¿Qué te dicen tus antojos?

Esta mañana me di cuenta que en una realidad alternativa, estaríamos en este momento en la playa disfrutando de nuestras vacaciones. No me quejo. Esta cuarentena nos ha dado más de una cosa para reflexionar.

Me gustan las estructuras, los planes, las rutinas, los hábitos. En fin, supongo que me siento a gusto en lo seguro. Y por eso mismo, me gusta salir de mi zona de confort, experimentar y salirme de mi caja. Esa es una de las reflexiones que esta cuarentena me está dejando.

Cuando esa estructura se quiebra, se modifica, el sistema entero tiembla. Eso quiere decir que el sistema es frágil. Y para mí, además significa que el sistema es muy cerrado, muy estructurado. 

Por esta razón, decidí escuchar mis antojos. Sé que a veces es muy fácil utilizar un antojo como una excusa para no trabajar o hacer eso que sabes que “debes” hacer. Sin embargo, darse libertades también puede darle cabida a la creatividad y la diversión. Uno puede encargarse de alguna tarea prioritaria e importante. Y luego, puede darse espacio para el antojo.

Lo importante es que al final del día, uno pueda apreciar lo que hizo y lo que no hizo. No hay cabida para el castigo. Hay cabida para la auto-compasión. No hay cabida para la culpa. Hay cabida para el disfrute.

Si sientes que eso que quieres hacer es lo que debes hacer, hazlo. ¿Qué te lo impide? ¿Quién te lo impide?

Si sientes que ese antojo se está interponiendo en tu trabajo, piensa, ¿necesitas sacar una tarea importante y el antojo es una excusa para no ponerle el cascabel al gato? Pues, entonces siéntate, pon música que te ayude a concentrarte y show up. Termina tu tarea y verás que luego te sentirás aliviado y satisfecho. Ahora, puedes enfocarte en tu antojo.

Si sientes que tu antojo no se interpone en tu camino, dale rienda suelta. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Quién dijo que todos tus días tienen que verse iguales? ¿Quién dijo que por cambiar el orden de tus tareas o posponer algunas no eres productivo o útil? 

Es más, tu antojo puede ayudar a liberarte de ese bloqueo mental que te ha impedido ponerle el cascabel al gato. Como escribió Anne Bogel, en su libro Don’t Overthink It, “incluso si no te gusta el resultado, eso no significa que no sea el resultado correcto. Y eso me libera para elegir”. Y continúa explicando, “algunos días me va bien; Estoy satisfecha con cómo he invertido mis horas, y por ende, mi vida. Algunas veces me cuesta, y sé que me seguirá costando. Nunca voy a ‘llegar’, pero puedo ver qué tan lejos he llegado”. 

Ya sea que inviertas este momento en tu trabajo o en alguna actividad que se te antojó e inclusive en algo que ansías mucho hacer (pero sientes que no deberías o que ahorita no es el momento adecuado), recuerda que puede que estés dándole muchas vueltas al asunto. Tal vez lo que necesitas es hacerlo y ya, sin pensar en si es el resultado adecuado o no; sin pensar si es el resultado que te gusta o no.

Encuentra tu balance. Ve a la acción. Haz lo que te gusta hacer. Trabaja, por supuesto, pero recuerda que eso no lo es todo en la vida. ¿Quieres leer ahorita? Hazlo y enfócate en ese informe en un par de horas. ¿Quieres salir del informe para poder liberar la mente? Pues, adelante, busca un lugar donde puedas concentrarte y empieza a tipear. 

Sea lo que sea, hazlo de forma consciente.

“Cómo pasamos nuestros días es, por supuesto, como pasamos nuestra vida” (Anne Dillard).

Sal a la cancha con tu uniforme de profesional

“Lo que diferencia a un amateur de un profesional son sus hábitos”. (Stephen Pressfield)

Podemos dibujar una analogía entre amateur y profesional y la vida que elegimos vivir, es decir, ordinaria o extraordinaria. El amateur es nuestra vida ordinaria. El profesional es nuestra vida extraordinaria.

Si bien no es común lograr que tu vocación sea además tu carrera, a veces pienso que esa brecha se reduciría si entráramos a la cancha más con la mentalidad de un profesional que la de un amateur.

Tal pareciera que son pocas las personas, al menos comparado con la cifra de la población mundial, que logran atravesar una barrera que los conduce a hacer grandes cosas: corporaciones de las que dependemos hoy en día, productos sin los que no podemos existir, descubrimientos que salvan vidas, etc.

Yéndonos a un plano más simple, no hablemos siquiera de esas grandes transformaciones. Que hay de tus planes personales, sea cual sea la huella y el tamaño de la huella que quieras dejar. 

Ya he escrito sobre el concepto, beneficios y costo de una vida extraordinaria. Si quieres consultar estos artículos puedes encontrarlos a continuación:

Quisiera retomar el tema a propósito de un experimento que comencé hace una semana. Por primera vez en un buen tiempo, estoy jugando con metas numéricas. Si llevas tiempo leyéndome, sabrás que propongo sistemas versus metas. En breves palabras, más vale la consistencia sin importar qué tanto o poco se avance. El principio es show up y avanzar. Sin embargo, mientras leía la famosa memoria “Mientras escribo”, de Stephen King, no pude dejar de notar que no parece haber escritor que no se coloque una cifra numérica como parte de sus hábitos creativos. Para King son 2000 palabras diarias, probablemente el escritor más prolífico de nuestros tiempos. Para otros son 3 horas, 30 páginas, # párrafos, etc. 

En mi caso, al principio me manejaba con un concepto libre/flexible de horas diarias.  Como dije antes, la idea era simplemente show up y avanzar. Luego, parezco haber recibido otro llamado de atención con Guillaume Lamarre, en su libro “La vía del creativo”. Así que inicié el experimento de las 500 palabras diarias. Y, algo cambió.

Considero que tiene que ver con la determinación. 

Preparar la práctica a fuerza de determinación, más que a fuerza de confianza en sí mismo.  

Jack Kerouac decía que “al ponerse un objetivo contable y no artístico, potenció su determinación”. Y mientras más lo pienso, o trato de alinearlo a mis creencias, tal vez recurrir, en este caso, a una “meta numérica” no estoy dejando atrás al sistema. Si me fuera al concepto estricto de meta, esta tal vez sería escribir tantos poemas o terminar la colección. Sin embargo, mi foco es escribir, sí, un mínimo. Y la verdad es que ha reforzado mi determinación, puesto que cumplir todos los días se ha convertido en sinónimo de respeto para la obra, para el momento creativo y para mí como creadora.

Como siempre, esta es mi experiencia. Sin embargo, la narro porque sé que aplica a cualquier ámbito, a cualquier sueño, a cualquier tarea (dentro o fuera de la vida creativa).

En conclusión, no solemos querer poner el esfuerzo. Es difícil enfrentar nuestros demonios todos los días. Es muy fácil disfrazar la excusa y la flojera de “flexibilidad”. Por algo, la comodidad es cómoda y el opuesto algunas veces incómodo.

 

“Cuanto más importante sea a tus ojos aquello que te aguarda, más presente y poderosa será la angustia, la resistencia. En realidad, cuando más miedo tengas, más seguro podrás estar de hallarte sobre la pista correcta”. (Guillaume Lamarre)

 

Así que para vencer la resistencia sigue el consejo del escritor Steven Pressfield: ten automotivación, autodisciplina, autorrefuerzo y autovalidación. Vamos a ver quién queda entonces de protagonista, tú, tu sueño o tus demonios y miedos.

¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

Esfuerzo, constancia y decisión, ¿algo más?

Esfuerzo. Constancia. Decisión. Así terminé la entrada anterior y así comienzo esta. Comentaba que esta podía ser la combinación clave que ayudara a definir trabajo duro. Y mientras más investigo y reflexiono, tal vez funcione así.

Por ahí el refranero popular dice que aquello que más queremos, es aquello que más cuesta conseguir. Claramente quedándonos sentados, nada va a caer solo del cielo. Así que si realmente queremos algo en la vida, hay que salir a trabajar por ello, cueste lo que cueste. De allí la decisión y el esfuerzo. Sin embargo, ya sabemos que gran parte del éxito recae en la constancia, es decir, en salir a buscarlo el día 1 y el día 2 y el día 3 y todos los días.

Esfuerzo. Constancia. Decisión.

Ahora bien, ¿cómo vas a trabajar duro sin siquiera tener algo en qué trabajar? Hay que empezar por querer algo. Y no voy a entrar en las polémicas semánticas sobre el deseo. Eso es otro tema. Utilizaré estas palabras en esta entrada simplemente con el fin de ejemplificar.

Así que tomando en cuenta los tres elementos anteriores más algo que te mueva lo suficiente para querer trabajar duro por ello, llamémoslo pasión, pareciera entonces que no es trabajo duro lo que queremos definir, sino grit. Grit, de acuerdo a Angela Duckworth, científica investigadora en el tema, es “la combinación de perseverancia y pasión hacia metas de largo plazo”. Las personas con un alto nivel de grit parecen ser, según las investigaciones, aquellos que llegan lejos con lo que se han propuesto. Hay una gran cantidad de atletas, coaches y otras personalidades que han sido estudiadas por el alcance y éxito de su desempeño y la correlación con un alto grit. 

Y comienzo a hablar de grit por algo que menciona Duckworth al intentar definirlo. Grit no es solo trabajar duro y mostrarse resiliente, sino estar al servicio de algo que te apasione de tal forma que inclusive te da un sentido de propósito en la vida. Y no soy fan de las metas a ningún plazo, pero rescato el término con el fin de simplificar la explicación. En este caso, la meta que impulsa tu pasión y perseverancia “te importa tanto que organiza y le da significado a casi todo lo que haces” (Angela Duckworth). Así que caigas, pierdas, presentes obstáculos o te vaya bien, te levantas al día siguiente y sigues mejorando. Esa es la actitud y el comportamiento de una persona con alto grit. 

Y el grit no se detiene ahí. Según la misma autora, una persona considerada ejemplo de grit cuenta con (A) un interés, es decir, disfruta lo que hace. Asimismo, esa pasión la lleva a (B) la práctica y aquí viene la parte interesante. Tienes que tener la disciplina de practicar constantemente, pero la idea es mejorar, ser mejor al día anterior. “Tener grit implica resistirse a la complacencia”. Suena nuevamente a esa renuncia de elementos de una vida normal si lo que se busca es la extraordinaria. Y el perfil se completa con (C) un propósito y (D) la esperanza a tener la perseverancia que se requiere para continuar frente a los obstáculos, dificultades y dudas.

Reflexiones finales

Hoy en día hay documentales sobre Lady Gaga y otros artistas. Atletas, como boxeadores de la talla de Lomachenko y Anthony Joshua, publican videos sobre su entrenamiento y recorridos al éxito. Y sin irnos muy lejos, de seguro conoces a alguien a quien admiras por su dedicación, trabajo, esmero y empuje. 

Hay tantas cosas detrás del telón que no vemos. No es suficiente con ser una excelente cantante, con saber pelear a la perfección. Se necesita pasar horas practicando para mejorar. Se necesita analizar tus errores para aprender. Se trata de pararte y trabajar aun cuando te da flojera, así como abrazarte a tus valores e ideales y convertirlos en práctica viviente día tras día. Y luego, es tomar una mancuerna más pesada o salirte de tu zona de comfort para seguir avanzando y no quedarte en la práctica conocida. Como dicen sin dolor no hay gloria.

Tomarte más de una hora en llegar a la ciudad, luego de agarrar un autobús más el metro y otro trecho de caminata para ir a entrenar; practicar durante horas al día, una y otra vez hasta que la pirueta te sale como debe ser; sentir el dolor muscular con cada abdominal y hacer unos cuantos más (o como Muhammad Ali, empezar la cuenta cuando te duele); y volver al día siguiente, eso es trabajo duro. Y ese trabajo duro te va a llevar a ser un ejemplo de grit.

“Nuestro potencial es una cosa. Qué hacemos con él es otro tema completamente distinto”. -(Angela Duckworth)

Si quieres saber cómo está tu nivel de grit, completa este test (en inglés).

¿Qué significa e implica trabajar duro?

Últimamente no he podido dejar de pensar en el significado de trabajo duro. Y es por eso que en la entrada anterior quise rescatar mi consigna: “Sonríe, trabaja duro y sé valiente”. Me he topado con unos cuantos personajes que me han tumbado un poco mi definición.

De más joven siempre me consideré una persona trabajadora (según la definición de la RAE, como: “Muy aplicado al trabajo”). Y tal vez en el contexto en que me encontraba, tal lo era. Sin embargo, dejando el camino académico detrás y adentrándonos en el mundo real, todo parece apuntar a una actitud y comportamientos diferentes.

Y no se trata de ser perezosos. Ya reflexionábamos al respecto; una verdad punzante ciertamente. Y probablemente tengamos que volver a mencionar el concepto de vida extraordinaria. Empecemos entonces por recordar la siguiente frase:

A.

“Si quieres vivir una vida excepcional y extraordinaria, tienes que renunciar a muchas de las cosas que forman parte de una vida normal” (Srinivas Rao).

 

Voy a colocar un ejemplo de mi vida personal para rescatar la acción de renunciar a elementos de una vida normal y, probablemente más cómoda: 

Hoy en día nuestras tardes constan en su mayoría de entrenamiento de algún tipo. Antes, solíamos ir a cenar en algún restaurante o íbamos al cine. Aun salimos, aunque usualmente los fines de semana. No extraño mi vida pasada. No siento que estoy haciendo sacrificios. Mas, ciertamente la opción de entrenar ha implicado renunciar a algún otro entretenimiento más relajado. 

Me gusta una cerveza o un vino de vez en cuando. Hoy eso solo ocurre en una ocasión muy especial, y a veces ni siquiera. Fue una opción que tomé y una sustancia a la que renuncié cuando coloqué mi salud y rendimiento en primer plano.

Cuando hablo de nuestra salud, experimento lo que llamo y lo que es para mí una vida extraordinaria. Sin embargo, hay otras áreas en las que ese caminar por opciones distintas al promedio no se ve tan claro. Algo falta. Recordemos otra frase:

B.

“Un desempeño excepcional se debe realmente a la confluencia de decenas de pequeñas habilidades o actividades, cada una aprendida o descubierta, las cuales han sido transformadas cuidadosamente en hábitos para luego encajar en un todo. No existe nada extraordinario o sobrehumano en ninguna de esas acciones; solo el hecho de que son practicadas de forma consistente y correcta, y juntas, conducen a la excelencia” (Dan Chambliss).

 

De aquí destaco la consistencia. De acuerdo a la definición de Merriam Webster, dedicarse de forma constante, regular o habitual a un trabajo serio y vigoroso, te hace diligente, trabajador, es decir, trabajo duro. 

Pero en la frase también se menciona una práctica correcta. Necesitas habilidad y talento. No obstante, como explica Angela Duckworth en su libro Grit: The Power of Passion and Perseverance,

 

 “Sin esfuerzo, tu talento no es más que potencial frustrado. Sin esfuerzo, tu habilidad no es más que lo que pudiste hacer, pero que no hiciste. Con esfuerzo, el talento se convierte en habilidad y, al mismo tiempo, el esfuerzo hace de tu habilidad algo fructífero”.

 

Esfuerzo. Constancia. Decisión. ¿Podrá ser esta combinación la clave? 

¿Qué significa para ti trabajo duro? ¿Conoces a alguien que sea un ejemplo de trabajo duro para ti? Coméntanos. Seguiremos explorando este tema más adelante.

El peso de una vida extraordinaria

A veces creo que no nos damos cuenta del poder de las palabras. Así que, si bien he hablado en otras oportunidades de vida normal versus vida extraordinaria, no quedo muy satisfecha, la verdad, con esa división. Pareciera implicar que si elegimos una vida normal estamos mal y que si optamos por una extraordinaria vamos a conseguir la plenitud que buscamos.

Dicho esto, no sé de qué otra manera podríamos referirnos al camino que elegimos vivir. Así que una vez más, procuraré describir en qué consiste cada uno o por qué apaño hacer una diferenciación.

Una vida normal vs una extraordinaria

Sin caer en debates sobre qué es correcto o no, la vida normal puede entenderse, desde mi punto de vista, como la vida que probablemente ya estamos viviendo. En nuestro día a día solemos hacer una serie de actividades, en su mayoría por necesidad y obligación, otras por satisfacción. Hay que trabajar para pagar las cuentas y cubrir nuestras necesidades básicas y alcanzar cierta comodidad. Hay que comer, asearse y demás para cuidar nuestro cuerpo y tener la energía para el quehacer diario. Algunos eligen otras actividades para cuidar también de su mente y espíritu. 

¿Cómo se ve una vida normal? Digamos que te levantas, te arreglas, vas al trabajo, comes, regresas a casa, pasas tiempo con la familia o amigos, ves televisión, etcétera. Cada persona tendrá su propia versión.

Sin embargo, pareciera que faltara un componente: aquello que quieres lograr. 

Sabes que no apoyo las metas. Prefiero los sistemas. Sabes que me aboco a la idea de ‘ser’ antes que ‘no parar de hacer’. Predico sobre la importancia de vivir el ahora, en lugar de quedarse atascados en tiempos lejanos, ya sea pasado o futuro.

Dicho esto, no podemos dudar de que todos buscamos ser mejores cada día. Algunos se lo toman en serio y trabajan por ello. Otros solo se quedan con palabras vacías. Y por aquí vamos diferenciando esa vida normal de una extraordinaria. 

Aquellos quienes logran transformar sus palabras en acciones y se dedican a construir y vivir la vida que se plantearon, esos soldados valientes, llevan una vida extraordinaria. Aquellos que se quedan con castillos de arena, viven una vida normal. Tu elección, tu camino. 

Vuelvo y repito, no estoy aquí para juzgar qué camino es mejor, si hay alguna ruta correcta o qué te conviene más. Como comenté en el post anterior, tienes la vida que deseas tener. 

¿Cómo se ve una vida extraordinaria? Probablemente rocosa y espinosa, pero al final del día sabes que estás donde tienes que estar. Las actividades de una vida normal siguen allí. Mas, tus acciones responden a tus valores. Están presentes en cada cosa que haces. ¿Qué precio estás dispuesto a pagar para montarte en la montaña rusa más alta, más impredecible y satisfactoria que existe?

El peso de una vida extraordinaria

 

“Todo el mundo quiere ir al Paraíso, pero nadie quiere morir”

(Verso de un blues interpretado por Albert King). 

 

Si fuera fácil lograr cada una de las cosas que nos planteamos, todos viviéramos de forma extraordinaria. No existirían las quejas, la envidia, los celos, la frustración y la impotencia. Probablemente, no hubiera surgido la psicología positiva y tantos estudios para ayudarnos a ser felices y encontrar la plenitud en nuestra existencia.

Pero, como dijo Nietzsche, una vez más:

 

“El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.

 

Ese cómo es nuestra cruz. De ti depende, sin embargo, si prefieres el dolor en el camino hacia una vida bien vivida o el dolor de tus arrepentimientos. Mas, hablemos de ese dolor, hablemos de esa cruz. Y para ello, te voy a contar la fase en la que estoy, la razón por la que esta entrada está siendo escrita.

Hace dos meses aproximadamente, mi esposo y yo decidimos acudir a una nutricionista del deporte para mejorar nuestra dieta dado los nuevos requerimientos de nuestro ejercicio y actividades en general. Se nos armó todo un plan donde por semana, y entre los dos, estábamos comiendo aproximadamente 30 huevos, 71 frutas, 10 latas de atún más otras porciones de pescado fresco, 500g de legumbres, 500g entre arroz y quinoa y un sin fin de vegetales. Comenzamos nuestro plan de hábitos para poder manejar la preparación de toda esa comida. Empezamos cocinando durante la semana. Nos acostábamos tarde, no podíamos levantarnos temprano a hacer ejercicio. Al final de la semana estábamos abrumados y agotados. Sin embargo, había que continuar con el plan. Decidimos probar cocinando todo el domingo. La siguiente semana la pasamos estupendamente, pero ese domingo estuvimos más de 5 horas sin parar trabajando. 

Semana tras semana, cada vez que llegaba el domingo, casi no quería ni pararme porque sabía lo que nos esperaba. De repente, comer lo mismo todo el tiempo, por más de que cambiaras un tipo de legumbre por otra y así sucesivamente, me tenía aburrida. ¡Vamos que se puede! 

Llegamos a la segunda consulta. Yo, resuelta a que me hicieran un cambio en esa dieta o de lo contrario no sería sostenible. Luego de unas palabras alentadoras, comenzamos a entender de qué otras formas podíamos trabajar con la comida, las preparaciones, los ingredientes, etc. Motivados, emprendimos un nuevo experimento. Luego, decidimos hacernos veganos. Y a pesar de que ahora variamos los métodos y presentaciones de la comida, y por ende, más trabajo, se nos ha hecho más llevadero. Los sabores ahora sí se sienten. Los beneficios que sentimos desde el día uno siguen allí, y por ende, la razón por la que todo este sacrificio ha valido la pena.

La tarea de cocinar me sigue resultando a veces cansona. A veces sueño con no tener esa responsabilidad los domingos. Las otras circunstancias de la vida se nos mezclan con este cambio tan importante que hemos emprendido. La abrumación no tarda en llegar. 

No obstante, un estilo de vida saludable es mi prioridad, es mi norte. El cuidado de mi salud y del medio ambiente forman parte de mis valores. Y contra viento y marea, aquí aguantamos porque el propósito vale la pena. Esta es mi vida extraordinaria.

Como dice Brené Brown, en su libro “El poder de ser vulnerable”: 

 

Un cartógrafo de paso firme y seguro no hace de un viajero veloz. Me tropiezo y me caigo, y constantemente me encuentro necesitando un cambio de trayecto. Y aun cuando estoy tratando de seguir un mapa que he dibujado, muchas veces la frustración y la falta de fe en mí misma ganan, así que enrollo ese mapa y lo meto en la gaveta de cachivaches en la cocina. No es un camino fácil, pero para mí cada paso ha valido la pena. 

 

Lo que queda entonces es…

¿Cómo cargar tu cruz?

Con flexibilidad, compasión y agradecimiento. 

Flexibilidad cuando no logras mantener el hábito o el sistema se quiebra. “Caer está permitido, levantarse es obligatorio” (Proverbio ruso). Sigue intentándolo que el momento transformador puede estar a la vuelta de la esquina.

¿Un aspecto en particular de tu cambio te está resultando muy abrumador y poco sostenible? ¿Un día no se pudo? Vuelve a tu rutina anterior y regresa al camino del cambio al día siguiente. 

 

“Pensar en el cambio como un PROCESO y en el compromiso como una INTENCIÓN…” (Orsillo y Roemer en Vivir la ansiedad con conciencia).

 

Compasión porque no somos perfectos y los cambios no suelen ser tan sencillos, menos cuando hablamos de valores y paradigmas. 

Y agradecimiento por tener el coraje de vivir plenamente, de no quedarte con arrepentimientos, de ver el pasado como un maestro para que tu presente esté alineado con lo que crees.

———

Bono:

Y sin tienes la suerte, rodéate de personas que compartan tus valores. Construye una red de apoyo para esos momentos en que renunciar parece ser la única voz en tu interior.

Tienes la vida que deseas aunque no lo creas

Tu vida es tal como la quieres. En este momento, en el lugar donde te encuentras, estás donde quieres estar. Sí, tal como lo escuchas. Tienes la vida que quieres, aun cuando te quejes de que no te gusta.

Suena irónico, lo sé. Mas, ¿te has preguntado por qué no logras ese cambio que tanto sueñas? ¿Te has preguntado por qué no logras remplazar aquel hábito? ¿Te has preguntado por qué a veces envidias la vida de otros? ¿Te has preguntado por qué te quejas y te quejas, pero nada parece pasar, o mejor dicho, no haces nada al respecto?

Tienes exactamente la vida que quieres…

Es muy probable que si indagas bien dentro de ti, encuentres algunas respuestas y verdades interesantes. ¿Por qué no logro bajar de peso? Porque levantarte temprano por decisión y no por obligación no es fácil. Porque pasar horas limpiando frutas y vegetales es agotador y abrumador. Porque hacer ejercicios aun cuando no quieres es casi imposible. En conclusión: no logras ese cambio que quieres o esa vida que quieres porque la que tienes es cómoda.

¿Andas corriendo de un lado a otro, sin parar, de reunión en reunión, de taller en taller, todo alborotado, todo un caos? Y, ¿cuántas veces te has dicho que tienes que organizarte para poder manejar todo? ¿Ha cambiado en algo tu agenda o día a día? Probablemente no, ¿cierto? Conclusión: No te engañes. Te gusta el caos. Necesitas el apuro, la presión para funcionar. ¿Puedes cambiar? ¿Puedes llevar un ritmo de vida más saludable y sostenible? Claro que sí, pero ¿es eso realmente lo que quieres? Mmmm, no sé. Piénsalo.

Oye, de seguro tienes algún amigo al que le está yendo magnífico en el trabajo: promociones, lo trasladaron a otro país, gana mucha plata, etc. ¿Has querido estar en sus zapatos? ¿Y por qué no lo estás? Conclusión: a lo mejor tu trabajo no es tan interesante, tan motivador, tan magnífico, pero algo tiene que te resulta más cómodo. O tal vez, la flojera de ponerte en la búsqueda es mayor.

¿Por qué me tocó vivir esta situación? Siempre hay un culpable, ¿no? Otra persona, un gobierno, algo externo que no puedes controlar. Como reseña Harold S. Kushner, en su prólogo al famoso libro “El hombre en busca de sentido”, por Viktor Frankl, psiquiatra y neurólogo austríaco y sobreviviente del Holocausto:

Fuerzas fuera de tu control pueden despojarte de todo lo que posees excepto de una cosa, tu libertad de elegir cómo vas a responder ante la situación. No puedes controlar lo que pasa en tu vida, pero siempre puedes controlar qué vas a sentir y hacer con lo que te pase.

Conclusión: Es más fácil dejarse arrastrar por nuestro mundo interior, nuestras emociones, nuestros miedos, nuestras frustraciones, que tomar riesgos y salir adelante.

Cierro esta breve entrada con este pedazo de sabiduría, cortesía de Nietzsche. Más adelante, podemos seguir explorando este tema tan profundo, complejo, obvio e interesante.

“El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo” (Nietzsche).

¿Sigues sentado sin hacer nada? ¿Sigues quejándote de la vida que te tocó vivir? Todo pasa por una razón. Busca tu propósito y no te eches simplemente a morir.

Como la tortuga, puedes alcanzar y pasar a la liebre

Me imagino que debes conocer la fábula de la tortuga y la liebre. Si nunca te la leyeron, pues básicamente narra la historia de una tortuga que emprende una carrera con la liebre. Esta última por supuesto marcha a toda velocidad, pero viendo que no había forma que la tortuga la alcanzara, decide tomar una siesta. Para su sorpresa, cuando despierta, ya es tarde, y la tortuga, lento pero seguro, avanzó y avanzó hasta que ganó la corrida.

He estado analizando esta idea en mi cabeza desde hace varios meses. Todo empezó con el concepto de “late bloomer”, el cual podría traducirse al español como desarrollo tardío. No importa qué sustantivo utilices, lo importante es la palabra “tardío”. Según la RAE, tardío es algo “que sucede, en una vida o época, después del tiempo en que se necesitaba o esperaba”. Aplicado a una persona, un late bloomer es “alguien que se vuelve exitoso, atractivo, etc. en un momento posterior en la vida a otras personas” (Merriam-Webster).

¿Por qué escribo sobre late bloomers? Tan simple porque soy una. Y como yo, estoy segura que muchos se identifican con este concepto. Y si eres uno de ellos, pues como yo, debes hacerte muchas preguntas sobre tu presente y futuro. Así que, este post pretende, no sé si darte respuestas, pero al menos brindarte una perspectiva esperanzadora.

Tal como he dicho, soy una persona que ha empezado tardíamente muchas actividades. Empecé a leer tarde. Empecé a viajar tarde. Empecé en mi carrera tarde. Y quien sabe, creo que hasta empecé a vivir tarde. Y ojo, no lo digo de forma negativa ni a manera de queja. Como dice el refrán popular: “más vale tarde que nunca”. Ya verás a qué me refiero. 

Ahora, ustedes dirán, ¿no eres joven para decir que estás tarde? Sí. Mas, no mido el ser late bloomer por un tema de edad. Como aparece en su definición, hay cosas que suelen suceder en ciertas etapas de la vida; o más aun, cosas que suelen empezarse o que hubiera sido beneficioso empezarlas antes que ahora.

Mi historia

A pesar de tener una carrera en idiomas y disciplinas similares, no fue sino hasta el año pasado que mi amor por los libros empezó a hacer sentido. Siempre he dicho que si me llevan a una librería, me pongo como un niño en una tienda de caramelos. Y ni me lleven a una feria del libro porque les aseguro que compraré más de uno. Sin embargo, por mucho tiempo estuve comprando y comprando libros que terminaban como trofeos en los estantes, agarrando polvo.

No fue sino hasta el año pasado que realmente logré convertir la lectura en un hábito. Y ciertamente hoy, no solo es mi hobby favorito, sino que es una actividad esencial en mi día. Cada vez que llega final de mes, me emociona pensar que toca comprar los libros del próximo mes. Y cuando llega el paquete de Amazon, ¡ni les cuento!  

Y déjenme decirles, he leído más libros en estos últimos meses que probablemente en mi vida entera. Jamás pensé que de una estimación de 36 libros al año, pasara a poder leer el doble (aprox. claro). Sin embargo, la lista de clásicos es enorme y cada mes se publican nuevos libros. ¿Cómo leer todo si apenas empecé hace un año? Compara mi lista de libros leídos con la lista de alguien que conozcas que ha pasado toda su vida leyendo (a manera de ilustración, no competencia). Conclusión: lectora tardía.

Y así, me ha pasado con casi todo. Una vez que alcanzas tu independencia económica, decides en qué invertir tu dinero, ¿cierto? Bueno, una de nuestras prioridades es viajar. A veces no logramos hacerlo con tanta frecuencia, pero lo hacemos. Ahora, ¿cuántos países tiene el mundo? Un montón. Y si bien conocí algunos de niña, fueron pocos. ¡Y cuánto me falta por conocer! Conclusión: viajera tardía.

Pasando a otro tema, estudié idiomas. Me especialicé en traducción. Una vez fui músico. Y ahora, me dedico a escribir. Sí, escribí algunos poemas de niña. Me encantaba cuando me mandaban a escribir ensayos en el colegio. Pero, hasta ahí llega mi incursión en la escritura. Ahora en mis 30, empiezo esta carrera seriamente. Muchos otros escritores les aseguro al menos fueron constantes con un diario. Yo, nanai. Conclusión: late bloomer.

El beneficio de ser late bloomer

Mi historia puede sonar un poco triste. Sin embargo, como dije antes, no hay nada negativo en ello. A veces supongo que ha sido frustrante saber que empiezas algo tarde y que hubieras querido tener todos tus años anteriores, es decir, haber empezado de niña, haber acumulado más horas de práctica. Mas, eso ya es agua pasada.

¿Qué considero beneficioso de ser late bloomer? Que como la tortuga, podremos ir lento, podrá parecer que nunca vamos a llegar, pero ahí vamos a paso constante. Y no se trata de competir con nadie, pero como late bloomer considero que tenemos un sentido de urgencia que a lo mejor otros carecen. Y ese sentido de urgencia es una motivación extra para seguir avanzando. Y ese sentido de urgencia no nos lleva a tomar una siesta como la liebre, sino a seguir en movimiento. Eventualmente, no solo vamos a alcanzar a la liebre, sino que la vamos a pasar. 

Vuelvo y repito, no es una competencia y la finalidad no es ganarle a la liebre. En su lugar, este es mi mensaje:  

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Imagen cortesía de https://bit.ly/2H0dsgI

Más vale empezar tarde, que no empezar en absoluto. Tu constancia y tu empeño te llevarán a donde quieres llegar.

Me despido con este poema de mi autoría sobre el significado de empezar tarde, pero seguro.

Si tu vida aun no es extraordinaria, tal vez estás pecando de lo siguiente 

Hace varios meses, escuché una frase que me entró como una espada por el pecho. Era una verdad que no aparecía en mis diarios, en mis horas de reflexión, en mi visión. Y lo más sorpresivo era que esta verdad en algún momento de mi vida no la hubiera relacionado conmigo jamás.

Me encontraba tomando un curso en línea y en una de las lecciones, la guía reflexionaba y opinaba sobre cartas que había recibido. En una de estas cartas, una persona planteaba la disyuntiva entre quedarse en un trabajo que no le satisfacía del todo o emprender una vida más creativa. Hablaba del sacrificio que implicaba elegir cualquier de las opciones debido a las consecuencias que cada una acarreaba, incluyendo deshonra a su familia (pues por su cultura y creencias específicas). Y la respuesta fue bastante sencilla. La guía le dijo: “estás siendo perezoso”*.

[*En este caso particular, la guía le explicaba que no tenía que dejar una cosa para hacer la otra. Si era tan complicado dejar su trabajo, pues podía ocupar algún otro espacio de su tiempo para emprender sus tareas creativas.] 

En ese momento, negué con la cabeza. Ese caso no me aplica, no estoy siendo perezosa. Y después de pensarlo un poco más fue como una luz producida por un rayo en plena oscuridad. ¡Estaba siendo perezosa!

Las circunstancias de la vida pueden ponerte el camino difícil. A lo mejor estás acostumbrado a ciertos parámetros y estilos de vida por la cultura, sociedad y demás donde creciste. Te moldeaste para creer ciertas cosas y rechazar otras.

En medio de estas creencias, te consideras privilegiado. Y por alguna razón, a veces creemos que por ser nosotros, esos “seres privilegiados”, las cosas nos van a caer del cielo. Milagrosamente, vamos a caer en el trabajo perfecto, ¡mírame estoy más que cualificado! Milagrosamente, voy a ser rico, exitoso, famoso y todos los demás adjetivos con los que sabes que te has visualizado alguna vez. Y esta es más graciosa aun, creemos que con nuestro primer intento no vamos a necesitar subir todos los peldaños porque somos tan “especiales” que iremos directo a la cima.

Cuando las cosas no marchan de esta forma, es posible que envidiemos la vida de los demás, de aquellos que según nosotros han logrado llegar lejos. Es posible también que critiquemos a “aquellos que lo tienen todo”, por ejemplo personalidades de Hollywood, cuando estos a su vez se quejan de alguna dificultad que tengan. Y diremos, ¿cómo se van a estar quejando, si “lo tienen todo”? (Bueno, ese “todo” es bastante subjetivo).

En esos momentos, nos agarramos del hilo que nos queda. Y de alguna manera, escondemos nuestra carencias con máscaras y una sonrisa. O tal vez tengamos la valentía de decir, sí, tengo defectos, estoy perdido y aquí me encuentro.

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En ese mismo curso, daban un ejemplo de una mamá que sentía que su vida necesitaba algo más. Decidió empezar un blog. Sin embargo, era mamá a tiempo completo, sus hijos y las tareas de la casa le ocupaban toda su atención, recursos y horas. Entonces, decidió levantarse más temprano, antes que todos los demás. Se encerraba en su clóset a escribir sus posts. Luego, se convirtió en una bloguera muy popular.

Yo no puedo opinar por la vida de nadie. Sin embargo, cuando uno escucha estos casos, cuando uno se entera de cómo empezaron la mayoría que hoy está en la cima, uno dice, ¡caramba, creo que estoy siendo perezoso! Reconozcámoslo, nos ponemos demasiadas excusas para no hacer ese esfuerzo extra que nos saca del promedio. No estamos dispuestos a hacer lo que se requiere para llegar a donde queremos llegar.

Y lo más curioso, es que ese extra a lo mejor ni siquiera requiere de un esfuerzo astronómico. Muchas veces, está simplemente en empezar. El universo te ayuda cuando confías en la abundancia y te pones manos a la obra.

Así que podrás ser el más inteligente y habilidoso, pero a tu ecuación le faltan partes. Y por eso, quiero terminar esta entrada reflexionando sobre esta idea que planteó Elizabeth Gilbert, autora de Comer, Amar, Rezar, Big Magic, entre otras obras, en una de sus charlas TED.

Gilbert planteaba que podíamos ver nuestra vida y proceso creativo como algo un tanto fuera de nosotros. Podíamos atribuir nuestra magia a un ser, a un pequeño genio que nos venía a visitar y bendecir con su gracia. Y esta idea no solo representa ese espíritu de humildad con el cual abordar nuestra vida. También, como comentaba, es esa energía en el universo que te eleva cuando haces tu tarea, cuando te levantas todos los días a hacer lo que te corresponde hacer. 

Hoy te invito a que des ese primer paso hacia una vida extraordinaria porque ese duendecito mágico que se te asignó a tu caso, está listo para ayudarte si tienes la valentía de tocar a su puerta.