falta, ser líderes en nuestros pequeños mundos. 

Unamos todas las ideas. Por un lado tenemos la visión de administradores. Uno administra sus tareas, sus actividades, sus hábitos. Uno administra su hogar y las cosas de casa. Y en algunos casos nos toca además administrar el trabajo de otros o encargarnos de proveer ciertas condiciones y elementos para que el trabajo de otros pueda producirse. 

Sin embargo, administrar no es sinónimo de control. Tú manejas tus cosas. No pretendas manejar las de los demás. Propón, organiza, sugiere métodos. Mas, no te cierres a que tus maneras son las únicas. Así que si te encuentras en una posición o rol de administrador, no te encierres en tu mundo. Menos ego, más equipo. 

Por otro lado, ya vimos que administrar o gerenciar no es lo mismo que liderar. Y liderar tampoco es lo mismo a controlar. Inspira, permite que otros crezcan, ayúdalos a crecer. Sé una influencia positiva en tu vida y en la vida de los demás. Así como el mundo evoluciona, también a nosotros nos toca evolucionar.

Ampliemos nuestra perspectiva. Seamos menos controladores. Busquemos mejores formas de administrar y convirtámonos más en verdaderos líderes.

Tal vez todas estas ideas suenen descabelladas o inconexas. Sin embargo, más a menudo de lo que parece, nos imponemos y asumimos roles de autoridad creyendo primero, que hace falta, y segundo que es nuestro deber o derecho asumir esa posición. Y lo queramos o no, nos volvemos autoritarios. Sin darnos cuenta, pisamos a otros. Y peor aun, no les permitimos desarrollarse, evolucionar. Si no dejamos que la larva pase por su estado de metamorfosis, no podremos disfrutar la belleza de una mariposa. 

Ya sea en tu familia, organización e inclusive contigo mismo busca ser mejor cada día. Busca crecer. Sé el ejemplo para que así, en lugar de ordenar, otros tal vez se te unan a la causa.

 

“Liderazgo es el arte de lograr que otro haga algo que tú quieres porque él quiere hacerlo” (Dwight D. Eisenhower).

El poder de la mente: Sí se puede

 

“Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”. (Wayne Dyer)

 

A principios de este año me diagnosticaron con artritis reumatoide. Es una enfermedad crónica, que para efectos de la medicina convencional, no tiene cura. Afecta principalmente las articulaciones generando rigidez y dolor. Es más usual en personas de edad. Sin embargo, puede llegar a afectar inclusive a niños.

Mi primera reacción

Recuerdo que estaba casi segura que ese sería el diagnóstico que recibiría. Me puse a leer sobre la enfermedad para saber mejor a qué me enfrentaba. Encontré sitios con muy buena información, tan buenos que caían en el exceso de información. Ese concepto un tanto enciclopédico estaba cargado de dramatismo. Era común leer sobre la gravedad de la enfermedad a medida que esta avanzaba en tu cuerpo. Sí, es cierto. Hay casos bien graves en relación a la artritis reumatoide. Mas, eventualmente te enteras que los casos graves representan un porcentaje muy pequeño.

Como me dijo uno de los doctores que consulté, mueres con la enfermedad, pero no por la enfermedad. Aunque igual suena un poco macabro… no exactamente lo que esperas para el resto de tu vida.

¿Información o desinformación? Miedo. 

No todo fue negativo. Descubrí un sin fin de blogs de personas jóvenes con artritis. Contaban su experiencia. Recuerdo haber leído la historia de una maratonista, que a pesar del dolor allí seguía con su sueño. Luego de sus entrenamientos quedaba hecha trizas, pero valía la pena. Su hijo sabía que por las mañanas no se le podía lanzar encima por su rigidez, debilidad y asumo que dolor.

Lo mejor de mi caso fue conseguir un doctor que en ningún momento me prohibió hacer nada, ni siquiera mi práctica de boxeo. Así es más fácil convencerte de que puedes seguir con tu vida de forma normal, o lo más normal posible. Claro, al principio tuve que hacer algunas modificaciones en mis entrenamientos. Incorporé yoga, reduje las horas de boxeo, no pegaba con fuerza, etc.

Después del miedo, viene la esperanza supongo. Y desde ese día declaré que la artritis no me vencería. Decreté que mi vida no cambiaría por ella. Mi nuevo lema: el dolor es miedo. Porque por miedo a sentir dolor, no te provoca moverte mucho. Pero no hay nada peor para cualquier enfermedad o situación que quedarse quieto. Te vuelves una tierra estéril.

Inclusive en una época se creía que el ejercicio podía empeorar la artritis. Ahora se sabe que ocurre todo lo contrario. Pero, vuelvo y repito, quedarse paralizado, inmóvil, quieto, echarse, no por padecer artritis, sino por cualquier otra enfermedad e inclusive situación de la vida, todo tiene el mismo efecto… esterilidad.

Mis primeras semanas

No voy a entrar en tanto detalle, dado que mi intención no es apelar a tu lástima, ni compasión ni nada similar. Sin embargo, no te puedo mentir que las primeras semanas no fueron tan fáciles. Caminaba lento y raro. Bajar las escaleras era un suplicio. Levantarme de la cama o del sofá era la peor parte. A veces no podía vestirme sola. Otras veces me sentía mejor y el día pasaba casi normal. 

Tenía la típica rigidez matutina que da con la artritis. A veces solo podía estirar las sábanas al tender la cama porque me dolían las manos como para alzar el colchón. Recuerdo que algunas mañanas lanzaba un brazo con la ayuda del otro hacia arriba para lograr estirarlo y alcanzar los gabinetes superiores de la cocina. Después de las primeras horas del día, la rigidez iba cediendo y podía moverme con mayor facilidad. 

Son esos momentos en los que te das cuenta que no puedes dar nada por sentado. Desde caminar hasta valerte por ti mismo. 

Tuve un par de episodios graciosos. Un día me quedé en un centro comercial sentada leyendo durante un par de horas mientras mi esposo salía del trabajo. Cuando me paré, lógicamente estaba tullida. Mientras mis articulaciones se iban calentando, quién sabe cómo estaría caminando que un guardia del mall se me acercó para preguntarme si estaba bien. Historias que quedaran en la memoria y en la risa…

Mi recuperación

Desde hace tiempo he querido escribir este post. No lo había hecho antes porque quería estar segura de lo que les voy a compartir a continuación.

Fue clave para mí toparme con mucho apoyo de parte de todos los que me rodean. Fue clave saber que una compañera boxeadora (literalmente compite) también tenía artritis. Si la vieran entrenando no sabrían que padece de algo. Inmediatamente me dio mucha esperanza. Me dije a mí misma, si ella puede pegar con la fuerza que lo hace y entrenar así de arduo, significa que eventualmente yo también voy a poder hacerlo. Con rodilleras puestas y dificultad para hacer algunos ejercicios, ahí empecé de nuevo mi entrenamiento.

Hoy, mi entrenador me llama guerrera porque recuerda cómo aun cuando tenía molestias, ahí estaba dando lo mejor que podía. Mientras más entrenaba, mejor respondía mi cuerpo. Al principio me dolía. Luego, mis articulaciones se iban ajustando a los movimientos. De hecho, los días que no entrenaba o hacía yoga o algún tipo de ejercicio, eran los días que notaba más la rigidez en mis articulaciones.

Vi documentales sobre el poder sanador de la mente. Vi documentales sobre el poder sanador del yoga. Fui a un retiro de meditación. Me hice sesiones de acupuntura. Y así poco a poco armé mi ritual. Todas las noches mientras me aplicaba crema en el cuerpo y una loción para el dolor muscular, me imaginaba que el mentol iba disolviendo la humedad y la inflamación, iba destruyendo los cristales de líquido, iba aniquilando a mis anticuerpos que decidieron erróneamente atacar a mi cuerpo. Me imaginaba con completa movilidad, sin ninguna restricción. Y agradecía la oportunidad de desarrollar mi fortaleza.

Enero… un mes en el que a veces parecía la Estatua de la Libertad. Febrero… un mes en el que todo cambió. El dolor en las rodillas desapareció. La rigidez matutina desapareció. Una que otra molestia de vez en cuando en los hombros. Un par de dedos que seguían hinchados en las manos. Yo seguía con mi ritual, mis ejercicios, mi mente positiva, mis medicamentos.

Hoy, puedo decir oficialmente que estoy en remisión. Y por esta razón, decidí contarles mi historia. Ya no soy yo inventando que el poder de la mente existe. Ya no soy yo escuchando el testimonio de otros de cómo se curaron cuando los doctores les señalaron que nunca sucedería. Ahora soy yo en carne y hueso sumando mi testimonio a lo inexplicable. Y saben por qué sé que la mente fue lo que más influyó, porque hasta mi doctor comentó, “se nota que todo está en su personalidad porque hay otras personas más gruñonas que nunca se curan”. No son comunes los casos de remisión. Según otro doctor que consulté, son tan raros que cada uno termina como artículo en una revista científica. El 20% me señaló. 

Y les voy a decir otra cosa. En febrero, en mi segundo control estábamos evaluando la posibilidad de agregar un nuevo medicamento al coctel. Pocos días después me iría de viaje de vacaciones. Y para finales de marzo tendría mi nuevo control y mis nuevos exámenes de sangre. Nunca voy a olvidar que internamente decreté, para esos próximos exámenes y para esa próxima consulta voy a estar sana. 

Heme aquí, tercer examen, tercer consulta, resultado remisión. Un brote que desapareció muy rápido, para mi fortuna.

No sé qué conclusiones saques de mi historia. No sé si creerás en el poder de la mente. Lo único que puedo humildemente decirte, es que todo es pensamiento. Y todo pensamiento es energía, energía que estás lanzando al universo. Y el universo siempre está allí escuchando, escuchando absolutamente todo. Así que por un lado, ten cuidado con lo que deseas. Por el otro, como cité a Wayne Dyer al principio de este post:

 

 “Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”.

 

Yo sí creo que nuestra mente juega un papel importante en lo que nos ocurre en la vida y en cómo enfrentamos nuestros retos. Yo sí creo que la mente nos enferma y la mente nos sana. Y hoy más que nunca no lo puedo negar. No digo que los medicamentos, medicina natural, alimentación y ejercicios no hayan jugado un papel importante en mi avance. No obstante, todo está en la actitud. Eso es innegable.

Espero que mi historia te sirva. Espero que mi testimonio te dé esperanza, propósito y una nueva visión de la vida. Como he dicho antes, no creo en imposibles.