De nuestros archivos: 4 tips para que tu regreso de vacaciones no sea tan doloroso

¡A quién no le gusta tomarse unas vacaciones, y si podemos irnos de viaje mejor! ¿Cierto? En un post anterior, hablamos de la importancia de tomarse un break. Y no solo eso, discutimos los beneficios que nos aportan las vacaciones.

Si no eres un madrugador, estarás de acuerdo conmigo de que levantarse temprano es a veces muy difícil. Sin embargo, como siempre he dicho, no hay madrugada que valga más la pena si es para ir al aeropuerto. En ese instante, uno es capaz de dormir solo un par de horas, esperar unas cuantas más para abordar el avión y todos esos pequeños ‘sacrificios’ a la hora de viajar. 

Durante una, dos, tres semanas o el tiempo que hayas programado, te olvidas del trabajo, de las responsabilidades, de los quehaceres y te dedicas a disfrutar. Puede que te toque levantarte temprano para agarrar un tour. Puede que más bien hayas decidido tomarte las vacaciones con calma y lo que quieras sea echarte en una playa todo el día.

Y de repente, se te acabaron los días de relax. Ya toca volver a hacer las maletas para regresar a casa. No te quieres ir, pero no te queda de otra. Aunque, no sé si te pasa, pero a veces cuando te das cuenta de que ese retorno es inevitable, te inunda una sensación de ‘qué rico es volver a casa’. Por más que sea, la estabilidad y lo conocido también tienen sus beneficios. 

En fin, regresaste de tu viaje y el lunes retomas tu trabajo. ¡Uy, por qué, dirás tú! Suena el despertador y postergas el levantarte 5 minutos y 5 más y 10 más, hasta que o te paras o llegarás tarde. Te sientas en tu puesto de trabajo y te quedas mirando la pantalla. Tienes sueño, tu cabeza se quedó en la playa. Comienzas a revisar tus correos y empiezas a experimentar ese estrés y sensación abrumadora por todo lo que está pendiente.

Tú sabes cómo continúa la historia. Tal vez después de unos días o semanas todo volverá a su ritmo normal. Sin embargo, tal pareciera que al menos esos primeros días son todo un sufrimiento. ¿Será que se puede hacer algo para que el regreso de vacaciones no sea tan dramático y difícil?

Aquí te comparto algunos tips para que puedas despejar esa nube de tensión de vuelta al trabajo.

  1. Tómate unos minutos para clarificar

Una de las cosas que me ayuda a retomar mis actividades es tomarme un tiempo para reflexionar antes de empezar cualquier otra cosa. Como he dicho, es normal que al llegar de vacaciones se nos hayan acumulado tareas, correos, papeleo, trámites y demás. Y es natural que por un lado, sientas la necesidad de atacar todo. Y por el otro, no tengas ganas de hacerlo. No te dejes llevar por esa sensación abrumadora de cómo empiezo siquiera a manejar todas estas cosas. A mí me ayuda escribir. Me dedico a pensar cuáles son las tareas o actividades clave que quiero o necesito abordar en ese primer día y así sucesivamente con el resto de los días. No tienes por qué resolver todo el lunes. Y dudo que alguien espere de ti que así sea. Así que date el espacio y el tiempo para aclarar qué necesitas resolver hoy y qué puede esperar a otros días de la semana o inclusive a la semana siguiente. 

Te doy un ejemplo. Independientemente de todos los pendientes, sé que hay tres cosas importantes en mi día: escribir, investigar y leer. El resto puede esperar. Una vez que recuerdo eso y me enfoco en esas tres cosas, el ruido mental comienza a disminuir. Es increíble cómo luego inclusive me siento más calmada para abordar el resto de las cosas. Una vez que decides en qué concentrar tus energías, tus niveles de ansiedad disminuyen, dándote el espacio mental para abordar y programar tu agenda sin tanto estrés.

En esta misma línea, Raschelle Isip recomienda que ordenes tu espacio de trabajo. Es decir, no dejes todo el papeleo para después. Clasifica el material para que sepas de qué se trata y puedas procesarlo a medida que lo determines conveniente. Bota el correo que no te sirva y prepara tu escritorio para empezar el trabajo.

  1. Prioriza y obsesiónate

Tal como lo recomienda Morten Hansen, autor de “Great at Work“, haz menos y obsesiónate. ¿Ya determinaste las actividades más importantes para este día? Bueno, entonces elige la prioritaria y ponte a trabajar en ella, y solo en ella. 

En otra oportunidad, les compartí una herramienta que utilizo para priorizar el trabajo. Me refiero a PomoDone. No solo te permite evitar el multitasking y las distracciones, sino que también pones en práctica la técnica del pomodoro. Esta técnica ayuda a mejorar tu productividad y concentración.

(Si quieres saber más, no dejes de leer “Cómo ayudarnos a priorizar el trabajo”).

  1. Tómate las cosas con calma

Tomo prestado este tip de Raschelle Isip nuevamente. Los primeros días o semanas vas a estar atravesando un período de transición. Poco a poco irás recobrando las fuerzas. Poco a poco se te irá haciendo más fácil practicar tus hábitos. Con el tiempo, tu trabajo volverá a su ritmo natural. Dicho esto, tómate las cosas con calma. Con esto no quiero decir que no trabajes, que flojees ni nada por el estilo. Lo que quiero decir es que seas flexible. No pretendas resolver todo en un día. No te sobrecargues de trabajo por el tiempo que estuviste fuera. Tal como dije en el tip anterior, haz una cosa a la vez y poco a poco todo irá saliendo. No te martirices si no avanzas con la rapidez usual. Recuerda, más allá de cuánto progresas lo importante es progresar, es decir, show up.

  1. Programa días de descanso dentro de tus vacaciones

No todos los planes de vacaciones son iguales. Hay veces que planificamos vacaciones muy activas y otras que solo son de relajación. Independientemente de tu plan para tus vacaciones, planifica unos días al final para descansar del ajetreo de los tours y del corre corre. 

Las vacaciones son para conocer, para despejarse, para divertirse, pero también para descansar. No vale de mucho si llegas al trabajo más cansado de como te fuiste. Así que si algo he aprendido a lo largo de nuestros viajes, es que es necesario contar con un tiempo o unos días de margen. Primero, se evita el estar corriendo de un lugar a otro para alcanzar ver todo lo que tenías planificado. Y segundo, logras un mejor balance entre conocer y descansar. 

También, como señala Laura Vanderkam en su artículo “How to Come Back to Work After a Vacation Without Being Miserable”, prefiere el llegar un sábado que un domingo. Así, tendrás tiempo para reponer energías del viaje y organizar tus actividades antes del regreso al trabajo.

De nuestros archivos: ¡No dejes tus vacaciones para después! 12 beneficios de un merecido break

Vivimos en una era de productividad, competitividad y resultados. Cada vez trabajamos más. Salir tarde se ha vuelto la norma. Por ende, cada vez se nos hace más difícil balancear nuestra vida con el trabajo.

¿Cuántas personas conoces que no tomaron vacaciones este año o el pasado? ¿Cuántos días tienes acumulados, 15, 30, más? ¿Cuándo fue la última vez que te montaste en un avión por un viaje de recreación? ¿Tu familia se queja de que no compartes lo suficiente con ellos?

Si has respondido de forma afirmativa a alguna de estas preguntas, es posible que te sientas cansado, frustrado y abrumado. Piensas que tienes muchas cosas que hacer. Y tu bienestar ha quedado relegado a un segundo plano. Sin embargo, tarde o temprano tu cuerpo te puede pasar factura. 

Tal vez es hora de repensar cómo estás llevando tu vida. Tal vez te toque priorizar una vez más. O quizás, es momento de revaluar tus valores, filosofías y estándares de vida. Es posible que no sepas qué es importante realmente para ti y como consecuencia, le estés dedicando mayor esfuerzo y tiempo a asuntos menos significativos.

Así que, revisa cuántos días de vacaciones tienes disponibles, prepara tus maletas y a volar porque en este post te traigo 12 beneficios de tomarse un break. Y eso sí, apaga el celular y olvídate de llevar la computadora. El trabajo se queda en la oficina.

Beneficios de las vacaciones

Según diversas investigaciones y fuentes, les recopilo los múltiples beneficios físicos y psicológicos que tienen las vacaciones sobre nuestro cuerpo y mente. Y ojo, está claro que si las vacaciones nos ayudan a mejorar toda esta serie de aspectos, el no tomarlas genera el efecto contrario.

  1. Reducción del estrés

Quieras o no, te des cuenta o no, todos los días acumulas estrés. Si no hallas maneras de ventilarlo va a llegar un punto en que se te hará insostenible. Así que si quieres prevenir ‘quemarte’, tomarte un break puede despejar tu mente de aquello que usualmente te trae ansiedad y estrés, y así, reducir la tensión. Por si las dudas, aquí tienes un breve video sobre las consecuencias del estrés crónico.

  1. Prevención de enfermedades cardiacas

El mismo estrés puede producir aumento en tu presión arterial y ocasionar problemas cardiacos. Y como vimos en el beneficio anterior, las vacaciones nos ayudan a reducir nuestros niveles de estrés. Menos estrés, menos riesgo de padecer enfermedades. Es más, el efecto es tal que “inclusive el perderse las vacaciones un año, existe un mayor riesgo a sufrir enfermedades cardiacas”, señala Lolly Daskal en su artículo publicado en la revista Inc. ¡Imagínense, con solo perdérselas un año!

  1. Aumento en la productividad

Si bien al llegar de vacaciones experimentamos un proceso de transición que puede dificultarnos el regreso al trabajo (comentaremos más sobre esto en el siguiente post), tomarnos un break nos permite descansar, y por ende, ganar espacio mental para tomar mejores decisiones y enfocarnos en nuestro trabajo. Como señala la Dra. Susan Krauss, “las vacaciones tienen el potencial de quebrar el ciclo del estrés. Luego de unas vacaciones exitosas, emergemos sintiéndonos listos para enfrentarnos al mundo de nuevo”.

  1. Mejora en el sueño

Durante nuestras vacaciones, quebramos el ciclo de trabajar hasta tarde y por ende, dormir pocas horas. Además, al desconectarnos de nuestras preocupaciones y elementos ansiógenos, podemos enfocarnos en descansar. Inclusive puede que nos levantemos más tarde de lo usual. De hecho, según el Dr. Leigh Vinocur, es posible que ganemos en promedio una hora más de sueño (de calidad claro) y que inclusive nos llevemos estos mejores hábitos y patrones de sueño de regreso a la rutina.

  1. Mejoras en nuestra concentración

Como comentamos anteriormente, nuestra capacidad mental para concentrarnos, tomar decisiones y ser productivos mejora cuando nos liberamos del estrés. Así que, citando a Shannon Torberg en su artículo Importance of Taking Vacation, “tomarnos un break afina un cerebro en buen funcionamiento”.

  1. Aumento en tus niveles de felicidad

¡Los efectos comienzan inclusive al empezar la planificación de tus vacaciones! Además, a quién no le gusta conocer nuevos lugares, maravillarse con la naturaleza, bañarse en aguas cristalinas, caminar por arenas blancas o arenas negras más exóticas. ¿Estás sonriendo con tan solo leer e imaginarte esos escenarios?

  1. Mayor descanso y recuperación 

Ya lo he mencionado antes. Al tomarnos unas vacaciones, tenemos la oportunidad de desconectarnos de nuestras responsabilidades, preocupaciones y demás. Rompemos la rutina y nos recuperamos para poder enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.

  1. Amplitud en tu perspectiva de las cosas

No necesito un estudio científico para saber que al evidenciar las maravillas de este mundo, al conocer y entender nuevas culturas y acumular experiencias de este tipo puedo ser más tolerante, comprensiva, y por qué no, un poquito más sabia (o aprendiz, como dijo Sócrates, “yo solo sé que no sé nada”). El mundo se nos abre ante los ojos, las posibilidades son infinitas.

  1. Oportunidad de aprendizaje y convivencia intercultural

Este punto viene muy ligado al beneficio anterior. Y sobre todo se da cuando viajamos a países cuyas tradiciones y formas de hacer las cosas son distintas a las nuestras.

  1. Mayor bienestar general

Si no tenemos tanto estrés y estamos viviendo nuevas experiencias enriquecedoras, pues dos más dos es cuatro, nuestro bienestar va a mejorar significativamente.

  1. Fortalecimiento de los lazos afectivos

Al tomar vacaciones en familia, se consolidan los lazos entre tus seres queridos, creas recuerdos compartidos y también se ven mejoras en la comunicación, según estudios llevados a cabo por el Prof. Xinran Lehto.

  1. Reducción de la ansiedad y la depresión

A medida que nuestros niveles de bienestar y felicidad aumenten, disminuirán aquellos elementos contrarios a estas.

Ya sabes, no tomar vacaciones puede tener efectos perjudiciales en tu salud y relaciones. Asimismo, darte un break puede repotenciarte y ayudarte a enfrentar los retos de la vida. No lo pienses más. No postergues para el otro año lo que puedes hacer este.

¿Si tuvieras más dinero resolverías tus problemas?

La pregunta de las mil lochas. Si quisiéramos referirnos a cómo el dinero afecta nuestra felicidad, te diría que una vez alcanzado cierto ingreso, no mucho. Es decir, una vez que logras cubrir tus necesidades básicas y alcanzar ciertas comodidades, el dinero deja de afectar considerablemente tus niveles de felicidad. 

Si salimos a entrevistar personas en la calle, es muy probable que para muchos el dinero sea el elemento que buscan para ser felices. Sin embargo, tal como vimos en los 7 pecados en contra de la felicidad, ir detrás de bienes materiales va en detrimento de esta.

Ahora, olvidémonos de la felicidad. Sin importar tu ingreso actual, quieres vivir tranquilo (lo que sea que eso implique o signifique). Te pregunto entonces, ¿crees que el dinero va a resolver tus problemas?

Si yo tuviera que responder por ti y por mí y por muchos más, diría que evidentemente podría ayudar a nivelar la balanza, a quitarse un poco de peso de encima, pero hasta ahí. Como dijo recién el filósofo chileno Gastón Soublette (a propósito de la situación del país): 

 

“Una persona que quiere solo el cambio de estructura, ¿qué va a pasar? Se toma el poder. No ha cambiado él en su valor interno, en su ser interior, entonces se establece otro régimen y a poco andar surgen los mismos conflictos, bajo otras apariencias”.

 

No busco descontextualizar sus palabras. Mas, hay un mensaje muy interesante aquí. Tiene que ver con los cambios estructurales y la falta de cambio interno. Voy a dar un pequeño ejemplo.

Hoy ganas USD 1000 y eso te permite hacer ciertas cosas. A partir del próximo mes, ganarás USD 1500. En tu mente piensas, oh voy a tener USD 500 adicionales. Eso significa que voy a poder ahorrar. Si tus hábitos de gastos permanecen igual, te aseguro que a final del próximo mes, lo que te va a quedar de ahorro va a ser ínfimo. Hubo un “cambio estructural”, pero tus hábitos (“cambio interno”, si se quiere) permanecieron iguales. Tarde o temprano “surgen los mismos conflictos, bajo otras apariencias”.

¿Qué quiero decir con esto? A veces creemos que cuando recibamos tales beneficios o más dinero o esto o aquello nuestra vida va a cambiar. Sin embargo, si no hay un cambio interno, un cambio en nuestra forma de pensar, de hacer y de ver las cosas, no importa cuántos privilegios alcancemos. Aquello que queríamos lograr con esos cambios no va a ser muy efectivo. De alguna u otra forma, seguiremos padeciendo lo mismo.

Para cualquier cambio que quieras lograr, primero debes mirar dentro de ti. Tienes que limpiar tu casa internamente. Tienes que sacar los viejos paradigmas. Tienes que reemplazar los viejos hábitos. Tienes que hacer espacio para lo nuevo. Solo así y en ese momento, podrás abrir tus puertas a la abundancia, al cambio y a todo lo que buscas o consideras merecer.

¿En qué crees y por qué?

Cuando nacemos y a medida que crecemos, vamos creyendo en un conjunto de valores, historias, políticas y demás. Muchas de estas creencias llegan a nosotros casi por ósmosis. No es de extrañarse que apoyes una idea si vienes escuchando por años las maravillas de la misma. Pero, ¿es realmente una maravilla? Puede que sí, puede que no. O por el contrario, no es difícil de entender (¿o sí?) que te opongas a algo si por generaciones has escuchado aspectos negativos en torno a ello. 

Y aquí viene mi razón de escribir esta entrada.

No importa lo que creas. Puedes tener una religión o ser ateo. Puedes tener una posición política o considerarte neutro. Puedes tener una filosofía de vida o vivir como te va pareciendo a medida que las cosas van ocurriendo. Puedes hacer todo esto y más, pero siempre y cuando lo creas y lo vivas porque así tú lo consideras y has decidido.

Está bien que aun compartas las mismas opiniones que familiares y amigos. Está bien que en un principio hayas heredado todo un bagaje de valores y creencias. Ahora, como adulto, es tu misión cuestionarlo. Y no por el simple hecho de cuestionar. No se trata de ser rebelde. No se trata de creer cosas distintas a las que has creído siempre. 

Se trata de que ahora eres independiente. Has crecido. Te han formado, te has formado. ¿No crees que es hora de construir tu vida de acuerdo a lo que se adapta a ti? Esa vida puede ser exactamente la que ya tienes. Esa vida puede incluir exactamente lo que ya crees. O, esa vida puede tener partes distintas ahora.

Lo importante es que sepas lo que creas y que creas en lo que consideras mejor para ti, lo que se adapte mejor a tu perspectiva de vida. ¿Cuál es tu perspectiva de vida? ¿Por qué?

¿Sabes en lo que crees o solo repites como un loro las consignas que te han rodeado desde siempre? Si tu respuesta es sí, excelente. Si tu respuesta es no, comienza entonces a buscar razones y argumentos. Comienza a entender de qué se trata ese valor, esa filosofía o esa corriente que defiendes. Y una vez te informes, decide si responde a tu conciencia.

¿Atascado? Cambia

Sé que les prometí explorar más el tema de la dependencia en otros. Y no crean que no lo discutiremos más a fondo. Sin embargo, no pude evitar crear esta pieza primero.

Verás, los sistemas funcionan de maravilla. La sensación de terminar un día productivo es maravillosa. Mas, a veces uno se cansa. Es inevitable. Por algo uno se toma vacaciones, pausas, breaks, etc. Y por algo a veces uno busca cambiar un poco la rutina, hacer cosas distintas, inclusive pequeños cambios.

Esta semana mi cuerpo estaba un poco cansado. Tenía muchos días sin leer. Y de repente, eran muy grandes las ganas de quedarme todo un día solo leyendo. No me venía mal ponerme al día, igual. Y así lo hice. Pero, ¿sabes? A veces hay algunos libros, buenos o no tan buenos, que te atrapan en el sentido de que necesitas terminarlos pronto o no podrás hacer mucho más con tu día. Y así, me quedé un segundo día leyendo el siguiente y último libro de una saga. Necesitaba quitármelos de la cabeza.

No obstante, eso significó que todas mis demás actividades se vieron afectadas, inclusive el entrenamiento. Ahora estoy aquí, intentando ponerme al día con todo, como quien dice cumplir. 

Cuando quiebras tu sistema, en especial si está vulnerable, cuesta más retomar. Esas ganas de vacaciones se apoderan de ti. Sabes que no te provoca ni te sentirás mejor con pasar todo un día frente al televisor (aun cuando crees que eso es lo que quieres hacer). Quieres ponerte activo. Quieres empezar, ponerte manos a la obra. Pero, tu mente está un poco dormida.

Si estás atascado, cambia. 

Me encanta leer. A veces no puedo parar. Y otras veces me estanco. Los libros que tengo por leer son interesantes, pero por alguna razón no me enganchan, no me motivan a tomarlos y sentarme a leerlos. Cuando esto me pasa, busco novelas románticas ligeras. Ya sé que ellas me devuelven esa pasión y esas ganas por leer. 

Cuando estás estancado, cambia.

Hoy, estuve a punto de irme a un café para “obligarme” a trabajar; mejor pongámoslo como incrementar mis probabilidades de un día productivo. Mi flojera me estaba venciendo. Así que busqué la manera de igual generar un cambio, ese algo que me impulsara a show up. Y aquí estoy. Mi oficina bien gracias, pero hoy, la mudé a la terraza. Se van a reír, pero hasta la vela de mi ritual me traje. Pensé que se iba a apagar con el viento o que con la brisa, el aroma se perdería. Pues no. De vez en cuando me llegan unas ráfagas de vainilla, me encanta.

En fin, al sentarme en la terraza a escribir me di cuenta de algo. ¡Cómo extrañaba mirar el paisaje y en especial la gente en su día a día! Como ya mi escritorio no queda frente a una ventana, me he adaptado a ver la pared. Pero esto es lo que trae el cambio, nuevas perspectivas, nuevos comienzos, pequeños detalles que pueden inspirar un post, un hobby, un sueño, un lo que sea. 

Mientras practicaba mi ritual sensorial, no pude evitar sonreír cuando veía gente en otros departamentos haciendo sus cosas. Y así como yo los veo a ellos, supongo que habrá otros que me ven a mí. ¡Qué habrán pensado viéndome sola en una terraza sonriéndole al espacio! 

Ese señor regando sus plantas en su terraza; otro conversando por teléfono y moviéndose de aquí para allá dentro de su apartamento; un olor a papas fritas, que honestamente a estas horas de la mañana no sé de dónde habrá venido; gente paseando perros; señoras limpiando…

Cuando estás estancado, cambia.

¿Quieres leer pero no te provoca agarrar un libro? Encuentra un género ligero que te ayude a dar el primer paso. 

¿Te cuesta trabajar? Cambia de ambiente. Una nueva vista puede servir de inspiración. Estar lejos de las cosas que te frenan (una cama tentadora, la comodidad de tu hogar, un ambiente soso, etc.) pueden mejorar tus chances de obrar. 

¿Cansado de tus cuatro paredes? Tal vez un toque de decoración, una foto, pintar una pared, agregar plantas, pueden hacer de tu ambiente un lugar más acogedor, creativo e inspirador.

Por ahí me dijeron que a veces estos posts son muy largos y da pereza leerlos enteros, así que aquí me detengo. Creo que entendieron la idea. 

Si estás cansado, si todo lo ves igual, si estás atascado en la rutina, cambia. Ya ves que no se necesitan de cambios masivos. Los pequeños cambios también pueden hacer una gran diferencia.

¿El estrés es dueño de tu vida? Déjalo ir

¿Qué pasa cuando no tienes nada que decir? Quiero decir, ¿qué pasa cuando como escritor no sabes qué escribir? Muchos lo llaman el miedo a la página en blanco. Mas, en esta oportunidad quiero utilizar esa página en blanco como metáfora de nuestro día a día.

En nuestras sesiones de meditación enfocadas en el manejo del estrés, se nos menciona constantemente cómo circulan por nuestra mente pensamientos y emociones. Algunas las aplaudimos, pero con otras mostramos resistencia. Y en ese espacio entre lo que está sucediendo y lo que queremos que suceda, reside el estrés (Andy Puddicombe). 

Si por el contrario, nos damos cuenta de lo que sentimos, es decir, no rechazamos la emoción, pero luego la dejamos ir, estamos aceptando la realidad tal como es. Lo mismo que con la página en blanco. 

Eventualmente, encontrarás la solución, si es que se requiere, para lo que estás enfrentando. Aunque por lo general, no es una solución lo que necesitas, sino simplemente aceptación. Cuando sueltas esa resistencia, esa necesidad de control sobre las circunstancias, podrías sorprenderte de los resultados. 

Por ejemplo, de una página en blanco, ya van cuatro párrafos; una idea que no tenía concebida en mi mente cuando me senté a escribir. Es más, ocurrió así. Sé que viene la hora del día en que me siento a trabajar en mis posts. Me tomé mi té usual para despertarme un poco luego del almuerzo. Revisé mis correos y redes sociales para espabilarme aun más. Y no me quedó de otra que abrir el app de PomoDone y darle play a mis primeros 25 minutos de trabajo en el blog. Por unos minutos me quedé viendo la pantalla. El reloj de PomoDone seguía avanzando. 

Y de repente, una idea, una palabra. Y como recomienda Elizabeth Gilbert, agárrate fuerte a ese pequeño hilo, no importa qué tan delgado sea. No importa si te conduce a algo o no. Solo tómalo y síguelo. Así llegó a lo que se convirtió en su novela “The Signature of All Things”. De esa misma manera, este post ha cobrado vida.

Nuestro mundo interno, nuestro mundo espiritual, nuestra mente requieren de constante trabajo y cuidado. Nuestros pensamientos y emociones son nuestros principales saboteadores. Todos tenemos una voz interna que nos frena. Todos escuchamos esas palabras aterradoras. Y nos la pasamos frenando el tráfico interno porque no queremos lidiar con al realidad o porque nos resulta abrumadora. 

No me canso de decir que la vida es una sola. Pasarla estresados, usualmente por pequeñeces, realmente no vale la pena. Y cuando no son pequeñeces, pero no puedes hacer nada al respecto, no puedes cambiar los resultados, entiende que no hay control, pensamiento ni ansiedad que modifiquen nada. Tú eres tu propio juez. Tú me dirás si vale la pena sacrificar tu propia salud y bienestar. 

Recuerda, si no te cuidas a ti mismo, no podrás cuidar a nadie más. Can you give me an Amen? (#Rupaul).

¡Llegó la primavera!

En esta parte del hemisferio, ha llegado la primavera. Por ende, pensé que esta semana podríamos celebrar con este post una de las estaciones más bonitas del año.

La primavera trae consigo color. Aquí el clima no es tan definido. Igual a veces hace frío. El sol sale, pero la brisa resulta engañosa de vez en cuando. Mas, lo importante en realidad es precisamente lo primero que mencioné, el color. Y con el color, viene el olor. Cantidad de flores abriéndose. Árboles cubriéndose de verde. No más ramitas desnudas. No más grises y pálidos marrones. Y luego de todo este renacer, viene el calor de verano, que si bien para muchos es demasiado, son solo tres meses al año que podemos deshacernos de todo tipo de abrigo.

El cambio se siente en el ambiente. Aun cuando te guste más el frío, no puedes negar que la primavera trae esperanza, emoción, positivismo. Es como si nuestro cuerpo renaciera junto al paisaje. Así que llenémonos de buena actitud. Permitámonos florecer. Es tiempo de limpieza, de nuevos proyectos y aventuras. Es tiempo de volver a lo simple. Y no hay mejor época del año que esta para recordarnos la belleza de los detalles. 

Los dejo con esta pequeña oda a la primavera, que escribí hace ya unos cuantos años atrás.

 

PENSAMIENTOS MATUTINOS

Llegó la primavera, 

luz y color irradian por doquier, 

solo hay vida y júbilo al amanecer.

 

I

Dulce mañana

que alegra mi estancia,

hoy me levanto

y la brisa me abraza.

Puedo sentir mis manos

contemplando en su regazo,

lo que la naturaleza me trae

cosechado en su espacio.

II

Abro los ojos

y la belleza me absorbe,

sonrío

y la alegría me absorta,

respiro y los lirios me adornan

con sus dulces colores

y gratos olores.

III

Hoy es un día

de júbilo y gloria,

pues la mañana triunfante

dice sí a la hora.

Me levanto

y las energías me agobian,

mi cuerpo se estremece

entre tanta luz y el bello azul.

Mi mente se despeja

entre el mundo de ensueño,

que hoy se me presenta

como una realidad a la espera.

IV

Siento que no falta nada,

solo mis pies y su calzada.

Ya empiezo a caminar

y no hay barrera que me detendrá.

Es hoy y no mañana

cuando mi futuro he de hallar.

Ya en mis planes he de actuar.

Veo las semillas, veo los logros,

veo la grata sonrisa del antojo.

Pero más allá de eso,

veo la luz al final de la sombra.

V

La vida es una sola,

a veces larga, a veces corta,

pero no hay duda que una sola.

En planes se nos va,

así que hoy en acciones comenzará.

La diversión,

su principal herramienta será,

pues la enseñanza

también habrá de encontrar.

La sabiduría su paso marcará,

y la dirección correcta ha de tomar.

VI

De la mano del amigo

siempre andará,

y no falta Dios

que su luz iluminará.

Las estrellas de gozo

la noche llenarán,

pues los pensamientos mañaneros

no han de acabar,

cuando suene el reloj

marcando las dos.

VII

Pensar y pensar

también cesará,

pues los planes hechos

de ellos están.

Así que de hoy en adelante,

solo júbilo y paz,

ninguna tristeza se presenciará,

porque aun en los malos momentos

la lucha vencerá.

VIII

A veces se gana

y otras se pierde,

pero siempre la perseverancia

enciende su fuerte.

Planes y planes

hoy marcharán

por el camino del qué harán,

para el hacer gobernar.

Hoy las palabras

cobran sentido,

sentido de vida,

de luz y regocijo.

IX

Hoy es un día colorido,

de pájaros cantando al ritmo de su himno.

Hoy es el día

en que los sonidos cobran sentido,

y los colores su giro.

Hoy es el día

para decirte a ti mismo,

es esto y no aquello

lo que de mi vida yo quiero.

Fragmento de la colección “Pensamientos” (2013)

Experimenta tu vida con los 5 sentidos

 

“Para participar de la vida debemos experimentarla a través de nuestros cinco sentidos. Debemos ver el mundo, escuchar sus mensajes sutiles, oler sus sabores, probar su dulzura y tocar su superficie”.

D. Wayne Dworsky

 

¡Qué frase tan apropiada! A veces cuando tu mente y cuerpo están en sintonía con una idea, el universo parece conspirar para ayudarte a unir los puntos. Esta frase que coloqué al inicio de la entrada, la tengo en un Post-It justo en frente de mi escritorio. Antes era mi ventana de frases inspiradoras, ahora es mi pared inspiradora. En fin, no pude evitar conectar esta frase con las sabias y encantadoras palabras de la reconocida poeta Mary Oliver:

 

Donde quiera que esté, el mundo me persigue.

Me ofrece su ajetreo. No cree

que no lo quiero. Ahora comprendo

por qué los viejos poetas de China se fueron tan lejos y tan alto

en las montañas, y desaparecieron sigilosamente

en la pálida niebla.

“Los viejos poetas de China”, en Why I Wake Up Early (2004)

 

Tal como la autora lo plantea, el mundo te persigue. Hace ruido. Ya sea en forma de redes sociales, grupos de Whatsapp, noticias, publicidad, trabajo, pendientes, preocupaciones, ideas, problemas… you name it!

Y aun así, Mary Oliver te cautiva con sus poemas de la vida ordinaria. Cómo te repite una y otra vez que la belleza está en esas pequeñas cosas, sencillas, en los milagros de la naturaleza, no en lo pomposo, no en nuestro concepto mundano de éxito.

 

     … Qué tal si de repente vieras

que el plateado del agua brilla más que el plateado

     del dinero? Qué tal si finalmente vieras 

que los girasoles, volviéndose hacia el sol todo el día

     y todos los días, quién sabe cómo, pero lo hacen, fueran

más preciados, más significativos que el oro? 

Fragmento de “How Would You LiveThen”, de la colección Devotions (propia traducción)

 

Y así, “…me agacho, no para recoger sino simplemente para tocar la idoneidad de la tierra para las margaritas, y las margaritas para la tierra” (Fragmento de “Daisies”, en Devotions, propia traducción).

Qué mejor forma de ver el mundo, escuchar sus sutilezas, oler y probar sus sabores y tocar su superficie, que de la mano de la maestra:

 

Cada día 

     veo u oigo 

          algo

               que más o menos

me hace morir 

     de dicha,

          que me deja 

               como una aguja

en un pajar 

     de luz.

          Es para lo que nací,

               para mirar, para escuchar,

para perderme

     dentro de este blando mundo,

          para instruirme 

               una y otra vez

en la alegría, 

     en la aclamación.

          No estoy hablando 

               de lo excepcional,

lo temible, lo tremendo, 

     lo muy extravagante,

          sino de lo ordinario, 

               de lo común, de lo sin lustre,

———

de las manifestaciones cotidianas.

     Oh, buena experta,

          me digo a mí misma,

               ¿cómo puedes evitar 

hacerte sabia

     con estas enseñanzas, 

          siendo ellas,

               la luz inextricable 

del mundo,

     el brillo del océano,

          las oraciones hechas 

               de la hierba?

   “Mindful”, en Why I Wake Early, por Mary Oliver (traducción proporcionada por Agustín Prieta)

 

La vida no se trata de estar ocupado en quehaceres. La vida no se trata solo de complacer nuestras pasiones. La vida no es solo consistencia. La vida es atención, atención al color de las cosas, a la belleza en una simple flor escondida entre el cemento de la calle. La vida es disfrute de lo extravagante, pero por sobre todo de lo simple, de lo que es obvio y está allí frente a nuestros ojos, pero que no vemos, ni tocamos, ni sentimos, ni olemos, ni saboreamos. La vida es aquí y ahora. 

De nuestros archivos: ¿Queremos mejorar?

Todos somos personas valiosas, aun con nuestros defectos y cualidades. Es más, tal parece que estamos en una nueva era donde se llama a fallar, a aceptar el fracaso y verlo como algo positivo. Siempre se aprende de los errores y cuidado si no se aprende más cuando nos caemos que cuando estamos de pie.

Existen múltiples frases que apoyan el fracaso y el aprendizaje que conlleva. 

  • “Caer está permitido. Levantarse es obligatorio”, proverbio ruso.
  • “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”, Nelson Mandela.
  • “Si te caes siete veces, levántate ocho”, proverbio chino.
  • “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”, Samuel Beckett.

Y así, cualquier cantidad más…

En las áreas de innovación y emprendimiento, temas que hoy en día marcan la pauta en el mundo de los negocios, se habla de fallar rápido y frecuentemente. Scott Adams, por su parte, nos presenta un libro que titula How to Fail at Almost Everything and Still Win Big (Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar). Señala que “…en el fracaso es donde al éxito le gusta esconderse a plena vista”. ¿Se acuerdan de aquella idea de enfocarse en sistemas en lugar de metas? Pues para este autor, poner en práctica nuestros sistemas y estrategias nos llevan a trabajar poco a poco hasta que la suerte, el tiempo correcto y múltiples factores se combinan para que llegue nuestro proyecto exitoso. Y mientras tanto, vamos a fallar una y otra vez, pero de cada idea fallida, recolectaremos conocimientos valiosos para nuestro próximo experimento. 

 

“Fallar siempre trae algo valioso consigo” (Scott Adams)

 

Para autores como Tiago Forte, más bien al enfocarse en experimentos, se reducen nuestras posibilidades de fallar y se aumentan las de ganar. Esto se da porque según Forte, los experimentos no pueden fracasar, sino simplemente producir resultados. ¡Por algo son experimentos!

En mi opinión, considero que más allá de todo lo que se dice, me gustaría concentrarme en eliminar el contenido negativo que trae consigo la palabra fracaso. Más allá de si fallamos o no, de si queremos fallar o no, de si consideramos que es importante caernos y levantarnos o de experimentar, si convertimos su connotación en algo valioso para nosotros, sentiremos menos culpa, seremos más amables con nosotros mismos y veremos las inmensas posibilidades con las que ya contamos. ¿Por qué no ver el fracaso o nuestras fallas como sinónimo de ser mejores? Seamos flawesome (individuo que acepta sus defectos y que a pesar de ser defectos los considera fantásticos). 

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Toda esta entrada la concebí en mi mente por dos razones. La primera, veo en mi día a día cómo siempre he tenido esa curiosidad por ser mejor. Y no hablo de no estar a gusto con lo que ya soy, sino más bien, me gusta abrir ventanas. Desde hace muchos años, me he sentido atraída por los tan llamados libros de ‘autoayuda’. Y ciertamente, puede que estemos atravesando situaciones que ameriten un empujón externo. Pero, a decir verdad nunca he estado de acuerdo con ese término. ¿Por qué autoayuda y no crecimiento personal? ¿Por qué enfocarse en lo que puede estar mal en lugar de lo que está bien? 

Esto me recuerda a los estudios psicológicos y cómo estaban enfocados en entender los trastornos, la depresión y similares. Mas, de un tiempo para acá decidieron revertir la situación. Dijeron ¿por qué no estudiar más bien qué nos hace felices y qué contribuye a nuestro bienestar? Y hoy en día, vemos cómo todos estos estudios han dado su fruto. Ahora el tema de la felicidad y del mindfulness están en el tapete. Dense un paseo por los medios para que vean cómo existen más documentales y libros sobre felicidad… ¡inclusive estadísticas de cuáles países son los más felices!

La segunda razón es sencilla. Si sientes esas ganas de saberte mejor que ayer, de experimentar con tus hábitos para llevar una vida más saludable y balanceada, etc. el cambio debe venir de ti. Nadie te puede llevar a mejorar, si no lo decides tú desde tu interior. Puedes empezar imitando lo que otros hacen. Sin embargo, es muy importante que poco a poco consigas tu propio camino y aquellos elementos que se adapten mejor a ti. 

Esta no es una llamada a cambiar porque la idea es que seamos ¡flawesome! Pero si eres igual de curioso como yo en estos temas, entonces…

 

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo” – Gandhi

Cómo el lenguaje te encarcela

No hay nada más satisfactorio que terminar la semana sabiendo que escribiste, trabajaste duro, entrenaste e hiciste todo lo que te propusiste hacer. Sí, una semana productiva, como muchos dirían. Sin embargo, me ha pasado que luego de un par de semanas exitosas en este sentido, mi cuerpo y mi mente se van volviendo frágiles. De repente, las actividades me comienzan a pesar, sin importar si “me gusta” hacerlas o “no”. ¿Qué sucede?

Mi esposo y yo estuvimos conversando recientemente sobre esto. Y de hecho, me propuso iniciar un diario de ansiedad. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces no nos damos cuenta de qué cosas nos están generando estrés. Como comenté hace un instante, es posible que inclusive aquellas tareas o actividades que disfruto hacer o que me apasionan me estén generando tensión. 

Así que, tal como tenemos diarios de gratitud para meditar sobre aquellos elementos por los que nos sentimos agradecidos en el día, ¿por qué no incluir en el instante en que sientes ansiedad, aquello que te generó esa reacción mental y corporal? ¿No te pasa que a veces tu mente se queda deambulando? A veces hay pensamientos que consciente o inconscientemente están dando vueltas una y otra vez sin parar, un ruido constante, diario. A lo largo del día es posible que ejercites un poco ese músculo de la fuerza de voluntad. Y si ese es el caso, debe haber habido alguna tarea o situación que quisiste rechazar y por la que te viste “forzado” a continuar.

La meditación ayuda mucho a tomar más conciencia de lo que pasa en nuestro mundo interior. Sin embargo, lleva mucha práctica. Por ende, cualquier ayuda extra que podamos tener para descifrarnos y mejorar nuestras respuestas ante los estímulos, realidades y fantasías presentes en nuestro día a día, mejor.

Mis humildes descubrimientos (con la ayuda de mi esposo)

Esta era mi duda. Si me gusta entrenar o escribir, ¿es posible que me estrese igual hacerlo? Y si es así, ¿por qué? Al parecer la clave está en el lenguaje. Cada palabra que elegimos para referirnos a nuestra realidad y para hablarnos a nosotros mismos nos afecta de una manera u otra. Las palabras traen consigo no solo un significado, sino una carga en dicho concepto. No es lo mismo decir ‘quiero hacer tal cosa’ a ‘voy a hacer tal cosa’ o ‘tengo que hacer tal cosa’. 

¿Querer es poder?

Si nos remontamos a los textos Zen, encontramos lo siguiente:

 

Yo quiero paz

“Yo” es ego, 

“Quiero” es deseo,

resta el ego,

el deseo,

y tendrás paz.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, querer es “desear o apetecer”. A su vez, desear es “anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso”. Desde una mirada semántica, aquí hay algunos aspectos que no cuadran muy bien. Tal parece que el desear algo o el deseo en sí mismo nos lleva al futuro, a pensar en cosas sobre las que no tenemos control y, por ende, esperar por ciertos resultados, desconocidos al momento. Primer problema entonces, nos estamos alejando del presente.

Vamos ahora a la sabiduría budista. No importa que no creas en esta religión. Lo que nos interesa es rescatar y entender más sobre el concepto del deseo y sus efectos en nosotros. Entonces, según narra la historia, Buda buscaba entender el sufrimiento, qué era, sus causas y cómo deshacerse de ello, ya fuera sufrimiento físico o mental. Para el budismo, el deseo y la ignorancia son la causa del sufrimiento, entendiendo por deseo a las ansias por encontrar placer, posesiones materiales e inmortalidad. En resumidas, el deseo parece estar asociado a elementos que perfectamente puede que no encontremos poseer. Es como seguir metas. Cada día que pasa sin alcanzar tu meta, te llenas de frustración, estrés, tristeza, etc. Cada vez que tu deseo no se cumple, te llenas de todo eso también. 

Siempre Star Wars 

 

Do. Or do not.

There is no try. —Yoda

 

Analicemos la segunda frase: ‘voy a hacer tal cosa’. Cuando agrego el ‘quiero’ no estoy invocando ninguna acción. Es un verbo un tanto pasivo. Te quedas en el soñar, o como diría Yoda, en el intentar. ¿Cómo intentas hacer algo? Piénsalo. En el momento en que lo ‘intentas’, ya lo estás haciendo. Y si no lo ‘intentas’, pues no lo estás haciendo. Elige una opción, simplemente. Elige hacer algo o no hacerlo, pero elige. Los castillos no se construyen con pensamientos, se construyen con ladrillos. 

El poder de las palabras

Aquí viene la mejor parte: ‘tengo que hacer tal cosa’. ¿Cuándo nos ha gustado hacer algo impuesto? Por algo cuando un letrero dice, ‘prohibido______’, eso que no se supone que debes hacer es lo primero que te provoca hacer o que incluso haces. Un acto de rebeldía, quizás…

Podemos creer que el exterior nos impone muchas cosas. A lo mejor en el trabajo o en casa o en cualquier situación tenemos la responsabilidad de. Mas, ¿sabías que también existen las tareas o realidades autoimpuestas? Del verbo autoimponer, dícese de la acción de “imponerse alguien a sí mismo alguna obligación”. 

Siempre hay una opción. Depende de cómo lo mires. Todas son etiquetas. Por eso he puesto todas estas palabras en comillas a lo largo de la entrada. El que “no te guste” hacer algo, “gustar” es una etiqueta. “Divertido” o “aburrido” son etiquetas. “Obligatorio” es otra etiqueta. 

Conclusión

Las palabras que uses para referirte a alguna actividad van a aumentar o aligerar el peso sobre tus hombros. Por ende, puedes abordarlas porque reconoces la importancia de showing up. Puedes resaltar los beneficios de algunas tareas. Puedes sobrecargar la mente antes de iniciar porque sabes lo que te espera. Tú eliges. Mi recomendación, aborda cualquier actividad por el simple hecho de “fregar los platos para fregar los platos”, como ejemplificaba Thich Nhat Hanh, sin agregar nada más.

 

El Zen es la vida natural, consciente sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales.

Ramiro Calle, prólogo de “Cómo lograr el milagro de vivir despierto”, por Thich Nhat Hanh