¿Tus finanzas están en forma?

Tal como les prometí a finales del año pasado, esta semana empezamos una serie de posts sobre temas financieros. Por años, he trabajado junto a mi esposo en construir nuestra salud financiera. A punta de prueba y error hemos ido armando nuestro presupuesto, ajustándolo a nuestras necesidades, cambiando lo que no nos ha funcionado, probando y probando. 

Este año, la pandemia nos permitió alcanzar, para mí, sueños que venía persiguiendo por mucho tiempo ya. Y eso nos llevó a querer seguir mejorando, pero ¿cómo? Comenzamos a leer sobre finanzas. ¿Cómo no se nos ocurrió antes? No lo sé, mitos, a lo mejor. 

Y con este nuevo conocimiento, emprendimos nuestro experimento actual. Esta vez, considero que conseguimos algo, ese algo que realmente nos va a permitir tener unas finanzas fit. Por esta razón, quiero contártelo.

Siempre me he preguntado, ¿cómo podemos lograr que cuando no podamos trabajar podamos vivir tranquilos? Nunca he creído en los sistemas de pensiones. Lo he visto una y otra vez. Te aferras a ese dinero que el gobierno te va a dar, nunca igual a lo que ganabas y con los años empiezas a pasar trabajo. Otros esperan a retirarse para según hacer todo lo que no hicieron en sus años mozos.

En realidad, ahorrar para el retiro no es una mala idea. De hecho, ES lo que debemos HACER, según nuestras investigaciones. No esperes, sin embargo, a retirarte para cumplir tus sueños. Puedes llevarte un fiasco. 

No sé si esta sensación pueda generalizarse a mi cultura de origen o si es una sensación personal. No obstante, crecí creyendo que eso de invertir era para multimillonarios. En mi opinión, por ejemplo, se ha creado todo un mito alrededor de invertir en ítems como acciones y similares. “El riesgo es muy alto”, dicen por ahí. Recuerdo inclusive una profesora del colegio que nos contó su experiencia comprando acciones de una empresa y terminó perdiendo toda su inversión. Así que “más vale invertir si te sobra el dinero para que si lo pierdes no se traduzca en debacle” (Eso dice la creencia popular). 

El asunto está en que como no sabemos del tema, nos da miedo. Carecemos de educación financiera. Como resultado, no sabemos invertir.

Principales aprendizajes

Durante toda esa ruta educativa, estos han sido mis aprendizajes:

  • No importa cuál sea tu sueldo, más aun, no importa qué tanto más logres ganar. Si no trabajas tus hábitos de gastos, dinero que entre, dinero que se te va a ir.
  • Llámame cuadrada y demasiado planificada, pero si no tienes un presupuesto, no sabes en qué estás gastando el dinero. Si no sabes a dónde se va, ¿cómo vas a mejorar tus hábitos de gastos y estar en forma financiera?
  • Siempre hay gastos innecesarios. Analiza bien tus categorías. Riega tu propio jardín. Olvídate del jardín del vecino. 
  • Nos hemos casado con la satisfacción instantánea. Quiero todo ya. Y con esto, vienen las deudas interminables.
  • Lee las letras pequeñas. Tus cuentas, tarjetas, servicios bancarios, créditos y demás parecen estar diseñados para que la institución nunca pierda. Por ende, es muy probable que tú salgas perdiendo. Está al tanto de las comisiones e impuestos que pagas. Compara los productos de distintas instituciones para que encuentres los que mejor se adapten a tus necesidades. Llamémoslo, “ganémosle al sistema”, si es que se puede.
  • El cambio es lo único constante en la vida. No sabes qué puede pasar hoy o mañana: una pandemia, un despido, un esto o aquello. Es importante tener un fondo de emergencia. Yo lo imaginaba así. Si mañana tuviera que mudarme a otro país, ¿tengo suficiente dinero para pagar tarjetas de crédito, deudas, etc. y dejar todo en saldo cero? Mi premisa entonces fue: mis ahorros deben superar mis deudas (tarjetas de crédito, por ejemplo) y gastos. (¡Este fue nuestro primer gran logro en pandemia!).

La próxima semana vamos a explorar nuestro nuevo experimento. Les adelanto que mientras trabajábamos con nuestras inversiones, decidimos hacer un stop y aplicar los pasos de Dave Ramsey, consejero financiero y autor de “La transformación total de su dinero”. Asimismo, les voy a mostrar nuestro formato de presupuesto y otras recomendaciones de conocedores en el tema.

¿Ya estableciste tus resoluciones para el 2021?

Muchos de ustedes les gustará establecer resoluciones para empezar el año enfocados en nuevos objetivos. Como he dicho ya millones de veces, no soy amiga de las metas, es decir, de objetivos como “bajar tantos kilos”. En otras palabras, huyo de las metas numéricas. Tengo una excepción con mi reto de lectura. Hay algo que me divierte de unirme a la comunidad de Goodreads y buscar completar la cantidad de libros que establecí. Por supuesto, igual es un número, lo más importante para mí, sigue siendo simplemente tener la lectura como hábito.

Dicho esto, a principios de año, mi esposo y yo hacemos un análisis del año anterior y nos preparamos para el año entrante.

Nuestro cierre de año

¿Recuerdan nuestro Family Meeting? En lugar de hacer nuestro tradicional análisis de favoritos, aspectos a mejorar, lecciones, cosas por las que estamos agradecidos y próximos pasos de la semana, lo hacemos del año. Es decir, repasamos todo lo que escribimos semana a semana durante el año (en este caso 2020) en cada categoría. Es una bonita forma de recordar todo lo que ocurrió, todo lo que logramos y todo lo trabajado. Asimismo, es una especie de tributo y despedida del año. 

Luego, escribimos nuestros favoritos del año, los aspectos que necesitan mejoras de cara al próximo año, las lecciones del año y cerramos con nuestro ejercicio de gratitud. Para la última categoría “próximos pasos”, hacemos un ejercicio diferente.

Como amantes de post-it que somos, hacemos un mini tablero. Cada uno medita sobre las grandes categorías que quisiera trabajar el año entrante. Procuramos que no sean más de tres aspectos. “Quien mucho abarca poco aprieta”. 

Debajo de esas tres categorías, colocamos tres o cuatro subcategorías u objetivos que representen esos aspectos más concretos a trabajar. Por ejemplo, una categoría puede ser “Cuidado personal”. Y, como objetivos o aspectos concretos a trabajar tenemos “hábito de meditación”, “práctica del diario”, etc. Noten que son accionables, pero accionables más insipirados en la creación de hábitos que en resultados cuantificables.

Para finalizar, hacemos el mismo proceso de análisis, pero esta vez como familia. ¿Cuáles son esas categorías o grandes proyectos que queremos trabajar como familia? ¿Qué incluyen esas categorías? Aquí podemos encontrar cosas como: “Salud”, con objetivos como “nutrición 2.0”, “hábito de ejercicios”, etc. 

Recuerda, los sistemas te permiten enfocarte en la mejora continua. Más allá de cuánto avanzas cada día, importa avanzar. Y tú, ¿en qué aspectos vas a concentrar tus energías durante el 2021?

Empieza despacio, empieza de a poco y gana momentum

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El mundo solía ir a mil por hora. No sé si es esta rapidez de los cambios y la presión por entregar resultados inmediatos que hace que nos llevemos este mismo concepto a la vida personal. Con cada cosa que emprendemos, queremos ver ya el resultado. Nos estresa y frustra la espera. Creemos que algo estamos haciendo mal cuando ese resultado no llega. Nos echamos la culpa.

Inclusive cuando nos trazamos una meta, cada día que pasa que no nos acercamos a la recta final nuestro humor y actitud decaen. Y esta es la razón por la que les he comentado que creo en sistemas. Es buscar ese cambio de enfoque en que más allá del resultado, el hábito sigue allí. 

Desde hace dos años, logré por fin entrenar de forma regular. Más allá de eso, me enamoré del boxeo. Las ganas por mejorar mi desempeño me llevó a realizar otro tipo de ejercicios complementarios para tener un entrenamiento más integral.

Como ya les mencioné en una entrada anterior, desde que estamos en cuarentena hemos logrado hacer yoga, pero boxear, muy muy poco. Creo que nos hemos puesto los guantes dos veces en tres meses. Ahora hemos retomado ejercicios de acondicionamiento de a poco. Y queremos intentar una nueva estrategia para ayudarnos a show up, show up con amigos, desde videoconferencia desde luego. Nos dimos cuenta de que nos es más fácil hacer ejercicios si sabemos que alguien, llámese profesor o amigo, está esperando por nosotros. Sé que la motivación nace de forma intrínseca, pero hey, se hace lo que se puede para llegar allí.

En fin, cuando ya tienes un hábito establecido y la actividad te gusta, es confuso que se te dificulte practicarla. O al menos por ahí va el diálogo interno. Comienza tu demonio interno a criticarte, a juzgarte. Sí, es raro pasar de entrenar 6 días a la semana a solo 3, pero es mejor que nada, ¿cierto?

Andy Puddicombe hablaba un poco de esto en su Podcast Radio Headspace, las transiciones. No nos damos el espacio ni el tiempo suficiente para adaptarnos. Lo que queremos lo queremos ya, para ayer si es posible. Está bien empezar despacio. Voy a utilizar el ejemplo que él comentó.

Estás corriendo. Empiezas a toda máquina. A los pocos minutos, ya estás agotado. Capaz ni siquiera llegas al tiempo total del ejercicio o a la distancia que querías recorrer. Explica que siente como si su cuerpo y mente no hubieran tenido el tiempo suficiente para acondicionarse y conectarse para el fin. 

Lo mismo siento que pasa cuando nos proponemos retomar un hábito o lograr alguna cosa. Por un lado, a veces empezamos con mucho ímpetu y ya sea por las expectativas o porque abarcamos mucho, al rato nos desinflamos y con nosotros, el proyecto desaparece. Por el otro lado, creemos que si no volvemos a entrenar los 6 días de la semana como solíamos, está mal. 

Esta es una invitación a respetar las transiciones. Está bien empezar despacio, empezar de a poco. No importa qué hacíamos o cómo lo hacíamos antes. No importa cómo lo haremos después. Importa, primero que empecemos, y segundo, que continuemos. Es darte el tiempo de adaptarte a la situación, de adaptarte al proyecto o al hábito o al cambio; darte permiso de conectarte sin importar cuánto te tome llegar a la recta final. Recuerda la vida se trata de disfrutar el camino, no el destino.

Cierro con este último aspecto. Cuando empezamos cualquier cosa, está el entusiasmo por lo nuevo. Después, viene la consistencia. Aquí ya el trabajo se pone difícil. A veces la cuestión se vuelve repetitiva y aburrida. Estamos a punto de perder la motivación y tirar la toalla. Queremos progresar más y más rápido. Sin embargo, lo único que podemos controlar es el show up, el resto está fuera de nuestras manos. Les dejo las sabias palabras de Pema Chödron:

 

[El mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que estas] la abandonan justo cuando la cosa estaba por ponerse interesante. Esto quiere decir, abandonan la práctica en cuanto la cuestión ya no es fácil, tan pronto como se vuelve doloroso o aburrido o inquietante. Se pierden entonces la mejor parte, la parte transformativa; esa parte cuando superas la dificultad y entras en una especie de universo en bruto, un universo nuevo para explorar dentro de ti mismo.

Practica lo que predicas: mi balance

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A lo largo de este blog, he publicado un sin fin de experimentos con el objetivo de ir encontrando esos hábitos, estrategias e instancias dignas de conservar. Sin embargo, en muy pocas ocasiones les he contado qué ha pasado con ellos luego de un tiempo. Así que dado que no me gusta predicar sin practicar lo que predico, hoy les traigo un balance de los experimentos más relevantes.

 

Experimento 1: sistemas vs. metas

Hace varios meses e inspirada por Stephen King, decidí optar por escribir 500 palabras al día, lo que para muchos puede sonar como una meta. Si tienen tiempo leyéndome, sabrán que no suelo enfocarme en el avance cuantitativo, sino en buscar la constancia. 

Al menos para el proyecto de escritura que tenía en manos, forzarme a escribir esa cantidad de palabras me ayudó a avanzar y a culminar esa fase del trabajo. Con el tiempo, sin embargo, es decir, cuando escribo por escribir sin ningún proyecto en mente, las 500 palabras no van para ningún lado. Más aun, puede que me frenen a no escribir en absoluto.

Conclusión: Sigo defendiendo el show up y los sistemas más que una meta concreta o un avance cuantitativo específico. No obstante, frente a un proyecto definido, es posible que vuelva a probar este enfoque cuantitativo.

 

Experimento 2: estructuras

En una oportunidad, mis días estaban divididos en bloques: matutino, laboral, nocturno. En cada uno de ellos ocurrían actividades particulares. Esa estructura me ayudaba a ser consistente en el trabajo y en mis hábitos. Las tareas de cada bloque cambiaron con la evolución de mis jornadas. Recientemente, se veía así. Mi agenda tenía las mismas cuatro tareas todos los días: escritura creativa, blog, revisar correos y redes sociales y leer. En la mañana ocurría la primera. Luego del almuerzo, las dos siguientes y a finales de la tarde la lectura. Tal vez ahora pueden entender por qué esta estructura se estaba volviendo repetitiva y monótona y hasta frágil. 

En todas partes vas a leer sobre la importancia de los hábitos, cómo te ayudan a evitar el deambular y pensar de más, así como el progresar y practicar comportamientos deseados. Sigo diciendo sí a los hábitos. El problema, tal vez, son las estructuras dentro de las cuales encajo esos hábitos.

¿Qué estoy haciendo? Volví a la agenda física. Estoy siguiendo algunos pasos de lo que se conoce como Bullet Journal. En breve, cada día anoto seguido de una viñeta cada tarea que me planteo llevar a cabo. Ya no es simplemente escribir. Ahora es escribir tal poema o un blog post. A lo mejor es editar. Y con ello, las tareas de casa, los libros o artículos que quiero leer, etc. Es decir, las tareas ahora son más específicas y variadas.  

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Además, ya no necesariamente tengo un orden. Las mañanas siguen siendo mi momento más creativo. Sin embargo, estoy buscando fomentar mayor flexibilidad y adaptabilidad acorde a lo que el día me lance y a mi actitud también. 

¿Cómo logro show up? Buena pregunta. Fue muy fácil excusarse en esa libertad de movimiento para no escribir, por ejemplo, o entregarse únicamente a los antojos. En un intento de encontrar balance entre antojo y trabajo, desde hace unos días, me levanto a las 7 am. Gracias a la cuarentena, nos es posible acostarnos más temprano. Duermo mis 8 horas. Pero ahora, al levantarme más temprano, dedico una hora para escribir. Es un momento pre-día (antes de empezar mi día como tal, quiero decir). A veces se siente como si uno estuviera levantándose a escondidas. Soy solo yo en pijamas, laptop y café en mano.   

Sin importar qué pase el resto del día, ahí tengo asegurado mi show up.

 

Experimento 3: juego en cuarentena

No sé si recuerdan un pequeño juego que les compartí para vivir de forma más consciente la cuarentena. Todos los domingos, llenaba una planilla con la música que había escuchado, qué había leído, con quién había hablado y el dibujo que mejor expresaba mi semana. Fue divertido. Esta semana decidimos pararlo.

La vida en cuarentena se ha convertido en la nueva normalidad. Somos criaturas adaptables. Y vamos a estar muchos más meses bajo esta nueva normalidad. Queremos mantener esa reflexión sobre cómo hemos vivido la semana. Queremos mantener esa motivación por hacer que nuestro tiempo valga la pena (lo que sea que eso signifique para ti). Sin embargo, podemos talar menos árboles para lograr eso. 

Conclusión: encontraremos otra manera de compartir esas reflexiones sin imprimir más hojas. Probablemente, incorporemos una nueva casilla a nuestro Family Meeting. Si tienes hijos, capaz a ellos sí les siga funcionando el juego.

 

Experimento 4: tareas de casa

Siempre fui partidaria de sacar la curita de una (no en la piel, solo metafóricamente hablando), en especial cuando se trata de actividades que preferiría no hacer. Por eso, me gustaba tener un día dedicado a la limpieza. Asimismo, por eso también solía cocinar en grandes tandas, es decir, la comida de toda la semana en uno o dos días. Podía olvidarme de esas tareas hasta la semana siguiente.

¿Problema? Volvemos a la fragilidad de las estructuras rígidas. Creo que finalmente entiendo por qué a las pocas semanas de ejecutar esas tareas exitosamente, el sistema se recargaba y venía el caos. Ya había probado años atrás con repartir estas tareas en más días, un poco a la vez. Y la verdad es que no me había funcionado. No disfrutaba saber que todos los días iba a cocinar o limpiar, por ejemplo. ¿Qué cambió? Tal vez es la cuarentena. Lo cierto es que esas grandes tandas de cosas no estaban funcionando, muy abrumador. Es más fácil lavar un plato a la vajilla entera, ¿cierto?

Conclusión: Estoy limpiando un cuarto al día. Me toma entre 15 a 30 min. Procuro hacerlo en la mañana o de lo contrario se hace muy difícil cerrar el ciclo. Así, acumulo pequeños triunfos a lo largo del día que me motivan a conquistarlos al día siguiente también. Con la cocina, lo mismo, a medida que algo se va acabando, lo voy remplazando, de a poco.   

 


Así cierro el balance de algunos de mis experimentos. Mi objetivo es mostrarles que experimentos no son más que intentos, a veces fallidos y a veces exitosos. La vida cambia y con ello los hábitos, realidades y necesidades. A veces toca adaptar viejos comportamientos. Otras veces hay que remplazarlos por completo. E inclusive en algunos casos, resucitamos viejos comportamientos y experimentos.

Aquí no hay nada escrito sobre roca. 

 

“Falla temprano, falla a menudo, pero siempre falla hacia adelante” (John C. Maxwell).


 

Enlaces:

Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

Por qué recomiendo no ver noticias y qué hacer entonces

Debo admitir que nunca me he inclinado por ver las noticias. Entiendo la importancia de mantenerse enterados de lo que está ocurriendo en el mundo, pero ¿a cuál costo? 

Greg McKeown, en su libro Esencialismo, habla de cómo Gandhi, enfocado en su propósito de liberar a los oprimidos, decidió “reducirse a cero”. Para ello, debía eliminar de su vida todo lo que lo alejaba de su propósito. Así, pasó tres años sin leer el periódico, puesto que “descubrió que sus contenidos agregaban solo confusión innecesaria a su vida”.

Según Rolf Dobelli, en su artículo News is Bad for You—and Giving up Reading It Will Make You Happier, “las noticias son dañinas para tu salud. Resultan en miedo y agresión. Asimismo, entorpecen tu creatividad y tu habilidad para reflexionar de forma profunda”. Hace una analogía muy interesante, dice: “las noticias son para nuestra mente como el azúcar para nuestro cuerpo”.

Cuidamos lo que comemos. ¿Qué hacemos por cuidar nuestra mente? El exceso de información puede abrumarnos. Las noticias informan, pero qué hacemos con esa información, de qué nos sirve a nivel personal.    

Piensa en lo que está ocurriendo a nivel mundial. Predominan las noticias sobre el caos, enfrentamientos, problemas, crisis. Puede que no te des cuenta, pero silenciosamente todo eso va calando en tu cuerpo. Ese estímulo se va almacenando como tensión. Tarde o temprano tu vaso se desborda. 

Las noticias nos dan estrés y ansiedad. Incrementan nuestra incertidumbre. Tal como argumenta Graham Davey, profesor emeritus de la Universidad de Sussex, las noticias hoy en día son “cada vez más visuales e impactantes”. 

Hace unas semanas, y dada una situación importante que estaba ocurriendo, sentí la necesidad de revisar las noticias todos los días. Estaciones de metro podrían estar cerradas. Podría haber alguna manifestación por lugares cercanos, etc. Sin embargo, lo que me encontraba, además de los hechos que ocurrían, era un sin fin de opiniones. Esta persona analizaba esto. Esta otra creía esto otro. Yo creo tal cosa. Y al final, me ponía en mi rol de jueza y comenzaba a juzgar las opiniones, la situación y los hechos. Mis propias emociones, experiencias y pensamientos creaban todo un hilo, y más tarde, llegaba la frustración, confusión y a veces hasta molestia.

Lo que sea que esté pasando a tu alrededor, está pasando y ya. A lo mejor puedes contribuir a que algo cambie. Mas, por lo general, no. Entonces, de qué vale preocuparse, de qué vale imaginar qué va a pasar si no lo sabes, de qué vale crearte escenarios de contingencia. 

Me di cuenta que debía cambiar mi rol de jueza por mi rol de observadora. Es bien difícil, pero solo así puedo dejar de juzgar y pensar por mí, por los demás y por la situación; observar los hechos sin agregar más. 

Ciertamente, considero que revisar las noticias a menudo no ayudan a ser un mero observador. 

 

¿Qué hacer entonces?

 

Esto es lo que yo hago:

  1. Si no hay nada apremiante sucediendo a mi alrededor y que me afecte directamente, no veo noticias. Si hay algo importante que debas saber de seguro te enterarás por algún amigo o familiar. Además, ahora en las redes sociales, en especial Facebook, circulan constantemente noticias. Con leer el título tienes.
  1. Si a tu alrededor están ocurriendo hechos importantes que requieran tu atención, yo reviso el Twitter una vez a la semana. Sigo las cuentas que sé que me pueden dar la información que necesito, ni más, ni menos. Evito los programas de opinión y los hilos en tweets con más opiniones innecesarias.
  1. Para situaciones puntuales, por ejemplo, tienes que salir y no sabes si están abiertas las estaciones del metro, nuevamente, una visita puntual a la cuenta del metro en Twitter y estamos listos.

 

Loretta Breuning, autora de Habits of a Happy Brain, recomienda “limitar tu consumo de noticias a un bloque de tiempo cada día (por ejemplo, en el almuerzo o antes de cenar), o menos. Como mínimo, no ver o leer noticias antes de dormir”.

Entrégate a tu antojo sin culpa

Si algo he aprendido en estos últimos años sobre creación de hábitos exitosos, es decir, comportamientos que permanezcan en el tiempo, es que la privación es su principal obstáculo.

Quiero bajar de peso, escuchas por allí. Empecé una dieta, dice luego. No como ni esto ni aquello, ni tal otra cosa, solo esto. Y ves la cara de la persona sufriendo cuando a su alrededor pasan bandejas con alimentos prohibidos.

Se monta en la balanza todos los días. El progreso no se nota. La cosa está muy lenta. Y la ansiedad y el deseo por comer ese postre, ese pedazo de pan, etc. incrementa. Botas o escondes todas las galletas para evitar la tentación. Buena estrategia, pero no creas que tu mente no sabe que están allí o que quieres salir a comprarte una.

No sé si esto sea ciencia cierta, pero a nosotros nos ha pasado con cada hábito que hemos formado y que ahora es parte esencial de nuestros sistemas. A tal hora, haces tal cosa y obtienes tal recompensa. Al mes, el comportamiento se vuelve hábito, según expertos. Y mientras más mantienes esa constancia, se hace más difícil que pierdas dicho hábito a largo plazo. 

Varios meses y vas bien. De repente, hoy no te provoca hacer ejercicio. Desde hace una semana vienes con un antojo de muffin. El olor de la comida chatarra cuando pasaste cerca de la feria en el centro comercial, te dejó mareado. Entrégate a tu antojo sin culpa.

Vuelvo y repito, con cada hábito hemos pasado por momentos en los que volvemos al comportamiento anterior. Comemos ese muffin y como nuestro cuerpo se acostumbró a otras cosas, no le cae tan bien. Ya no te gusta igual que antes. Y te haces una nota mental de evitar comer más muffin.

Pasan otros varios meses y a lo mejor vas a querer y comerás otro muffin. Sin embargo, cada vez se te hará más extraña la experiencia, menos satisfactoria. Y así, lentamente, tu hábito de comer sano o esto o lo otro estará internalizado en cada célula de tu cuerpo. Naturalmente, vas a rechazar ese comportamiento que buscaste remplazar por otro más alineado a tus propósitos.

Pero ojo, en el momento que te prohíbas algo, más fuertes te van a venir las ganas de la fruta prohibida. ¿No te has dado cuenta cuando hay un letrero que dice, por decir, no estacionar, y lo segundo que notas es un carro estacionado justo allí? Pareciera que nuestro cerebro es rebelde. No está para que le digas que no puede hacer algo. Entonces, no le digas eso. En su lugar, permítete un momento de flexibilidad y compasión y satisface tu deseo. Lo importante es que tus valores estén claros y consolidados. Si estás claro en lo que quieres trabajar y más importante el porqué, persistirás hasta que vencerás.

 

“No es lo mismo decir NO PUEDO a decir NO QUIERO”.

 

 

¿Sabías que los rituales pueden ayudarte a alcanzar el éxito? 

“Un desempeño excepcional se debe realmente a la confluencia de decenas de pequeñas habilidades o actividades, cada una aprendida o descubierta, las cuales han sido transformadas cuidadosamente en hábitos para luego encajar en un todo. No existe nada extraordinario o sobrehumano en ninguna de esas acciones; solo el hecho de que son practicadas de forma consistente y correcta, y juntas, conducen a la excelencia.” – Dan Chambliss

Como escritora, mi mayor desafío es sentarme todos los días a escribir. Y, ya les he comentado en otras oportunidades lo difícil que es show up, es decir, el insistir y persistir en el intento día tras día. Mas, como señaló Woody Allen, “el 80% del éxito en la vida consiste en showing up”.

Asimismo, no hay escritor que no mencione la importancia de enfrentarse a la página en blanco o a la ansiedad, flojera, miedo de escribir una y otra vez. Es la única manera de empezar y terminar tu libro, tu post o cualquier cosa que estés emprendiendo. Está claro que mostrar consistencia es un hecho que aplica para cualquier trabajo, emprendimiento o actividad. Y esa consistencia, conjuntamente con otros factores, te van a permitir practicar, aprender y acercarte a tus sueños.

Por ello, quise empezar esta entrada con esa frase de Dan Chambliss. Y resalto todas esas pequeñas habilidades, hábitos y rutinas ordinarias que menciona. ¿Por qué? Porque creo en que no hay imposibles, sino excusas que nos ponemos para no dar ese salto aterrador. 

Por su parte, ya ves que no se necesita inventar la rueda ni nacer con un talento extraordinario para llegar a donde quieres llegar. Y cuando pienso en esas pequeñas habilidades, no puedo evitar pensar en los sistemas. No voy a entrar en detalle sobre el tema dado que lo he discutido en varias oportunidades. Lo que sí quiero es mostrarles lo que una serie de pequeñas acciones pueden traer como resultado.

(Si quieres saber más sobre los sistemas y cómo te pueden beneficiar, revisa los posts Un paso a la vez y Los sistemas sí funcionan).

Para ello, voy a hablar de rituales. Un ritual puede verse como alguna actividad que se da por costumbre. Tal como señala Tim Brown, CEO de IDEO, permiten eventualmente que uno aprende a hacer algo de forma natural e intuitiva. ¿Y qué es algo que se da de forma constante, natural e intuitiva? Un hábito. ¿Y cómo podemos llamar a una cadena de hábitos con un propósito en particular? Un sistema. ¿Y de qué otra manera podemos entender a un sistema? Como una “confluencia de decenas de pequeñas habilidades o actividades… [que encajan] en un todo” (Dan Chambliss).

Entonces, ¿cuál es la importancia de los rituales? Es una ecuación bastante sencilla. 

… Una práctica consistente te encaminará hacia el logro” – Art Markman. 

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¿Cómo puede verse esta ecuación en la práctica?

Elige una actividad, sueño o cualquier cosa que desees lograr. Reflexiona sobre qué cosas podrían ayudarte a llegar a ello. A veces un sueño o un objetivo es algo un poco grande y general. Sin embargo, se podría fraccionar en pequeñas tareas que te encaminen hacia ese norte. 

Es más, fraccionémoslo aun más. No pienses en tareas. Piensa en pequeñas acciones y actividades ordinarias. El logro que deseas alcanzar puede ser un efecto secundario de alguna práctica importante para ti. Aquí va un ejemplo.  

¿Qué cosas hago todas las mañanas para aumentar mis probabilidades de show up? Me gusta dividirlo en un sistema y un ritual. El sistema ya lo conoces. Empieza levantándome temprano, seguido de ejercicio y termina escribiendo en mi diario y meditando. Todo esto es con el propósito de despertarme, liberar tensión y ansiedad y prepararme para trabajar.

¿Qué hago después? Lo llamo mi ritual sensorial. Me gusta imaginar que todo ese viaje sensorial me va a conducir al lugar que tenga que ir para crear, mi rincón del mundo fuera de este mundo. El ritual consiste en lo siguiente: me preparo una taza de té o café, prendo una vela aromática cerca de mi escritorio y me coloco mis audífonos con música clásica o zen. Ahí me quedo durante unos minutos viendo por la ventana o simplemente disfrutando de los olores, sonidos y gustos; de allí a que lo llame experiencia sensorial.

Parecerá una tontería. Pero, les puedo garantizar que no soy la única que tiene rituales de este tipo. Y si eso me ayuda a trabajar, pues por qué no hacerlo. 

“Cada cosa que hacemos importa. Cada momento de nuestra vida contribuye o nos resta en aquello que estamos intentando alcanzar”. – Benjamin Hardy

Dicho en otras palabras, podemos diseñar rituales que nos permitan trabajar de forma constante por nuestros sueños y desafíos. ¿Qué puede ser más sencillo que tomarse una taza de café todas las mañanas y dedicar 5 minutos a solo disfrutarla? Y, ¡qué poderoso puede ser el efecto de la música o el recuerdo de un aroma para indicarle a nuestro cerebro que es momento de iniciar una actividad importante y valiosa para nosotros, para nuestros objetivos, para nuestro propósito de vida, para nuestra vocación!

Empieza de a poco. Como todo en esta vida, el truco está en la práctica. Experimenta. Diseña un prototipo de ritual. Ponlo en práctica y velo ajustando con el tiempo. El elemento de la vela lo copié de otra escritora y hasta ahora me ha funcionado en mis propósitos sensoriales. Como dicen por ahí, todo nace de la imitación hasta que lo hacemos propio. 

¿Ya tienes algún ritual en acción? ¿Vas a ponerte a diseñarlo? ¡Compártenos tu experiencia!

Cómo crear sistemas sostenibles y efectivos para lograr tus propósitos de vida

Anteriormente, hice referencia a algunas entradas que he escrito sobre los sistemas. Rápidamente, “un sistema es algo que hacemos de forma regular y que a la larga incrementa nuestras probabilidades de felicidad” (Scott Adams en “How to Fail at Almost Everything and Still Win Big). 

Hoy, quiero compartirte una mirada en detalle a los sistemas que tengo actualmente. Discutiremos en qué consisten, las actividades que contemplan y sus beneficios. Si he abogado por poner en marcha sistemas en lugar de metas, más vale que te cuente cómo han impactado en mi vida personal. 

Veo a un sistema como un conjunto o mejor dicho, una serie de actividades. Cada una de estas actividades son hábitos. Me gusta referirme a ellos como hábitos necesarios más que rutinas. Estos hábitos se entrelazan para formar una cadena con un propósito en particular.

La idea de los sistemas es entonces aumentar mis probabilidades de dirigirme según mi brújula, mi Norte. ¿Qué quiero decir con esto? Considero que una de las mejores formas para progresar en la vida y convertir sueños en realidad es a través de hábitos.

Dicho esto, y dado que “el que mucho aprieta poco abarca” recomiendo empezar de a poco. Es mejor formar hábito tras hábito del sistema, que todos a la vez. De esta forma, aumentas la probabilidad de que el sistema se sostenga.

Primeros pasos

  1. Determina aquellas actividades o comportamientos que te gustaría implementar:

Ya debes tener algunas de estas actividades en funcionamiento. Por ejemplo, tu higiene personal y otros cuidados forman parte de ello. Sin embargo, es posible que requieras hacer una pequeña investigación para determinar qué necesitas incorporar y en qué momento del día.

Tal vez te gustaría probar meditar. Quizás te haga falta ejercicio. Tus mismos hobbies, si están abandonados es posible que desees retomarlos. Más adelante, te comparto mis sistemas a manera de ejemplo.

  1. Enfócate en un propósito:

Como comenté más arriba, mis sistemas me conducen a algo, es decir, cumplen un propósito. No escribo en el diario simplemente porque me provoca, sino porque he comprobado cómo me ayuda. Más adelante hablaré sobre esto.

  1. Experimenta:

Este proceso te puede tomar tiempo. Si no pruebas primero, no sabrás si la actividad te genera beneficios. Así que se trata de un experimento hasta que vas armando la serie de hábitos que te permitan cumplir tu propósito. Asimismo, con el tiempo podrás ver con mayor claridad qué necesitas implementar, qué comportamientos quisieras re-programar, qué cosas funcionan y cuáles no, etc.

¿Qué hacer luego con estas actividades?

Hábitos.

De acuerdo con Charles Duhigg, autor del libro “El poder de los hábitos”, un hábito es “una decisión que en algún momento tomamos de forma deliberada, y luego dejamos de pensar en ello, pero lo continuamos haciendo casi todos los días”.

¿Cómo se forman? A través de un proceso que los hace automáticos. Este, según la investigación de Duhigg, se compone de tres partes: una señal, una rutina y una recompensa. 

Habits

Mi recomendación entonces es probar cada mes con una nueva actividad. Al siguiente mes, se mantiene ese hábito ya creado y se incorpora un nuevo ingrediente. Y así, sucesivamente vas creando todos los hábitos que conformen tu sistema.

Ten en mente que la idea es crear hábitos que se complementen y que en cierta forma sean dependientes los unos de los otros. Se entrelazan de tal manera que forman un conjunto, el sistema.

Mis sistemas y cómo me han ayudado

En estos momentos, cuento con tres sistemas: mi sistema matutino, mi sistema de trabajo y mi sistema nocturno. Veámoslos en detalle.

  1. Sistema matutino: Empiezo levantándome a las 7:30 am. Hago ejercicio, desayuno, arreglo la casa, me visto, escribo en el diario y medito 5 minutos.
  • Es importante para mí comenzar el día temprano. Me rinde más el tiempo. Asimismo, si me levanto tarde arrastro una sensación de pesadez y flojera durante toda la jornada. Así que como dice el refrán “quien madruga, Dios lo ayuda”. 
  • Ejercicio: Siempre me ha gustado mejorar mi salud. Y ahora que tengo problemas de circulación, me es más imperante realizar ejercicio. A veces me cuesta porque al estar recién levantada, tengo aun un poco de sueño encima. Sin embargo, este ejercicio matutino me espabila, mejora mi actitud o ánimo y me da energía para comenzar el día. Vale la pena gastar un poco de fuerza de voluntad para hacerlo.
  • Orden y acicalamiento: Dado que trabajo desde casa, el departamento es mi oficina. Poder concentrarme, hacer uso de mi creatividad y trabajar dependen en gran medida de mis alrededores. En un espacio limpio y ordenado, encuentro mayor inspiración, relajación y foco para realizar mis actividades laborales. Lo mismo con vestirme y arreglarme. Abrir la cortina para que entre la luz, tener la cama tendida y quitarse la pijama son señales inmediatas al cerebro de que es hora de trabajar. 
  • Diario: A veces me levanto con muchos pensamientos en la mente. A veces inclusive esos pendientes del día me abruman apenas abro los ojos. Luego, recuerdo que antes de empezar a trabajar en cualquier cosa, voy a sentarme con mi diario. Nada más recordarlo me resulta liberador. El diario ha sido mi mejor acompañante por años. Me permite escribir y sacar de la cabeza todos los pendientes, factores estresantes, ansiedad y tensión y demás ideas que pueda tener. Me ayuda a relajarme, a clarificar mis ideas, a atender mejor los problemas, etc. Para mí es un medio de reflexión.
  • Meditación: Como ya he comentado, la meditación es una práctica formal de mindfulness. Y esta última ayuda a vivir el presente, a mejorar nuestra respuesta ante la ansiedad y situaciones de estrés. Asimismo, aumenta nuestra conciencia y por ende, aprendizaje sobre nosotros mismos al abrirnos a nuestras experiencias, pensamientos, sensaciones y emociones tal como suceden en cada momento. Mientras más se practica, más se mejora. Y son solo 5 minutos, así que no es difícil reservar ese espacio. La meditación junto con el diario son una combinación muy potente para manejar mejor el ruido mental y sacar fuerzas para trabajar luego.
  1. Sistema de trabajo: Dedico alrededor de 2 horas a escribir. Luego, cocino y almuerzo. A las 3 pm realizo una siesta de 25 minutos. Posteriormente, reviso correos y redes sociales, investigo (charlas TED, artículos, libros, podcasts, etc.) y finalmente me entrego a mi lectura de entretenimiento (pero que también contribuye a mi trabajo como escritora).
  • Trabajo con la técnica del pomodoro. Así que me concentro en una única actividad durante 25 minutos. Cada vez que suena la alarma, tomo un break de 5 minutos.
  • Siesta: Estudios señalan que tomar una siesta ayuda a tu cerebro a reponerse y recobrar energías para seguir trabajando el resto del día. Daniel Pink, en su último libro “When” explica los componentes para una siesta ideal: 

Siesta

  1. Sistema nocturno: Se compone básicamente de tres elementos. Estos son bañarme, leer y acostarme a dormir a más tardar a las 11:30 pm.
  • Siempre he dicho que el baño tiene múltiples poderes. Te despierta, te duerme o relaja, te refresca o te proporciona calor, según tus necesidades. En mi caso, me libera de la tensión acumulada durante el día. Por eso lo prefiero en las noches.
  • Leer: Suelo tomar un libro más ligero y fácil de dejar. Me relaja y a veces hasta duerme la lectura a esta hora y además sirve como alimento para mi subconsciente.

En resumen:

  • Las actividades que hago por la mañana preparan el espacio para que mi sistema de trabajo actúe. Me permite entonces aumentar las probabilidades de show up to work, calmar la ansiedad y mejorar el balance entre actividades. 
  • Mi sistema de trabajo cumple un propósito aun mayor: saberme mejor que ayer. A través de la lectura y escritura no solo avanzo y muestro consistencia, sino que además aprendo.
  • Finalmente, mi sistema nocturno me ayuda a bajar las revoluciones, mejorar la probabilidades de un mejor sueño y así estar lista para enfrentar un nuevo día.

“Cuida tus pensamientos, se convertirán en palabras; cuida tus palabras que se convertirán en acciones; cuida tus acciones que se convertirán en hábitos; cuida tus hábitos porque son tu vida; cuida tu vida porque tienes solo una” (Anónimo).

¿Estás listo para crear la vida que sueñas un hábito a la vez? ¿Con cuál hábito quieres empezar? Compártenos tus ideas y sistemas.