El síndrome de burnout: mi caso

En semanas recientes, llegué a la siguiente conclusión. Estoy burnout. En retrospectiva, probablemente llevo aproximadamente dos meses. Con el tiempo, supongo que se va intensificando.

¿En qué consiste el burnout?

El síndrome de Burnout o síndrome de ‘estar quemado’ consiste en un estado de agotamiento físico, mental y emocional causado por el cansancio psíquico o estrés que surge de la relación con otras personas en un dificultoso clima laboral”. 

En el episodio sobre burnout en el podcast de Adam Grant, reconocido autor y psicólogo organizacional, “Work Life with Adam Grant”, hablaban de que al parecer esta condición se pega. Como lo veo yo es que por ejemplo, si tu pareja está muy estresada, se crea un ambiente de tensión en el cual tú también resides. El caos es compartido. A eso súmale tus propias obligaciones y tu vaso puede llegar a rebasarse.

Tal como lo señala Elena Mató, especialista en psicología clínica, “el síndrome de burnout es una situación que se va generando progresivamente hasta desembocar, en muchas ocasiones, en un estado de incapacidad para continuar con el trabajo habitual“. Esta es exactamente la razón por la que he dejado de publicar. En un intento por sobrellevar la situación, cambié la frecuencia de publicación. Aun así, hay procesos que al parecer no se pueden forzar.

Esta es la segunda vez que padezco este síndrome. Para mis lectores más antiguos, tal vez recuerden un extenso período de ausencia hace un par de años, 4 meses para ser más precisa. ¿Recuerdan cuando les comenté en el post anterior sobre mi modo zombie? Bueno, cuando este modo se pronuncia en el tiempo es sinónimo de burnout. Recuerdan mi obsesión por leer o ver televisión. Sí, eso es justamente lo que pasa o lo único que mi cuerpo está dispuesto a hacer cuando está digamos entumecido.

Si quieren saber más sobre este síndrome, pueden leer el artículo que he estado citando. Está bastante completo. Ahora quiero concentrarme en qué hacer al respecto.

¿Cómo salir de este estado de burnout?

Lo que a mí me ha funcionado es, por una parte, entregarme al entumecimiento para tocar fondo, y una vez que sientes que puedes comenzar a resurgir, buscar pequeñas victorias.

  • Tocar fondo: si lo que me provoca o para lo cual me queda energía es leer o ver televisión hasta más no poder, go for it. No soy experta en el tema e ignoro si este consejo es contraproducente o negativo en términos de salud. Pero si algo mi experiencia me ha demostrado, es que cuando no se está listo, no se está listo. Si no tienes la capacidad de querer ayudarte, no te vas a ayudar. Tienes que construir ese deseo de mejorar. A mí no me funciona forzarlo porque más pronto que tarde todos los sistemas y actividades se caen y vuelves al comienzo. Es como trabajar los músculos. Si quieres un cuerpo tonificado, no lo construyes en un día. De hecho, si te excedes, a la semana es probable que te fastidies y agotes y sueltes el hábito. Por eso…
  • Pequeñas victorias: tal vez quieres volver al trabajo, pero tu cabeza no te da. Busca esa pequeña cosa que tu cuerpo y mente estén dispuestos a intentar. Por ejemplo, mis primeras dos pequeñas victorias consistían en (1) bañarme y cuidarme la piel todos los días y (2) salir al balcón al menos una vez al día. Son tareas básicas, pero cuando estás quemado, esas cosas básicas pueden requerir más esfuerzo del normal.

En semanas recientes, llegué a la siguiente conclusión. Estoy burnout. En retrospectiva, probablemente llevo aproximadamente dos meses. Con el tiempo, supongo que se va intensificando. 

Si tienes la oportunidad, también puedes tomarte unos días de vacaciones para depurarte y despejarte de tareas.

¿Estoy en mi estado normal? No, pero habemus post. Eso ya dice bastante. Un paso a la vez…

¿Alguna vez te has sentido como un zombie transitando por la vida?

Te levantas, estiras las sábanas, preparas desayuno, tomas el libro y no te paras del sofá hasta que es hora de dormir. Sí, de vez en cuando te paras para ir al baño o comer. Del resto, zombi mode. A veces es cuando los ojos están ya rojos y no ves bien las letras que dices, ah ok, tiempo de dormir.

No sé cuántos días tenía sin sentarme en el escritorio, computadora en frente, modo trabajo. Dos semanas sin entrenar, dos semanas comiendo medio medio… Yo lo llamo zombi mode. Usualmente una de dos actividades ocupan mi día en estos períodos de trance, leer o ver televisión. Prefiero la primera, por supuesto. Y en esta oportunidad no fue la excepción.

Por estos meses, mi esposo y yo procuramos irnos de vacaciones. Ya para estas fechas o te despejas y recargas baterías o probablemente te recargas y te quemas. En tiempos de pandemia, ni la una ni la otra.

Pero sabes qué, por más que quieras retomar tus hábitos, tu trabajo, tus actividades; por más que quieras estar activo y con el mejor de los ánimos, no puedes forzar el proceso. O al menos eso es lo que pienso y lo que me han dicho los años. Hasta que no toques fondo, no vas a realmente salir del mundo de los zombis.

Por eso, toca esperar pacientemente y aceptar que no siempre vas a estar al 100%. Eventualmente, el ambiente de caos que has dejado a tu alrededor te pide que vuelvas. Tu mente te pide resolver todas esas tareas que postergaste. Vuelves a necesitar orden y limpieza (literal y metafórica). 

Sin embargo, puede ser abrumador afrontar todo ese caos acumulado. Y por eso, es que no puedes forzar tu proceso, tu regreso. Cuando estás listo, tu mente va a estar en ese lugar ideal para ayudarte a afrontar una tarea a la vez y regresar a tu “normalidad”. 

¿Te ha pasado algo similar? ¿Has tenido momentos zombi? Sí, no son las mejores etapas del año, pero como todo, pasan.

Mis 5 prácticas para mantener el estrés a raya, en especial ahora

Con el mensaje de quedarse en casa y distanciarse, ha estado circulando material para mantener nuestra salud emocional. Como comentaba en el post anterior, es natural estar estresado ante situaciones desconocidas y fuera de nuestro control, y ahora más que nuestras rutinas se han visto alteradas. Así que luego de que me preguntaran qué cosas se podían hacer para aliviar el estrés, decidí juntar todas las prácticas que he utilizado desde hace un tiempo y otras nuevas que me han ayudado en estos momentos.

5 Estrategias para aliviar el estrés en tiempos inciertos

 

  1. Medita

Necesitas solo un par de minutos para esta práctica. Yo recomiendo mínimo 5. Procura meditar en el mismo momento del día para que lo hagas hábito. Yo prefiero en las mañanas antes de empezar el día como tal.

  • Busca un lugar donde no te vayan a molestar o interrumpir.
  • Siéntate en una posición cómoda. Puede ser en el piso, silla, sofá, etc.
  • Coloca un timer por el tiempo de la práctica.
  • Cierra los ojos.
  • Tómate unos segundos para notar el peso de tu cuerpo sobre la silla o piso, el peso de tus manos sobre las piernas, los sonidos que escuchas a tu alrededor.
  • Luego, tómate otros segundos para recorrer tu cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Observa cómo se siente, tenso, pesado, ligero (no intentes cambiar nada).
  • Ahora por el resto de la práctica, concéntrate en tu respiración. ¿Dónde sientes el movimiento? Puede ser en la boca del estómago, pecho, por ejemplo. Si te ayuda, cuenta hasta 10, uno con la inhalación y dos con la exhalación y así sucesivamente. Al llegar a 10, comienza el conteo otra vez. 
  • Al finalizar el tiempo, abre los ojos y tómate unos segundos antes de pararte a hacer otra actividad. 

Si lo prefieres, hay aplicaciones para guiarte. Ya les he mencionado que utilizo Headspace. Hay otras.

Nota importante: La meditación no consiste en dejar la mente en blanco. Eso no es posible. Por el contrario, la idea es tomar conciencia de nuestro mundo interior y ser meros observadores, es decir, no dejarnos llevar por los pensamientos y sentimientos, sino darnos cuenta de que esos procesos están ocurriendo. Así que si un día tu cabeza no para y no te deja concentrarte en la respiración, está bien. Vuelve la atención a tu respiración cuantas veces sea necesario. Habrá días donde la práctica será más fácil y otros en los que costará más.

2. Lleva un diario

Puede ser físico o digital. El medio no importa mucho. Lo importante es descargar los pensamientos y sentimientos. No quiero sonar repetitiva, pero esta práctica ayuda a clarificar, a despejar la mente, a calmar la ansiedad y a conocerse a uno mismo. Si lo prefieren, compartan sus pensamientos con algún amigo. Cuando nos expresamos, eso que pesaba en nuestra mente, pierde un poco de peso.

3. Vuelve al momento presente

Este punto más que una práctica es un recordatorio. Recuerden que nuestras preocupaciones y sentimientos suelen estar arraigados en eventos del pasado o del futuro. Al volver al presente, podemos aliviar esa carga imaginaria de aquello que, una vez más, no podemos controlar. Aquí algunas prácticas para volver al ahora:

  • Trata de darte cuenta cada vez que te paras o te sientas. Puede ser también ganar conciencia sobre ese momento en el que tu ansiedad comienza a sentirse tanto física como mentalmente. Otra alternativa es darte cuenta cada vez que agarras el teléfono (¿te has percatado que la mayoría de las veces lo haces por reflejo y no porque ibas a hacer algo concreto?)
  • Como conversamos anteriormente, haz una lista con las cosas que te preocupan. Concéntrate en aquellas que son accionables y traza un plan.
  • Recupero una vez más el ejercicio que compartió Elizabeth Gilbert. En ese instante de ansiedad, piensa en 5 cosas que ves, 4 cosas que escuchas, 3 cosas que sientes, 2 cosas que hueles y 1 que saborees.
  • Siempre puedes volver a la respiración, ese pequeño ejercicio que hacemos en la meditación. Sigue tu respiración mientras inhalas y exhalas. Quédate allí el tiempo que sea necesario.
  • Escucha música, pero no la pongas solo como fondo, sino conscientemente préstale atención, la melodía, la letra. 

4. Practica algún deporte o hobby 

Hay actividades que tienen el poder de ayudarnos a olvidar todo lo que pasa en nuestro alrededor, excepto eso en lo que estamos concentrados haciendo. En mi caso, es el boxeo. Se requiere tanta atención que no hay forma que tu cabeza divague. Para ti puede ser un hobby. Explora y encuentra esa práctica que te enganche y te obligue en cierta forma a concentrarte en ella y nada más. Una vez la encuentres, practícala de forma recurrente.

5. Toma aire fresco

Sé que en momentos de cuarentena, y si no tienes balcón o patio, este punto puede ser un poco difícil. Abre la ventana y quédate ahí un rato. Ver el paisaje, sentir la brisa en la cara, refresca. Es como si el viento se llevara esos pensamientos ruidosos con ella. Queda solo lo que observamos y esa energía positiva creativa e inspiradora. Sonó un poco poético, pero pruébalo y verás a qué me refiero.

 


Quisiera finalizar compartiendo un tip que escuché a propósito de la situación mundial actual. Tómate unos minutos al día y date permiso de preocuparte. Deja que tu cabeza rumie y luego, sigue adelante.

Si tienes algún otro tip o práctica que utilizas para aliviar el estrés, compártela en la sección de comentarios.

Una práctica para la mejora continua: Nuestro Family Meeting

Desde hace un año más o menos, mi esposo y yo comenzamos uno de nuestros tantos experimentos. Estudios señalan que parte de la clave para matrimonios exitosos y duraderos es tener una mentalidad de crecimiento, es decir, buscar crecer, evolucionar, aprender y mejorar juntos. En estas líneas, hace unos meses, el tema  surgió en una conversación grupal y compartimos nuestra práctica. Tras recibir un feedback positivo, decidí compartírselas ahora por este medio. Si puede beneficiar a muchos, por qué guardármela.

Si no tienes pareja, este post puede ayudarte igual. Es una práctica que te va a funcionar como un buen examen de conciencia y una herramienta para cultivar la felicidad y tomar perspectiva. De hecho, la práctica surge de la agilidad (un tema muy en boga en la actualidad en el mundo de los negocios), por lo que aplica también a equipos de trabajo. 

De manera muy simple y aterrizada (claramente no soy experta en el tema), la agilidad es una forma de vida, una mentalidad, una filosofía. En su sentido más práctico, consta de marcos de trabajo con ciertos parámetros, valores y prácticas. En este contexto, entra nuestro experimento. En el mundo organizacional se llamaría retrospectiva, un análisis de lo que ocurrió tras un período determinado de trabajo: qué hicimos y logramos, qué funcionó, qué no, etc.

Volviendo a nuestro contexto experimental, podríamos catalogar nuestra práctica como una especie de terapia de pareja semanal; un espacio para conversar, analizar y reflexionar y no dejar que los temas se acumulen y exploten ocasionando problemas incontenibles en las relaciones. Vuelvo y repito, no necesitas tener una pareja para aplicar sus principios o disfrutar de sus beneficios. Lo llamamos “Family Meeting”. 

 

¿Cómo se ve un Family Meeting en la práctica?

Todos los domingos nos sentamos a hacer una reflexión conjunta en torno a varias categorías. Para anotar todo lo que observamos, utilizamos Padlet, pero puedes usar cualquier herramienta, papel o lo que se te antoje. Considera que necesitarás varias columnas. Lo importante entonces es que te des el tiempo y espacio de discutir con tu pareja, con tu equipo o contigo mismo los siguientes aspectos (categorías):

 

  • Favorito de la semana: ¿qué es lo que más te gustó de la semana (alguna actividad, reunión, mejoría en algo que has estado trabajando, detalles, bendiciones, etc.)?

          Una buena manera de apreciar y mostrarte agradecido con la vida, ¿no lo crees?

  • Aspectos a mejorar: ¿qué te costó esta semana y que necesita más trabajo de tu parte (alguna tarea del hogar, comunicación, resolución de problemas, manejo de la ansiedad, etc.)?

          ¡Qué mejor manera de bailar al son del cambio positivo!

  • Lección de la semana: ¿qué aprendiste esta semana? Creerás que esta categoría puede ser difícil de responder. ¿Aprendemos algo en tan poco tiempo? Sí, te sorprenderías de cuántas cosas puedes aprender de los sucesos de una semana.

   No existen buenas ni malas experiencias, solo experiencias, traducido como     aprendizajes. 

  • Gratitud: ¿de qué estás agradecido esta semana? La gratitud es muy importante para cultivar la abundancia, concentrarnos en lo positivo e inflar nuestro globo de la felicidad.

         Es muy fácil enfocarnos en lo negativo. Sal de ese ciclo vicioso y date cuenta de todo lo que tienes.

  • Próximas acciones: ¿en qué vas a trabajar esta próxima semana? Pueden ser tareas de casa, alguna mejoría en comportamientos o hábitos o simplemente divertirte (de verdad, a veces hemos escrito como tarea “have fun”). De la categoría “aspectos a mejorar” puedes sacar tus próximas acciones o colocar otro aspecto que consideres.

         Está muy bien pensar y reflexionar. Mas, no te quedes allí. Sal a la acción.

 

Elige la frecuencia que se te acomode para realizar esta práctica. Necesitas un período mínimo para que puedas accionar tus tareas y tener material para reflexionar. Asimismo, evita un período de tiempo muy largo entre sesión y sesión para que no  olvides los sucesos o dejes tus acciones para último minuto. Una o dos semanas puede ser una frecuencia ideal.

Si gustas, a principios de cada año puedes hacer una reflexión del año anterior. Guarda tus anotaciones y revive las lecciones aprendidas, tus bendiciones, todo lo que alcanzaste y trabajaste y todo lo que experimentaste.

Así que aquí lo tienen, uno de los hábitos de nuestra familia ágil. Inténtenlo y cuéntenme cómo les va.

Un encuentro contigo mismo

¿Cuántos minutos te regalas en el día? Bañarme es uno de mis momentos sagrados, por ejemplo. Ahora bien, mientras decidía qué compartirles esta semana, tuve esta idea. Tengo un documento que llamo “Free”. En esos momentos en los que no sé qué escribir o no tengo un género de preferencia, abro ese documento y literalmente escupo lo que se me ocurra (disculpen la expresión). Es un espacio donde escribo sin cesar, sin lineamientos, sin reglas, sin atención a la ortografía o convenciones, sin juicios ni prejuicios y por lo general sin sentido. Es un espacio donde puedo ser yo misma. No hay fechas tope, ni títulos, solo mis dedos paseándose sobre el teclado. Es un momento casi poético.  

Así que pensé, ¿tienes un espacio que te permita ser tú mismo? ¿Tienes un momento del día o una actividad que te permita perderte, olvidarte del mundo exterior y conectarte contigo mismo?

Es tan fácil perderse. Es tan difícil reconectarse con la rutina a veces. Tienes ideas y no las tienes. Una maraña de pensamientos, un deseo de decirle sí a la flojera por siempre. Por qué salir de tu zona de comfort si es tan cómoda. Por qué levantarte todos los días, como dicen a algunos, a luchar con tus demonios internos una y otra vez. Sería mucho más fácil dejarlos vencer.

¿Luego qué? La vida deja de tener mucho sentido. Dejas atrás todo lo que valorabas (porque usualmente lo que valoras es lo que cuesta trabajo). Aparecen de nuevo las quejas porque tu día a día se ha vuelto monótono.

Un encuentro contigo mismo… esa es mi sugerencia. Déjate sentir la confusión. Pídele 5 minutos libres a tu flojera. Olvídate del resto y entrégate a tu encuentro. Después de un rato, comienza a aparecer la claridad, las ideas. Supongo que es como despejar un chakra bloqueado. Déjate llevar por el momento. Conquista esta pequeña batalla y mañana es posible que se te haga más fácil o necesario conquistar la batalla de ese nuevo día.

Cuando sueltas todo y escuchas…

Como te comentaba anteriormente, una de mis reflexiones tras 3 años y 100 posts como La coleccionista de puertas es escuchar antes que hablar. Tal como leí en una oportunidad, la vida creativa se trata de dejar el canal abierto. 

Cuando no sabes qué decir, cuando lo que quieres decir no viene a ti… Pues, considero a veces que esto pasa porque las palabras o tu vida tienen otro mensaje. Si escuchas atentamente, tal vez puedas escucharlo y transmitirlo.

Como quien dice, a veces es necesario nadar contra la corriente para vivir de acuerdo a tus ideales y valores. Sin embargo, otras veces se trata de dejar que la marea te lleve al lugar donde debes estar. En otras palabras, a veces hay que soltarse y seguir la corriente, aunque prefiero verlo como dejar que la vida te enseñe el camino a seguir. Y después, ya te toca decidir cómo responder a ello. Como dijo Viktor Frankl:

 

“El hombre no está totalmente condicionado y definido, sino que se define a sí mismo, ya sea que sucumba ante las condiciones o que haga frente a ellas”. 

 

Y que quede claro que no son solo palabras las que están bailando en el universo para ser escuchadas por cada uno de nosotros. La vida, la energía y el universo mismo utiliza un sin fin de maneras y medios para comunicarse contigo si estás dispuesto y abierto a recibirlo.

Sin más, hoy quiero compartirles lo que las palabras querían que dijera. Tras experimentar varias semanas de un poco de bloqueo creativo, y sin intención de convertir esto en un post, le escribí una carta, una escritura libre, a la musa de la inspiración. Y como apaño la idea de ser vulnerables, como sinónimo de coraje, humanidad y conexión, quiero compartirles esa reflexión.

 


13 de noviembre de 2018

Querida inspiración,

Estoy un poco estancada. Y sé que no debo esperarte para crear, para trabajar, para sentarme como casi todas las mañanas y dejar que las palabras fluyan. Sé que no te necesito para que la magia ocurra. Sin embargo, cómo ayuda cuando estás cerca de uno.

Tengo sentimientos encontrados. El contenido se está madurando dentro de mí. Sé que hay movimientos allí, pero no veo con claridad sobre qué debo escribir. Hoy escribí un poema que no sé ni de dónde salió. Me gustó, pero no sé si está profundamente conectado con mi mundo interior.

No me siento necesariamente perdida. Es decir, sé cuál es mi camino. Sé que debo seguir caminado no más. Pero, también siento como que hay algo que me estoy perdiendo, que no estoy viendo, o algo que me está haciendo falta.

Este fin de semana, salí a buscarte. Salí entre las calles, entre las pinturas y fotografías de artistas, entre esos detalles de la vida. Te encontré finalmente en las líneas de un libro, un libro que hasta que no lo terminé no pensé que me llenaría de la forma en que lo hizo. Y con mucha energía, actitud y firmeza, me dije a mí misma: vamos a salir a conquistar nuevamente esta vida. En eso ando. Mas, la tierra por donde estoy pisando está un poco resbaladiza. 

Inclusive me encuentro moviendo un poco las energías. Estoy pensando en explorar otras alternativas, una limpieza más metafísica; Nuevos cantos, profecías desconocidas… Todo con tal de encontrar esa baranda de apoyo para seguir construyendo camino.

Hoy, ni en el esfuerzo ni desafíos de mis maestros encuentro compañía. Hoy ni mis demonios internos aparecieron. Y no es una hoja blanca a la que le tengo miedo. Ya ves que palabras no faltan. El problema está en que no encuentro las adecuadas. Mejor dicho, no sé cuál es la historia, el relato, la fantasía, el problema que quieres que cuente. Y si no hay cuento, no hay narrativa.

Una muestra más que vulnerabilidad siempre hay, siempre estará y hay que abrazarla sin más. Hoy me expongo ante ti porque quiero mostrarte que a veces hay un poco de gris. No todas las pinturas se construyen con muchos colores. No siempre las obras quedan pulidas. También hay tesoros en lo bruto; No cerrar los ojos ante oportunidades un tanto oscuras. En todo y en todos está el arte, el arte de vivir, el arte de compartir, el arte de crear, el arte…


 

Hoy te invito a que seas vulnerable. Hoy te invito a que te abras a las oportunidades. Hoy te invito a que en silencio medites y escuches esa voz del universo. ¿Qué te está diciendo? No se trata de lo que quieras escuchar, sino de lo que quiere decirte. Abraza la incertidumbre, pinta con todos los colores, en escala de grises o con todo el arcoíris, y levántate una vez más.

El peso de una vida extraordinaria

A veces creo que no nos damos cuenta del poder de las palabras. Así que, si bien he hablado en otras oportunidades de vida normal versus vida extraordinaria, no quedo muy satisfecha, la verdad, con esa división. Pareciera implicar que si elegimos una vida normal estamos mal y que si optamos por una extraordinaria vamos a conseguir la plenitud que buscamos.

Dicho esto, no sé de qué otra manera podríamos referirnos al camino que elegimos vivir. Así que una vez más, procuraré describir en qué consiste cada uno o por qué apaño hacer una diferenciación.

Una vida normal vs una extraordinaria

Sin caer en debates sobre qué es correcto o no, la vida normal puede entenderse, desde mi punto de vista, como la vida que probablemente ya estamos viviendo. En nuestro día a día solemos hacer una serie de actividades, en su mayoría por necesidad y obligación, otras por satisfacción. Hay que trabajar para pagar las cuentas y cubrir nuestras necesidades básicas y alcanzar cierta comodidad. Hay que comer, asearse y demás para cuidar nuestro cuerpo y tener la energía para el quehacer diario. Algunos eligen otras actividades para cuidar también de su mente y espíritu. 

¿Cómo se ve una vida normal? Digamos que te levantas, te arreglas, vas al trabajo, comes, regresas a casa, pasas tiempo con la familia o amigos, ves televisión, etcétera. Cada persona tendrá su propia versión.

Sin embargo, pareciera que faltara un componente: aquello que quieres lograr. 

Sabes que no apoyo las metas. Prefiero los sistemas. Sabes que me aboco a la idea de ‘ser’ antes que ‘no parar de hacer’. Predico sobre la importancia de vivir el ahora, en lugar de quedarse atascados en tiempos lejanos, ya sea pasado o futuro.

Dicho esto, no podemos dudar de que todos buscamos ser mejores cada día. Algunos se lo toman en serio y trabajan por ello. Otros solo se quedan con palabras vacías. Y por aquí vamos diferenciando esa vida normal de una extraordinaria. 

Aquellos quienes logran transformar sus palabras en acciones y se dedican a construir y vivir la vida que se plantearon, esos soldados valientes, llevan una vida extraordinaria. Aquellos que se quedan con castillos de arena, viven una vida normal. Tu elección, tu camino. 

Vuelvo y repito, no estoy aquí para juzgar qué camino es mejor, si hay alguna ruta correcta o qué te conviene más. Como comenté en el post anterior, tienes la vida que deseas tener. 

¿Cómo se ve una vida extraordinaria? Probablemente rocosa y espinosa, pero al final del día sabes que estás donde tienes que estar. Las actividades de una vida normal siguen allí. Mas, tus acciones responden a tus valores. Están presentes en cada cosa que haces. ¿Qué precio estás dispuesto a pagar para montarte en la montaña rusa más alta, más impredecible y satisfactoria que existe?

El peso de una vida extraordinaria

 

“Todo el mundo quiere ir al Paraíso, pero nadie quiere morir”

(Verso de un blues interpretado por Albert King). 

 

Si fuera fácil lograr cada una de las cosas que nos planteamos, todos viviéramos de forma extraordinaria. No existirían las quejas, la envidia, los celos, la frustración y la impotencia. Probablemente, no hubiera surgido la psicología positiva y tantos estudios para ayudarnos a ser felices y encontrar la plenitud en nuestra existencia.

Pero, como dijo Nietzsche, una vez más:

 

“El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.

 

Ese cómo es nuestra cruz. De ti depende, sin embargo, si prefieres el dolor en el camino hacia una vida bien vivida o el dolor de tus arrepentimientos. Mas, hablemos de ese dolor, hablemos de esa cruz. Y para ello, te voy a contar la fase en la que estoy, la razón por la que esta entrada está siendo escrita.

Hace dos meses aproximadamente, mi esposo y yo decidimos acudir a una nutricionista del deporte para mejorar nuestra dieta dado los nuevos requerimientos de nuestro ejercicio y actividades en general. Se nos armó todo un plan donde por semana, y entre los dos, estábamos comiendo aproximadamente 30 huevos, 71 frutas, 10 latas de atún más otras porciones de pescado fresco, 500g de legumbres, 500g entre arroz y quinoa y un sin fin de vegetales. Comenzamos nuestro plan de hábitos para poder manejar la preparación de toda esa comida. Empezamos cocinando durante la semana. Nos acostábamos tarde, no podíamos levantarnos temprano a hacer ejercicio. Al final de la semana estábamos abrumados y agotados. Sin embargo, había que continuar con el plan. Decidimos probar cocinando todo el domingo. La siguiente semana la pasamos estupendamente, pero ese domingo estuvimos más de 5 horas sin parar trabajando. 

Semana tras semana, cada vez que llegaba el domingo, casi no quería ni pararme porque sabía lo que nos esperaba. De repente, comer lo mismo todo el tiempo, por más de que cambiaras un tipo de legumbre por otra y así sucesivamente, me tenía aburrida. ¡Vamos que se puede! 

Llegamos a la segunda consulta. Yo, resuelta a que me hicieran un cambio en esa dieta o de lo contrario no sería sostenible. Luego de unas palabras alentadoras, comenzamos a entender de qué otras formas podíamos trabajar con la comida, las preparaciones, los ingredientes, etc. Motivados, emprendimos un nuevo experimento. Luego, decidimos hacernos veganos. Y a pesar de que ahora variamos los métodos y presentaciones de la comida, y por ende, más trabajo, se nos ha hecho más llevadero. Los sabores ahora sí se sienten. Los beneficios que sentimos desde el día uno siguen allí, y por ende, la razón por la que todo este sacrificio ha valido la pena.

La tarea de cocinar me sigue resultando a veces cansona. A veces sueño con no tener esa responsabilidad los domingos. Las otras circunstancias de la vida se nos mezclan con este cambio tan importante que hemos emprendido. La abrumación no tarda en llegar. 

No obstante, un estilo de vida saludable es mi prioridad, es mi norte. El cuidado de mi salud y del medio ambiente forman parte de mis valores. Y contra viento y marea, aquí aguantamos porque el propósito vale la pena. Esta es mi vida extraordinaria.

Como dice Brené Brown, en su libro “El poder de ser vulnerable”: 

 

Un cartógrafo de paso firme y seguro no hace de un viajero veloz. Me tropiezo y me caigo, y constantemente me encuentro necesitando un cambio de trayecto. Y aun cuando estoy tratando de seguir un mapa que he dibujado, muchas veces la frustración y la falta de fe en mí misma ganan, así que enrollo ese mapa y lo meto en la gaveta de cachivaches en la cocina. No es un camino fácil, pero para mí cada paso ha valido la pena. 

 

Lo que queda entonces es…

¿Cómo cargar tu cruz?

Con flexibilidad, compasión y agradecimiento. 

Flexibilidad cuando no logras mantener el hábito o el sistema se quiebra. “Caer está permitido, levantarse es obligatorio” (Proverbio ruso). Sigue intentándolo que el momento transformador puede estar a la vuelta de la esquina.

¿Un aspecto en particular de tu cambio te está resultando muy abrumador y poco sostenible? ¿Un día no se pudo? Vuelve a tu rutina anterior y regresa al camino del cambio al día siguiente. 

 

“Pensar en el cambio como un PROCESO y en el compromiso como una INTENCIÓN…” (Orsillo y Roemer en Vivir la ansiedad con conciencia).

 

Compasión porque no somos perfectos y los cambios no suelen ser tan sencillos, menos cuando hablamos de valores y paradigmas. 

Y agradecimiento por tener el coraje de vivir plenamente, de no quedarte con arrepentimientos, de ver el pasado como un maestro para que tu presente esté alineado con lo que crees.

———

Bono:

Y sin tienes la suerte, rodéate de personas que compartan tus valores. Construye una red de apoyo para esos momentos en que renunciar parece ser la única voz en tu interior.

Un poco de vulnerabilidad no hace daño

Otro día comienza y otro se termina. Es inicio de semana. Ya no quedan más excusas. Ya pasó suficiente tiempo. Ya el descanso se nota.

Pausa.

Estoy exactamente donde decidí estar. Entonces, ¿por qué sigue costando?

Otra pausa.

El edificio que construían en frente ya está listo. Me pregunto si algún trabajador se habrá levantado algún día frustrado mientras veía cómo cavaban el espacio donde ahora se erige el edificio. ¿Estará ahora entusiasmado por ver cómo tomó forma?

Ahora, me asomo por la ventana. Inhalación y exhalación. 

Día tras día, bajo sol, bajo lluvia, con frío o calor puedes ver cómo se asoman cabezas. En la mañana notas cómo instalan una ventana. Llegas por la tarde y ya casi todos los balcones están terminados.

Como trabajo de hormiguita, contra viento y marea…

¿Cuántas veces no le han preguntado a escritores reconocidos cómo hacen para escribir esas piezas grandiosas?

¿Cuántas veces no responden sobre la frustración de estar frente a una computadora o cuaderno sin saber qué escribir ni cómo continuar?

¿Cuántas veces han dudado de si lo que tienen entre sus manos vale la pena compartirlo?

Sin embargo, su respuesta ante todo sigue siendo la misma. “Me siento día tras día a hacerlo, a escribir, a enfrentarme con ese monstruo y probablemente rogar que las musas me atrapen primero”.

Llámense musas, ninfas, fantasmas, visiones… Llámese inspiración, motivación o perseverancia…

Show up to work, de eso se trata, ¿cierto?

Hoy, me paré a hacer ejercicios, como de costumbre. Ahora, salgo a trotar, pero antes hacía media hora de ejercicios dentro de casa. Recuerdo que un día solo alcancé 15 minutos. Al día siguiente, mientras duraba la primera canción, quería parar. Me dije a mí misma, esta bailoterapia ya no me está funcionando. Me tiene medio fastidiada. Pasan los minutos y se me va haciendo más fácil. Y de repente, alcancé mi media hora. 

Conclusión: La bailoterapia no me tiene necesariamente fastidiada. Pareciera ser más una excusa para renunciar. Renunciar es más fácil. Tal vez necesite mayor recompensa a mi hábito para engancharme más. Es simplemente que dejó de ser novedad. Y tal vez, aun no es un comportamiento lo suficientemente automático como para quedarse. Y con la menor excusa, puede romperse.

Es como Elizabeth Gilbert nos cuenta a través de las reflexiones de Pema Chödron, una profesora de meditación: 

“…el mayor problema que ve en la práctica meditativa de las personas es que renuncian a ella justo cuando las cosas están por ponerse interesantes. Lo que quiere decir, lo dejan apenas las cosas dejan de ser fáciles, apenas se ponen dolorosas o aburridas o agitadas. Así que, se pierden la parte buena, la parte transformadora. En otras palabras, se pierden la parte en que traspasas la dificultad y entras en un universo nuevo, bruto, dentro de ti mismo ”.

Show up es difícil a veces ciertamente. Fastidioso inclusive en otras. Satisfactorio en gran parte.

Inhalación y exhalación. Pausa. Inhalación y exhalación.

Detrás de la fama, de una pieza de arte, de un personaje reconocido, no hay solo poder, dinero, éxito, entusiasmo. ¿Por qué no contar lo vertiginoso que es el proceso? ¿Por qué no resaltar la impaciencia? ¿Por qué no mostrar los estragos?

¿Acaso no es más común de lo que parece? ¿Acaso esos personajes están protegidos de la vida común y corriente? ¿Acaso no tienen derecho de quebrarse y volverse a levantar?

¡Qué interesante, reconfortante y enriquecedor sería conocer los detalles de esas historias! Tal vez así, el peso sería menos o más fácil de cargar. Tal vez así, todos nos motivaríamos más a no dejar de construir una vida extraordinaria. Tal vez así, nos quitaríamos el escudo protector de lo imposible.

¿Cuánto daño nos podría hacer un poco de vulnerabilidad? Al fin y al cabo, somos solo seres humanos…

“La honestidad importa. La vulnerabilidad importa. Estar abierto ante quien fuiste en ese momento en el que te encontrabas en alguna posición dificultosa o imposible importa más que nada” (Neil Gaiman).

Y pareciera que están escuchando mis plegarias. Ya se ven documentales como el de Lady Gaga, donde muestran su lucha diaria contra la fibromialgia, entre otras cosas. Elizabeth Gilbert, en su libro “Libera tu magia”, nos comenta algunas de sus vicisitudes. Scott Adams, creador de la tira cómica Dilbert, nos enumera sus fracasos en su libro “How to Fail at Almost Everything and Still Win Big”. No estamos solos. No estás solo.

Así que, hoy brindo por la vulnerabilidad y porque las piezas rotas o que aun no encontramos del rompecabezas no nos impidan ver la belleza del retrato completo.