Tiempos de decencia, ¿te unes?

Eventos recientes me han llevado a reflexionar sobre la situación mundial. Tantas cosas han cambiado desde la Revolución Industrial. Tantos paradigmas se han quebrado o se siguen intentando quebrar. La carrera actual se inclina hacia romper el statu quo y crear organizaciones y sociedades más humanas.

En Latinoamérica, en Estados Unidos, en cada rincón del mundo se eleva un grito por equidad. Quién diría que después de la abolición de la esclavitud, todavía existiría racismo. La comunidad LGBTQ lucha por sus derechos, por ser considerados como cualquier heterosexual, por no ser discriminado por su orientación sexual. Y a estas voces se unen aquellas que piden conciencia ambiental, equidad para las mujeres y que no se discrimine por creencias, religión, género, etc.

En algunos países, en especial dentro de Latinoamérica, la batalla socio-económica continúa. Balanzas de oportunidades, beneficios y poder adquisitivo un tanto desequilibradas, ideologías mal aplicadas… Los extremos cada uno buscando reclamar su territorio. Por algo dicen que el poder corrompe.

NOTA: Esta no es una entrada sobre política. Mi posición es neutra. En mi opinión, ningún extremo es bueno y casarse con una opción solo encasilla. Mis posiciones hablan en función de valores y propuestas y en el trato que los seres humanos nos merecemos.

Sin embargo, la sociedad parece estar pidiendo otra cosa. Está pidiendo decencia. Está pidiendo volver a nuestros valores esenciales, valores que lleven a la unidad y al balance, a la conciencia del otro. Cada uno de los grandes problemas que enfrentamos hoy en día como sociedad, se solucionan si cada uno de nosotros, no solo gobiernos y empresas, pone su granito de arena.

El cambio climático no se va a frenar solo si las empresas reducen su huella y si los gobiernos invierten en soluciones. Nosotros podemos contribuir con pequeños cambios:

  • Hacer compost para que nuestros desechos orgánicos no liberen metales pesados a la atmósfera una vez se depositen en los vertederos.
  • Remplazar productos de higiene personal y hogar por opciones más naturales y orgánicas.
  • Procurar comprar productos que vengan en envases reciclables, como vidrio, aluminio o en su defecto papel/cartón. Mejor aun, busca productos que no vengan en envase.
  • Buscar productos que sean concentrados o más duraderos. Por ejemplo, dicen que los champús sólidos pueden durar hasta 3 meses manteniéndolos sin contacto constante con el agua de la regadera. (Aun estamos gastando lo que queda de champú de botella, pero mantente pendiente en nuestras redes donde les contaré cómo nos va con el champú sólido en cuanto lo abramos).
  • Ahorrar agua cerrando el grifo mientras te enjabonas o colocar filtros y accesorios que controlen el flujo de la llave.
  • Optar por electrodomésticos y ampolletas/bombillos ahorradores.
  • Reducir, reciclar y reutilizar lo que se pueda.
  • Si te animas, cámbiate al veganismo. Una opción intermedia es ser vegetariano, o mantente carnívoro, pero reduce tu consumo de carne (el nivel en el que te sientas cómodo).

En cuanto a la equidad social, política, económica y cultural, puedes empezar por escuchar abiertamente a aquellos que opinan diferente a ti. Su punto de vista es válido aun cuando no lo compartas. Puedes recordar tratar a otros como te gustaría que te trataran a ti, con respeto y tolerancia. La mejor forma de generar una influencia positiva en el mundo es a través del ejemplo. Presta atención a tu lenguaje. ¿Es destructivo o constructivo? 

Y si te gustan las causas, pues apóyalas, ya sean políticas, inspiradas en los derechos de las personas, medioambientales, sociales, artísticas, económicas. En esta nota, además de todo el tema ecológico, ¿saben qué me gusta hacer? Apoyar a las pequeñas empresas. Me encanta la atención al cliente, lo local y artístico y el hecho de que puedo obtener productos más naturales, únicos o diferentes. Esta es mi manera de contribuir con la economía del país donde vivo y de apoyar a artistas, que como yo, sé lo que cuesta surgir con su arte.

Sí, sigamos apoyando o luchando por los derechos y causas que nos motivan. Pero por sobre todo, empieza mirándote al espejo y limpia tu casa antes de hacer demandas externas. Todo aporta y juntos, desde el nivel individual al colectivo, es como se generan los grandes cambios que esperamos.

¿Cuál va a ser tu posición ante un mundo convulsionado, construir o destruir?

Le he estado dando vueltas a la cabeza estos últimos días pensando en un mensaje a transmitir en estos tiempos de tanto disturbio y revuelo mundial. Desde ya, expresar que esta es mi opinión personal y que no está atada a ninguna orientación política. De hecho, parte de mi mensaje hoy es de tolerancia. Por ende, decir desde el principio que respeto la postura de cada quien.

En primer lugar, el que haya tanto descontento en distintos países puede significar algo positivo. Más allá de las razones del descontento o de las carencias o necesidades no cubiertas por quien sea, pudiera uno procurar ver esta manifestación como una necesidad de volvernos más humanos. Pareciera que el mundo entero está pidiendo un regreso a los valores fundamentales. Las distintas sociedades piden equidad, tolerancia e integración.

Estamos en el siglo XXI. Tantas cosas han cambiado. Sería ingenuo pensar que nosotros como seres humanos nos quedemos sin evolucionar.

En segundo lugar, precisamente entonces hago un llamado a la equidad, a la tolerancia y a la integración. Es cierto que es muy importante tener la posibilidad de expresar nuestra voz. Y me alegra que así pueda ser en la mayoría de los países. Seamos responsables entonces en cómo ejercemos nuestro derecho a expresarnos. El lenguaje, lo he dicho en otras oportunidades, es una herramienta poderosa. Puede construir y puede destruir (a nosotros mismos, a los demás y a las oportunidades). 

¿Cómo volvemos a nuestros valores? Expresándonos con sabiduría, respetando el espacio del otro, conversando y escuchando. Sé que a veces nuestras emociones nublan y se apoderan de nuestro lenguaje. Dichas emociones son más que válidas. Ahora te pregunto, ¿es posible tomarte un momento para enfriarte y pensar con más claridad? Recuerda, el cielo azul siempre está allí en tu mente. Los pensamientos y las emociones circulan por doquier. Déjalas pasar y reencuéntrate con ese cielo azul. En palabras más claras, lo que quiero decir es recurre a la sensatez. Tu opinión nunca va a dejar de ser válida, pero también la del otro. La única forma de construir y volver a nuestros valores es buscando puntos de encuentro. 

El mundo no es blanco y negro. Hay miles de caminos para llegar a Roma. El tuyo no es el único. Es más, es muy probable que la mejor solución a tus problemas sea una combinación de tu solución más la del otro. Por una parte, esto se llama negociación. Por la otra, se llama tolerancia, sensatez, constructivismo y objetividad. 

En la vida no siempre se logra todo lo que queremos tal cual lo queremos. No podemos esperar controlar a otras personas ni a las situaciones. Lo comentamos al discutir los pecados que van en contra de tu felicidad. Expresar nuestro descontento de forma tal de lograr nuestro cometido requiere inteligencia y apertura. Además, los cambios requieren de tiempo y pasos. Paso a paso se va construyendo una mejora para toda situación.

Siento que es tiempo de unir cabos. Desde donde sea que te encuentres, trasmite amor y no odio. El odio no resuelve. El apuntar a culpables no resuelve. Lo que pasó ya pasó y no se puede cambiar. El presente es lo que queda y es la esperanza para un futuro mejor. Usa mejor tu tiempo. Usa mejor tus recursos. Si tienes la posibilidad, propón. 

Es muy fácil quejarse. Y ojo, comprendo el sufrimiento, el padecimiento. Mas, si se hacen esfuerzos por construir, pero te vas a enfocar solo en lo que falta, en lo que no se incluyó, en que aun con esos esfuerzos no se va a llegar lejos, en efecto, no vas a llegar a ninguna parte. Considera que para llegar a la meta, hay que dar un primer paso. Si nada te hace estar conforme, nunca se va a dar ese primer paso y la meta, solo quedará como un chiste.

En resumidas, exprésate, sé constructivo, sé cuidadoso con tu lenguaje, sé parte de la solución y no solo una víctima de las circunstancias. No tienes que estar en una posición de poder para transmitir tolerancia, amor, unión, tranquilidad y bienestar.

Somos como somos, así que déjame ser

En estos días, tuve la oportunidad de ver el musical de Broadway “The Prom”. Fue uno de esos momentos en los que por más de una hora, tu mente no sabe cómo procesar toda la información que está recibiendo. Más allá de toda la experiencia musical y la actuación, la cantidad de mensajes que contenía fue maravillosa. En realidad, supongo que todo se puede resumir en una palabra muy importante hoy en día: tolerancia.

No les voy a contar de qué va la historia por si alguna vez tienen la oportunidad de verlo con sus propios ojos, cosa que recomiendo enormemente. Digamos que hay un tema sobre la aceptación a diferentes niveles. Por un lado, está la homosexualidad, un tema controversial para el pueblo donde se desarrolla la historia. Sin embargo, la aceptación va mucho más allá de lo sensible. 

La sociedad se ha encargado con tanta ferocidad de indicarnos el “camino correcto” que no nos damos cuenta de las consecuencias. Nos han insertado un chip cuya información indica que debes ser perfecto, competitivo, número 1. Se nos descarta cuando alcanzamos ciertas edades. En fin, pareciera que como seres humanos nos hemos transformado en objetos productivos o improductivos, es decir, útiles o inútiles según pasa el tiempo (cual máquina nueva que tras años o se daña o es reemplazada por un modelo más moderno).

El miedo a lo desconocido

Así como se dice que la prostitución es la profesión más antigua que existe, la homosexualidad es probablemente igual de antigua. ¿Y sabes por qué? Porque la homosexualidad no es un invento humano. No es algo que se hace. Es algo que se es. Y esta verdad nos ha costado entenderla por décadas. Por qué, no sé. 

Al tratar de buscar razones lógicas de por qué hemos, como sociedad, segregado y maltratado a homosexuales, y ojo, esto es mi opinión personal (asumo que expertos en el área habrán hecho diferentes investigaciones al respecto), lo único que se me ocurre es la religión. Con esto no busco atacar ninguna religión. Así que con todo el debido respeto, permítanme referirme a ello. 

Hablaré desde el punto de vista de un católico, dado que no puedo hablar con propiedad sobre el resto. En el catolicismo se nos enseña que el objetivo de una pareja es la procreación. Por ende, la pareja está compuesta por hombre y mujer. ¿Qué representa entonces una pareja de dos hombres o dos mujeres? Probablemente una aberración. 

Ahora, me pregunto lo siguiente, si los seres humanos somos animales y también se han visto casos de homosexualidad en otras especies, ¿por qué el sapiens no puede ser homosexual? Después de todo, es la naturaleza. No me vengan a decir que el ser humano creó la naturaleza también.

En fin, si practicas una religión, la manera en que el sapiens buscó darle sentido a su realidad (Yuval Noah Harari lo explica más bonito que yo en su libro “Sapiens. De animales a dioses“), y esta te dice haz esto así y rechaza esto otro, pues es entendible por qué como sociedad rechazamos todo lo que no se ajusta a las Escrituras.

Según historiadores, como el mismo Yuval Noah Harari, la religión es un invento humano. Si creemos eso, pues entonces las reglas de cada religión también son un invento. En resumen, es más simple rechazar lo que no conocemos que intentar explicar lo inexplicable. ¿Y qué es para mí lo “inexplicable”? Que somos lo que somos, punto.

Si te haces un tatuaje, eres un rockero. Si te pintas el cabello de rosado chillón eres esto o aquello. Si te colocas un piercing, qué vergüenza. Si te vistes todo de negro, con ciertas prendas en particular, eres gótico, inadaptado social y las etiquetas siguen con cada estilo que vemos, con cada cosa que hacemos o dejamos de hacer, etc. Parafraseando a Dani Shapiro, en su último libro “Inheritance“: me hice un tatuaje, lo cual está prohibido en el judaísmo, precisamente para ser un poco rebelde; Después de todo soy parte judía, parte no.

Conclusión: aceptación. Somos lo que somos. Déjame ser.

¿El miedo al qué dirán?

Tal como señalé anteriormente, como sociedad tenemos un libro de comportamientos aceptables. Todo aquello fuera de eso puede ser catalogado como ‘malo’, ‘vergonzoso’, ‘a evitar’, ‘decepcionante’. Es entendible entonces que nadie quiera salirse de la norma y que al no encajar en un perfil de perfección (que por cierto, no existe) se generen toda una serie de complicaciones.

Si hay tanto material de cómo se sienten los niños, adolescentes e inclusive adultos con toda la presión de ser el mejor, de ascender, de sacar buenas notas, blabla, es porque la realidad es esa. Claramente hemos necesitado mostrar lo que pasa en un gran porcentaje de la población. Es impresionante el miedo que deben sentir muchos jóvenes por encajar en el personaje que sus padres, el colegio y la sociedad en general han creado para él. 

La vida es una sola. Sí, da lo mejor de ti, pero hay que medir el costo de las oportunidades. No hacemos nada con jóvenes quemados y sin habilidades para lidiar con sus realidades. Hay que dejarlos ser lo que son, lo que sea que eso signifique. 

No soy madre, y entiendo que como madre o padre se quiera evitar que los hijos sufran o cometan errores. Sin embargo, considero que ese es un error grave que cometemos como adultos. Cada persona necesita fallar para entender que caer es natural y humano. Cada persona necesita aprender a levantarse después de caer. Si nunca cae, cuando le toque, el shock va a ser aun mayor. Cada persona necesita hacer sentido de su alrededor, vivir la vida según sus lentes particulares. Como adultos necesitamos apoyarlos y darles herramientas, pero no hacer de sus vidas las nuestras.

Conclusión: aceptación. Somos únicos e irrepetibles. Déjame expresar lo que soy.

El miedo a ser reemplazable

No somos objetos, gente. A cualquier edad algo tenemos que aportar; alguna historia tenemos para contar; algo tenemos para enseñar y aprender.

Conclusión: inclusión.

No me voy a extender más. Solo quiero que se lleven esta reflexión. Todos tenemos paradigmas y creencias. El tema está en cómo esas creencias y comportamientos afectan a las personas que nos rodean y a nosotros mismos. No rechaces algo solo porque no se ajusta a lo que piensas, y mucho menos si no sabes de qué se trata realmente. Que no te guste a ti, no significa que no puede ocurrir. 

Podemos evitar tantos problemas si empezamos a ser más inclusivos y más tolerantes. Si te encuentras juzgando o criticando algo o alguien, piensa, ¿por qué estoy haciendo eso? Te puedes sorprender, a lo mejor es tu mente diciéndote que tal vez te hubiera encantado tener el coraje para ser o actuar como esa persona.