Empieza despacio, empieza de a poco y gana momentum

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El mundo solía ir a mil por hora. No sé si es esta rapidez de los cambios y la presión por entregar resultados inmediatos que hace que nos llevemos este mismo concepto a la vida personal. Con cada cosa que emprendemos, queremos ver ya el resultado. Nos estresa y frustra la espera. Creemos que algo estamos haciendo mal cuando ese resultado no llega. Nos echamos la culpa.

Inclusive cuando nos trazamos una meta, cada día que pasa que no nos acercamos a la recta final nuestro humor y actitud decaen. Y esta es la razón por la que les he comentado que creo en sistemas. Es buscar ese cambio de enfoque en que más allá del resultado, el hábito sigue allí. 

Desde hace dos años, logré por fin entrenar de forma regular. Más allá de eso, me enamoré del boxeo. Las ganas por mejorar mi desempeño me llevó a realizar otro tipo de ejercicios complementarios para tener un entrenamiento más integral.

Como ya les mencioné en una entrada anterior, desde que estamos en cuarentena hemos logrado hacer yoga, pero boxear, muy muy poco. Creo que nos hemos puesto los guantes dos veces en tres meses. Ahora hemos retomado ejercicios de acondicionamiento de a poco. Y queremos intentar una nueva estrategia para ayudarnos a show up, show up con amigos, desde videoconferencia desde luego. Nos dimos cuenta de que nos es más fácil hacer ejercicios si sabemos que alguien, llámese profesor o amigo, está esperando por nosotros. Sé que la motivación nace de forma intrínseca, pero hey, se hace lo que se puede para llegar allí.

En fin, cuando ya tienes un hábito establecido y la actividad te gusta, es confuso que se te dificulte practicarla. O al menos por ahí va el diálogo interno. Comienza tu demonio interno a criticarte, a juzgarte. Sí, es raro pasar de entrenar 6 días a la semana a solo 3, pero es mejor que nada, ¿cierto?

Andy Puddicombe hablaba un poco de esto en su Podcast Radio Headspace, las transiciones. No nos damos el espacio ni el tiempo suficiente para adaptarnos. Lo que queremos lo queremos ya, para ayer si es posible. Está bien empezar despacio. Voy a utilizar el ejemplo que él comentó.

Estás corriendo. Empiezas a toda máquina. A los pocos minutos, ya estás agotado. Capaz ni siquiera llegas al tiempo total del ejercicio o a la distancia que querías recorrer. Explica que siente como si su cuerpo y mente no hubieran tenido el tiempo suficiente para acondicionarse y conectarse para el fin. 

Lo mismo siento que pasa cuando nos proponemos retomar un hábito o lograr alguna cosa. Por un lado, a veces empezamos con mucho ímpetu y ya sea por las expectativas o porque abarcamos mucho, al rato nos desinflamos y con nosotros, el proyecto desaparece. Por el otro lado, creemos que si no volvemos a entrenar los 6 días de la semana como solíamos, está mal. 

Esta es una invitación a respetar las transiciones. Está bien empezar despacio, empezar de a poco. No importa qué hacíamos o cómo lo hacíamos antes. No importa cómo lo haremos después. Importa, primero que empecemos, y segundo, que continuemos. Es darte el tiempo de adaptarte a la situación, de adaptarte al proyecto o al hábito o al cambio; darte permiso de conectarte sin importar cuánto te tome llegar a la recta final. Recuerda la vida se trata de disfrutar el camino, no el destino.

Cierro con este último aspecto. Cuando empezamos cualquier cosa, está el entusiasmo por lo nuevo. Después, viene la consistencia. Aquí ya el trabajo se pone difícil. A veces la cuestión se vuelve repetitiva y aburrida. Estamos a punto de perder la motivación y tirar la toalla. Queremos progresar más y más rápido. Sin embargo, lo único que podemos controlar es el show up, el resto está fuera de nuestras manos. Les dejo las sabias palabras de Pema Chödron:

 

[El mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que estas] la abandonan justo cuando la cosa estaba por ponerse interesante. Esto quiere decir, abandonan la práctica en cuanto la cuestión ya no es fácil, tan pronto como se vuelve doloroso o aburrido o inquietante. Se pierden entonces la mejor parte, la parte transformativa; esa parte cuando superas la dificultad y entras en una especie de universo en bruto, un universo nuevo para explorar dentro de ti mismo.

La pausa del esencialista

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Como muchos saben, este blog es un recorrido personal. Por esta razón, he estado escribiendo de forma recurrente sobre la cuarentena. Después de todo, en esa fase me encuentro.

Llega un punto, sin embargo, en que frente a toda esta realidad, a lo mejor queremos escuchar otras palabras, otras cosas. No se trata de ignorar lo que está pasando. Se trata de darse un respiro.

Ya aquí estamos casi en invierno. Hemos tenido varios días seguidos de frío. Cada vez que sale el sol, por ende, para mí es una celebración. Después de todo, no está fácil agarrar vitamina D.

En esta oportunidad, no quiero extenderme, ni analizar nada. Quiero traer ese rayito de sol, esa celebración, ese instante por más efímero que sea.

La invitación es a hoy buscar y regalarte un tiempo para disfrutar de ese haz de luz, literal o metafóricamente hablando. Para los esencialistas, puede tratarse de ese espacio dedicado al pensar, como lo expone Greg Mckeown en su libro Esencialismo: Logra el máximo de resultados con el mínimo de esfuerzos; explorar preguntas y posibilidades, diseñar tu día, tu vida; observar; sentarte a pensar y estar un rato solo contigo mismo; un permiso para aburrirse. Como señala el mismo autor:

“A fin de tener enfoque, necesitamos escapar para enfocarnos”.

 


Enlaces:

Libro Esencialismo: Logra el máximo de resultados con el mínimo de esfuerzos, por Greg McKeown

Corría y corría. Recordé respirar y vaya sorpresa, ¿un instante de paz?

Hábitos, rituales, sistemas… Funcionan de maravilla. Sin embargo, falta otro elemento sin el cual ninguno de ellos siquiera existiría: TÚ.

Empieza la semana y milagrosamente estás entusiasmado por darle comienzo a tus actividades, por practicar esos hábitos que has diseñado, por sentir los beneficios de tus rituales. Pasa el lunes y todo va estupendo. Llega el martes, y sigues muy bien. El miércoles te surgió de repente una reunión. Luego, saliste del trabajo para hacer las diligencias del día. Tu planificación no fue muy realista y no te alcanzó el tiempo para hacer todo. Como consecuencia, vas a tener que pasar la noche atendiendo eso que quedó pendiente para el que el jueves puedas empezar con mejor pie. 

A veces los días no son perfectos o a veces sí, pero la semana no. A veces tienes una buena semana y otra no tan buena. Por Ley de Murphy, basta que te atrases con algo para que surjan mil cosas más y te encuentres ahora con una acumulación de tareas indispensables.

Suele ocurrir sobre todo cuando se están creando nuevos hábitos. Existe un período de adaptación. Estás probando qué y cómo te funciona. Mientras lo incorporas puede que se te traspapele tu horario.

Además, siempre va a haber una diligencia que hacer. Siempre va a surgir algo inesperado. Y es muy probable que una que otra semana no puedas evitar el caos. Respira. Sí, todos hemos estado allí, más veces de las que quisiéramos.

Es tan fácil tirar la toalla. No necesitas ni de argumentos sólidos. Una simple excusa y adiós a ese problema…

Quisiera recordar a Elizabeth Gilbert citando a Pema Chödron, conocida maestra y monja budista: 

“Pema Chödron, dijo una vez, que el mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que renuncian a ella justo cuando las cosas están por ponerse interesantes. Lo que quiere decir, lo dejan apenas las cosas dejan de ser fáciles, apenas se ponen dolorosas o aburridas o agitadas. Así que, se pierden la parte buena, la parte transformadora. En otras palabras, se pierden la parte en que traspasas la dificultad y entras en un universo nuevo, bruto, dentro de ti mismo”. 

Sé lo que es renunciar. Y también sé cómo se siente no saber cuándo va a venir ese momento transformador. 

En esencia, supongo que todos quisiéramos tener un interruptor; un botón con el cual apagar todo, desenchufarnos del mundo y desaparecer por unos minutos. No existe tal interruptor. Pero sí existe la pausa, una pausa de 5 min; una pausa para mirar por la ventana que tengas más cerca y quedarte allí. Deja tus sueños y deseos por un momento en una caja segura. Cada vez que te quedes pegado en un pensamiento perturbador, salúdalo y déjalo pasar. Y vuelve a la ventana. 

Parece mentira, pero a veces 5 minutos es todo lo que necesitamos para simplificar, descansar y prepararnos para el resto. Las actividades van a seguir allí. Mas, no hacemos nada con pensar en todo lo que hay que hacer porque no podemos resolver todo al mismo tiempo. Así que podemos empezar por hacer una pausa, respirar profundo, vaciar la taza y comenzar de nuevo con lo que toque.

Sin ti, nada va a funcionar. Sin ti, los hábitos no tienen sentido. Pero, no eres un robot.  Cuídate o de nada valdrá la vida extraordinaria. ¡Que te lo cuente Melanie Weinberger,  después de sufrir depresión mientras intentaba crear y entender qué significaba llevar una vida extraordinaria!

Cinco minutos milagrosos… ¿es así como se siente la paz interior, así sea por un breve instante?