Aceptación: La clave para vivir en paz

Hay veces que uno escucha alguna frase. También pasa con conceptos que uno predica y pone en práctica. Uno los entiende. Las palabras son claras. Llevas a cabo acciones de acuerdo a esas filosofías. 

Sin embargo, después de meses e inclusive años experimentas un instante de luz y claridad, como si antes hubieras entendido, pero no internalizado realmente en qué consistía ese concepto o frase o filosofía.

Supongo que es similar a cuando las cosas pasan y uno no entiende la razón. Lo dejas enfriar y puede que mucho tiempo después puedas conectar los puntos. Como decía Steve Jobs: “No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro…”.

Siempre he creído que la vida es simple. Siempre he considerado que nosotros la hacemos complicada con nuestras preocupaciones, pensamientos y todo eso que agregamos. Mas, en esos momentos en los que se juntan varias cosas por enfrentar o potencialmente resolver, no puedo evitar pensar, reflexionar, buscar entender.

Y es allí cuando llega mi momento eureka. La vida es como es. Lo que pasa simplemente pasa. Nada es necesariamente bueno o malo. Son solo hechos, circunstancias, cosas que pasan. 

Para aquellos que siguen alguna religión teológica, el consuelo lo obtienen en la aceptación de que los sucesos están en manos de un ser supremo. Para quienes no creen en alguna religión teológica, pueden encontrar esa misma aceptación al enfocarse en el presente y ganar conciencia de lo que nuestro mundo interno busca hacernos creer como realidad.

En el camino zen, en la práctica meditativa y en nuestro desarrollo humano, se nos habla de esa aceptación. El mundo cambia constantemente. Nada es permanente. Por ende, si agregamos etiquetas de juicio, sufrimos. Al meditar, buscamos que los pensamientos se muevan libremente, como nubes que pasan. La intención no es tratar de frenar esa nube, desintegrarla o prestarle mucha atención. Con nuestros sentimientos, se nos habla de darnos cuenta de que están allí, de qué sentimos, pero sin racionalizarlos demasiado. En otras palabras, se nos habla de transitar el mundo con la conciencia de lo que pensamos y sentimos, sin negarnos el momento, pero tampoco buscando disfrazar o eliminar nada. 

A veces cuando no queremos sufrir, negamos nuestras emociones. En otros casos, puede que no sepas cómo ventilarlas. Y así vas acumulando y acumulando hasta que el vaso se derrama y ya no aguantas más. Otras veces, por miedo, te colocas caretas, escudos. Te dices a ti mismo que nada te afecta. Mas, por dentro, sabes que estás sufriendo, sabes que te aterra el cambio, la soledad, el fallar, etc.

Mi punto es, la vida es como es. Situaciones pasan. Personas pasan. Percíbelo. Participa de la vida, como decía D. Wayne Dworsky, a través de los cinco sentidos. Pero, no le agregues nada más. 

¿Te sientes mal, triste, deprimido, confundido? Identifícalo. Dite a ti mismo, me siento así. Date permiso de sentir. Pero, no te castigues por ello. ¿Cuántas veces no te dices ‘ay que ya no quiero sentirme así’, que ‘ya quiero tener ánimo o esto o aquello’?

Cuando toques fondo, cuando estés listo, saldrás con las pilas recargadas. Mientras tanto, acepta. Acepta lo que sea que estés viviendo. Y cuando se vuelva un poco abrumador, ten paciencia, ten compasión de ti mismo. Luego recuerda, los desafíos se resuelven un paso a la vez.

Tal vez no es primera vez que hablo de aceptación. Pero como comenté al principio, a veces con el tiempo, los conceptos cobran mayor significado. A veces después de mucha práctica vas finalmente entendiendo cómo te perjudicas cuando tratas de controlar las cosas, cuando tu cabeza no dejar de pensar en las mil cosas que se te vinieron encima, e inclusive en los porqué.

Cuando te das la oportunidad y dices, ‘está pasando esto y ya’ (en lugar de ‘está pasando esto y qué estrés, cómo es posible, blablablabla’), te quitas un gran peso de encima. Pruébalo y dime si experimentas esa ligereza.

Deja de buscar, solo abre los ojos

“No busques la próxima oportunidad. La que tienes en frente es la oportunidad”. (Paul Arden)

No quiero iniciar otro post sobre la importancia de vivir en el presente, ni en qué consiste enfocarnos en el ahora. Sin embargo, hay algo de esta frase de Paul Arden que me llama mucho la atención.

Recuerdo cuando recién nos mudamos de departamento, mi mente no dejaba de viajar entre todas las ideas de decoración que tenía. Me imaginaba esta pared de tal color. Aquí vamos a poner tal cosa. Se necesita este otro mueble. Muy divertido el proceso si te gusta diseñar. ¿Pero?

Hay veces en que las cosas que queremos lograr, cambiar o modificar llevan tiempo. ¡Lastimosamente no podemos decir 1,2,3 Rebecca y así de fácil! 

[Tal vez mi referencia no es global, pero de alguna manera no podía dejar de incluirla. Si quieres saber su origen, date un paseo por YouTube.]

Cuando comienzas a hacer toda una lista de las cosas por comprar, por ejemplo, el cambio comienza a resultarte abrumador. No solo te va a tomar una eternidad llegar al estado que quieres llegar, sino que piensas en la inversión y en un sin fin de cosas más. Esto por dar un ejemplo, pero se aplica a cualquier proceso de cambio, cualquier meta o sueño, etc.

Mi punto, a veces el disfrute no está en la transformación en sí, sino en tu estado actual. No te estoy diciendo que dejes de mejorar o soñar o esto o aquello. Sigue trabajando por ello. Pero durante el proceso, no dejes de mirar a tu alrededor y de saborear el espacio que ya tienes, la persona que ya eres porque la oportunidad está aquí.

Inclusive a veces no es un cambio lo que se necesita, sino preguntarse, cómo le puedo sacar el máximo a mi situación actual. En el trabajo, ¿estaré dando todo lo que puedo dar o es más fácil rendirme y buscar otro empleo? En la vida personal, ¿estoy sabiéndome mejor que ayer o es que cuando logre tal cosa podré decir lo logré? En las relaciones, ¿estoy presente o me distraigo continuamente y después ando quejándome?

La simplicidad de las cosas, creo que en eso se resume la idea. Cómo nos gusta complicarlo todo, agregar, adornar, a veces en exceso. De vuelta a la sencillez. El sol no va a dejar de brillar porque lo coloreemos con más o menos rayitos alrededor.

Todo es como es – Parte II

“Cosas difíciles son puestas en nuestro camino, no para pararnos, sino para despertar nuestro coraje y fortaleza”. – (Autor desconocido)

 

En la entrada anterior, comentábamos sobre la importancia de mirar las situaciones de la vida con aceptación, compasión y amor. ¿Y por qué? Porque tal como decíamos, las cosas son como son. Y retomando esa neutralidad, esa aceptación total, esa liberación de las etiquetas, me pregunto entonces, ¿por qué mirar las situaciones como impedimentos?

 

“Solo porque un hombre carezca del uso de sus ojos, no significa que carezca de visión”. – (Stevie Wonder)

 

¿Quién dijo que algo es un impedimento? ¿Quién dijo que esto o aquello es bueno o malo? ¿Según quién algo es satisfactorio o no? Según tus pensamientos… Sin embargo, los pensamientos van y vienen. Los pensamientos no son nuestra realidad. Aquello que pensamos no necesariamente ocurre. Lo hablamos inclusive con el tema de las preocupaciones.

Existe todo un mundo artificial en nuestra mente. No obstante, solemos confundir ese mundo con lo real. Solemos habitar más esa casa de mentira que el presente que observamos y percibimos en este minuto a través de nuestra conciencia.

Por esta razón es muy importante observar.


Hagamos un pequeño ejercicio. Te tomará un par de minutos:

Respira profundo. Cuenta hasta dos inhalando. Sostén brevemente la respiración. Exhala contando hasta cuatro. Repite un par de veces. Calma tu cuerpo. Calma tu mente. Abre espacio para que sea la conciencia quien hable esta vez.

Observa la tensión en tu cuerpo. Observa cualquier sensación general. Deja que los pensamientos que aparezcan se los lleve solito el viento. No catalogues. No huyas de lo que percibes. Solo obsérvalo. Con el tiempo va perdiendo fuerza, energía. Poco a poco la molestia se va disolviendo. Aquello a lo que no le prestamos tanta atención, desaparece, queda en segundo plano.


 

Este pequeño ejercicio es una invitación a aprender poco a poco a liberarnos de las etiquetas. De esta forma, podremos apreciar las circunstancias de la vida como meras experiencias; oportunidades de crecimiento, oportunidades para conocerte, oportunidades para limar asperezas, perdonarte y amarte, oportunidades para hacerte más fuerte, oportunidades para valorar y finalmente, oportunidades para hacerte más sabio.

No hay enfermedad que no tenga cura (depende de dónde la busques). No hay discapacidad que te paralice (depende de la actitud con que la enfrentes). No hay situación que te quite tu armonía (todo está en tu conciencia y en aprender poco a poco a encontrar el balance a pesar de las tormentas). No hay malas ni buenas experiencias de vida, solo experiencias (este es tu camino hacia la sabiduría). 

Esto no se aprende en un día, lógicamente. Mas, depende de ti emprender el camino hacia la luz, hacia la paz interior, hacia la vida.

Y recuerda, a todos nos tocan obstáculos que sortear y aceptar. Tu situación no es mejor ni peor que la de nadie. Es tu cruz nada más. Por ello, estas no son palabras vacías. Estas no son palabras dichas desde una posición privilegiada y libre de “impedimentos”. Con toda confianza y conocimiento de causa, te repito, depende del lente que quieras ponerte. Yo elijo no ver impedimentos. Yo elijo ver experiencias enriquecedoras. ¿Y, tú?

Cómo empezar…

Por semanas me he estado enfocando en el presente. Ese regalo, ese momento, este instante que ahorita tenemos. Y ya verás que no es algo nuevo. Aparentemente, desde el 2009 aproximadamente, y quién sabe si desde antes, he llevado este tema en la frente. Así que como una oda, una reverencia, una muestra de agradecimiento por contar con este presente, tan bien y hermosamente envuelto, hoy te comparto un pedazo, un poema, una canción que escribí hace apenas 9 cuentas…

 

I

He estado meditando

en cómo debo llevar la vida,

si danzando o brincando

por un camino de alegría.

II

Siempre he leído

y otras veces me han dicho

que el presente es lo único que seguimos

puesto que ni el pasado ni el futuro muestran destino.

III

Pues si es el presente lo que vivimos,

hay que buscar maneras de seguirlo,

maneras de llenarlo de regocijo

para así conseguir el alivio.

IV

No debe haber cabida para las penas.

Las preocupaciones no deben marcar la senda.

Todo lo negativo debe irse por otro camino

para no permitir que la luz desvanezca.

V

No será fácil la encomienda,

pero hay fuerzas que ayudan a subir la cuesta.

Sólo un poco de voluntad

y la perseverancia terminará lo demás.

VI

Es el arte de combinar,

de mezclar la obligatoriedad

con un poco más de azar;

deber y lealtad sólo sin cesar.

VII

Ir tras sueños

enumerados en el cielo

brillando en el cosmos

con tanto destello.

VIII

Un sueño vuelto realidad;

una realidad con metas a alcanzar;

un camino pedregoso qué más da,

pero con o sin tropiezos la mirada siempre al mar.

 

Cómo empezar, de la colección “Haciendo caminos”

Por Diana F. Blanco, 2009

Es ahora no mañana: Vuelve al presente

En estas últimas semanas, hemos estado hablando sobre el presente, el pasado y el futuro. Nos hemos dado cuenta de que nuestra mente se pasea entre aquello que ya sucedió y que no podemos cambiar y entre aquello que queremos que pase, pero que aun no forma parte de nuestra realidad. De esta forma, pasamos los minutos, las horas y los días muchas veces sin darnos cuenta del ahora, no del ayer ni del mañana, del hoy.

Exploramos algunas estrategias para dejar el pasado en su respectivo cofre. Es momento entonces de reflexionar y trabajar en el vivir, en el dejar fluir y en el confiar en la abundancia del universo. Aquello que esté por pasar, pasará cuando corresponda. Soy una creyente de que las cosas pasan por una razón. Y si no suceden, pues he ahí también un porqué. No importa si en el momento no entendemos ese porqué. Y a lo mejor nunca lleguemos a entenderlo o tal vez sí.

El punto está en que el futuro es incierto. Es un misterio. Y no solo eso, nos atrapa en un constante soñar, en una creación de expectativas que perfectamente nos puede dejar ansiosos, desilusionados, estresados. Nos perdemos las oportunidades del momento, un compartir, un sabor, un atardecer. Nos quedamos deseando aquello que no tenemos, sin darnos cuenta de lo que disponemos.

Así como se nos recomienda dejar fluir el pasado, el futuro también. Cuando algo nuevo llegue a tu camino, ya sabrás qué hacer. Mientras tanto, disfruta de tus logros. Disfruta de la posibilidad de este día porque ni siquiera sabes si mañana estarás acá. Y no es por sonar macabra.

El futuro puede ser hermoso. Soñar es hermoso. Sin embargo, tu presente es aun más maravilloso porque existe. Ya llegó. Está justo aquí. 

 

¿Cómo concentrarnos en el ahora y no en el mañana?

Pues, lógicamente, no siempre tengo respuestas para todos los retos de la vida. Así que mientras investigaba sobre cómo desprendernos del futuro, no pude dejar de sorprenderme del material disponible. En su mayoría eran artículos titulados algo así: cómo desprenderse del pasado para vivir en el futuro o aprovechar el futuro. La verdad es que no los leí, así que ignoro si tendrían algún pedazo de sabiduría para nosotros. 

Sin embargo, me pregunto, ¿será que creemos que el futuro es el tiempo presente? Si lo piensas un poco, ¿acaso no hemos estado acostumbrados a colocarnos metas para alcanzar cosas, cosas que ciertamente están en el futuro? De allí a que no sepamos dónde queda el presente… 

El pasado lo tenemos claramente definido. Pero, hemos creado una línea borrosa entre presente y futuro. Mas, les aseguro, ¡no son lo mismo!

Jenny Bowman, en su artículo Go Do: Let Go of the Past and Future and Live in the Present, nos plantea LAS preguntas clave aquí y una posible respuesta:

 

“¿Cómo tener grandes sueños, y aun así obtenerlos? ¿Cómo experimentamos el día a día?” 

“Ve y actúa”.

 

¿Sobre qué pensamos cuando viajamos al futuro? Tal vez imaginamos escenarios que querríamos vivir. Algunas veces serán metas logradas, viajes que queremos realizar, etc. Ve y actúa. ¿No se nos ha dicho constantemente que lo importante es vivir el camino y no la línea final? ¿Quieres una mejor posición en tu trabajo? Pues, desde luego, trabaja, enfócate en ser tu mejor versión profesional ya. ¿Quieres irte de viaje? Pues, empieza a ahorrar. 

Tal parece que para ayudarnos a permanecer en nuestro ahora, debemos concentrarnos en lo que ya estamos haciendo o en incorporar aquello que tanto decimos que vamos a hacer y nunca empezamos. Si vivimos y trabajamos en lo que nos importa, eventualmente algunos resultados vendrán. Confía en tu camino. Confía en tu trabajo. Confía en tu ahora. El mañana llegará y estará en tu presente, y por ende, en tu campo de acción. Así que, ve y actúa.