Empieza despacio, empieza de a poco y gana momentum

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El mundo solía ir a mil por hora. No sé si es esta rapidez de los cambios y la presión por entregar resultados inmediatos que hace que nos llevemos este mismo concepto a la vida personal. Con cada cosa que emprendemos, queremos ver ya el resultado. Nos estresa y frustra la espera. Creemos que algo estamos haciendo mal cuando ese resultado no llega. Nos echamos la culpa.

Inclusive cuando nos trazamos una meta, cada día que pasa que no nos acercamos a la recta final nuestro humor y actitud decaen. Y esta es la razón por la que les he comentado que creo en sistemas. Es buscar ese cambio de enfoque en que más allá del resultado, el hábito sigue allí. 

Desde hace dos años, logré por fin entrenar de forma regular. Más allá de eso, me enamoré del boxeo. Las ganas por mejorar mi desempeño me llevó a realizar otro tipo de ejercicios complementarios para tener un entrenamiento más integral.

Como ya les mencioné en una entrada anterior, desde que estamos en cuarentena hemos logrado hacer yoga, pero boxear, muy muy poco. Creo que nos hemos puesto los guantes dos veces en tres meses. Ahora hemos retomado ejercicios de acondicionamiento de a poco. Y queremos intentar una nueva estrategia para ayudarnos a show up, show up con amigos, desde videoconferencia desde luego. Nos dimos cuenta de que nos es más fácil hacer ejercicios si sabemos que alguien, llámese profesor o amigo, está esperando por nosotros. Sé que la motivación nace de forma intrínseca, pero hey, se hace lo que se puede para llegar allí.

En fin, cuando ya tienes un hábito establecido y la actividad te gusta, es confuso que se te dificulte practicarla. O al menos por ahí va el diálogo interno. Comienza tu demonio interno a criticarte, a juzgarte. Sí, es raro pasar de entrenar 6 días a la semana a solo 3, pero es mejor que nada, ¿cierto?

Andy Puddicombe hablaba un poco de esto en su Podcast Radio Headspace, las transiciones. No nos damos el espacio ni el tiempo suficiente para adaptarnos. Lo que queremos lo queremos ya, para ayer si es posible. Está bien empezar despacio. Voy a utilizar el ejemplo que él comentó.

Estás corriendo. Empiezas a toda máquina. A los pocos minutos, ya estás agotado. Capaz ni siquiera llegas al tiempo total del ejercicio o a la distancia que querías recorrer. Explica que siente como si su cuerpo y mente no hubieran tenido el tiempo suficiente para acondicionarse y conectarse para el fin. 

Lo mismo siento que pasa cuando nos proponemos retomar un hábito o lograr alguna cosa. Por un lado, a veces empezamos con mucho ímpetu y ya sea por las expectativas o porque abarcamos mucho, al rato nos desinflamos y con nosotros, el proyecto desaparece. Por el otro lado, creemos que si no volvemos a entrenar los 6 días de la semana como solíamos, está mal. 

Esta es una invitación a respetar las transiciones. Está bien empezar despacio, empezar de a poco. No importa qué hacíamos o cómo lo hacíamos antes. No importa cómo lo haremos después. Importa, primero que empecemos, y segundo, que continuemos. Es darte el tiempo de adaptarte a la situación, de adaptarte al proyecto o al hábito o al cambio; darte permiso de conectarte sin importar cuánto te tome llegar a la recta final. Recuerda la vida se trata de disfrutar el camino, no el destino.

Cierro con este último aspecto. Cuando empezamos cualquier cosa, está el entusiasmo por lo nuevo. Después, viene la consistencia. Aquí ya el trabajo se pone difícil. A veces la cuestión se vuelve repetitiva y aburrida. Estamos a punto de perder la motivación y tirar la toalla. Queremos progresar más y más rápido. Sin embargo, lo único que podemos controlar es el show up, el resto está fuera de nuestras manos. Les dejo las sabias palabras de Pema Chödron:

 

[El mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que estas] la abandonan justo cuando la cosa estaba por ponerse interesante. Esto quiere decir, abandonan la práctica en cuanto la cuestión ya no es fácil, tan pronto como se vuelve doloroso o aburrido o inquietante. Se pierden entonces la mejor parte, la parte transformativa; esa parte cuando superas la dificultad y entras en una especie de universo en bruto, un universo nuevo para explorar dentro de ti mismo.

Practica lo que predicas: mi balance

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A lo largo de este blog, he publicado un sin fin de experimentos con el objetivo de ir encontrando esos hábitos, estrategias e instancias dignas de conservar. Sin embargo, en muy pocas ocasiones les he contado qué ha pasado con ellos luego de un tiempo. Así que dado que no me gusta predicar sin practicar lo que predico, hoy les traigo un balance de los experimentos más relevantes.

 

Experimento 1: sistemas vs. metas

Hace varios meses e inspirada por Stephen King, decidí optar por escribir 500 palabras al día, lo que para muchos puede sonar como una meta. Si tienen tiempo leyéndome, sabrán que no suelo enfocarme en el avance cuantitativo, sino en buscar la constancia. 

Al menos para el proyecto de escritura que tenía en manos, forzarme a escribir esa cantidad de palabras me ayudó a avanzar y a culminar esa fase del trabajo. Con el tiempo, sin embargo, es decir, cuando escribo por escribir sin ningún proyecto en mente, las 500 palabras no van para ningún lado. Más aun, puede que me frenen a no escribir en absoluto.

Conclusión: Sigo defendiendo el show up y los sistemas más que una meta concreta o un avance cuantitativo específico. No obstante, frente a un proyecto definido, es posible que vuelva a probar este enfoque cuantitativo.

 

Experimento 2: estructuras

En una oportunidad, mis días estaban divididos en bloques: matutino, laboral, nocturno. En cada uno de ellos ocurrían actividades particulares. Esa estructura me ayudaba a ser consistente en el trabajo y en mis hábitos. Las tareas de cada bloque cambiaron con la evolución de mis jornadas. Recientemente, se veía así. Mi agenda tenía las mismas cuatro tareas todos los días: escritura creativa, blog, revisar correos y redes sociales y leer. En la mañana ocurría la primera. Luego del almuerzo, las dos siguientes y a finales de la tarde la lectura. Tal vez ahora pueden entender por qué esta estructura se estaba volviendo repetitiva y monótona y hasta frágil. 

En todas partes vas a leer sobre la importancia de los hábitos, cómo te ayudan a evitar el deambular y pensar de más, así como el progresar y practicar comportamientos deseados. Sigo diciendo sí a los hábitos. El problema, tal vez, son las estructuras dentro de las cuales encajo esos hábitos.

¿Qué estoy haciendo? Volví a la agenda física. Estoy siguiendo algunos pasos de lo que se conoce como Bullet Journal. En breve, cada día anoto seguido de una viñeta cada tarea que me planteo llevar a cabo. Ya no es simplemente escribir. Ahora es escribir tal poema o un blog post. A lo mejor es editar. Y con ello, las tareas de casa, los libros o artículos que quiero leer, etc. Es decir, las tareas ahora son más específicas y variadas.  

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Además, ya no necesariamente tengo un orden. Las mañanas siguen siendo mi momento más creativo. Sin embargo, estoy buscando fomentar mayor flexibilidad y adaptabilidad acorde a lo que el día me lance y a mi actitud también. 

¿Cómo logro show up? Buena pregunta. Fue muy fácil excusarse en esa libertad de movimiento para no escribir, por ejemplo, o entregarse únicamente a los antojos. En un intento de encontrar balance entre antojo y trabajo, desde hace unos días, me levanto a las 7 am. Gracias a la cuarentena, nos es posible acostarnos más temprano. Duermo mis 8 horas. Pero ahora, al levantarme más temprano, dedico una hora para escribir. Es un momento pre-día (antes de empezar mi día como tal, quiero decir). A veces se siente como si uno estuviera levantándose a escondidas. Soy solo yo en pijamas, laptop y café en mano.   

Sin importar qué pase el resto del día, ahí tengo asegurado mi show up.

 

Experimento 3: juego en cuarentena

No sé si recuerdan un pequeño juego que les compartí para vivir de forma más consciente la cuarentena. Todos los domingos, llenaba una planilla con la música que había escuchado, qué había leído, con quién había hablado y el dibujo que mejor expresaba mi semana. Fue divertido. Esta semana decidimos pararlo.

La vida en cuarentena se ha convertido en la nueva normalidad. Somos criaturas adaptables. Y vamos a estar muchos más meses bajo esta nueva normalidad. Queremos mantener esa reflexión sobre cómo hemos vivido la semana. Queremos mantener esa motivación por hacer que nuestro tiempo valga la pena (lo que sea que eso signifique para ti). Sin embargo, podemos talar menos árboles para lograr eso. 

Conclusión: encontraremos otra manera de compartir esas reflexiones sin imprimir más hojas. Probablemente, incorporemos una nueva casilla a nuestro Family Meeting. Si tienes hijos, capaz a ellos sí les siga funcionando el juego.

 

Experimento 4: tareas de casa

Siempre fui partidaria de sacar la curita de una (no en la piel, solo metafóricamente hablando), en especial cuando se trata de actividades que preferiría no hacer. Por eso, me gustaba tener un día dedicado a la limpieza. Asimismo, por eso también solía cocinar en grandes tandas, es decir, la comida de toda la semana en uno o dos días. Podía olvidarme de esas tareas hasta la semana siguiente.

¿Problema? Volvemos a la fragilidad de las estructuras rígidas. Creo que finalmente entiendo por qué a las pocas semanas de ejecutar esas tareas exitosamente, el sistema se recargaba y venía el caos. Ya había probado años atrás con repartir estas tareas en más días, un poco a la vez. Y la verdad es que no me había funcionado. No disfrutaba saber que todos los días iba a cocinar o limpiar, por ejemplo. ¿Qué cambió? Tal vez es la cuarentena. Lo cierto es que esas grandes tandas de cosas no estaban funcionando, muy abrumador. Es más fácil lavar un plato a la vajilla entera, ¿cierto?

Conclusión: Estoy limpiando un cuarto al día. Me toma entre 15 a 30 min. Procuro hacerlo en la mañana o de lo contrario se hace muy difícil cerrar el ciclo. Así, acumulo pequeños triunfos a lo largo del día que me motivan a conquistarlos al día siguiente también. Con la cocina, lo mismo, a medida que algo se va acabando, lo voy remplazando, de a poco.   

 


Así cierro el balance de algunos de mis experimentos. Mi objetivo es mostrarles que experimentos no son más que intentos, a veces fallidos y a veces exitosos. La vida cambia y con ello los hábitos, realidades y necesidades. A veces toca adaptar viejos comportamientos. Otras veces hay que remplazarlos por completo. E inclusive en algunos casos, resucitamos viejos comportamientos y experimentos.

Aquí no hay nada escrito sobre roca. 

 

“Falla temprano, falla a menudo, pero siempre falla hacia adelante” (John C. Maxwell).


 

Enlaces:

Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

Por qué recomiendo no ver noticias y qué hacer entonces

Debo admitir que nunca me he inclinado por ver las noticias. Entiendo la importancia de mantenerse enterados de lo que está ocurriendo en el mundo, pero ¿a cuál costo? 

Greg McKeown, en su libro Esencialismo, habla de cómo Gandhi, enfocado en su propósito de liberar a los oprimidos, decidió “reducirse a cero”. Para ello, debía eliminar de su vida todo lo que lo alejaba de su propósito. Así, pasó tres años sin leer el periódico, puesto que “descubrió que sus contenidos agregaban solo confusión innecesaria a su vida”.

Según Rolf Dobelli, en su artículo News is Bad for You—and Giving up Reading It Will Make You Happier, “las noticias son dañinas para tu salud. Resultan en miedo y agresión. Asimismo, entorpecen tu creatividad y tu habilidad para reflexionar de forma profunda”. Hace una analogía muy interesante, dice: “las noticias son para nuestra mente como el azúcar para nuestro cuerpo”.

Cuidamos lo que comemos. ¿Qué hacemos por cuidar nuestra mente? El exceso de información puede abrumarnos. Las noticias informan, pero qué hacemos con esa información, de qué nos sirve a nivel personal.    

Piensa en lo que está ocurriendo a nivel mundial. Predominan las noticias sobre el caos, enfrentamientos, problemas, crisis. Puede que no te des cuenta, pero silenciosamente todo eso va calando en tu cuerpo. Ese estímulo se va almacenando como tensión. Tarde o temprano tu vaso se desborda. 

Las noticias nos dan estrés y ansiedad. Incrementan nuestra incertidumbre. Tal como argumenta Graham Davey, profesor emeritus de la Universidad de Sussex, las noticias hoy en día son “cada vez más visuales e impactantes”. 

Hace unas semanas, y dada una situación importante que estaba ocurriendo, sentí la necesidad de revisar las noticias todos los días. Estaciones de metro podrían estar cerradas. Podría haber alguna manifestación por lugares cercanos, etc. Sin embargo, lo que me encontraba, además de los hechos que ocurrían, era un sin fin de opiniones. Esta persona analizaba esto. Esta otra creía esto otro. Yo creo tal cosa. Y al final, me ponía en mi rol de jueza y comenzaba a juzgar las opiniones, la situación y los hechos. Mis propias emociones, experiencias y pensamientos creaban todo un hilo, y más tarde, llegaba la frustración, confusión y a veces hasta molestia.

Lo que sea que esté pasando a tu alrededor, está pasando y ya. A lo mejor puedes contribuir a que algo cambie. Mas, por lo general, no. Entonces, de qué vale preocuparse, de qué vale imaginar qué va a pasar si no lo sabes, de qué vale crearte escenarios de contingencia. 

Me di cuenta que debía cambiar mi rol de jueza por mi rol de observadora. Es bien difícil, pero solo así puedo dejar de juzgar y pensar por mí, por los demás y por la situación; observar los hechos sin agregar más. 

Ciertamente, considero que revisar las noticias a menudo no ayudan a ser un mero observador. 

 

¿Qué hacer entonces?

 

Esto es lo que yo hago:

  1. Si no hay nada apremiante sucediendo a mi alrededor y que me afecte directamente, no veo noticias. Si hay algo importante que debas saber de seguro te enterarás por algún amigo o familiar. Además, ahora en las redes sociales, en especial Facebook, circulan constantemente noticias. Con leer el título tienes.
  1. Si a tu alrededor están ocurriendo hechos importantes que requieran tu atención, yo reviso el Twitter una vez a la semana. Sigo las cuentas que sé que me pueden dar la información que necesito, ni más, ni menos. Evito los programas de opinión y los hilos en tweets con más opiniones innecesarias.
  1. Para situaciones puntuales, por ejemplo, tienes que salir y no sabes si están abiertas las estaciones del metro, nuevamente, una visita puntual a la cuenta del metro en Twitter y estamos listos.

 

Loretta Breuning, autora de Habits of a Happy Brain, recomienda “limitar tu consumo de noticias a un bloque de tiempo cada día (por ejemplo, en el almuerzo o antes de cenar), o menos. Como mínimo, no ver o leer noticias antes de dormir”.

Entrégate a tu antojo sin culpa

Si algo he aprendido en estos últimos años sobre creación de hábitos exitosos, es decir, comportamientos que permanezcan en el tiempo, es que la privación es su principal obstáculo.

Quiero bajar de peso, escuchas por allí. Empecé una dieta, dice luego. No como ni esto ni aquello, ni tal otra cosa, solo esto. Y ves la cara de la persona sufriendo cuando a su alrededor pasan bandejas con alimentos prohibidos.

Se monta en la balanza todos los días. El progreso no se nota. La cosa está muy lenta. Y la ansiedad y el deseo por comer ese postre, ese pedazo de pan, etc. incrementa. Botas o escondes todas las galletas para evitar la tentación. Buena estrategia, pero no creas que tu mente no sabe que están allí o que quieres salir a comprarte una.

No sé si esto sea ciencia cierta, pero a nosotros nos ha pasado con cada hábito que hemos formado y que ahora es parte esencial de nuestros sistemas. A tal hora, haces tal cosa y obtienes tal recompensa. Al mes, el comportamiento se vuelve hábito, según expertos. Y mientras más mantienes esa constancia, se hace más difícil que pierdas dicho hábito a largo plazo. 

Varios meses y vas bien. De repente, hoy no te provoca hacer ejercicio. Desde hace una semana vienes con un antojo de muffin. El olor de la comida chatarra cuando pasaste cerca de la feria en el centro comercial, te dejó mareado. Entrégate a tu antojo sin culpa.

Vuelvo y repito, con cada hábito hemos pasado por momentos en los que volvemos al comportamiento anterior. Comemos ese muffin y como nuestro cuerpo se acostumbró a otras cosas, no le cae tan bien. Ya no te gusta igual que antes. Y te haces una nota mental de evitar comer más muffin.

Pasan otros varios meses y a lo mejor vas a querer y comerás otro muffin. Sin embargo, cada vez se te hará más extraña la experiencia, menos satisfactoria. Y así, lentamente, tu hábito de comer sano o esto o lo otro estará internalizado en cada célula de tu cuerpo. Naturalmente, vas a rechazar ese comportamiento que buscaste remplazar por otro más alineado a tus propósitos.

Pero ojo, en el momento que te prohíbas algo, más fuertes te van a venir las ganas de la fruta prohibida. ¿No te has dado cuenta cuando hay un letrero que dice, por decir, no estacionar, y lo segundo que notas es un carro estacionado justo allí? Pareciera que nuestro cerebro es rebelde. No está para que le digas que no puede hacer algo. Entonces, no le digas eso. En su lugar, permítete un momento de flexibilidad y compasión y satisface tu deseo. Lo importante es que tus valores estén claros y consolidados. Si estás claro en lo que quieres trabajar y más importante el porqué, persistirás hasta que vencerás.

 

“No es lo mismo decir NO PUEDO a decir NO QUIERO”.

 

 

¿Sabías que los rituales pueden ayudarte a alcanzar el éxito? 

“Un desempeño excepcional se debe realmente a la confluencia de decenas de pequeñas habilidades o actividades, cada una aprendida o descubierta, las cuales han sido transformadas cuidadosamente en hábitos para luego encajar en un todo. No existe nada extraordinario o sobrehumano en ninguna de esas acciones; solo el hecho de que son practicadas de forma consistente y correcta, y juntas, conducen a la excelencia.” – Dan Chambliss

Como escritora, mi mayor desafío es sentarme todos los días a escribir. Y, ya les he comentado en otras oportunidades lo difícil que es show up, es decir, el insistir y persistir en el intento día tras día. Mas, como señaló Woody Allen, “el 80% del éxito en la vida consiste en showing up”.

Asimismo, no hay escritor que no mencione la importancia de enfrentarse a la página en blanco o a la ansiedad, flojera, miedo de escribir una y otra vez. Es la única manera de empezar y terminar tu libro, tu post o cualquier cosa que estés emprendiendo. Está claro que mostrar consistencia es un hecho que aplica para cualquier trabajo, emprendimiento o actividad. Y esa consistencia, conjuntamente con otros factores, te van a permitir practicar, aprender y acercarte a tus sueños.

Por ello, quise empezar esta entrada con esa frase de Dan Chambliss. Y resalto todas esas pequeñas habilidades, hábitos y rutinas ordinarias que menciona. ¿Por qué? Porque creo en que no hay imposibles, sino excusas que nos ponemos para no dar ese salto aterrador. 

Por su parte, ya ves que no se necesita inventar la rueda ni nacer con un talento extraordinario para llegar a donde quieres llegar. Y cuando pienso en esas pequeñas habilidades, no puedo evitar pensar en los sistemas. No voy a entrar en detalle sobre el tema dado que lo he discutido en varias oportunidades. Lo que sí quiero es mostrarles lo que una serie de pequeñas acciones pueden traer como resultado.

(Si quieres saber más sobre los sistemas y cómo te pueden beneficiar, revisa los posts Un paso a la vez y Los sistemas sí funcionan).

Para ello, voy a hablar de rituales. Un ritual puede verse como alguna actividad que se da por costumbre. Tal como señala Tim Brown, CEO de IDEO, permiten eventualmente que uno aprende a hacer algo de forma natural e intuitiva. ¿Y qué es algo que se da de forma constante, natural e intuitiva? Un hábito. ¿Y cómo podemos llamar a una cadena de hábitos con un propósito en particular? Un sistema. ¿Y de qué otra manera podemos entender a un sistema? Como una “confluencia de decenas de pequeñas habilidades o actividades… [que encajan] en un todo” (Dan Chambliss).

Entonces, ¿cuál es la importancia de los rituales? Es una ecuación bastante sencilla. 

… Una práctica consistente te encaminará hacia el logro” – Art Markman. 

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¿Cómo puede verse esta ecuación en la práctica?

Elige una actividad, sueño o cualquier cosa que desees lograr. Reflexiona sobre qué cosas podrían ayudarte a llegar a ello. A veces un sueño o un objetivo es algo un poco grande y general. Sin embargo, se podría fraccionar en pequeñas tareas que te encaminen hacia ese norte. 

Es más, fraccionémoslo aun más. No pienses en tareas. Piensa en pequeñas acciones y actividades ordinarias. El logro que deseas alcanzar puede ser un efecto secundario de alguna práctica importante para ti. Aquí va un ejemplo.  

¿Qué cosas hago todas las mañanas para aumentar mis probabilidades de show up? Me gusta dividirlo en un sistema y un ritual. El sistema ya lo conoces. Empieza levantándome temprano, seguido de ejercicio y termina escribiendo en mi diario y meditando. Todo esto es con el propósito de despertarme, liberar tensión y ansiedad y prepararme para trabajar.

¿Qué hago después? Lo llamo mi ritual sensorial. Me gusta imaginar que todo ese viaje sensorial me va a conducir al lugar que tenga que ir para crear, mi rincón del mundo fuera de este mundo. El ritual consiste en lo siguiente: me preparo una taza de té o café, prendo una vela aromática cerca de mi escritorio y me coloco mis audífonos con música clásica o zen. Ahí me quedo durante unos minutos viendo por la ventana o simplemente disfrutando de los olores, sonidos y gustos; de allí a que lo llame experiencia sensorial.

Parecerá una tontería. Pero, les puedo garantizar que no soy la única que tiene rituales de este tipo. Y si eso me ayuda a trabajar, pues por qué no hacerlo. 

“Cada cosa que hacemos importa. Cada momento de nuestra vida contribuye o nos resta en aquello que estamos intentando alcanzar”. – Benjamin Hardy

Dicho en otras palabras, podemos diseñar rituales que nos permitan trabajar de forma constante por nuestros sueños y desafíos. ¿Qué puede ser más sencillo que tomarse una taza de café todas las mañanas y dedicar 5 minutos a solo disfrutarla? Y, ¡qué poderoso puede ser el efecto de la música o el recuerdo de un aroma para indicarle a nuestro cerebro que es momento de iniciar una actividad importante y valiosa para nosotros, para nuestros objetivos, para nuestro propósito de vida, para nuestra vocación!

Empieza de a poco. Como todo en esta vida, el truco está en la práctica. Experimenta. Diseña un prototipo de ritual. Ponlo en práctica y velo ajustando con el tiempo. El elemento de la vela lo copié de otra escritora y hasta ahora me ha funcionado en mis propósitos sensoriales. Como dicen por ahí, todo nace de la imitación hasta que lo hacemos propio. 

¿Ya tienes algún ritual en acción? ¿Vas a ponerte a diseñarlo? ¡Compártenos tu experiencia!

Cómo crear sistemas sostenibles y efectivos para lograr tus propósitos de vida

Anteriormente, hice referencia a algunas entradas que he escrito sobre los sistemas. Rápidamente, “un sistema es algo que hacemos de forma regular y que a la larga incrementa nuestras probabilidades de felicidad” (Scott Adams en “How to Fail at Almost Everything and Still Win Big). 

Hoy, quiero compartirte una mirada en detalle a los sistemas que tengo actualmente. Discutiremos en qué consisten, las actividades que contemplan y sus beneficios. Si he abogado por poner en marcha sistemas en lugar de metas, más vale que te cuente cómo han impactado en mi vida personal. 

Veo a un sistema como un conjunto o mejor dicho, una serie de actividades. Cada una de estas actividades son hábitos. Me gusta referirme a ellos como hábitos necesarios más que rutinas. Estos hábitos se entrelazan para formar una cadena con un propósito en particular.

La idea de los sistemas es entonces aumentar mis probabilidades de dirigirme según mi brújula, mi Norte. ¿Qué quiero decir con esto? Considero que una de las mejores formas para progresar en la vida y convertir sueños en realidad es a través de hábitos.

Dicho esto, y dado que “el que mucho aprieta poco abarca” recomiendo empezar de a poco. Es mejor formar hábito tras hábito del sistema, que todos a la vez. De esta forma, aumentas la probabilidad de que el sistema se sostenga.

Primeros pasos

  1. Determina aquellas actividades o comportamientos que te gustaría implementar:

Ya debes tener algunas de estas actividades en funcionamiento. Por ejemplo, tu higiene personal y otros cuidados forman parte de ello. Sin embargo, es posible que requieras hacer una pequeña investigación para determinar qué necesitas incorporar y en qué momento del día.

Tal vez te gustaría probar meditar. Quizás te haga falta ejercicio. Tus mismos hobbies, si están abandonados es posible que desees retomarlos. Más adelante, te comparto mis sistemas a manera de ejemplo.

  1. Enfócate en un propósito:

Como comenté más arriba, mis sistemas me conducen a algo, es decir, cumplen un propósito. No escribo en el diario simplemente porque me provoca, sino porque he comprobado cómo me ayuda. Más adelante hablaré sobre esto.

  1. Experimenta:

Este proceso te puede tomar tiempo. Si no pruebas primero, no sabrás si la actividad te genera beneficios. Así que se trata de un experimento hasta que vas armando la serie de hábitos que te permitan cumplir tu propósito. Asimismo, con el tiempo podrás ver con mayor claridad qué necesitas implementar, qué comportamientos quisieras re-programar, qué cosas funcionan y cuáles no, etc.

¿Qué hacer luego con estas actividades?

Hábitos.

De acuerdo con Charles Duhigg, autor del libro “El poder de los hábitos”, un hábito es “una decisión que en algún momento tomamos de forma deliberada, y luego dejamos de pensar en ello, pero lo continuamos haciendo casi todos los días”.

¿Cómo se forman? A través de un proceso que los hace automáticos. Este, según la investigación de Duhigg, se compone de tres partes: una señal, una rutina y una recompensa. 

Habits

Mi recomendación entonces es probar cada mes con una nueva actividad. Al siguiente mes, se mantiene ese hábito ya creado y se incorpora un nuevo ingrediente. Y así, sucesivamente vas creando todos los hábitos que conformen tu sistema.

Ten en mente que la idea es crear hábitos que se complementen y que en cierta forma sean dependientes los unos de los otros. Se entrelazan de tal manera que forman un conjunto, el sistema.

Mis sistemas y cómo me han ayudado

En estos momentos, cuento con tres sistemas: mi sistema matutino, mi sistema de trabajo y mi sistema nocturno. Veámoslos en detalle.

  1. Sistema matutino: Empiezo levantándome a las 7:30 am. Hago ejercicio, desayuno, arreglo la casa, me visto, escribo en el diario y medito 5 minutos.
  • Es importante para mí comenzar el día temprano. Me rinde más el tiempo. Asimismo, si me levanto tarde arrastro una sensación de pesadez y flojera durante toda la jornada. Así que como dice el refrán “quien madruga, Dios lo ayuda”. 
  • Ejercicio: Siempre me ha gustado mejorar mi salud. Y ahora que tengo problemas de circulación, me es más imperante realizar ejercicio. A veces me cuesta porque al estar recién levantada, tengo aun un poco de sueño encima. Sin embargo, este ejercicio matutino me espabila, mejora mi actitud o ánimo y me da energía para comenzar el día. Vale la pena gastar un poco de fuerza de voluntad para hacerlo.
  • Orden y acicalamiento: Dado que trabajo desde casa, el departamento es mi oficina. Poder concentrarme, hacer uso de mi creatividad y trabajar dependen en gran medida de mis alrededores. En un espacio limpio y ordenado, encuentro mayor inspiración, relajación y foco para realizar mis actividades laborales. Lo mismo con vestirme y arreglarme. Abrir la cortina para que entre la luz, tener la cama tendida y quitarse la pijama son señales inmediatas al cerebro de que es hora de trabajar. 
  • Diario: A veces me levanto con muchos pensamientos en la mente. A veces inclusive esos pendientes del día me abruman apenas abro los ojos. Luego, recuerdo que antes de empezar a trabajar en cualquier cosa, voy a sentarme con mi diario. Nada más recordarlo me resulta liberador. El diario ha sido mi mejor acompañante por años. Me permite escribir y sacar de la cabeza todos los pendientes, factores estresantes, ansiedad y tensión y demás ideas que pueda tener. Me ayuda a relajarme, a clarificar mis ideas, a atender mejor los problemas, etc. Para mí es un medio de reflexión.
  • Meditación: Como ya he comentado, la meditación es una práctica formal de mindfulness. Y esta última ayuda a vivir el presente, a mejorar nuestra respuesta ante la ansiedad y situaciones de estrés. Asimismo, aumenta nuestra conciencia y por ende, aprendizaje sobre nosotros mismos al abrirnos a nuestras experiencias, pensamientos, sensaciones y emociones tal como suceden en cada momento. Mientras más se practica, más se mejora. Y son solo 5 minutos, así que no es difícil reservar ese espacio. La meditación junto con el diario son una combinación muy potente para manejar mejor el ruido mental y sacar fuerzas para trabajar luego.
  1. Sistema de trabajo: Dedico alrededor de 2 horas a escribir. Luego, cocino y almuerzo. A las 3 pm realizo una siesta de 25 minutos. Posteriormente, reviso correos y redes sociales, investigo (charlas TED, artículos, libros, podcasts, etc.) y finalmente me entrego a mi lectura de entretenimiento (pero que también contribuye a mi trabajo como escritora).
  • Trabajo con la técnica del pomodoro. Así que me concentro en una única actividad durante 25 minutos. Cada vez que suena la alarma, tomo un break de 5 minutos.
  • Siesta: Estudios señalan que tomar una siesta ayuda a tu cerebro a reponerse y recobrar energías para seguir trabajando el resto del día. Daniel Pink, en su último libro “When” explica los componentes para una siesta ideal: 

Siesta

  1. Sistema nocturno: Se compone básicamente de tres elementos. Estos son bañarme, leer y acostarme a dormir a más tardar a las 11:30 pm.
  • Siempre he dicho que el baño tiene múltiples poderes. Te despierta, te duerme o relaja, te refresca o te proporciona calor, según tus necesidades. En mi caso, me libera de la tensión acumulada durante el día. Por eso lo prefiero en las noches.
  • Leer: Suelo tomar un libro más ligero y fácil de dejar. Me relaja y a veces hasta duerme la lectura a esta hora y además sirve como alimento para mi subconsciente.

En resumen:

  • Las actividades que hago por la mañana preparan el espacio para que mi sistema de trabajo actúe. Me permite entonces aumentar las probabilidades de show up to work, calmar la ansiedad y mejorar el balance entre actividades. 
  • Mi sistema de trabajo cumple un propósito aun mayor: saberme mejor que ayer. A través de la lectura y escritura no solo avanzo y muestro consistencia, sino que además aprendo.
  • Finalmente, mi sistema nocturno me ayuda a bajar las revoluciones, mejorar la probabilidades de un mejor sueño y así estar lista para enfrentar un nuevo día.

“Cuida tus pensamientos, se convertirán en palabras; cuida tus palabras que se convertirán en acciones; cuida tus acciones que se convertirán en hábitos; cuida tus hábitos porque son tu vida; cuida tu vida porque tienes solo una” (Anónimo).

¿Estás listo para crear la vida que sueñas un hábito a la vez? ¿Con cuál hábito quieres empezar? Compártenos tus ideas y sistemas.

7 hábitos a cultivar para ser más felices

En la entrada anterior, hablamos de 7 comportamientos o pecados que cometemos y que disminuyen nuestros niveles de felicidad. Continuando con la metáfora del Prof. Raghunathan, desinflamos nuestro globo. Hoy, vamos a discutir los 7 hábitos que podemos poner en marcha para contrarrestar los efectos de esos pecados.

Veamos cómo podemos inflar nuestro globo de la felicidad, de acuerdo al Prof. Raj.

7 hábitos en pro de la felicidad

  1. Priorizar la felicidad

El primer pecado en contra de la felicidad era precisamente el no priorizarla o enfocarnos en medios alternativos, como la fama, el dinero, etc. para alcanzarla. ¿Cómo la convertimos entonces en una prioridad? Como ya comentamos, debemos tomar decisiones de forma consciente que inflen nuestro globo.

Puedes enfocarte en aquello que te conduce a la maestría en alguna actividad que te guste o nutrir tu curiosidad. Puedes cultivar el amor y conexión con tu familia, pareja y amigos. Puedes mantener una actitud agradecida por tu vida. También, puedes pensar y confiar en la abundancia.

En fin, volvemos a la importancia de definir qué te hace feliz para entonces recordarte optar por esas cosas y practicarlas.

  1. Practicar flow

Al inicio de este blog, mencionamos un poco sobre el flow. El flow es un estado de experiencia óptima, como lo señala el creador de este concepto, Mihaly Csikszentmihalyi. Entras en estado de flow cuando prestas toda tu atención en una única actividad. Quedas absorto en ella a tal punto que pierdes la noción del tiempo. Como resultado, sientes fluir tu creatividad y ves los resultados y satisfacción de tu esfuerzo.

Te invito a ver este breve video (en inglés) para ahondar en el concepto y aprender a cómo conseguir el punto ideal para alcanzar este estado.

El flow entonces contrarresta nuestros intentos por buscar superioridad. Esta última nos impulsa a compararnos con otros y creemos que nos motiva a alcanzar el éxito. Sin embargo, realmente somos felices cuando nuestras experiencias son significativas. Y esto es lo que nos brinda el flow. Durante momentos de flow, disfrutas lo que estás haciendo porque te permite aprender y ser más diestro en tus actividades. Y ya mencionamos en el hábito anterior, que alcanzar la maestría infla el globo.

  1. Dar y recibir amor
  • auto-compasivo: a veces dependemos de los demás para recibir cariño de su parte. Bríndate más bien ese cariño a ti mismo, desde ti mismo.
  • Muestra gratitud: la gratitud te hace apreciar tu vida y te da seguridad.
  • generoso: para con los demás, pero también para contigo mismo.
  1. Tomar la responsabilidad de tu propia felicidad
  • No le eches la culpa a los demás o a las circunstancias por lo que pasa en tu vida.
  • Aprende a identificar, entender y regular tus emociones. Toma control de tus pensamientos y sentimientos. Como dice John Milton:

La mente tiene su propia función, y en ella puede hacerse del infierno un cielo, o del cielo un infierno”.

Al tomar responsabilidad propia sobre tu felicidad, te dispones a desarrollar tu control interno (pensamientos y emociones). Esto, a su vez, disminuye nuestra tendencia a regular factores externos a nosotros. Y como consecuencia, soltamos el exceso de control sobre las cosas.

  • Mantén un estilo de vida saludable, comiendo balanceado, activando tu esqueleto y durmiendo lo suficiente. Esto te permitirá estar más enfocado, saludable y satisfecho, con mejor actitud, menos estrés, más energía y más dispuesto a enfrentar los desafíos del día a día.
  1. Ejercitar la confianza inteligente

La confianza inteligente implica “confiar en los demás de forma que se maximice la probabilidad de que recíprocamente te beneficies de esa confianza y se minimice la probabilidad de ser engañados o salir heridos” (Prof. Raj). Estudios muestran que las personas son más confiables de lo que creemos y que hay una alta probabilidad de que otros te reciproquen la confianza cuando tú se la das.

Y en caso de salir herido, entre otras cosas, aprende a perdonar.

  1. Descubrir oportunidades con objetividad

Como hemos dicho en varias ocasiones, toda experiencia tiene algún aprendizaje. Por más negativa que sea, algo bueno se le puede sacar al observarla en retrospectiva. Darte cuenta precisamente de estos aspectos positivos que puedas sacar de tus experiencias, te da más confianza para enfrentar retos y situaciones. Y por ende, aprender a confiar en la vida.

  1. Practicar mindfulness

Según Orsillo y Roemer, en su libro “Vivir la ansiedad con conciencia”, el mindfulness “implica prestar de forma intencionada una atención curiosa y compasiva a las experiencias de uno mismo, tal cual son en el momento presente”. Al practicar esta conciencia plena se contrarrestan todos los pecados en contra de la felicidad ya discutidos.

El mindfulness te permite hacerte cargo de tu propia felicidad, porque el poder reside en tu interior y en el ahora. Y además, según las investigaciones del Prof. Raghunathan y otros científicos, el mindfulness reduce el estrés y mejora nuestra capacidad de ser flexibles y responder de forma consciente y no reactiva a los eventos de nuestra vida diaria.

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Para recapitular:

  • Define qué te hace feliz para que busques y practiques constantemente esos elementos.
  • Busca realizar aquellas actividades que te sumerjan en estado de flow. Mientras más experiencias de flow acumules, más contribuyes a tu felicidad.
  • Crea relaciones saludables.
  • Mantente saludable física, mental, emocional y espiritualmente.
  • Confía en los demás y en la vida, dado que mantenerte conectado te da felicidad y no hay mal que por bien no venga.
  • Medita, haz yoga y ejercita tu capacidad de darte cuenta de lo que pasa dentro de ti cada momento con amabilidad, compasión y comprensión.

Si quieres explorar más todos estos conceptos, te invito y recomiendo a que te inscribas en el curso “A Life of Happiness and Fulfillment”, dictado por el profesor Happy Smarts y ofrecido por Coursera.

Tips para limpiar tu sueño

A petición de nuestros lectores, he decidido abordar en esta oportunidad el tema de la higiene del sueño. En palabras de Scott Adams, para maximizar nuestra energía personal, uno de los elementos clave es dormir suficiente. ¿Y por qué hablo de energía personal? Porque según el mismo autor, tus niveles de energía marcarán tu camino hacia el éxito. Además, esa energía nos permitirá crear y mantener la actitud necesaria para enfrentar nuestra jornada, apreciar los detalles y oportunidades y conquistar la disciplina y consistencia en el trabajo. Así que en nuestro camino hacia una vida plena, el dormir bien también representa un aspecto importante a considerar.

¿Qué es la higiene del sueño y por qué es importante?

Según la Guía de Práctica Clínica española para el manejo del insomnio y la enciclopediasalud.com, la higiene del sueño es un conjunto de hábitos que nos permiten comenzar y mantener un sueño adecuado. Esto implica “un entorno de sueño ordenado, tranquilo y cómodo”, donde básicamente se respeten nuestros horarios naturales de descanso.

Ahora, ¿por qué es importante dormir bien en cantidad y calidad? Pues creo que todos lo sabemos consciente o inconscientemente, pero por si las dudas, aquí vienen las razones.

Efectos perjudiciales de un sueño deficiente

  1. Nos acorta nuestra expectativa de vida.
  2. Desencadena alteraciones genéticas a largo plazo que pueden acarrear problemas cerebrovasculares, obesidad, deterioro de los huesos (osteoporosis) y diabetes.
  3. Hay mayor riesgo a padecer cáncer.
  4. Estamos más propensos a dolores de cabeza, dolores musculares y resfriados.
  5. Genera falta de concentración y pérdida de la memoria.
  6. Nos crea mayor estrés.
  7. Merma la proactividad.
  8. Nos da somnolencia.
  9. Nos levantamos con menos humor.
  10. Tenemos menos energía al final de la jornada.

“Quienes duermen pocas horas son cuatro veces más proclives a morir en los próximos 15 años a causa de diferentes patologías” (Regader, B.).

¿Cómo corregir nuestros malos hábitos?

  1. Levantarse y acostarse a la misma hora todos los días, inclusive durante los fines de semana.
  2. Exponerse a luz solar por las mañanas (abrir las cortinas, tomar el desayuno en la terraza, etc.). En caso que no se pueda, sirve la luz intensa.
  3. Comer bien, dado que una baja ingesta de calorías aumenta la producción de cortisol (la hormona del estrés).
  4. Reducir la ingesta de cafeína y bebidas excitantes, en especial hacia la tarde.
  5. Hacer ejercicio moderado, dado que la actividad aeróbica mejora la cantidad y calidad del sueño.
  6. Cenar ligero (preferiblemente 2 horas antes de dormir)
  7. Dormir entre 7 a 9 horas seguidas.
  8. Preparar tu dormitorio: temperatura de 20ºC, sin ruidos y luz adecuada.
  9. Si lo necesitas, puedes idear un ritual antes de dormir (por ejemplo, puedes colocar música tranquila, tomar una ducha templada o leer algo poco estimulante).

¿Qué evitar?

  • Evitar las luces intensas cercano a dormir (¡aléjate del televisor, computadora y celular!)
  • Hacer ejercicios luego de comer o cercano a la hora de dormir (se recomienda hacer ejercicios de 3 a 6 horas antes de dormir).
  • Evitar el ejercicio agotador.
  • Levantarse antes de las 7:30 am. Según un estudio de la Universidad de Westminster, quienes madrugan suelen sufrir más estrés y tienen más elevados los niveles de cortisol.
  • Tomar bebidas alcohólicas en la noche.
  • Hacer siestas muy largas (lo ideal es entre 20 y 30 minutos luego del almuerzo)
  • Llevarse los problemas a la cama. Algunos recomiendan hacer listas de tus preocupaciones antes de dormir con sus posibles soluciones.
  • Hacer actividades distintas a dormir en tu cama (malas noticias, sí incluye ver televisión).
  • Evitar la inercia del sueño. ¿Sabes cuando suena el despertador y te dices, 5 minutos más? Pues allí aparece la inercia, ese aturdimiento que en realidad protege nuestro sueño nocturno, pero que en las mañanas puede ser nefasto. Además, ese sueño posterior no es de calidad y te levantas más cansado. Así que la próxima vez que quieras apretar el botón de Snooze párate de inmediato o acostúmbrate a programar el despertador a la hora que es.
  • Tomar café por las mañanas. Pues muy contrario a la creencia popular, tomar café por la mañana no te ayuda exactamente a despertarte. La cafeína inhibe la adenosina (que produce sueño), pero por las mañanas nuestros niveles de adenosina son bajos. Para la próxima, reserva tu café para horas más avanzadas del día.
  • Pasar frío en las noches.

¿Qué llevarte de todo esto?

  • Si creías que dormir no era importante, espero haberte convencido de lo contrario.
  • El día y la noche están por una razón. Exponerte a la luz del día ayuda a tu cerebro a comenzarlo. Por el contrario, aprovecha la oscuridad para tomar un sueño reparador.
  • Muchos recomiendan no tomar siestas, pero ¿te has dado cuenta que al mediodía andas somnoliento? A mi parecer, el cuerpo es sabio. Estudios señalan que tomar una siesta corta mejora nuestra concentración, productividad, memoria y capacidad para aprender. Además, la NASA descubrió que dado que mejora nuestro rendimiento, ayuda a reducir los errores y accidentes en el trabajo.
  • ¿Sabías que no hay tal cosa como recuperar las horas de sueño? Quedarse dormido largas horas el fin de semana trastorna nuestro reloj corporal, en especial porque durante la semana no dormimos tanto.

¡Así que a dormir al menos las 8 horas que siempre nos han recomendado los 7 días de la semana para así energizar nuestra jornada, evitar el insomnio y mejorar nuestra salud!