Mi plan para conseguir tranquilidad a pesar de la crisis

Vivimos momentos tensos. Como seres humanos no lidiamos bien con la incertidumbre. Nos encanta tener el control de las cosas. Mas, el control es fugaz, ilusorio. 

La semana pasada les envié un recordatorio y un llamado a concentrarnos en aquello que sí podemos controlar y hacer. Esta semana quiero contarles mi plan para disfrutar y vivir esta nueva normalidad de la mejor manera posible.

Para quienes me conocen, saben que me encanta el orden. Me encanta tenerlo todo planificado, al menos lo que se puede. Así que he decidido utilizar estas capacidades para sobrellevar la crisis. Y más que sobrellevar, es poder concentrarme en mis actividades y no solo en el coronavirus.

Mi plan para aislarme un poco de la crisis

Antes que nada, no estoy haciendo un llamado a tomarse la crisis como un chiste. Sin embargo, y dado que esto va a durar meses, es necesario tener límites y espacios de tranquilidad o más que enfermarnos físicamente, nos vamos a enfermar mentalmente. Mi plan consiste en cuatro fases. Lo he imaginado de esta forma. Cada fase es como una mancuerna que llevo en la mano. Con cada fase que culmino, suelto esa mancuerna, y con ella el peso que acarreaba. Es una metáfora, y les recomiendo visualizarlo, para aliviarnos de la preocupación constante por esta pandemia.

A lo mejor la planificación no es tu fuerte. Y por eso el mensaje no es a seguir mis fases. La idea es que cada uno idee un mecanismo para lidiar con sus demonios internos y externos, y así conseguir un poco de paz y espacio mental. Como ya dije, en mi caso, planificar me tranquiliza.

Fase 1: Preparación

Esta fase consiste en abastecerme de lo necesario para quedarme en casa tranquila. Esto incluye comida, medicamentos, productos de higiene y aseo y todo lo que necesite para trabajar, ejercitarme y llevarme todas “mis rutinas” (en la medida de lo posible) a la casa.

Como siempre, seamos prudentes para no desabastecer. Es preparación, no compras de pánico.

Fase 2: Limpieza y desinfección

La limpieza no es una actividad desconocida para nadie. Sin embargo, dadas las recomendaciones de la OMS y otros expertos, es posible que requiramos hacer ajustes a nuestra limpieza, y en especial, a la desinfección.

En mi caso, necesitaba sentir que la casa estaba preparada y que podía tocar con confianza las superficies. No se trataba de perfección, sino de hacer lo que estaba a mi alcance para prevenir que este virus llegara a nuestra familia. Por eso, aproveché para limpiar eso que a uno se le olvida o que no limpia con mucha frecuencia, como cojines, cortinas, manillas, etc. Así, la semana pasada emprendí una labor de tres días para llevar esta fase con mayor profundidad.

Una vez preparada la casa para el aislamiento, ¿qué viene?

Fase 3: Sistema fluido

Mi trabajo siempre ha sido desde casa. Sin embargo, eso no significa que puedo estar dedicando tres días todas las semanas solo a limpiar y desinfectar. Además, no se imaginan el cansancio físico y mental que eso implica. De hecho, lo que todos necesitamos, es que nuestro sistema no se colapse por estas circunstancias.

Por eso, he diseñado un sistema, aun está en etapa de experimentación, que permita incorporar nuevas tareas (tareas que no hacíamos o que nos toca retomar), sin abandonar nuestras rutinas previas ni generar caos.

No sé ustedes, pero cada vez que leía “desinfecte con frecuencia”, me preguntaba, qué significa “frecuencia”. No encontré una respuesta clara, pero en una oportunidad leí algo como “ojalá y pueda desinfectar tal cosa varias veces al día” (cara de shock). Ideen un sistema que consideren prudente y sostenible, esto último es muy importante. 

Mis sistemas matutino, de trabajo y nocturno siguen en pie. Esto incluye actividades desde meditación, trabajo, hasta ejercicios. Tenemos dos tareas “nuevas”: cocinar y desinfectar. Estamos trabajando en un calendario para probar en qué momento se nos acomoda más cocinar. Y en cuanto a la otra tarea, coloqué notas por cada área de la casa para no olvidar ni pensar en qué es lo que tenemos que desinfectar.

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Nuestro cerebro es una herramienta de procesamiento de información no de almacenamiento de datos. Si establezco que los lunes y viernes voy a limpiar, es más liberador (al menos para mí) darle check a la lista de superficies a desinfectar, que cada vez empezar por recordar qué toco de forma frecuente. Es un paso que le quito a mi cadena de procesamiento mental.

El título de esta fase lo dice todo. Un sistema permite darle fluidez a las tareas y actividades. Es hacerlas hábito. Tiene que hacerte sentido. Tiene que ajustarse a tus tiempos y necesidades. De esta manera, podrás garantizar que el proceso ocurra y que no se convierta en obstáculo o ruido.

Fase 4: Esperar con paciencia y presencia

No estamos en cuarentena, sino aislamiento voluntario. Al momento de esta publicación llevaremos siete días de distanciamiento. Mientras esperamos los 14 días oficiales, esperando que no presentemos ningún síntoma, queda tener paciencia. Y más que esperar, es vivir. Frente al miedo de contagio, toca aprovechar cada día que seguimos sanos. ¿Cómo? Volviendo al presente cada vez que nuestra mente se quede ansiosa o estancada en noticias, miedos y preocupaciones. Aquí les dejo un método que compartió la escritora Elizabeth Gilbert en su Instagram (en inglés):

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Nombra:

  • 5 cosas que puedes ver en este momento
  • 4 cosas que puedes escuchar
  • 3 cosas que puedes sentir
  • 2 cosas que puedes oler y
  • 1 cosa que puedes saborear

Mantén la calma. Permanece en tu ahora. Quédate en casa y cuídate. Pronto saldremos de esta.

Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

Un encuentro contigo mismo

¿Cuántos minutos te regalas en el día? Bañarme es uno de mis momentos sagrados, por ejemplo. Ahora bien, mientras decidía qué compartirles esta semana, tuve esta idea. Tengo un documento que llamo “Free”. En esos momentos en los que no sé qué escribir o no tengo un género de preferencia, abro ese documento y literalmente escupo lo que se me ocurra (disculpen la expresión). Es un espacio donde escribo sin cesar, sin lineamientos, sin reglas, sin atención a la ortografía o convenciones, sin juicios ni prejuicios y por lo general sin sentido. Es un espacio donde puedo ser yo misma. No hay fechas tope, ni títulos, solo mis dedos paseándose sobre el teclado. Es un momento casi poético.  

Así que pensé, ¿tienes un espacio que te permita ser tú mismo? ¿Tienes un momento del día o una actividad que te permita perderte, olvidarte del mundo exterior y conectarte contigo mismo?

Es tan fácil perderse. Es tan difícil reconectarse con la rutina a veces. Tienes ideas y no las tienes. Una maraña de pensamientos, un deseo de decirle sí a la flojera por siempre. Por qué salir de tu zona de comfort si es tan cómoda. Por qué levantarte todos los días, como dicen a algunos, a luchar con tus demonios internos una y otra vez. Sería mucho más fácil dejarlos vencer.

¿Luego qué? La vida deja de tener mucho sentido. Dejas atrás todo lo que valorabas (porque usualmente lo que valoras es lo que cuesta trabajo). Aparecen de nuevo las quejas porque tu día a día se ha vuelto monótono.

Un encuentro contigo mismo… esa es mi sugerencia. Déjate sentir la confusión. Pídele 5 minutos libres a tu flojera. Olvídate del resto y entrégate a tu encuentro. Después de un rato, comienza a aparecer la claridad, las ideas. Supongo que es como despejar un chakra bloqueado. Déjate llevar por el momento. Conquista esta pequeña batalla y mañana es posible que se te haga más fácil o necesario conquistar la batalla de ese nuevo día.

¿Sabes comunicar tus necesidades sin pelear?

Hasta el día de hoy, el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” es muy popular. Y más allá de las soluciones que plantea, el aspecto fundamental es que hombres y mujeres son distintos en su manera de abordar todo. Más aun, cada hombre y cada mujer son diferentes. 

Cada uno de nosotros tiene su manera de limpiar, ordenar, trabajar, organizarse, priorizar y enfrentar cada actividad o desafío. En nuestra mente, solidificamos nuestros métodos como eficientes y efectivos. En muchas oportunidades, inclusive los calificamos de acertados. Y si bien sabemos que hay muchas formas de llegar a Roma, nos gusta la nuestra, la recomendamos y la consideramos como LA manera.

Nos encerramos tanto en ESA manera, que asumimos que lo que es obvio para uno es obvio para otro. No entendemos por qué el otro no hizo las cosas como ERAN o por qué no obtuvimos el resultado deseado cuando fue OTRO quien se encargó de esa actividad. 

Nos molestamos porque quedó tirada la ropa en otro lugar al destinado para ello. Nos frustramos cuando nos toca HACER o CORREGIR la tarea del otro. ¡Por qué es tan difícil que entienda que esto SE HACE ASÍ!

Luego, conversas y recuerdas que tu mundo mental es Marte y el mundo del otro es Venus. Tú comunicas una idea y el otro la procesa e interpreta de otra. Es como jugar al telefonito. El mensaje pasa de persona a persona hasta que la última repite la frase que se le comunicó y resulta ser algo completamente distinto a la frase original.

Tal parece que la solución tiene que ver con mejorar la comunicación. Y sin embargo, es posible que se sienten a conversar las diferencias, y el ego y el control se apoderen de ti y no consigas nada. Por eso, hoy te presento un método para aliviar las tensiones y aprender a comunicar tus necesidades de forma no violenta.

 

La comunicación no violenta

“Es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí (y también cada uno consigo mismo) con empatía y eficacia. 

Enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones, sentimientos, ‘necesidades’ (deseos-metas) y peticiones a los demás (o a uno mismo) de un modo que evite el lenguaje evaluativo que etiquete o defina a los interlocutores o a terceros” (Elia Roca).

En otras palabras, este método busca generar un lenguaje sano y compasivo, una comunicación clara y un alivio para las frustraciones. Consta de cuatro pasos que exploraremos a continuación.

 

Los 4 pasos de la comunicación no violenta

  1. ¿Qué observas?

Anota alguna situación que te haya incomodado o que quieras mejorar. Y cuando te sientes a conversar, descríbele a la otra persona el hecho que observaste, sin incluir sentimientos ni opiniones. 

Por ejemplo: El otro día noté que al llegar del trabajo, te quitaste los zapatos, los dejaste en la sala y siguieron allí cuando nos fuimos a dormir.

  1. ¿Cómo te sientes?

Ahora, explora cómo te sentiste cuando ese hecho que observaste ocurrió. 

Por ejemplo: Me sentí frustrada por asumir tareas del hogar que no me corresponden, como fue recoger tus cosas a la mañana siguiente.

  1. ¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas para no sentirte de la manera en que lo expresaste en el paso anterior? Comunícaselo a la otra persona a continuación.

Por ejemplo: Necesito aligerar mi carga del hogar y saber que puedo confiar en que compartirás conmigo y cumplirás tu parte en dichas tareas.

  1. ¿Cuál es tu pedido?

La parte final de la comunicación no violenta implica hacerle un pedido a la otra persona, una especie de solución a tu problema. No obstante, es un pedido, no una orden. La otra persona puede tomarla, rechazarla o plantear otra cosa.

Por ejemplo: Te pido que por favor tengas más conciencia de dónde pones tus cosas. Así, al llegar a casa, si te vas a cambiar de ropa o quitarte los zapatos, guardes todo o lo dejes en el cuarto (en lugar de regadas por la casa).


 

Estos cuatro pasos son bastante simples. Sin embargo, la comunicación no violenta requiere práctica. No te desalientes si no sale muy bien a la primera. Estamos acostumbrados y programados a comunicarnos de una cierta forma. Toca reprogramarnos para respetar cada paso y ser efectivo, claro y respetuoso en lo que planteamos y cómo.

Prueba este método y cuéntanos qué te parece.

Busca siempre evolucionar

¿De qué vale vivir tantos años sin evolución? A veces me da risa cómo personas que te conocen desde pequeña tienen ciertas reservas de en quién te has convertido décadas más tarde.

No te han dicho cosas como, “¿tú practicas ______ deporte? No te imagino”. “¿Tú, de mochilera?”. Estoy segura que su confusión y sorpresa no vienen de un mal lugar. ¿Se imaginan pensar igual que hace 30 años? ¿Se imaginan vestir igual que hace 30 años? 

Así como las modas cambian, nosotros también. Y en mi opinión, no solo está bien, sino que ojalá sea obligatorio. 

Así como cuando eres niño y te dicen, cuando seas adulto lo entenderás. Espero que hayas entendido más de una cosa y que te hayas formulado nuevas preguntas y contemplado nuevas perspectivas.

Así como el mundo está en constante cambio y movimiento, nosotros también. ¿Sabías que todas tus células se renuevan cada siete años? Es decir, cada 7 años tienes un cuerpo completamente distinto. Evolución.

¿Tenías años queriendo hacer alguna actividad que no te atrevías porque no era “muy tú”? Pues bien por ti que lo has intentado.

¿Tenías un look de hace más de 30 años y decidiste modernizarlo a ver qué tal? Bien por ti, el cambio siempre trae frescura.

¿Querías hacerte un tatuaje, pero hace muchos años lo considerabas tabú y algo propio de perdedores y desadaptados sociales? Qué buena noticia que tu mente ha explorado nuevos caminos y se ha abierto a la tolerancia.

¿Aun crees en filosofías, cuentos y valores de cuando eras chico? Bien por ti también, si no te has mantenido ciego a tus creencias, sino consciente de lo que crees y por qué.

Así como comentábamos que el cambio ocurre de forma constante, en todo momento, no se puede controlar y a veces ni nos damos cuenta que ocurre, otras veces lo buscamos y propiciamos. ¿Por qué? Porque nos renueva, nos enseña cosas nuevas, nos supera y nos energiza. Además, ¿a quién no le gusta una aventura (por más grande o pequeña que sea)?

¿Has propiciado algún cambio en tu vida de forma reciente? ¿Cuáles han sido sus beneficios? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Cultiva la simplicidad y disfruta sus beneficios

He declarado esta semana como mi verdadero inicio de año. Y con todo inicio de año, hay una reflexión detrás. Más allá de lo que me enseñó el 2019, tal parece que ya el 2020 viene cargado de mucho más aprendizaje. Y hoy, precisamente, quiero compartirles dos grandes lecciones.

Todo este blog nació de la idea de encontrar la plenitud. Poco a poco esa plenitud se transformó en el concepto de vida extraordinaria. Y mientras, en el camino experimentamos muchas cosas. Subimos y bajamos. Nos cansamos y continuamos. Sin embargo, siempre hay una constante. Cómo hacer más fácil las cosas. Experimentamos con hábitos, con filosofías y valores.

Y, ¿por qué más fácil? No sugiero buscar atajos. Mas, he descubierto la belleza en lo simple. Cuando logramos esa sencillez, las cosas fluyen y es más fácil seguir esa corriente de aire fresco.

 

¿Cómo seguir cultivando la simplicidad en tu vida?

Conoces lo obvio: decluttering. Aquí te dejo varios posts que he escrito al respecto por si deseas refrescar la memoria.

Una vez que tus espacios y posesiones están ordenadas, tu trabajo está sistematizado y priorizado y haz encontrado cierto balance en tus actividades, puedes agregar estas dos cosas a tu lista:

  1. Pedir ayuda: 

Apaño los experimentos. No obstante, a veces, necesitamos soluciones externas para ayudarnos a sacar ese tema que venimos trabajando durante mucho tiempo y que sigue generando ruido y peso en el día a día.

Por ejemplo, mi esposo y yo venimos trabajando en nuestra nutrición desde hace un par de años. Una vez que logramos ajustar la dieta, comenzamos a experimentar con su preparación. Finalmente, encontramos los días que mejor se nos daban para cocinar. Con el tiempo y la práctica, habíamos logrado disminuir las horas que nos llevaba tener todo listo. Luego, venían semanas de caos y lo primero que se afectaba era todo este proceso de cocina. Era un tema que a pesar que podía fluir nos generaba peso. Dado que nuestra prioridad es la salud y el cuidado personal, decidimos buscar una solución externa. Contratamos un servicio que nos manda una persona de la tercera edad (y así además contribuimos a su inserción laboral) y nos cocina por el número de horas requeridas. Adiós carga mental y adiós descuido en tiempos de caos y no caos. Y gracias a eso, además, ahorramos tiempo, una de nuestras prioridades para este año 2020.

En tu caso, esa tarea punzante puede ser la limpieza, el traslado hacia el gimnasio, tu mascota, lo que sea. Solo considera lo siguiente. El tiempo que pasó no se puede recuperar. El dinero va y viene. No siempre se trata de ahorrar dinero, si no a veces es mejor ahorrar tiempo porque eso va a agregar a tu calidad de vida y tranquilidad.

Y dependiendo de la tarea, a lo mejor no es inversión tu solución, sino la mano de un amigo, etc. Pide ayuda cuando reconozcas que tus intentos de solución, si bien te han ayudado a avanzar, aun no te permiten cerrar ese tema.

  1. Pequeños placeres de la vida:

Ya mencionaba algunos ejemplos en un post reciente (caminar descalzo en casa). Pero creo que este poema, “Instantes”, atribuido a Jorge Luis Borges, resume mi idea: 

 

Si pudiera vivir nuevamente mi vida, 

en la próxima trataría de cometer más errores. 

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. 

Sería más tonto de lo que he sido, 

de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. 

Sería menos higiénico. 

Correría más riesgos, 

haría más viajes, 

contemplaría más atardeceres, 

subiría más montañas, nadaría más ríos. 

Iría a más lugares adonde nunca he ido, 

comería más helados y menos habas, 

tendría más problemas reales y menos imaginarios. 

Yo fui una de esas personas que vivió sensata 

y prolíficamente cada minuto de su vida; 

claro que tuve momentos de alegría. 

Pero si pudiera volver atrás trataría 

de tener solamente buenos momentos. 

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, 

solo de momentos; no te pierdas el ahora. 

Yo era uno de esos que nunca 

iban a ninguna parte sin un termómetro, 

una bolsa de agua caliente, 

un paraguas y un paracaídas; 

si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano. 

Si pudiera volver a vivir 

comenzaría a andar descalzo a principios 

de la primavera 

y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. 

Daría más vueltas en calesita, 

contemplaría más amaneceres, 

y jugaría con más niños, 

si tuviera otra vez vida por delante. 

Pero ya ven, tengo 85 años… 

y sé que me estoy muriendo.

No tengas miedo de hacer el ridículo. Vive la vida con menos seriedad, y sobre todo, diviértete.

Viejo año, nuevo año: lecciones del 2019

Estoy segura que el 2019 te dio muchas bendiciones. Es muy probable que hayas cometido varios errores. Entre éxitos y fracasos, nuestras experiencias de vida, siempre hay lecciones. Hoy te comparto lo que el año 2019 me enseñó.

 

Lecciones del 2019

  1. La vida de a dos es más bonita

Creo que fue Arnold Schwarzenegger quien dijo que no podías alcanzar el éxito solo. Ya sea tu pareja, algún amigo o familiar, cuando tienes una red de apoyo, el trabajo es más fácil. Y no solo apoyo, sino que ojalá tengas la oportunidad de trabajar en equipo con alguien cercano, con quien puedas tener proyectos y sueños en común. Trabajando juntos, el caos se hace más llevadero, las tareas difíciles se resuelven de forma más rápida y las cosas avanzan.

  1. El cambio no conoce la luz roja

El cambio ocurre de forma constante, a cada rato. Casi nunca nos damos cuenta de ello. Desde algo tan simple como estás sentado y ahora estás de pie, cambio. Trata de darte cuenta cada vez que te sientes y te pares. Lo hacemos de forma tan natural que no notamos el cambio.

Sin embargo, cuando el cambio se manifiesta como un tsunami, ahí sí que lo notamos. Nos genera ansiedad, estrés, incertidumbre, inquietud y preocupación. 

Sea pequeño o grande, el punto es que el cambio siempre está presente a tu alrededor. No tienes el poder de controlarlo ni moldearlo a tu gusto. Déjalo ser. Aprende a manejarlo sin que te oprima. No nos queda otra que nadar con la corriente y ser meros observadores del cambio. Mientras más lo observes, sin juzgar ni querer controlar, menor será su intensidad y su influencia sobre tus pensamientos y emociones.

  1. El cuidado personal es clave

Cuidado personal empieza desde quitarte la pijama y arreglarte para empezar tu día hasta estar en un ambiente limpio y ordenado que te inspire, relaje y exprese tu creatividad.

El cuidado personal es la clave para tu salud. 

  • Aliméntate bien y haz ejercicios para cuidar de tu cuerpo. 
  • Hidrátate.
  • Mantén la casa limpia para alejar bacterias de tu hogar (tu cuerpo). 
  • Medita para despejar tu mente y calmar la ansiedad y el estrés.
  • Ordena tus espacios para mayor paz mental.
  • Incorpora cualquier práctica que te ayude a reflexionar y agradecer. Puede ser un diario o yoga.
  • Conéctate con la abundancia.
  • Sé un observador de los eventos. Te ayudará a vivir en el presente, a evitar el juicio y a alejarte de la idea de control.
  1. Sé como un niño

Camina en casa descalzo. Contempla el cielo y las estrellas. Atrévete a jugar y hacer el ridículo. Suéltate y simplemente diviértete.

  1. Vive con coraje

Los sueños no se logran solos. Las tareas no se completan por arte de magia. Para llegar a cualquier lugar, hay que caminar. Vive tu vida con coraje. Atrévete a soñar y conquistar tu vida extraordinaria. 

De nuestros archivos: 4 tips para que tu regreso de vacaciones no sea tan doloroso

¡A quién no le gusta tomarse unas vacaciones, y si podemos irnos de viaje mejor! ¿Cierto? En un post anterior, hablamos de la importancia de tomarse un break. Y no solo eso, discutimos los beneficios que nos aportan las vacaciones.

Si no eres un madrugador, estarás de acuerdo conmigo de que levantarse temprano es a veces muy difícil. Sin embargo, como siempre he dicho, no hay madrugada que valga más la pena si es para ir al aeropuerto. En ese instante, uno es capaz de dormir solo un par de horas, esperar unas cuantas más para abordar el avión y todos esos pequeños ‘sacrificios’ a la hora de viajar. 

Durante una, dos, tres semanas o el tiempo que hayas programado, te olvidas del trabajo, de las responsabilidades, de los quehaceres y te dedicas a disfrutar. Puede que te toque levantarte temprano para agarrar un tour. Puede que más bien hayas decidido tomarte las vacaciones con calma y lo que quieras sea echarte en una playa todo el día.

Y de repente, se te acabaron los días de relax. Ya toca volver a hacer las maletas para regresar a casa. No te quieres ir, pero no te queda de otra. Aunque, no sé si te pasa, pero a veces cuando te das cuenta de que ese retorno es inevitable, te inunda una sensación de ‘qué rico es volver a casa’. Por más que sea, la estabilidad y lo conocido también tienen sus beneficios. 

En fin, regresaste de tu viaje y el lunes retomas tu trabajo. ¡Uy, por qué, dirás tú! Suena el despertador y postergas el levantarte 5 minutos y 5 más y 10 más, hasta que o te paras o llegarás tarde. Te sientas en tu puesto de trabajo y te quedas mirando la pantalla. Tienes sueño, tu cabeza se quedó en la playa. Comienzas a revisar tus correos y empiezas a experimentar ese estrés y sensación abrumadora por todo lo que está pendiente.

Tú sabes cómo continúa la historia. Tal vez después de unos días o semanas todo volverá a su ritmo normal. Sin embargo, tal pareciera que al menos esos primeros días son todo un sufrimiento. ¿Será que se puede hacer algo para que el regreso de vacaciones no sea tan dramático y difícil?

Aquí te comparto algunos tips para que puedas despejar esa nube de tensión de vuelta al trabajo.

  1. Tómate unos minutos para clarificar

Una de las cosas que me ayuda a retomar mis actividades es tomarme un tiempo para reflexionar antes de empezar cualquier otra cosa. Como he dicho, es normal que al llegar de vacaciones se nos hayan acumulado tareas, correos, papeleo, trámites y demás. Y es natural que por un lado, sientas la necesidad de atacar todo. Y por el otro, no tengas ganas de hacerlo. No te dejes llevar por esa sensación abrumadora de cómo empiezo siquiera a manejar todas estas cosas. A mí me ayuda escribir. Me dedico a pensar cuáles son las tareas o actividades clave que quiero o necesito abordar en ese primer día y así sucesivamente con el resto de los días. No tienes por qué resolver todo el lunes. Y dudo que alguien espere de ti que así sea. Así que date el espacio y el tiempo para aclarar qué necesitas resolver hoy y qué puede esperar a otros días de la semana o inclusive a la semana siguiente. 

Te doy un ejemplo. Independientemente de todos los pendientes, sé que hay tres cosas importantes en mi día: escribir, investigar y leer. El resto puede esperar. Una vez que recuerdo eso y me enfoco en esas tres cosas, el ruido mental comienza a disminuir. Es increíble cómo luego inclusive me siento más calmada para abordar el resto de las cosas. Una vez que decides en qué concentrar tus energías, tus niveles de ansiedad disminuyen, dándote el espacio mental para abordar y programar tu agenda sin tanto estrés.

En esta misma línea, Raschelle Isip recomienda que ordenes tu espacio de trabajo. Es decir, no dejes todo el papeleo para después. Clasifica el material para que sepas de qué se trata y puedas procesarlo a medida que lo determines conveniente. Bota el correo que no te sirva y prepara tu escritorio para empezar el trabajo.

  1. Prioriza y obsesiónate

Tal como lo recomienda Morten Hansen, autor de “Great at Work“, haz menos y obsesiónate. ¿Ya determinaste las actividades más importantes para este día? Bueno, entonces elige la prioritaria y ponte a trabajar en ella, y solo en ella. 

En otra oportunidad, les compartí una herramienta que utilizo para priorizar el trabajo. Me refiero a PomoDone. No solo te permite evitar el multitasking y las distracciones, sino que también pones en práctica la técnica del pomodoro. Esta técnica ayuda a mejorar tu productividad y concentración.

(Si quieres saber más, no dejes de leer “Cómo ayudarnos a priorizar el trabajo”).

  1. Tómate las cosas con calma

Tomo prestado este tip de Raschelle Isip nuevamente. Los primeros días o semanas vas a estar atravesando un período de transición. Poco a poco irás recobrando las fuerzas. Poco a poco se te irá haciendo más fácil practicar tus hábitos. Con el tiempo, tu trabajo volverá a su ritmo natural. Dicho esto, tómate las cosas con calma. Con esto no quiero decir que no trabajes, que flojees ni nada por el estilo. Lo que quiero decir es que seas flexible. No pretendas resolver todo en un día. No te sobrecargues de trabajo por el tiempo que estuviste fuera. Tal como dije en el tip anterior, haz una cosa a la vez y poco a poco todo irá saliendo. No te martirices si no avanzas con la rapidez usual. Recuerda, más allá de cuánto progresas lo importante es progresar, es decir, show up.

  1. Programa días de descanso dentro de tus vacaciones

No todos los planes de vacaciones son iguales. Hay veces que planificamos vacaciones muy activas y otras que solo son de relajación. Independientemente de tu plan para tus vacaciones, planifica unos días al final para descansar del ajetreo de los tours y del corre corre. 

Las vacaciones son para conocer, para despejarse, para divertirse, pero también para descansar. No vale de mucho si llegas al trabajo más cansado de como te fuiste. Así que si algo he aprendido a lo largo de nuestros viajes, es que es necesario contar con un tiempo o unos días de margen. Primero, se evita el estar corriendo de un lugar a otro para alcanzar ver todo lo que tenías planificado. Y segundo, logras un mejor balance entre conocer y descansar. 

También, como señala Laura Vanderkam en su artículo “How to Come Back to Work After a Vacation Without Being Miserable”, prefiere el llegar un sábado que un domingo. Así, tendrás tiempo para reponer energías del viaje y organizar tus actividades antes del regreso al trabajo.

¿Atascado? Cambia

Sé que les prometí explorar más el tema de la dependencia en otros. Y no crean que no lo discutiremos más a fondo. Sin embargo, no pude evitar crear esta pieza primero.

Verás, los sistemas funcionan de maravilla. La sensación de terminar un día productivo es maravillosa. Mas, a veces uno se cansa. Es inevitable. Por algo uno se toma vacaciones, pausas, breaks, etc. Y por algo a veces uno busca cambiar un poco la rutina, hacer cosas distintas, inclusive pequeños cambios.

Esta semana mi cuerpo estaba un poco cansado. Tenía muchos días sin leer. Y de repente, eran muy grandes las ganas de quedarme todo un día solo leyendo. No me venía mal ponerme al día, igual. Y así lo hice. Pero, ¿sabes? A veces hay algunos libros, buenos o no tan buenos, que te atrapan en el sentido de que necesitas terminarlos pronto o no podrás hacer mucho más con tu día. Y así, me quedé un segundo día leyendo el siguiente y último libro de una saga. Necesitaba quitármelos de la cabeza.

No obstante, eso significó que todas mis demás actividades se vieron afectadas, inclusive el entrenamiento. Ahora estoy aquí, intentando ponerme al día con todo, como quien dice cumplir. 

Cuando quiebras tu sistema, en especial si está vulnerable, cuesta más retomar. Esas ganas de vacaciones se apoderan de ti. Sabes que no te provoca ni te sentirás mejor con pasar todo un día frente al televisor (aun cuando crees que eso es lo que quieres hacer). Quieres ponerte activo. Quieres empezar, ponerte manos a la obra. Pero, tu mente está un poco dormida.

Si estás atascado, cambia. 

Me encanta leer. A veces no puedo parar. Y otras veces me estanco. Los libros que tengo por leer son interesantes, pero por alguna razón no me enganchan, no me motivan a tomarlos y sentarme a leerlos. Cuando esto me pasa, busco novelas románticas ligeras. Ya sé que ellas me devuelven esa pasión y esas ganas por leer. 

Cuando estás estancado, cambia.

Hoy, estuve a punto de irme a un café para “obligarme” a trabajar; mejor pongámoslo como incrementar mis probabilidades de un día productivo. Mi flojera me estaba venciendo. Así que busqué la manera de igual generar un cambio, ese algo que me impulsara a show up. Y aquí estoy. Mi oficina bien gracias, pero hoy, la mudé a la terraza. Se van a reír, pero hasta la vela de mi ritual me traje. Pensé que se iba a apagar con el viento o que con la brisa, el aroma se perdería. Pues no. De vez en cuando me llegan unas ráfagas de vainilla, me encanta.

En fin, al sentarme en la terraza a escribir me di cuenta de algo. ¡Cómo extrañaba mirar el paisaje y en especial la gente en su día a día! Como ya mi escritorio no queda frente a una ventana, me he adaptado a ver la pared. Pero esto es lo que trae el cambio, nuevas perspectivas, nuevos comienzos, pequeños detalles que pueden inspirar un post, un hobby, un sueño, un lo que sea. 

Mientras practicaba mi ritual sensorial, no pude evitar sonreír cuando veía gente en otros departamentos haciendo sus cosas. Y así como yo los veo a ellos, supongo que habrá otros que me ven a mí. ¡Qué habrán pensado viéndome sola en una terraza sonriéndole al espacio! 

Ese señor regando sus plantas en su terraza; otro conversando por teléfono y moviéndose de aquí para allá dentro de su apartamento; un olor a papas fritas, que honestamente a estas horas de la mañana no sé de dónde habrá venido; gente paseando perros; señoras limpiando…

Cuando estás estancado, cambia.

¿Quieres leer pero no te provoca agarrar un libro? Encuentra un género ligero que te ayude a dar el primer paso. 

¿Te cuesta trabajar? Cambia de ambiente. Una nueva vista puede servir de inspiración. Estar lejos de las cosas que te frenan (una cama tentadora, la comodidad de tu hogar, un ambiente soso, etc.) pueden mejorar tus chances de obrar. 

¿Cansado de tus cuatro paredes? Tal vez un toque de decoración, una foto, pintar una pared, agregar plantas, pueden hacer de tu ambiente un lugar más acogedor, creativo e inspirador.

Por ahí me dijeron que a veces estos posts son muy largos y da pereza leerlos enteros, así que aquí me detengo. Creo que entendieron la idea. 

Si estás cansado, si todo lo ves igual, si estás atascado en la rutina, cambia. Ya ves que no se necesitan de cambios masivos. Los pequeños cambios también pueden hacer una gran diferencia.

¡Llegó la primavera!

En esta parte del hemisferio, ha llegado la primavera. Por ende, pensé que esta semana podríamos celebrar con este post una de las estaciones más bonitas del año.

La primavera trae consigo color. Aquí el clima no es tan definido. Igual a veces hace frío. El sol sale, pero la brisa resulta engañosa de vez en cuando. Mas, lo importante en realidad es precisamente lo primero que mencioné, el color. Y con el color, viene el olor. Cantidad de flores abriéndose. Árboles cubriéndose de verde. No más ramitas desnudas. No más grises y pálidos marrones. Y luego de todo este renacer, viene el calor de verano, que si bien para muchos es demasiado, son solo tres meses al año que podemos deshacernos de todo tipo de abrigo.

El cambio se siente en el ambiente. Aun cuando te guste más el frío, no puedes negar que la primavera trae esperanza, emoción, positivismo. Es como si nuestro cuerpo renaciera junto al paisaje. Así que llenémonos de buena actitud. Permitámonos florecer. Es tiempo de limpieza, de nuevos proyectos y aventuras. Es tiempo de volver a lo simple. Y no hay mejor época del año que esta para recordarnos la belleza de los detalles. 

Los dejo con esta pequeña oda a la primavera, que escribí hace ya unos cuantos años atrás.

 

PENSAMIENTOS MATUTINOS

Llegó la primavera, 

luz y color irradian por doquier, 

solo hay vida y júbilo al amanecer.

 

I

Dulce mañana

que alegra mi estancia,

hoy me levanto

y la brisa me abraza.

Puedo sentir mis manos

contemplando en su regazo,

lo que la naturaleza me trae

cosechado en su espacio.

II

Abro los ojos

y la belleza me absorbe,

sonrío

y la alegría me absorta,

respiro y los lirios me adornan

con sus dulces colores

y gratos olores.

III

Hoy es un día

de júbilo y gloria,

pues la mañana triunfante

dice sí a la hora.

Me levanto

y las energías me agobian,

mi cuerpo se estremece

entre tanta luz y el bello azul.

Mi mente se despeja

entre el mundo de ensueño,

que hoy se me presenta

como una realidad a la espera.

IV

Siento que no falta nada,

solo mis pies y su calzada.

Ya empiezo a caminar

y no hay barrera que me detendrá.

Es hoy y no mañana

cuando mi futuro he de hallar.

Ya en mis planes he de actuar.

Veo las semillas, veo los logros,

veo la grata sonrisa del antojo.

Pero más allá de eso,

veo la luz al final de la sombra.

V

La vida es una sola,

a veces larga, a veces corta,

pero no hay duda que una sola.

En planes se nos va,

así que hoy en acciones comenzará.

La diversión,

su principal herramienta será,

pues la enseñanza

también habrá de encontrar.

La sabiduría su paso marcará,

y la dirección correcta ha de tomar.

VI

De la mano del amigo

siempre andará,

y no falta Dios

que su luz iluminará.

Las estrellas de gozo

la noche llenarán,

pues los pensamientos mañaneros

no han de acabar,

cuando suene el reloj

marcando las dos.

VII

Pensar y pensar

también cesará,

pues los planes hechos

de ellos están.

Así que de hoy en adelante,

solo júbilo y paz,

ninguna tristeza se presenciará,

porque aun en los malos momentos

la lucha vencerá.

VIII

A veces se gana

y otras se pierde,

pero siempre la perseverancia

enciende su fuerte.

Planes y planes

hoy marcharán

por el camino del qué harán,

para el hacer gobernar.

Hoy las palabras

cobran sentido,

sentido de vida,

de luz y regocijo.

IX

Hoy es un día colorido,

de pájaros cantando al ritmo de su himno.

Hoy es el día

en que los sonidos cobran sentido,

y los colores su giro.

Hoy es el día

para decirte a ti mismo,

es esto y no aquello

lo que de mi vida yo quiero.

Fragmento de la colección “Pensamientos” (2013)