¿El estrés es dueño de tu vida? Déjalo ir

¿Qué pasa cuando no tienes nada que decir? Quiero decir, ¿qué pasa cuando como escritor no sabes qué escribir? Muchos lo llaman el miedo a la página en blanco. Mas, en esta oportunidad quiero utilizar esa página en blanco como metáfora de nuestro día a día.

En nuestras sesiones de meditación enfocadas en el manejo del estrés, se nos menciona constantemente cómo circulan por nuestra mente pensamientos y emociones. Algunas las aplaudimos, pero con otras mostramos resistencia. Y en ese espacio entre lo que está sucediendo y lo que queremos que suceda, reside el estrés (Andy Puddicombe). 

Si por el contrario, nos damos cuenta de lo que sentimos, es decir, no rechazamos la emoción, pero luego la dejamos ir, estamos aceptando la realidad tal como es. Lo mismo que con la página en blanco. 

Eventualmente, encontrarás la solución, si es que se requiere, para lo que estás enfrentando. Aunque por lo general, no es una solución lo que necesitas, sino simplemente aceptación. Cuando sueltas esa resistencia, esa necesidad de control sobre las circunstancias, podrías sorprenderte de los resultados. 

Por ejemplo, de una página en blanco, ya van cuatro párrafos; una idea que no tenía concebida en mi mente cuando me senté a escribir. Es más, ocurrió así. Sé que viene la hora del día en que me siento a trabajar en mis posts. Me tomé mi té usual para despertarme un poco luego del almuerzo. Revisé mis correos y redes sociales para espabilarme aun más. Y no me quedó de otra que abrir el app de PomoDone y darle play a mis primeros 25 minutos de trabajo en el blog. Por unos minutos me quedé viendo la pantalla. El reloj de PomoDone seguía avanzando. 

Y de repente, una idea, una palabra. Y como recomienda Elizabeth Gilbert, agárrate fuerte a ese pequeño hilo, no importa qué tan delgado sea. No importa si te conduce a algo o no. Solo tómalo y síguelo. Así llegó a lo que se convirtió en su novela “The Signature of All Things”. De esa misma manera, este post ha cobrado vida.

Nuestro mundo interno, nuestro mundo espiritual, nuestra mente requieren de constante trabajo y cuidado. Nuestros pensamientos y emociones son nuestros principales saboteadores. Todos tenemos una voz interna que nos frena. Todos escuchamos esas palabras aterradoras. Y nos la pasamos frenando el tráfico interno porque no queremos lidiar con al realidad o porque nos resulta abrumadora. 

No me canso de decir que la vida es una sola. Pasarla estresados, usualmente por pequeñeces, realmente no vale la pena. Y cuando no son pequeñeces, pero no puedes hacer nada al respecto, no puedes cambiar los resultados, entiende que no hay control, pensamiento ni ansiedad que modifiquen nada. Tú eres tu propio juez. Tú me dirás si vale la pena sacrificar tu propia salud y bienestar. 

Recuerda, si no te cuidas a ti mismo, no podrás cuidar a nadie más. Can you give me an Amen? (#Rupaul).

Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh

Todo es como es – Parte II

“Cosas difíciles son puestas en nuestro camino, no para pararnos, sino para despertar nuestro coraje y fortaleza”. – (Autor desconocido)

 

En la entrada anterior, comentábamos sobre la importancia de mirar las situaciones de la vida con aceptación, compasión y amor. ¿Y por qué? Porque tal como decíamos, las cosas son como son. Y retomando esa neutralidad, esa aceptación total, esa liberación de las etiquetas, me pregunto entonces, ¿por qué mirar las situaciones como impedimentos?

 

“Solo porque un hombre carezca del uso de sus ojos, no significa que carezca de visión”. – (Stevie Wonder)

 

¿Quién dijo que algo es un impedimento? ¿Quién dijo que esto o aquello es bueno o malo? ¿Según quién algo es satisfactorio o no? Según tus pensamientos… Sin embargo, los pensamientos van y vienen. Los pensamientos no son nuestra realidad. Aquello que pensamos no necesariamente ocurre. Lo hablamos inclusive con el tema de las preocupaciones.

Existe todo un mundo artificial en nuestra mente. No obstante, solemos confundir ese mundo con lo real. Solemos habitar más esa casa de mentira que el presente que observamos y percibimos en este minuto a través de nuestra conciencia.

Por esta razón es muy importante observar.


Hagamos un pequeño ejercicio. Te tomará un par de minutos:

Respira profundo. Cuenta hasta dos inhalando. Sostén brevemente la respiración. Exhala contando hasta cuatro. Repite un par de veces. Calma tu cuerpo. Calma tu mente. Abre espacio para que sea la conciencia quien hable esta vez.

Observa la tensión en tu cuerpo. Observa cualquier sensación general. Deja que los pensamientos que aparezcan se los lleve solito el viento. No catalogues. No huyas de lo que percibes. Solo obsérvalo. Con el tiempo va perdiendo fuerza, energía. Poco a poco la molestia se va disolviendo. Aquello a lo que no le prestamos tanta atención, desaparece, queda en segundo plano.


 

Este pequeño ejercicio es una invitación a aprender poco a poco a liberarnos de las etiquetas. De esta forma, podremos apreciar las circunstancias de la vida como meras experiencias; oportunidades de crecimiento, oportunidades para conocerte, oportunidades para limar asperezas, perdonarte y amarte, oportunidades para hacerte más fuerte, oportunidades para valorar y finalmente, oportunidades para hacerte más sabio.

No hay enfermedad que no tenga cura (depende de dónde la busques). No hay discapacidad que te paralice (depende de la actitud con que la enfrentes). No hay situación que te quite tu armonía (todo está en tu conciencia y en aprender poco a poco a encontrar el balance a pesar de las tormentas). No hay malas ni buenas experiencias de vida, solo experiencias (este es tu camino hacia la sabiduría). 

Esto no se aprende en un día, lógicamente. Mas, depende de ti emprender el camino hacia la luz, hacia la paz interior, hacia la vida.

Y recuerda, a todos nos tocan obstáculos que sortear y aceptar. Tu situación no es mejor ni peor que la de nadie. Es tu cruz nada más. Por ello, estas no son palabras vacías. Estas no son palabras dichas desde una posición privilegiada y libre de “impedimentos”. Con toda confianza y conocimiento de causa, te repito, depende del lente que quieras ponerte. Yo elijo no ver impedimentos. Yo elijo ver experiencias enriquecedoras. ¿Y, tú?

Todo es como es

“Si una cosa tiene solución, ¡para qué preocuparse!, y si no tiene ya solución, ¡para qué preocuparse! (Proverbio chino)

 

¿Se acuerdan cuando hablábamos de que tenemos exactamente la vida que queremos tener en este momento? Mantengo mi opinión al respecto. Sin embargo, vale la pena indagar en por qué estamos donde estamos si eso nos causa sufrimiento.

Es muy difícil comenzar. Una vez empezamos, todo fluye; hábitos se crean, sistemas se ponen en marcha, etc. Eso por un lado.

Por otro lado, hay un problema de prioridades. No sabemos priorizar. A veces creo que ni siquiera sabemos qué es importante para nosotros. Vamos por la vida en piloto automático. Damos muchas cosas por sentado. Creemos que vamos a estar aquí en esta Tierra para siempre. No obstante, como decía el maestro que condujo un retiro de meditación al que fui recientemente, nada es permanente. Y cuando entendemos esa verdad, podemos liberarnos de mucho peso. Pero eso es otro tema. 

Entonces, nuestra incapacidad para priorizar, es decir, concentrarnos en lo que nos importa y descubrir qué es eso, y lo difícil que es comenzar (un cambio, algo nuevo, una práctica) parecen ser dos de los grandes obstáculos para una vida extraordinaria o feliz.

Aceptación

Este es el tema que nos compete hoy. 

Si quieres lograr algo y sabes cómo hacerlo, hazlo. Si te aqueja alguna situación, pregúntate: ¿tiene solución? Soluciónalo entonces en lugar de preocuparte por la situación en sí. ¿No tiene solución? Pues, déjalo ir. Si no puedes hacer nada al respecto, ¿para qué le vas a seguir dando vueltas? 

Lo digo de nuevo, aceptación. Las cosas son como son. No hay bueno ni malo, agradable o desagradable, satisfactorio o insatisfactorio. No creo en el cielo o en el infierno. No creo en la recompensa o en el castigo. Creo en las experiencias. ‘Las cosas son como son’. No hace falta etiquetas. 

¿No les resulta liberadora esta neutralidad? Lo que nos queda es vivir y ya. 

Y ojo, es aceptación, no resignación. Es aprender a ser felices con eso que catalogamos como “malo” y “bueno”, no solo cuando logramos o vivimos algo “satisfactorio”.

Compasión

No somos seres perfectos. Vamos a caer una y otra vez. ¡Alégrate! Eso significa que la vida tiene mucho para ofrecerte.

¿Cuántas veces no hemos querido señalar a un culpable cuando algo sale “mal”? ¿Para qué culpar? ¿Acaso con eso solucionamos el problema?

Y más fuerte aun es, como lo llamaba el Dalai Lama, el auto-odio, la auto-culpa. El mismo maestro al que me referí más arriba contaba que el Dalai Lama y los orientales no están familiarizados con el concepto de culpa. No saben qué es eso… un invento occidental. ¿Ya ven por qué el castigo y la recompensa, el cielo y el infierno, lo bueno y lo malo no tienen sentido, al menos para mí? Porque desemboca en culpa, en sentirse inferior, no merecedor, perdedor. Y, ¿según quién?

Perdónate. Sana.

Amor

Y para lograr todo lo anterior, la aceptación y la compasión, hay que amar. El amor empieza por ti mismo. Si no te cuidas a ti no puedes cuidar a otros. Si no te amas, no puedes amar verdaderamente a otros. Si no te aceptas tal cual eres, no te amas. Si no aceptas las condiciones de tu vida, no te amas. Una vez más, ‘las cosas son como son’.

Y para Shauna Shapiro, empieza así: “ (Tu nombre), buenos días, te amo”.

¡Feliz 2019 para todos y que comience la fiesta!

Cómo empezar…

Por semanas me he estado enfocando en el presente. Ese regalo, ese momento, este instante que ahorita tenemos. Y ya verás que no es algo nuevo. Aparentemente, desde el 2009 aproximadamente, y quién sabe si desde antes, he llevado este tema en la frente. Así que como una oda, una reverencia, una muestra de agradecimiento por contar con este presente, tan bien y hermosamente envuelto, hoy te comparto un pedazo, un poema, una canción que escribí hace apenas 9 cuentas…

 

I

He estado meditando

en cómo debo llevar la vida,

si danzando o brincando

por un camino de alegría.

II

Siempre he leído

y otras veces me han dicho

que el presente es lo único que seguimos

puesto que ni el pasado ni el futuro muestran destino.

III

Pues si es el presente lo que vivimos,

hay que buscar maneras de seguirlo,

maneras de llenarlo de regocijo

para así conseguir el alivio.

IV

No debe haber cabida para las penas.

Las preocupaciones no deben marcar la senda.

Todo lo negativo debe irse por otro camino

para no permitir que la luz desvanezca.

V

No será fácil la encomienda,

pero hay fuerzas que ayudan a subir la cuesta.

Sólo un poco de voluntad

y la perseverancia terminará lo demás.

VI

Es el arte de combinar,

de mezclar la obligatoriedad

con un poco más de azar;

deber y lealtad sólo sin cesar.

VII

Ir tras sueños

enumerados en el cielo

brillando en el cosmos

con tanto destello.

VIII

Un sueño vuelto realidad;

una realidad con metas a alcanzar;

un camino pedregoso qué más da,

pero con o sin tropiezos la mirada siempre al mar.

 

Cómo empezar, de la colección “Haciendo caminos”

Por Diana F. Blanco, 2009

Es ahora no mañana: Vuelve al presente

En estas últimas semanas, hemos estado hablando sobre el presente, el pasado y el futuro. Nos hemos dado cuenta de que nuestra mente se pasea entre aquello que ya sucedió y que no podemos cambiar y entre aquello que queremos que pase, pero que aun no forma parte de nuestra realidad. De esta forma, pasamos los minutos, las horas y los días muchas veces sin darnos cuenta del ahora, no del ayer ni del mañana, del hoy.

Exploramos algunas estrategias para dejar el pasado en su respectivo cofre. Es momento entonces de reflexionar y trabajar en el vivir, en el dejar fluir y en el confiar en la abundancia del universo. Aquello que esté por pasar, pasará cuando corresponda. Soy una creyente de que las cosas pasan por una razón. Y si no suceden, pues he ahí también un porqué. No importa si en el momento no entendemos ese porqué. Y a lo mejor nunca lleguemos a entenderlo o tal vez sí.

El punto está en que el futuro es incierto. Es un misterio. Y no solo eso, nos atrapa en un constante soñar, en una creación de expectativas que perfectamente nos puede dejar ansiosos, desilusionados, estresados. Nos perdemos las oportunidades del momento, un compartir, un sabor, un atardecer. Nos quedamos deseando aquello que no tenemos, sin darnos cuenta de lo que disponemos.

Así como se nos recomienda dejar fluir el pasado, el futuro también. Cuando algo nuevo llegue a tu camino, ya sabrás qué hacer. Mientras tanto, disfruta de tus logros. Disfruta de la posibilidad de este día porque ni siquiera sabes si mañana estarás acá. Y no es por sonar macabra.

El futuro puede ser hermoso. Soñar es hermoso. Sin embargo, tu presente es aun más maravilloso porque existe. Ya llegó. Está justo aquí. 

 

¿Cómo concentrarnos en el ahora y no en el mañana?

Pues, lógicamente, no siempre tengo respuestas para todos los retos de la vida. Así que mientras investigaba sobre cómo desprendernos del futuro, no pude dejar de sorprenderme del material disponible. En su mayoría eran artículos titulados algo así: cómo desprenderse del pasado para vivir en el futuro o aprovechar el futuro. La verdad es que no los leí, así que ignoro si tendrían algún pedazo de sabiduría para nosotros. 

Sin embargo, me pregunto, ¿será que creemos que el futuro es el tiempo presente? Si lo piensas un poco, ¿acaso no hemos estado acostumbrados a colocarnos metas para alcanzar cosas, cosas que ciertamente están en el futuro? De allí a que no sepamos dónde queda el presente… 

El pasado lo tenemos claramente definido. Pero, hemos creado una línea borrosa entre presente y futuro. Mas, les aseguro, ¡no son lo mismo!

Jenny Bowman, en su artículo Go Do: Let Go of the Past and Future and Live in the Present, nos plantea LAS preguntas clave aquí y una posible respuesta:

 

“¿Cómo tener grandes sueños, y aun así obtenerlos? ¿Cómo experimentamos el día a día?” 

“Ve y actúa”.

 

¿Sobre qué pensamos cuando viajamos al futuro? Tal vez imaginamos escenarios que querríamos vivir. Algunas veces serán metas logradas, viajes que queremos realizar, etc. Ve y actúa. ¿No se nos ha dicho constantemente que lo importante es vivir el camino y no la línea final? ¿Quieres una mejor posición en tu trabajo? Pues, desde luego, trabaja, enfócate en ser tu mejor versión profesional ya. ¿Quieres irte de viaje? Pues, empieza a ahorrar. 

Tal parece que para ayudarnos a permanecer en nuestro ahora, debemos concentrarnos en lo que ya estamos haciendo o en incorporar aquello que tanto decimos que vamos a hacer y nunca empezamos. Si vivimos y trabajamos en lo que nos importa, eventualmente algunos resultados vendrán. Confía en tu camino. Confía en tu trabajo. Confía en tu ahora. El mañana llegará y estará en tu presente, y por ende, en tu campo de acción. Así que, ve y actúa.

¿Qué nos impide vivir en el presente?

Este instante es lo único real que tenemos. Ayer quedó atrás y mañana aun no ha llegado. ¿Sabes que estás haciendo en este preciso momento?

Parecerá una pregunta tonta. Tú dirás, pues, leyendo tu artículo. ¿Estás seguro? Sí, ciertamente tienes tus ojos en la pantalla. Tus ojos están recorriendo las líneas y palabras. Pero, ¿estás realmente leyendo o estás también pendiente de esa persona que tienes al lado en el metro? ¿No se te estarán colando algunos pensamientos adicionales sobre lo que vas a hacer al llegar a casa?

En fin, el presente, tan real como efímero, un espacio en el tiempo que a veces ni nos damos cuenta que existe. Preferimos otros momentos, aquellos que ya pasaron o aquellos que queremos que pasen. Nuestro tiempo se va entre el pasado y el futuro. Pero, como dice esta frase anónima famosa:

“El pasado es historia, el futuro un misterio, el hoy un regalo, por eso se llama presente”.

¿Cómo disfrutar realmente nuestro regalo?

La mejor manera de vivir en el presente es practicando la conciencia plena. Es estar realmente inmersos en la actividad que estamos llevando a cabo. Si estás trabajando, trabaja sin otras distracciones. Si estás hablando con alguien, guarda el teléfono y escucha con atención. Si estás lavando los platos, pues como dice una amiga, ‘¿para que quiero un lavaplatos automático si yo disfruto de todo el proceso de fregar?’. Pues a lo mejor, como yo, no te gustan mucho las tareas de limpieza, pero son necesarias. Así que, también, mientras limpias, solo limpia. Inclusive en las tareas menos amenas podemos alcanzar un estado de flow. Y ya vimos antes, que al entrar en este estado de experiencia óptima, incrementamos nuestros niveles de felicidad.

¿Cómo evitar las distracciones?

  1. Conócete

Este es un paso fundamental. Necesitas saber qué se te dificulta, cómo te distraes y con qué. Es bueno saber también, por ejemplo, en qué momentos del día se te dan mejor cuáles actividades. Asimismo, nuestro ciclo productivo va variando con las horas. Hay momentos del día en los que contamos con más energía, pero como con todo clímax, esta va a decaer eventualmente.

  1. Arma tu estrategia
  • Si te distraen las redes sociales o ciertos sitios en Internet, existen aplicaciones (como Freedom) para bloquearlos en aquellas horas del día en las que necesitas extrema concentración. 

No intentes apoyarte en tu fuerza de voluntad. Mientras más ejercites ese músculo, más cansado lo tendrás para cuando realmente lo necesites. 

  • Si empiezas a divagar y perder el tiempo por falta de energía, he probado varias opciones que te pueden servir:

a. Identifica tu punto más bajo de la tarde y toma una siesta. Puedes seguir las recomendaciones de Daniel Pink (instrucciones en su libro When: The Scientific Secrets of Perfect Timing, o en nuestro post).

b. Revisa tu plan alimenticio. Es posible que te hagan falta nutrientes que soporten tu actividad física y mental. Si requieres de ayuda, consulta a un experto.

c. Dedícate a tus tareas más creativas e importantes en aquel momento del día en el que dispones de mayor energía y concentración. En mi caso es la mañana, pero como señala Daniel Pink en el libro ya referido, podemos ser una alondra o un búho o algo entre medio. De ello dependerá el ser más productivos y obtener un mejor desempeño.

[¿Curioso sobre qué animal te representa? Toma el test aquí (en inglés).]

  • Si tu distracción viene de adentro, pensamientos, emociones, etc. practicar la meditación puede ayudarte a tomar más conciencia de lo que piensas y sientes en el momento en que lo haces. Esta conciencia te permitirá a su vez redireccionar tu atención a la tarea que estabas haciendo. Dani Shapiro recomienda la aplicación “Insight Timer”. Yo he utilizado “Headspace“. Si estás comenzando, el tener una guía o narrador puede ayudarte a seguir con la práctica.
  • ¿Eres de los que revisas el teléfono 2.617 veces al día? Algunos trucos:

a. En casa tenemos una regla. Cuando mi esposo llega del trabajo, le decimos adiós a los teléfonos. Llegó, como lo llamamos, ‘nuestro us time’. Si se te dificulta, guárdalo en un cajón (“ojos que no ven corazón que no siente”) o apágalo.

b. En la hora del almuerzo o durante ese café que te tomas con tus compañeros del trabajo, utiliza la estrategia que nos compartió un lector. Deja el teléfono cargándose en la oficina. Tenemos tantas aplicaciones que la batería no dura nada. ¡Ya no tienes excusa para que el teléfono se te muera cuando tu pareja o amigos tratan de contactarte!

c. ¿Estás en el metro y no aguantas estar sin hacer nada? Lleva un libro contigo todo el tiempo, ¿no siempre nos quejamos de que no tenemos suficiente tiempo para leer?

d. Si tienes iPhone, ¡puedes usar Freedom y bloquear las apps que te distraen!

e. Prueba un fin de semana al mes, o la frecuencia que desees, desconectarte del teléfono. Avísale a tus amigos y familiares que no estarás disponible. A lo mejor te gusta tanto la experiencia que en la semana se te hará más sencillo alejarte de él.

f. ¿De vacaciones? No contrates planes de larga distancia. Ten tu teléfono para casos de emergencia. Del resto, ¿por qué sigues escribiéndole a tus compañeros del trabajo si estás fuera de la oficina? ¿No puedes aguantarte a llegar a casa para subir las fotos del viaje? 

  • Si lo has probado todo y nada, ponte un post-it enorme al frente de la computadora o en un lugar llamativo para que tus prioridades no se pierdan de vista. ¿Sabes que he estado probando? Personalizo el fondo de pantalla de mi computadora con imágenes y frases que me motiven a enfocarme. Cada vez que veo la pantalla, ¡boom! Recordatorio… 

¿Qué otras cosas te distraen? ¿Tienes otra estrategia para mantenerte enfocado en lo que te importa? Coméntanos.