Practica lo que predicas: mi balance

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A lo largo de este blog, he publicado un sin fin de experimentos con el objetivo de ir encontrando esos hábitos, estrategias e instancias dignas de conservar. Sin embargo, en muy pocas ocasiones les he contado qué ha pasado con ellos luego de un tiempo. Así que dado que no me gusta predicar sin practicar lo que predico, hoy les traigo un balance de los experimentos más relevantes.

 

Experimento 1: sistemas vs. metas

Hace varios meses e inspirada por Stephen King, decidí optar por escribir 500 palabras al día, lo que para muchos puede sonar como una meta. Si tienen tiempo leyéndome, sabrán que no suelo enfocarme en el avance cuantitativo, sino en buscar la constancia. 

Al menos para el proyecto de escritura que tenía en manos, forzarme a escribir esa cantidad de palabras me ayudó a avanzar y a culminar esa fase del trabajo. Con el tiempo, sin embargo, es decir, cuando escribo por escribir sin ningún proyecto en mente, las 500 palabras no van para ningún lado. Más aun, puede que me frenen a no escribir en absoluto.

Conclusión: Sigo defendiendo el show up y los sistemas más que una meta concreta o un avance cuantitativo específico. No obstante, frente a un proyecto definido, es posible que vuelva a probar este enfoque cuantitativo.

 

Experimento 2: estructuras

En una oportunidad, mis días estaban divididos en bloques: matutino, laboral, nocturno. En cada uno de ellos ocurrían actividades particulares. Esa estructura me ayudaba a ser consistente en el trabajo y en mis hábitos. Las tareas de cada bloque cambiaron con la evolución de mis jornadas. Recientemente, se veía así. Mi agenda tenía las mismas cuatro tareas todos los días: escritura creativa, blog, revisar correos y redes sociales y leer. En la mañana ocurría la primera. Luego del almuerzo, las dos siguientes y a finales de la tarde la lectura. Tal vez ahora pueden entender por qué esta estructura se estaba volviendo repetitiva y monótona y hasta frágil. 

En todas partes vas a leer sobre la importancia de los hábitos, cómo te ayudan a evitar el deambular y pensar de más, así como el progresar y practicar comportamientos deseados. Sigo diciendo sí a los hábitos. El problema, tal vez, son las estructuras dentro de las cuales encajo esos hábitos.

¿Qué estoy haciendo? Volví a la agenda física. Estoy siguiendo algunos pasos de lo que se conoce como Bullet Journal. En breve, cada día anoto seguido de una viñeta cada tarea que me planteo llevar a cabo. Ya no es simplemente escribir. Ahora es escribir tal poema o un blog post. A lo mejor es editar. Y con ello, las tareas de casa, los libros o artículos que quiero leer, etc. Es decir, las tareas ahora son más específicas y variadas.  

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Además, ya no necesariamente tengo un orden. Las mañanas siguen siendo mi momento más creativo. Sin embargo, estoy buscando fomentar mayor flexibilidad y adaptabilidad acorde a lo que el día me lance y a mi actitud también. 

¿Cómo logro show up? Buena pregunta. Fue muy fácil excusarse en esa libertad de movimiento para no escribir, por ejemplo, o entregarse únicamente a los antojos. En un intento de encontrar balance entre antojo y trabajo, desde hace unos días, me levanto a las 7 am. Gracias a la cuarentena, nos es posible acostarnos más temprano. Duermo mis 8 horas. Pero ahora, al levantarme más temprano, dedico una hora para escribir. Es un momento pre-día (antes de empezar mi día como tal, quiero decir). A veces se siente como si uno estuviera levantándose a escondidas. Soy solo yo en pijamas, laptop y café en mano.   

Sin importar qué pase el resto del día, ahí tengo asegurado mi show up.

 

Experimento 3: juego en cuarentena

No sé si recuerdan un pequeño juego que les compartí para vivir de forma más consciente la cuarentena. Todos los domingos, llenaba una planilla con la música que había escuchado, qué había leído, con quién había hablado y el dibujo que mejor expresaba mi semana. Fue divertido. Esta semana decidimos pararlo.

La vida en cuarentena se ha convertido en la nueva normalidad. Somos criaturas adaptables. Y vamos a estar muchos más meses bajo esta nueva normalidad. Queremos mantener esa reflexión sobre cómo hemos vivido la semana. Queremos mantener esa motivación por hacer que nuestro tiempo valga la pena (lo que sea que eso signifique para ti). Sin embargo, podemos talar menos árboles para lograr eso. 

Conclusión: encontraremos otra manera de compartir esas reflexiones sin imprimir más hojas. Probablemente, incorporemos una nueva casilla a nuestro Family Meeting. Si tienes hijos, capaz a ellos sí les siga funcionando el juego.

 

Experimento 4: tareas de casa

Siempre fui partidaria de sacar la curita de una (no en la piel, solo metafóricamente hablando), en especial cuando se trata de actividades que preferiría no hacer. Por eso, me gustaba tener un día dedicado a la limpieza. Asimismo, por eso también solía cocinar en grandes tandas, es decir, la comida de toda la semana en uno o dos días. Podía olvidarme de esas tareas hasta la semana siguiente.

¿Problema? Volvemos a la fragilidad de las estructuras rígidas. Creo que finalmente entiendo por qué a las pocas semanas de ejecutar esas tareas exitosamente, el sistema se recargaba y venía el caos. Ya había probado años atrás con repartir estas tareas en más días, un poco a la vez. Y la verdad es que no me había funcionado. No disfrutaba saber que todos los días iba a cocinar o limpiar, por ejemplo. ¿Qué cambió? Tal vez es la cuarentena. Lo cierto es que esas grandes tandas de cosas no estaban funcionando, muy abrumador. Es más fácil lavar un plato a la vajilla entera, ¿cierto?

Conclusión: Estoy limpiando un cuarto al día. Me toma entre 15 a 30 min. Procuro hacerlo en la mañana o de lo contrario se hace muy difícil cerrar el ciclo. Así, acumulo pequeños triunfos a lo largo del día que me motivan a conquistarlos al día siguiente también. Con la cocina, lo mismo, a medida que algo se va acabando, lo voy remplazando, de a poco.   

 


Así cierro el balance de algunos de mis experimentos. Mi objetivo es mostrarles que experimentos no son más que intentos, a veces fallidos y a veces exitosos. La vida cambia y con ello los hábitos, realidades y necesidades. A veces toca adaptar viejos comportamientos. Otras veces hay que remplazarlos por completo. E inclusive en algunos casos, resucitamos viejos comportamientos y experimentos.

Aquí no hay nada escrito sobre roca. 

 

“Falla temprano, falla a menudo, pero siempre falla hacia adelante” (John C. Maxwell).


 

Enlaces:

Una estrategia para evitar posponer lo inevitable

[Te traemos una nueva modalidad para que elijas cómo prefieres experimentar nuestras publicaciones. Si eres de los que les gusta más leer, en el próximo párrafo podrás encontrar la entrada de esta semana. Si por el contrario, te gustan más los podcasts o audiolibros, haz clic en el botón de play a continuación para escuchar este post. Nos encantaría escuchar tus impresiones.]

Todos tenemos tareas en nuestras agendas que no nos encanta hacer. Son aburridas y repetitivas. Nos dan fastidio. Sin embargo, son necesarias. Así como nos bañamos todos los días, toca limpiar la casa, lavar la ropa, fregar los platos, hacer las compras de supermercado. Agrega a esa lista aquellas tareas que a veces postergas con la esperanza de que desaparezcan o se hagan solas.

El problema con esa esperanza es que a menos que tengamos una Robotina o algún artefacto que lo haga por nosotros, si es que existe, alguien debe encargarse de ellas. Y hasta que no se completen, no solo no van a desaparecer, sino que van a crear más daño con el tiempo.

Les doy un ejemplo. Todos los lunes nos llega nuestra caja de verduras, una caja que, debo agregar, no es nada pequeña. Y dado que me gusta guardar las cosas en la nevera ya lavadas, pues ese mismo día me toca lavar las compras para que no se pudran. Los lunes, también, eran mis días de limpieza. Así que esta era la imagen. Me levantaba a inicio de cada semana sabiendo que todo el día iba a estar limpiando y luego en la tarde, ya agotada físicamente de la labor, venía la limpieza de las verduras.

¡Ni hablar de la carga mental con la que amanecía todos los lunes!

Algunas semanas, el sistema funcionaba perfecto. Limpiaba, llegaban las verduras, las arreglaba y terminaba el día con broche de oro. Otras semanas, limpiaba una parte sí, otra no, a veces nada. Las verduras más de una vez quedaron en su caja en la entrada del departamento esperando que alguien hiciera algo al respecto. Cada vez que caminaba por el pasillo, veía la caja. Cada vez que veía la caja, comenzaba a darle vueltas a la cabeza. 

—“No he lavado las verduras”.

—“Se van a dañar. No podemos estar botando comida así no más”.

—“Es mucho trabajo, no quiero hacerlo”.

Y con esos pensamientos, la carga de no haber hecho la tarea, la culpa de que las verduras seguían allí, y cualquier otro sentimiento al ver la casa sucia y las tareas no completadas…

¿Les suena familiar el escenario? 

Tal vez en tu caso sea esa ropa que dejaste arrugando dentro de la lavadora porque te dio fastidio colgar; o el cerro de platos que se acumularon luego de cada comida; el remolino que pasó por tu escritorio y que no ordenaste al terminar de trabajar, etc.

Eso se llama “overthinking”. Y uso el término en inglés porque es corto, las maravillas del lenguaje. Pero, en su traducción, pues pensamos mucho sobre un asunto. Le damos vueltas en la cabeza una y otra vez. El pensamiento rumia en nuestra mente día tras día.

Algo tenía que hacer para mejorar este asunto. Y como ya saben, me encanta un experimento. Además, les comenté algunas entradas atrás de cómo los sistemas son necesarios, pero a veces muy estructurados y cerrados. Y eso para mí, los vuelve frágiles. ¿Cómo entonces crear hábitos que nos ayuden a desempeñar nuestras labores sin sentirnos encajonados? Buena pregunta. Aun no tengo del todo la respuesta.

Lo que sí puedo contarles es mi nueva estrategia para despejar un poco mi mente. 

 

¿Cómo trabajar mi overthinking?

Según Anne Bogel, autora del libro “Don’t Overthink It”, este rumiar se define como “pensamientos repetitivos, dañinos y poco productivos que nos hacen sentirnos mal, mientras que no nos conducen a nada”.

Por ende, “cuando postergamos el hacer esa tarea que no queremos hacer, mantenemos ese asunto desagradable justo en nuestras narices por mucho más tiempo del necesario”. Y eso nos lleva a concentrarnos en los aspectos negativos asociados a esa tarea.

Más aun, esos “ciclos abiertos consumen energía mental, ocupan espacio en nuestro cerebro y nos ruegan por monitorearlos como ‘tareas en progreso’”. 

Cómo pasarlos de ‘tareas en progreso’ a ‘tareas completadas’, pues a través de esta simple frase que la autora propone: cerrar ciclos.

Ya sabemos lo poderoso que puede ser el lenguaje. Pues usualmente, no se trata de cambiar una actividad, sino nuestra actitud frente a ella, refrasear en nuestra mente la tarea en mano. Evitar el “hay que”, “tengo que” y remplazarlo por “elijo”, “tengo la oportunidad de”, “opto por”. Lo mismo pasa en este caso.

Llegan las verduras y “opto” por procesarlas de inmediato para “cerrar el ciclo” y no pasar días pensando en ello. Libero mi espacio mental para enfocarme en las cosas que realmente importan.

Así que ahora, cada vez que me enfrento a alguna tarea aburrida o desagradable, pero necesaria, y me veo en la tentación de abandonarla a medio camino, me repito a mí misma “voy a cerrar el ciclo”. Es simple, pero poderoso. Y más si lo ato a la idea de cuidado personal, uno de mis pilares.

 

“Ser un adulto responsable es la forma más infravalorada de autocuidado. Sí, me refiero a: vive acorde a tus medios, pide cita con el dentista, ahorra dinero, planifica las comidas, lávate la cara antes de ir a dormir, ve a dar un paseo, cocina para personas, mantén tu casa limpia, acuéstate a una hora decente, todas esas cosas aburridas. Las rutinas mejoran todo en tu vida y esta es absolutamente la forma de autocuidado más ignorada y subestimada” (Sarah Bessey).

 

Cuidarte a ti mismo no se trata solo de comer sano, hacer ejercicio y utilizar productos naturales. Cuidarte a ti mismo involucra cuidar de tus espacios internos y externos.

La próxima vez que no quieras hacer algo, no la pospongas. En ti está la decisión de parar el ruido mental que te producirá el resto de la semana. Busca un refrán, una frase o utiliza la de Anne Bogel y ahora mía también; esa frase que frene la retahíla viciosa de tus pensamientos en el acto y te lleve a cerrar ciclos.

 

Overthinking no es solo una molestia; cada minuto que invertimos pensando de más es un minuto que no invertimos en las cosas valiosas” (Anne Bogel).  

 

Mi plan para conseguir tranquilidad a pesar de la crisis

Vivimos momentos tensos. Como seres humanos no lidiamos bien con la incertidumbre. Nos encanta tener el control de las cosas. Mas, el control es fugaz, ilusorio. 

La semana pasada les envié un recordatorio y un llamado a concentrarnos en aquello que sí podemos controlar y hacer. Esta semana quiero contarles mi plan para disfrutar y vivir esta nueva normalidad de la mejor manera posible.

Para quienes me conocen, saben que me encanta el orden. Me encanta tenerlo todo planificado, al menos lo que se puede. Así que he decidido utilizar estas capacidades para sobrellevar la crisis. Y más que sobrellevar, es poder concentrarme en mis actividades y no solo en el coronavirus.

Mi plan para aislarme un poco de la crisis

Antes que nada, no estoy haciendo un llamado a tomarse la crisis como un chiste. Sin embargo, y dado que esto va a durar meses, es necesario tener límites y espacios de tranquilidad o más que enfermarnos físicamente, nos vamos a enfermar mentalmente. Mi plan consiste en cuatro fases. Lo he imaginado de esta forma. Cada fase es como una mancuerna que llevo en la mano. Con cada fase que culmino, suelto esa mancuerna, y con ella el peso que acarreaba. Es una metáfora, y les recomiendo visualizarlo, para aliviarnos de la preocupación constante por esta pandemia.

A lo mejor la planificación no es tu fuerte. Y por eso el mensaje no es a seguir mis fases. La idea es que cada uno idee un mecanismo para lidiar con sus demonios internos y externos, y así conseguir un poco de paz y espacio mental. Como ya dije, en mi caso, planificar me tranquiliza.

Fase 1: Preparación

Esta fase consiste en abastecerme de lo necesario para quedarme en casa tranquila. Esto incluye comida, medicamentos, productos de higiene y aseo y todo lo que necesite para trabajar, ejercitarme y llevarme todas “mis rutinas” (en la medida de lo posible) a la casa.

Como siempre, seamos prudentes para no desabastecer. Es preparación, no compras de pánico.

Fase 2: Limpieza y desinfección

La limpieza no es una actividad desconocida para nadie. Sin embargo, dadas las recomendaciones de la OMS y otros expertos, es posible que requiramos hacer ajustes a nuestra limpieza, y en especial, a la desinfección.

En mi caso, necesitaba sentir que la casa estaba preparada y que podía tocar con confianza las superficies. No se trataba de perfección, sino de hacer lo que estaba a mi alcance para prevenir que este virus llegara a nuestra familia. Por eso, aproveché para limpiar eso que a uno se le olvida o que no limpia con mucha frecuencia, como cojines, cortinas, manillas, etc. Así, la semana pasada emprendí una labor de tres días para llevar esta fase con mayor profundidad.

Una vez preparada la casa para el aislamiento, ¿qué viene?

Fase 3: Sistema fluido

Mi trabajo siempre ha sido desde casa. Sin embargo, eso no significa que puedo estar dedicando tres días todas las semanas solo a limpiar y desinfectar. Además, no se imaginan el cansancio físico y mental que eso implica. De hecho, lo que todos necesitamos, es que nuestro sistema no se colapse por estas circunstancias.

Por eso, he diseñado un sistema, aun está en etapa de experimentación, que permita incorporar nuevas tareas (tareas que no hacíamos o que nos toca retomar), sin abandonar nuestras rutinas previas ni generar caos.

No sé ustedes, pero cada vez que leía “desinfecte con frecuencia”, me preguntaba, qué significa “frecuencia”. No encontré una respuesta clara, pero en una oportunidad leí algo como “ojalá y pueda desinfectar tal cosa varias veces al día” (cara de shock). Ideen un sistema que consideren prudente y sostenible, esto último es muy importante. 

Mis sistemas matutino, de trabajo y nocturno siguen en pie. Esto incluye actividades desde meditación, trabajo, hasta ejercicios. Tenemos dos tareas “nuevas”: cocinar y desinfectar. Estamos trabajando en un calendario para probar en qué momento se nos acomoda más cocinar. Y en cuanto a la otra tarea, coloqué notas por cada área de la casa para no olvidar ni pensar en qué es lo que tenemos que desinfectar.

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Nuestro cerebro es una herramienta de procesamiento de información no de almacenamiento de datos. Si establezco que los lunes y viernes voy a limpiar, es más liberador (al menos para mí) darle check a la lista de superficies a desinfectar, que cada vez empezar por recordar qué toco de forma frecuente. Es un paso que le quito a mi cadena de procesamiento mental.

El título de esta fase lo dice todo. Un sistema permite darle fluidez a las tareas y actividades. Es hacerlas hábito. Tiene que hacerte sentido. Tiene que ajustarse a tus tiempos y necesidades. De esta manera, podrás garantizar que el proceso ocurra y que no se convierta en obstáculo o ruido.

Fase 4: Esperar con paciencia y presencia

No estamos en cuarentena, sino aislamiento voluntario. Al momento de esta publicación llevaremos siete días de distanciamiento. Mientras esperamos los 14 días oficiales, esperando que no presentemos ningún síntoma, queda tener paciencia. Y más que esperar, es vivir. Frente al miedo de contagio, toca aprovechar cada día que seguimos sanos. ¿Cómo? Volviendo al presente cada vez que nuestra mente se quede ansiosa o estancada en noticias, miedos y preocupaciones. Aquí les dejo un método que compartió la escritora Elizabeth Gilbert en su Instagram (en inglés):

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Nombra:

  • 5 cosas que puedes ver en este momento
  • 4 cosas que puedes escuchar
  • 3 cosas que puedes sentir
  • 2 cosas que puedes oler y
  • 1 cosa que puedes saborear

Mantén la calma. Permanece en tu ahora. Quédate en casa y cuídate. Pronto saldremos de esta.

Un encuentro contigo mismo

¿Cuántos minutos te regalas en el día? Bañarme es uno de mis momentos sagrados, por ejemplo. Ahora bien, mientras decidía qué compartirles esta semana, tuve esta idea. Tengo un documento que llamo “Free”. En esos momentos en los que no sé qué escribir o no tengo un género de preferencia, abro ese documento y literalmente escupo lo que se me ocurra (disculpen la expresión). Es un espacio donde escribo sin cesar, sin lineamientos, sin reglas, sin atención a la ortografía o convenciones, sin juicios ni prejuicios y por lo general sin sentido. Es un espacio donde puedo ser yo misma. No hay fechas tope, ni títulos, solo mis dedos paseándose sobre el teclado. Es un momento casi poético.  

Así que pensé, ¿tienes un espacio que te permita ser tú mismo? ¿Tienes un momento del día o una actividad que te permita perderte, olvidarte del mundo exterior y conectarte contigo mismo?

Es tan fácil perderse. Es tan difícil reconectarse con la rutina a veces. Tienes ideas y no las tienes. Una maraña de pensamientos, un deseo de decirle sí a la flojera por siempre. Por qué salir de tu zona de comfort si es tan cómoda. Por qué levantarte todos los días, como dicen a algunos, a luchar con tus demonios internos una y otra vez. Sería mucho más fácil dejarlos vencer.

¿Luego qué? La vida deja de tener mucho sentido. Dejas atrás todo lo que valorabas (porque usualmente lo que valoras es lo que cuesta trabajo). Aparecen de nuevo las quejas porque tu día a día se ha vuelto monótono.

Un encuentro contigo mismo… esa es mi sugerencia. Déjate sentir la confusión. Pídele 5 minutos libres a tu flojera. Olvídate del resto y entrégate a tu encuentro. Después de un rato, comienza a aparecer la claridad, las ideas. Supongo que es como despejar un chakra bloqueado. Déjate llevar por el momento. Conquista esta pequeña batalla y mañana es posible que se te haga más fácil o necesario conquistar la batalla de ese nuevo día.

¿Sabes comunicar tus necesidades sin pelear?

Hasta el día de hoy, el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” es muy popular. Y más allá de las soluciones que plantea, el aspecto fundamental es que hombres y mujeres son distintos en su manera de abordar todo. Más aun, cada hombre y cada mujer son diferentes. 

Cada uno de nosotros tiene su manera de limpiar, ordenar, trabajar, organizarse, priorizar y enfrentar cada actividad o desafío. En nuestra mente, solidificamos nuestros métodos como eficientes y efectivos. En muchas oportunidades, inclusive los calificamos de acertados. Y si bien sabemos que hay muchas formas de llegar a Roma, nos gusta la nuestra, la recomendamos y la consideramos como LA manera.

Nos encerramos tanto en ESA manera, que asumimos que lo que es obvio para uno es obvio para otro. No entendemos por qué el otro no hizo las cosas como ERAN o por qué no obtuvimos el resultado deseado cuando fue OTRO quien se encargó de esa actividad. 

Nos molestamos porque quedó tirada la ropa en otro lugar al destinado para ello. Nos frustramos cuando nos toca HACER o CORREGIR la tarea del otro. ¡Por qué es tan difícil que entienda que esto SE HACE ASÍ!

Luego, conversas y recuerdas que tu mundo mental es Marte y el mundo del otro es Venus. Tú comunicas una idea y el otro la procesa e interpreta de otra. Es como jugar al telefonito. El mensaje pasa de persona a persona hasta que la última repite la frase que se le comunicó y resulta ser algo completamente distinto a la frase original.

Tal parece que la solución tiene que ver con mejorar la comunicación. Y sin embargo, es posible que se sienten a conversar las diferencias, y el ego y el control se apoderen de ti y no consigas nada. Por eso, hoy te presento un método para aliviar las tensiones y aprender a comunicar tus necesidades de forma no violenta.

 

La comunicación no violenta

“Es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí (y también cada uno consigo mismo) con empatía y eficacia. 

Enfatiza la importancia de expresar con claridad observaciones, sentimientos, ‘necesidades’ (deseos-metas) y peticiones a los demás (o a uno mismo) de un modo que evite el lenguaje evaluativo que etiquete o defina a los interlocutores o a terceros” (Elia Roca).

En otras palabras, este método busca generar un lenguaje sano y compasivo, una comunicación clara y un alivio para las frustraciones. Consta de cuatro pasos que exploraremos a continuación.

 

Los 4 pasos de la comunicación no violenta

  1. ¿Qué observas?

Anota alguna situación que te haya incomodado o que quieras mejorar. Y cuando te sientes a conversar, descríbele a la otra persona el hecho que observaste, sin incluir sentimientos ni opiniones. 

Por ejemplo: El otro día noté que al llegar del trabajo, te quitaste los zapatos, los dejaste en la sala y siguieron allí cuando nos fuimos a dormir.

  1. ¿Cómo te sientes?

Ahora, explora cómo te sentiste cuando ese hecho que observaste ocurrió. 

Por ejemplo: Me sentí frustrada por asumir tareas del hogar que no me corresponden, como fue recoger tus cosas a la mañana siguiente.

  1. ¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas para no sentirte de la manera en que lo expresaste en el paso anterior? Comunícaselo a la otra persona a continuación.

Por ejemplo: Necesito aligerar mi carga del hogar y saber que puedo confiar en que compartirás conmigo y cumplirás tu parte en dichas tareas.

  1. ¿Cuál es tu pedido?

La parte final de la comunicación no violenta implica hacerle un pedido a la otra persona, una especie de solución a tu problema. No obstante, es un pedido, no una orden. La otra persona puede tomarla, rechazarla o plantear otra cosa.

Por ejemplo: Te pido que por favor tengas más conciencia de dónde pones tus cosas. Así, al llegar a casa, si te vas a cambiar de ropa o quitarte los zapatos, guardes todo o lo dejes en el cuarto (en lugar de regadas por la casa).


 

Estos cuatro pasos son bastante simples. Sin embargo, la comunicación no violenta requiere práctica. No te desalientes si no sale muy bien a la primera. Estamos acostumbrados y programados a comunicarnos de una cierta forma. Toca reprogramarnos para respetar cada paso y ser efectivo, claro y respetuoso en lo que planteamos y cómo.

Prueba este método y cuéntanos qué te parece.

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

Cultiva la simplicidad y disfruta sus beneficios

He declarado esta semana como mi verdadero inicio de año. Y con todo inicio de año, hay una reflexión detrás. Más allá de lo que me enseñó el 2019, tal parece que ya el 2020 viene cargado de mucho más aprendizaje. Y hoy, precisamente, quiero compartirles dos grandes lecciones.

Todo este blog nació de la idea de encontrar la plenitud. Poco a poco esa plenitud se transformó en el concepto de vida extraordinaria. Y mientras, en el camino experimentamos muchas cosas. Subimos y bajamos. Nos cansamos y continuamos. Sin embargo, siempre hay una constante. Cómo hacer más fácil las cosas. Experimentamos con hábitos, con filosofías y valores.

Y, ¿por qué más fácil? No sugiero buscar atajos. Mas, he descubierto la belleza en lo simple. Cuando logramos esa sencillez, las cosas fluyen y es más fácil seguir esa corriente de aire fresco.

 

¿Cómo seguir cultivando la simplicidad en tu vida?

Conoces lo obvio: decluttering. Aquí te dejo varios posts que he escrito al respecto por si deseas refrescar la memoria.

Una vez que tus espacios y posesiones están ordenadas, tu trabajo está sistematizado y priorizado y haz encontrado cierto balance en tus actividades, puedes agregar estas dos cosas a tu lista:

  1. Pedir ayuda: 

Apaño los experimentos. No obstante, a veces, necesitamos soluciones externas para ayudarnos a sacar ese tema que venimos trabajando durante mucho tiempo y que sigue generando ruido y peso en el día a día.

Por ejemplo, mi esposo y yo venimos trabajando en nuestra nutrición desde hace un par de años. Una vez que logramos ajustar la dieta, comenzamos a experimentar con su preparación. Finalmente, encontramos los días que mejor se nos daban para cocinar. Con el tiempo y la práctica, habíamos logrado disminuir las horas que nos llevaba tener todo listo. Luego, venían semanas de caos y lo primero que se afectaba era todo este proceso de cocina. Era un tema que a pesar que podía fluir nos generaba peso. Dado que nuestra prioridad es la salud y el cuidado personal, decidimos buscar una solución externa. Contratamos un servicio que nos manda una persona de la tercera edad (y así además contribuimos a su inserción laboral) y nos cocina por el número de horas requeridas. Adiós carga mental y adiós descuido en tiempos de caos y no caos. Y gracias a eso, además, ahorramos tiempo, una de nuestras prioridades para este año 2020.

En tu caso, esa tarea punzante puede ser la limpieza, el traslado hacia el gimnasio, tu mascota, lo que sea. Solo considera lo siguiente. El tiempo que pasó no se puede recuperar. El dinero va y viene. No siempre se trata de ahorrar dinero, si no a veces es mejor ahorrar tiempo porque eso va a agregar a tu calidad de vida y tranquilidad.

Y dependiendo de la tarea, a lo mejor no es inversión tu solución, sino la mano de un amigo, etc. Pide ayuda cuando reconozcas que tus intentos de solución, si bien te han ayudado a avanzar, aun no te permiten cerrar ese tema.

  1. Pequeños placeres de la vida:

Ya mencionaba algunos ejemplos en un post reciente (caminar descalzo en casa). Pero creo que este poema, “Instantes”, atribuido a Jorge Luis Borges, resume mi idea: 

 

Si pudiera vivir nuevamente mi vida, 

en la próxima trataría de cometer más errores. 

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. 

Sería más tonto de lo que he sido, 

de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. 

Sería menos higiénico. 

Correría más riesgos, 

haría más viajes, 

contemplaría más atardeceres, 

subiría más montañas, nadaría más ríos. 

Iría a más lugares adonde nunca he ido, 

comería más helados y menos habas, 

tendría más problemas reales y menos imaginarios. 

Yo fui una de esas personas que vivió sensata 

y prolíficamente cada minuto de su vida; 

claro que tuve momentos de alegría. 

Pero si pudiera volver atrás trataría 

de tener solamente buenos momentos. 

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, 

solo de momentos; no te pierdas el ahora. 

Yo era uno de esos que nunca 

iban a ninguna parte sin un termómetro, 

una bolsa de agua caliente, 

un paraguas y un paracaídas; 

si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano. 

Si pudiera volver a vivir 

comenzaría a andar descalzo a principios 

de la primavera 

y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. 

Daría más vueltas en calesita, 

contemplaría más amaneceres, 

y jugaría con más niños, 

si tuviera otra vez vida por delante. 

Pero ya ven, tengo 85 años… 

y sé que me estoy muriendo.

No tengas miedo de hacer el ridículo. Vive la vida con menos seriedad, y sobre todo, diviértete.

Viejo año, nuevo año: lecciones del 2019

Estoy segura que el 2019 te dio muchas bendiciones. Es muy probable que hayas cometido varios errores. Entre éxitos y fracasos, nuestras experiencias de vida, siempre hay lecciones. Hoy te comparto lo que el año 2019 me enseñó.

 

Lecciones del 2019

  1. La vida de a dos es más bonita

Creo que fue Arnold Schwarzenegger quien dijo que no podías alcanzar el éxito solo. Ya sea tu pareja, algún amigo o familiar, cuando tienes una red de apoyo, el trabajo es más fácil. Y no solo apoyo, sino que ojalá tengas la oportunidad de trabajar en equipo con alguien cercano, con quien puedas tener proyectos y sueños en común. Trabajando juntos, el caos se hace más llevadero, las tareas difíciles se resuelven de forma más rápida y las cosas avanzan.

  1. El cambio no conoce la luz roja

El cambio ocurre de forma constante, a cada rato. Casi nunca nos damos cuenta de ello. Desde algo tan simple como estás sentado y ahora estás de pie, cambio. Trata de darte cuenta cada vez que te sientes y te pares. Lo hacemos de forma tan natural que no notamos el cambio.

Sin embargo, cuando el cambio se manifiesta como un tsunami, ahí sí que lo notamos. Nos genera ansiedad, estrés, incertidumbre, inquietud y preocupación. 

Sea pequeño o grande, el punto es que el cambio siempre está presente a tu alrededor. No tienes el poder de controlarlo ni moldearlo a tu gusto. Déjalo ser. Aprende a manejarlo sin que te oprima. No nos queda otra que nadar con la corriente y ser meros observadores del cambio. Mientras más lo observes, sin juzgar ni querer controlar, menor será su intensidad y su influencia sobre tus pensamientos y emociones.

  1. El cuidado personal es clave

Cuidado personal empieza desde quitarte la pijama y arreglarte para empezar tu día hasta estar en un ambiente limpio y ordenado que te inspire, relaje y exprese tu creatividad.

El cuidado personal es la clave para tu salud. 

  • Aliméntate bien y haz ejercicios para cuidar de tu cuerpo. 
  • Hidrátate.
  • Mantén la casa limpia para alejar bacterias de tu hogar (tu cuerpo). 
  • Medita para despejar tu mente y calmar la ansiedad y el estrés.
  • Ordena tus espacios para mayor paz mental.
  • Incorpora cualquier práctica que te ayude a reflexionar y agradecer. Puede ser un diario o yoga.
  • Conéctate con la abundancia.
  • Sé un observador de los eventos. Te ayudará a vivir en el presente, a evitar el juicio y a alejarte de la idea de control.
  1. Sé como un niño

Camina en casa descalzo. Contempla el cielo y las estrellas. Atrévete a jugar y hacer el ridículo. Suéltate y simplemente diviértete.

  1. Vive con coraje

Los sueños no se logran solos. Las tareas no se completan por arte de magia. Para llegar a cualquier lugar, hay que caminar. Vive tu vida con coraje. Atrévete a soñar y conquistar tu vida extraordinaria. 

De nuestros archivos: 4 tips para que tu regreso de vacaciones no sea tan doloroso

¡A quién no le gusta tomarse unas vacaciones, y si podemos irnos de viaje mejor! ¿Cierto? En un post anterior, hablamos de la importancia de tomarse un break. Y no solo eso, discutimos los beneficios que nos aportan las vacaciones.

Si no eres un madrugador, estarás de acuerdo conmigo de que levantarse temprano es a veces muy difícil. Sin embargo, como siempre he dicho, no hay madrugada que valga más la pena si es para ir al aeropuerto. En ese instante, uno es capaz de dormir solo un par de horas, esperar unas cuantas más para abordar el avión y todos esos pequeños ‘sacrificios’ a la hora de viajar. 

Durante una, dos, tres semanas o el tiempo que hayas programado, te olvidas del trabajo, de las responsabilidades, de los quehaceres y te dedicas a disfrutar. Puede que te toque levantarte temprano para agarrar un tour. Puede que más bien hayas decidido tomarte las vacaciones con calma y lo que quieras sea echarte en una playa todo el día.

Y de repente, se te acabaron los días de relax. Ya toca volver a hacer las maletas para regresar a casa. No te quieres ir, pero no te queda de otra. Aunque, no sé si te pasa, pero a veces cuando te das cuenta de que ese retorno es inevitable, te inunda una sensación de ‘qué rico es volver a casa’. Por más que sea, la estabilidad y lo conocido también tienen sus beneficios. 

En fin, regresaste de tu viaje y el lunes retomas tu trabajo. ¡Uy, por qué, dirás tú! Suena el despertador y postergas el levantarte 5 minutos y 5 más y 10 más, hasta que o te paras o llegarás tarde. Te sientas en tu puesto de trabajo y te quedas mirando la pantalla. Tienes sueño, tu cabeza se quedó en la playa. Comienzas a revisar tus correos y empiezas a experimentar ese estrés y sensación abrumadora por todo lo que está pendiente.

Tú sabes cómo continúa la historia. Tal vez después de unos días o semanas todo volverá a su ritmo normal. Sin embargo, tal pareciera que al menos esos primeros días son todo un sufrimiento. ¿Será que se puede hacer algo para que el regreso de vacaciones no sea tan dramático y difícil?

Aquí te comparto algunos tips para que puedas despejar esa nube de tensión de vuelta al trabajo.

  1. Tómate unos minutos para clarificar

Una de las cosas que me ayuda a retomar mis actividades es tomarme un tiempo para reflexionar antes de empezar cualquier otra cosa. Como he dicho, es normal que al llegar de vacaciones se nos hayan acumulado tareas, correos, papeleo, trámites y demás. Y es natural que por un lado, sientas la necesidad de atacar todo. Y por el otro, no tengas ganas de hacerlo. No te dejes llevar por esa sensación abrumadora de cómo empiezo siquiera a manejar todas estas cosas. A mí me ayuda escribir. Me dedico a pensar cuáles son las tareas o actividades clave que quiero o necesito abordar en ese primer día y así sucesivamente con el resto de los días. No tienes por qué resolver todo el lunes. Y dudo que alguien espere de ti que así sea. Así que date el espacio y el tiempo para aclarar qué necesitas resolver hoy y qué puede esperar a otros días de la semana o inclusive a la semana siguiente. 

Te doy un ejemplo. Independientemente de todos los pendientes, sé que hay tres cosas importantes en mi día: escribir, investigar y leer. El resto puede esperar. Una vez que recuerdo eso y me enfoco en esas tres cosas, el ruido mental comienza a disminuir. Es increíble cómo luego inclusive me siento más calmada para abordar el resto de las cosas. Una vez que decides en qué concentrar tus energías, tus niveles de ansiedad disminuyen, dándote el espacio mental para abordar y programar tu agenda sin tanto estrés.

En esta misma línea, Raschelle Isip recomienda que ordenes tu espacio de trabajo. Es decir, no dejes todo el papeleo para después. Clasifica el material para que sepas de qué se trata y puedas procesarlo a medida que lo determines conveniente. Bota el correo que no te sirva y prepara tu escritorio para empezar el trabajo.

  1. Prioriza y obsesiónate

Tal como lo recomienda Morten Hansen, autor de “Great at Work“, haz menos y obsesiónate. ¿Ya determinaste las actividades más importantes para este día? Bueno, entonces elige la prioritaria y ponte a trabajar en ella, y solo en ella. 

En otra oportunidad, les compartí una herramienta que utilizo para priorizar el trabajo. Me refiero a PomoDone. No solo te permite evitar el multitasking y las distracciones, sino que también pones en práctica la técnica del pomodoro. Esta técnica ayuda a mejorar tu productividad y concentración.

(Si quieres saber más, no dejes de leer “Cómo ayudarnos a priorizar el trabajo”).

  1. Tómate las cosas con calma

Tomo prestado este tip de Raschelle Isip nuevamente. Los primeros días o semanas vas a estar atravesando un período de transición. Poco a poco irás recobrando las fuerzas. Poco a poco se te irá haciendo más fácil practicar tus hábitos. Con el tiempo, tu trabajo volverá a su ritmo natural. Dicho esto, tómate las cosas con calma. Con esto no quiero decir que no trabajes, que flojees ni nada por el estilo. Lo que quiero decir es que seas flexible. No pretendas resolver todo en un día. No te sobrecargues de trabajo por el tiempo que estuviste fuera. Tal como dije en el tip anterior, haz una cosa a la vez y poco a poco todo irá saliendo. No te martirices si no avanzas con la rapidez usual. Recuerda, más allá de cuánto progresas lo importante es progresar, es decir, show up.

  1. Programa días de descanso dentro de tus vacaciones

No todos los planes de vacaciones son iguales. Hay veces que planificamos vacaciones muy activas y otras que solo son de relajación. Independientemente de tu plan para tus vacaciones, planifica unos días al final para descansar del ajetreo de los tours y del corre corre. 

Las vacaciones son para conocer, para despejarse, para divertirse, pero también para descansar. No vale de mucho si llegas al trabajo más cansado de como te fuiste. Así que si algo he aprendido a lo largo de nuestros viajes, es que es necesario contar con un tiempo o unos días de margen. Primero, se evita el estar corriendo de un lugar a otro para alcanzar ver todo lo que tenías planificado. Y segundo, logras un mejor balance entre conocer y descansar. 

También, como señala Laura Vanderkam en su artículo “How to Come Back to Work After a Vacation Without Being Miserable”, prefiere el llegar un sábado que un domingo. Así, tendrás tiempo para reponer energías del viaje y organizar tus actividades antes del regreso al trabajo.

De nuestros archivos: ¡No dejes tus vacaciones para después! 12 beneficios de un merecido break

Vivimos en una era de productividad, competitividad y resultados. Cada vez trabajamos más. Salir tarde se ha vuelto la norma. Por ende, cada vez se nos hace más difícil balancear nuestra vida con el trabajo.

¿Cuántas personas conoces que no tomaron vacaciones este año o el pasado? ¿Cuántos días tienes acumulados, 15, 30, más? ¿Cuándo fue la última vez que te montaste en un avión por un viaje de recreación? ¿Tu familia se queja de que no compartes lo suficiente con ellos?

Si has respondido de forma afirmativa a alguna de estas preguntas, es posible que te sientas cansado, frustrado y abrumado. Piensas que tienes muchas cosas que hacer. Y tu bienestar ha quedado relegado a un segundo plano. Sin embargo, tarde o temprano tu cuerpo te puede pasar factura. 

Tal vez es hora de repensar cómo estás llevando tu vida. Tal vez te toque priorizar una vez más. O quizás, es momento de revaluar tus valores, filosofías y estándares de vida. Es posible que no sepas qué es importante realmente para ti y como consecuencia, le estés dedicando mayor esfuerzo y tiempo a asuntos menos significativos.

Así que, revisa cuántos días de vacaciones tienes disponibles, prepara tus maletas y a volar porque en este post te traigo 12 beneficios de tomarse un break. Y eso sí, apaga el celular y olvídate de llevar la computadora. El trabajo se queda en la oficina.

Beneficios de las vacaciones

Según diversas investigaciones y fuentes, les recopilo los múltiples beneficios físicos y psicológicos que tienen las vacaciones sobre nuestro cuerpo y mente. Y ojo, está claro que si las vacaciones nos ayudan a mejorar toda esta serie de aspectos, el no tomarlas genera el efecto contrario.

  1. Reducción del estrés

Quieras o no, te des cuenta o no, todos los días acumulas estrés. Si no hallas maneras de ventilarlo va a llegar un punto en que se te hará insostenible. Así que si quieres prevenir ‘quemarte’, tomarte un break puede despejar tu mente de aquello que usualmente te trae ansiedad y estrés, y así, reducir la tensión. Por si las dudas, aquí tienes un breve video sobre las consecuencias del estrés crónico.

  1. Prevención de enfermedades cardiacas

El mismo estrés puede producir aumento en tu presión arterial y ocasionar problemas cardiacos. Y como vimos en el beneficio anterior, las vacaciones nos ayudan a reducir nuestros niveles de estrés. Menos estrés, menos riesgo de padecer enfermedades. Es más, el efecto es tal que “inclusive el perderse las vacaciones un año, existe un mayor riesgo a sufrir enfermedades cardiacas”, señala Lolly Daskal en su artículo publicado en la revista Inc. ¡Imagínense, con solo perdérselas un año!

  1. Aumento en la productividad

Si bien al llegar de vacaciones experimentamos un proceso de transición que puede dificultarnos el regreso al trabajo (comentaremos más sobre esto en el siguiente post), tomarnos un break nos permite descansar, y por ende, ganar espacio mental para tomar mejores decisiones y enfocarnos en nuestro trabajo. Como señala la Dra. Susan Krauss, “las vacaciones tienen el potencial de quebrar el ciclo del estrés. Luego de unas vacaciones exitosas, emergemos sintiéndonos listos para enfrentarnos al mundo de nuevo”.

  1. Mejora en el sueño

Durante nuestras vacaciones, quebramos el ciclo de trabajar hasta tarde y por ende, dormir pocas horas. Además, al desconectarnos de nuestras preocupaciones y elementos ansiógenos, podemos enfocarnos en descansar. Inclusive puede que nos levantemos más tarde de lo usual. De hecho, según el Dr. Leigh Vinocur, es posible que ganemos en promedio una hora más de sueño (de calidad claro) y que inclusive nos llevemos estos mejores hábitos y patrones de sueño de regreso a la rutina.

  1. Mejoras en nuestra concentración

Como comentamos anteriormente, nuestra capacidad mental para concentrarnos, tomar decisiones y ser productivos mejora cuando nos liberamos del estrés. Así que, citando a Shannon Torberg en su artículo Importance of Taking Vacation, “tomarnos un break afina un cerebro en buen funcionamiento”.

  1. Aumento en tus niveles de felicidad

¡Los efectos comienzan inclusive al empezar la planificación de tus vacaciones! Además, a quién no le gusta conocer nuevos lugares, maravillarse con la naturaleza, bañarse en aguas cristalinas, caminar por arenas blancas o arenas negras más exóticas. ¿Estás sonriendo con tan solo leer e imaginarte esos escenarios?

  1. Mayor descanso y recuperación 

Ya lo he mencionado antes. Al tomarnos unas vacaciones, tenemos la oportunidad de desconectarnos de nuestras responsabilidades, preocupaciones y demás. Rompemos la rutina y nos recuperamos para poder enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.

  1. Amplitud en tu perspectiva de las cosas

No necesito un estudio científico para saber que al evidenciar las maravillas de este mundo, al conocer y entender nuevas culturas y acumular experiencias de este tipo puedo ser más tolerante, comprensiva, y por qué no, un poquito más sabia (o aprendiz, como dijo Sócrates, “yo solo sé que no sé nada”). El mundo se nos abre ante los ojos, las posibilidades son infinitas.

  1. Oportunidad de aprendizaje y convivencia intercultural

Este punto viene muy ligado al beneficio anterior. Y sobre todo se da cuando viajamos a países cuyas tradiciones y formas de hacer las cosas son distintas a las nuestras.

  1. Mayor bienestar general

Si no tenemos tanto estrés y estamos viviendo nuevas experiencias enriquecedoras, pues dos más dos es cuatro, nuestro bienestar va a mejorar significativamente.

  1. Fortalecimiento de los lazos afectivos

Al tomar vacaciones en familia, se consolidan los lazos entre tus seres queridos, creas recuerdos compartidos y también se ven mejoras en la comunicación, según estudios llevados a cabo por el Prof. Xinran Lehto.

  1. Reducción de la ansiedad y la depresión

A medida que nuestros niveles de bienestar y felicidad aumenten, disminuirán aquellos elementos contrarios a estas.

Ya sabes, no tomar vacaciones puede tener efectos perjudiciales en tu salud y relaciones. Asimismo, darte un break puede repotenciarte y ayudarte a enfrentar los retos de la vida. No lo pienses más. No postergues para el otro año lo que puedes hacer este.