¿Cómo se vería tu día ideal?

Una mañana como cualquier otra… Me siento en mi escritorio con café en mano. Me coloco una manta encima porque a veces todavía me da un poquito de frío en casa. Le doy play a la música. Ya la vela está encendida. Y, como de costumbre, me pongo a mirar por la ventana, por aquellos huequitos que quedan disponibles entre tantos post-it. 

Miro a una pareja mayor en su apartamento. Es el edificio que me queda justo al frente. Siempre los veo moviéndose de una ventana a otra. Me pregunto, ¿esa será la habitación del señor o su estudio? La señora está ahora asomada en su balcón. Por el tamaño parece ser la habitación principal. Como ya la he visto en otras oportunidades, está comiendo algo. ¿Estará terminándose el desayuno o será un snack de media mañana? Allí se queda unos segundos, observando, igual que yo.

Parecen estar retirados ya. ¿Cómo será su día? ¿Qué harán para pasar las horas? ¿Qué se hace cuando no se tiene que trabajar? Un fin de semana que dura 7 días…

Inmediatamente, me surge esta pregunta, que ya una vez planteaba Benjamin Hardy: ¿Cómo podría verse tu día ideal?

Tu día ideal

Momento de reflexión… ¿cómo sería tu día ideal si no tuvieras ningún tipo de obstáculos, por ejemplo, si no tuvieras que preocuparte por ganar dinero, si no tuvieras un trabajo u horario fijo, esta u otra responsabilidad? 

Creo haberlo vivido ya. Y si bien me veo tentada a decir que mi día ideal sería tal vez quedarme en pijama leyendo en el sofá, tal vez salir un rato al parque a agarrar vitamina D, mi respuesta esta vez va a ser distinta. Este escenario solo trae algo como efecto secundario: flojera. Y vuelvo y repito, sé que tú también vas a estar tentado a imaginarte un día así de total relax y nada que hacer. Pero, como dije, ya he estado allí y no siempre es divertido. Leer, sí. Ir al parque, también. De vez en cuando disfrutar del calor y la comodidad de la pijama, ok. Sin embargo, andar como zombies por la vida no es grato. Créeme, no lo es. Existes no más, pero no vives. Piensas y piensas, le das vuelta a la cabeza, pero no creo que tus pensamientos involucren aventura, emoción, alegría. Es más probable que te sumerjas en una burbuja de soledad, tristeza, frustración e impotencia: flojera. No hay otra forma de expresarlo. La flojera trae todo eso consigo. ¡Es tan pesada además! 

Más arriba coloqué un escenario libre de trabajo y preocupaciones. Mas, ¿sabes una cosa? No sé a qué te dedicas, pero mi día ideal involucraría igual crear. A lo mejor querría evitar algunas presiones (un poco auto-impuestas la verdad). Aunque honestamente, sin disciplina, fechas tope y compromisos, no sé si terminaríamos alguna cosa.

Entonces, mi día ideal involucraría: escribir, leer, salir a pasear, quedarme el rato que quiera hablando conmigo misma o solo sentada en el sofá divagando. Me levantaría cuando mi cuerpo lo deseara (cara dudosa). Olvídense de limpiar, cocinar y hacer tareas de casa. ¿Qué tal una Robotina? Y luego, ¿una caminata entre la naturaleza? ¿Un viaje? 

¿Cómo se ve tu día ideal? ¿Es muy diferente a un día regular, a tu realidad?

Tal vez tienes que ir a trabajar. E inclusive, a lo mejor no te fascina tu trabajo. Sin embargo, depende de nuestra actitud a veces el cómo llevamos nuestras actividades. Tu trabajo no tiene por qué ser una carga, sino solo un trabajo, tu sustento para el mundo que hemos creado (pagar cuentas, un lugar donde vivir, alimento, transacciones en general). 

Y, ¿sabes por qué puse cara de duda cuando me refería a dejar que el cuerpo dictara la hora de pararse? Pues, porque levantarse temprano no porque tienes que, sino porque así lo has decidido, a veces no resulta encantador. No obstante, esa es mi vida extraordinaria. Ese es el esfuerzo extra que realizo para vivir como quiero vivir. 

Ya voy llegando a la idea central de esta entrada. Tenme paciencia. Imagina cómo sería tu día ideal. ¿Puedes incluir alguno de esos elementos en tu día a día ya? No te puedo decir cómo hacerlo. Primero, la vida de cada quien es diferente. Segundo, no creo en fórmulas mágicas. La vida hay que sudarla, sufrirla, construirla, probarla. 

Lo que sí puedo decirte es que somos seres inconformes. A lo mejor sueño con estar viajando todo el tiempo. Y si así lo hiciera, a lo mejor desearía ahora los pequeños detalles. Conocí en una oportunidad a una persona que estuvo viajando por meses, una especie de vacaciones prolongada. Y estoy segura de que disfrutó de cada país y lugar que conoció. Pero ¿sabes también qué disfrutó? Llegar a un país con gente conocida, donde podía hospedarse en un lugar al cual, si bien no le pertenecía, podía llamar hogar. Y a lo mejor salía de vez en cuando a conocer la ciudad, pero el cansancio, asumo que la abrumación, y quién sabe qué más también lo llevó a simplemente querer quedarse en casa escuchando música, durmiendo, tú sabes, cosas sencillas, del día a día. 

Conclusión

  • Nuestro día está compuesto de varias actividades. Mas, no nos hallamos solo en el hacer, sino en el vivir. 
  • De vez en cuando, efectivamente necesitaremos pausas, un día, una semana, un mes, varios para quedarnos en pijama en casa sin hacer nada. Adelante, tómate un break, pero que este patrón no se convierta en tu vida entera. Inténtalo, y tú mismo serás testigo de si holgazanear prolongadamente te genera interés y emoción por vivir.
  • A veces no necesitamos de mucho para vivir nuestro día ideal. A veces nuestro día ya es ideal, pero no lo sabemos. A veces, solo necesitamos hacer pequeños ajustes para incorporar elementos que incrementen nuestra felicidad y satisfacción por la vida que hemos elegido vivir.
  • Si por el contrario, sientes que tu día ideal está muy lejos de la realidad, bueno, tal vez es momento de repensar en dónde estás parado y hacia dónde quieres ir. 
  • Tu trabajo y responsabilidades a veces te van a pesar mucho. Tu vida extraordinaria también. Ten paciencia. Persiste. Respira profundo. No renuncies todavía. Espera el momento transformador. 
  • Seamos honestos, nuestras tareas y compromisos no siempre son un martirio. Nos encanta agrandar nuestros problemas. Quejarnos es muy fácil. Recuerda, actitud de servicio. Esto ayuda mucho a cargar tu cruz. Como dijo Will Thompson:

“¿En el mundo acaso he hecho hoy a alguno favor o bien?

¿He ayudado a alguien que lo ha necesitado?

¿Le he hecho sentir a alguien que es bueno vivir?

Si no, en verdad he fracasado”.

He ahí, tu verdadero día ideal.

Cuando la vida te regala palabras, escribe un poema

I

Todos hemos escuchado ese refrán

sobre hacernos una limonada

cuando la vida te regala sin más

limones frescos para saborear.

II

Y así como mi duende mágico

me ha entregado un sin fin de palabras,

hoy quiero regalarles

esta tonada.

III

Esta es mi manera.

Esta es mi receta.

Así se transforman mis limones

en una cadena de oraciones.

IV

Porque a pesar de la niebla,

el cielo lucha por mostrar su resplandor.

Porque a eso le debemos

un momento de apreciación.

V

Siempre hay belleza

escondida tras la maleza.

A veces es el verdor

otras, una pequeña flor.

VI

El paisaje podrá tornarse gris.

El naranja podrá dar paso a un marrón sin fin.

La nieve podrá esconder todo bajo su tapiz,

pero dentro de esa cueva, encontrarás tu momento de surgir.

VII

Y cuando enciendas tu coraje

el camino se revela,

esperando que contigo

otros más puedan zarpar sus velas.

VIII

Miedo son cinco letras,

pena, apenas cuatro.

Pero el arrepentimiento,

ese sí que es largo.

IX

A su vez, 

lo imposible pareciera ser

frustración

y desazón.

X

Te han enseñado a detenerte.

Te han inculcado a ni siquiera intentarlo.

Has tratado de abrir tus alas

y el viento te ha destrozado.

XI

¿Vale la pena seguir probando?

Una vez más, 

el arrepentimiento…

es algo muy doloroso de cargar.

XII

¿Prefieres el peso 

de una vida no vivida,

o cargar tu cruz

y alzarla como una bandera de victoria y plenitud?

XIII

Aquí te dejo mi invitación.

De rodillas, es más, 

te ruego e imploro sin cesar

para que nos des a conocer nuestra humanidad.

No esperes una tragedia para vivir: 3 consejos para empezar ya

Es muy común ver cambios significativos en la vida de personas que han sufrido alguna vicisitud. Si has tenido algún familiar o amigo que ha sufrido un accidente o una enfermedad importante, llorado la muerte de algún ser querido o atravesado alguna tragedia o catástrofe, es posible que identifiques fácilmente el cambio al que me refiero. 

Aquellos que luchan por salir airosos de esas situaciones evidentemente experimentan un cambio en su perspectiva de vida. De alguna forma, ese suceso les abre los ojos ante lo efímera que esta puede ser y lo importante de no perder tiempo para vivirla. Y mientras escribo este párrafo, no he podido evitar recordar una vez más el video de Ricardo Semler sobre el cual basé un post anterior sobre seguir nuestra vocación y encontrar el balance en nuestras vidas.

Semler tiene un antecedente de salud, es decir, una enfermedad que ha sido bien insistente y traicionera en su familia. Debido a esto, decidió no esperar a que el doctor le dijera ‘Ricardo estás enfermo y te quedan 6 meses de vida’ para poner sus cosas en orden y hacer el mejor uso de su tiempo. En su lugar, y aprovechando su buena salud y recursos, decidió decretar los lunes y jueves como los días en que ‘muere’. Son días en los que se dedica precisamente a hacer aquello que haría de recibir la trágica noticia de que morirá pronto.

Posponer la vida es algo que hacemos con frecuencia. ¿Cuántos no arman todo un plan de jubilación para cuando llegue el momento de dejar de trabajar? Y, ¿cuántos no llegan a ese momento sin la salud, energía o dinero para emprender todos esos viajes y proyectos que habían estipulado?

Por eso, la premisa de este post es que no debemos esperar a que ocurra una tragedia o similar para entender que es necesario aprovechar al máximo cada día que se nos regala en este planeta. Dicho esto, les dejo 3 tips para empezar a vivir ya.

  1. Haz una lista de tus sueños: ¿Qué te gustaría emprender? ¿Qué viajes has querido hacer desde pequeño? ¿Algún hobby que te gustaría practicar?

Una vez que armes una lista con aquellas cosas que más sueñas, ordénala por prioridad. Toma la primera idea de la lista y reflexiona. ¿Tienes los recursos necesarios para comenzar? ¿Cuáles serían esos recursos: tiempo, dinero, espacio…? Busca bien. 

Por ejemplo, no necesitas comprarte la cámara de último modelo de dos mil dólares para aprender y practicar fotografía. Puedes comprarte un modelo más económico que haga un buen trabajo. Si aun así, no puedes comprarte la cámara en este momento, haz un plan de ahorro y reserva lo que puedas cada mes. Mientras tanto, puedes recurrir a libros sobre fotografía para aprender más de este arte. Y si no dispones de un centavo, Internet lo tiene todo para ti. 

Lo que quiero decir con este ejemplo, es que a veces nos frenamos por creer que necesitamos algo que no podemos obtener en este preciso momento. Sin embargo, usualmente ya disponemos de algún otro recurso que nos ayude a comenzar. Recuerda que lo importante es comenzar. Poco a poco se podrá ir progresando y avanzando y cubriendo el resto de los recursos.

  1. Créate hábitos: No hay mejor manera de progresar que trabajando de forma constante por ello. No importa si un día escribimos 500 palabras y otro 100. No importa si un día trotamos 30 minutos y otro 10. No importa si un día nos salieron mal todas las fotos. Lo que importa es que salimos a tomar las fotos, salimos a hacer ejercicios y nos sentamos a escribir.

No puedo dejar de enfatizar lo importante que es show up to work. Y déjame decirte otra cosa. No tienes ni idea de lo difícil que es. Un día puedes tener la mejor de las actitudes para levantarte y trabajar por eso que sueñas. Al día siguiente, el cansancio y la flojera te matan al punto que no te quieres levantar. Mas, solo si te levantas vas a poder dar ese kilómetro más. De lo contrario, olvídate de tu sueño. Cuando se trata de aquello que más queremos, olvídate de creer que tus pies van a caminar por inercia.

Ya sabes, un hábito se forma en un mes. Mientras más practiques esa actividad o comportamiento lo harás de forma más automática. Aunque a veces, insisto, aun estando acostumbrado, pueden haber días cuesta arriba. No importa, te paras y luego sigues contra viento y marea.

Y otra cosa, olvídate de los números. Por ejemplo, si quieres bajar de peso o llevar un estilo de vida más saludable, olvídate del número de kilómetros que quieres recorrer, olvídate de cuántas kilos quieres perder. Enfócate en salir a hacer ejercicio, punto. Con la práctica y el tiempo podrás conseguir mayor resistencia, y como consecuencia, caminar más rápido, o trotar, o recorrer mayores distancias y, ups sin darte cuenta conseguiste bajar de peso.

3. Rodéate de buena energía: En especial cuando estás emprendiendo algún proyecto, hábito, cambio, sueño, etc. es importante que estés rodeado de personas que te impulsen a seguir adelante. Si tienes alguna porrista negativa a tu alrededor, despídela. Si alguien minimiza o desprecia tu esfuerzo, chao con esa persona, así como lo oyes. 

Como dije antes, no hay nada más difícil que show up. Por ende, vas a necesitar apoyo, vas a necesitar ayuda. Y cuando esos momentos lleguen, pídela. No tengas vergüenza. Eso sí, fíjate bien a quién se la pides.

¿Estás listo para conquistar tu vida?