Cultiva la simplicidad y disfruta sus beneficios

He declarado esta semana como mi verdadero inicio de año. Y con todo inicio de año, hay una reflexión detrás. Más allá de lo que me enseñó el 2019, tal parece que ya el 2020 viene cargado de mucho más aprendizaje. Y hoy, precisamente, quiero compartirles dos grandes lecciones.

Todo este blog nació de la idea de encontrar la plenitud. Poco a poco esa plenitud se transformó en el concepto de vida extraordinaria. Y mientras, en el camino experimentamos muchas cosas. Subimos y bajamos. Nos cansamos y continuamos. Sin embargo, siempre hay una constante. Cómo hacer más fácil las cosas. Experimentamos con hábitos, con filosofías y valores.

Y, ¿por qué más fácil? No sugiero buscar atajos. Mas, he descubierto la belleza en lo simple. Cuando logramos esa sencillez, las cosas fluyen y es más fácil seguir esa corriente de aire fresco.

 

¿Cómo seguir cultivando la simplicidad en tu vida?

Conoces lo obvio: decluttering. Aquí te dejo varios posts que he escrito al respecto por si deseas refrescar la memoria.

Una vez que tus espacios y posesiones están ordenadas, tu trabajo está sistematizado y priorizado y haz encontrado cierto balance en tus actividades, puedes agregar estas dos cosas a tu lista:

  1. Pedir ayuda: 

Apaño los experimentos. No obstante, a veces, necesitamos soluciones externas para ayudarnos a sacar ese tema que venimos trabajando durante mucho tiempo y que sigue generando ruido y peso en el día a día.

Por ejemplo, mi esposo y yo venimos trabajando en nuestra nutrición desde hace un par de años. Una vez que logramos ajustar la dieta, comenzamos a experimentar con su preparación. Finalmente, encontramos los días que mejor se nos daban para cocinar. Con el tiempo y la práctica, habíamos logrado disminuir las horas que nos llevaba tener todo listo. Luego, venían semanas de caos y lo primero que se afectaba era todo este proceso de cocina. Era un tema que a pesar que podía fluir nos generaba peso. Dado que nuestra prioridad es la salud y el cuidado personal, decidimos buscar una solución externa. Contratamos un servicio que nos manda una persona de la tercera edad (y así además contribuimos a su inserción laboral) y nos cocina por el número de horas requeridas. Adiós carga mental y adiós descuido en tiempos de caos y no caos. Y gracias a eso, además, ahorramos tiempo, una de nuestras prioridades para este año 2020.

En tu caso, esa tarea punzante puede ser la limpieza, el traslado hacia el gimnasio, tu mascota, lo que sea. Solo considera lo siguiente. El tiempo que pasó no se puede recuperar. El dinero va y viene. No siempre se trata de ahorrar dinero, si no a veces es mejor ahorrar tiempo porque eso va a agregar a tu calidad de vida y tranquilidad.

Y dependiendo de la tarea, a lo mejor no es inversión tu solución, sino la mano de un amigo, etc. Pide ayuda cuando reconozcas que tus intentos de solución, si bien te han ayudado a avanzar, aun no te permiten cerrar ese tema.

  1. Pequeños placeres de la vida:

Ya mencionaba algunos ejemplos en un post reciente (caminar descalzo en casa). Pero creo que este poema, “Instantes”, atribuido a Jorge Luis Borges, resume mi idea: 

 

Si pudiera vivir nuevamente mi vida, 

en la próxima trataría de cometer más errores. 

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. 

Sería más tonto de lo que he sido, 

de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. 

Sería menos higiénico. 

Correría más riesgos, 

haría más viajes, 

contemplaría más atardeceres, 

subiría más montañas, nadaría más ríos. 

Iría a más lugares adonde nunca he ido, 

comería más helados y menos habas, 

tendría más problemas reales y menos imaginarios. 

Yo fui una de esas personas que vivió sensata 

y prolíficamente cada minuto de su vida; 

claro que tuve momentos de alegría. 

Pero si pudiera volver atrás trataría 

de tener solamente buenos momentos. 

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, 

solo de momentos; no te pierdas el ahora. 

Yo era uno de esos que nunca 

iban a ninguna parte sin un termómetro, 

una bolsa de agua caliente, 

un paraguas y un paracaídas; 

si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano. 

Si pudiera volver a vivir 

comenzaría a andar descalzo a principios 

de la primavera 

y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. 

Daría más vueltas en calesita, 

contemplaría más amaneceres, 

y jugaría con más niños, 

si tuviera otra vez vida por delante. 

Pero ya ven, tengo 85 años… 

y sé que me estoy muriendo.

No tengas miedo de hacer el ridículo. Vive la vida con menos seriedad, y sobre todo, diviértete.

Viejo año, nuevo año: lecciones del 2019

Estoy segura que el 2019 te dio muchas bendiciones. Es muy probable que hayas cometido varios errores. Entre éxitos y fracasos, nuestras experiencias de vida, siempre hay lecciones. Hoy te comparto lo que el año 2019 me enseñó.

 

Lecciones del 2019

  1. La vida de a dos es más bonita

Creo que fue Arnold Schwarzenegger quien dijo que no podías alcanzar el éxito solo. Ya sea tu pareja, algún amigo o familiar, cuando tienes una red de apoyo, el trabajo es más fácil. Y no solo apoyo, sino que ojalá tengas la oportunidad de trabajar en equipo con alguien cercano, con quien puedas tener proyectos y sueños en común. Trabajando juntos, el caos se hace más llevadero, las tareas difíciles se resuelven de forma más rápida y las cosas avanzan.

  1. El cambio no conoce la luz roja

El cambio ocurre de forma constante, a cada rato. Casi nunca nos damos cuenta de ello. Desde algo tan simple como estás sentado y ahora estás de pie, cambio. Trata de darte cuenta cada vez que te sientes y te pares. Lo hacemos de forma tan natural que no notamos el cambio.

Sin embargo, cuando el cambio se manifiesta como un tsunami, ahí sí que lo notamos. Nos genera ansiedad, estrés, incertidumbre, inquietud y preocupación. 

Sea pequeño o grande, el punto es que el cambio siempre está presente a tu alrededor. No tienes el poder de controlarlo ni moldearlo a tu gusto. Déjalo ser. Aprende a manejarlo sin que te oprima. No nos queda otra que nadar con la corriente y ser meros observadores del cambio. Mientras más lo observes, sin juzgar ni querer controlar, menor será su intensidad y su influencia sobre tus pensamientos y emociones.

  1. El cuidado personal es clave

Cuidado personal empieza desde quitarte la pijama y arreglarte para empezar tu día hasta estar en un ambiente limpio y ordenado que te inspire, relaje y exprese tu creatividad.

El cuidado personal es la clave para tu salud. 

  • Aliméntate bien y haz ejercicios para cuidar de tu cuerpo. 
  • Hidrátate.
  • Mantén la casa limpia para alejar bacterias de tu hogar (tu cuerpo). 
  • Medita para despejar tu mente y calmar la ansiedad y el estrés.
  • Ordena tus espacios para mayor paz mental.
  • Incorpora cualquier práctica que te ayude a reflexionar y agradecer. Puede ser un diario o yoga.
  • Conéctate con la abundancia.
  • Sé un observador de los eventos. Te ayudará a vivir en el presente, a evitar el juicio y a alejarte de la idea de control.
  1. Sé como un niño

Camina en casa descalzo. Contempla el cielo y las estrellas. Atrévete a jugar y hacer el ridículo. Suéltate y simplemente diviértete.

  1. Vive con coraje

Los sueños no se logran solos. Las tareas no se completan por arte de magia. Para llegar a cualquier lugar, hay que caminar. Vive tu vida con coraje. Atrévete a soñar y conquistar tu vida extraordinaria. 

De nuestros archivos: 4 tips para que tu regreso de vacaciones no sea tan doloroso

¡A quién no le gusta tomarse unas vacaciones, y si podemos irnos de viaje mejor! ¿Cierto? En un post anterior, hablamos de la importancia de tomarse un break. Y no solo eso, discutimos los beneficios que nos aportan las vacaciones.

Si no eres un madrugador, estarás de acuerdo conmigo de que levantarse temprano es a veces muy difícil. Sin embargo, como siempre he dicho, no hay madrugada que valga más la pena si es para ir al aeropuerto. En ese instante, uno es capaz de dormir solo un par de horas, esperar unas cuantas más para abordar el avión y todos esos pequeños ‘sacrificios’ a la hora de viajar. 

Durante una, dos, tres semanas o el tiempo que hayas programado, te olvidas del trabajo, de las responsabilidades, de los quehaceres y te dedicas a disfrutar. Puede que te toque levantarte temprano para agarrar un tour. Puede que más bien hayas decidido tomarte las vacaciones con calma y lo que quieras sea echarte en una playa todo el día.

Y de repente, se te acabaron los días de relax. Ya toca volver a hacer las maletas para regresar a casa. No te quieres ir, pero no te queda de otra. Aunque, no sé si te pasa, pero a veces cuando te das cuenta de que ese retorno es inevitable, te inunda una sensación de ‘qué rico es volver a casa’. Por más que sea, la estabilidad y lo conocido también tienen sus beneficios. 

En fin, regresaste de tu viaje y el lunes retomas tu trabajo. ¡Uy, por qué, dirás tú! Suena el despertador y postergas el levantarte 5 minutos y 5 más y 10 más, hasta que o te paras o llegarás tarde. Te sientas en tu puesto de trabajo y te quedas mirando la pantalla. Tienes sueño, tu cabeza se quedó en la playa. Comienzas a revisar tus correos y empiezas a experimentar ese estrés y sensación abrumadora por todo lo que está pendiente.

Tú sabes cómo continúa la historia. Tal vez después de unos días o semanas todo volverá a su ritmo normal. Sin embargo, tal pareciera que al menos esos primeros días son todo un sufrimiento. ¿Será que se puede hacer algo para que el regreso de vacaciones no sea tan dramático y difícil?

Aquí te comparto algunos tips para que puedas despejar esa nube de tensión de vuelta al trabajo.

  1. Tómate unos minutos para clarificar

Una de las cosas que me ayuda a retomar mis actividades es tomarme un tiempo para reflexionar antes de empezar cualquier otra cosa. Como he dicho, es normal que al llegar de vacaciones se nos hayan acumulado tareas, correos, papeleo, trámites y demás. Y es natural que por un lado, sientas la necesidad de atacar todo. Y por el otro, no tengas ganas de hacerlo. No te dejes llevar por esa sensación abrumadora de cómo empiezo siquiera a manejar todas estas cosas. A mí me ayuda escribir. Me dedico a pensar cuáles son las tareas o actividades clave que quiero o necesito abordar en ese primer día y así sucesivamente con el resto de los días. No tienes por qué resolver todo el lunes. Y dudo que alguien espere de ti que así sea. Así que date el espacio y el tiempo para aclarar qué necesitas resolver hoy y qué puede esperar a otros días de la semana o inclusive a la semana siguiente. 

Te doy un ejemplo. Independientemente de todos los pendientes, sé que hay tres cosas importantes en mi día: escribir, investigar y leer. El resto puede esperar. Una vez que recuerdo eso y me enfoco en esas tres cosas, el ruido mental comienza a disminuir. Es increíble cómo luego inclusive me siento más calmada para abordar el resto de las cosas. Una vez que decides en qué concentrar tus energías, tus niveles de ansiedad disminuyen, dándote el espacio mental para abordar y programar tu agenda sin tanto estrés.

En esta misma línea, Raschelle Isip recomienda que ordenes tu espacio de trabajo. Es decir, no dejes todo el papeleo para después. Clasifica el material para que sepas de qué se trata y puedas procesarlo a medida que lo determines conveniente. Bota el correo que no te sirva y prepara tu escritorio para empezar el trabajo.

  1. Prioriza y obsesiónate

Tal como lo recomienda Morten Hansen, autor de “Great at Work“, haz menos y obsesiónate. ¿Ya determinaste las actividades más importantes para este día? Bueno, entonces elige la prioritaria y ponte a trabajar en ella, y solo en ella. 

En otra oportunidad, les compartí una herramienta que utilizo para priorizar el trabajo. Me refiero a PomoDone. No solo te permite evitar el multitasking y las distracciones, sino que también pones en práctica la técnica del pomodoro. Esta técnica ayuda a mejorar tu productividad y concentración.

(Si quieres saber más, no dejes de leer “Cómo ayudarnos a priorizar el trabajo”).

  1. Tómate las cosas con calma

Tomo prestado este tip de Raschelle Isip nuevamente. Los primeros días o semanas vas a estar atravesando un período de transición. Poco a poco irás recobrando las fuerzas. Poco a poco se te irá haciendo más fácil practicar tus hábitos. Con el tiempo, tu trabajo volverá a su ritmo natural. Dicho esto, tómate las cosas con calma. Con esto no quiero decir que no trabajes, que flojees ni nada por el estilo. Lo que quiero decir es que seas flexible. No pretendas resolver todo en un día. No te sobrecargues de trabajo por el tiempo que estuviste fuera. Tal como dije en el tip anterior, haz una cosa a la vez y poco a poco todo irá saliendo. No te martirices si no avanzas con la rapidez usual. Recuerda, más allá de cuánto progresas lo importante es progresar, es decir, show up.

  1. Programa días de descanso dentro de tus vacaciones

No todos los planes de vacaciones son iguales. Hay veces que planificamos vacaciones muy activas y otras que solo son de relajación. Independientemente de tu plan para tus vacaciones, planifica unos días al final para descansar del ajetreo de los tours y del corre corre. 

Las vacaciones son para conocer, para despejarse, para divertirse, pero también para descansar. No vale de mucho si llegas al trabajo más cansado de como te fuiste. Así que si algo he aprendido a lo largo de nuestros viajes, es que es necesario contar con un tiempo o unos días de margen. Primero, se evita el estar corriendo de un lugar a otro para alcanzar ver todo lo que tenías planificado. Y segundo, logras un mejor balance entre conocer y descansar. 

También, como señala Laura Vanderkam en su artículo “How to Come Back to Work After a Vacation Without Being Miserable”, prefiere el llegar un sábado que un domingo. Así, tendrás tiempo para reponer energías del viaje y organizar tus actividades antes del regreso al trabajo.

¿Atascado? Cambia

Sé que les prometí explorar más el tema de la dependencia en otros. Y no crean que no lo discutiremos más a fondo. Sin embargo, no pude evitar crear esta pieza primero.

Verás, los sistemas funcionan de maravilla. La sensación de terminar un día productivo es maravillosa. Mas, a veces uno se cansa. Es inevitable. Por algo uno se toma vacaciones, pausas, breaks, etc. Y por algo a veces uno busca cambiar un poco la rutina, hacer cosas distintas, inclusive pequeños cambios.

Esta semana mi cuerpo estaba un poco cansado. Tenía muchos días sin leer. Y de repente, eran muy grandes las ganas de quedarme todo un día solo leyendo. No me venía mal ponerme al día, igual. Y así lo hice. Pero, ¿sabes? A veces hay algunos libros, buenos o no tan buenos, que te atrapan en el sentido de que necesitas terminarlos pronto o no podrás hacer mucho más con tu día. Y así, me quedé un segundo día leyendo el siguiente y último libro de una saga. Necesitaba quitármelos de la cabeza.

No obstante, eso significó que todas mis demás actividades se vieron afectadas, inclusive el entrenamiento. Ahora estoy aquí, intentando ponerme al día con todo, como quien dice cumplir. 

Cuando quiebras tu sistema, en especial si está vulnerable, cuesta más retomar. Esas ganas de vacaciones se apoderan de ti. Sabes que no te provoca ni te sentirás mejor con pasar todo un día frente al televisor (aun cuando crees que eso es lo que quieres hacer). Quieres ponerte activo. Quieres empezar, ponerte manos a la obra. Pero, tu mente está un poco dormida.

Si estás atascado, cambia. 

Me encanta leer. A veces no puedo parar. Y otras veces me estanco. Los libros que tengo por leer son interesantes, pero por alguna razón no me enganchan, no me motivan a tomarlos y sentarme a leerlos. Cuando esto me pasa, busco novelas románticas ligeras. Ya sé que ellas me devuelven esa pasión y esas ganas por leer. 

Cuando estás estancado, cambia.

Hoy, estuve a punto de irme a un café para “obligarme” a trabajar; mejor pongámoslo como incrementar mis probabilidades de un día productivo. Mi flojera me estaba venciendo. Así que busqué la manera de igual generar un cambio, ese algo que me impulsara a show up. Y aquí estoy. Mi oficina bien gracias, pero hoy, la mudé a la terraza. Se van a reír, pero hasta la vela de mi ritual me traje. Pensé que se iba a apagar con el viento o que con la brisa, el aroma se perdería. Pues no. De vez en cuando me llegan unas ráfagas de vainilla, me encanta.

En fin, al sentarme en la terraza a escribir me di cuenta de algo. ¡Cómo extrañaba mirar el paisaje y en especial la gente en su día a día! Como ya mi escritorio no queda frente a una ventana, me he adaptado a ver la pared. Pero esto es lo que trae el cambio, nuevas perspectivas, nuevos comienzos, pequeños detalles que pueden inspirar un post, un hobby, un sueño, un lo que sea. 

Mientras practicaba mi ritual sensorial, no pude evitar sonreír cuando veía gente en otros departamentos haciendo sus cosas. Y así como yo los veo a ellos, supongo que habrá otros que me ven a mí. ¡Qué habrán pensado viéndome sola en una terraza sonriéndole al espacio! 

Ese señor regando sus plantas en su terraza; otro conversando por teléfono y moviéndose de aquí para allá dentro de su apartamento; un olor a papas fritas, que honestamente a estas horas de la mañana no sé de dónde habrá venido; gente paseando perros; señoras limpiando…

Cuando estás estancado, cambia.

¿Quieres leer pero no te provoca agarrar un libro? Encuentra un género ligero que te ayude a dar el primer paso. 

¿Te cuesta trabajar? Cambia de ambiente. Una nueva vista puede servir de inspiración. Estar lejos de las cosas que te frenan (una cama tentadora, la comodidad de tu hogar, un ambiente soso, etc.) pueden mejorar tus chances de obrar. 

¿Cansado de tus cuatro paredes? Tal vez un toque de decoración, una foto, pintar una pared, agregar plantas, pueden hacer de tu ambiente un lugar más acogedor, creativo e inspirador.

Por ahí me dijeron que a veces estos posts son muy largos y da pereza leerlos enteros, así que aquí me detengo. Creo que entendieron la idea. 

Si estás cansado, si todo lo ves igual, si estás atascado en la rutina, cambia. Ya ves que no se necesitan de cambios masivos. Los pequeños cambios también pueden hacer una gran diferencia.

¡Llegó la primavera!

En esta parte del hemisferio, ha llegado la primavera. Por ende, pensé que esta semana podríamos celebrar con este post una de las estaciones más bonitas del año.

La primavera trae consigo color. Aquí el clima no es tan definido. Igual a veces hace frío. El sol sale, pero la brisa resulta engañosa de vez en cuando. Mas, lo importante en realidad es precisamente lo primero que mencioné, el color. Y con el color, viene el olor. Cantidad de flores abriéndose. Árboles cubriéndose de verde. No más ramitas desnudas. No más grises y pálidos marrones. Y luego de todo este renacer, viene el calor de verano, que si bien para muchos es demasiado, son solo tres meses al año que podemos deshacernos de todo tipo de abrigo.

El cambio se siente en el ambiente. Aun cuando te guste más el frío, no puedes negar que la primavera trae esperanza, emoción, positivismo. Es como si nuestro cuerpo renaciera junto al paisaje. Así que llenémonos de buena actitud. Permitámonos florecer. Es tiempo de limpieza, de nuevos proyectos y aventuras. Es tiempo de volver a lo simple. Y no hay mejor época del año que esta para recordarnos la belleza de los detalles. 

Los dejo con esta pequeña oda a la primavera, que escribí hace ya unos cuantos años atrás.

 

PENSAMIENTOS MATUTINOS

Llegó la primavera, 

luz y color irradian por doquier, 

solo hay vida y júbilo al amanecer.

 

I

Dulce mañana

que alegra mi estancia,

hoy me levanto

y la brisa me abraza.

Puedo sentir mis manos

contemplando en su regazo,

lo que la naturaleza me trae

cosechado en su espacio.

II

Abro los ojos

y la belleza me absorbe,

sonrío

y la alegría me absorta,

respiro y los lirios me adornan

con sus dulces colores

y gratos olores.

III

Hoy es un día

de júbilo y gloria,

pues la mañana triunfante

dice sí a la hora.

Me levanto

y las energías me agobian,

mi cuerpo se estremece

entre tanta luz y el bello azul.

Mi mente se despeja

entre el mundo de ensueño,

que hoy se me presenta

como una realidad a la espera.

IV

Siento que no falta nada,

solo mis pies y su calzada.

Ya empiezo a caminar

y no hay barrera que me detendrá.

Es hoy y no mañana

cuando mi futuro he de hallar.

Ya en mis planes he de actuar.

Veo las semillas, veo los logros,

veo la grata sonrisa del antojo.

Pero más allá de eso,

veo la luz al final de la sombra.

V

La vida es una sola,

a veces larga, a veces corta,

pero no hay duda que una sola.

En planes se nos va,

así que hoy en acciones comenzará.

La diversión,

su principal herramienta será,

pues la enseñanza

también habrá de encontrar.

La sabiduría su paso marcará,

y la dirección correcta ha de tomar.

VI

De la mano del amigo

siempre andará,

y no falta Dios

que su luz iluminará.

Las estrellas de gozo

la noche llenarán,

pues los pensamientos mañaneros

no han de acabar,

cuando suene el reloj

marcando las dos.

VII

Pensar y pensar

también cesará,

pues los planes hechos

de ellos están.

Así que de hoy en adelante,

solo júbilo y paz,

ninguna tristeza se presenciará,

porque aun en los malos momentos

la lucha vencerá.

VIII

A veces se gana

y otras se pierde,

pero siempre la perseverancia

enciende su fuerte.

Planes y planes

hoy marcharán

por el camino del qué harán,

para el hacer gobernar.

Hoy las palabras

cobran sentido,

sentido de vida,

de luz y regocijo.

IX

Hoy es un día colorido,

de pájaros cantando al ritmo de su himno.

Hoy es el día

en que los sonidos cobran sentido,

y los colores su giro.

Hoy es el día

para decirte a ti mismo,

es esto y no aquello

lo que de mi vida yo quiero.

Fragmento de la colección “Pensamientos” (2013)

Experimenta tu vida con los 5 sentidos

 

“Para participar de la vida debemos experimentarla a través de nuestros cinco sentidos. Debemos ver el mundo, escuchar sus mensajes sutiles, oler sus sabores, probar su dulzura y tocar su superficie”.

D. Wayne Dworsky

 

¡Qué frase tan apropiada! A veces cuando tu mente y cuerpo están en sintonía con una idea, el universo parece conspirar para ayudarte a unir los puntos. Esta frase que coloqué al inicio de la entrada, la tengo en un Post-It justo en frente de mi escritorio. Antes era mi ventana de frases inspiradoras, ahora es mi pared inspiradora. En fin, no pude evitar conectar esta frase con las sabias y encantadoras palabras de la reconocida poeta Mary Oliver:

 

Donde quiera que esté, el mundo me persigue.

Me ofrece su ajetreo. No cree

que no lo quiero. Ahora comprendo

por qué los viejos poetas de China se fueron tan lejos y tan alto

en las montañas, y desaparecieron sigilosamente

en la pálida niebla.

“Los viejos poetas de China”, en Why I Wake Up Early (2004)

 

Tal como la autora lo plantea, el mundo te persigue. Hace ruido. Ya sea en forma de redes sociales, grupos de Whatsapp, noticias, publicidad, trabajo, pendientes, preocupaciones, ideas, problemas… you name it!

Y aun así, Mary Oliver te cautiva con sus poemas de la vida ordinaria. Cómo te repite una y otra vez que la belleza está en esas pequeñas cosas, sencillas, en los milagros de la naturaleza, no en lo pomposo, no en nuestro concepto mundano de éxito.

 

     … Qué tal si de repente vieras

que el plateado del agua brilla más que el plateado

     del dinero? Qué tal si finalmente vieras 

que los girasoles, volviéndose hacia el sol todo el día

     y todos los días, quién sabe cómo, pero lo hacen, fueran

más preciados, más significativos que el oro? 

Fragmento de “How Would You LiveThen”, de la colección Devotions (propia traducción)

 

Y así, “…me agacho, no para recoger sino simplemente para tocar la idoneidad de la tierra para las margaritas, y las margaritas para la tierra” (Fragmento de “Daisies”, en Devotions, propia traducción).

Qué mejor forma de ver el mundo, escuchar sus sutilezas, oler y probar sus sabores y tocar su superficie, que de la mano de la maestra:

 

Cada día 

     veo u oigo 

          algo

               que más o menos

me hace morir 

     de dicha,

          que me deja 

               como una aguja

en un pajar 

     de luz.

          Es para lo que nací,

               para mirar, para escuchar,

para perderme

     dentro de este blando mundo,

          para instruirme 

               una y otra vez

en la alegría, 

     en la aclamación.

          No estoy hablando 

               de lo excepcional,

lo temible, lo tremendo, 

     lo muy extravagante,

          sino de lo ordinario, 

               de lo común, de lo sin lustre,

———

de las manifestaciones cotidianas.

     Oh, buena experta,

          me digo a mí misma,

               ¿cómo puedes evitar 

hacerte sabia

     con estas enseñanzas, 

          siendo ellas,

               la luz inextricable 

del mundo,

     el brillo del océano,

          las oraciones hechas 

               de la hierba?

   “Mindful”, en Why I Wake Early, por Mary Oliver (traducción proporcionada por Agustín Prieta)

 

La vida no se trata de estar ocupado en quehaceres. La vida no se trata solo de complacer nuestras pasiones. La vida no es solo consistencia. La vida es atención, atención al color de las cosas, a la belleza en una simple flor escondida entre el cemento de la calle. La vida es disfrute de lo extravagante, pero por sobre todo de lo simple, de lo que es obvio y está allí frente a nuestros ojos, pero que no vemos, ni tocamos, ni sentimos, ni olemos, ni saboreamos. La vida es aquí y ahora. 

El poder de la mente: Sí se puede

 

“Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”. (Wayne Dyer)

 

A principios de este año me diagnosticaron con artritis reumatoide. Es una enfermedad crónica, que para efectos de la medicina convencional, no tiene cura. Afecta principalmente las articulaciones generando rigidez y dolor. Es más usual en personas de edad. Sin embargo, puede llegar a afectar inclusive a niños.

Mi primera reacción

Recuerdo que estaba casi segura que ese sería el diagnóstico que recibiría. Me puse a leer sobre la enfermedad para saber mejor a qué me enfrentaba. Encontré sitios con muy buena información, tan buenos que caían en el exceso de información. Ese concepto un tanto enciclopédico estaba cargado de dramatismo. Era común leer sobre la gravedad de la enfermedad a medida que esta avanzaba en tu cuerpo. Sí, es cierto. Hay casos bien graves en relación a la artritis reumatoide. Mas, eventualmente te enteras que los casos graves representan un porcentaje muy pequeño.

Como me dijo uno de los doctores que consulté, mueres con la enfermedad, pero no por la enfermedad. Aunque igual suena un poco macabro… no exactamente lo que esperas para el resto de tu vida.

¿Información o desinformación? Miedo. 

No todo fue negativo. Descubrí un sin fin de blogs de personas jóvenes con artritis. Contaban su experiencia. Recuerdo haber leído la historia de una maratonista, que a pesar del dolor allí seguía con su sueño. Luego de sus entrenamientos quedaba hecha trizas, pero valía la pena. Su hijo sabía que por las mañanas no se le podía lanzar encima por su rigidez, debilidad y asumo que dolor.

Lo mejor de mi caso fue conseguir un doctor que en ningún momento me prohibió hacer nada, ni siquiera mi práctica de boxeo. Así es más fácil convencerte de que puedes seguir con tu vida de forma normal, o lo más normal posible. Claro, al principio tuve que hacer algunas modificaciones en mis entrenamientos. Incorporé yoga, reduje las horas de boxeo, no pegaba con fuerza, etc.

Después del miedo, viene la esperanza supongo. Y desde ese día declaré que la artritis no me vencería. Decreté que mi vida no cambiaría por ella. Mi nuevo lema: el dolor es miedo. Porque por miedo a sentir dolor, no te provoca moverte mucho. Pero no hay nada peor para cualquier enfermedad o situación que quedarse quieto. Te vuelves una tierra estéril.

Inclusive en una época se creía que el ejercicio podía empeorar la artritis. Ahora se sabe que ocurre todo lo contrario. Pero, vuelvo y repito, quedarse paralizado, inmóvil, quieto, echarse, no por padecer artritis, sino por cualquier otra enfermedad e inclusive situación de la vida, todo tiene el mismo efecto… esterilidad.

Mis primeras semanas

No voy a entrar en tanto detalle, dado que mi intención no es apelar a tu lástima, ni compasión ni nada similar. Sin embargo, no te puedo mentir que las primeras semanas no fueron tan fáciles. Caminaba lento y raro. Bajar las escaleras era un suplicio. Levantarme de la cama o del sofá era la peor parte. A veces no podía vestirme sola. Otras veces me sentía mejor y el día pasaba casi normal. 

Tenía la típica rigidez matutina que da con la artritis. A veces solo podía estirar las sábanas al tender la cama porque me dolían las manos como para alzar el colchón. Recuerdo que algunas mañanas lanzaba un brazo con la ayuda del otro hacia arriba para lograr estirarlo y alcanzar los gabinetes superiores de la cocina. Después de las primeras horas del día, la rigidez iba cediendo y podía moverme con mayor facilidad. 

Son esos momentos en los que te das cuenta que no puedes dar nada por sentado. Desde caminar hasta valerte por ti mismo. 

Tuve un par de episodios graciosos. Un día me quedé en un centro comercial sentada leyendo durante un par de horas mientras mi esposo salía del trabajo. Cuando me paré, lógicamente estaba tullida. Mientras mis articulaciones se iban calentando, quién sabe cómo estaría caminando que un guardia del mall se me acercó para preguntarme si estaba bien. Historias que quedaran en la memoria y en la risa…

Mi recuperación

Desde hace tiempo he querido escribir este post. No lo había hecho antes porque quería estar segura de lo que les voy a compartir a continuación.

Fue clave para mí toparme con mucho apoyo de parte de todos los que me rodean. Fue clave saber que una compañera boxeadora (literalmente compite) también tenía artritis. Si la vieran entrenando no sabrían que padece de algo. Inmediatamente me dio mucha esperanza. Me dije a mí misma, si ella puede pegar con la fuerza que lo hace y entrenar así de arduo, significa que eventualmente yo también voy a poder hacerlo. Con rodilleras puestas y dificultad para hacer algunos ejercicios, ahí empecé de nuevo mi entrenamiento.

Hoy, mi entrenador me llama guerrera porque recuerda cómo aun cuando tenía molestias, ahí estaba dando lo mejor que podía. Mientras más entrenaba, mejor respondía mi cuerpo. Al principio me dolía. Luego, mis articulaciones se iban ajustando a los movimientos. De hecho, los días que no entrenaba o hacía yoga o algún tipo de ejercicio, eran los días que notaba más la rigidez en mis articulaciones.

Vi documentales sobre el poder sanador de la mente. Vi documentales sobre el poder sanador del yoga. Fui a un retiro de meditación. Me hice sesiones de acupuntura. Y así poco a poco armé mi ritual. Todas las noches mientras me aplicaba crema en el cuerpo y una loción para el dolor muscular, me imaginaba que el mentol iba disolviendo la humedad y la inflamación, iba destruyendo los cristales de líquido, iba aniquilando a mis anticuerpos que decidieron erróneamente atacar a mi cuerpo. Me imaginaba con completa movilidad, sin ninguna restricción. Y agradecía la oportunidad de desarrollar mi fortaleza.

Enero… un mes en el que a veces parecía la Estatua de la Libertad. Febrero… un mes en el que todo cambió. El dolor en las rodillas desapareció. La rigidez matutina desapareció. Una que otra molestia de vez en cuando en los hombros. Un par de dedos que seguían hinchados en las manos. Yo seguía con mi ritual, mis ejercicios, mi mente positiva, mis medicamentos.

Hoy, puedo decir oficialmente que estoy en remisión. Y por esta razón, decidí contarles mi historia. Ya no soy yo inventando que el poder de la mente existe. Ya no soy yo escuchando el testimonio de otros de cómo se curaron cuando los doctores les señalaron que nunca sucedería. Ahora soy yo en carne y hueso sumando mi testimonio a lo inexplicable. Y saben por qué sé que la mente fue lo que más influyó, porque hasta mi doctor comentó, “se nota que todo está en su personalidad porque hay otras personas más gruñonas que nunca se curan”. No son comunes los casos de remisión. Según otro doctor que consulté, son tan raros que cada uno termina como artículo en una revista científica. El 20% me señaló. 

Y les voy a decir otra cosa. En febrero, en mi segundo control estábamos evaluando la posibilidad de agregar un nuevo medicamento al coctel. Pocos días después me iría de viaje de vacaciones. Y para finales de marzo tendría mi nuevo control y mis nuevos exámenes de sangre. Nunca voy a olvidar que internamente decreté, para esos próximos exámenes y para esa próxima consulta voy a estar sana. 

Heme aquí, tercer examen, tercer consulta, resultado remisión. Un brote que desapareció muy rápido, para mi fortuna.

No sé qué conclusiones saques de mi historia. No sé si creerás en el poder de la mente. Lo único que puedo humildemente decirte, es que todo es pensamiento. Y todo pensamiento es energía, energía que estás lanzando al universo. Y el universo siempre está allí escuchando, escuchando absolutamente todo. Así que por un lado, ten cuidado con lo que deseas. Por el otro, como cité a Wayne Dyer al principio de este post:

 

 “Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente”.

 

Yo sí creo que nuestra mente juega un papel importante en lo que nos ocurre en la vida y en cómo enfrentamos nuestros retos. Yo sí creo que la mente nos enferma y la mente nos sana. Y hoy más que nunca no lo puedo negar. No digo que los medicamentos, medicina natural, alimentación y ejercicios no hayan jugado un papel importante en mi avance. No obstante, todo está en la actitud. Eso es innegable.

Espero que mi historia te sirva. Espero que mi testimonio te dé esperanza, propósito y una nueva visión de la vida. Como he dicho antes, no creo en imposibles. 

Querida zona de confort, tracemos nuevas fronteras

Viajar es una oportunidad maravillosa. Montarse en un avión sabiendo que te vas de vacaciones y que vas a aterrizar en tierras desconocidas suena emocionante, ¿cierto? Pero no todo parece fascinante. 

De repente, empiezas a sentir una mezcla de emociones. Para algunos viajar es sencillo. Para otros, requiere de preparación y planificación. Supongo que entro dentro de la segunda descripción. Por ende, esa semana antes del viaje, suele traer consigo mucho estrés. Son tantos detalles: preparar la documentación, hacer la maleta, chequear tarjetas con los bancos, buscar las atracciones que deseas ver, presupuesto… la lista sigue. 

Terminas todo, cierras la maleta, esperas a que llegue el taxi y la aventura comienza. ¡Oh sí! Una nueva sensación… Ahora no es estrés. Es una mezcla de emoción y miedo. Después de todo, viajar implica salirte de tu zona de confort, en especial cuando viajas a un lugar que nunca has visitado antes o que presenta situaciones poco familiares, como otro idioma, etc.

Usualmente cuando aterriza el avión y uno pasa por todo el proceso de inmigración y maletas, ese miedo a lo desconocido se va trasladando a un segundo plano. Te vas dando cuenta que la cosa no es tan terrible como tu mente pensaba. 

Ciertamente no estás familiarizado con las direcciones. Perderte por las calles de esa ciudad nueva te genera ansiedad. ¿Dónde voy a comer? ¿Cómo llego de aquí a allá? Preguntas y más preguntas que formula tu mente inquieta.

Un paso a la vez… esa parece ser siempre la solución a cualquier situación de miedo. Salir de la zona de confort a veces no es fácil, inclusive cuando hemos elegido hacerlo por voluntad propia; inclusive cuando lo que se encuentra fuera de esa frontera es fascinante.

Un paso a la vez… Si eres un explorador nato, salir a deambular y conocer puede ser tu estilo. Si esto te resulta un poco aterrador, busca algo que te dé seguridad para continuar. Puede ser tomar un mapa y memorizarte una dirección. Puede ser ir primero a lugares cercanos para familiarizarte con las calles y la movida local. Vas agarrando confianza y tu explorador interno te va diciendo, es hora de trazar nuevas fronteras, de atravesar los límites y darle rienda suelta al conocer.

Un paso a la vez… para que tu confianza crezca, para que tu mente se tranquilice y no te paralice, para que sin culpa ni preocupaciones te atrevas, para que lo nuevo no te abrume y frustre.

Tal vez elegí el viajar como ejemplo, pero situaciones similares se dan en cualquier contexto. Si te encierras en lo conocido, si por miedo prefieres quedarte en tus cuatro paredes familiares, te estás perdiendo un mundo rico en experiencias e historias. Qué tal si negociamos con nuestra zona de confort y le decimos: tracemos nuevas fronteras, ampliemos los límites. 

De no haberlo hecho hoy, me hubiera perdido la oportunidad de contar una historia que no se ve todos los días. 

¿Por qué es importante cerrar ciclos?

¿Cómo se ve tu lista de pendientes? ¿Es larga? ¿Es corta? 

¿Tienes una lista de tareas para el trabajo únicamente o en ella aparecen otros elementos como trámites, asuntos de casa, temas familiares?

Existen muchos métodos para organizarte. Hay quienes recomiendan vaciar tu mente de asuntos abiertos anotando en algún papel o app todo lo que se te ocurra. De esta forma, evitamos utilizar nuestro cerebro como una herramienta de almacenamiento de información. Asimismo, liberamos espacio para que la mente pueda procesar esa información.

Siguiendo este modelo, uno puede crear una bandeja de entrada o inbox digital, por ejemplo, y todas las mañanas vaciar esos pendientes que no necesariamente son accionables en este momento. Esa lista puede incluir viajes soñados, trámites que sabemos que eventualmente hay que hacer, cosas que cuando podamos vamos a comprar, etc. 

Esta lista no se queda allí. Así como buscamos un momento del día para vaciar, también necesitamos un momento, digamos a la semana, para procesar cada uno de esos ítems. Siguiendo el modelo enseñado por Tiago Forte, y que sigue los principios del GTD (Getting Things Done, desarrollado por David Allen), podemos clasificar los ítems de esta manera:

  • Accionables: Si es una tarea que podemos hacer ahora, le asignamos una fecha en la agenda.
  • No accionables: 
  1. Si ya no es relevante, borramos la tarea de la lista.
  2. Si eventualmente la vamos a llevar a cabo, la agrupamos en la categoría de “algún día/a lo mejor” (“someday/maybe”).
  3. Si no es una tarea como tal, sino información que queremos conservar, la almacenamos como referencia.

No voy a entrar en detalle del método. Pueden consultar los enlaces que coloqué más arriba si les llama la atención. Quiero enfocarme en la importancia de hacer algo al respecto con toda esta información.

Les cuento. Yo probé el método antes mencionado. Ahora lo adapto a mis necesidades. Por ejemplo, mi inbox digital no está repleto de sueños y cosas por hacer algún día. Coloco solamente aquello que necesito vaciar y que abarca el corto o mediano plazo. La vida es ahora, así que no voy a pasar mi tiempo solo en sueños lejanos (a menos que pueda empezar a trabajar en ellos desde ya).

Mas sí reconozco la importancia de no dejar asuntos rondando en la cabeza. Estoy de acuerdo en que la mente procesa, no almacena. Para almacenar existen agendas físicas o digitales, un sin fin de aplicaciones y demás.

Entonces, ¿por qué es importante hacer algo con toda esta información? No es solo para permitirle al cerebro ocuparse de sus funciones, sino porque necesitamos cerrar ciclos.

Ciclos abiertos y que parecen nunca cerrarse son un peso muy grande para nuestra existencia. Además, es posible que a veces ni siquiera podamos redactarlos como tareas y tirarlas en el inbox o catalogarlas como “someday/maybe” y olvidarnos de ello. Por ende, deambulan de aquí para allá en la mente, un constante recordatorio, un constante ruido, una constante molestia. 

Si tenemos la práctica (a través de la meditación o mindfulness), podemos dejar esa nube pasar cada vez que se asome a nuestro cielo azul. ¿Y si no? A cerrar ciclos…

Puede tomar tiempo. Paciencia. Mientras logras cerrar ese asunto, sigue practicando la meditación para encontrar el balance y la paz en medio del alboroto y el caos. No dejes, sin embargo, de actuar. Si hay alguna tarea accionable que te permita acercarte a ese final de ciclo, hazla. Tú mismo te darás cuenta cuándo y cómo las piezas del rompecabezas van poco a poco calzando a medida que estás listo para ello, hasta que finalmente completas la imagen.

Procura no abrir muchos ciclos al mismo tiempo. No necesitas crear caos de más. Y si te sientes abrumado, respira. Tu cuerpo, mente y espíritu saben cuándo están listos para abordar el problema. Y una vez lo logres, purifica tu ambiente, agradece la experiencia y mueve las energías. 

Una vez cerrado un ciclo notarás la diferencia y te sentirás repotenciado para vivir una nueva etapa de tu vida. Te deseo así una vida llena de simplicidad, experiencia y armonía.

 

 

Dime quién te rodea y te diré a dónde llegas

Cada vez que conversamos con algún conocido sobre nuestros nuevos hábitos de salud, solemos recibir el mismo comentario: “Es que ustedes [mi esposo y yo] lo están haciendo juntos”. Algunos admiten entorpecer el camino del otro o consideran imposible que su pareja  pueda llegar a estar a bordo de su mismo tren.

Momento de confesión, tienen toda la razón. Si yo hubiera decidido por mi propia cuenta emprender estos cambios de tal magnitud, no hubiera durado ni un mes. El apoyo constante de mi esposo y en realidad apoyo mutuo nos ha permitido impulsarnos para saltar las olas. 

Cada uno tiene sus propios hábitos. Nuestros sistemas no se ven para nada igual. Sin embargo, cuando se han tratado de modificaciones a nuestros valores y pilares como la salud y demás proyectos de vida, hemos dado los pasos en familia. Juntos hemos armado un plan, una estrategia y una serie de experimentos para llevar esas actividades a cabo y lograr los cambios que hemos anhelado (y trabajado por años).

Dicho esto, hago un stop aquí. El hecho de que tu pareja no reme o quiera remar en tu misma dirección, no significa que tus sueños no puedan ocurrir. He visto parejas donde solo uno ha enfocado todos sus esfuerzos en cambiar su alimentación, incorporar ejercicios a su rutina e inclusive optar un estilo vegetariano/vegano, mientras que su acompañante es omnívoro, sedentario y demás.

Esto me lleva a sacar dos conclusiones:

 

  1. Cuando se quiere, se puede

Nadie dijo que lo bueno de esta vida caería del cielo. Si realmente necesitamos, anhelamos y soñamos con cada célula de nuestro cuerpo ese “algo” en particular, ten por seguro que no hay excusa que valga que te impida dar el primer paso, subir la cuesta, aguantar la gota gorda y conquistar la cima. ¿Tu pareja no está en la misma página? ¿No le interesan las mismas cosas que a ti? Si todos fuéramos iguales sería bien aburrido.

No uses a tu pareja como excusa. El único obstáculo en tu camino eres tú mismo. Quítate del camino y podrás ver con mayor claridad los pasos a tomar. Y si no, vaya a la óptica a reparar sus lentes. Como dice el refrán, “a ponerle el cascabel al gato”. Ya hemos hablado una y otra vez de cómo se consigue vivir de forma extraordinaria. 

 

“Si quieres vivir una vida excepcional y extraordinaria, tienes que dejar atrás muchas de las cosas que forman parte de una vida normal” – (Srinivas Rao)

 

  1. Necesitamos una red de apoyo

Tampoco somos ni Supermán ni Mujer Maravilla. No creas que vengo a decirte, amigo estás solo en el mundo, salga adelante no más. Pregúntale a los personajes que admiras y de seguro te dirán (o cuando han sido entrevistados) que nada se logra solo o completamente solo. 

Tú haces el trabajo. Mas, siempre hay así sea una mascota para apoyarte y acompañarte en el recorrido. Si no es tu pareja, estoy segura que puedes encontrar algún amigo, conocido, compañero de trabajo, familiar, fundación o grupo que te brinde el apoyo y aliento que eventualmente necesitarás.  

Y en esta misma onda de apoyo y compañía, espero puedan aprovechar de estas Navidades para compartir, celebrar, reír y pasarla en grande con sus seres queridos y amistades.

Keep walking…