¿Cómo balancear las relaciones y el hogar en pandemia?

En una oportunidad me hicieron la pregunta de cómo encontrar un balance entre el hogar y las relaciones en pandemia. La respuesta tiene mucho que ver con cada quien, es decir, tus necesidades particulares y tus posibilidades.

Empecemos por el tema del hogar. En varios países se ha vuelto a la cuarentena obligatoria y medidas de restricción. En otros lugares, es posible salir libremente. Ya sea que puedas salir o no, imagino que igual pasas gran parte de tu tiempo en casa.

Como ya saben, inclusive antes de la pandemia, trabajo desde casa. Estar en casa, por ende, no es una novedad para mí. Ciertamente antes salía un poco, pero igual pasaba casi todo el día dentro de mis cuatro paredes. En mi caso, es algo que siempre he disfrutado, pero entiendo que todos somos diferentes.

El tema importante aquí es qué hacemos durante el día. Por ejemplo, he escuchado a algunas personas decir que ahora se pasan todo el día comiendo porque están en casa. ¿Ansiedad? ¿Comodidad y cercanía a la comida? 

Si respetas tus tres comidas principales, si comes suficiente, es decir, el requerimiento calórico que necesitas (ni más ni menos) y si tienes uno o dos snacks entre medio, podrías disminuir la tentación de estar comiendo a cada rato porque hambre no vas a tener.

Si inviertes tu tiempo entre trabajo, hobbies y esparcimiento, tu mente puede mantener una relación más sana y balanceada para mantener la ansiedad y el estrés al margen lo más posible. 

Si bien en mi caso disfruto estar en casa y la verdad no me quejo, sí es verdad que uno extraña la libertad de tener posibilidades, opciones. Ya sea que uno salga o no, saber que puedes y que puedes hacerlo sin preocuparte por contagiarte, claramente cambia el juego. Sin embargo, creo que tenemos que hacer lo mejor con lo que tenemos.

Balance… ¿cómo se ve? En mi opinión:

  1. Diversidad de actividades durante el día, ya sea que estés 24 horas en casa o tengas la posibilidad de salir. 
  • No todo es trabajo y no todo es ocio.
  • Limita tus responsabilidades. ¿Hay que limpiar? Sí, pero no es el fin del mundo si no limpias todo en un día o si te regalas un día libre de tareas de casa.
  • Cultiva hobbies, alimenta la mente.
  • ¿No te gusta hacer ejercicio? Si no estás saliendo y pasas todo el día sentado o acostado, eso no suena como buen pronóstico para tu salud. Párate cada 25 minutos y estira las piernas. Busca algún ejercicio o actividad que implique movimiento que te guste. Algo tienes que hacer para moverte. Nuestros órganos necesitan ese movimiento. El sistema digestivo necesita ese movimiento para ayudarte a procesar la comida. Tu mente necesita ese movimiento para liberar estrés. 

2. Actitud para mejorar

  • Menos quejas más acción.
  • Acepta tus emociones y cuando estés listo comprométete a salir adelante. Tu mente tiene más poder del que crees.

3. Cultiva las relaciones que quieras cultivar

  • Si tienes la posibilidad, la tecnología puede estar de tu lado. Todos tenemos necesidades de contacto distintas. No me gusta depender mi bienestar en otros. Por eso considero importante balancear la necesidad de comunicación con el espacio de los demás. Nuevamente, cada quien tiene necesidades distintas y posibilidades distintas. Ciertamente es necesario mantener contacto y no solo con tus círculos cercanos, sino también con personas que no conocemos tan bien. Estudios señalan que el contacto con extraños, por ejemplo, la interacción con la cajera o el portero, son importantes para nuestra felicidad. Inclusive hay aplicaciones y chats de cuarentena para que las personas interactúen con personas que no conocen bien dado que la movilidad está restringida en pandemia.

Conclusión:

De ti depende encontrar el balance. De ti depende cómo enfrentas y reacciones ante tus retos particulares. Opciones siempre hay, solo tienes que encontrarlas, o mejor aun  buscarlas. Y una vez que las encuentres, haz algo porque de nada sirve quedarte con palabras vacías. Un pequeño paso es todo lo que necesitas para que el universo confabule para ayudarte y para que tu cerebro se vaya inclinando a darte una mano.

Pregúntate, qué te gusta hacer, qué puedes hacer, qué opciones tienes disponibles, cómo puedo poner de mi parte. ¿Vaso medio lleno o vaso medio vacío, cómo eliges verlo?

De nuestros archivos: Cómo mostrarnos autocompasión

Esta semana y la próxima, quiero compartirles dos posts de nuestros archivos como parte de una especie de secuencia de ideas que quiero destacar. Cerraré este ciclo con un nuevo post donde espero poder unir estos conceptos y contarles más sobre esta secuencia.


Mucho se habla de la autocompasión. A veces fallamos. A veces las cosas no nos salen como queremos. Otras dejamos de hacer algo que habíamos planificado para el día. Queremos entregarnos a un antojo, pero nos sentimos culpables de optarlo. Tenemos las emociones a flor de piel. Frente a todos estos escenarios, se plantea la autocompasión como respuesta. Es parte de entender que somos humanos, imperfectos, sensibles. 

Sin embargo, qué es la autocompasión. Y más aun, cómo podemos practicarla de forma concreta. Exploremos estas dos interrogantes.

 

¿Qué es la autocompasión?

Según la especialista Dr. Kristin Neff, autocompasión es mostrar amabilidad y entendimiento (a uno mismo claro). Tal como simpatizamos con el sufrimiento de otros y buscamos ayudar, así mismo, nos toca entender que a nosotros nos pasa lo mismo y nos toca empatizar con nuestra persona. “Entendemos que el sufrimiento, fracaso e imperfección son parte de la experiencia humana compartida”.

De esta forma, en lugar de criticarnos o ignorar nuestro dolor, buscamos ser amables con nuestra situación. De lo contrario, lo único que lograremos es crearnos estrés y más frustración. No podemos pelear contra el mundo. Buscamos aceptación. Y junto con aceptar que las cosas a veces ocurren como ocurren, podemos empatizar con nuestro sufrimiento.

Otro punto importante a mencionar es que con la autocompasión buscamos equilibrar nuestra respuesta frente a las emociones negativas. No se trata de reprimirlas, pero tampoco exagerarlas. Y esto se logra al entender que somos parte de una experiencia humana compartida, es decir, que no estamos solos en esto. Andy Puddicombe, co-fundador de Headspace, utiliza esta estrategia como parte de la meditación. Cuando uno se da cuenta que no es el único que experimenta estrés, ansiedad o padecimiento, podemos poner en perspectiva nuestra experiencia.  

 

¿Cómo nos mostramos autocompasivos?

 

“Mientras más abras tu corazón a esta realidad [la idea que el fracaso, el error, frustración, limitaciones, etc. siempre van a estar presentes como parte de la condición humana] en lugar de pelear constantemente contra ella, más podrás sentir compasión para contigo y el resto de los  seres humanos frente a la experiencia de la vida” (Dr. Kristin Neff).

 

Como todo, requiere práctica. Sin embargo, hay varios métodos que podemos aplicar.  Me voy a enfocar en 3 ejercicios que plantea la misma Dr. Neff, dado que es la autoridad en el tema. 

Pero primero, la Dr. hace énfasis en que no buscamos reprimir, eliminar o ignorar nuestra experiencia. Como dije antes, no podemos controlar ni cambiar muchas cosas. Sí podemos aceptarlas y mejorar nuestra relación con ellas, responder conscientemente en lugar de reaccionar.

 

A. Existen meditaciones orientadas a la compasión

Pueden visitar el sitio Web de la Dr. Kristin Neff para descargar sus meditaciones (en inglés).

B. Pueden practicar alguno de estos ejercicios:

1. Cómo te comportarías con un amigo:

Imagina que estás hablando con un amigo. Qué le dirías frente a la situación que está experimentando. Cómo lo tratarías. Qué harías. Escríbelo.

Ahora haz lo mismo, pero imaginando una situación difícil que estés experimentado. ¿Cómo usualmente respondes? ¿Qué haces, qué te dices a ti mismo, en qué tono? Escríbelo.

Analiza y reflexiona si hay una diferencia en tu respuesta frente a ambas situaciones.

Practica tratarte a ti mismo como tratarías a un amigo.

2. Cambia el lenguaje autocrítico

Puedes llevar un diario o buscar la manera que mejor se te acomode para reflexionar y expresarte. Lo primero es entonces darte cuenta cuando te estás criticando. ¿Qué te dices a ti mismo cuando algo sale mal? Sé específico anotando las palabras que utilizas, el tono. Trata de identificar en qué momento surge ese diálogo interno, luego de qué cosas te pasaron. 

Una vez que identifiques ese diálogo interno, busca apaciguar tu lenguaje. La Dr. Kristin recomienda decir algo como “Sé que te preocupas por mí y te sientes inseguro, pero me estás causando dolor innecesario. Le permites a mi ser compasivo decir algunas palabras ahora?”

Ahora exprésate de forma positiva y con amabilidad. Puedes imaginar qué te diría un amigo. 

3. Break autocompasivo

Piensa en una situación estresante y difícil que estés atravesando. Préstale atención e intenta observar dónde en tu cuerpo sientes ese estrés e incomodidad. 

Luego, identifícalo, ponle nombre. Por ejemplo, estoy sufriendo, es doloroso, tengo ansiedad. Recuérdate que no eres la única persona en el mundo atravesando esta situación. Repítete a ti mismo, “no estoy solo”, “todos tenemos dificultades”.

Coloca tu mano en el corazón o muestra algún gesto físico de calidez hacia tu persona. Puede ser acariciar tu cabello, una palmada en el hombro, lo que te sea más cómodo. Y expresa alguna frase, puedes personalizarla, que signifique amabilidad para ti, una frase que te hable con relación a lo que estás viviendo.

En mi caso, me gusta repetirme “I’m beautiful, I’m strong, I’m courageous, and I love myself”. Otros ejemplos pueden ser “me perdono”, “estoy aprendiendo a aceptarme”, “seré paciente”, etc.

Practícalo en cualquier momento del día, en especial cuando necesites ese break. Recuerda: sé amable contigo mismo, recuerda que la experiencia humana es compartida, equilibra tu respuesta a tus emociones negativas.

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Espero estos ejercicios te ayudan a cambiar tu lenguaje y cómo te tratas a ti mismo, en especial frente a situaciones difíciles. Este es un buen momento para comenzar a ejercitar el músculo de la autocompasión. 

Te recomiendo colocar en un espacio visible estas prácticas para que las tengas presentes y no olvides ejercitarlas. 

¿Estás atravesando alguna situación apremiante? ¿Has notado que te criticas de forma constante? ¿Te gustaría practicar alguna de las estrategias que te compartimos en este post? Cuéntanos tu experiencia.

De nuestros archivos: Pa’ lante y pa’ atrás

Este post me pareció perfecto para recordar esta semana…


He estado reflexionando en estos días sobre lo que les he compartido hasta ahora y lo que se viene. A veces siento que es muy fácil explicar en qué consiste vivir plenamente y hasta proveer tips para mejorar diferentes aspectos de su día a día.

Mas, así como es fácil escribirlo, no es fácil vivirlo. No importa qué tan inmersos estemos en el tema. Estoy segura de que hasta para aquellos ya expertos practicantes, les es difícil el camino de vez en cuando.

Pero, ojo, tengamos un poco de cuidado cuando hablamos e interpretamos las dificultades. No me gusta creer que los cambios positivos que incorporamos en nuestra vida son sacrificios y cargas, sino más bien oportunidades y pequeñas batallas conquistadas. Mas entiendo que en la práctica, los retos se presentan en muchos tamaños, colores y formas.

Si te sientes apasionado por lo que haces o no, si sientes que realmente vives tu vida o no, no importa, no estás exento a los vaivenes y curvaturas del camino. Te aseguro que no hay persona en este mundo que se levante todos los días de este año y de los que le ha tocado vivir de forma vigorosa y con una gran sonrisa en su cara porque llegó el nuevo día.

Somos humanos. La vida no siempre es color rosa, pero tampoco debe predominar el gris. La vida es una representación de toda la escala cromática.

Dicho esto, hoy solo quiero decirles humildemente que no están solos. Aunque en realidad, creo que más bien es mi manera de decirme que no estoy sola.

No dejaremos de encontrar piedras en el camino, en especial cuando comenzamos nuestro recorrido. Cada vez que emprendemos cualquier actividad, cualquier cambio, cualquier hábito, los primeros días y semanas son las más desafiantes. Le estamos enseñando a nuestro cuerpo y mente el proseguir. Es el momento de purificación, de restablecer paradigmas. Luego, una vez que hemos logrado regar bastante esa semilla, ya la planta comienza a dar sus frutos y el proceso se hace más llevadero.

Y entre medio, sí, puede que sientas que no quieres seguir; puede que te sientas frustrado, solo, triste y agotado; puede que creas que no lo vas a lograr y que esto no es para ti. Aguanta ahí un poco. Aquí estamos para ti y espero encontrarlos a ustedes también cuando sea yo la que necesita que esta hermosa comunidad que estamos formando me agarre y me levante. ¡Bienvenidos! Únete, participa, apoyémonos y crezcamos juntos.

¡Caer está permitido. Levantarse es obligatorio! – Proverbio ruso

¿Qué te dicen tus antojos?

Esta mañana me di cuenta que en una realidad alternativa, estaríamos en este momento en la playa disfrutando de nuestras vacaciones. No me quejo. Esta cuarentena nos ha dado más de una cosa para reflexionar.

Me gustan las estructuras, los planes, las rutinas, los hábitos. En fin, supongo que me siento a gusto en lo seguro. Y por eso mismo, me gusta salir de mi zona de confort, experimentar y salirme de mi caja. Esa es una de las reflexiones que esta cuarentena me está dejando.

Cuando esa estructura se quiebra, se modifica, el sistema entero tiembla. Eso quiere decir que el sistema es frágil. Y para mí, además significa que el sistema es muy cerrado, muy estructurado. 

Por esta razón, decidí escuchar mis antojos. Sé que a veces es muy fácil utilizar un antojo como una excusa para no trabajar o hacer eso que sabes que “debes” hacer. Sin embargo, darse libertades también puede darle cabida a la creatividad y la diversión. Uno puede encargarse de alguna tarea prioritaria e importante. Y luego, puede darse espacio para el antojo.

Lo importante es que al final del día, uno pueda apreciar lo que hizo y lo que no hizo. No hay cabida para el castigo. Hay cabida para la auto-compasión. No hay cabida para la culpa. Hay cabida para el disfrute.

Si sientes que eso que quieres hacer es lo que debes hacer, hazlo. ¿Qué te lo impide? ¿Quién te lo impide?

Si sientes que ese antojo se está interponiendo en tu trabajo, piensa, ¿necesitas sacar una tarea importante y el antojo es una excusa para no ponerle el cascabel al gato? Pues, entonces siéntate, pon música que te ayude a concentrarte y show up. Termina tu tarea y verás que luego te sentirás aliviado y satisfecho. Ahora, puedes enfocarte en tu antojo.

Si sientes que tu antojo no se interpone en tu camino, dale rienda suelta. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Quién dijo que todos tus días tienen que verse iguales? ¿Quién dijo que por cambiar el orden de tus tareas o posponer algunas no eres productivo o útil? 

Es más, tu antojo puede ayudar a liberarte de ese bloqueo mental que te ha impedido ponerle el cascabel al gato. Como escribió Anne Bogel, en su libro Don’t Overthink It, “incluso si no te gusta el resultado, eso no significa que no sea el resultado correcto. Y eso me libera para elegir”. Y continúa explicando, “algunos días me va bien; Estoy satisfecha con cómo he invertido mis horas, y por ende, mi vida. Algunas veces me cuesta, y sé que me seguirá costando. Nunca voy a ‘llegar’, pero puedo ver qué tan lejos he llegado”. 

Ya sea que inviertas este momento en tu trabajo o en alguna actividad que se te antojó e inclusive en algo que ansías mucho hacer (pero sientes que no deberías o que ahorita no es el momento adecuado), recuerda que puede que estés dándole muchas vueltas al asunto. Tal vez lo que necesitas es hacerlo y ya, sin pensar en si es el resultado adecuado o no; sin pensar si es el resultado que te gusta o no.

Encuentra tu balance. Ve a la acción. Haz lo que te gusta hacer. Trabaja, por supuesto, pero recuerda que eso no lo es todo en la vida. ¿Quieres leer ahorita? Hazlo y enfócate en ese informe en un par de horas. ¿Quieres salir del informe para poder liberar la mente? Pues, adelante, busca un lugar donde puedas concentrarte y empieza a tipear. 

Sea lo que sea, hazlo de forma consciente.

“Cómo pasamos nuestros días es, por supuesto, como pasamos nuestra vida” (Anne Dillard).

Busca siempre evolucionar

¿De qué vale vivir tantos años sin evolución? A veces me da risa cómo personas que te conocen desde pequeña tienen ciertas reservas de en quién te has convertido décadas más tarde.

No te han dicho cosas como, “¿tú practicas ______ deporte? No te imagino”. “¿Tú, de mochilera?”. Estoy segura que su confusión y sorpresa no vienen de un mal lugar. ¿Se imaginan pensar igual que hace 30 años? ¿Se imaginan vestir igual que hace 30 años? 

Así como las modas cambian, nosotros también. Y en mi opinión, no solo está bien, sino que ojalá sea obligatorio. 

Así como cuando eres niño y te dicen, cuando seas adulto lo entenderás. Espero que hayas entendido más de una cosa y que te hayas formulado nuevas preguntas y contemplado nuevas perspectivas.

Así como el mundo está en constante cambio y movimiento, nosotros también. ¿Sabías que todas tus células se renuevan cada siete años? Es decir, cada 7 años tienes un cuerpo completamente distinto. Evolución.

¿Tenías años queriendo hacer alguna actividad que no te atrevías porque no era “muy tú”? Pues bien por ti que lo has intentado.

¿Tenías un look de hace más de 30 años y decidiste modernizarlo a ver qué tal? Bien por ti, el cambio siempre trae frescura.

¿Querías hacerte un tatuaje, pero hace muchos años lo considerabas tabú y algo propio de perdedores y desadaptados sociales? Qué buena noticia que tu mente ha explorado nuevos caminos y se ha abierto a la tolerancia.

¿Aun crees en filosofías, cuentos y valores de cuando eras chico? Bien por ti también, si no te has mantenido ciego a tus creencias, sino consciente de lo que crees y por qué.

Así como comentábamos que el cambio ocurre de forma constante, en todo momento, no se puede controlar y a veces ni nos damos cuenta que ocurre, otras veces lo buscamos y propiciamos. ¿Por qué? Porque nos renueva, nos enseña cosas nuevas, nos supera y nos energiza. Además, ¿a quién no le gusta una aventura (por más grande o pequeña que sea)?

¿Has propiciado algún cambio en tu vida de forma reciente? ¿Cuáles han sido sus beneficios? Cuéntanos en la sección de comentarios.

De nuestros archivos: 4 tips para que tu regreso de vacaciones no sea tan doloroso

¡A quién no le gusta tomarse unas vacaciones, y si podemos irnos de viaje mejor! ¿Cierto? En un post anterior, hablamos de la importancia de tomarse un break. Y no solo eso, discutimos los beneficios que nos aportan las vacaciones.

Si no eres un madrugador, estarás de acuerdo conmigo de que levantarse temprano es a veces muy difícil. Sin embargo, como siempre he dicho, no hay madrugada que valga más la pena si es para ir al aeropuerto. En ese instante, uno es capaz de dormir solo un par de horas, esperar unas cuantas más para abordar el avión y todos esos pequeños ‘sacrificios’ a la hora de viajar. 

Durante una, dos, tres semanas o el tiempo que hayas programado, te olvidas del trabajo, de las responsabilidades, de los quehaceres y te dedicas a disfrutar. Puede que te toque levantarte temprano para agarrar un tour. Puede que más bien hayas decidido tomarte las vacaciones con calma y lo que quieras sea echarte en una playa todo el día.

Y de repente, se te acabaron los días de relax. Ya toca volver a hacer las maletas para regresar a casa. No te quieres ir, pero no te queda de otra. Aunque, no sé si te pasa, pero a veces cuando te das cuenta de que ese retorno es inevitable, te inunda una sensación de ‘qué rico es volver a casa’. Por más que sea, la estabilidad y lo conocido también tienen sus beneficios. 

En fin, regresaste de tu viaje y el lunes retomas tu trabajo. ¡Uy, por qué, dirás tú! Suena el despertador y postergas el levantarte 5 minutos y 5 más y 10 más, hasta que o te paras o llegarás tarde. Te sientas en tu puesto de trabajo y te quedas mirando la pantalla. Tienes sueño, tu cabeza se quedó en la playa. Comienzas a revisar tus correos y empiezas a experimentar ese estrés y sensación abrumadora por todo lo que está pendiente.

Tú sabes cómo continúa la historia. Tal vez después de unos días o semanas todo volverá a su ritmo normal. Sin embargo, tal pareciera que al menos esos primeros días son todo un sufrimiento. ¿Será que se puede hacer algo para que el regreso de vacaciones no sea tan dramático y difícil?

Aquí te comparto algunos tips para que puedas despejar esa nube de tensión de vuelta al trabajo.

  1. Tómate unos minutos para clarificar

Una de las cosas que me ayuda a retomar mis actividades es tomarme un tiempo para reflexionar antes de empezar cualquier otra cosa. Como he dicho, es normal que al llegar de vacaciones se nos hayan acumulado tareas, correos, papeleo, trámites y demás. Y es natural que por un lado, sientas la necesidad de atacar todo. Y por el otro, no tengas ganas de hacerlo. No te dejes llevar por esa sensación abrumadora de cómo empiezo siquiera a manejar todas estas cosas. A mí me ayuda escribir. Me dedico a pensar cuáles son las tareas o actividades clave que quiero o necesito abordar en ese primer día y así sucesivamente con el resto de los días. No tienes por qué resolver todo el lunes. Y dudo que alguien espere de ti que así sea. Así que date el espacio y el tiempo para aclarar qué necesitas resolver hoy y qué puede esperar a otros días de la semana o inclusive a la semana siguiente. 

Te doy un ejemplo. Independientemente de todos los pendientes, sé que hay tres cosas importantes en mi día: escribir, investigar y leer. El resto puede esperar. Una vez que recuerdo eso y me enfoco en esas tres cosas, el ruido mental comienza a disminuir. Es increíble cómo luego inclusive me siento más calmada para abordar el resto de las cosas. Una vez que decides en qué concentrar tus energías, tus niveles de ansiedad disminuyen, dándote el espacio mental para abordar y programar tu agenda sin tanto estrés.

En esta misma línea, Raschelle Isip recomienda que ordenes tu espacio de trabajo. Es decir, no dejes todo el papeleo para después. Clasifica el material para que sepas de qué se trata y puedas procesarlo a medida que lo determines conveniente. Bota el correo que no te sirva y prepara tu escritorio para empezar el trabajo.

  1. Prioriza y obsesiónate

Tal como lo recomienda Morten Hansen, autor de “Great at Work“, haz menos y obsesiónate. ¿Ya determinaste las actividades más importantes para este día? Bueno, entonces elige la prioritaria y ponte a trabajar en ella, y solo en ella. 

En otra oportunidad, les compartí una herramienta que utilizo para priorizar el trabajo. Me refiero a PomoDone. No solo te permite evitar el multitasking y las distracciones, sino que también pones en práctica la técnica del pomodoro. Esta técnica ayuda a mejorar tu productividad y concentración.

(Si quieres saber más, no dejes de leer “Cómo ayudarnos a priorizar el trabajo”).

  1. Tómate las cosas con calma

Tomo prestado este tip de Raschelle Isip nuevamente. Los primeros días o semanas vas a estar atravesando un período de transición. Poco a poco irás recobrando las fuerzas. Poco a poco se te irá haciendo más fácil practicar tus hábitos. Con el tiempo, tu trabajo volverá a su ritmo natural. Dicho esto, tómate las cosas con calma. Con esto no quiero decir que no trabajes, que flojees ni nada por el estilo. Lo que quiero decir es que seas flexible. No pretendas resolver todo en un día. No te sobrecargues de trabajo por el tiempo que estuviste fuera. Tal como dije en el tip anterior, haz una cosa a la vez y poco a poco todo irá saliendo. No te martirices si no avanzas con la rapidez usual. Recuerda, más allá de cuánto progresas lo importante es progresar, es decir, show up.

  1. Programa días de descanso dentro de tus vacaciones

No todos los planes de vacaciones son iguales. Hay veces que planificamos vacaciones muy activas y otras que solo son de relajación. Independientemente de tu plan para tus vacaciones, planifica unos días al final para descansar del ajetreo de los tours y del corre corre. 

Las vacaciones son para conocer, para despejarse, para divertirse, pero también para descansar. No vale de mucho si llegas al trabajo más cansado de como te fuiste. Así que si algo he aprendido a lo largo de nuestros viajes, es que es necesario contar con un tiempo o unos días de margen. Primero, se evita el estar corriendo de un lugar a otro para alcanzar ver todo lo que tenías planificado. Y segundo, logras un mejor balance entre conocer y descansar. 

También, como señala Laura Vanderkam en su artículo “How to Come Back to Work After a Vacation Without Being Miserable”, prefiere el llegar un sábado que un domingo. Así, tendrás tiempo para reponer energías del viaje y organizar tus actividades antes del regreso al trabajo.

De nuestros archivos: ¡No dejes tus vacaciones para después! 12 beneficios de un merecido break

Vivimos en una era de productividad, competitividad y resultados. Cada vez trabajamos más. Salir tarde se ha vuelto la norma. Por ende, cada vez se nos hace más difícil balancear nuestra vida con el trabajo.

¿Cuántas personas conoces que no tomaron vacaciones este año o el pasado? ¿Cuántos días tienes acumulados, 15, 30, más? ¿Cuándo fue la última vez que te montaste en un avión por un viaje de recreación? ¿Tu familia se queja de que no compartes lo suficiente con ellos?

Si has respondido de forma afirmativa a alguna de estas preguntas, es posible que te sientas cansado, frustrado y abrumado. Piensas que tienes muchas cosas que hacer. Y tu bienestar ha quedado relegado a un segundo plano. Sin embargo, tarde o temprano tu cuerpo te puede pasar factura. 

Tal vez es hora de repensar cómo estás llevando tu vida. Tal vez te toque priorizar una vez más. O quizás, es momento de revaluar tus valores, filosofías y estándares de vida. Es posible que no sepas qué es importante realmente para ti y como consecuencia, le estés dedicando mayor esfuerzo y tiempo a asuntos menos significativos.

Así que, revisa cuántos días de vacaciones tienes disponibles, prepara tus maletas y a volar porque en este post te traigo 12 beneficios de tomarse un break. Y eso sí, apaga el celular y olvídate de llevar la computadora. El trabajo se queda en la oficina.

Beneficios de las vacaciones

Según diversas investigaciones y fuentes, les recopilo los múltiples beneficios físicos y psicológicos que tienen las vacaciones sobre nuestro cuerpo y mente. Y ojo, está claro que si las vacaciones nos ayudan a mejorar toda esta serie de aspectos, el no tomarlas genera el efecto contrario.

  1. Reducción del estrés

Quieras o no, te des cuenta o no, todos los días acumulas estrés. Si no hallas maneras de ventilarlo va a llegar un punto en que se te hará insostenible. Así que si quieres prevenir ‘quemarte’, tomarte un break puede despejar tu mente de aquello que usualmente te trae ansiedad y estrés, y así, reducir la tensión. Por si las dudas, aquí tienes un breve video sobre las consecuencias del estrés crónico.

  1. Prevención de enfermedades cardiacas

El mismo estrés puede producir aumento en tu presión arterial y ocasionar problemas cardiacos. Y como vimos en el beneficio anterior, las vacaciones nos ayudan a reducir nuestros niveles de estrés. Menos estrés, menos riesgo de padecer enfermedades. Es más, el efecto es tal que “inclusive el perderse las vacaciones un año, existe un mayor riesgo a sufrir enfermedades cardiacas”, señala Lolly Daskal en su artículo publicado en la revista Inc. ¡Imagínense, con solo perdérselas un año!

  1. Aumento en la productividad

Si bien al llegar de vacaciones experimentamos un proceso de transición que puede dificultarnos el regreso al trabajo (comentaremos más sobre esto en el siguiente post), tomarnos un break nos permite descansar, y por ende, ganar espacio mental para tomar mejores decisiones y enfocarnos en nuestro trabajo. Como señala la Dra. Susan Krauss, “las vacaciones tienen el potencial de quebrar el ciclo del estrés. Luego de unas vacaciones exitosas, emergemos sintiéndonos listos para enfrentarnos al mundo de nuevo”.

  1. Mejora en el sueño

Durante nuestras vacaciones, quebramos el ciclo de trabajar hasta tarde y por ende, dormir pocas horas. Además, al desconectarnos de nuestras preocupaciones y elementos ansiógenos, podemos enfocarnos en descansar. Inclusive puede que nos levantemos más tarde de lo usual. De hecho, según el Dr. Leigh Vinocur, es posible que ganemos en promedio una hora más de sueño (de calidad claro) y que inclusive nos llevemos estos mejores hábitos y patrones de sueño de regreso a la rutina.

  1. Mejoras en nuestra concentración

Como comentamos anteriormente, nuestra capacidad mental para concentrarnos, tomar decisiones y ser productivos mejora cuando nos liberamos del estrés. Así que, citando a Shannon Torberg en su artículo Importance of Taking Vacation, “tomarnos un break afina un cerebro en buen funcionamiento”.

  1. Aumento en tus niveles de felicidad

¡Los efectos comienzan inclusive al empezar la planificación de tus vacaciones! Además, a quién no le gusta conocer nuevos lugares, maravillarse con la naturaleza, bañarse en aguas cristalinas, caminar por arenas blancas o arenas negras más exóticas. ¿Estás sonriendo con tan solo leer e imaginarte esos escenarios?

  1. Mayor descanso y recuperación 

Ya lo he mencionado antes. Al tomarnos unas vacaciones, tenemos la oportunidad de desconectarnos de nuestras responsabilidades, preocupaciones y demás. Rompemos la rutina y nos recuperamos para poder enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.

  1. Amplitud en tu perspectiva de las cosas

No necesito un estudio científico para saber que al evidenciar las maravillas de este mundo, al conocer y entender nuevas culturas y acumular experiencias de este tipo puedo ser más tolerante, comprensiva, y por qué no, un poquito más sabia (o aprendiz, como dijo Sócrates, “yo solo sé que no sé nada”). El mundo se nos abre ante los ojos, las posibilidades son infinitas.

  1. Oportunidad de aprendizaje y convivencia intercultural

Este punto viene muy ligado al beneficio anterior. Y sobre todo se da cuando viajamos a países cuyas tradiciones y formas de hacer las cosas son distintas a las nuestras.

  1. Mayor bienestar general

Si no tenemos tanto estrés y estamos viviendo nuevas experiencias enriquecedoras, pues dos más dos es cuatro, nuestro bienestar va a mejorar significativamente.

  1. Fortalecimiento de los lazos afectivos

Al tomar vacaciones en familia, se consolidan los lazos entre tus seres queridos, creas recuerdos compartidos y también se ven mejoras en la comunicación, según estudios llevados a cabo por el Prof. Xinran Lehto.

  1. Reducción de la ansiedad y la depresión

A medida que nuestros niveles de bienestar y felicidad aumenten, disminuirán aquellos elementos contrarios a estas.

Ya sabes, no tomar vacaciones puede tener efectos perjudiciales en tu salud y relaciones. Asimismo, darte un break puede repotenciarte y ayudarte a enfrentar los retos de la vida. No lo pienses más. No postergues para el otro año lo que puedes hacer este.

¿Si tuvieras más dinero resolverías tus problemas?

La pregunta de las mil lochas. Si quisiéramos referirnos a cómo el dinero afecta nuestra felicidad, te diría que una vez alcanzado cierto ingreso, no mucho. Es decir, una vez que logras cubrir tus necesidades básicas y alcanzar ciertas comodidades, el dinero deja de afectar considerablemente tus niveles de felicidad. 

Si salimos a entrevistar personas en la calle, es muy probable que para muchos el dinero sea el elemento que buscan para ser felices. Sin embargo, tal como vimos en los 7 pecados en contra de la felicidad, ir detrás de bienes materiales va en detrimento de esta.

Ahora, olvidémonos de la felicidad. Sin importar tu ingreso actual, quieres vivir tranquilo (lo que sea que eso implique o signifique). Te pregunto entonces, ¿crees que el dinero va a resolver tus problemas?

Si yo tuviera que responder por ti y por mí y por muchos más, diría que evidentemente podría ayudar a nivelar la balanza, a quitarse un poco de peso de encima, pero hasta ahí. Como dijo recién el filósofo chileno Gastón Soublette (a propósito de la situación del país): 

 

“Una persona que quiere solo el cambio de estructura, ¿qué va a pasar? Se toma el poder. No ha cambiado él en su valor interno, en su ser interior, entonces se establece otro régimen y a poco andar surgen los mismos conflictos, bajo otras apariencias”.

 

No busco descontextualizar sus palabras. Mas, hay un mensaje muy interesante aquí. Tiene que ver con los cambios estructurales y la falta de cambio interno. Voy a dar un pequeño ejemplo.

Hoy ganas USD 1000 y eso te permite hacer ciertas cosas. A partir del próximo mes, ganarás USD 1500. En tu mente piensas, oh voy a tener USD 500 adicionales. Eso significa que voy a poder ahorrar. Si tus hábitos de gastos permanecen igual, te aseguro que a final del próximo mes, lo que te va a quedar de ahorro va a ser ínfimo. Hubo un “cambio estructural”, pero tus hábitos (“cambio interno”, si se quiere) permanecieron iguales. Tarde o temprano “surgen los mismos conflictos, bajo otras apariencias”.

¿Qué quiero decir con esto? A veces creemos que cuando recibamos tales beneficios o más dinero o esto o aquello nuestra vida va a cambiar. Sin embargo, si no hay un cambio interno, un cambio en nuestra forma de pensar, de hacer y de ver las cosas, no importa cuántos privilegios alcancemos. Aquello que queríamos lograr con esos cambios no va a ser muy efectivo. De alguna u otra forma, seguiremos padeciendo lo mismo.

Para cualquier cambio que quieras lograr, primero debes mirar dentro de ti. Tienes que limpiar tu casa internamente. Tienes que sacar los viejos paradigmas. Tienes que reemplazar los viejos hábitos. Tienes que hacer espacio para lo nuevo. Solo así y en ese momento, podrás abrir tus puertas a la abundancia, al cambio y a todo lo que buscas o consideras merecer.

¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

¿Atascado? Cambia

Sé que les prometí explorar más el tema de la dependencia en otros. Y no crean que no lo discutiremos más a fondo. Sin embargo, no pude evitar crear esta pieza primero.

Verás, los sistemas funcionan de maravilla. La sensación de terminar un día productivo es maravillosa. Mas, a veces uno se cansa. Es inevitable. Por algo uno se toma vacaciones, pausas, breaks, etc. Y por algo a veces uno busca cambiar un poco la rutina, hacer cosas distintas, inclusive pequeños cambios.

Esta semana mi cuerpo estaba un poco cansado. Tenía muchos días sin leer. Y de repente, eran muy grandes las ganas de quedarme todo un día solo leyendo. No me venía mal ponerme al día, igual. Y así lo hice. Pero, ¿sabes? A veces hay algunos libros, buenos o no tan buenos, que te atrapan en el sentido de que necesitas terminarlos pronto o no podrás hacer mucho más con tu día. Y así, me quedé un segundo día leyendo el siguiente y último libro de una saga. Necesitaba quitármelos de la cabeza.

No obstante, eso significó que todas mis demás actividades se vieron afectadas, inclusive el entrenamiento. Ahora estoy aquí, intentando ponerme al día con todo, como quien dice cumplir. 

Cuando quiebras tu sistema, en especial si está vulnerable, cuesta más retomar. Esas ganas de vacaciones se apoderan de ti. Sabes que no te provoca ni te sentirás mejor con pasar todo un día frente al televisor (aun cuando crees que eso es lo que quieres hacer). Quieres ponerte activo. Quieres empezar, ponerte manos a la obra. Pero, tu mente está un poco dormida.

Si estás atascado, cambia. 

Me encanta leer. A veces no puedo parar. Y otras veces me estanco. Los libros que tengo por leer son interesantes, pero por alguna razón no me enganchan, no me motivan a tomarlos y sentarme a leerlos. Cuando esto me pasa, busco novelas románticas ligeras. Ya sé que ellas me devuelven esa pasión y esas ganas por leer. 

Cuando estás estancado, cambia.

Hoy, estuve a punto de irme a un café para “obligarme” a trabajar; mejor pongámoslo como incrementar mis probabilidades de un día productivo. Mi flojera me estaba venciendo. Así que busqué la manera de igual generar un cambio, ese algo que me impulsara a show up. Y aquí estoy. Mi oficina bien gracias, pero hoy, la mudé a la terraza. Se van a reír, pero hasta la vela de mi ritual me traje. Pensé que se iba a apagar con el viento o que con la brisa, el aroma se perdería. Pues no. De vez en cuando me llegan unas ráfagas de vainilla, me encanta.

En fin, al sentarme en la terraza a escribir me di cuenta de algo. ¡Cómo extrañaba mirar el paisaje y en especial la gente en su día a día! Como ya mi escritorio no queda frente a una ventana, me he adaptado a ver la pared. Pero esto es lo que trae el cambio, nuevas perspectivas, nuevos comienzos, pequeños detalles que pueden inspirar un post, un hobby, un sueño, un lo que sea. 

Mientras practicaba mi ritual sensorial, no pude evitar sonreír cuando veía gente en otros departamentos haciendo sus cosas. Y así como yo los veo a ellos, supongo que habrá otros que me ven a mí. ¡Qué habrán pensado viéndome sola en una terraza sonriéndole al espacio! 

Ese señor regando sus plantas en su terraza; otro conversando por teléfono y moviéndose de aquí para allá dentro de su apartamento; un olor a papas fritas, que honestamente a estas horas de la mañana no sé de dónde habrá venido; gente paseando perros; señoras limpiando…

Cuando estás estancado, cambia.

¿Quieres leer pero no te provoca agarrar un libro? Encuentra un género ligero que te ayude a dar el primer paso. 

¿Te cuesta trabajar? Cambia de ambiente. Una nueva vista puede servir de inspiración. Estar lejos de las cosas que te frenan (una cama tentadora, la comodidad de tu hogar, un ambiente soso, etc.) pueden mejorar tus chances de obrar. 

¿Cansado de tus cuatro paredes? Tal vez un toque de decoración, una foto, pintar una pared, agregar plantas, pueden hacer de tu ambiente un lugar más acogedor, creativo e inspirador.

Por ahí me dijeron que a veces estos posts son muy largos y da pereza leerlos enteros, así que aquí me detengo. Creo que entendieron la idea. 

Si estás cansado, si todo lo ves igual, si estás atascado en la rutina, cambia. Ya ves que no se necesitan de cambios masivos. Los pequeños cambios también pueden hacer una gran diferencia.