Prohibido olvidar

No quería dejar pasar esta semana sin compartirles un post. Un resfrío tardío y otras variables me han mantenido alejada del teclado. Sin embargo, les quiero compartir esta breve reflexión.

Prohibido olvidar

No hay día que vaya a entrenar, que mi coach no me aupe con un ¡vamos máquina! Ese parece haberse convertido en mi sobrenombre luego de la artritis. Le dice a mi esposo, “ahora no hay nada que la detenga”. Todos nos reímos.

Recientemente, recibí mis últimos exámenes de sangre de mi control. Una vez más, los resultados fueron gratificantes. Todo se encuentra dentro del rango. No hay señales de inflamación en el cuerpo. 

A veces recuerdo ese episodio de aproximadamente 4 meses de duración y parece una ilusión, pero a la vez muy real. Y es por eso que digo, prohibido olvidar. 

Todo obstáculo, sin importar su tamaño, nos enseña algo y nos permite valorar también. Así que:

 

  • Acepta que todo pasa por una razón, aun cuando no sepas cuál es en el momento dado o nunca llegues a saberla.

 

  • Enfrenta tus desafíos con y sin miedo. El miedo siempre estará, pero puedes dejarlo opinar solamente o puedes dejarlo mandar.

 

  • Desafíate, ve por más, sí se puede y vaya que es gratificante aprender y crecer.

 

  • No des nada por sentado, un cuerpo sano, tus habilidades, el poder percibir a través de todos tus sentidos, los suaves sonidos de la naturaleza, el color de las cosas, tus logros y bendiciones, tus fracasos, tus caídas, todas las veces que te has levantado…

 

  • Finalmente, confía en la abundancia. El universo sabe lo que hace.

¿Por qué aplicar el método KonMari de orden y limpieza?

Al menos una vez al año me gusta hacer una limpieza profunda de casa. Esto implica deshacerme de papeles, ropa que ya no uso, etc. Asimismo, significa una oportunidad para mover las cosas un poco de lugar, cambiar y despejar las energías; como quien diría, sacar lo viejo para abrir paso a lo nuevo. Ahora lo veo un poco más como sacar lo viejo sin que necesariamente otras cosas ocupen los lugares despejados. No hay nada como ver huecos libres en un clóset.

Este año, decidimos abordar nuestro proceso de limpieza de una forma diferente. Viendo la popularidad que Marie Kondo ha estado tenido a nivel mundial, sobre todo luego de su serie Tidying Up with Marie Kondo en Netflix, decidimos probar su método. 

Para quienes no la conocen o la han escuchado nombrar, Marie Kondo es una japonesa radicada en Estados Unidos, apasionada del arte de ordenar. Se desempeña como consultora en esta área, ayudando a las personas con su método KonMari a limpiar y ordenar sus espacios. Es autora de dos libros y como comenté, su serie de Netflix ha sido todo un éxito.

Como anécdota graciosa, aquí en Santiago hay una fundación que abrió tiendas solidarias para financiar sus actividades sociales. En dichas tiendas venden mercancía usada proveniente de donaciones, desde ropa hasta artículos de decoración. Recientemente escuché que las tiendas están abarrotadas de mercancía por todas las personas que andan aplicando el método KonMari.

Asimismo, hace unas semanas, en una tienda de artículos de casa, escuché hablar a una muchacha de cómo había comprado cestas para organizar sus prendas, luego de que limpió y ordenó según enseña la misma autora (casualmente, lo mismo que hicimos nosotros). Así que como pueden ver, ha sido un verdadero fenómeno.

¿De qué se trata el método KonMari?

En primer lugar, se aborda un proceso de limpieza y orden total. Se va abordando por tipo de objeto, no por área de la casa. Se sigue un orden específico porque eso ayuda a ir internalizando y aprendiendo realmente el método. El orden es el siguiente:

  1. Ropa
  2. Libros y papeles
  3. Komono (baño, cocina, garaje y misceláneos)
  4. Elementos de valor sentimental

Descrito de forma simple, primero, se colocan todos los objetos que uno posee dentro de cada categoría en una pila. La idea es poder apreciar la cantidad de cosas que poseemos y evaluar si consideramos esa cantidad ideal. Usualmente, por supuesto, las personas poseen muchas más cosas de las que usan o necesitan realmente y ver la enorme pila genera una gran sorpresa y reflexión.

Luego, se toma prenda por prenda u objeto por objeto para evaluar si debe irse o quedarse. 

Finalmente, viene el proceso de guardado. Marie Kondo enseña diferentes técnicas para doblar ropa u ordenar utensilios para que todo esté a la vista, sepamos lo que poseemos y los espacios se vean acogedores e inspiradores.

Estos tres pasos se repiten con cada categoría de elementos.

¿Qué hay detrás del método KonMari?

Verán, no dedicaría un post entero a un método de limpieza, cuando yo misma me he vuelto un poco experta en el arte de ordenar, si no fuera por algo especial.

 

“Nuestra misión es ayudar a más personas a ordenar sus espacios al elegir alegría; Estamos comprometidos a desarrollar las herramientas más sencillas y efectivas para ayudarte a llegar allí”. (KonMari.com)

 

Cito la misión de Marie Kondo porque quiero resaltar la palabra “alegría”. Para mí, y estoy segura que Marie Kondo estará de acuerdo conmigo, esta elección dicta todo el sentido del proceso de ordenar. 

Cuando emprendemos esta aventura, no se trata de deshacernos de cosas. No se trata simplemente de limpiar y ordenar. Se trata de conservar aquello que despierta en nosotros alegría. Se trata de agradecer aquello que dejamos atrás por todo lo que aportó a nuestras vidas. Se trata de valorar lo que seleccionamos. En otras palabras, el método nos acerca a nuestra vida ideal, a cómo queremos vivir de ese momento en adelante. 

Curioso que algunas personas le decían, Marie ven y trae tu magia. Su respuesta era: “yo no hago magia. La magia la hacen ustedes, si es que quieren cambiar sus vidas”. Y es interesante esto porque el proceso puede ser sobrecogedor. Además, lleva su tiempo. Así que realmente es una decisión personal de si uno quiere salir adelante y transformarse. Me recuerda un poco a aquella idea que discutíamos hace un tiempo sobre que el momento transformador está justo a la esquina, luego de que aguantamos el aburrimiento y la dificultad, sabias palabras de Poema Chödron.

Así que, ver la serie y ver la transformación de las personas, no solo de sus espacios, fue muy revelador. Encuentras de repente a personas que han logrado trascender el día a día. Las notas más alegres, las ves emprendiendo proyectos que han querido hacer toda su vida. Han aprendido una manera sencilla de llevar a cabo sus tareas de casa para así tener el tiempo para dedicarse a lo que realmente les importa en sus vidas.

Beneficios del método KonMari

  • La energía empieza a fluir por tus espacios. Se sienten más ligeros. Provoca estar en ellos.
  • ¡A quién no le gusta un espacio casi de revista!
  • Adiós contaminación visual.
  • Facilidad para encontrar y agarras las cosas o prendas que necesitas.
  • Agradecimiento por todo lo que tienes y ahora valoras.
  • Y más…

KonMari en tres palabras: gratitud, valoración y felicidad.

Los dejo con algunas imágenes de nuestro proceso KonMari. ¡Vale la pena ponerlo en práctica!

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El antes… y el después…

 

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El antes…

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Y parte del después…

De nuestros archivos: El placer de lo simple

Esta semana me tomaré un break. Sin embargo, me pareció relevante compartirles este post sacado de nuestros archivos. Nos vemos la semana que viene con nuevo contenido.

——

Estos últimos días he estado leyendo, investigando y reflexionando mucho sobre los sistemas, hábitos necesarios y todos aquellos elementos que nos ayuden a lograr una cierta consistencia y avance en nuestro día a día. En entradas anteriores, he mencionado cómo modificar hábitos, cómo superar situaciones difíciles, en fin cómo avanzar entre los obstáculos.

En medio de este camino de experimentación, anteriormente planteé la pregunta de qué sistemas nos podrían ayudar a seguir adelante. Y he descubierto (no inventé la rueda, solo me la tropecé y la imagen entró a mi inconsciente consciente) algo muy interesante: el placer de lo simple.

En esta oportunidad no me refiero a declutter, a limpiar, a priorizar. Me di cuenta que he logrado consistencia en una actividad. Todos los días, normalmente por la mañana  y justo antes de empezar cualquier otra cosa, escribo en mi diario. No siempre tengo mucho que decir. De hecho, hay días que solo escribo una oración, como hay otros que me explayo en páginas.

¿Cómo comencé este hábito? Cada vez que me enfrentaba a un proyecto demandante y ruidoso, escribir todo lo que pasaba por mi cabeza (sin importar lógica, gramática, ortografía, etc.) era lo único que me permitía liberar la ansiedad y concentrarme en esa tarea grande. A veces dejaba de escribir por mucho tiempo, pero llegaba otro proyecto y de vuelta al papel. De pronto, se convirtió en una actividad necesaria para comenzar mi día. Me ha ayudado a expresarme, a desahogarme, a calmarme, a contar mis aventuras o a nada en particular. Y lo más importante de todo es que justamente no espero nada específico a cambio. No escribo porque tengo una fecha tope, ni porque alguien espera o necesita el resultado de mi trabajo. No voy a ganar dinero con ello ni ninguna otra cosa tangible o intangible más que mi satisfacción interna.

Hoy en día, es la única actividad que pese a las vacaciones, fines de semana (momentos de cero trabajo) o algún día que por cualquier circunstancia dejé de escribir, vuelvo a ella con constancia. Es el único hábito que pese a las interrupciones no pierdo.

Lo simple, lo interno

Tal pareciera que cuando agregamos nuestras expectativas, deseos y metas, las expectativas de otros y los clásicos vacíos tangibles o intangibles de la sociedad (dinero, éxito, fama, etc.), la receta se desbalancea y la torta no sale. Es que precisamente estos valores son externos a nosotros, y por tanto, no son satisfactorios en sí mismos. No sacian nuestras necesidades internas. Y estas necesidades están conectadas, entre otras cosas, con nuestro crecimiento personal. Más aun, son una trampa del ego, como lo señala Frederic Laloux, en su libro Reinventing Organizations.

Y hablar del ego me lleva a citar a Mihaly Csikszentmihalyi, creador del concepto de ‘flow’ que hemos mencionado en otros posts. El autor establece que en momentos de flow nos olvidamos de nuestros problemas y hasta de nosotros mismos, por lo que quiero resaltar lo siguiente: “…el concepto del ‘yo’ que cargamos en el día a día desaparece”.

Por su parte y construyendo la idea anterior, el zen maneja un concepto que dice así:

Yo quiero paz.

“Yo” es ego,

“Quiero” es deseo, 

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz. 

En el documental de Happy, hablan de que las personas necesitamos preocuparnos por algo más grande que nosotros mismos. Entonces, todo apunta a mirar dentro de nosotros, a dejar de fijarnos en lo que no tenemos o en lo que queremos poseer y alcanzar y en su lugar, simplemente a dar sin esperar nada a cambio. Dicho en términos elegantes y científicos, nos toca vencer uno de los principales enemigos de la felicidad, la rueda del hedonismo: “…ante cualquier nivel de riqueza o bienes materiales que tengas, te adaptas a él y siempre quieres más”. Y yo diría que no solo aplica a lo material, sino a nuestros deseos como profesionales, a nuestras benditas metas.

Así que…

Una vez más lo repito… el placer de lo simple

Ahora lo parafraseo… el placer de entregarse y dejarse llevar

¿Otra? … el placer de hacer sin esperar un resultado en particular

El placer de lo simple

Estos últimos días he estado leyendo, investigando y reflexionando mucho sobre los sistemas, hábitos necesarios y todos aquellos elementos que nos ayuden a lograr una cierta consistencia y avance en nuestro día a día. En entradas anteriores, he mencionado cómo modificar hábitos, cómo superar situaciones difíciles, en fin cómo avanzar entre los obstáculos.

En medio de este camino de experimentación, anteriormente planteé la pregunta de qué sistemas nos podrían ayudar a seguir adelante. Y he descubierto (no inventé la rueda, solo me la tropecé y la imagen entró a mi inconsciente consciente) algo muy interesante: el placer de lo simple.

En esta oportunidad no me refiero a declutter, a limpiar, a priorizar. Me di cuenta que he logrado consistencia en una actividad. Todos los días, normalmente por la mañana  y justo antes de empezar cualquier otra cosa, escribo en mi diario. No siempre tengo mucho que decir. De hecho, hay días que solo escribo una oración, como hay otros que me explayo en páginas.

¿Cómo comencé este hábito? Cada vez que me enfrentaba a un proyecto demandante y ruidoso, escribir todo lo que pasaba por mi cabeza (sin importar lógica, gramática, ortografía, etc.) era lo único que me permitía liberar la ansiedad y concentrarme en esa tarea grande. A veces dejaba de escribir por mucho tiempo, pero llegaba otro proyecto y de vuelta al papel. De pronto, se convirtió en una actividad necesaria para comenzar mi día. Me ha ayudado a expresarme, a desahogarme, a calmarme, a contar mis aventuras o a nada en particular. Y lo más importante de todo es que justamente no espero nada específico a cambio. No escribo porque tengo una fecha tope, ni porque alguien espera o necesita el resultado de mi trabajo. No voy a ganar dinero con ello ni ninguna otra cosa tangible o intangible más que mi satisfacción interna.

Hoy en día, es la única actividad que pese a las vacaciones, fines de semana (momentos de cero trabajo) o algún día que por cualquier circunstancia dejé de escribir, vuelvo a ella con constancia. Es el único hábito que pese a las interrupciones no pierdo.

Lo simple, lo interno

Tal pareciera que cuando agregamos nuestras expectativas, deseos y metas, las expectativas de otros y los clásicos vacíos tangibles o intangibles de la sociedad (dinero, éxito, fama, etc.), la receta se desbalancea y la torta no sale. Es que precisamente estos valores son externos a nosotros, y por tanto, no son satisfactorios en sí mismos. No sacian nuestras necesidades internas. Y estas necesidades están conectadas, entre otras cosas, con nuestro crecimiento personal. Más aun, son una trampa del ego, como lo señala Frederic Laloux, en su libro Reinventing Organizations.

Y hablar del ego me lleva a citar a Mihaly Csikszentmihalyi, creador del concepto de ‘flow’ que hemos mencionado en otros posts. El autor establece que en momentos de flow nos olvidamos de nuestros problemas y hasta de nosotros mismos, por lo que quiero resaltar lo siguiente: “…el concepto del ‘yo’ que cargamos en el día a día desaparece”.

Por su parte y construyendo la idea anterior, el zen maneja un concepto que dice así:

Yo quiero paz.

“Yo” es ego,

“Quiero” es deseo, 

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz. 

En el documental de Happy, hablan de que las personas necesitamos preocuparnos por algo más grande que nosotros mismos. Entonces, todo apunta a mirar dentro de nosotros, a dejar de fijarnos en lo que no tenemos o en lo que queremos poseer y alcanzar y en su lugar, simplemente a dar sin esperar nada a cambio. Dicho en términos elegantes y científicos, nos toca vencer uno de los principales enemigos de la felicidad, la rueda del hedonismo: “…ante cualquier nivel de riqueza o bienes materiales que tengas, te adaptas a él y siempre quieres más”. Y yo diría que no solo aplica a lo material, sino a nuestros deseos como profesionales, a nuestras benditas metas.

Así que…

Una vez más lo repito… el placer de lo simple

Ahora lo parafraseo… el placer de entregarse y dejarse llevar

¿Otra? … el placer de hacer sin esperar un resultado en particular

El porqué

Hoy me levanté y no pude evitar quedarme contemplando el cielo desde mi ventana. Puede sonar obvio e inclusive un poco tonto, pero son precisamente esas obviedades las que más enriquecen y las que más pasamos por alto.

Además, vivo en un país en el cual no todos los días se puede apreciar el azul del cielo, sino más bien una nube gris tupida de contaminación. Vivo en un país con estaciones, pero que al caminar frecuentemente por la misma calle no me doy cuenta cuándo los árboles comienzan a perder sus hojas en otoño y crecen las flores en primavera. Simplemente, un día descubro que ya los árboles son solo ramas y que de repente te cubren con el aroma de sus flores.

Claramente, mi atención se diluye entre los tantos estímulos que recibimos por segundo.

¿Te ha pasado que cuando te levantas tienes un sin fin de pensamientos en la cabeza? ¿No sientes esa ansiedad de ponerte a trabajar apenas abres los ojos? ¿No ha empezado el día y ya estás agotado de tan solo imaginar todo lo que debes hacer? ¿Deseas un break, pero el trabajo siempre te resulta más importante? ¿Tu familia se queja del poco tiempo que dispones para compartir verdaderamente con ellos?

Pues, todos estos síntomas no son más que lo opuesto al mindfulness o conciencia plena, a nuestra capacidad de vivir en el presente y de equilibrar nuestro espacio mental. Vamos por la vida sin realmente detenernos a contemplar nuestros alrededores y todo lo que poseemos, desde lo material hasta las amistades, familia, experiencias y conexiones.

Nuestro ideal de éxito se mide por cuánto ganamos, las marcas que compramos y las propiedades que adquirimos. Para muchos, hasta gozar de vacaciones es un asunto secundario. Estamos acostumbrados a vivir para trabajar, a llenar nuestros calendarios con quehaceres, a saturar nuestra mente con ansiedad y tensión por lo que falta. Vivimos en un ciclo sin fin de insatisfacción y cansancio.

Sin embargo, estoy segura de que no todo es negativo. Imagino que de vez en cuando has gozado también de momentos de flow. Por algunos minutos e inclusive horas te has quedado completamente absorto y concentrado en una actividad. Al parar, sientes cómo la energía y tu esfuerzo dieron frutos. Disfrutaste de la actividad como si el tiempo se hubiera detenido y solo importaba eso que estabas haciendo.

Si fueras músico, de seguro cada vez que practicas experimentas estos momentos únicos. Si eres escritor, pues sueles sorprenderte de cómo hilas las palabras y creas una pieza para enorgullecerse. No importa a lo que te dediques. Inclusive al hacer tareas de la casa puedes experimentar flow, siempre y cuando tu atención esté centrada únicamente en ello. Darte el regalo de enfocarte en una sola tarea, te puede ayudar a sacarle provecho y verle el lado bueno a aquellas actividades que no nos resultan muy placenteras.

Si esto te parece interesante, exploremos juntos cómo pasar de un estado de mindlessness a un estado de mindfulness. Descubramos cómo incorporar la aventura y el asombro en nuestro día a día. Experimentemos hasta encontrar esos hábitos necesarios y sistemas que nos permitan construir y equilibrar nuestra vida para alcanzar la plenitud y verdadera felicidad.

Ya con todo lo que eres y posees, tienes suficiente para lograrlo. No sigamos esperando a que adquiramos algo nuevo, a que ciertas cosas pasen, a que llegue el lunes para iniciar un hábito, a que el milagro nos caiga del cielo. No des por sentado que el día de mañana llegará, que el cielo es azul y que todo estará allí intacto para cuando tú desees apreciarlo. Sal y maravíllate con la naturaleza, celebra las pequeñas conquistas en lugar de enfocarte tanto en la meta, ve despacio para que aprecies cada detalle de tu camino. Hoy es un gran día. No dejes de vivirlo esperando a que mañana sea mejor.

“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.


Benjamin Franklin