Empieza despacio, empieza de a poco y gana momentum

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El mundo solía ir a mil por hora. No sé si es esta rapidez de los cambios y la presión por entregar resultados inmediatos que hace que nos llevemos este mismo concepto a la vida personal. Con cada cosa que emprendemos, queremos ver ya el resultado. Nos estresa y frustra la espera. Creemos que algo estamos haciendo mal cuando ese resultado no llega. Nos echamos la culpa.

Inclusive cuando nos trazamos una meta, cada día que pasa que no nos acercamos a la recta final nuestro humor y actitud decaen. Y esta es la razón por la que les he comentado que creo en sistemas. Es buscar ese cambio de enfoque en que más allá del resultado, el hábito sigue allí. 

Desde hace dos años, logré por fin entrenar de forma regular. Más allá de eso, me enamoré del boxeo. Las ganas por mejorar mi desempeño me llevó a realizar otro tipo de ejercicios complementarios para tener un entrenamiento más integral.

Como ya les mencioné en una entrada anterior, desde que estamos en cuarentena hemos logrado hacer yoga, pero boxear, muy muy poco. Creo que nos hemos puesto los guantes dos veces en tres meses. Ahora hemos retomado ejercicios de acondicionamiento de a poco. Y queremos intentar una nueva estrategia para ayudarnos a show up, show up con amigos, desde videoconferencia desde luego. Nos dimos cuenta de que nos es más fácil hacer ejercicios si sabemos que alguien, llámese profesor o amigo, está esperando por nosotros. Sé que la motivación nace de forma intrínseca, pero hey, se hace lo que se puede para llegar allí.

En fin, cuando ya tienes un hábito establecido y la actividad te gusta, es confuso que se te dificulte practicarla. O al menos por ahí va el diálogo interno. Comienza tu demonio interno a criticarte, a juzgarte. Sí, es raro pasar de entrenar 6 días a la semana a solo 3, pero es mejor que nada, ¿cierto?

Andy Puddicombe hablaba un poco de esto en su Podcast Radio Headspace, las transiciones. No nos damos el espacio ni el tiempo suficiente para adaptarnos. Lo que queremos lo queremos ya, para ayer si es posible. Está bien empezar despacio. Voy a utilizar el ejemplo que él comentó.

Estás corriendo. Empiezas a toda máquina. A los pocos minutos, ya estás agotado. Capaz ni siquiera llegas al tiempo total del ejercicio o a la distancia que querías recorrer. Explica que siente como si su cuerpo y mente no hubieran tenido el tiempo suficiente para acondicionarse y conectarse para el fin. 

Lo mismo siento que pasa cuando nos proponemos retomar un hábito o lograr alguna cosa. Por un lado, a veces empezamos con mucho ímpetu y ya sea por las expectativas o porque abarcamos mucho, al rato nos desinflamos y con nosotros, el proyecto desaparece. Por el otro lado, creemos que si no volvemos a entrenar los 6 días de la semana como solíamos, está mal. 

Esta es una invitación a respetar las transiciones. Está bien empezar despacio, empezar de a poco. No importa qué hacíamos o cómo lo hacíamos antes. No importa cómo lo haremos después. Importa, primero que empecemos, y segundo, que continuemos. Es darte el tiempo de adaptarte a la situación, de adaptarte al proyecto o al hábito o al cambio; darte permiso de conectarte sin importar cuánto te tome llegar a la recta final. Recuerda la vida se trata de disfrutar el camino, no el destino.

Cierro con este último aspecto. Cuando empezamos cualquier cosa, está el entusiasmo por lo nuevo. Después, viene la consistencia. Aquí ya el trabajo se pone difícil. A veces la cuestión se vuelve repetitiva y aburrida. Estamos a punto de perder la motivación y tirar la toalla. Queremos progresar más y más rápido. Sin embargo, lo único que podemos controlar es el show up, el resto está fuera de nuestras manos. Les dejo las sabias palabras de Pema Chödron:

 

[El mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que estas] la abandonan justo cuando la cosa estaba por ponerse interesante. Esto quiere decir, abandonan la práctica en cuanto la cuestión ya no es fácil, tan pronto como se vuelve doloroso o aburrido o inquietante. Se pierden entonces la mejor parte, la parte transformativa; esa parte cuando superas la dificultad y entras en una especie de universo en bruto, un universo nuevo para explorar dentro de ti mismo.

Practica lo que predicas: mi balance

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A lo largo de este blog, he publicado un sin fin de experimentos con el objetivo de ir encontrando esos hábitos, estrategias e instancias dignas de conservar. Sin embargo, en muy pocas ocasiones les he contado qué ha pasado con ellos luego de un tiempo. Así que dado que no me gusta predicar sin practicar lo que predico, hoy les traigo un balance de los experimentos más relevantes.

 

Experimento 1: sistemas vs. metas

Hace varios meses e inspirada por Stephen King, decidí optar por escribir 500 palabras al día, lo que para muchos puede sonar como una meta. Si tienen tiempo leyéndome, sabrán que no suelo enfocarme en el avance cuantitativo, sino en buscar la constancia. 

Al menos para el proyecto de escritura que tenía en manos, forzarme a escribir esa cantidad de palabras me ayudó a avanzar y a culminar esa fase del trabajo. Con el tiempo, sin embargo, es decir, cuando escribo por escribir sin ningún proyecto en mente, las 500 palabras no van para ningún lado. Más aun, puede que me frenen a no escribir en absoluto.

Conclusión: Sigo defendiendo el show up y los sistemas más que una meta concreta o un avance cuantitativo específico. No obstante, frente a un proyecto definido, es posible que vuelva a probar este enfoque cuantitativo.

 

Experimento 2: estructuras

En una oportunidad, mis días estaban divididos en bloques: matutino, laboral, nocturno. En cada uno de ellos ocurrían actividades particulares. Esa estructura me ayudaba a ser consistente en el trabajo y en mis hábitos. Las tareas de cada bloque cambiaron con la evolución de mis jornadas. Recientemente, se veía así. Mi agenda tenía las mismas cuatro tareas todos los días: escritura creativa, blog, revisar correos y redes sociales y leer. En la mañana ocurría la primera. Luego del almuerzo, las dos siguientes y a finales de la tarde la lectura. Tal vez ahora pueden entender por qué esta estructura se estaba volviendo repetitiva y monótona y hasta frágil. 

En todas partes vas a leer sobre la importancia de los hábitos, cómo te ayudan a evitar el deambular y pensar de más, así como el progresar y practicar comportamientos deseados. Sigo diciendo sí a los hábitos. El problema, tal vez, son las estructuras dentro de las cuales encajo esos hábitos.

¿Qué estoy haciendo? Volví a la agenda física. Estoy siguiendo algunos pasos de lo que se conoce como Bullet Journal. En breve, cada día anoto seguido de una viñeta cada tarea que me planteo llevar a cabo. Ya no es simplemente escribir. Ahora es escribir tal poema o un blog post. A lo mejor es editar. Y con ello, las tareas de casa, los libros o artículos que quiero leer, etc. Es decir, las tareas ahora son más específicas y variadas.  

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Además, ya no necesariamente tengo un orden. Las mañanas siguen siendo mi momento más creativo. Sin embargo, estoy buscando fomentar mayor flexibilidad y adaptabilidad acorde a lo que el día me lance y a mi actitud también. 

¿Cómo logro show up? Buena pregunta. Fue muy fácil excusarse en esa libertad de movimiento para no escribir, por ejemplo, o entregarse únicamente a los antojos. En un intento de encontrar balance entre antojo y trabajo, desde hace unos días, me levanto a las 7 am. Gracias a la cuarentena, nos es posible acostarnos más temprano. Duermo mis 8 horas. Pero ahora, al levantarme más temprano, dedico una hora para escribir. Es un momento pre-día (antes de empezar mi día como tal, quiero decir). A veces se siente como si uno estuviera levantándose a escondidas. Soy solo yo en pijamas, laptop y café en mano.   

Sin importar qué pase el resto del día, ahí tengo asegurado mi show up.

 

Experimento 3: juego en cuarentena

No sé si recuerdan un pequeño juego que les compartí para vivir de forma más consciente la cuarentena. Todos los domingos, llenaba una planilla con la música que había escuchado, qué había leído, con quién había hablado y el dibujo que mejor expresaba mi semana. Fue divertido. Esta semana decidimos pararlo.

La vida en cuarentena se ha convertido en la nueva normalidad. Somos criaturas adaptables. Y vamos a estar muchos más meses bajo esta nueva normalidad. Queremos mantener esa reflexión sobre cómo hemos vivido la semana. Queremos mantener esa motivación por hacer que nuestro tiempo valga la pena (lo que sea que eso signifique para ti). Sin embargo, podemos talar menos árboles para lograr eso. 

Conclusión: encontraremos otra manera de compartir esas reflexiones sin imprimir más hojas. Probablemente, incorporemos una nueva casilla a nuestro Family Meeting. Si tienes hijos, capaz a ellos sí les siga funcionando el juego.

 

Experimento 4: tareas de casa

Siempre fui partidaria de sacar la curita de una (no en la piel, solo metafóricamente hablando), en especial cuando se trata de actividades que preferiría no hacer. Por eso, me gustaba tener un día dedicado a la limpieza. Asimismo, por eso también solía cocinar en grandes tandas, es decir, la comida de toda la semana en uno o dos días. Podía olvidarme de esas tareas hasta la semana siguiente.

¿Problema? Volvemos a la fragilidad de las estructuras rígidas. Creo que finalmente entiendo por qué a las pocas semanas de ejecutar esas tareas exitosamente, el sistema se recargaba y venía el caos. Ya había probado años atrás con repartir estas tareas en más días, un poco a la vez. Y la verdad es que no me había funcionado. No disfrutaba saber que todos los días iba a cocinar o limpiar, por ejemplo. ¿Qué cambió? Tal vez es la cuarentena. Lo cierto es que esas grandes tandas de cosas no estaban funcionando, muy abrumador. Es más fácil lavar un plato a la vajilla entera, ¿cierto?

Conclusión: Estoy limpiando un cuarto al día. Me toma entre 15 a 30 min. Procuro hacerlo en la mañana o de lo contrario se hace muy difícil cerrar el ciclo. Así, acumulo pequeños triunfos a lo largo del día que me motivan a conquistarlos al día siguiente también. Con la cocina, lo mismo, a medida que algo se va acabando, lo voy remplazando, de a poco.   

 


Así cierro el balance de algunos de mis experimentos. Mi objetivo es mostrarles que experimentos no son más que intentos, a veces fallidos y a veces exitosos. La vida cambia y con ello los hábitos, realidades y necesidades. A veces toca adaptar viejos comportamientos. Otras veces hay que remplazarlos por completo. E inclusive en algunos casos, resucitamos viejos comportamientos y experimentos.

Aquí no hay nada escrito sobre roca. 

 

“Falla temprano, falla a menudo, pero siempre falla hacia adelante” (John C. Maxwell).


 

Enlaces:

Una estrategia para evitar posponer lo inevitable

[Te traemos una nueva modalidad para que elijas cómo prefieres experimentar nuestras publicaciones. Si eres de los que les gusta más leer, en el próximo párrafo podrás encontrar la entrada de esta semana. Si por el contrario, te gustan más los podcasts o audiolibros, haz clic en el botón de play a continuación para escuchar este post. Nos encantaría escuchar tus impresiones.]

Todos tenemos tareas en nuestras agendas que no nos encanta hacer. Son aburridas y repetitivas. Nos dan fastidio. Sin embargo, son necesarias. Así como nos bañamos todos los días, toca limpiar la casa, lavar la ropa, fregar los platos, hacer las compras de supermercado. Agrega a esa lista aquellas tareas que a veces postergas con la esperanza de que desaparezcan o se hagan solas.

El problema con esa esperanza es que a menos que tengamos una Robotina o algún artefacto que lo haga por nosotros, si es que existe, alguien debe encargarse de ellas. Y hasta que no se completen, no solo no van a desaparecer, sino que van a crear más daño con el tiempo.

Les doy un ejemplo. Todos los lunes nos llega nuestra caja de verduras, una caja que, debo agregar, no es nada pequeña. Y dado que me gusta guardar las cosas en la nevera ya lavadas, pues ese mismo día me toca lavar las compras para que no se pudran. Los lunes, también, eran mis días de limpieza. Así que esta era la imagen. Me levantaba a inicio de cada semana sabiendo que todo el día iba a estar limpiando y luego en la tarde, ya agotada físicamente de la labor, venía la limpieza de las verduras.

¡Ni hablar de la carga mental con la que amanecía todos los lunes!

Algunas semanas, el sistema funcionaba perfecto. Limpiaba, llegaban las verduras, las arreglaba y terminaba el día con broche de oro. Otras semanas, limpiaba una parte sí, otra no, a veces nada. Las verduras más de una vez quedaron en su caja en la entrada del departamento esperando que alguien hiciera algo al respecto. Cada vez que caminaba por el pasillo, veía la caja. Cada vez que veía la caja, comenzaba a darle vueltas a la cabeza. 

—“No he lavado las verduras”.

—“Se van a dañar. No podemos estar botando comida así no más”.

—“Es mucho trabajo, no quiero hacerlo”.

Y con esos pensamientos, la carga de no haber hecho la tarea, la culpa de que las verduras seguían allí, y cualquier otro sentimiento al ver la casa sucia y las tareas no completadas…

¿Les suena familiar el escenario? 

Tal vez en tu caso sea esa ropa que dejaste arrugando dentro de la lavadora porque te dio fastidio colgar; o el cerro de platos que se acumularon luego de cada comida; el remolino que pasó por tu escritorio y que no ordenaste al terminar de trabajar, etc.

Eso se llama “overthinking”. Y uso el término en inglés porque es corto, las maravillas del lenguaje. Pero, en su traducción, pues pensamos mucho sobre un asunto. Le damos vueltas en la cabeza una y otra vez. El pensamiento rumia en nuestra mente día tras día.

Algo tenía que hacer para mejorar este asunto. Y como ya saben, me encanta un experimento. Además, les comenté algunas entradas atrás de cómo los sistemas son necesarios, pero a veces muy estructurados y cerrados. Y eso para mí, los vuelve frágiles. ¿Cómo entonces crear hábitos que nos ayuden a desempeñar nuestras labores sin sentirnos encajonados? Buena pregunta. Aun no tengo del todo la respuesta.

Lo que sí puedo contarles es mi nueva estrategia para despejar un poco mi mente. 

 

¿Cómo trabajar mi overthinking?

Según Anne Bogel, autora del libro “Don’t Overthink It”, este rumiar se define como “pensamientos repetitivos, dañinos y poco productivos que nos hacen sentirnos mal, mientras que no nos conducen a nada”.

Por ende, “cuando postergamos el hacer esa tarea que no queremos hacer, mantenemos ese asunto desagradable justo en nuestras narices por mucho más tiempo del necesario”. Y eso nos lleva a concentrarnos en los aspectos negativos asociados a esa tarea.

Más aun, esos “ciclos abiertos consumen energía mental, ocupan espacio en nuestro cerebro y nos ruegan por monitorearlos como ‘tareas en progreso’”. 

Cómo pasarlos de ‘tareas en progreso’ a ‘tareas completadas’, pues a través de esta simple frase que la autora propone: cerrar ciclos.

Ya sabemos lo poderoso que puede ser el lenguaje. Pues usualmente, no se trata de cambiar una actividad, sino nuestra actitud frente a ella, refrasear en nuestra mente la tarea en mano. Evitar el “hay que”, “tengo que” y remplazarlo por “elijo”, “tengo la oportunidad de”, “opto por”. Lo mismo pasa en este caso.

Llegan las verduras y “opto” por procesarlas de inmediato para “cerrar el ciclo” y no pasar días pensando en ello. Libero mi espacio mental para enfocarme en las cosas que realmente importan.

Así que ahora, cada vez que me enfrento a alguna tarea aburrida o desagradable, pero necesaria, y me veo en la tentación de abandonarla a medio camino, me repito a mí misma “voy a cerrar el ciclo”. Es simple, pero poderoso. Y más si lo ato a la idea de cuidado personal, uno de mis pilares.

 

“Ser un adulto responsable es la forma más infravalorada de autocuidado. Sí, me refiero a: vive acorde a tus medios, pide cita con el dentista, ahorra dinero, planifica las comidas, lávate la cara antes de ir a dormir, ve a dar un paseo, cocina para personas, mantén tu casa limpia, acuéstate a una hora decente, todas esas cosas aburridas. Las rutinas mejoran todo en tu vida y esta es absolutamente la forma de autocuidado más ignorada y subestimada” (Sarah Bessey).

 

Cuidarte a ti mismo no se trata solo de comer sano, hacer ejercicio y utilizar productos naturales. Cuidarte a ti mismo involucra cuidar de tus espacios internos y externos.

La próxima vez que no quieras hacer algo, no la pospongas. En ti está la decisión de parar el ruido mental que te producirá el resto de la semana. Busca un refrán, una frase o utiliza la de Anne Bogel y ahora mía también; esa frase que frene la retahíla viciosa de tus pensamientos en el acto y te lleve a cerrar ciclos.

 

Overthinking no es solo una molestia; cada minuto que invertimos pensando de más es un minuto que no invertimos en las cosas valiosas” (Anne Bogel).  

 

Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

¿Sabes comunicar tus necesidades sin pelear?

Hasta el día de hoy, el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” es muy popular. Y más allá de las soluciones que plantea, el aspecto fundamental es que hombres y mujeres son distintos en su manera de abordar todo. Más aun, cada hombre y cada mujer son diferentes. 

Cada uno de nosotros tiene su manera de limpiar, ordenar, trabajar, organizarse, priorizar y enfrentar cada actividad o desafío. En nuestra mente, solidificamos nuestros métodos como eficientes y efectivos. En muchas oportunidades, inclusive los calificamos de acertados. Y si bien sabemos que hay muchas formas de llegar a Roma, nos gusta la nuestra, la recomendamos y la consideramos como LA manera.

Nos encerramos tanto en ESA manera, que asumimos que lo que es obvio para uno es obvio para otro. No entendemos por qué el otro no hizo las cosas como ERAN o por qué no obtuvimos el resultado deseado cuando fue OTRO quien se encargó de esa actividad. 

Nos molestamos porque quedó tirada la ropa en otro lugar al destinado para ello. Nos frustramos cuando nos toca HACER o CORREGIR la tarea del otro. ¡Por qué es tan difícil que entienda que esto SE HACE ASÍ!

Luego, conversas y recuerdas que tu mundo mental es Marte y el mundo del otro es Venus. Tú comunicas una idea y el otro la procesa e interpreta de otra. Es como jugar al telefonito. El mensaje pasa de persona a persona hasta que la última repite la frase que se le comunicó y resulta ser algo completamente distinto a la frase original.

Tal parece que la solución tiene que ver con mejorar la comunicación. Y sin embargo, es posible que se sienten a conversar las diferencias, y el ego y el control se apoderen de ti y no consigas nada. Por eso, hoy te presento un método para aliviar las tensiones y aprender a comunicar tus necesidades de forma no violenta.

 

La comunicación no violenta

“Es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí (y también cada uno consigo mismo) con empatía y eficacia. 

Enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones, sentimientos, ‘necesidades’ (deseos-metas) y peticiones a los demás (o a uno mismo) de un modo que evite el lenguaje evaluativo que etiquete o defina a los interlocutores o a terceros” (Elia Roca).

En otras palabras, este método busca generar un lenguaje sano y compasivo, una comunicación clara y un alivio para las frustraciones. Consta de cuatro pasos que exploraremos a continuación.

 

Los 4 pasos de la comunicación no violenta

  1. ¿Qué observas?

Anota alguna situación que te haya incomodado o que quieras mejorar. Y cuando te sientes a conversar, descríbele a la otra persona el hecho que observaste, sin incluir sentimientos ni opiniones. 

Por ejemplo: El otro día noté que al llegar del trabajo, te quitaste los zapatos, los dejaste en la sala y siguieron allí cuando nos fuimos a dormir.

  1. ¿Cómo te sientes?

Ahora, explora cómo te sentiste cuando ese hecho que observaste ocurrió. 

Por ejemplo: Me sentí frustrada por asumir tareas del hogar que no me corresponden, como fue recoger tus cosas a la mañana siguiente.

  1. ¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas para no sentirte de la manera en que lo expresaste en el paso anterior? Comunícaselo a la otra persona a continuación.

Por ejemplo: Necesito aligerar mi carga del hogar y saber que puedo confiar en que compartirás conmigo y cumplirás tu parte en dichas tareas.

  1. ¿Cuál es tu pedido?

La parte final de la comunicación no violenta implica hacerle un pedido a la otra persona, una especie de solución a tu problema. No obstante, es un pedido, no una orden. La otra persona puede tomarla, rechazarla o plantear otra cosa.

Por ejemplo: Te pido que por favor tengas más conciencia de dónde pones tus cosas. Así, al llegar a casa, si te vas a cambiar de ropa o quitarte los zapatos, guardes todo o lo dejes en el cuarto (en lugar de regadas por la casa).


 

Estos cuatro pasos son bastante simples. Sin embargo, la comunicación no violenta requiere práctica. No te desalientes si no sale muy bien a la primera. Estamos acostumbrados y programados a comunicarnos de una cierta forma. Toca reprogramarnos para respetar cada paso y ser efectivo, claro y respetuoso en lo que planteamos y cómo.

Prueba este método y cuéntanos qué te parece.

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

La dignidad empieza por ti

“Vocablo que deriva del latín dignitas, que a su vez deriva de dignus, cuyo sentido implica una posición de prestigio o decoro, ‘que merece’ y que corresponde en su sentido griego a axios o digno, valioso, apreciado, precioso, merecedor” (Martínez, V.).

¿Qué se entiende por dignidad humana?

Según la Guía de Formación Cívica proporcionada por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, la dignidad humana, 

 

“alude a la cualidad esencial del ser humano… en virtud de la cual se distingue lo humano de lo no humano. La dignidad aparece, pues como una seña de identidad del ser humano, como ser dotado de inteligencia y libertad, como ser moral”.

 

Continúa explicando que esta cualidad nos permite, entre otras cosas, “aprender, transmitir nuestra cultura [y] tener el dominio de nosotros mismos, es decir, tener la voluntad para dirigir nuestra conducta o comportamiento….” Asimismo, nos posibilita adherirnos a valores y “sobre todo, [a] tener conciencia de nosotros mismos y de nuestra existencia”.

En palabras simples, “la dignidad es ser tratado como lo que se es”. Y, ¿qué somos? El Prof. Víctor Martínez explora el tema en su artículo “Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad”. Como ya comentamos anteriormente, somos seres capaces de auto-gobernarnos y comprendernos, no solo como individuos, sino como miembros de una sociedad. 

De esta forma, el Prof. Martínez explica que la dignidad, en su forma más utilizada, es el trato respetuoso a las personas por el simple hecho de ser seres humanos. Es esa autonomía y toma de decisiones que nos hace únicos.

 

La dignidad empieza por ti

Ya hemos visto que con el solo hecho de ser seres humanos, somos dignos. Dejemos a un lado todos los enfoques filosóficos, bioéticos y de cualquier otra índole. Enfoquémonos en esa simple idea, la dignidad empieza por ti.

Ser digno significa que tienes la capacidad de tomar tus propias decisiones, de hacerte responsable por tu camino, de conocerte y apreciarte. Antes de demandar que otro te trate con dignidad, respétate tú mismo. 

Si no te aprecias o no te crees suficiente nadie más lo hará por ti. Si dejas que siga sonando esa canción que te repitieron desde pequeño y que cantaba que no podrías surgir en la vida por tu condición socioeconómica, en efecto tu condición no cambiará. Y no me mal interpretes. Sé que se necesitan ciertas estructuras y condiciones externas para solucionar problemas reales de la vida diaria. Mas, permíteme darte un ejemplo. Nunca voy a olvidar a una compañera de estudio que en mi opinión, era una de las más talentosas del salón. Había nacido en el seno de una familia relativamente humilde. Ello la convencía de que no surgiría en la vida. Su situación familiar, su situación socioeconómica no cambiaría hiciera lo que hiciera. Nació pobre, morirá pobre (esa era básicamente su creencia). 

Entonces, ¿eres merecedor? ¿Eres digno de respeto? Sí.

Ejerce tu autonomía, tu capacidad de aprendizaje, tu auto-conocimiento como herramientas para crecer. Despójate de ataduras auto-impuestas o impuestas por otros. Antes de salir a la calle a gritar dignidad, quiérete, respétate y aprende a aplicar ese concepto en ti mismo y en los demás.

Como dice Rupaul, si no te amas a ti mismo cómo te va a amar otra persona. Si no te crees digno, cómo otro te va a considerar digno. 

Prohibido olvidar

No quería dejar pasar esta semana sin compartirles un post. Un resfrío tardío y otras variables me han mantenido alejada del teclado. Sin embargo, les quiero compartir esta breve reflexión.

Prohibido olvidar

No hay día que vaya a entrenar, que mi coach no me aupe con un ¡vamos máquina! Ese parece haberse convertido en mi sobrenombre luego de la artritis. Le dice a mi esposo, “ahora no hay nada que la detenga”. Todos nos reímos.

Recientemente, recibí mis últimos exámenes de sangre de mi control. Una vez más, los resultados fueron gratificantes. Todo se encuentra dentro del rango. No hay señales de inflamación en el cuerpo. 

A veces recuerdo ese episodio de aproximadamente 4 meses de duración y parece una ilusión, pero a la vez muy real. Y es por eso que digo, prohibido olvidar. 

Todo obstáculo, sin importar su tamaño, nos enseña algo y nos permite valorar también. Así que:

 

  • Acepta que todo pasa por una razón, aun cuando no sepas cuál es en el momento dado o nunca llegues a saberla.

 

  • Enfrenta tus desafíos con y sin miedo. El miedo siempre estará, pero puedes dejarlo opinar solamente o puedes dejarlo mandar.

 

  • Desafíate, ve por más, sí se puede y vaya que es gratificante aprender y crecer.

 

  • No des nada por sentado, un cuerpo sano, tus habilidades, el poder percibir a través de todos tus sentidos, los suaves sonidos de la naturaleza, el color de las cosas, tus logros y bendiciones, tus fracasos, tus caídas, todas las veces que te has levantado…

 

  • Finalmente, confía en la abundancia. El universo sabe lo que hace.

De nuestros archivos: ¿Queremos mejorar?

Todos somos personas valiosas, aun con nuestros defectos y cualidades. Es más, tal parece que estamos en una nueva era donde se llama a fallar, a aceptar el fracaso y verlo como algo positivo. Siempre se aprende de los errores y cuidado si no se aprende más cuando nos caemos que cuando estamos de pie.

Existen múltiples frases que apoyan el fracaso y el aprendizaje que conlleva. 

  • “Caer está permitido. Levantarse es obligatorio”, proverbio ruso.
  • “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”, Nelson Mandela.
  • “Si te caes siete veces, levántate ocho”, proverbio chino.
  • “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”, Samuel Beckett.

Y así, cualquier cantidad más…

En las áreas de innovación y emprendimiento, temas que hoy en día marcan la pauta en el mundo de los negocios, se habla de fallar rápido y frecuentemente. Scott Adams, por su parte, nos presenta un libro que titula How to Fail at Almost Everything and Still Win Big (Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar). Señala que “…en el fracaso es donde al éxito le gusta esconderse a plena vista”. ¿Se acuerdan de aquella idea de enfocarse en sistemas en lugar de metas? Pues para este autor, poner en práctica nuestros sistemas y estrategias nos llevan a trabajar poco a poco hasta que la suerte, el tiempo correcto y múltiples factores se combinan para que llegue nuestro proyecto exitoso. Y mientras tanto, vamos a fallar una y otra vez, pero de cada idea fallida, recolectaremos conocimientos valiosos para nuestro próximo experimento. 

 

“Fallar siempre trae algo valioso consigo” (Scott Adams)

 

Para autores como Tiago Forte, más bien al enfocarse en experimentos, se reducen nuestras posibilidades de fallar y se aumentan las de ganar. Esto se da porque según Forte, los experimentos no pueden fracasar, sino simplemente producir resultados. ¡Por algo son experimentos!

En mi opinión, considero que más allá de todo lo que se dice, me gustaría concentrarme en eliminar el contenido negativo que trae consigo la palabra fracaso. Más allá de si fallamos o no, de si queremos fallar o no, de si consideramos que es importante caernos y levantarnos o de experimentar, si convertimos su connotación en algo valioso para nosotros, sentiremos menos culpa, seremos más amables con nosotros mismos y veremos las inmensas posibilidades con las que ya contamos. ¿Por qué no ver el fracaso o nuestras fallas como sinónimo de ser mejores? Seamos flawesome (individuo que acepta sus defectos y que a pesar de ser defectos los considera fantásticos). 

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Toda esta entrada la concebí en mi mente por dos razones. La primera, veo en mi día a día cómo siempre he tenido esa curiosidad por ser mejor. Y no hablo de no estar a gusto con lo que ya soy, sino más bien, me gusta abrir ventanas. Desde hace muchos años, me he sentido atraída por los tan llamados libros de ‘autoayuda’. Y ciertamente, puede que estemos atravesando situaciones que ameriten un empujón externo. Pero, a decir verdad nunca he estado de acuerdo con ese término. ¿Por qué autoayuda y no crecimiento personal? ¿Por qué enfocarse en lo que puede estar mal en lugar de lo que está bien? 

Esto me recuerda a los estudios psicológicos y cómo estaban enfocados en entender los trastornos, la depresión y similares. Mas, de un tiempo para acá decidieron revertir la situación. Dijeron ¿por qué no estudiar más bien qué nos hace felices y qué contribuye a nuestro bienestar? Y hoy en día, vemos cómo todos estos estudios han dado su fruto. Ahora el tema de la felicidad y del mindfulness están en el tapete. Dense un paseo por los medios para que vean cómo existen más documentales y libros sobre felicidad… ¡inclusive estadísticas de cuáles países son los más felices!

La segunda razón es sencilla. Si sientes esas ganas de saberte mejor que ayer, de experimentar con tus hábitos para llevar una vida más saludable y balanceada, etc. el cambio debe venir de ti. Nadie te puede llevar a mejorar, si no lo decides tú desde tu interior. Puedes empezar imitando lo que otros hacen. Sin embargo, es muy importante que poco a poco consigas tu propio camino y aquellos elementos que se adapten mejor a ti. 

Esta no es una llamada a cambiar porque la idea es que seamos ¡flawesome! Pero si eres igual de curioso como yo en estos temas, entonces…

 

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo” – Gandhi